Bueno, Love. Basándonos en la serie, Emma es la única que posee magia en el mundo real. Cierto es que lo he retocado un poco, pero basándonos en la maldición, Regina no debería tenerla.
Diana... habrá final feliz. No se me dan bien los finales tristes... jamás he escrito uno. Me da rabia leerlos, ya no digamos escribirlos XD. La clave es la reducción al absurdo.
Ah, Kykyo... si algo me ha enseñado Blue a lo largo de la serie... es que las hadas son idiotas.
Sjl... a veces la respuesta más simple es la más adecuada.
EmSteps... Lo sé... nadie esperaría a ese persona. Y por eso, precisamente, creo que es tan buena idea.
negesis25 ¿Qué esperabas? ¿A Úrsula? Eso sería demasiado obvio.
gen... todos queremos darle patadas... hasta yo.
¿Un cap para el olvido? Yo creo que es de los más importantes. A punto para cerrar el primer arco.
Bueno, perdona por la tardanza Katherine, pero aquí llega, fresquito.
Emma Swan
Las lágrimas cubrían mi rostro en aquel momento. Qué había hecho. Me había convertido en un monstruo. Había violado a Regina, y lo había disfrutado de un modo obsceno y oscuro. Ahora, sin embargo, mi mente estaba despejada y la culpabilidad me estaba atormentando. Estaba en la sala de interrogatorios, completamente en silencio, con la mirada de Beckett clavada en mí.
_ Quiero hablar con Regina._ Dije, por enésima vez._ No voy a hablar con nadie más.
_ No volverás a ver a Regina hasta el día del juicio._ Ella me miraba fría. Natural, era una violadora, después de todo._ No tienes derecho a verla.
_ Usted no lo entiende._ Le dije, poniéndome en pie.
_ Sí lo entiendo._ Dijo, poniéndose en pie._ Quieres coaccionarla para que no te denuncie. Y no vamos a permitir eso.
Di un golpe sobre la mesa, que tembló. Quería volver con Regina. Abrazarla, y rogar su perdón, aunque no lo mereciese. Beckett salió dando un portazo y yo me traté de acomodarme en aquella silla, lo cual era totalmente imposible.
Campanilla
Estábamos en la sala de espera de la comisaría de policía. Regina llevaba un buen rato llorando, pero no duraría, en cuanto volviese a posar mis manos sobre su corazón le devolvería su fortaleza y dejaría de llorar. Seríamos una pareja preciosa cuando eso pasara.
_ Espérame un segundo aquí._ Le pedí. Ella asintió con la cabeza y yo salí en cuanto Beckett lo hacía.
Aprovechando que estábamos solas, ataqué. Metí la mano en su pecho y saqué su corazón. Hacía mucho que ya no era un hada. Ella se me quedó mirando, incapaz de entender lo que estaba pasando.
_ Ahora vas a hacerme un favor._ Le dije, en un susurro._ Hay cierta prisión en la que vas a meter a Emma por mí.
_ La meteré en la prisión que quieras._ Dijo, con la voz ligeramente aturullada.
_ Perfecto._ Dije, metiendo de nuevo su corazón en su pecho.
Acto seguido salí de allí y me acerqué a una taciturna Regina. La tomé de la cintura y le dediqué una sonrisa, tratando de animarla. El arte de la manipulación se había convertido para mí en uno de mis talentos. Todo había empezado tiempo atrás, cuando había guiado a Regina hacia alguien que sabía que no era su amor verdadero. Fue entonces cuando supe que la deseaba. Y que iba a conseguir que ella me eligiera.
Cuando llegamos a su casa le dije que me esperase un momento, que iba a asearme, pero lo cierto es que bajé al sótano y abrí su caja fuerte, tomando el corazón de Regina, sonriendo.
_ Eres una mujer fuerte, Regina. Una mujer poderosa que no necesita a Emma Swan. Necesitas a una mujer dulce a tu lado, una que te proteja… como un hada madrina.
Tomé el corazón de Emma, con cierto desprecio. Por un momento pensé en estrujarlo y acabar con el problema de una vez. Pero si lo hiciera, Regina se daría cuenta de todo. Suspiré, aburrida, y acerqué mis labios al corazón, hablando con voz melosa.
_ Aprovecha tu estancia en la cárcel. Búscate una novia.
Me reí un poco y volví a meter el corazón en la caja. Es era mi plan A. Pero esperaría un poco para mostrarle a Emma mis intenciones. Cuando tuviese claro que no podía salir de la situación. Y sólo para darle el golpe de gracia.
Dejé ambas cajas en su lugar, cerré la caja fuerte y subí arriba, encontrándome con Regina. Había dejado de llorar y estaba cocinando.
_ ¿Te gusta la lasaña?_ Preguntó, cortando unas cebollas._ Estoy inspirada para cocinar.
_ He oído que tu lasaña es legendaria._ Dije, sonriéndole._ ¿Puedo ayudar a la maestra?
_ Puedes._ Dijo Regina, lanzándome un guiño seductor.
Controla el corazón de alguien y será tuyo. Eso estaba más que claro que el agua. Nadie resistía unas palabras susurradas adecuadamente. Cuando me quise dar cuenta, Regina ya me rodeaba con los brazos mientras me explicaba la receta de su salsa.
Emma Swan
_ ¡No pueden hacerme esto!_ Exclamé a voz en grito._ ¡Aún no se ha celebrado mi vista preliminar, no pueden encerrarme aquí!
_ Prisión preventiva._ La voz de Beckett sonaba completamente antinatural mientras cerraba el camión de transporte de reclusos.
Mis esposas tintinearon, al igual que las de las otras presas cuando, un largo rato después, bajamos del camión. Mis ojos estaban empapados en lágrimas mientras me deslizaba por los corredores. No era la primera vez que estaba en la cárcel mientras me asignaban a mi celda.
Bueno… todo está acabado.
_ Ah… cállate._ Dije, tumbándome en la litera.
No deberías llorar así. No necesitas a Regina.
Suspiré y me tapé los oídos, a pesar de saber que era imposible que dejase de escuchar esa voz que terminaría por convencerme del mismo modo que la otra vez.
Mira a tu compañera de Celda…
Mis ojos, sin poder evitarlo, se fijaron en aquella mujer, una mujer hermosa de generoso busto que en ese momento lloraba en su litera, aterrada.
Necesita que la protejan… que la salven… y tú podrías hacer bien ese trabajo.
_ Yo podría… podría…
Sí… tú podrías…
¡No! ¡No lo permitiré!
Aquella segunda voz llegó desde lo más profundo de mi alma, lanzando un grito poderoso que eclipsó todos mis pensamientos. Mi mano, que ya se encontraba a punto de acariciar el pelo de aquella mujer, se detuvo.
¿Qué? ¡No! ¡Lánzate sobre esa mujer! ¡Te pertenece!
¡Eso es una estupidez, Emma! ¡Y lo sabes!
_ Es una estupidez._ Repetí, con convicción.
Regina te necesita, está en peligro.
No la escuches. Regina ha pasado página. Y tú deberías hacer lo mismo.
Regina está a punto de caer en garras de alguien malvado. Sólo tú puedes salvarla.
Ríndete, Emma. Esta lucha no tiene sentido.
La vida de Regina está en tus manos. ¡Sálvala!
La imagen de Regina, atrapada por una figura oscura, me llenó de terror. La idea de que alguien pudiese hacerle daño… tanto o más del que yo le había hecho, me aterraba. No podía permitirlo.
¿Qué es ese sentimiento? ¡Recházalo! ¡Me necesitas, Emma! Lo sabes
_ Se llama determinación._ Dije, en un susurro._ Quizá tú no lo entiendas. Me prometí a mí misma que protegería a Regina… y no volverás a hacerme romper esa promesa.
Primer paso… salir de aquella celda. Tenía magia, y ya era hora de darle un buen uso. Cerré mis ojos, concentrándome, y extendí la mano. Una lanza, envuelta en un fulgor dorado, apareció en mi mano. Aquello me parecía fuera de lugar con respecto a mí, y sin embargo, el hecho de que rompiese los barrotes, hizo que eso dejase de importarme.
Podía sentirla. Toda la fuerza que había estado encerrada dentro de mí durante tanto tiempo al final podía ver la luz. No quería ver a Regina seguir sufriendo. No si podía hacer algo para impedirlo. Los guardas de seguridad no tardaron en llegar, sin embargo, ante un golpe de la parte roma de la lanza cayeron con facilidad.
Regina Mills
_ Y así es como se prepara una lasaña._ Dije, mientras cerraba la puerta del horno._ Espero que te haya gustado la lección.
_ Mucho._ Dijo Campanilla, llevándose un poco de salsa a los labios._ Qué pena que Henry no esté en casa para disfrutarla.
_ Sí, es una pena._ Reconocí._ Espero que no esté comiendo demasiadas chucherías en casa de su amigo.
_ Espero que no._ Dijo, mientras se acercaba a mí, dejándome contra la encimera.
Campanilla me dio un suave beso en los labios y yo la respondí, lentamente, con algo de resistencia al principio, pero finalmente dejándome llevar. Sus labios eran dulces… los sentía familiares, como si los hubiese besado antes.
Emma Swan
Repentinamente la lanza dejó de brillar, y me caí al suelo. Sentía que mis fuerzas flaqueaban. Los guardias de seguridad estaban acercándose, no tardarían en descubrirme. Algo, en el lugar donde debería estar mi corazón, parecía estar haciéndose añicos.
Ahora mismo Regina está con otra
La voz se había transformado en un eco burlón y perverso, que por alguna razón me hizo pensar en una malvada araña interesada en devorar mi alma sin la menor compasión.
No tardará nada en quitarle la ropa… y luego… se pasarán la noche FOLLANDO
La voz ganaba fuerza, pero yo me esforzaba por arrastrarme por el suelo, pues los guardas, aunque se acercaban, seguían estando lejos.
¿Y? Tú debes haberla obligado… igual que has hecho conmigo.
Aquella voz, mi propia voz interior, tenía razón. Conseguí ponerme en pie, sosteniéndome sobre la lanza, y comencé de nuevo a andar. Debía salir de aquella prisión cuanto antes.
Regina Mills
No estaba del todo segura de lo que me estaba pasando, pero no podía evitar dejarme llevar. Mis manos acariciaban el cuerpo de campanilla, mucho más delicado que el de Emma. Era algo más baja que ella, y su cuerpo no era tan firme. Ella hizo un gesto con la mano y su ropa se desprendió. Se quedó observándome sólo con su sostén y su tanga, ambos semitransparentes. Me sobresalté, pero ella se acercó para volver a besarme, rodeándome con sus brazos.
_ Tómame…_ susurró en mi oído._ Soy tuya, Regina Mills. Úsame cómo desees.
Repentinamente sentí cómo mi estómago se revolvía, y una gran arcada se establecía en él. Aparté a campanilla, sintiéndome repentinamente asqueada.
_ Regina… ¿Qué ocurre?_ Preguntó, acercándose.
_ Escucha… esto es muy repentino._ Dije, en voz baja._ Creo que deberíamos pensarnos esto un poco más.
_ ¿Pensarlo?_ Campanilla estaba sobresaltada._ ¿Quieres pensar algo sobre esto?
Se desabrochó el sostén y sus pechos cayeron ante mí. Eran bonitos, atrayentes. Sentí cómo salivaba pero inmediatamente después llegó la arcada.
_ Campanilla, no creo que debamos hacer esto._ Le dije, sincera.
_ Oh… entiendo.
Repentinamente su pierna estalló contra mi estómago y me caí al suelo. El dolor fue tremendo e inesperado, tanto que me hizo caer al suelo. Tenía mucha fuerza para ser un hada.
_ ¿Sólo te pongo cachonda cuando estoy controlando la mente de la puta de Emma Swan, es eso?_ Exclamó.
_ Espera… tú… ¿Tú la obligaste a?_ Mi voz murió entre mis labios.
_ Pues claro que lo hice. Tenía que quitarla de en medio para llegar a ti. Igual que a Robin. ¿O crees que Hades le escogió por casualidad?
_ Has cometido un error al contarme todo eso._ Dije, poniéndome en pie.
_ En realidad… estás equivocada._ Dijo, sonriendo._ Dentro de un minuto eso carecerá de importancia.
Desapareció durante un minuto y cuando quise darme cuenta estaba allí una vez más, con una caja en las manos. La caja de mi corazón. Lo extrajo, con una sonrisa maquiavélica en los labios, dispuesta a tomar lo que parecía creer que era suyo.
_ Si no puedo conseguir tu amor… Me aseguraré de ser la única que vuelva a tener tu cuerpo. A partir del día de hoy serás mía.
En ese momento la pared de la cocina se hizo añicos. Emma, armada con una lanza dorada, acababa de hacer acto de presencia. Cuando entró llevaba su uniforme de presa, pero en cuanto me miró, este fue sustituido por una armadura, tan dorada como la lanza que llevaba.
_ Muy bien… esto será divertido._ Dijo, sosteniendo el corazón._ Regina… asesina a Emma a sangre fría.
Pero nada ocurrió. No sentí nada que tirase de mí y que me obligase a obedecer. Al contrario, me sentía bien al saber que Emma estaba allí, ahora que no me sentía manipulada por aquella mujer.
_ Has cogido el corazón equivocado._ La voz de Emma retumbó en la estancia._ Ese es el mío.
_ Bueno… entonces las cosas serán aún más fáciles._ No pude evitar lanzar un grito cuando Campanilla aplastó el corazón de Emma ante mis ojos.
Emma Swan
Notaba todo mi cuerpo colapsando. Era incapaz de respirar. La sangre no corría por mis arterias, repentinamente congelada en su lugar. Me desplomé, sosteniéndome en la lanza, que parecía perder el brillo. Mi corazón en aquel momento era polvo. Estaba claro que debía morir. Era el final. Hasta aquí había llegado Emma Swan. Mi vida había sido bastante más interesante de lo que había esperado, después de todo. Mis ojos, en ese momento, se cruzaron con los de Regina. Y el pensamiento de que iba a dejarla sola, llegó hasta lo más hondo de mi ser.
¡No! ¡Me niego a morir aquí! ¡Regina me necesita! ¡Henry me necesita! ¡No renunciaré a mi felicidad! ¡No otra vez!
Campanilla observó, con los ojos, llenos de terror, cómo el polvo que sostenía entre sus manos volvía a tomar la forma de un corazón completamente restaurado. Trató de estrujarlo de nuevo, pero le fue imposible, era como si de una roca se tratase. Comencé a andar en su dirección, con paso decidido.
_ ¡Detente! ¡Te lo ordeno!_ Exclamó, alzando el corazón.
_ ¡No acepto órdenes de ti!_ Exclamé, clavando la lanza directamente contra su pecho.
Campanilla lanzó un último grito antes de convertirse en un montón de polvo, y yo respiré, tranquila, para luego dejarme caer al suelo, completamente agotada, y dejarme vencer por el sueño.
