Kykyo, si no insistiese tanto no sería divertido, ¿No crees?
15marday... ah, SyFy, es que lo conozco por la pronunciación, no por las letras.
Love, todos odiamos a Blue, eso tenlo por seguro.
dcromeror, MakotaBonesTaeny, siento haceros esperar, pero ya está el capítulo ^^
Regina Mills
Mis dedos se colocaban sobre el cuello de aquella mujer. Ruby estaba viva, desde luego, pero lo que me preocupaba no era la falta de pulso. Al contrario, la taquicardia era mi mayor preocupación. La joven estaba sujeta a la camilla, moviéndose de un lado a otro, enloquecida. La tomé del rostro y la obligué a mirarme fijamente.
_ ¿Quién te ha hecho esto?_ Le pregunté, mirándola fijamente.
_ Cam… panilla._ Habló en voz baja, antes de soltar un grito, mostrando sus ojos amarillos.
_ Campanilla._ Emma sonó aterrada ante la revelación, y lo cierto es que no era para menos.
Habíamos visto morir al hada, pero no sería la primera vez que alguien a quien creíamos muerto retornaba para vengarse, para tocarnos las narices. Bufé, y cogí a Emma de la mano.
_ Vamos a encontrarla y a darle lo que se merece._ le dije, elevando la voz.
_ Me gusta mucho cuando te pones monárquica._ Me susurró al oído, provocando un estremecimiento cuando sopló en mi oreja.
Campanilla
_ No te lo tomes a mal… doctor… esto no es personal._ Mi voz sonaba susurrante mientras observaba al hombre.
Era menudo, bajito… débil. Sus gafas, caídas y rotas, quedaban fuera del alcance de su mano, por más que se esforzase en alcanzarla, no lograba hacerlo. Las pisé, marcando el zapato de tacón con todas mis fuerzas. Con bastante más delicadeza recogí el frasco azul que había sobre la mesilla.
_ No te lleves eso…_ Apenas tenía fuerzas para respirar, pero parecía que aún buscaba resistirse._ No tienes idea de qué va a hacer si te lo tomas.
_ No te preocupes… Henry._ Extendí la sonrisa._ Esto no es para mí. Es para alguien muy especial.
_ Deja a Regina en paz._ El buen doctor se apoyó contra la pared._ ¿No te ha quedado claro ya que ella no te quiere?
Me quedé un segundo en silencio mientras me giraba. Y la risa escapó de entre mis labios.
_ ¿Por qué te crees que estoy aquí, Doctor?_ Le pregunté._ Mi error fue buscar a Regina. Ella no es el objeto de mi deseo. Y por eso no me corresponde… pero con este regalito que me has hecho… las cosas pueden cambiar.
Regina Mills
El encantamiento localizador había funcionado. La antigua varita de Campanilla levitaba, guiándonos hacia el bosque. Llegamos a un claro y la varita se cayó al suelo. Ambas nos quedamos en silencio. Preparé una bola de fuego, y entonces la bruma cayó sobre nosotras. Me giré, y me encontré con que Emma había desaparecido.
_ Lo siento, cielo… necesitaba estar a solas contigo.
Me giré y me encontré con Campanilla. Sostenía dos copas en sus manos, y me extendió una. Yo la cogí, la incliné y dejé que su contenido cayese al suelo. No soy ninguna novata. No se puede beber lo que te ofrece un enemigo. A cuantos había envenenado o maldito por semejante temeridad.
_ Oh… cariño, me ofendes._ Dijo ella._ ¿Crees que yo sería tan vulgar como para intentar adulterar tu bebida?
Dio un leve trago a la copa y luego esta desapareció. Nos encontrábamos solas en el bosque, rodeadas por la oscuridad. Campanilla me miraba, suspirando.
_ Sabes… yo sólo quería hacerte entender que tú y yo debíamos estar juntas… pero me obligaste a hacerte daño. Te liaste con ese mal cisne… y ahora hemos llegado a esto.
_ ¿Qué piensas hacer?_ Pregunté.
_ Recuperar a la persona de la que me enamoré.
Y entonces lo sentí. Sentí cómo el aire que respiraba parecía arder mientras atravesaba mis pulmones. Iba a desplomarme, cuando sentí a campanilla sostenerme.
_ ¿Qué me has hecho?_ Pregunté, sintiendo cómo me temblaban las piernas.
_ Sabía que no te convencería para beber nada que te diese._ Susurró._ Pero… por suerte para ambas… soy un hada. Tu querida hada madrina, majestad.
El polvo de hadas viciado se colaba por mi torrente sanguíneo, y notaba cómo quemaba mi piel, y cómo mi mente parecía arder una vez más. Campanilla me tomó del mentón y me dio un suave beso en los labios.
_ Te espero esta noche en la torre del reloj.
Emma Swan
La bruma comenzaba a despejarse. Sentía mi pulso acelerado. Corrí de nuevo hacia el claro y me encontré a Regina, tumbada en el suelo. La tomé en brazos, nerviosa, y la zarandeé un poco.
_ Regina… Regina mi amor… Por favor._ Le supliqué.
Nerviosa, coloqué las manos sobre su cuello, sintiendo su pulso a un ritmo lento pero constante. Aún tensa, la tomé en brazos y caminé hacia mi coche, colocándola en el asiento trasero. Arranqué y me encaminé directamente hacia el hospital. Ver a Regina Mills dormir solía ser un placer. Pero no lo era cuando estaba en una cama de hospital.
El temor a que no se despertase me atenazaba. Estuve horas simplemente mirándola, asustada. Con el pulso acelerador y la respiración agitada. Empezaba a notar cómo me vencía el sueño cuando escuché movimiento. Regina se incorporaba en la cama. Y yo me acerqué, tomando su mano. Cuando me miró, se me encogió el corazón.
_ ¿Podría usted indicarme donde me encuentro?_ Preguntó.
En sus ojos no había el menor rastro de reconocimiento. No pude evitar pensar en la primera vez que había llegado a Storybrooke. Me miraba de la misma forma, fría y oscura. Sentí cómo me temblaba todo.
_ Estás en el hospital._ Dije, en voz baja._ Te han atacado… y me preocupaba que te pasara algo.
_ Y usted… ¿Quién es?
_ Yo… Soy Emma… soy tu novia._ Dije, notando que me afloraban las lágrimas.
Campanilla
El sol estaba cayendo en aquel momento. Los últimos rayos presagiaban el inicio de la noche. Cerré los ojos y suspiré. Regina se retrasaba. Quizá no hubiese hecho las cosas bien. Estaba mirando a través de del reloj, cuando el olor de la magia me hizo girarme. Regina acababa de aparecer allí. Una sonrisa apreció en mis labios. Me arrodillé y adopté una posición sumisa.
_ Mi reina…_ Dije, en un susurro.
Sentí la pierna de Regina contra mi estómago cuando me dio la patada. Rodé por el suelo y lancé una risotada. Los ojos de Regina mostraban pura malicia indiscriminada. Me estaba poniendo caliente sólo de mirarla a los ojos.
_ Esto es por hechizarme._ Dijo, agachándose a mi lado._ Y ahora dime… ¿Quién es esa mujer que dice ser mi novia? ¿Y por qué no la recuerdo?
_ ¿Qué es lo último que recuerdas?_ Pregunté.
_ Recuerdo lanzar mi maldición. Y despertarme en una cama de hospital._ Dije, alzando una ceja._ Eso, y lo que tú me hiciste.
La sonrisa de mis labios se ensanchó. La Regina buena y dulce había muerto, y la reina malvada volvía a despertar. Me acerqué a ella y la besé en los labios. Ella no se resistió, por el contrario, siguió besándome y me tomó del cuello.
_ ¿Esto era lo que deseabas?_ Me preguntó.
_ Sí… es lo que deseo…_ Contesté._ Haría lo que fuese por vos, mi reina. Quiere ser vuestra… y no me importa el precio.
Regina chasqueó la lengua y se puso en pie. Yo la imité y la miré a los ojos. En los míos no había otra cosa más que adoración hacia la reina. Había soñado tanto con que me besara voluntariamente.
_ ¿Y sobre esa chica, la rubia?
_ Es tu enemiga._ Le dije, acercándome._ La hija de Blancanieves y su príncipe. Te engañó para seducirte… y para que te volviese blanda.
_ No hablas en serio…_ Dije, alzando una ceja.
_ Es tal y como te lo cuento. Pero yo te he traído de vuelta… para que puedas vengarte… con mi ayuda.
_ Comprendo…_ Contestó ella._ ¿Puedes enseñarme un momento ese polvo que usaste conmigo?
Yo no lo dudé y al instante saqué el polvo de hadas que aún guardaba en un saquito y se lo entregué. Ella lo sopesó con ambas manos y me dedicó una sonrisa.
_ Campanilla… hay algo que deberías saber sobre mí._ Dijo, en voz baja.
_ ¿De qué se trata?_ Pregunté.
_ No me gusta la gente así de complaciente… no para lo que tú quieres, al menos. Pero por suerte, puedo devolverte el favor.
Abrió la bolsa, tomó un buen puñado de polvo y me lo lanzó contra el rostro. Me dejé caer, aspirando pesadamente y sintiendo cómo me quemaba por dentro. Podía ver cómo mi piel iba palideciendo. Mi cabello, habitualmente de un tono dorado, se estaba tiñendo de blanco. Notaba mi cerebro arder de rabia y de pasión. Y no pude evitar lanzar un grito al notar un fuerte dolor en mi espalda cuando dos alas, negras como las de un cuervo, surgieron violentamente. Me vi reflejada en el cristal de la esfera del reloj, y vi mis ojos de un color verde poco natural.
Había maquillaje que rodeaba a mis ojos, de un tono oscuro… que hacía juego con el color rojo oscuro que ahora parecía ser el color natural de mis labios. Plegué mis alas, que guardé a mi espalda y me acerqué hacia Regina.
_ Y bien… dime… ¿Cómo te sientes?
No le contesté. No estaba enfadada… pero lo cierto es que ya no sentía ese deseo de decirle que sí a todo. La tomé de la cintura y la besé con intensidad, notando cómo sus manos acariciaban mi cabello y mi trasero. Se separó y nos miramos a los ojos.
_ Me siento mejor que nunca._ Contesté.
_ Estás mejor que nunca._ Dijo, metiendo las manos bajo mi pantalón.
La escalera chirrió cuando di un involuntario paso atrás. Yo sonreí, haciendo brillar aún más mis ojos, y la tomé de la cintura con más intensidad.
_ Este no es el lugar adecuado._ Dijo, haciendo un giro con la mano.
Aparecimos en su dormitorio. Regina me empujó contra la cama y rompió mi camiseta con los dientes. Yo me deshice de mi cazadora y la dejé espacio para quitarse la americana y la blusa. Metí la cabeza entre sus pechos sin pedir permiso, golosa.
Ella me dio un azote y yo gemí, caliente como la perra en celo que me sentía que era. Regina se quitó el sujetador y, ya sin impedimentos, mi lengua comenzó a jugar sobre uno de sus pezones. Regina tenía una delantera fabulosa, y me sentía en la obligación de catarla.
Mis dientes lo aferraron, al tiempo que sentía cómo Regina me arrancaba el pantalón y hundía dos de sus dedos en mi sexo, con rabia e intensidad. Gruñí, abriendo su falda con brusquedad para imitar el gesto. El sexo de Regina, húmedo y caliente, me recibió como a una invitada de honor. Nuestros dedos no tenían tregua mientras la una y la otra competíamos silenciosamente para alcanzar un orgasmo. Yo fui la primera en hacerlo, lanzando sonoros gritos para disfrute de la reina.
Ella me empujó una vez más, y se sentó sobre mi cara. Cerré mis ojos, algo complaciente, y comencé a besar su sexo con lujuria y afecto. Regina descendió y besó mi sexo con estudiada calma. Nos entregamos aún más incluso si cabe. Me esforzaba para demostrarle hasta donde podía llegar. Pero cada vez que probaba algo nuevo, ella demostraba que yo no era más que una novata.
Tuvimos un segundo orgasmo conjunto y yo estallé. Me sentía feliz, me sentía en mi sitio, y finalmente mis más sórdidos deseos se estaban cumpliendo. Iba a clavar mis uñas en el culo de Regina cuando escuché el sonido de una puerta al abrirse.
_ ¿Hola? ¿Hay alguien?_ Preguntó la voz de Emma Swan desde la entrada.
¡Maldita sea! ¡Es que no podíamos divertirnos un poco sin que apareciese esa zorra de Emma Swan! ¡Ahora que por fin tenía a Regina para mí!
_ Voy a matarla._ Dije, incorporándome.
_ Lo que vas a hacer es meterte en el armario._ Me ordenó.
_ ¿Qué?_ Pregunté, incrédula.
_ Al armario, hadita. Es una orden de tu ahijada.
Aún incapaz de creerme lo que estaba pasando, me metí en el armario. Espiaba a través de una rendija, sintiéndome como "la otra". ¿En eso me había convertido incluso después de hacer que Regina olvidase completamente a Emma?
Emma Swan
_ ¡Estoy aquí arriba, Swan!
Subí, algo nerviosa después de escuchar la voz de Regina, y ascendí escaleras arriba. Regina estaba sobre la cama, con una copa de vino en la mano. En mi mesilla había otra, que me estaba esperando. Me acerqué y la tomé, con delicadeza y algo confusa.
_ ¿Ya te acuerdas?_ Pregunté.
_ No… pero… me gustaría que me hablases un poco más sobre ese… noviazgo… nuestro._ Regina dejó caer ligeramente la manta y yo pude ver sus pechos, de punta e invitantes. Su mirada, cargada de lujuria, se fijaba en la mía. Sentía que algo andaba mal… pero la sangre ya no estaba llegando a mi cerebro de la forma adecuada para darme cuenta de qué era.
