Gracias, pastelines: AGirlIntheGalaxy, Cindy 04, ScarltWinter, Ellistriel, Guest, MESPX13, y pettxmon.


- Tres -

Lo importante no es mantenerse vivo sino mantenerse humano.

George Orwell

...

Apenas podía distinguir las formas de la calle, avanzando a través prácticamente a ciegas. En el fondo de su mente se activó una súplica: que nada les permitiera quedar atrapados en un callejón. La nieve acumulada en el suelo ahogaba el sonido de sus pisadas y el resuello de su respiración se perdía entre las potentes corrientes de aire que habían estado soplando desde muy temprano. Las mejillas le ardían bajo el azote de la ventisca contra la cual corría tan rápido como sus piernas se lo permitían.

Huía.

Ahora, siempre huía.

Varios meses atrás, un hombre se había parado frente a un montón de estúpidos en trajes caros, en algo que se mal llamaba a sí mismo "congreso". El idiota había hecho lo suyo. Ahora, a ella no le quedaba más que huir.

—¡Lorna! —exclamó una voz masculina unos metros delante de ella.

El pecho le ardía lo mismo que los muslos. ¿Cuánto tiempo llevaban corriendo? Los reflectores del vehículo de la MRD, cortando entre los remolinos que generaba la intensa nevada, le anunciaron que no lo suficiente.

Ya nunca sería suficiente.

—Lorna, venga, te estás quedando atrás —apremió la misma voz.

Había estado corriendo desde hacía demasiado tiempo, el cuerpo a duras penas le respondía. Las piernas le temblaban y sentía que se ahogaba dentro del abrigo. Las rodillas le fallaron finalmente, su grito de sorpresa al caer lo sofocó un corrientazo de ese aire helado.

Habían corrido por tanto tiempo.

Estaba cansada. Apoyándose sobre las manos envueltas en gruesos guantes de lana, Lorna sacudió la cabeza. No quería rendirse pero... tampoco podía continuar así.

—¡Lorna! —exclamó la voz masculina, ahora con una nota de preocupación.

—No puedo, Remy —se disculpó con un sollozo, sin levantar la vista de la nieve—. No puedo, ya no.

—Creo que por ahora, puedo por los dos, petite.

La voz de su compañero le pareció menos urgente y más dulce. Lorna sintió como un par de brazos la sostenían firmemente por la cintura para alzarla del suelo.

Y seguirían huyendo.

Algunos idiotas en trajes caros habían decidido lo que era mejor. Ahora, quedaba escapar porque defenderse era impensable.

Sin embargo, ¿por cuánto tiempo podría seguir siendo impensable dejar de huir para atacar de vuelta? La Hermandad lo estaba haciendo, ¿por qué no ellos?


Una sonrisa acre tiró de la comisura de sus labios. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y se recargaba a medias sobre el muro detrás del sillón de cuatro plazas. La pantalla al frente de la estancia emitía el noticiero vespertino de la cadena Fox. Clint sacudió la cabeza, su sonrisa retorciéndose otro tanto hasta terminar de formar una abierta mueca de disgusto.

«Continúan los disturbios al norte del estado de Nueva York. Extremistas... »

«Un grupo de metahumanos inconformes con los acuerdos firmados…»

«Se esperan más ataques.»

Asqueado, Clint buscó el mando y apagó la pantalla. Luego, se dejó caer sobre el sofá más cercano, apoyando los codos sobre las rodillas y frotándose el rostro con ambas manos un momento.

"Metahumanos inconformes."

Clint gruñó. Se llamaban mutantes. En primer maldito lugar, esos "extremistas" eran mutantes, pensó con rabia. Y no eran un grupo de "inconformes" que habían brotado porque sí; eran en su mayoría, excluyendo a la Hermandad, por supuesto, personas que hasta hacía poco habían llevado vidas normales, gente asustada, acorralada por el creciente sentimiento de odio y miedo que el mundo comenzaba a profesar contra ellos.

Natasha había dicho que Tony buscaría la manera de ayudar con el manejo de la información en los medios de comunicación. Eso, al parecer, no incluía a la misma vieja y podrida cadenada televisiva aquella.

De pronto, ya reclinado sobre el respaldo y venciendo la cabeza hacia atrás al tiempo que se frotaba suavemente los ojos, surgió un pensamiento en la mente del arquero: no solo Wanda, recluida en aquél lugar, miraba esos noticieros plagados de mentiras. Cientos de miles de personas estaban siendo diariamente mal informadas respecto a la situación mutante. Venga, que el mundo ni siquiera los conocía por tal nombre. Para la mayor parte de la población no eran sino un montón de vándalos, fenómenos que no deseaban dimitir una supremacía que daban por hecho.

Clint exhaló un suspiro, dejando caer los brazos.

¿En qué se estaba convirtiendo el mundo?


La información de Tony había sido correcta.

Natasha se deshizo de la cazadora gris en un contenedor de basura fuera de la fábrica. Botó también la peluca rubia y las gafas cuadradas, se quedó con las zapatillas deportivas, eran cómodas y tendría que caminar bastante antes de volver a ver los tejados del pueblo más cercano.

Hacía un tiempo agradable para la estación, podría cubrirse del sol bajo las amplias copas de los árboles a los costados de la carretera y su mayor preocupación sería no topar con nadie más durante el trayecto. Natasha comenzó su regreso a la habitación de hotel que había alquilado por algunas noches mientras realizaba sus investigaciones. Ahora sabía que la información de Tony era cierta. Los centinelas se estaban fabricando en masa, con motivos de exportación en algunos casos.

Hizo una nota mental, su próxima llamada sería a Wakanda. Steve y el resto no podían seguir actuando bajo la mesa. Era tiempo de volver.


—Yo puedo ayudarlo —musitó Wanda, provocando que Steve girara ligeramente. Ostentaba aquella expresión de serena tristeza que siempre le acometía cuando bajaba a mirar al soldado en su capsula criogénica.

Steve compuso lentamente un gesto de extrañeza. Ella se limitó a alzar un hombro y aproximarse unos pasos más.

—No tienes que hacerlo si no te sientes cómoda —replicó finalmente, en calma.

Wanda apartó sus ojos del Capitán América para ir a posarlos sobre James Barnes. Su mano izquierda se posó sobre el cristal.

—No prometo mucho. Yo… Es más, no prometo nada. —Wanda no quitó su vista de la capsula.

Un par de semanas habían transcurrido desde su primera visita al soldado, desde entonces, había bajado cada día, cuando la luz de la tarde estaba por declinar completamente detrás de la cadena de montañas al oeste. Le gustaba aquél momento de tranquilidad. La última luz del día, la apacibilidad del ocaso. Ellos dos eran un poco como eso. Y la idea, en lugar de enervarla como cabría suponerse, le brindaba un atisbo de paz. Un último refugio de cordura. En cierta forma, Wanda se había vuelto adicta a esas visitas. Conciliar el sueño era más fácil y despertar menos tortuoso.

Se sentía mal, desde luego. Estaba usando a Bucky Barnes para darse un poco de estabilidad. Se estaba escudando bajo algo tan vil como el pensamiento de que si ella estaba mal, si sufría y todo parecía horrible, bueno, siempre podía estar peor.

Algo de eso, y algo de verdadera identificación. Porque tarde o temprano, si los sueños que venían a ella de cuando en cuando tenían algo de verdad, Steve tendría que hacer lo mismo con ella. Ponerla a descansar en un bonito y ultramoderno tubo de cristal en la planta baja de una fortaleza dentro de la cual no pudiera volver a causar daño.

Wanda casi sentía deseos de eso. Reposar por fin.

Wanda cada vez comprendía mejor a Bucky.

«Y no necesité de la telepatía.»

—¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? —Preguntó Rogers, intercalando sus miradas entre ella y su viejo amigo.

Wanda sacudió la cabeza.

—No lo sé con exactitud. Sólo… quiero hacerlo.

No mentía. Porque en realidad, en su fuero interno, estaba cada vez más convencida de que aquél estado de hibernación era lo ideal para personas como ellos, personas sin control sobre sí mismos. Y dios, ¿por qué alguien querría volver de ese idílico estasis para volver a un mundo que le temía?

«Porque nunca perdemos la esperanza, Wanda.»

La voz de su madre le habló dentro de su cabeza, o el recuerdo de la voz de su madre, al menos. Su madre, siempre llena de alegría, siempre dispuesta, positiva, voluntariosa. ¿Por qué no podía parecerse un poco más a su propia madre? ¿De dónde había adquirido ella tal inestabilidad? Django tampoco fue de aquella manera, jamás. Hombre equilibrado, sereno. Pietro y ella habían crecido para convertirse en personas casi completamente diferentes a sus padres.

Qué pena. Ahora su madre debía recordarle, aún después de muerta, que un poco de esperanza no le venía mal a nadie.

Una oportunidad.

Una… posibilidad.

«Posibilidades, Wanda.»

Era el turno de la voz de su gemelo.

Oh, Pietro. Cuánto extrañaba a Pietro.

—Sólo... Tal vez podría ser capaz de darle una oportunidad de volver.

Porque no podía hacer nada por Pietro, él no regresaría nunca. Pero si podía ayudar a Bucky, ¿por qué no?

La esperanza es, tristemente, lo que muere al último, caviló Wanda.


N/A: La primera escena sobre persecución mutante pensaba añadirla dentro de tres capítulos más, pero mejor ir bosquejando la situación de los homo superior, o eso creo yo xv

*MRD: Mutant Response Division.

Ya saben, mi rectángulo mágico está abierto a comentarios de cualquier tipo c:


ScarletWinter: Venga, que cuando tu nick es uno de los nombres de mi OTP, obvio que va a ser guapo y todo c; Me emociona que te emocione lo que viene, a mí también me emociona (?

Guest: No puedo evitar castigarme un poco con lo del ritmo, pero bueno, tampoco hay mucho que le puedo hacer (?). Oh, soy feliz de saber que tengo una lectora fiel cx