Desde ya aviso que este capítulo es un poco fuerte...
Bueno, Kykyo... aquí está la continuación. A ver qué te parece cómo pasa.
Love... sigue luchando contra la página XD. Y sí... la situación será complicada.
¿Seguro Guest? ¿Seguro?
Bueno 15marday. Nunca se sabe la fuerza de voluntad que tienen los personajes.
NATACHAPAREDES, espero que entiendas que tengo siete fics activos ahora mismo... así que estas cosas llevan tiempo.
sjl... vale, te lo diré es... SPOILER
Recupera la compostura, gencastrom09
Oh, Diana... la respuesta te sorprenderá XD.
Emma Swan
Regina seguía dormida entre mis brazos. Aspiré el olor de su pelo, y la aferré a mí. Estaba totalmente confusa por lo sucedido el día anterior. Había perdido el control de mala manera, y le había hecho daño a Regina. Pero eso era algo que no debía repetirse. Me separé lentamente de ella y me dirigí a la ducha. El agua caía lentamente sobre mi cuerpo, y me hacía sentir mejor.
Te faltaron agallas…
Di un respingo, escuchando como mi propia voz resonaba en mi cabeza. Me observé en el espejo, viendo una mueca viciosa en mi reflejo. Negué con la cabeza y le di la espalda.
Regina podría haber sido tuya ayer.
_ Eso es una estupidez._ Dije, negando.
Te quedaste con la puta mala. No tuviste tu orgasmo. Y Regina te lo podría haber dado. Ella te pertenece.
_ Regina no es ninguna posesión.
Pero piensa en ella… tan sólo un poco, Emma.
La imagen de Regina en su desnudez, completamente nítida, apareció en mi mente, completamente clara. Su mirada estaba llena de vicio mientras acariciaba sus pechos y me guiñaba el ojo. Mi sexo empezó a calentarse, y no pude reprimir el impulso de introducir mis dedos salvajemente.
Lo ves… tiene que ser tuya. ¿O prefieres que esa perra de Kat te la robe?
Junto a Regina apareció Kat, y empezaron a besarse y a sobarse. Y si bien la imagen me calentaba, y mis dedos no dejaron de moverse, sentía unos celos horribles por esa mujer de peras enormes.
No prefieres… algo así.
La imagen de Kat se deformó y fue sustituida por la mía. Regina me besaba, afanosamente, mientras mis dedos seguían introduciéndose en mi sexo ante lo que decía. Las manos de Regina exploraban mi cuerpo con ansiedad, al tiempo que empezaba a gemir, porque mi alter-ego no dejaba de darle más y más placer.
Sentí un orgasmo intenso adueñarse de mi cuerpo, y convulsioné, dejándome caer por el lateral de la ducha. Respiraba pesadamente, mientras la imagen de Regina me lanzaba un beso de despedida y mi mente empezaba a despejarme.
Y ahora Emma. ¿Lo tienes claro?
_ Sí…_ Murmuré.
_ ¡Emma!_ Llamaba la voz de Regina._ ¿Estás bien?
_ Sí, claro._ Dije, poniéndome en pie._ Sólo me estaba duchando.
_ De acuerdo, Emma. Voy a llevar a Henry a clase. Nos vemos a la vuelta._ Me dijo.
_ Hasta pronto._ Dije, en voz alta, para luego susurrar._ Tengo muchas ganas de volver a verte.
La mirada de viciosa seguía instalada en mis ojos. No podía dejar de fantasear. Mis pezones estaban completamente endurecidos, y mi sexo húmedo. Regina no salía de mi pensamiento.
Bien… buena chica… sedúcela.
Regina Mills
Quería pensar que lo que había sucedido con Emma el día anterior había sido algo anormal. Si estaba tan frustrada quizá Kat pudiese ayudarla. Yo, por el momento, me encontraba en el súper, comprando algo de leche. Cuando, repentinamente, mi voz empezó a susurrarme al oído. En ese momento ya no la oía, pero esos pensamientos iban colándose en mi cabeza sin que yo pudiese evitarlo.
Regina… eres una mujer débil.
Regina… eres una mujer sumisa.
Regina… Emma es más fuerte que tú.
Regina, no te mereces ser independiente.
Yo ignoraba todo esto mientras me preparaba para dejar la compra en el coche. Arranqué y me dirigí a casa para dejar las compras que había hecho aquel día. Emma apareció entrando por una de las puertas de la cocina. Llevaba tan sólo un sujetador y un tanga diminuto que no dejaba nada a la imaginación.
_ Hola, cariño… ya estás en casa._ Dijo, mordiéndose el labio._ Te estaba esperando.
_ Emma estás un poco…_ dije, en un susurro.
_ ¿Sexy?_ Me preguntó, acercándose._ ¿Deseable? Provocadora.
_ Sí, la verdad es que, sí…_ Reconocí.
Emma Swan
El deseo me estaba obnubilando el juicio. Mi sexo palpitaba, expectante, mientras miraba a Regina, que acababa de decirme que parecía deseable. Me acerqué, pasándome la lengua por los brazos, y la miré, metida en ese traje de ejecutiva tan increíblemente sexy.
_ Bueno… si tanto me deseas._ Cogí su mano y la llevé a mi pecho._ Tómame.
Regina me miró con dudas. Mi sexo palpitaba más deprisa, acompasándose con mi corazón. Ella parecía tensa. ¿Por qué estaba tensa?
_ Emma… no pareces tú._ Me dijo, dando un paso atrás._ No sé… ¿Has bebido?
_ No he bebido nada._ Dije, sincera, mientras me acercaba más a ella._ Te deseo, Regina. Hagámoslo.
Regina volvió a dar otro paso atrás, tocando la pared. Yo me acerqué y le acaricié el cuello. Ella se estremeció.
Ya basta de juegos… tómala ya.
_ Pero… ella no quiere._ Pensé.
Sólo se hace la difícil.
_ No te hagas la difícil…_ Dije, empujándola. Mis labios buscaron su cuello y empezaron a besarlo.
_ Emma, no quiero hacer esto._ Dijo, apartándome.
Miente…
_ No te creo._ Dije, tomándola por la cintura._ Vamos a la habitación.
_ ¡Bájame, Emma! ¡Esto es serio!_ Dijo, tratando de resistirse inútilmente.
Es todo parte del juego.
Lancé a Regina sobre la cama y chasqueé los dedos. Por una vez mi magia funcionó, a pesar de estar fuera de Storybrooke, y la ropa de Regina fue sustituida por un salto de cama morado que hizo que me relamiese. Regina se debatía, pero moví de nuevo la mano y cadenas rodearon sus manos y pies.
_ ¡Emma… para de una vez!_ Me dijo._ ¡Te lo pido por favor!
Demuéstrale quién manda
Bajé el salto de cama y dejé sus pechos al descubierto. Me entretuve lamiéndolos con mucha calma, mirándola a los ojos. Regina lloraba, pero por alguna razón eso me excitaba aún más. Pasé mi lengua por sus ojos y me bebí sus lágrimas y luego mis labios volvieron a sus pechos. Regina empezó a gemir con mucha calma, intentando que no se notase lo excitada que estaba.
Mis labios fueron bajando por su anatomía, sin prisas. Mi lengua trazaba lenguas sobre su vientre, que quedó desnudo en cuanto me deshice del salto de cama, haciéndolo añicos. Mis labios estaban a punto de llegar al sexo de Regina cuando la escuché sollozar.
_ Emma… por favor…_ Me pedía._ Para… esta no eres tú.
Ya es demasiado tarde para echarse atrás.
La voz tenía razón. Ya no tenía sentido detenerme. Metí los labios entre las piernas de Regina y saboreé aquel dulce placer con el que llevaba tanto tiempo fantaseando. Regina comenzó a contorsionarse y a gemir como una posesa ante mi experimentada lengua. Estaba luchando contra ella, pero lo cierto es que estaba disfrutándolo más de lo que quisiera admitir. El vibrador que había introducido bajo mis bragas en ese momento se encontraba totalmente empapado en su vibración.
Nuestros orgasmos llegaron al mismo tiempo. Regina estaba llorando mientras yo cogía el arnés que había preparado para la ocasión desde que la voz había estado hablando de mí.
_ ¡Emma, por favor! ¡Detente!_ Decía, luchando contra las cadenas._ ¿No has tenido ya bastante?
_ No._ Dije, bajándome el tanga.
El consolador se escurrió entre mis muslos, y Regina lo miró. En sus ojos había asco mientras me ponía el arnés y me situaba sobre ella.
_ Chúpalo._ Le ordené.
_ No._ Dijo Regina.
_ Si no lo haces te lo meteré sin más._ Yo no había pensado esa frase antes de que saliese de mis labios._ ¿Eso quieres?
_ No… no…_ Suspiró, pasando la lengua por el arnés lentamente, mientras sollozaba.
No tenemos todo el día.
Tomé a Regina del pelo y le hice una coleta, metiendo directamente todo el falo de plástico entre sus labios. Empecé a moverlo frenéticamente, provocando que comenzara a vibrar, y me diese placer. Regina se esforzaba por intentar sacarlo de su boca, pero yo no la dejaba. Al final se rindió y se dejó hacer, como una muñeca desmadejada, mientras el consolador iba entrando y saliendo de su boca.
Sentí cómo un orgasmo me envolvía y la dejé caer de nuevo sobre la cama. Me dediqué unos segundos para recuperarme antes de volver a tomarla por la cintura, esta vez de espaldas, y perforar directamente su sexo. Regina gritó de dolor, revolviéndose una vez más. Pero pude contenerla y empezar a moverme en su interior. Gruñí de placer, mientras notaba cómo ella se rendía y se centraba en sollozar y gemir. Cuando un último orgasmo nos envolvió, hice desaparecer las cadenas y rodeé a Regina con el brazo.
_ Ahora eres mía…
Regina Mills
No podía dejar de llorar. Por más que lo intentase, no podía. Emma era igual que su abuelo. Lo había visto, y sin embargo, no había sido capaz de hacer nada para evitarlo.
Eres débil. Te mereces lo que te ha pasado.
No… yo… nunca había sido una mujer débil. No debía pensar en ello. Tenía que salir, tenía que buscar ayuda para contener a Emma.
Ella tiene Magia… tú no tienes nada.
La magia no lo era todo, eso ya me lo había demostrado Henry. Estaba claro que Emma estaba bajo un hechizo y que debíamos sacarla de él.
Pero ella es más fuerte que tú.
Pero… Henry…
Henry se pondrá de su parte. Y lo sabes. Él te odia.
Me eché a llorar, atrapada por el brazo de Emma, que en ese momento me parecía una viga de hierro inamovible. Tenía que encontrar la manera de salir de allí, de volver a Storybrooke, donde podría hacerle frente, donde tendría ayuda.
¿?
Las cosas habían salido mucho mejor de lo esperado, incluso más rápido. Emma era toda una viciosa, e increíblemente fácil de manipular… y Regina había terminado cayendo también. Mientras me peinaba mi larga cabellera dorada, me preparaba para salir aquella noche.
_ ¿De verdad que mis madres han dicho que debo quedarme contigo?_ Me preguntó Henry, mirándome.
Tampoco había sido difícil para mí recogerlo al colegio. Alguien… bueno, digamos que es posible que alguien tomase los corazones de aquellas dos mujeres y les ordenase que no se preocupasen por Henry más tiempo.
_ Soy amiga de tu madre, Henry. Puedes confiar en mí. Emma y Regina se enfrentan a algunas complicaciones legales que tienen que resolver. No te preocupes.
La verdad es que las necesitaba solas para que Regina terminase totalmente destrozada. Ella me había traicionado, y yo se lo haría pagar.
_ Sigue pareciéndome todo extraño._ Insistió.
_ Henry… puedes confiar en mí. Estoy en el grupo de los héroes… ¿Recuerdas?
Regina Mills
Emma apartó la pinza con la que sostenía mi cuerpo y finalmente pude ir al baño a asearme y a tratar de pensar un plan. Estaba temblando cuando finalmente me dirigí hacia el piso inferior, comprobando que Emma siguiese durmiendo. Conseguí coger el teléfono y me dispuse a marcar, cuando noté una presencia a mi espalda. Me giré y me encontré con Emma.
_ ¿Y a quién ibas a llamar tú?_ Me preguntó, con el rostro lleno de rabia.
_ A Zelena… echo de menos a mi hermana. Quería hablar con…
Noté cómo la mano de Emma me golpeaba en la cara. El dolor se extendió por mi rostro con rapidez, mientras sentía cómo mis fuerzas me abandonaban.
_ No me mientas, Regina.
_ Yo… trataba de hablar con… con…_ No se me ocurría nada.
_ No vuelvas a usar el teléfono… ¿Has entendido?_ El puño de Emma impactó contra mi ojo y caí al suelo.
Me desplomé y me eché a llorar, sin fuerzas. No podía hacer nada. Emma era más fuerte que yo, y tenía magia. Yo estaba sola. Y nadie me echaría de menos. Emma volvió a cogerme en brazos como si fuese una muñeca de trapo y esta vez no me resistí, era inútil.
_ Ojalá pudiese conseguir que Emma me dejase en paz._ Deseé, cerrando los ojos.
Emma Swan
Estaba disfrutando mucho de mi sueño, cuando los cristales de las ventanas se rompieron de golpe, y me vi rodeada por una serie de hombre que me atraparon entre sus fornidos brazos. La inspectora de policía que habíamos visto hacía unos días entró por la puerta y me miró directamente.
_ Emma Swan, queda usted arrestada acusada de violación y de secuestro._ La voz de la agente Beckett me dejó totalmente helada.
_ ¡No!_ Exclamé._ ¡Regina! ¿Qué significa esto?
Regina estaba rodeada por una serie de agentes de policía que le servían como escudo. Pero, sin embargo, podía verla tomar un café que le habían dado, mientras un enfermero examinaba su ojo morado. Yo me debatí, tratando de escapar de los agentes de policía, pero fue un esfuerzo inútil.
Regina Mills
Yo no había sido capaz de llamar a la policía, pero lo cierto es que me alegraba de que lo hubiesen hecho. No entendía qué había pasado con Emma, pero no había podido hacer nada por detenerla. No pude mirarla mientras los agentes se la llevaban, pero sí que escuché cómo gritaba y pataleaba mientras se alejaba. Yo me esforzaba por no llorar.
_ ¡Regina! ¡Menos mal que estás bien!
Una voz familiar me hizo elevar la vista, y unos brazos conocidos me rodearon con los brazos. Devolví el gesto, sin pensármelo demasiado, porque lo que necesitaba en aquel momento era precisamente eso, a una buena amiga.
_ ¿Tú llamaste a la policía?_ Pregunté mirándola. Ella asintió._ Gracias.
_ Es mi trabajo. Se supone que tengo que estar ahí cuando me necesites._ Sonrió, apartándose su larga cabellera dorada del rostro._ También me he ocupado de Henry.
_ Muchas gracias._ Le dije, bajando la mirada.
_ Insisto. Sólo es mi trabajo._ Me cogió la mano._ Soy tu hada madrina, después de todo.
