Claro que continúa, Danex19. Sería un One Shot bastante flojo, ¿No crees?
Love, de momento no va a ninguna parte, ya lo has visto.
kykyo-chan, ya sabemos como es Henry robando Tarjetas de crédito y huyendo, lo lleva en la sangre.
15marday, a mí tampoco me gusta especialmente, pero era perfecto para el inicio. Además, la historia surgió de un rol que empezaba con esa premisa.
Perdón si me dejo a Alguien, la página no me deja ver los reviews nuevos, es una pesadilla.
Emma Swan
Lo admito, no había podido evitar mirar. Al principio había entrado en la habitación con prisas para hablarle de Henry, pero la verdad es que no había podido evitar cómo se subía el sostén y se lo colocaba. No es que las mujeres sean un plato de mi gusto, a expensas de algunas experiencias de mi estadía en prisión, pero Regina es una mujer a la que observas sin darte cuenta. Si ella notó mis miradas cuando se vestía, las ignoró por completo. Cogió su cartera y comprobó sus tarjetas de crédito.
_ Se ha llevado una de las mías._ Ratificó._ Voy a bloquearla. Tú eres la experta en encontrar personas, ¿Cierto? Pues encuéntralo.
_ Sí, claro._ Volví a la realidad, y me senté delante del portátil que había traído. Podía comprobar dónde había usado la tarjeta de Regina por última vez.
Henry Mills
Tenía que volver a Storybrooke. Lo que mis madres habían hecho era todo un error. Aún recordaba como Emma había entrado en el piso, sin hablar, sin decir nada, y había empezado a recoger todas sus cosas. David y Mary Margaret encontrarían la manera de hacerlas entrar en razón. Era la única esperanza que veía en un futuro cercano. No era la primera vez que iba desde ese piso a Storybrooke. Le diría que me dejase cerca al taxista y no me daría más problemas.
_ Taxi._ Grité, viendo como el vehículo, de color blanco, se detenía. Me acerqué y le acerqué la tarjeta._ ¿Puede llevarme a la estación?
_ Claro, chico._ Dijo, pasando la tarjeta.
Me subí en la parte de atrás del vehículo, con una sonrisa en los labios. Cuál sería mi decepción al ver que, de camino a la autopista, el hombre giró y se saltó el desvío. Sonreí forzadamente, pensando seriamente en salir huyendo. Sin embargo, y como si me leyese el pensamiento, aquel hombre pulsó un botón y los seguros de las puertas se bajaron.
_ ¡Me está secuestrando!_ Exclamé.
_ Chico. Robar una tarjeta de crédito está mal, ¿No crees?_ Me dijo.
_ ¡Esa tarjeta es mía!_ Exclamé, intentando inútilmente abrir la puerta.
_ No tienes cara de llamarte Regina._ Dijo, mientras tomaba otro desvío.
_ ¡Es mi madre!_ Dije, golpeando el cristal que nos separaba.
_ Entonces le has robado a tu madre y ella te tiene tan calado que ha cancelado la tarjeta._ Me dijo el taxista._ Aunque eso lo decidirán en comisaría.
Pataleaba contra la puerta con todas mis fuerzas, intentando abrirla como en las películas. Pero por más que lo intenté, la puerta no cedió un milímetro. El taxista aparcó frente a la comisaría, y dos silenciosos policías hicieron acto de presencia, agarrándome con ambas manos.
_ ¡Soltádme!_ Grité con todas mis fuerzas.
Pero no me soltaron. Ni siquiera se molestaron en reprenderme. A fin de cuentas ya ni siquiera era adorable. Era el típico preadolescente que se escapaba de casa. Debían ver a cientos a lo largo del mes. Y yo no era excepción. Me dejaron en una sala típica de series policiacas.
La puerta se abrió y a través de ella entró una mujer ataviada con una gabardina. Se apartó el cabello castaño de la cara y en uno de sus movimientos pude ver su placa y su pistola en el cinturón. No esperaba que una persona armada fuese a entrar en la sala. Tragué saliva.
_ ¿De modo que tú eres Henry Mills?_ La mujer parecía tensa, fuera de lugar.
_ ¿Usted no suele tratar con niños pequeños, verdad?_ Le pregunté. La mujer me miró con sus ojos de color caramelo.
_ No, lo cierto es que soy inspectora de homicidios._ Dijo, dejando sus papeles sobre la mesa._ Ahora, explícame lo que has hecho.
_ Volvía a casa._ Le dije, sincero._ Mi madre me ha secuestrado.
Veía cierta similitud entre aquella mujer y Emma. Era como si tuviese un escudo a su alrededor. ¿Sería la gabardina? La de Emma era su cazadora, después de todo.
_ ¿Tu madre te ha secuestrado?_ Me preguntó.
_ Sí… Emma Swan. Ella me dio en adopción, ¿Sabe?_ Tenía que intentarlo.
_ Bueno… Emma Swan es quién ha puesto la denuncia, sí.
_ Es mi madre biológica._ Insistí._ Ella me abandonó. Y ahora me ha secuestrado.
Ella misma me había dicho aquello el día que me había conocido "Te creerán porque soy tu madre". Y era mi única posibilidad.
_ Chico… tu historia es creíble. Pero la tarjeta que has usado para pagar el Taxi… pertenece a Regina Mills. ¿No es esa tu madre adoptiva?
_ Sí… pero._ Estaba claro que aquella mujer era capaz de sacarle la verdad al criminal más despiadado. Yo era un juego de niños para ella.
_ Sea como sea tu madre adoptiva tiene derecho sobre ti. La hemos llamado y dice que ya viene de camino. ¿Me devuelves la tarjeta de crédito? No quiero tener que quitártela.
Me rendí, agobiado. Era inútil. No podía vencer a la inteligencia combinada de aquellas dos mujeres. La reina malvada y la Salvadora. ¿Quién triunfa sobre ellas cuando trabajan juntas? Nadie. Ni tan siquiera los dioses, mucho menos iba a lograrlo yo. Me saqué la tarjeta de crédito del pantalón y se la di.
_ Gracias._ Me dijo la mujer, saliendo de la habitación.
Kate
Aquel chico parecía aterrado. Pero no estaba por encima de la ley, ni podía hacer nada para evitar que se enfrentase a su madre. No niego que algo de pena si me daba, pero escaparse de casa tenía que tener consecuencias, o no iba a aprender nunca. Jugueteé un poco de camino a la recepción donde la madre debía estar esperando.
Iba a ir directo hacia allí cuando sentí pasos a mi espalda. Sabía exactamente cómo sonaban. Los pasos de mi encantador compañero. Ningún policía andaría de semejante manera. Se colocó a mi lado y empezó a andar. Se reía entre dientes. Sabía exactamente lo que eso significaba.
_ ¿Qué teoría se te ha ocurrido, Rick?_ Le pregunté.
_ Bueno… está un poco fuera de lugar pero… La ciudad de la que dice que viene este chico no existe. A lo mejor está en otra dimensión.
_ Ya… y su abuela es Blancanieves. Vuelve a la tierra, Rick._ Le dije, negando._ Sólo es un niño que se ha escapado de casa. Ni magia… ni Aliens ni dimensiones paralelas. ¿Vale? Como te oiga su madre nos va a dar un informe pésimo. Esa mujer ha estado rellenado todos y cada uno de los papeles posibles para el caso. Vamos a tener que movilizar a toda la unidad para poder cumplimentar los informes.
Y allí estaba aquella mujer morena. Regina Mills. Estaba esperando sentada, mientras la rubia, Emma Swan, andaba de un lado para otro. A mis ojos parecían una pareja adorable. Pero eso me lo guardaba para mí. Me acerqué y la mujer morena fue la primera en llegar a mí.
_ ¿Cómo está mi hijo?_ Me miró, con una mirada fría.
Sí, era fría, pero cargada de un fuego helado que me dejaba claro que si hacía falta me mataría a mí, a Rick y a toda la comisaría para llevárselo.
_ Está en la sala de interrogatorios… Ahora mismo lo sacamos._ Dije, haciendo un gesto para que un agente se encargara.
_ Muchas gracias._ Decía la otra mujer. Tenía la misma mirada fría. Extendió la mano y se la estreché. Cuando lo hice, sentí una corriente fría en mi interior. Había algo en aquella mujer que estaba mal.
Regina Mills
Quería quejarme. Pero no podía. El cuerpo de policía de Boston había sido tremendamente eficiente. Habían tardado apenas unas horas en encontrar a Henry. La inspectora Beckett había sido amable y no había tardado en llevarme con mi hijo rebelde. Cuando le vi al entrar en la habitación sentí algo cálido en el lugar en el que hacía poco más de un día estaba mi corazón.
_ Henry. Vámonos._ Le dije, tomándole de la mano.
_ ¡No!_ Dijo, sin moverse._ No voy a ninguna parte. ¡Quiero volver a Storybrooke con los abuelos!
_ Hablaremos eso cuando lleguemos a casa._ Le dije, mirándole fijamente._ Ya basta, Henry.
_ Vale…_ Dijo, emitiendo un hondo suspiro.
El camino de vuelta al piso fue silencioso. Emma no parecía tener nada que decir, y evidentemente Henry no quería decir nada. Hablar sobre corazones arrancados en la vía pública no era sensato, y los tres estábamos de acuerdo en eso. Aparqué el coche y entramos en el edificio. El ascensor también nos recibió en silencio. No fue hasta que no cruzamos la puerta del piso y esta se cerró, cuando me decidí a hablar.
_ ¿En qué estabas pensando?_ Le dije, mirándolo fijamente.
_ Estaba pensando en buscar ayuda._ Dijo Henry, mirándome fijamente._ Y en conseguir que volvierais a casa.
_ Ya estamos en casa. Ahora vivimos aquí._ Mi voz seguía sonando fría.
_ Regina tiene razón._ Dijo Emma. Su apoyo era toda una novedad, y algo que agradecer.
_ Pero ¿Qué pasa con los abuelos? ¿Y con el resto de la gente de Storybrooke?_ Preguntó, insistente.
_ No necesitamos a mis padres ni a nadie._ Dijo Emma, sin perder la compostura._ Tu madre y yo hemos pasado ya por demasiados problemas. Y ahora cámbiate, vamos a comprar. Y ni se te ocurra intentar escaparte. Si se te ocurre volver a ir a Storybrooke, te juro que mataré a todos los malditos enanos como castigo.
La voz de Emma, desafiante, y su mirada, dejaban clara una cosa. Que quizá, y sólo quizá, era capaz de hacer lo que estaba diciendo.
_ Las dos estáis muy raras._ Dijo Henry._ ¿Qué os pasa?
_ Eso no importa._ Fui yo la que habló esta vez._ Somos adultas y hemos tomado una decisión. Así que haz el favor de dejar de comportarte como todo un adolescente y respétala.
Henry no dijo nada más. Se encerró en su habitación, echando el pestillo. Yo simplemente suspiré. En otras ocasiones probablemente hubiese aporreado su puerta hasta conseguir que me escuchara. Sin embargo, ventajas de no tener un corazón en el pecho. En aquel momento no sentí ganas de cubrirle.
_ Muy bien. Yo voy de compras. Tú vigila que el chico no se escape._ Le dije.
_ No te preocupes, le tendré controlado._ Dijo, con esa sonrisa fría que empezaba a gustarme.
Emma Swan
Finalmente nuestro pequeño diablo volvía a estar en casa. Regina estaba conforme. Yo también. Habría usado la palabra "contenta", pero ya sabéis. Nada de sentimientos, es mejor así. Quizá podríamos sacarle el corazón a Henry, eso solucionaría muchos problemas. Cuando pensé en ello sentí una punzada en el hueco vacío de mi corazón, como si me estuviesen apuñalando.
_ ¡Vale! ¡Vale! No es una opción._ Murmuré en voz baja, conteniendo el aliento.
La presión se aligeró, y pude volver a respirar con normalidad. Me acerqué a la habitación de Henry y toqué sonoramente.
_ ¡Abre la puerta, chaval!_ Mi voz sonaba cargada. No estaba furiosa, pero sonaba como si la estuviese.
_ ¡Déjame en paz!_ Dijo._ No quiero hablar contigo.
_ Adolescentes._ Murmuré, mientras le daba un giro al pomo de la puerta, uno muy calculado. Es mi piso, sé cómo jugar con todo lo que hay en él. Entré en la habitación, y él me miró como si hubiese invadido su intimidad de una vez y para siempre.
_ La puerta estaba cerrada._ Dijo, dándome la espalda y tumbado sobre la cama.
_ Sé abrir todas las puertas de esta casa sin llaves y aunque esté echado el pestillo._ Dije, encogiéndome de hombros.
_ Esa no es la cuestión, mamá._ Dijo, bufando._ Mira, sé que estáis mal por haber perdido a Robin y Hook. Pero huir de esta manera es…
_ Suficiente._ Dije, haciendo un gesto cortante con la mano que él no pudo ver._ Henry, dos veces son suficientes. Ni Regina ni yo queremos volver a sufrir. No queremos perderte. Así que se acabó.
_ ¿Y aquí vamos a quedarnos? ¿Encerrados en este apartamento el resto de nuestras vidas?
_ No._ Dije, analítica._ Regina ha prometido comprar una casa nueva. Y no estaremos encerrados en ella. Saldremos de paseo… a la playa.
_ ¿Y qué pasa con Storybrooke?_ Dijo, mirándome._ ¿Lo vais a abandonar a su suerte?
_ Storybrooke tiene a Zelena._ Dije, sin apartarle la mirada de mis ojos, que en ese momento debían parecer dos pozos helados._ Y a mis padres.
_ ¿Acaso no pensáis volver nunca?_ Preguntó.
_ Quizá vayamos de visita._ Me encogí de hombros._ Pero no vamos a hacerlo cuando haya una crisis. Mi tiempo como la salvadora, ha terminado. Y más vale que lo aceptes cuanto antes.
Regina Mills
Iba de camino hacia la tienda, que estaba bastante lejos, cuando tuve que detener el coche y aparcar ante lo que acababa de ver. Aquello no podía ser real. Mi porche estaba plantado en mitad de Boston. Y aquella puerta, con el número ciento ocho, estaba ante mí. Alcé la vista a las ventanas, comprobando que un letrero de "Se vende", se encontraba colgado en ellas, junto con un número de teléfono que no tardé en anotar. Cogí mi móvil y mandé un mensaje.
Emma, ya he encontrado nuestra casa ideal.
Quiero creer que la mayoría habéis visto la enormísima referencia que he hecho en este capítulo... Y no, no está para quedarse... en principio.
