¡Hola gente! :D lo prometido es deuda, aquí les traigo el segundo capítulo de este ingenioso fic.
Lynn POV
En el capítulo anterior le mentí al trio de brujas que mi novio era Castiel, ¡Qué cool! Oh esperen, no es tan cool. Tengo que fingir ser su mascota para que pueda seguirme el juego, es una pequeña mentirita blanca… bueno, no es que a nadie pueda afectarle… ¿O sí? Por suerte mi mejor amiga Rosa, me ayudó a mantener una buena falsa llamada. Castiel, ¿Por qué me haces sufrir? ¿Tengo que decir "guau"? Bien! Lo haré! Pero sígueme la cuerda, plis. Oh no, eso me recuerda…. ¡Debo tener una foto de él! Si, en el parque…. ¡Qué mala suerte tengo! Preciso todos los chismosos del Sweet Amoris nos vieron juntos, en especial…. Kentin. Pero si ni siquiera somos novios! Agh, como sea, Castiel…. ¿Qué planeas? Me pones en suspenso, estúpido amo tsundere.
Este fic es hecho por fan del fandom Amour Sucre para fans de cualquier fandom que guste de leer sin fines de lucro. Amour Sucre pertenece a ChinoMiko y a Beemov.
Capítulo 2: "Adrenalina"
—Eres… novia de Castiel, ¿Cierto?
El susodicho simplemente suspiró leve, aproximándose hacia el contrario. Lynn cerró los ojos con fuerza, esperando lo sucedido. Un grito se escuchó por parte del bando contrario. La castaña abrió los ojos lentamente, sorprendiéndose al ver a Kentin en el suelo.
Castiel le escupió en una pose orgullosa y mandona; cruzándose de brazos. ¿Por qué siempre ese nerd tenía que meterse en sus asuntos? Ya dando la espalda, dispuesto a llevarse a la chica consigo, sintió una patada en la espalda, dejando a la fémina shockeada.
Amber, por supuesto, intentó evitar la pelea; separándolos a ambos ya que estaban a punto de golpearse en los rostros o en sus partes privilegiadas. Nathaniel observó de soslayo a la policía. Sin embargo, antes de que tan sólo diese dos pasos para acercarse a ellos, sintió un fuerte puñetazo en el estómago. Castiel lo observó a los ojos con suma frialdad, derribándolo igualmente al suelo.
Nadie sabía cómo reaccionar. Nina retrocedió por inercia, huyendo de la escena.
Lysandro observaba sorprendido aquella escena, ¿Desde cuándo su mejor amigo golpeaba tanto? Él casi nunca actuaba de una manera violenta o resolvía los asuntos por medio de golpes. Rosalya, inconscientemente, se aferró a él.
Otro puñetazo por parte del chico pelirrojo, y directo en la nariz del contrario; haciendo que saliese sangre de ésta. Kentin recuperó la compostura, evitando emitir quejidos de dolor. Esta vez había sobrepasado su cordura así que le propinó una fuerte zancadilla.
Lynn se tapó la boca al presenciar tanta sangre delante de sus ojos. Nathaniel igualmente estaba en el suelo junto con el chico castaño, adolorido. Ya había sido suficiente con los moretones en su espalda, ni siquiera podía moverse. Amber estaba a punto de derramar lágrimas, observando con recelo a Castiel.
Después de breves segundos, Castiel terminó. Respiró demasiado agitado con marcas de puñetazo en su mejilla izquierda; observando a ambos. Un silencio incomodó el ambiente. Lynn aun no salía de su trance, al igual que el resto de presentes.
— ¡Castiel! ¿Q-qué hiciste?
El pelirrojo se volteó de costado, observando a Lynn con frialdad.
—Sólo protegía a mi novia. —Contestó secamente sin ánimos de dar explicaciones.
—¿Protegerme? ¿Crees que lo que acabas de hacer ha sido un acto de protección?!
Sin embargo, antes de que le diese sus característicos sermones, le tapó la boca con su mano; observándola fijamente a los ojos. La chica sintió su corazón latiendo, ahora sentía miedo. ¿Cómo saldrían ilesos de aquél acto de violencia? ¡La policía estaba demasiado cerca!
—Escucha, eres mi mascota ¿De acuerdo? Y no tengo ganas de darte explicaciones, ese nerd ya estaba comenzando a fastidiarme, tsk… ¿Por qué no mejor jugamos a la pelota? Ah, por cierto, ya sé cuál será tu apodo…. Poochie. Poochie es lindo, ¿No crees? Mi mascotita
—¡¿Eh?! ¡¿P-Poochie?! ¿Por qué dices algo como eso en un momento así?—Le sacó en cara, señalándole a ambos chicos derribados en el suelo. Ya todos se habían escabullido de la policía.—Eh… Kentin…. D-déjame ayudarte, por favor.
Castiel resopló, sintiéndose vencido.
—Así que… ¿Te importa más ayudar a un nerd y a un delegaducho antes que salir y divertirte con tu novio? Creo que Amber y sus amigas tenían razón. Nunca dejarás de ser una Mary Sue.
—¿Una Mary Sue? ¿Qué estás diciendo? ¡Te equivocas completamente! Aunque sea tu novia, Kentin y Nathaniel siguen siendo mis amigos, sobre todo Kentin. ¿Crees que porque eres mi novio puedes manipularme? Eso no me hace una Mary Sue, tsundere. Si, te dije Tsundere aunque lo niegues.
Dicho esto, Lynn se inclinó de rodillas, observando el brazo y nariz herida de Kentin. Nathaniel le dedicó una dulce sonrisa, embelesado.
—Eres muy buena amiga, Lynn.—Le halagó el rubio, ampliando su sonrisa. Ya no demostraba estar herido físicamente. De todas formas, podía soportarlo. Cada vez que veía a Lynn, era como si de nuevo renaciese. Castiel observaba toda la escena, asqueado. ¿Por qué tenía que salir con ella?
Después de haberlos curado a ambos en sus partes heridas, los ayudó a levantarse; ofreciéndoles un pañuelo. Ambos asintieron con la cabeza, despidiéndose de ella con una dulce sonrisa en los labios. Castiel estaba sorprendido.
—Y la próxima vez, mejor controla tus instintos, ¿Qué tal si la policía hubiese alcanzado a escuchar los gritos?
Castiel se encogió de hombros, desviando la mirada. Aunque ella le reprochase por su conducta, jamás cambiaría su personalidad. Eso era definitivo.
—Poochie, ¿Ves esta pelota?
La chica refunfuñó al darse cuenta de sus intenciones.
—Sí, la veo, ¿Qué pasa con ella?
Castiel, con todo el orgullo del mundo como si se tratase de una muralla gigante que dividía su comportamiento, lanzó la pelota de varios colores hacia uno de los bancos del parque. Lynn sintió la necesidad de alcanzarla así que, con la colita de perrito entre sus piernas, la siguió; emocionada.
—Je, creo que esto me divertirá por un largo tiempo.—Murmuró Castiel, sonriendo. Después de todo, seguir esta pequeña farsa seria entretenido.—Mhmm…. ¿Por qué demora tanto trayendo una miserable pelota? Ni que los bancos del parque estuviesen tan lejos.
"Oh no, Lynn", pensó el chico en sus adentros, aterrado "Y si… ¿La policía la encontró?"
…..
—La pelota debe estar en alguna parte…. ¿Por qué siempre la esconde en lugares difíciles de encontrar? Tsk…
Sintió una mano pesada sobre su hombro. Se volteó, asustada.
—¿Qué haces por aquí tan sola, niña?—Le inquirió el policía.
—Eh… yo… verá… es que estaba jugando a la pelota con mi novio y creo que la perdí. Descuide, sólo estábamos saliendo como cualquier pareja normal de tortolos enamorados.
—¿Quién es tu novio?—Preguntó el sujeto en un semblante serio.—Necesitamos comprobar que no se trate de ningún pederasta.
La chica, irritada más de la cuenta, señaló hacia Castiel. Ambos policías se voltearon, observándolo. Algo hizo que en ellos corriese un fuerte escalofrío, asustados.
—Un minuto… Sé quién eres. Te he visto en este parque muchas veces, ¿Acaso nunca vas a la escuela, chico? Tendré que informárselo a tus padres. Tienes suerte de que seas menor de dieciocho.
—¿Y qué si no los tuviese? Para serle honesto, tengo diecinueve. ¿Acaso le parezco un niñato de quince de edad?
—Oh, en ese caso… tienes serios problemas. El estudio es primero. Eres todo un rebelde y en el caso en que tuvieses una moto, igual tendría que pedirte tu licencia de conducir. Todo chico rebelde la tiene.
—Mire, señor Oficial, le diré dos cosas. La primera, mis padres no viven conmigo así que me importa una mierda sus amenazas y segundo…
No hizo más rodeos para completar su oración. Sin previo aviso, agarró a Lynn fuerte del brazo; corriendo con ella hacia su motocicleta que se encontraba estacionada en frente de la fuente principal del parque. Ambos se subieron, colocándose rápidamente los cascos.
—¡¿Qué estás haciendo?! ¡La policía nos atrapará! ¿Por qué dijiste que tenías diecinueve? Hubieses mentido.
—Ellos no son tan idiotas, Poochie. De todas formas, hubiesen pedido mi licencia de conducir y se hubiesen fijado en mi edad.—Justificó el pelirrojo, encendiendo la moto, colocándose las gafas de sol habituales.—Sujétate fuerte, tendremos una pequeña persecución.
La chica sólo obedeció. ¿Desde cuándo le agradaba que le llamase "Poochie"?
Y, con las manos delicadas de la fémina rodeando la cintura del mayor, encendió las luces; emprendiendo la carrera.
Lynn no sabía qué hacer. Sintió de repente una adrenalina en su cuerpo. ¿Acaso estaba… emocionada? No evitó dejar escapar una leve risa.
Castiel alcanzó a escuchar la risa de la muchacha. Sólo sonrió, aun conduciendo. A decir verdad, había muchos obstáculos como policías acostados, montículos de tierra o avisos de peligro seguido de una enorme grieta o alcantarilla destapada que despedía un nauseabundo olor a rata muerta. Decidió tomar la siguiente vía.
A medida que iban pasando los minutos, más se le dificultaba manejar. Sentía que a la moto le hacía falta gasolina. Demonios, ¿Por qué no llenó el tanque anoche?
—Castiel, ¿Qué sucede? Ay no, no me digas que se te olvidó llenar el tanque un día antes. Sabías que esto pasaría, ¿cierto?
Como siempre, lo reprochaba como si fuese un bebé consentido de mamá. Castiel murmuró a lo bajo, maldiciendo por su alzhaimer.
—Descuida, lo tengo todo bajo control.—Respondió orgulloso.
Tan pronto escucharon las sirenas de uno de los autos de la patrulla de policía, el pelirrojo agarró el retrovisor; observando cómo una de las motos se aproximaba a por ellos. Así que aceleró la velocidad, gastando quizá lo último que le quedaba de gasolina. Alcanzó a divisar una luz. Por suerte, era una gasolinera.
Ambos suspiraron de alivio, pero Castiel aún más. No quería pagar los platos rotos por la desobediencia e incompetencia por parte de la chica. Aunque tampoco le gustaría que ella se llevase todos los cargos encima; directo a prisión.
—Tienes suerte. Hay una gasolinera abierta a estas horas de la noche.
Castiel asintió, estacionándose abruptamente junto a la bomba. El señor lo miró con recelo, como si lo hubiese reconocido.
—Diez de gasolina y quince de factura, por favor.
El Señor sólo asintió con la cabeza aunque por dentro, el tan sólo tener la presencia de ese chico cerca suyo, le provocaba un fuerte sentimiento de enojo y angustia. Lynn observó aquella acción, más que confundida. Observó a Castiel.
Por un momento, tuvo ganas de preguntarle si ese tipo mayor no de cuarenta años de edad, tenía algo que ver con todo esto de la persecución o quizá era un complice más de la policía; haciéndose pasar por alguien de la compañía. Castiel la miró, sonriéndole. Le acarició la cabeza, haciendo que sus orejas de cachorro saliesen.
¿Qué significaba todo ese cosquilleo? ¿Por qué sintió tanta adrenalina en su cuerpo cuando se dispusieron a escapar de la Policía? Eso estaba en contra de sus principios, o bueno, eso quería creer. Quizá… estaba comenzando a descubrir qué se sentía salir con un chico rebelde y rudo.
—Ya tengo sueño… volvamos a casa, Castiel. Por fa, ¿Si?
…..
—Entonces… ¿Si tienes licencia de conducir?—Le preguntó la chica al verse obligada a entrar a la casa de Castiel.—Je, bueno… Mi mejor pregunta sería… ¿Qué demonios hago en tu casa? Debería estar en la mía, soñando con los angelitos, Jumm!
Castiel se quitó los zapatos, haciéndole una seña a la chica con que hiciese lo mismo. Ella obedeció, dejando su bolso de hombro en el sofá. El chico, por su parte, se adentró a la cocina.
—¿Quieres algo de Vodka? Te lo mereces después de todo. Me sorprende que, siendo toda una Mary Sue, tuviste tantas agallas como para seguirme la cuerda con todo eso de la persecución, Je. Incluso, estabas más que emocionada.
—Eh? No, gracias, yo no bebo.—Negó la chica con la cabeza, algo nerviosa.—No estaba emocionada, sólo fingía.
—Vamos, una copa no te hará daño.—Le insistió, sacando las pequeñas copas de la alacena.—¿Acaso tienes miedo de que tus padres te perciban el aliento?
La chica se sonrojó sobremanera, sintiéndose más que avergonzada. ¿Ella? ¿Tenerle miedo a sus padres? Bueno, su padre la sobreprotegía demasiado y su madre era una melodramática profesional.
—¡Claro que no le tengo miedo a mis padres! Incluso una vez fui a una fiesta con Rosalya sin su autorización, Ja.
—Vaya, qué malota eres.—Comentó el chico de forma sarcástica en un tono desinteresado a la vez que llenaba la copa del contenido.
Lynn suspiró aunque logró darse cuenta de un pequeño detalle. Si sus cálculos no fallaban, Castiel seguramente era de esos típicos muchachos rebeldes que asistían a fiestas sin autorización de los padres casi siempre, se emborrachaba o tenía sexo casual con alguna chica bonita de grandes atributos.
—¿Estás combinando whisky con Vodka?
—¿Acaso bebes Redbull?
De nuevo, un sonrojo hizo su presencia.
—¡No has contestado a mi pregunta! ¿Estás…?
—Sí, lo hago. ¿Y cuál es el problema? Ya no soy un niñato, estoy en todo mi derecho de hacerlo.
Suspiró. ¿Whisky con Vodka? ¿En serio podría ser una buena combinación? Temía por sus pulmones, aunque de todas formas se sentó al lado del pelirrojo, agarrando la botella y vertiendo el contenido en la copa de cristal.
Castiel abrió sus ojos como platos. ¿Acaso estaba viendo lo que creía estar viendo? Lynn ya tosía debido a la fuerte precipitación de tomar, atascándose en su garganta. El chico le propinó leves palmadas en la espalda, tranquilizándola. Quizá… tenía una mala imagen sobre la chica.
—Quiero más, hip.
—Oye, apuesto a que tienes menos de diecisiete años. No puedes ir por el mundo pidiendo alcohol como si se tratase de algo normal.
La chica, por su parte, sólo hipeó; formándose un fuerte rubor en sus mejillas debido al consumo, quizá, en excesivo. Mientras las horas y minutos pasaban, la chica pedía otro trago o contenido para su copa. El chico sólo obedecía sin rechistar.
—¡Otro!
Castiel se sorprendió. ¿Cuánto más su cuerpo podría resistir? Después tendría ganas más intensas de ir al baño.
—No!—Negó de un grito, reprochándola.—Y es mejor que vuelvas a casa.
—Soy tu Poochie y te obedeceré, hip.—Hipeó de nuevo, levantándose de la cama.
El pelirrojo rodó los ojos, llevando ambas copas y las botellas ya vacías a la cocina; desechándolas en la canasta correspondiente.
—Mañana te veo en la escuela, Poochie.
La chica sonríe, dirigiéndose a la sola a por su bolso de hombro y chaqueta.
—Ah, por cierto, ¿Tú fumas?.—Fue su taciturna pregunta aunque estaba medio inconsciente.—Porque pude percibir tu aliento cuando frenamos en la gasolinera, ¿Y quién era ese sujeto que te estaba mirando mal? ¿Un enemigo de tus padres?
Castiel, por supuesto, negó con la cabeza. No permitiría que sus padres obtuviesen una mala reputación por culpa de las palabras incoherentes y conclusiones apresuradas por parte de la muchacha. Sólo la empujó rumbo a la puerta principal.
—Hablamos mañana. Obedece y vuelve a tu hogar.
—Amo malo. Algún día descubriré tu punto débil y lo usaré a mi favor, ya verás. Entonces, dejaré de ser tu Poochie, Ja.
…..
Al día siguiente, en el instituto Sweet Amoris, el tema principal era la pelea que se había formado en el parque. Castiel VS Kentin y Nathaniel.
En cuanto el pelirrojo entró por aquella puerta, todos enseguida mantuvieron la compostura; simulando que hablaban entre ellos. Amber, Li y Charlotte se dirigieron a los casilleros, asustadas. Rosalya le sonrió al igual que Lysandro.
¿Por qué todos de repente le tenían miedo a Castiel?
Para Rosalya, Castiel era un buen sujeto, sólo porque había defendido sus principios y a Lynn, no significaba que fuese un completo buscapleitos. Lysandro, por su parte, era el mejor amigo así que no podría decir falsos rumores sobre el pelirrojo. Este último pasó al lado de ellos, dejando escapar un aura de maldad y terror pura; sobresaltando a más de uno. Armin y Alexy retrocedieron, observándolo con disimulo.
—Esto me parece una estupidez.
—Déjalo así, Rosalya. Después de esa pelea, ¿Crees que muchos quieran acercarse a Castiel? Hasta Nathaniel quiso llamar a la policía.
De nuevo, el pelirrojo había subido las escaleras, pasando al lado del club de dibujo en donde se hallaba Violetta de frente con su carpeta de dibujo a la mano, enseguida cubriéndose el rostro, asustada.
Nathaniel estaba en frente del chico. Frunció el ceño, dispuesto a gritarle unas cuantas palabras, más Castiel sólo lo ignoró; siguiendo su camino.
¿Qué le pasaba realmente? Nadie lo sabía. Todos los estudiantes creyeron que Castiel estaría golpeando a más de un compañero de clase el día de hoy, más sólo los ignoraba como si se tratasen de exhibiciones de museo o estatuas.
Ni el propio Castiel lo sabía muy bien. No sabía que estaba pasando por su mente. Desde que se había comprometido con Lynn a seguir su estúpido juego de "amo y mascota" miles de pensamientos absurdos y recuerdos inexistentes, merodeaban por su cabeza sin descanso. Acaso… ¿Había conocido una nueva faceta de ella? Al encontrarse tan indefensa, tan inocente y tan alegre o preocupándose por aquellos chicos que se merecían más que una golpiza, o cuando se aventuró a sentir la adrenalina tras la huida en su moto.
En cuanto giró a la derecha rumbo al armario del conserje, Rosalya lo siguió de cerca. ¿Era un escondite secreto? O quizá… el lugar secreto para hacer "cositas" con Lynn.
—¿Qué crees que haga en el armario del conserje? Siempre se escabulle a ese sitio antes de que empiecen las clases.
Lysandro, por su parte, sólo rodó los ojos; contradiciendo el argumento de su amiga. Debía llamar a Leigh para preguntarle los diseños de la última colección de moda.
—Rosa… ¿Te has visto con mi hermano en estos días?
—¿Con Leigh? Mhmm… no. Siempre dice que está ocupado.
—¿Quieres que lo llame por ti? Yo debo preguntarle algo.
La chica negó con la cabeza, sintiéndose apenada ante el muchacho con heterocromia. Seguramente Leigh estaba más ocupado y no quería interrumpirlo.
—Descuida, casi siempre me recoge al salir de clases.—Le dedicó una dulce sonrisa.—Oh, eso me recuerda… últimamente no has perdido tu libreta de apuntes. Eso es algo bueno, Lyss.
Lysandro se encogió de hombros, sonrojándose ante el comentario. Había tomado pastillas para la mala memoria.
—No sabes las pastas que ahora me tomo. Son amargas y debo tomármelas cada cuatro horas. Leigh dice que es algo grave.
Ambos rieron, aunque seguidamente Rosalya se tapó los labios con sus manos.
Desde que había sido novia de Leigh, más o menos hace unos cuatro años, él se había animado para presentarle a su hermano menor, Lysandro. Rosa desde siempre había tratado a Lysandro como el familiar tierno y olvidadizo que nunca tuvo. Sin embargo, el chico con heterocromia sentía lo opuesto.
¿Cuántos poemas de amor no había escrito para ella en esa libreta?
Siendo honesto, Rosalya siempre le gustó. Inclusive, desde que la conoció.
Sin embargo, la sonrisa del peliblanco victoriano, siempre desaparecía cada vez que notaba una muestra de afecto por parte de la pareja enamorada.
¿Cómo podría transmitirle estos sentimientos que lo dejaban atado? Cada vez que buscaba la oportunidad para llevarla a un lugar más privado y calmado y al fin hablarle de sus sentimientos más profundos y sinceros, alguna llamada, persona o su mismo hermano con sonrisa de galán, interrumpían el tan ansiado momento. Tal vez… perdía su libreta a propósito.
—Oye Lyss, ¿Tienes moto?.—Preguntó aun con una sonrisa en su rostro.—Bueno, te pregunto porque un día Leigh me mencionó algo sobre que tenían una Ducatti en el garaje pero bueno, sabiendo cómo son sus padres, no podría manejarla.
—Ah sí, la tenemos. Pero no la manejamos mucho. Una vez intenté manejarla a escondidas de mi padre, y terminé estrellándola en una juguetería porque se me había olvidado activar el GPS.—Relató, sintiéndose avergonzado ante su alzaheimer.
—Bueno, ve alistándola porque tendremos un pequeño paseo esta misma tarde.
—¿Estás loca? No, Rosa. Mi madre es muy exigente, ella disfruta viajar por bus o auto, antes que tocar la Ducatti de mi padre.
…
Ya ambos dentro del armario del conserje, estuvieron mirándose a los ojos por segundos que parecían eternos; procediendo a minutos. Lynn sentía el corazón en la boca al igual que la sensación de adrenalina que había experimentado con el pelirrojo la noche anterior.
Castiel, por su parte, tragó saliva, más que nervioso. ¿Nervioso? ¿Él? Debía ser un milagro.
¿Acaso debían mencionar lo que había ocurrido el día de ayer? Desde la fuerte pelea hasta la huida en motocicleta de los policías, la mirada fulminante del chico de la gasolinera o que Lynn casi se desmaya por estar combinando Wisky con Vodka. Una exquisita combinación que la había dejado atolondrada e indefensa.
Bueno, de todas formas aquellos incidentes no involucraban demasiado con su relación de amo-mascota, ¿Verdad?
De repente e inconscientemente, ambos rostros se estuvieron acercando lo suficiente, estando a tan sólo centímetros de los labios del otro.
Sin embargo, antes de que se hubiesen dado lo que sería el primer beso, en ese momento entró el conserje.
El anciano se había adentrado al armario a por una escoba y el trapeador puesto que había una emergencia en los pasillos. Agarró el trapo y sus clásicos audífonos, viendo de soslayo a ambos jóvenes; sonriéndoles con picardía antes de irse de allí.
"Una conexión exacta" "Disfruto ser su mascota, pero no es como si llegase a amar a este Tsundere de verdad" "Estupida adrenalina y estúpidos sentimientos de emoción extrema que me confunden" "¡Ya no quiero sentir esto!" "Sigo siendo su Poochie, ¿no?"
Esos pensamiento tan confuso, y todas esas emociones que podrían irse directo a una cubeta con fuego o similar a un volcán. Castiel mantuvo un contacto visual intenso.
Sus cabellos, su sonrisa de galán y de chico rudo y atrevido, ¿Y por qué de repente se le venía a la cabeza la tonta idea de pasar una noche en la casa de él? Sólo los dos….
Quería saber más de él, conocer a sus padres y decirles "Hey, yo soy la mascota y sirvienta de su hijo, mucho gusto".
—Eh… Castiel… e-estás muy cerca.—Murmuró cerca de sus labios, agachando la cabeza.
Al sentir sus frías manos sobre su rostro, se dio cuenta de cuán calientes podrían tornarse si se daban un abrazo.
¿Frio con Caliente? Quizá la temperatura corporal podría considerarse caliente puesto que en ese pequeño espacio en donde se hallaban los dos, en completa oscuridad, un pequeño bombillo colgando en el techo, iluminando el sitio a la vez que se escuchaba el aire acondicionado procediente de la maquina susodicho, causándole escalofríos a ambos. Si, ese era el causante de que las manos del pelirrojo estuviesen congeladas. Solitario, pequeño, casi en oscuridad y ambos temblando de frio, parecía sacado de una película de suspenso y de romance.
Había ciertos rumores merodeando por el instituto Sweet Amoris e inclusive en los periódicos y noticias lejanas de internet, aunque claro, la información verídica podría darse directamente en el sitio Wikipedia. Sinestesia. Aquella "enfermedad" como lo catalogaban, en donde la persona podría percibir los olores y colores, algo fenomenal.
¿Debía murmurar alguna palabra? Y si de repente… Castiel tuviese aquella extraña enfermedad. Sinestesia. Algo que sonaba tan emocionante pero a la vez peligroso.
"Su mirada a veces es tan vacia y oscura, como si estuviese ocultando algo…"
—Lynn… no, mejor dicho, Poochie… quiero que mañana cumplas todas mis órdenes, ¿de acuerdo? Y te daré un premio.—De nuevo, no faltaba aquella sonrisa sádica.
Tras decir estas "sutiles" palabras seguido de una sonrisa macabra esbozada en su rostro, Lynn se sonrojó sobremanera. Como siempre, la humillaba.
—T-te odio…—Musitó, apretando los dientes a la vez que el sonrojo aumentaba.—Siempre me avergüenzas…
El pelirrojo emitió una leve risita en forma de complicidad. Le encantaba ver todas las facetas escondidas por parte de la chica que días atrás pudo haber considerado un estorbo o una típica "Mary Sue" dentro a lo que su ámbito se refiere. Esas chicas urgidas que buscaban novios mediante volantes… Lynn no.
Sintió su corazón latiendo, aunque suave. No podía evitarlo.
Lynn nunca había demostrado ser una chica urgida o alguien fácil que le gustaba ser masoquista ante un desconocido y tampoco era tan ingenua como para no darse cuenta que Amber y sus amigas eran capaces de cualquier cosa. De nuevo, el recuerdo en los días en que Debrah estuvo en el Sweet Amoris, retumbó en su mente. Debía decirle un "Gracias" a Lynn.
Ya estando a tan sólo centímetros de sus labios, en ambos ojos se perdían a la vez con disimulo. Lynn se perdía en los ojos y la mirada vacía del pelirrojo tsundere. Castiel intentaba ocultar su leve nerviosismo. De repente la puerta se abrió de golpe.
—¿Qué están haciendo aquí?.—Nathaniel frunció el ceño. Detrás de él, estaban Armin y Alexy, shockeados.—Deberían estar en clases, el profesor los está buscando.
Parecía una escena o tráiler de una película dramática, musical y comedia. Claro, comedia no estaba en el diccionario del chico rubio amante de los gatos. Armin parecía molesto y Alexy sólo intentaba no prestarle atención al asunto. Castiel y Lynn se separaron al instante, saliendo del armario.
Lynn, por su parte, se disculpó con el delegado tras una pequeña reverencia.
En cuanto ambos caminaron rumbo al aula de clases, Lynn miró de soslayo al pelirrojo. ¿Acaso se estaba enamorando de él?
Jaksajskajskajsa por fin! Bueno, les contaré la pequeña anécdota del por qué no subí este capitulo ayer TwT aunque no lo crean, comencé desde el martes en la mañana a escribirlo. Primero, el sueño me ganaba, waa! Después se fue la luz, luego no pude usar la PC en todo el día y el miércoles peor, el jueves peor y hoy se había ido el internet unas dos horas así que no pude terminar de escribir el cap hasta ahora u.u mil disculpas. Pero aquí está! Muy pronto subiré el tercer capítulo :D ¿Reviews? ¿Galletitas?
