NOTAS | Por fin llegamos al final de la historia ¡Wiiii! Estoy contenta de ver cuanta gente la siguió y le gustó como era este joven brujo, una persona complicada, y este pobre niño que tuvo la desdicha de haber caído en sus garras. Bueno para finalizar quiero decirles que si algo no ha quedado lo suficientemente claro yo responderé todas las preguntas de los reviews, absolutamente todas. ¡Aprovechen! Por otra parte quiero darles un aviso importante, así que las veo en las notas al final.


Danse Macabre

Levi x Eren

Capitulo 8—

El final feliz es tu carne entre mis uñas, no mas miedos y no mas lagrimas

Eres mi muñeco infernal, esto es amor a primera mordida atado en la cuerda floja

Cuando desperté, estaba limpio en la cama. Y el estaba sentado en la orilla del colchón, completamente vestido y sonriente, no recordaba como es que habíamos llegado hasta la casa de nuevo, solo recordaba sus labios sobre los mios. Mi boca estaba hinchada y amoratada, de tanta succión y mordidas, tenía ligeras heridas. Y mi corazón palpitaba rápido cuando lo veía, las velas se encendieron cuando me levanté. Él se giró a verme entendiendo que ya estaba dándole mi atención, me miró de soslayo confundido, sus ojos escudriñaron mi cuerpo, frunció el ceño y luego dejó de mirarme. Bajó la cabeza. Me arrastré por entre las cobijas para cercarme a él y cuando por fin estuve detrás suyo recargué mi mejilla en su capa, en su espalda, sintiendo el reconfortante calor frio que desprendía. Lo escuché suspirar cuando me sintió recargado contra él.

—La misa negra, termina en una orgia. Con mi señor — Explico en un susurro —. Anoche solo el pase besándote.

Tenía en la voz cierto tono de arrepentimiento, tremenda confusión golpeándole el pecho. Sus manos apretaban la piel de los animales, su lengua paseaba nerviosa tocando las puntas de sus afilados tienes.

—Yo quiero ser tu Dios — suspiré, pensando que si no decía nada ahora él se perdería entre sus pensamientos —. Soy tan malo como tú, no quiero a mi hermana y detesto a mis padres, puedo seguirte, puedo quedarme contigo si me necesitas, puedes golpearme y humillarme o alimentarte de mí. Quiero estar contigo.

La voz se me quebró justo a la mitad, noté mi propia ansiedad, de pronto era como si él me pareciera incluso más inestable de lo normal y ahora mismo yo solo podía aferrarme completamente a él, porque ya había dejado de ser una persona, tal vez incluso ahora aceptaba que solo había una manera de permanecer con vida, quedándome en su bosque, con él, que parecía mirarme siempre con extrañeza. Y yo más que nunca deseaba mantenerme a su lado ahora.

—¿Estarías dispuesto a renunciar a todo? — no sé cómo tiene el valor para decírmelo, su voz es completamente insegura.

Pero en cuanto se da la vuelta, me observa y me toma de los hombros, me mira muy fijamente a los ojos, no consciente de lo que yo decía bajé la mirada. No podía pensar si el me miraba, no podía hacer nada si el me miraba. No podía más que respirar y decir que si a todo, por eso lo sopesé sin mirarlo, observando las pieles, sin tener idea a lo que me enfrentaba como un estúpido niño de diez año. No tenía ningún lugar a donde volver, y el endulzaba mi vida, y lo amaba, lo quería a mi lado, el había matado a esa niña que me había robado todo y yo quería asesinar al hijo que mi madre tenía en el vientre. Lo quería muerto, y quería ser su esclavo, quería estar con él. Lo abracé.

—Estaría dispuesto, porque creo que me elegiste por una razón, tal vez es una que yo no he alcanzado a comprender, pero si quisieras comerme ya lo habrías hecho… si quisieras un compañero brujo tal vez ya hubieras elegido a alguien más, pero soy yo el que está aquí a tu lado ahora. Soy yo el que puede ser tu compañero, porque yo soy un niño… soy masa moldeable a la que puedes manipular sin importar. No me importa, te lo juro. Yo puedo aceptar todo de ti, tu obsesión con la comida, la forma en la que haces tus rituales por separado, los espíritus del bosque que se manifiestan como velas en esta casa, los animales que adoras, puedo aceptar tu pasado y tu futuro. Por favor, brujo del bosque malo… Levi, hazme una marca como la tuya.

Y fue como si por primera vez desde que estaba despierto me sintiera consciente de lo que le estaba pidiendo, de que había visto en su espalda la marca que el diablo pone sobre las personas que son como el, la que quema cuando los llaman, un hermoso árbol de tinta negra con una lechuza sobre una de las ramas más amplias, pegada casi al hombro. Una marca que simbolizaba todo sobre su historia como bosque del brujo, un brujo del que yo sabía poco. Pero que él había sacrificado su ritual por quedarse conmigo, por besarme en vez de tomarme o matarme…

El me miró, como si acabará de decirle palabras mágicas. Me miró recordando, tomando mi rostro entre sus manos, con sus largas y afiladas uñas, pero por primera vez sin hacerme daño alguno, su ceño fruncido sus ojos grises intensos penetrando, no sé qué ve en mí, pero no dejaba de hacerlo.

—Sí, te elegí por una razón — suspira y sonríe de forma tranquila —. Pero yo no puedo marcarte, y menos ahora, porque voy a ser castigado, anoche terminé el ritual de una forma en la que no debí hacerlo, los otros brujos me castigaran.

—Pero es mi decisión…

—Me obligarán a asesinarte.

Y entonces esa atmosfera mañanera se destruyó. Me di cuenta de que él estaba vestido. Estaba a punto de salir y me abrazaba con extrañeza. No despilfarraba cariño, estaba algo extraño. Se desprendió y me miró con sus ojos atentos y oscuros, no pude sino asentir y aceptar que si mi castigo era ser asesinado por sus propias manos, lo aceptaría de cualquier manera, aun cuando el terror me consumía desde adentro, sintiendo como todas las heridas de mi interior se abrían con fuerza, como si nada hubiera sanado y todo se encontrara roto y en cenizas. Como si las pieles me miraran, las sombras se rieran y las velas susurraran entre ellas que no iba a tener oportunidad alguna de tener esta vida, de vengarme o de que el fuese mi amo.

—Entonces asesíname.

Se dio la vuelta sin poder mirarme a la cara y cerró la puerta con seguro. Escucho las llaves tintinear y por primera vez supe que aunque lo intentara no podía siquiera salir de esta habitación. Me quedé acostado sobre las pieles, mirándome las manos ensangrentadas, las uñas rotas que se habían desprendido de mi carne, y como es verdad que todas las heridas que imaginaba se habrían nuevamente. Jadeante y adolorido intenté soplar para sacar la sangre y limpiarme contra las pieles. Gruñí al sentir el cuero de mi piel arder, los pelos de los animales enterrarse en mis heridas y quise desmayarme en ese instante.

No hubo forma de arrastrarme. Las velas me hablaban.

Ha faltado, ha faltado.

Ha faltado al semhein. Ha faltado, se ha quedado aquí, las brujas del bosque lo golpearán, lo quemarán, lo castigarán. Lo castigarán. Lo castigarán hasta que quede sin fuerzas.

Me tapé los oídos, no me quise ni mover. Me llevé las manos a la cara y llené todo mi rostro de sangre. Cubrí absolutamente todo de sangre. Mi corazón y mis pulmones parecían llenarse de líquido rojo como si una rama me hubiera perforado la carne y me estuviese ahogando, sentí que quería escupir y el sabor metálico se impregnó en mi lengua. Y de pronto era como si en realidad nada hubiese pasado, como si yo solo hubiese estado en el bosque con Mikasa y mi padre, comiendo piedras, tropezando y cayendo por unas peñas hasta que una rama me había atravesado el pecho y agonizara desangrándome. Abrí los ojos y ahí estaba yo, muriendo, sangrando entre las rocas con mi hermana mirándome desde arriba con ojos tristes y mi padre feliz de deshacerse de mí. Cerré los ojos mientras vomitaba sangre y piedras, más piedras hasta que se convirtieron en mis dedos, mi carne, mi sangre y mi alma abandonaba mi cuerpo.

—No morirás.

Explicó su voz levantándome como si fuese una melodía que hipnotizara, mi cuerpo se levantaba de las pieles solo de escucharlo.

Abrí los ojos. Mis manos no estaban llenas de sangre ni nada parecido, seguía acostado como un niño pequeño, la luz ya no entraba por las ventanas. Su cara estaba frente a la mía mirándome con dolor. Asustada e interesada, sus manos estaban rojas, su cuerpo bañado en latigazos y sus cejas fruncidas. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero fue lo suficiente como para sentirme extraño al observarle.

—¿Qué? — le pregunté abriendo la boca seca, admirando las heridas que parecían sanar rápidamente sobre su blanca e inmaculada piel, fruncí el ceño, pues dentro de su rostro había una pizca de curiosidad y ansiedad, jadee tocando las gotas de sangre que escurrían.

—Me han castigado — explicó —. Pero he conseguido que no mueras.

—¿A cambio de? — limpié mis dedos en mi pijama, fijando las pupilas en su rostro.

—Tu vida.

Y todo quedo claro nuevamente, pude lanzarme a sus brazos. Pude abrazarlo con fuerza, sintiendo el dolor de sus heridas. El no parecía adolorido, pero lo estaba, la sangre traspasaba incluso mi pijama. La fuerza con la que había sido castigado, los palos con los que había sido golpeado, el había aceptado ese castigo sin dudar no había hecho nada para evitarlo, probablemente se había quedado aquí rodeado de nuestra cama a sabiendas de que sería completamente torturado, por esa equivocación tan temible. Solté lágrimas sobre su ropa asustado, intrigado por escuchar el resto.

—Entonces márcame — volví a pedirle. Sentí que había pasado una eternidad desde que le había sugerido que lo hiciera.

—El trato ha sido, que espere cinco inviernos más, y que firmes el libro. Harás los rituales conmigo y me pertenecerás a mí.

—Pero, es que ya te pertenezco…

—También venderás tu alma.

—Tu puedes hacer lo que quieras con mi alma — Le tomo la mano con esperanza, vanas ilusiones corren por mis mejillas imaginando que él podría simplemente aceptarme junto a él.

—Eres demasiado joven — pero parece que incluso para él no es tan sencillo, aun así me deja tomarle de la mano.

—Esperaré lo que deba esperar.

Se me quedó mirando por un buen rato, levanto sus manos y las dejo en mis hombros suspirando y luego tiro de mi piel con sus largas uñas dejando una línea rojiza en ella y para sostener mi mentón, acercándome hasta su rostro. Frunció el ceño, sus cejas se convirtieron en dos animalitos que se encontraban, miré sus dientes afilados. Posó de nuevo sus labios contra los míos depositando un beso suave y de comprensión, de asentimiento. Suspiré, pude por fin volver a respirar. Por fin pude sentirme parte de algo, de nuevo. Sentirme más seguro y menos incierto de mi propio futuro. Pues estaba seguro de que podría esperar el tiempo que fuese necesario solo para conseguir mis objetivos, para quedarme a su lado.

No importaron los cinco duros inviernos.

Valieron cada segundo cuando miré a ese niño a los ojos. Cuando estaba mirándolo desde la copa del árbol más cercano a la asquerosa cabaña que no había cambiado ni un ápice en cinco años. Que la nieve la cubría de forma violenta y el vestía abrigado mientras jugaba con la nieve del patio. Era aún un bebe. Era demasiado joven, no tendría más de cinco años. Tal vez apenas tendría cuatro, pero se movía con infantil gracia, y mis piernas colgaban por las ramas de los arboles, mi cuerpo envuelto por una capa idéntica a la de mi amo. Con ropas igual de hermosas, ataviado como él. Lo miré, y lo llamé.

El niño me siguió.

Y mis padres jamás se dieron cuenta de que su hijo había entrado siguiéndome por el bosque. Jamás sabrían que seguía a un niño de 15 años que estaba por realizar su primer ritual sagrado, que estaba por firmar en el libro y por obtener una marca. Que ahora estaría destinado a la brujería para siempre, que se mantendría al lado de su maestro, de su amo, siendo su esclavo y cumpliendo todos sus mandatos, mientras caminaba seguido por ese niño que se parecía demasiado a mí, con los ojos verdes y el pelo castaño. Los dos nos movimos hasta llegar a aquella cueva que ya conocía demasiado bien.

Cuando miré el interior y le dije al niño que entrara, lo apuñalé por la espalda y lo asesiné. Después solo pude mirar a Levi. Desnudo sobre el altar, preparando lo necesario para recibir el sacrificio de ese niño, al cual yo debía comerme entero, para poder obtener la gracia, la belleza y la inmortalidad eterna. Y después podría firmar en ese libro, podría ser parte de todo.

Luego me quitaría la ropa lentamente, admirando a Levi con los ojos bien abiertos, mostrándole cada espacio de mi cuerpo, jadeante, excitado, necesitado de sus uñas sobre mi piel, de sus labios rodeando mis pezones y de mi boca lamiendo su entrepierna. Totalmente obsceno, encima de ese niño muerto, del hijo de mis padres.

Haciéndolo de forma primitiva, como animales, en el bosque, como en celo, sobre cadáveres, flores, velas que hablaban, y comiéndonos a los niños que cruzaban las ramas con fuerza. Mientras yo lloraría jadeante, y gritaría su nombre.

Levi, Levi, Levi. Márcame Levi.

Y por fin obtendría mi marca.


N/A: Cosas que debo aclarar, en primer lugar la razón por la que Eren llegó al bosque donde Levi, es porque Levi lo guio a él y a Mikasa hasta allá para que Eren se convirtiera en su compañero. Así que al final de cuenta si se cumplió todo lo que Levi deseaba, aunque no estaba muy seguro de si terminaría enamorado así del niño…

Por otra parte Eren después se convirtió en brujo.

¡Bueno aquí está el final prometido! Si bien ha pasado un mes desde que inició este fic. Quiero decirles que esta no es la última vez que sabrán de Levi brujo, jaja no sé qué tanto puedo hablar sobre esto, pero volverán a leer de él… de una forma distinta, y cuando llegue el momento espero que también les interese ese proyecto que se avecina.

¡Así que desde la casa con aldaba de huesos, Levi les dice que se leerán pronto! (Porque van a conocer a un brujo más joven y enamorado) No digo más…