15marday, claro que disfrutaron. Pero esto no era más que el prólogo.
gencastrom09... puedes ir a darte una ducha fría.. o no, mejor espera hasta después de este episodio.
Love, claro que habrá algo explícito, aquí lo tienes, más abajo XD. Bueno, a ver si metemos algo más de trama.
Claro, Kykyo... es lo más sensato, desde luego XD.
Todo llegará, Emsteps... todo llegará.
Bueno, ya se verá, Vainilla47, mucho tiempo para series no tengo últimamente.
Sólo puede llevar a más locuras, querido guest.
Regina Mills
No tener corazón era una excusa para darse los placeres que normalmente la moralidad te negaba. Kat subía las escaleras con ilusión, y a mí no se me escapaba como sus enormes pechos botaban mientras andaba. Estaba segura de que lo hacía adrede. Para mí no hacía falta. Yo ya tenía decidido que iba a hacerla mía y a acabar con ese vacío que llevaba sintiendo ya un buen tiempo.
Nada más llegar a la habitación la lancé sobre la cama y le abrí la blusa, quitándosela atropelladamente, metiendo la cabeza entre sus pechos a pesar del sostén. Ella sonrió y abrió el cierre de su sostén, dejándolo caer. Atrapé su pezón entre mis labios y lo mordí. Ella gimió y acarició mi pelo con dulzura. Yo estaba extasiada, restregándome por aquellos enormes melones. Ella no dejaba de gemir, provocando que su pecho se moviese acompasadamente. Me separé, sobándolos con las manos, y la miré a sus ojos azules.
_ Eres una diosa…_ Me dijo. Yo sonreí y negué.
_ Tú eres una diosa…_ Le dije, acariciando su pezón con los dedos.
_ Yo sólo soy una puta con tetas enormes._ Dijo, apartando la mirada.
_ No digas eso, querida._ Le dije, besándola en los labios. Ella sonrió y comenzó a quitarme el vestido.
_ Voy a enseñarte todo lo que sé._ Dijo, desnudándose del todo. Yo me fui quitando el vestido. Y me quedé desnuda sobre la cama.
Ella sabía que sus pechos eran el plato fuerte. Los sobaba, los pellizcaba, gemía dulcemente mientras los apretaba. Yo me quedé caliente como una olla a presión simplemente mirando. Le hice un gesto con el dedo, para que se acercase. La dejaría tomar la iniciativa. Kat se entretuvo besando mi espalda y bajando hasta llegar a mi trasero. Separó mis nalgas y metió la cabeza entre ellas. Yo gemí, dejándome llevar por el encanto de la profesional.
Sus dedos se entretuvieron metiéndose en mi sexo y jugando con él. Mi clítoris era acariciado con el pulgar de la rubia y yo me estremecía continuamente notando su lengua. Mi orgasmo no tardó en llegar. Y me quedé acomodada en la cama. Ella me tomó entre sus brazos y me dejó usar su pecho como almohada.
_ Este es mi número._ Dijo, dejando una tarjeta sobre la mesilla._ Puedes llamarme cuando quieras. No te cobraré.
_ Pero… ¿Ya quieres parar?_ Le pregunté.
_ ¿Tú estás satisfecha?_ Preguntó, mirándome.
_ Sí… pero…_ Susurré. Ella me puso el dedo en los labios.
_ Si tú estás satisfecha, a mí me basta._ Cerró los ojos y yo sonreí, apoyándome una vez más en su pecho. Aunque era, quizá, demasiado grande.
_ Emma…_ susurré, inconscientemente.
Emma Swan
_ ¿Quién es tu dueña?_ El látigo restallaba sobre mi piel, marcándola de rojo.
_ Tú eres mi dueña._ Gruñí, revolviéndome y tirando de mis esposas, intentando liberarme.
_ Así aprenderás, zorra.
Acabé sobre la cama, con el culo en pompa, debido a su empujón. Estela, pues así se llamaba, no tenía la menor compasión conmigo. El consolador negro que llevaba entró hasta lo más hondo de mis entrañas. Gruñí, como la zorra que me sentía, mientras me acompasaba a su movimiento. Sabía que si no lo hacía, si no era buena, lloverían los latigazos.
Estela se estaba divirtiendo mucho, pero yo no pensaba volver a llamarla. Mis pechos ya estaban mutilados cuando en ese momento los apretó, marcando sus uñas.
_ Eres una buena esclava, Emma._ Susurró, cuando se derramó, manchando por completo mi culo y el consolador. Yo, sin embargo, no había tenido siquiera un orgasmo.
_ Bien, hemos terminado._ Dijo, saliendo de mí._ Llévame has mi coche.
_ ¿Qué?_ Pregunté._ ¡Pero si no me he corrido!
_ Eso, querida, es culpa tuya. Yo he hecho mi trabajo._ Me tiró mi ropa._ Vístete.
Me vestí, de mala manera, y bajé las escaleras hasta mi coche. No quería ver a aquella mujer nunca más. Cuando llegamos a casa y se subió a su coche le hice el corte de manga, aunque ella no pudo verlo. Ahora me iba a tocar tocarme para acabar con la calentura que llevaba.
Y como no, cuando llegué al dormitorio de Regina, me la encontré abrazada a aquella otra mujer. Regina se movió, mostrando su pecho desnudo, y noté cómo mis pezones comenzaban a erizarse. Me desnudé, sin pensarlo, y mis dedos no tardaron en meterse en mi sexo, dejando la otra mano para pellizcar uno de mis pezones. Mi mirada era sólo para Regina, y mi orgasmo también fue sólo para ella.
Regina volvió a moverse. Parecía que no estaba cómoda entre aquellos dos enormes melones. Yo sonreí. Al final, los dos melones gigantes no valían para todo. Cuando Regina se separó, yo la moví para despertarla. Ella abrió los ojos y me miró, confusa.
_ Fuera._ Le dije, fría._ Estás en mi sitio.
_ Vale… vale…_ Dijo, en voz baja, saliendo.
Yo, sin desvestirme, me tumbé a su lado, y Regina se acomodó sobre mi pecho, igual que como estaba antes, pero en ese caso, Regina se acomodó y se ajustó en seguida. Yo cerré los ojos, agotada por todo lo que habíamos vivido aquella noche.
Regina Mills
Abrí los ojos de buena mañana, sintiendo el acompasado movimiento del que, al principio, pensaba que era el pecho de Kat. Sin embargo, al levantar la vista me encontré con Emma, que dormitaba despreocupada. Ella también estaba desnuda, con su mano sobre mi cintura. Era una imagen hermosa, a decir verdad. Nunca me había molestado en mirar el cuerpo de Emma. Es cierto que Kat tenía un pecho enorme, pero en el resto no tenía nada que hacer contra Emma. Su cuerpo, mucho más en forma, era tremendamente atractivo. Y la forma en la que sonreía al dormir.
_ Buenos días._ Susurró, abriendo los ojos._ Parece que te lo has pasado bien.
_ Sí, bastante._ Reconocí._ ¿Y tú?
_ Esa Estela es una zorra._ Dijo, enfadada._ No me dejó tener un orgasmo.
_ Eso es cruel._ Reconocí._ Se supone que le pagas para eso.
_ Lo sé._ Dijo, ofuscada.
_ Eso te pasa por ir con una mujer con un maletín. Si es que no aprendes, Emma._ Dije, separándome._ La próxima vez deberías acostarte conmigo y acabarías antes.
_ ¿Cómo?_ La cara de Emma era un poema.
_ Yo… no sé por qué he dicho eso, olvídalo._ Dije, cogiendo mi albornoz y saliendo por la puerta.
Emma Swan
¿Olvidarlo? De eso nada. Había hablado de acostarme con ella, y eso para mí era todo un capricho. No había dejado de pensar en ello desde que me había sacado el corazón. No dejaba de fantasear con la alcaldesa, hasta el punto de la obsesión. Me puse en pie y me fui a mi habitación a vestirme. Cuando bajé a la cocina ella estaba preparando el desayuno. Notaba algo latir en el lugar en el que solía estar mi corazón.
_ ¿Te apetecen tostadas?_ me preguntó, dejando un par sobre la mesa.
_ Claro que me apetecen._ Estaba frustrada desde la noche anterior, y no podía dejar de observar cómo se marcaba el culo de Regina en el pantalón de su traje.
_ Henry llegará pronto y quiero darle un buen desayuno._ Dijo. Estaba claro que estaba nerviosa por lo que había dicho en la habitación. Se le había escapado.
_ Pero hasta entonces estamos solas._ Dije, pícara, tomando por la cintura. Ella se apartó.
_ ¡Emma! ¿Qué haces?_ Me preguntó.
_ Te tomo la palabra._ Susurré, tocando su trasero.
_ ¡Emma! ¡Basta!_ Me dijo.
_ Dijiste que podía acostarme contigo la próxima vez. Y me muero de ganas.
Si me hubiese visto en ese momento, quizá entendería por qué en ese momento Regina no parecía precisamente receptiva. Mis ojos estaban completamente temidos de lujuria, mi mirada plagada de perversión, y me mordía el labio ansiosamente.
_ Emma… creo que es mejor que te des una ducha fría._ Me dijo. Yo negué.
_ No quiero una ducha fría. Te quiero a ti._ La tomé por los brazos y la empujé contra la pared.
_ ¡Emma! Me haces daño._ Regina emitió un quejido.
Fue entonces cuando me fijé en sus ojos, y vi que estaba asustada. La solté y ella se tambaleó un poco. Repentinamente parecía muy pequeña… y débil.
_ Regina yo…
Ella se apartó y subió escaleras arriba, corriendo. Yo me negaba a dejar las cosas así. No podía dejarla después de lo que había pasado. Me había dejado llevar por un deseo superior a mí. Me encontré a Regina sobre su cama… sollozando.
Esa imagen me dejó en Shock, al pensar en el hecho de que no había corazón en su pecho que transcribiese esos sentimientos. Y sabía bien que sólo los sentimientos más fuertes se reflejaban cuando no tenías el corazón en el pecho.
_ Regina…_ Me acerqué, y ella se puso en pie. Nos miramos a los ojos, y ella actuó deprisa.
La palma de la mano de Regina se estampó contra mi mejilla con todas sus fuerzas, tuve que gritar de puro dolor al sentirla. La reina era más fuerte de lo que parecía.
_ Pensé que eras como tu madre._ Me dijo._ Pero es peor. Eres igual de egoísta que tu abuelo.
_ Espera él…_ Se me congeló la voz en la garganta.
_ Eso no importa ahora._ Dijo. Había frío en sus ojos.
_ Regina… lo siento, de verdad._ Le dije._ Estaba frustrada por lo de ayer y… celosa.
_ ¿Celosa?_ Preguntó. Yo asentí.
_ Eres mucho más atractiva que cualquiera de las chicas de ayer. Que la mayoría de las chicas que he visto nunca. Has hablado de acostarnos y… se me ha ido la cabeza.
_ Emma… creo que deberías volver a llevar tu corazón en el pecho._ Dijo, en un susurro._ Eres peligrosa sin él.
_ No, por favor… no podría soportar volver a sentirme así._ Le dije, mirándola a los ojos._ No me obligues, Regina. Perdóname, te lo suplico.
Sentía el hueco de mi pecho encogido una vez más. Pero a la vez tenía miedo de mí misma. Regina tenía razón, era peligrosa. Quizá le hiciese daño. Ella parecía tener bastante control de sus emociones a pesar de no tener el corazón.
Regina Mills
Había sentido verdadero pánico al ver a Emma así. Era como un animal en celo, como si no pusiese pensar. Y a la vez… había visto un increíble atractivo en ella en aquel momento. Si no hubiese estado tan asustada, quizá me hubiese dejado llevar.
Estaba pensando sinceramente en acostarme con Emma Swan. Y no me parecía una idea loca ni absurda. Por el contrario, Emma me parecía una pareja aceptable para compartir cama y, desde luego, era más barata que una prostituta, y más accesible. La Tarjeta de Kat había desaparecido de mi mesilla. Y algo me decía que tenía que ver con Emma.
_ Oye… déjame compensarte._ Las manos de Emma en ese momento estaban en mis hombros._ Déjame darte un masaje.
_ No creo que sea buena ide… ahhhh._ Se me escapó un gemido al notar sus manos trabajar sobre mis hombros._ Vale… puedes darme un masaje.
Emma sonrió, sintiendo que me estaba haciendo un buen favor. Yo… bueno, supongo que podía obviar lo que había ocurrido hacía apenas unos momentos antes. Se sentó sobre la cama y siguió con su tarea. Yo me relajé. Era fácil dejarse llevar por esas manos.
_ De acuerdo… Swan… me acostaré contigo… otro día._ Dijo, acurrucándose.
Volvió a quedarse dormida sobre mis brazos. Y yo la miré. ¿Y si volvía a hacerle daño? No me perdonaría indefinidamente. Sin embargo, tal y como le había dicho, no soportaría volver a tener ese dolor en mi pecho, esa sensación de abandono al perder a Killian. Yo también terminé dormida de nuevo. Quizá necesitábamos ese par de horas.
?
Habían bajado la guardia. Craso error. Y finalmente, mi venganza contra Regina podría tomar lugar. Me acerqué a la caja fuerte y di un giro con mi mano. La caja se abrió, y mostró dos cofres de madera que hicieron lo mismo cuando alcé la mano una vez más. Aplastar el corazón de Regina era tentador, y sin embargo, sería una venganza tan básica. Tampoco podía usarlo para obligarla a cumplir mis deseos, puesto que Regina lo había encantado. El de Emma… por otro lado, era distinto. Y lo que había visto aquella mañana, había sido más que suficiente para darme una idea. Tomé ese corazón y susurré, con mucha calma.
_ Regina es tuya. Y vas a tomarla, sea como sea. No importa si ella se opone. No importa la situación. Cuando llegue el momento… la harás tuya.
Sonreí, con malicia, y cerré los cofres y la caja. Iba a ser muy divertido seguir observando.
