DISCLAIMER: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: Y lo odiaba por eso. Por alejarse, luego de que habían reafirmado su promesa de casarse y tener una familia juntos. Luego de que ella venciera todos sus temores y se convirtiera en su mujer antes de la boda. Luego de que rompiera las promesas de celibato sólo por sus ojos... Por eso, ya no lo seguiría esperando.


Por tus ojos…

Capítulo III
"Tu sonrisa..."


"Ah... Como siempre, lo hago una y otra vez,
como siempre, sólo te causo dolor.
Ah... Estoy seguro que incluso te he herido,
soy incapaz de moverme.
Ah... ¿Por qué es tan doloroso tocarte?

Seguramente es porque tenía miedo de volver a hacer lo mismo y perderte."

Cassis; the GazettE —


"Dirigió la mirada al cielo claro y despejado, y sonrió con seguridad. Estar así, recostado en el pasto junto a la chica más bella que conocía, era como un sueño hecho realidad. Su corazón y su alma se relajaban cuando estaba a su lado, porque sabía que ella era todo lo que él necesitaba…

¿Miroku?

La voz de la chica lo sacó de su ensimismamiento, atrapando sus sentidos por completo, perdiéndose en esos ojos profundos, sinceros y delicados, queriendo probar más de esos labios dulces, cálidos, acogedores, y qué decir de esas curvas, ese fuerte pero a la vez femenino y elegante cuerpo que lo hechizaba…

¿Qué sucede, pequeñita?

Ella le sonrió, era maravilloso como ese simple gesto podía inundar su pecho de felicidad.

¿De verdad vamos a tener muchos hijos? ¿Y viviremos cerca de un río? — Su cariñosa voz se escuchaba entusiasmada, feliz.

Claro que sí — respondió él, dándose vuelta para mirarla mejor, más directamente —. Llenaremos nuestro hogar con niños, y jugaremos en el río, junto al que estará nuestra casa. La decoraremos con lo mejor, y me encargaré de que nunca te falte nada… ni a ti ni a nuestros hijos…

Ella asintió con un brillo especial, inocente y esperanzado, en sus castaños ojos, una sonrisa radiante adornando su angelical y hermoso rostro. Él acarició su mejilla, embelesado ante tanta perfección, definitivamente no deseaba nada más.

Quiero esa sonrisa todos los días, es hermosa… Te amo — murmuró antes de inclinarse y besarla, degustando esos labios tímidos, que aún respondían con cierta inseguridad, pero que le demostraban a la vez que eran sólo suyos, que sólo a él le regalaban ese elixir que era probarlos, que sólo él era capaz de llegar a ellos de esa forma.

Cerraron sus ojos, ella buscó su mano y la apretó con decisión, como aferrándose a él y a ese momento; entreabieron sus labios para hacer el contacto más íntimo, luego de unos segundos se separaron, ella con las mejillas sonrojadas – como cada vez que se besaban – y él con una amplia sonrisa.

Yo también te amo, Miroku…"

...::::::::::::::::::::::::::::::...

Su reflejo fue distorsionado por uno de los peces que nadaba por el riachuelo, rompiendo la superficie del agua con ondas disparejas. Cerró los ojos, esperando el sermón que estaba segura que recibiría por parte de su amigo. Qué irónico seguía siendo todo eso, él regañándola y recriminándole sobre ese tipo de cosas, eso jamás lo hubiera imaginado.

— ¿Por qué no se lo has dicho aún? — La pregunta llegó de golpe, sin rodeos y con el típico tono molesto que solía usar para reclamar algo.

— Eso no es de tu…

— ¡Claro que lo es! — La interrumpió antes de que le diera alguna explicación, seguramente no quería oír excusas. — Ustedes son mis amigos, prácticamente los considero mi familia, Sango. Miroku te ha buscado todo este tiempo, he visto cómo sufre, cómo ha ido perdiendo su ánimo, cómo decae cada vez que volvemos a la aldea sin suerte… Así que no vengas a decirme que no es de mi incumbencia, porque sí lo es. Además, cumplí con mi parte de nuestro acuerdo, no le he dicho nada, pero prometiste que tú se lo revelarías algún día. Si no lo cumples, entonces lo haré yo.

Ella apretó los puños con fuerza, molesta. Sabía que InuYasha tenía razón, pero no quería enfrentar eso. ¿Cómo explicarle a Miroku que ella había decidido huir aún sabiendo que llevaba a un hijo suyo en su vientre? ¿Cómo decirle que, a pesar de que era consciente de lo mucho que él deseaba ser padre, ella le negó esa posibilidad? ¿Acaso podría explicárselo de alguna forma? ¿Y él, sería capaz de perdonarla por todo lo que había hecho, por lo que le había quitado, por todo lo que no le permitió…?

— Yo… no puedo, no sé cómo hacerlo — admitió, frustrada —. Sé que todo esto es mi responsabilidad, pero… tengo miedo, InuYasha.

— Sango… — La miró detenidamente unos segundos, nunca había sido bueno en esos temas, pero tenía una idea de cómo podía sentirse ella. Colocó una mano en su hombro, para darle a entender que seguía siendo su amigo. — En lugar de culparte, deberías tratar de arreglar las cosas. ¿A qué le temes, a la reacción de Miroku? ¿Acaso crees que él podría odiarte por esto?

Apretó aún más los puños, reteniendo las lágrimas que querían correr ante esa frase. ¿Podría odiarla por todo eso…? Por supuesto que sí, le había arrebatado sus sueños de las manos prácticamente, lo había abandonado llevándose todo lo que tenían, además…

— Claro que lo hará, le negué su mayor anhelo al irme sin decirle nada…

— Jamás podría odiarte, él aún te…

— ¡No lo digas! — Lo interrumpió, un tanto alterada. — ¡No quiero oírlo, no puedo! Yo me casaré con Kuranosuke dentro de muy poco, además él no ha cambiado en nada, sigue siendo un mujeriego y no puedo…

Su rostro fue inundado por las lágrimas que ya no fue capaz de contener, no podía enfrentarse a eso, a pesar de todo ella tenía un compromiso y una deuda demasiado grande con el terrateniente, no debía retractarse en esos momentos.

— ¿Tú aún lo amas, cierto? — Preguntó InuYasha, observando las lágrimas caer al agua. — No entiendo porqué les gusta complicar tanto las cosas, ustedes deberían estar juntos.

— No, yo debo cumplir con mi responsabilidad — Sango se limpió la cara, decidida —. Hablaré con él, pero no esperes que las cosas entre nosotros se arreglen. Esto ya no tiene vuelta atrás.

La muchacha se alejó sin esperar una respuesta, mientras él negaba con la cabeza. ¿Cómo podía ser tan obstinada? Sinceramente, no comprendía del todo esos temas, Kagome hubiese sido de mucha más ayuda en esos momentos. Seguramente a ella la escucharían más y la tomarían más en cuenta. ¿Por qué tenían que ser tan ciegos y no ver que querían estar juntos, que se amaban a pesar del tiempo que había trancurrido? Bufó, realmente molesto con todo eso, pero sin saber qué más podía hacer aparte de rogar que todo saliera bien. Mejor se iba a dar una vuelta o descansar, quizá al día siguiente las cosas mejoraran.

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Ingresó a su habitación, molesta y triste. No quería admitirlo, pero InuYasha tenía razón, ella aún lo amaba… pero todavía le dolía que hubiese estado tan distante en esa ocasión, cuando ella pensó que tendría que ser todo lo contrario, se había entregado a él, por lo que suponía que ya habían sellado su compromiso. Sin embargo, él estuvo más ausente que nunca. En cambio, Kuranosuke jamás la abandonó ni la dejó de lado, siempre estuvo ahí apoyándola, incluso ayudándola con Miku, a pesar de que ella no fuese su responsabilidad. La había aceptado aunque ella ya se había entregado a otro y llevaba su fruto dentro…

Por eso, no podía traicionarlo de esa manera, debía responderle, debía casarse con él tal como estaba planeado. Dejaría sus sentimientos de lado para cumplir su responsabilidad, después de todo, Kuranosuke era todo lo que una mujer pudiese desear, y más. Nunca le había fallado y sólo había tenido ojos para ella, a diferencia de Miroku.

Miroku… Ese bonzo pervertido, mujeriego, vicioso, estafador, sobreprotector, alegre, cálido, comprensivo, romántico, cariñoso, amable…

¡No! ¡Maldita sea, no podía seguir pensando así! Ya no podía volver a hacerlo, Miroku ya formaba parte de su pasado y lo único que tenía pendiente con él era su hija. Nada más quedaba entre ellos dos, porque – pese a que se moría de ganas de perderse en esos ojos y probar esos labios de nuevo – no quería volver a llorar y sufrir por su culpa. Había vivido los momentos más felices con él, pero también los más dolorosos…

— No es cierto, él me apoyó y acompañó durante los más dolorosos… — Suspiró, recordando cómo el oji azul había estado con ella, incluso dispuesto a sacrificar su vida, por salvarla a ella y a su hermano, animándola a continuar, a sonreír…

"Quiero esa sonrisa todos los días…"

Se limpió las lágrimas con el dorso de su mano, era suficiente, había tomado una desición.

— ¿Sango?

La voz de su futuro esposo la sorprendió, ¿habría escuchado algo, la habría visto llorar?

— ¿Sí? — Trató de sonar tranquila, normal, a pesar de la angustia que le apretaba el pecho.

— Creo que deberías hablar con el monje, pedirle que entrene a Miku, aunque… — Se detuvo como pensando bien lo que iba a decir. Antes, creía que lo correcto era que él supiese que la pequeña era su hija, pero ahora dudaba que eso fuera lo mejor. ¿Y si usaba eso para apartar a la castaña de su lado…?

— ¿Aunque… qué? — Preguntó ella un poco intrigada, ¿acaso le pediría algo? ¿O tal vez había hablado con él…?

— Quizá no sea buena idea que sepa que ella es su hija — respondió, a pesar de que no sabía cómo argumentar eso.

— ¿Por qué? Es decir, siempre me decías que debía buscarlo porque era su padre, ahora… ¿no quieres que se entere? ¿Pasó algo que no sepa?

La mirada de Sango lo atravesó, inquisidora. Kuranosuke se acercó a ella y le tomó las manos, mirándola directo a los ojos con el semblante serio.

— No, es sólo que… tal vez se lo tome mal o no te crea. Han pasado 6 años desde la última vez que se vieron, ¿piensas que él creerá que en todo este tiempo, no fuiste capaz de buscarlo para decirle que tenía una hija? No lo creo. De hecho, lo más probable es que piense que fácilmente lo olvidaste, debe estarte juzgando en este mismo momento — suspiró, no iba a permitir que ella lo rechazara nuevamente —. Además, es un pervertido y mujeriego, ¿es ese un buen ejemplo para la pequeña Miku…?

La castaña negó con la cabeza, molesta. Él tenía razón, Miroku no había cambiado en nada y ella no quería que Miku tuviese ese tipo de padre. Ella hubiese deseado un Miroku maduro, digno de confianza, no al monje vividor que era. Pero él tenía derecho de saberlo, no podía quitarle eso también… le había prometido una familia y lo había cumplido, no podía ocultárselo. ¿Qué debería hacer?

— Bien, mañana hablaré con él — dijo con el pecho apretado, luego apartó sus manos de las de su prometido —. ¿Algo más?

— No, gracias… me iré a descansar — se dirigió hasta la puerta corrediza seguido de la muchacha para salir de la habitación. Una vez en el pasillo, se volteó —. Buenas noches.

Sorpresivamente para ella, la tomó por la cintura para acercarla a su cuerpo y la besó en los labios, dejándola paralizada. A pesar de su compromiso, era la primera vez que tenían ese tipo de contacto físico, y la tomó totalmente desprevenida. Se obligó a cerrar los ojos y tratar de corresponder, pero no pudo sentirlo natural. Aunque torpemente intentó seguir el ritmo, entreabriendo los labios al sentir la presión de la lengua de él sobre ellos, no logró estar cómoda con ello. El terrateniente se separó de ella y le dedicó una sonrisa enorme.

— Hace años que moría de ganas de hacer eso — tomó sus manos para besarlas a modo de despedida, luego agregó: —. Te amo, no lo olvides.

Y se alejó riendo por el pasillo, tan seguro como siempre. Sango aún intentaba procesar eso, delineando su boca con los dedos. No era un mal beso, pero aún así no se sentía bien con él. No era lo que deseaba, menos en esos momentos. Además, esos labios eran tan distintos a los de Miroku, menos acogedores, menos cálidos, menos delicados con ella. Suspiró, cerrando los ojos pensativa. ¿Qué iba a hacer? No podía seguir así, deseando los labios de otro que no era su futuro esposo… debía sacárselo de la cabeza de alguna manera, tenía que lograrlo. Volvió a entrar en el cuarto, cerrando la puerta tras de sí. Quizá si descansaba, al día siguiente pudiese encontrar respuestas y soluciones a todo eso que la afligía.

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Caminaba por el corredor buscando su habitación cuando escuchó esa molesta voz.

— Buenas noches.

Alzó la mirada y lo vio, algo que hubiese preferido evitar: el terrateniente y su amada Sango besándose. Ella tenía los ojos cerrados y correspondía, aunque pudo notar que estaba algo rígida. ¿Serían acaso los nervios? Ella solía ponerse nerviosa cuando él la besaba… pero nunca la había sentido así, rígida. Por el contrario, solía temblar un poco y trataba de relajarse… ¿Quizá era el primer beso que se daban…? Pero eso no tenía sentido, estaban comprometidos, seguramente se habían besado antes…

— Hace años que moría de ganas de hacer eso — murmuró Kuranosuke, tomando las manos de la castaña y besándolas —. Te amo, no lo olvides.

Lo vio alejarse y se ocultó tras la esquina del corredor, no quería que ella lo descubriera. Si ese era su primer beso, explicaba porqué ella estaba así. La miró de reojo, ocultándose tras la pared y notó cómo pasaba sus finos dedos por sus labios, como analizando lo ocurrido. Tal vez la había tomado desprevenida, de todos modos ella había correspondido…

¡Qué estúpido era! Sango estaba comprometida con ese hombre, era obvio que le correspondiera. Todo eso estaba bien, la castaña debía amarlo, por algo se iban a casar… no tenía porque cuestionar eso. De hecho, no tenía nada que pensar al respecto, sólo dejarla ser feliz. De todas formas, eso era lo que él le había deseado años atrás, la primera vez que pisaron ese palacio…

— Quizá ese siempre ha sido tu destino y yo soy el único que está sobrando en esta historia… — Murmuró, en tanto una lágrima recorría su mejilla.

Escuchó la puerta corrediza cerrarse y decidió seguir su camino hasta la habitación que le habían asignado, ingresó en ella y se recostó en el futón, desanimado. No había caso que siguiera con eso. Nunca podría olvidarse de la castaña, probablemente sus sentimientos por ella permanecieran siempre en su corazón, pero era momento de reconocer su derrota y dejarla vivir en paz. Después de todo, ese acaudalado joven podía ofrecerle todo lo que él jamás podría. Eso era lo mejor, él podría seguir adelante sabiendo que ella estaría bien, segura y feliz junto a alguien que la cuidaría y la amaría como se merecía. Jamás podría competir contra eso porque la había hecho sufrir demasiado. No quería volver a ver sus lágrimas ni su dolor, aunque eso le costara su propio sufrimiento.

Sus ojos azules se encontraron contemplando el techo. Aún estaba el tema de Miku… porque ella podía ser su hija, ¿no? Debía ser tonto para no darse cuenta, pero si era así… ¿Por qué Sango no se lo había dicho? ¿Significaba eso que lo quería lejos de la pequeña? Le hubiese encantado cuidarla, ser su padre… incluso darle entrenamiento. Pero eso significaba que seguirían en contacto, él viéndola realizarle sus sueños a otro hombre, mientras su vida se limitaría a seguir sin sentido… sólo el darle lo mejor que podía a su hija.

¿Querría evitar eso, acaso tanto la había lastimado que ya no deseaba verlo? Sintió esa presión en el pecho, un nudo en la garganta y su alma en pedazos tratando de salir, escapar en forma de llanto…

Recordó esa hermosa sonrisa, esa que llenaba su mundo cuando se la dedicaba a él, esa que era capaz de aliviar hasta sus dolores más profundos al verla… y decidió despedirse de ella, dejándola ir entre sus lágrimas silenciosas. Ya no volvería a lastimarla más.

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"Al otro día…"

El desayuno se llevaba a cabo con normalidad, entre los presentes comentaban cosas rutinarias mientras comían, nada que hiciera que ese día fuese diferente a los demás. Sango suspiró, estaba cansada a pesar de haberse levantado hace poco; no logró dormir bien debido a todos los problemas y líos que le recordaba su cerebro, y a los que no había podido encontrar solución. Más aún, la había sobrecogido su inconsciente, recordándole a Miroku, su trato, sus ojos, sus manos, sus labios…

— ¡Kohaku ha llegado de visita!

La noticia que dio uno de los guardias del palacio la tomó por sorpresa. Su hermano no solía ir a verlos, sólo aparecía en contadas ocasiones especiales y siempre decía que su entrenamiento lo mantenía ocupado. ¿Habría ocurrido algo especial, quizá…? Pidió disculpas a los demás y salió al encuentro de su hermano.

Pero no fue al único al que se encontró esperándola.

— Hola, Sango.

— ¿Kagome, eres tú?

No podía creer lo que sus ojos veían. Corrió a abrazarla, feliz de reencontrarse con ella después de tanto tiempo. La azabache correspondió el abrazo, feliz también de haber vuelto después de pensar que nunca los volvería a ver.

— Pero, ¿cómo…?

— ¡Kagome! — La voz de InuYasha interrumpió a Sango, dando paso a un emocionado e impaciente hanyō, que abrazó y levantó a la recién llegada. — ¿Dónde te habías metido? Pensé que no volvería a verte…

— Lo siento, yo también tenía deseos de verte, InuYasha… — Kagome sonrió, para luego dirigir su mirada al último de sus amigos. — Miroku, cuánto tiempo.

— Señorita Kagome, que alegría tenerla de nuevo con nosotros — saludó el aludido, sonriéndole también a ella.

— Kohaku, Kagome, ¿quieren desayunar? — Preguntó la castaña, cumpliendo su rol de anfitriona. — Mientras comen, nos pueden contar cómo es que llegaron juntos.

— Claro, hermana.

Todos acompañaron a la joven hasta un salón y esperaron mientras ella iba en busca de la comida, luego de que regresara y se sentaran a desayunar, Kagome y Kohaku comenzaron su relato.

— Luego de que me diera cuenta de mis verdaderos sentimiento y deseos, fui capaz de atravesar el pozo nuevamente. Sin embargo, al llegar a la aldea, la anciana Kaede me contó que Sango se había marchado hacía 6 años y que InuYasha y Miroku estaban en su búsqueda. Sin tener pistas ni nada, decidí esperar por su regreso, pero Kohaku llegó un día de visita…

— Sí, me alegré mucho de verla. Ella me preguntó si sabía dónde estabas, hermana, y como nunca mencionaste nada sobre ocultar tu paradero también de la señorita Kagome, decidí traerla hasta acá. No pensé que nos encontraríamos con todos en el palacio…

— Espera, Kohaku — InuYasha parecía molesto —. ¿Me estás diciendo que todo este tiempo supiste dónde estaba Sango y no nos dijiste nada? ¡Sabías que Miroku la estaba buscando, imbécil!

— InuYasha, no tiene importancia — trató de calmarlo el oji azul, con el rostro sereno.

— ¡Claro que la tiene, nosotros…!

— Si Sango le pidió que no revelara su ubicación por alguna razón, debes respetarla — Miroku le dirigió una mirada seria, dando el tema por finalizado.

InuYasha se cruzó de brazos, enfurruñado, mientras Kohaku bebía su té en silencio, Kagome miraba a todos con desconcierto y sin comprender nada, tratando de darle una explicación a todo. De pronto, la puerta corrediza se abrio e ingresó Miku, vestida aún con sus prendas de dormir, feliz saltó sobre Kohaku con alegría.

— ¡Tío Kohaku, pensé que no te vería hasta el cumpleaños de mamá! — Exclamó la pequeña, mostrando sus dientes en una amplia sonrisa. — ¿Podemos seguir practicando ese movimiento que me estabas enseñando la vez anterior?

— ¡Claro, cuando quieras!

— Miku, sabes que no debes salir de tu cuarto sin vestirte, vamos — Sango se puso de pie y le extendió la mano a la pequeña, ella la tomó casi de inmediato —. Lo siento, iré a cambiarla, si me disculpan…

Ambas castañas salieron del salón, seguidas de Kohaku, quien indicó que iría a dejar sus pertenencias a la habitación que le habían asignado; pronto Miroku también abandonó la sala, argumentando que deseaba estirar un poco las piernas, por lo que Kagome e InuYasha se quedaron solos.

— Ahm… bien, ¿puedes explicarme qué está pasando aquí? — Preguntó la recién llegada, mirando fijamente a InuYasha. — Aún no conozco la razón por la que Sango dejó la aldea, y menos porque no quería que ustedes lo supieran, y esa niña es… ¿su hija…?

— Espero que tengas paciencia, porque es una larga historia — respondió el hanyō, tragando de un bocado un trozo de pan —. Y estoy seguro que tú nos puedes ayudar.

Kagome asintió con la cabeza, ansiosa por conocer esos secretos.

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Se encontraba sentado en una de las tantas bancas que se encontraban en el extenso jardín, pensativo. Desea irse lo antes posible, aunque para él lo ideal era llevarse a su hija con ellos. Sin embargo, sabía que con la llegada de Kagome, no partirían pronto, porque ella no se rendiría hasta tener una respuesta y solución a todo eso. Seguramente InuYasha le habría contado todo y ella, en su afán de ver a sus amigos felices, trataría de unirlos de nuevo. Pero eso parecía una misión imposible, ¿no era mejor dejar las cosas como estaban y no intervenir?

El ruido seco del metal chocando contra otro metal llamó su atención. Buscó el origen del sonido y divisó a lo lejos a Miku entrenando con Kohaku, demostrando ambos una excelente habilidad. Algunos destellos que escapaban de pronto del lugar, le indicaban que la niña intentaba crear un campo de protección, no obstante, Kohaku se adelantaba a ellos, leyendo a la perfección los movimientos de su oponente.

— ¡Si quieres derrotarme, tendrás que ser menos predecible! — Exclamó el muchacho, esquivando un golpe y evitando nuevamente que ella creara una barrera. — ¡Y también más rápida!

La pequeña frunció el ceño, molesta al no poder acercarse a su tío, dando un par de golpes que él evadió sin dificultad. De pronto y de la nada, ella logró lanzarle una cadena, amarrando el tobillo izquierdo del guerrero y jalándolo, provocando que cayera al suelo. Kohaku parecía sorprendido, sin embargo eso no impidió que estuviese preparado y lograra escapar del siguiente golpe…

— Tiene la destreza de Sango, eh — la voz de InuYasha lo distrajo del espectáculo, en tanto se sentaba a su lado en su típica pose de brazos cruzados tras la cabeza.

— Sí, supe que la ha entrenado con especial cuidado — respondió, evitando mirar a su amigo, estaba seguro que él no había llegado ahí sólo para admirar las habilidades de Miku.

— ¿No vas a hablar con ella? — Preguntó, como siempre de forma directa, sin rodeos. — ¿Te rendirás así de fácil, después de todo…?

— Anoche la vi besándose con Kuranosuke — su mirada se entristeció, eso lo pudo notar fácilmente su amigo —. Aunque mis sentimientos no hayan cambiado, creo que ella tomó una decisión y la respetaré. Se lo debo, ¿no crees?

— Pero Miroku, tú… ¿ni siquiera lo vas a intentar? ¿Dejarás que ese niño bonito se quede con…?

— No es decisión mía, InuYasha. Sí ella es feliz así, si esa es la vida que quiere de ahora en adelante… sólo me queda desearle lo mejor.

El platinado bufó, no comprendía porqué Miroku se rendía tan fácilmente. Sango era su vida, su alegría, eso bien lo sabía él… Entonces, ¿por qué? ¿Qué razón tenía para dejarla irse sin siquiera pelear…?

— Tal vez nunca lo entiendas, pero ella ha sufrido demasiado. Es tiempo de que sea feliz de la forma que ella decida.

— ¡Few! — El hanyō resopló, irritado. Su amiga no sería feliz así, él mismo había visto ese dolor en sus ojos, ¿cómo hacérselo entender? — ¿Seguro que será feliz así? ¿Acaso la has visto sonreír alguna vez desde que llegamos aquí? Sé que no soy un experto en el tema, pero si fuese feliz, ¿no debería notarse?

Miroku cerró sus ojos, pensando. Era verdad, ahora que lo analizaba de esa manera, no la había visto sonreír ni siquiera cuando estaba con su prometido. ¿Eso realmente significaba que no era feliz, o podría haber otra explicación? La amaba y sólo quería que fuese feliz, ver aflorar esa radiante sonrisa en sus labios iluminando su rostro…

— Piénsalo Miroku. No vuelvas a cometer el mismo error.

InuYasha se puso de pie y se alejó, dejando al monje ensimismado. Tenía razón, no quería volver a cometer los mismos errores, pero tenía miedo de lo que ella pudiera decirle. Ya no quería verla llorar, sólo anhelaba su sonrisa y nada más…

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Analizaba detenidamente cada movimiento de los chicos, admirando la habilidad que habían adquirido: Kohaku ya era un exterminador experto, eso no lo podía negar; y Miku aprendía con rapidez y se notaba que llevaba el espíritu guerrero en la sangre. Sonrió satisfecha, sus esfuerzos estaban dando buenos resultados, su hija iba a ser muy fuerte, quizá más que ella.

Pero esos destellos de barreras a medio formar eran prueba evidente de que había algo que ella no podría enseñarle: entrenamiento espritiual. Negó lentamente, escuchando los consejos que le daba su hermano a la pequeña, sabiendo que eso podría ser un problema a futuro. Si no podía dominar bien sus habilidades, podría estar en peligro en un ataque o alguna batalla…

— ¿Así que tiene poderes espirituales, eh? — La voz de Kagome atrajo su atención, mientras se sentaba a su lado. — Bueno, es de esperarse, siendo hija de Miroku…

— InuYasha te lo dijo, ¿no? — Sango apoyó su mejilla en su mano derecha, mirando a su amiga.

— Aunque no lo hubiera hecho, me percaté de ello en cuanto la vi. Esos ojos azules y su presencia espiritual…

— Bien, supongo que InuYasha te dijo que Miroku no sabe nada aún — cerró los ojos, como tratando de evitar el tema.

— Sí, pero no lo entiendo… — La azabache la miró directo a los ojos, eso estaba mal. — Ustedes dos se amaban, iban a formar una hermosa familia juntos… ¿Y ahora resulta que le ocultas su hija a Miroku y te casarás con el terrateniente? ¿Acaso ya no amas a Miroku?

— Es complicado, Kagome — la castaña suspiró, eso era difícil, más de lo que hubiese pensado, pero era la decisión que había tomado —. Miroku me ha hecho sufrir bastante, ahora es tiempo de que pueda estar tranquila. Además, después de todo lo que ha hecho Kuranosuke por nosotras, no puedo rechazarlo. Es mi deber cumplir ese compromiso.

La sacerdotisa se quedó pensativa observando a su amiga, tratando de comprenderla. Sabía que Miroku había cometido errores, pero quizá si ella supiera la verdad, podría entender que él no quiso dañarla, sólo anhelaba darle un hogar… ¿realmente iban a separarse después de todo lo que habían pasado? Sabía, estaba segura – por lo que le había dicho el hanyō – que Miroku la amaba tanto como antes. Y, por esa mirada perdida y nostálgica, podía apostar que Sango sentía lo mismo. ¿Iban a terminar lejos el uno del otro, al final? No, ella no podía permitirlo, sus amigos merecían ser felices.

— No respondiste mi pregunta — dijo sin dejar de mirarla, no iba a dejar el tema tan fácil —. Además, ¿estarás bien con eso? ¿Segura que es lo mejor? ¿Podrá soportarlo tu corazón…?

— No sé qué es lo mejor, sólo sé que debo cumplir esa responsabilidad, ya no puedo seguir esperando.

— Pero Miroku vino por ti. Tal vez puedas seguir adelante con eso, sin embargo ¿podrás hacerlo si Miroku sufre con ello?

La interrogante la atravesó como un frío puñal en el corazón. Había pensado en sus sentimientos, sus deberes, en cómo lo haría ella. No obstante, nunca pensó en cómo afectaría eso al monje. ¿La seguiría amando? ¿Podría vivir si era la culpable de ver cómo se destrozaba su corazón? Quizá esa era la razón por la cual tenía miedo.

"¿Aceptarían tener un hijo conmigo?"

Apretó los puños, molesta al recordarlo. Él seguiría siendo siempre el monje mujeriego, pervertido y libidinoso que era, ya no había cambiado y eso significaba que podría seguir adelante lejos de ella.

— Él estará bien, después de todo no ha cambiado en nada y no le costará encontrar quien le de un hijo.

— Bien, de todas formas… — Kagome suspiró, poniéndose de pie. — Deberías hablar con él. Si tomaste una decisión, debes enfrentarlo. También debes decirle sobre Miku.

La dejó sola, pensando en eso. Era cierto, debía hacerse responsable de las decisiones que estaba tomando, por algo lo hacía. Suspiró, debía acabar con eso pronto.

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— ¿Y bien? ¿Cómo te fue?

InuYasha esperaba recostado en la rama de un árbol la respuesta de su azabache, luego de hablar con la muchacha del problema amoroso. Kagome se apoyó en el árbol, con la impresión de que su rol de cúpido no iba a resultar tan sencillo esta vez.

— Creo que logré hacerla pensar un poco, pero hasta que no hable con él, nada de esto se solucionará. ¿Y a ti?

Él bufó en respuesta, bajando del árbol de un salto, quedando al lado de la muchacha. Tenía un semblante serio, hasta preocupado, lo que asustó un poco a la sacerdotisa.

— Tal vez recapacite y trate de hacerla cambiar de opinión — también se apoyó en el tronco, más pensativo de lo normal —. Sé que debe haber tenido algún efecto mis palabras, aunque… anoche vio a Sango besándose con el terrateniente.

— ¿Qué? ¿De verdad? — Kagome parecía no poder creerlo, incluso se situó frente a InuYasha un poco ansiosa.

— Eh… sí, eso dijo Miroku — respondió confundido él —. ¿Eso es algo… malo?

— No lo sé, puede ser — Kagome comenzo a golpearse suavemente la cabeza con el índice, analizsndo la situación —. Estoy segura que Sango aún ama a Miroku, entonces ¿por qué besaría a otro hombre? ¿Quizá es cierto que ya no quiere nada con él…?

— ¿No crees que sea sólo por el compromiso? Además, no creo que ella haya tomado la iniciativa, ella no es de ese tipo de chicas…

— ¡Eso es! — Kagome golpeó su puño con la palma de su mano y luego besó a InuYasha en la mejilla. — Eres un genio, ¡claro que sí! Él debe haberla besado, ella sólo correspondio por educación…

— Ah… sí, claro, como digas… — El hanyō tenía las mejillas rojas, mientras se rascaba nerviosamente el lugar del beso. — A-Aho-ra ¿qué hacemos?

— ¿Qué no es obvio? — Ella tomó su mano y comenzó a caminar, llevándolo a rastras. — Debemos espiarlos.

— Eh… Ah… ¡Espera, Kagome!

— ¡Nada de esperas! Hay que encontrarlos.

Dichas estas palabras, siguió guiándolo por los jardines en busca de sus amigos. Sí que sabía manejar esos problemas la muchacha, él no era de andar espiando, pero ahora se habían convertido en cómplices para unir a sus amigos.

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Las nubes que danzaban en el cielo azulado proyectaban sombras difusas en el suelo, moviéndose al compás del viento suave que corría por los alrededores. Se detuvo para mirar una de esas sombras avanzar por el terreno y siguió su trayectoria con la vista, topándose con él al levantar la mirada, sentado junto al riachuelo a unos cuantos metros de ella. Se armó de valor para decidirse a avanzar en su dirección y hablarle, InuYasha y Kagome tenían razón, debía enfrentar sus decisiones.

— ¿Mi… Miroku?

Él alzó la vista y le sonrió, invitándola a sentarse a su lado, luego volvió a mirar el agua correr, ondeando el reflejo del claro cielo sobre ellos. Ella también fijó la mirada en el agua, sin saber qué decir, cómo empezar. ¿Cómo le explicaba todo lo que pasaba, por dónde empezaba, qué palabras debía elegir…?

— Antes de conocerlos, nunca creí que de verdad podría librarme de la maldición de Náraku — para sorpresa de la castaña, él rompió el silencio, sin dejar de mirar un punto fijo en el riachuelo —. Tampoco pensaba que podría enamorarme de alguien, menos llegar a amar… siempre creí que sólo debía luchar por mí, pues estaba prácticamente solo y moriría joven, por eso solía decirme que lo importante era disfrutar, sin ver por nadie más… hasta que llegaron a mi vida… hasta que te conocí — su ojos estaban cristalinos, perdidos en algún recuerdo, mientras su mano apretaba algo con fuerza, temblando mientras hablaba —. Todo cambió y, sin darme cuenta, llegó un momento en el que me importaba más tu seguridad y felicidad que la mía. Un momento en el que simplemente tu sonrisa era capaz de hacerme feliz…

A diferencia de él, Sango mantenía la mirada gacha, intentando que él no notara el par de lágrimas que habían logrado escapar de sus ojos. Ella lo sabía, muchas veces él lo arriesgó todo, y había prometido seguir a su lado… pero ahora, ¿qué iba a hacer…?

— Yo… no sé qué decir, lo siento…

— No es necesario que digas nada, sólo quiero que seas feliz — Miroku volvió a dirigirle una sonrisa, tomando su mano y presionándola suavemente —. Cuando te fuiste de la aldea, no sabía que hacer. Todo este tiempo me reproché haberte descuidado y sólo pensaba en encontrarte para pedirte disculpas y que todo volviera a ser como antes… pero te hice sufrir y no fui capaz de darme cuenta a tiempo. Nunca debí… jamás me lo perdonaré — suspiró, cerrando los ojos para evitar llorar —. Por eso, no debes decir nada, sé que ya perdí mi oportunidad y sólo me gustaría que me regalarás una sonrisa más…

— ¡No…! — Sango apartó la mano bruscamente del agarre de Miroku. — ¡No puedo! Yo…

— Está bien, comprendo…

— Me casaré con Kuranosuke dentro de poco…

— Lo sé — Miroku por fin dirigió su mirada azul hacia la de la castaña, decidido —. Eso te hará feliz, ¿verdad?

— Eso… — ¡Maldición, por qué tenía que mirarla a los ojos! No podía mentirle así, jamás podría. — Es mi deber, tengo que cumplirlo.

— De acuerdo, pero quiero que tengas claro algo: sólo quiero que seas feliz… — "Y no estaré tranquilo hasta que lo seas" pensó, limpiando con su pulgar una de las lágrimas de la mejilla de Sango —. No soporto verte llorar o sufrir, te mereces lo mejor…

La castaña sonrió, ese hombre realmente la amaba… ¿por qué lo estaba dejando ir? ¿No deseaba mirar esos ojos cada día, besar esos labios cada vez que pudiese, escuchar su voz susurrarle al oído…? ¿Cómo podía renunciar a eso, de verdad la responsabilidad era más grande que su felicidad? ¿Por qué no había pensado en eso antes?

— Gracías, Miroku…

— Así está mejor, esa sonrisa es todo lo que necesitaba. Y no me agradezcas nada, sólo… sigue sonriendo así.

Él se levantó, sacudiéndose las túnicas y comenzó a caminar en dirección al palacio. Sango suspiró, ¿ella sería capaz de soportar ese dolor en los ojos de Miroku? Porque podría sacrificar su felicidad, pero ¿la de él? Eso tendría que descubrir antes de celebrar la ceremonio, porque no se perdonaría cometer errores que siguieran dañando a su bonzo. De pronto recordó algo, se puso de pie y fue tras él, a paso rápido.

— Espera… eso no es todo — logró llamar su atención, él se volteó a mirarla con curiosidad, levantando una ceja para hacerle saber que la escuchaba —. Tienes que saber que… bueno, Miku es tu hija.


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¡Ta-dan! Poooor fin, el tercer capítulo. Sé que me odiarán porque los hice sufrir la mayor parte, pero termino con un poco de esperanza. De verdad, estoy planeando varias cosillas, pero... como dicen por ahí: "Te haré feliz, pero primero te haré fuerte".

Y regresó Kagome. Sí, se necesita a la Dra Cupido para ver si ayuda a estos dos a entenderse mejor.

ANUNCIO: Pronto vuelvo a la Universidad, es mi último internado - 3 meses del terror en la Neonatología - pero es con turnos, por lo que es probable que comience a demorarme más en actualizar. Haré mi mejor esfuerzo y, por supuesto, no abandonaré la historia, pero quizá vaya más lento.

ENCUESTA: Como seguramente me demoraré más, ¿prefieren capítulos más largos, o que los acorte y trate de actualizar más seguido?

AGRADECIMIENTOS: a mi fiel fifiabbs - te debo los MP de respuesta, mañana te lo mando ;) - y a Samura G - ¡ahí está Kagome! Jejeje.

Dejen sus reviews, no sean malitos ¿ya?

Un besote enorme, espero que nos leamos pronto =)