Danse Macabre
Levi x Eren
—Capitulo 5—
Soy dominante por definición
Estoy encendido por tu sumisión
Los dedos del brujo eran lentos, eficaces, insistentes. La forma en la que su espalda se inclinaba para dejar su rostro hasta mi altura y como tomó mi mentón, acariciando con el índice desde el cuello hasta la barbilla, clavando sus uñas un poco. Sin forma de concentrarme en ello, más viendo sus ojos penetrando mi rostro y sus labios cuarteados, pero perfectos. Su piel de porcelana y su sonrisa impúdica, podía notar que sus dientes eran blancos y afilados, perfectamente alineados. Sus pestañas eran muy gruesas y espesas, y su respiración era fría, como si estuviese congelado en el interior. Contuve la respiración incontables segundos, hasta que ladeó la cabeza.
—Te respondo eso si me dejas hacerte algo…
—¿Qué? — pregunté inocentemente
—Si me lo permites tu puedes presenciar… mi mejor don — lamió su labio superior, dejando un camino brillante de saliva que me hizo tambalear.
—Bueno. Pero respóndeme…
El brujo se alejó de mí una zancada, la capa que lo cubría comenzó a soltar humo, el mismo humo negruzco de oscuridad que agobiaba y asfixiaba, como si la noche comenzara a cubrirnos, y las estrellas del manto relampaguearan y hundieran la habitación en una forma distinta, poco uniforme, desubicable. Ya no era como estar al lado de una altísima cama era como estar sobre el fango, el bosque, en la oscuridad, tenebrosa. Tinieblas sin poder ver más allá de su capa. Solo con las estrellas alumbrando, su asombrosa proximidad y sus ojos se volvieron de una forma diferente, gatuna y como de ave nocturna. Su sonrisa de hiena se ensanchó hasta que se convirtió en una luna menguante.
—Yo soy… la lechuza que te siguió durante todo el bosque… que te observa desde la cima de los árboles. La comadreja que apartas cuando sientes que roban la comida. El conejo que persigues cuando el hambre te domina, la rata que matas para que el gato juegue y soy el gato que maúlla cuando la luna ilumina. Soy el sapo que pisas cuando no quieres que te siga, la araña de que el veneno te chuparías, la serpiente que sisea cuando observa a su presa. Pero sobre todo soy la lechuza, la lechuza negra que te ha seguido desde que entraste al bosque malo y que no viste porque tu hambre te hacia comer las piedras. Soy el brujo del bosque malo, soy un animal salvaje que no puede ser domado, cuyo nombre significa león pero no me llaman así. Más que por lo bajo Levi me suelen llamar.
Me gustó. Era fácil de pronuncia y de recordar, pero me gustó más que cuando el dejo de hablar la bruma lentamente comenzara a desaparecer, era como si su humor cambiara y se reflejara en el ambiente de la casa, me ponía los nervios, y comenzaba a hiperventilar pero era aterrador y estaba bien. Ahora conocía la verdad sobre su identidad, y aunque no me sentía con la valentía como para llamarlo por su nombre, asentí a secas. El me miró escrupulosamente por largos segundos hasta que de nuevo sentí que estábamos en el cuarto. Aparté la vista inmediatamente, pero no pude seguir adelante con eso, volvió a tomar mi muñeca y jalándome con fuerza levantó mi débil cuerpo hasta ponerlo encima de las pieles de la cama. La suavidad del pelo y el calor de la enorme cantidad me acogió de inmediato. El me miró de arriba abajo, y sonrió.
—No olvidaste nuestro trato, ¿verdad Eren?
—No Levi.
Abrió los ojos de sobremanera, sorprendido y extasiado, como si fuera la primera vez que alguien le llamara así en muchísimo tiempo, parecía descontento de alguna manera, y luego el eco del nombre resonó por la habitación, me di cuenta de que había algo en la habitación que repetía el sonido, algo que no sabía que era, pero que ya lo había escuchado antes. Llamándome a mí, repitiendo lo que decía, hablando, como muchas veces, como un eco. Las velas de mechas negras se tambaleaban. Levi las miró y levantó la mano, silenciando todas las velas, subiendo la rodilla en las pieles, acorralándome bajo el colchón. Levantó mis manos sujetándome con una de las suyas, por encima de mi cabeza.
—¿Te dejas hacer tan fácilmente? — gruñó suavemente
—No me puedo resistir.
—Cuanta sumisión… — gimió sintiendo esas palabras en todo su cuerpo, bajando la cara y pegándola a la mía —. Es tu hermana ¿verdad? Tú… realmente no la quieres…
Las extremidades me dejan de responder, no hay frio suficiente como para empezar a temblar y todas las velas deberían hacer algo más que alumbrar, pero se han callado y el frio en el que estoy me recuerda a mi casa. Y las palabras de… Levi me calan. Y no parece que vaya a callarse en el futuro próximo, está dispuesto a hablar, a subir la otra rodilla enjaulando mis piernas y a poner sus muñecas a cada lado de mi cabeza, inclinarse para hablarme… aún más cerca y siento su cabello rozarme la punta de la nariz.
—Siempre la has despreciado — continuó —. Sabes que ella es la culpable de tu miseria, que si ella jamás hubiera llegado a tu familia tu vida habría sido distinta y eso te hace odiarla. Nunca la has querido, tus padres la odiaron desde el momento en el que vieron que ella te deseaba, y eso te hizo odiarla más. No sientes ningún cariño por ella, cuando ves que le hago daño no sientes más que pena… y terror, de que te haga algo así a ti, no tienes ganas de protegerla ni de cuidarla. Su propia estupidez la convirtió en esto y tú no tienes remordimientos, pero tú… desearías que ella se fuera.
El silencio me abrumo, el aire que respiré se hizo as denso y pesado, sus ojos me hipnotizaban pero sus palabras destilaban verdad, me dolían las venas de las manos, sentí que me faltaba agua, aire, lo que fuera. Que estaba llorando y que sus ojos tenían pequeñas fumarolas como de tabaco. Sonreí medio de lado, intentando entender que era exactamente lo que quería decirme, que era lo que quería que le respondiera. Apretando las cobijas con mis manos medio dormidas que carecían de sangre.
—¿Quieres… deshacerte de ella? — Pregunté suavemente consciente de que su sonrisa estaba ensanchándose —, ¿Quieres comértela?
Abrió la boca, soltando una buena bocanada de aire frio, como si acabara de soltarle una patada en el estómago que le había producido una hermosa y retorcida sonrisa. Sus ojos brillaron como centelleando diamantes y sus uñas se deslizaron por las pieles hasta mis mejillas.
—Ya casi es fin de mes… tengo que hacerlo — lo decía como un susurro quedo, necesitado, casi obsesivo.
—Si te digo que si… ¿Volveré a ver a mis padres?
Entonces me di cuenta que todo lo que me había dicho era cierto, todas esas sensaciones que me había producido Mikasa. Todo el odio y el rencor que realmente le guardaba, a sabiendas que mi vida pudo ser muy distinta si ella no hubiera interferido, que jamás quise ser su amante, ni su hermano, ni tener nada con ella y que por eso la quería lejos. Y no me importaba lo que pudiera pasarle. El brujo enterró mas sus dedos en mi piel, hundiéndolos y pegando su nariz con la mía, abriendo la boca lentamente, susurrando, articulando con cada musculo.
—Jamás verás a tus padres de nuevo — sentí que me quedaba sin aire al sentir la forma en la que sus ojos se abrían, la cercanía de su rostro —, y aun si dices que no, lo haré. Pero sabes que aun así tú quieres estar sin ella… quieres ser el único.
¿Cuántas verdades podía tener un brujo en la lengua? Cuantas palabras reales podía soltar solo con poner su respingada y suave nariz sobre la mía, sus largas uñas en mi piel, sus piernas rodeándome, su capa hondeando entre nosotros, creando el efecto de cueva de oscuridad, de manto de estrellas iluminado, y las velas volvieron a susurrar algo. Una cosa.
Único.
—Hazlo.
Sentí, casi sus labios sobre mi piel, pero suavemente se deslizó, como un halo de viento sobre mi mejilla hasta llegar a mi oreja y morder con sus blancos, afilados, peligrosos dientes, el lóbulo de mi oreja y lamiéndolo con su larga y mojada lengua, hasta que la deslizó en el oído y comenzó a lamerlo muy lentamente, muy estimulante y masajeadora, dejando todo húmedo y pegajoso mientras me entumía y mi piel se ponía erizada, aguantando las ganas de llorar y de sonrojarme por su suave y muy tierna lengua lamiendo el interior de mi oreja ''Buen niño… Tú la cocinaras''. Y de nuevo tuve la sensación de que todo el mundo desaparecía bajo mi cuerpo, que ya no sentía nada debajo. Que estaba durmiendo, flotando.
Había pasado un buen rato cuando comencé a escuchar ruidos, sonaba como puertas rechinando. Me dolían los ojos y la cabeza, todo mi cuerpo se sentía pesado, a pesar de que solo traía encima el camisón blanco. Las velas estaban apagadas pero no había ninguna luz traspasando las cortinas. Estaba todo en penumbra, solo un débil y centelleante brillo que se colaba por debajo de la puerta. Había sonidos de agujas de reloj brotando por todos lados, y unas fuertes pisadas de un lado a otro. Me impulsé con las palmas para ver la puerta y la luz cambiaba de colores, era violeta… luego verde, después azul y regresaba al violeta. Era hipnotizante, me dejaba los ojos llorosos, lagrimas cayeron de mis lagrimales y no supe bien por qué. De nuevo me bajé del colchón con terror y por accidente varias pieles resbalaron.
No identifique los animales, ni me moleste en levantarlas. Podía dormir sobre ellas, mas no tocarlas a voluntad, ni menos cerciorarme que había debajo de ellas. Jalé la puerta con fuerza, estaba como pegada con algo viscoso del piso, miré la cama y las pieles habían vuelto encima. Las velas se encendieron, como notando mi presencia. Saludándome.
Abrí lo más rápido que pude para salir horrorizado del cuarto y pegar la espalda a la puerta de madera. Mirando el pasillo tétrico frente a mí, todo bañado en una especie de líquido pegajoso, que al tacto no era nada, mi corazón se aceleraba con una frecuencia alta y tuve que cubrirme la boca conforme avanzaba. Era como si se moviera en círculos, me sonreía. Intenté bajar la mirada y pasar por alto que estaba descalzo. Gruñí bajito intentando no vomitar. El olor era nauseabundo. Escuché de nuevo las pisadas, paralizándome del miedo. Pero justo por mirar dentro de la sala principal.
Estaba vacía.
No había nada.
Más que una sola cosa. Había una amplia charola de plata en el piso, con un fuerte olor, nauseabundo y asqueroso. Sobre ella se encontraban muchos pedazos de carne, extrañas formas que nunca había visto. Nada de piel, ni nada que se viera como… una extremidad… solo era carne en sangre. Adornada de flores hermosas y deliciosas frutas. Unas bellas flores blancas un poco ensangrentadas, pero terriblemente olorosas. Luego me di cuenta del ligero detalle de la bandeja. Había en cada lado dos manijas para alzarla y sujetarla, que estaban ocupadas por dos blancas manos recientemente cortadas. No solo sujetando la bandeja, también grandes mechones de cabello negro, coreando toda la bandeja. Me di cuenta, que era esto… que era lo que estaba viendo.
Caí de rodillas al piso, mi estómago retorciéndose como tenía mucho que no lo hacía, doblándose, intentando sacar todos los jugos internos. Mis manos temblando de lo nauseabundo. Fue como si las flores soltaran gases horribles, asquerosos que penetraran en mi nariz, me hacían arrugarla y tirarme en el piso. Casi convulsionándome, jadeando de mis debilidades y queriendo llorar.
Levi no estaba.
Solo estaba la carne de mi hermana, dispuesta a ser cocinada.
Lloré en silencio por un buen rato, sin darme cuenta de si era por el asco de ver mi primer cadáver humano, o porque era… Mikasa…
Me percaté demasiado tarde de que había algo observándome. Algo que no sabía que era, pero proyectaba la luz que cambiaba de colores, estaba encima de la charola, parecía el cráneo de alguien, una calavera como muchas otras de las que estaba en casa. Mirándome, con una vela encendida en la parte superior y una nota sujetada entre los dientes. Me arrastré como un gusano de seda, dejando con camino de lágrimas hasta tomar la nota. Tan pronto como hice esto la calavera se deshizo, convirtiéndose en sal sobre la carne. La luz quedó apagada. La oscuridad invadió la casa, y junto con esto toda mi respiración se modificó. Mis lágrimas caer era lo único que se escuchaba. La letra era preciosa, demasiado hermosa para estar encima de esta pila de carne.
Encima de la carne, pisa las flores con los pies. Y no te limpies.
Sentí que en cualquier momento me iba a desmayar, que se me iban a acabar las ganas de seguir respirando. Pero ahí estaba mirando las flores de hermoso aspecto, terrible olor, pero brillosas y rodeadas de brisa de la mañana. Blancas, no sabría identificarlas de ninguna manera, parecían rosas o más bien crisantemos blancos, muy suaves. Y detrás de mi había un pequeño banco de madera en el que ya me había sentado antes, me había subido en el para cocinar, para ver por las ventanas. Ahora me senté en el y me alcé la bata de la pijama, mis pies estaban blancos y medio morados en la planta. Las venas del empeine se le notaban de un color azulado, las uñas rosas, tan pequeños como siempre. Pero se veían distintos, era como si en estos momentos hubiera crecido, y poco a poco perdiera mis formas infantiles. Estaba dejando de ser un niño. Me limpié la última lágrima y pise la primera flor, de la cual brotó suavemente sangre caliente hasta que la flor se deshizo como si fuera de crema y la sangre cubriera la carne. Mis pie quedó manchado.
Comenzó a oler delicioso.
Moví el pie contrario hasta otra de las flores y sin ponerme a contarlas terminé por pisarlas una por una, poco a poco, sin darme cuenta que cuando dejaba secar uno o dos minutos una la carne debajo de la crema y la sangre se cocinaba y se preparaba de forma que se veía realmente apetitosa. Mis pies estaban bañados en sangre, tanto como el piso de madera en el que se habían desbordado algunas gotas de sangre, mi pijama blanca también se manchaba en los holanes de al final. Los cabellos negros que sujetaban las manos blancas se convirtieron en pequeñas ramas de orégano, y rodearon la bandeja dándole un aspecto más estilizado.
Terminé de pisar las flores, con el rostro imperturbable. Ni una lagrima, ni un sonido más, solo admirando el platillo. Que se veía delicioso, cuando algo en medio de este se movió, como si se mantuviera con vida. Me aparté por instinto, tirando el banco, posando mis pies en el piso y dejando un rastro de sangre. Algo salió, emanando como si fuera un rio, pero de alguna especie de mantequilla que olía demasiado bien y colocándose en medio de entre la carne estaba algo de forma redondeada. Parecía el corazón. Justo en medio del plato. Las manos se arrastraron como jaladas por hilos, mi corazón se aceleró, y las manos sujetaron el corazón.
Después todo volvió a quedarse quieto.
La luz de la habitación regresó lentamente.
Miré a la puerta, la aldaba estaba ahí, acechándome con sus afilados dientes y el hueso entre su mandíbula. Sonriendo. Entonces el brujo estaba en la casa, tenía que estarlo.
—Luce bien.
Me adelantó por pasos, estaba vestido como hacía un par de días, con las ropas elegantes cubiertas de plumas y gemas azules. Con su capa resaltando de forma centelleante, lo miré mientras se movía. Metió la mano entre la carne, justo al fondo, como si estuviera buscando algo y cuando lo encontró me lo mostro. Abrí los ojos sorprendido y asustado. Levi los miró con sigilo y luego sacó las tijeras de su bolsillo, grandes, brillantes y plateadas. Cortó con fuerza el iris gris de los ojos de Mikasa y luego los observó en la palma derecha de la mano, parecían dos hermosas gemas de color gris, pequeñas pero brillantes. El ladeó la cabeza y luego las puso sobre su cinturón, y tal y como yo pensaba, las joyas azules de su ropa se trataban de iris de los ojos, dejaron de ser grises para convertirse en pequeñas piedritas azules, adornando con mucha belleza sus ropas.
Las dos bolitas blancas que se quedaron en su mano izquierda fueron dejadas en el piso con cuidado. Me tomo del hombro para alejarme una zancada y él se hinco frente a ellas. Las comenzó a aplastar con la palma de la mano, intentando juntarlas como si fueran masa, unificándolas hasta que por fin se convirtieron en una plasta alargada y blanca, que comenzó a tomar forma poco a poco, como si sacara burbujas, hasta convertirse en un extraño sapo de color blanco.
—¿Qué es eso…?
—Shhh — me dijo poniéndose el dedo sobre la boca, observando como el sapo cambiaba de color. Dejaba de ser blanco y optaba por tonalidades cafés y verdes. Tragué saliva un poco asqueado.
Cuando por fin el sapo parecía un animal completamente normal, el brujo miró su capa de cielo estrellado y sacó del bolsillo contrario un pequeño palo de madera, no pensé que lo trajera ahí todo el tiempo, nunca lo había visto resaltar ni mucho menos. Quien sabe cuántas cosas escondían los pliegues de esa capa, cosas increíbles. Comenzó a golpear al sapo con la rama, todo mientras sus rodillas estaban manchándose con la sangre casi seca de mis pies, el animal no saltó ni se movió, parecía que no sentía los golpes, pero el brujo no se detuvo, siguió golpeándolo con bastante fuerza. Cerré los ojos, presionando los parpados, sin querer observar la tortura para el animal. Pero este seguía sin reacción alguna, hasta que el brujo dejo de golpearlo, lo observo por tres segundos, notando como este se hinchaba sin razón… luego Levi se levantó. Miró al sapo desde abajo y pisándolo con la punta de su zapato negro, hasta que el sapo vomitó un buen charco de un líquido verde y asqueroso.
El brujo lo miró con verdadera repulsión.
Volvió a inclinarse en el piso y dejo que el sapo comenzara a caminar libremente por el piso, le restó importancia, apreté mi ropa con las manos, mi corazón no podía calmarse. Estaba aterrado, pero curioso. El levantó la mano y mojó los dedos en el líquido arrastrándolos por el piso como una araña y clavando las uñas provocando un chirrido, hasta que sus dos palmas estuvieron escurriendo el líquido.
Me miró de soslayo y sonrió. Levantó las manos y jadeando las llevó hasta su cuello, embarrando todo el líquido en su nívea piel. Gruñendo por lo bajo, hablando cosas inteligibles y sonriendo con extrañeza sin dejar de mirarme. Retrocedí un paso.
—Yo he salido para seguirte — recitó en voz baja levantándose —. Yo he salido como seguidor tuyo. Ahora llévame hasta ti.
El líquido del piso desapareció, me cubrí la cara con temor. El pánico en cada una de mis terminaciones nerviosas, sintiendo que quería desvanecerme, que ya no quería formar parte de esto, realmente ya no quería me sentí desgraciado. No tenía más ganas de curiosear, pero sus manos sobre mis manos me dijeron que mirara de nuevo, se veía tan complacido, irradiaban sus ojos cierta determinación, cierto brillo de color rojo. Una sonrisa profunda bailándole en los finos labios. Suspiró y me limpió las lágrimas con su mano.
—¿Me seguirás?
¿Cómo decir que no?
—Siempre…
Se levantó y tomándome de la muñeca me jaló hasta la puerta, me dejó parado ahí esperando, con la ropa llena de sangre y los pies también, con temor en todas partes mientras él se acercaba a la charola de la plata y la levantaba del piso, escurriendo sangre, luciendo deliciosa. La carne de mi hermana Mikasa, la forma en la que me miraba… creía que estaba bien, estaba seguro de que yo no la quería, la quería así, muerta. Ahora yo era el único de nuevo. Y la puerta se abrió, la aldaba desapareció, el me dejó a sus espaldas y no me pidió que lo siguiera, pero me mantuve detrás de él. Era la primera vez que saldría desde que llegué. El viento helado me golpeó en la nariz, en las manos temblorosas, tenía frio.
Estaba nevando.
No, había muy poca nieve, hacía mucho frio, era de completa noche. El cielo estaba oscuro y no podía ver más que las estrellas de su capa brillando, las joyas azules, los ojos mirándome, diciéndome que lo siguiera, no podía verme ni ver nada más, solo caminar entre la maleza y alejarme de la puerta de la casa. Sin reconocer ni una pizca, escuchaba el sonido del sapo, que venía por delante de nosotros como si nos guiara en el camino. Veía los ojos de las lechuzas en los árboles. El brujo de los animales del bosque…
—Miércoles — lo escuché decir.
No dije nada y caminé muy por detrás de él, solo guiado por los ligeros brillos de su capa y los sonidos del sapo. Todo eso me guiaba mientras me tropezaba con las ramas y mis rodillas terminaban sangrando. Hasta que llegamos a un punto en el que él se detuvo, no había árboles, la luna era amarilla y enorme y estaba por encima de nosotros alumbrando el pequeño altar en medio de las ramas. Tuve miedo, en la espalda, aterrado de que más brujos fueran a llegar, miedo de lo que estaba por presenciar.
Había en el altar grandes manteles negros y sucios, brillosos, cubiertos de extraños huesos que llevaba mucho ahí, velas y artificios que se veían completamente empolvados. El brujo dejo la charola sobre la mesa y se puso de rodillas. El sapo se disolvió, se alejó. No volví a verlo, las lechuzas se alejaron, solo estaba yo ahí, presenciando esto. Viéndolo comerse a mi hermana en la mesa, comiéndose, la carne cruda, cocida y asada, chupando los dedos y los huesos, bebiéndose la sangre de la charola y reservando el corazón para el demonio… dejándolo en la bandeja, lo vi comer como mi hermana comía, como un animal, pegando la cara al plato, con las manos, con el rostro lleno de sangre. Yo solo estaba ahí y observaba, queriendo vomitar, pero mirándolo, no podía parar de verlo.
No quería dejar de verlo.
Era como un animal.
Y cuando terminó el banquete me miró, sentí como si un lobo acabara de encontrarme. Me estremecí y caí de rodillas en el piso.
—Chupa y traga esto, que será bueno para ti — y se arrastró de rodillas hasta donde me encontraba, quitándose la capa mostrándome sus negras ropas, y cuando sentí que bajó mi rostro hasta donde tenía su verga jadeé llorando.
Él se detuvo y miró detrás de sí.
El corazón de mi hermana estaba consumiéndose en llamas de color rojo, y negro, chispeaba. Él se levantó admirando como si ritual se consumaba, ignorándome de nuevo. Y yo asustado, me puse a mirar muy fijamente como estuve a punto de tocarlo, con el corazón desilusionado. Sintiendo aun sus manos sobre mi cabello, abrace su pierna y admire como el corazón de mi hermana se consumía como si fuera devorado por los dientes más putrefactos que había visto yo antes.
N/A: ¿A alguien le dio hambre? Este capítulo está medio retorcido, muchas gracias por seguir leyendo este fic aunque ya no estemos en tiempos de día de muertos, el punto aquí es que ya estamos por terminar esto tiene 8 capítulos.
Si les ha gustado por favor dejen un review, prometo que al final del fic los responderé toditititos. Todas sus dudas y lo que sea, un beso.
