DISCLAIMER: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: Y lo odiaba por eso. Por alejarse, luego de que habían reafirmado su promesa de casarse y tener una familia juntos. Luego de que ella venciera todos sus temores y se convirtiera en su mujer antes de la boda. Luego de que rompiera las promesas de celibato sólo por sus ojos... Por eso, ya no lo seguiría esperando.
Por tus ojos…
Capítulo XII
"Decisión y miedos"
"Coleccionando diferentes tipos de soledad, por favor no llores sola,
no importa cuán separados estemos, creamos el uno en el otro.
Quiero seguir sonriendo así, sin herirte.
Esas emociones que se desvanecen con el tiempo, no quiero sentirlas de nuevo.
Incluso si tus sentimientos se alejan mañana, mi amor permanecerá inmutable.
Incluso si mañana no puedes verme, mi amor permanecerá inmutable.
Por favor, sólo mírame a mí. Por favor no dejes ir mi mano.
Caminaré siendo uno hacia el futuro no prometido,
seguiré caminando firme, hacia el futuro en el que estás… "
— Cassis; the GazettE —
Había aminorado el paso, con la esperanza de que ella pudiese darle alcance, pero tras varios metros, se resignó a la idea de que no abandonaría el palacio. Un profundo peso se hizo presente en su pecho, ofuscándolo y oprimiéndolo, pero intentó ignorarlo. Ahora debía encargarse de su pequeña hija, hacerla feliz y así, intentar amortiguar ese dolor que se negaba a irse de su corazón. Divisó a sus amigos unos metros delante de él y apresuró el paso para llegar a su lado, negando con la cabeza en respuesta a las interrogantes miradas de ellos.
— ¡Qué terca es Sango! — Gruñó InuYasha, resoplando molesto. — ¡Cuando la vuelva a ver, le diré un par de cosas! Como si fuese buena idea desperdiciar 6 años buscándola, para que ella decida no volver…
— Pero InuYasha, sabes que las circunstancias son las que llevaron a que ella esté así…
— ¡Circunstancias! — Él interrumpió a Kagome, no estaba de acuerdo con eso. — Al principio, sí, pero ahora… ¡Few, Sango es una mujer fuerte, la he visto superar cosas peores! ¡Si esto le gana, es sólo porque se está dejando derrotar! Es una tonta…
— Está comenzando a nevar — la suave voz de Miku cortó los reclamos del oji dorado, mientras alzaba su mano para atrapar un pequeño copo de nieve y sonreía.
— Lo que faltaba… — InuYasha dejó de bufar, se sacó su haori y lo colocó en los hombros de la azabache. — Ten, para que no te resfríes.
— Gracias, pero tú…
— Recuérdalo, soy un hanyō, no voy a enfermarme tan fácil.
Kagome asintió y luego miró a sus otros compañeros de viaje: Miroku ayudaba a su hija a abrigarse con una capa gruesa de lana que ella llevaba en su equipaje y a protegerse la cabeza, Kohaku iba con su traje de exterminador, por lo que no necesitó abrigarse más y Kirara se había transformado y la miró, haciéndole un gesto para que se acercara.
— Quiere que subas — aclaró el exterminador, con una sonrisa —. No le gusta la nieve, de seguro quiere que nos apresuremos.
— De acuerdo — la sacerdotisa le agradeció a la felina y subió a su lomo —. ¿Y ustedes?
— Yo estoy acostumbrado a correr al ritmo de Kirara, así que no hay problema — respondió el castaño, con una sonrisa.
— Y yo, al de InuYasha, pero quizá sería mejor que Miku fuera con usted y yo, a caballo — propuso Miroku.
— Parece una buena idea — apoyó Kohaku, mirando a los demás para pedir su opinión.
— ¡Few, a mí no me miren! Yo no necesito de ayuda para ir rápido.
— Por mí está bien, pero tío… creo que de todas formas, deberías ir o a caballo o en Kirara…
— Podemos turnarnos, creo que sería lo mejor…
— Pero eso implicaría hacer más pausas, y nos retrasaríamos…
— ¡Ay, cómo fastidian! — El platinado se acercó a Kirara y le hizo un gesto a Kagome. — Yo te llevaré en mi espalda, así Kohaku o Miroku van con Miku en Kirara y el otro, se va a caballo.
Todos se quedaron mirando al hanyō, un poco sorprendidos, pero luego asintieron de acuerdo con la idea.
— ¡Tu cerebro sigue funcionando, después de todo, InuYasha!
— ¡No molestes, Miroku! ¡O te demostraré cómo sigue funcionando mi espada!
— Ya basta, la nieve está comenzando a caer en mayor cantidad, así que creo que será mejor que nos apresuremos.
Soltando un bufido, InuYasha acomodó a la azabache en su espalda y esperó a que los demás se prepararan: Miroku iría con Miku en Kirara y Kohaku, a caballo. Una vez todos listos, el hanyō comenzó a apresurar el paso, pero de pronto la voz de la menor lo detuvo.
— Quizá no sea momento de apresurarnos aún.
Todos la observaron un tanto confundidos, más al ver su sonrisa. ¿Habría sentido algo?
"— Que seas muy feliz.
La noche caía silenciosa y ella iba sumida en sus pensamientos cuando fue interrumpida por la figura del monje. Siguió su camino, en tanto él se ponía de pie y se dirigía en la dirección opuesta, para encontrarse con ella a mitad del pasillo y susurrarle esas palabras. Al oírlas, fue como si algo se rompiera dentro de ella. En esos momentos, sólo tenía anhelos, sueños, fantasías de que algo más pudiese pasar entre ellos, pero nada concreto, ni siquiera una señal. Y esas palabras fueron un fuerte golpe, considerando que al parecer, él daba por hecho que se quedaría en el palacio y se casaría con el terrateniente. Se volteó para responderle algo, mas no sabía qué, ella deseaba algo distinto a ese panorama en esos momentos. Miles de ideas comenzaron a arremolinarse en su cabeza, imágenes de un futuro que podía ser hermoso, viendo cada día esos ojos azules profundo… Un sentimiento sobrecogedor la invadió y luego recordó la reputación del bonzo y sus mañas, sintiendo una ira profunda por no ser ella la única que ocupara sus pensamientos.
Cuando dieron la alerta del demonio, su sangre ya hervía por la furia y el deseo de desquitarse con algo la hizo pelear enérgicamente contra el oso gigante. Sin embargo, se descuidó y eso pudo haberle costado caro.
Pero – como siempre – Miroku se había dado cuenta de la situación y la salvó, encargándose él mismo de exterminar al espíritu rencoroso del oso. Y en ese momento se dio cuenta que, pese a todo lo que pudiese pasar, prefería seguir a su lado para intentarlo. Porque fue la primera vez que se percató que él siempre estaba para ella, y eso podía ser una señal. No sabía qué les esperaba en el peligroso camino que habían elegido, pero a pesar de las dudas y la incertidumbre, seguiría hasta el final. No se rendiría, porque su corazón le hizo entender que él podría hacerla feliz…
— Qué alegría… Continuaremos este viaje con tu agradable presencia.
De manera sutil, él era capaz de hacerla sentir mejor. Y a pesar de sus malos hábitos y perversiones, se dio cuenta que así lo estaba comenzando a querer…"
Seguía de pie frente a la entrada, presionando con fuerza lo único que le quedaba de él, mirando el camino por el que se alejaban cada vez más, sus amigos y su familia; y con el recuerdo que había gatillado la frase de despedida de Miroku, haciéndole eco profundo en su interior. En ese tiempo, a pesar de que no tenía nada seguro, de que ni siquiera tenía la certeza de que él sintiera algo por ella, había decidido seguir a su lado, cargando con la incertidumbre y sólo aferrándose a anhelos secretos, que jamás quiso compartir con nadie, ni siquiera se los había contado a su amiga Kagome, tampoco al bonzo después de haber declarado sus sentimientos.
Una lágrima resbaló por su mejilla, ella seguía teniendo los mismos anhelos, y ahora tenía la certeza de que él la amaba. Se lo había dicho en más de una ocasión, sin miedo, sin remordimiento. Aunque fuese algo prohibido, aunque ella lo alejara… él seguía declarando que la amaba, que quería que fuese feliz y que respetaría sus decisiones. Si ahora tenía esa seguridad que años atrás no, ¿por qué seguía dudando? ¿Por qué tenía miedo, por qué no se dejaba atrapar por él de nuevo?
— ¿Por qué no los sigues?
La voz de Kuranosuke la sacó de sus pensamientos. Levantó la mirada hacia la de él, y vio en sus ojos algo que hacía tiempo no encontraba: comprensión. El terrateniente le limpió la lágrima que rodaba por su mejilla y le sonrió de forma cariñosa.
— Yo debo quedarme con usted, ¿o no? Esa fue mi promesa…
— No, Sango — él negó con la cabeza, sin dejar de mirarla —. Ya no debes permanecer aquí, tu promesa ya está cumplida: me diste 6 años maravillosos. Pero hay otras personas a las que también les hiciste promesas: tus amigos, tu hermano, Miku… y el monje Miroku. Y esas promesas fueron sinceras, hechas con el corazón, no sólo por el simple hecho de retribuir algo. Son promesas que no sólo les hiciste a ellos, sino que a ti misma. Por eso debes cumplirlas, no te falles a ti misma…
Sango guardó silencio, eso tenía demasiado sentido, pero aún así no podía decidirse a dejarlo todo. No era que no quisiera cumplir sus promesas, lo que pasaba era distinto.
— Tengo miedo — al decirlo, su pecho se liberó de un gran peso, pero en su lugar apareció un dolor penetrante.
— ¿A qué le temes?
— Yo… temo no ser capaz de cumplir. No ser la mujer que él desea. Aquí era tan sencillo como adaptarme a las normas y cumplir sus deseos, pero con Miroku… — Suspiró, siempre tuvo ese temor, aunque jamás había sido capaz de admitirlo. — Él es un hombre completamente diferente a usted: es mujeriego, pervertido, vividor… y yo, por el contrario, soy tímida en esos aspectos, con poco conocimiento sobre el tema, además de conservadora y…
— Y él te ama así tal cual — Kuranosuke la silenció, le tomó las manos y le mostró el anillo que ella atesoraba entre ellas, con una sonrisa —. Yo dudaba de él por su reputación, pero no pude estar más equivocado. Sango, eres un antes y un después en su vida, te ama como jamás amaría a otra mujer. Anhela estar contigo, y lo único que quiere es ver tu sonrisa todos los días. Si él te hace feliz, tú lo harás feliz a él.
— ¿Y… si se aburre de mí en algún momento?
— Sería el hombre más estúpido, pero creo que debieses darte la oportunidad de averiguarlo. La Sango que yo conozco, no se hubiese dejado intimidar por ese tipo de temores: les hubiese hecho frente y habría luchado hasta vencerlos. Es lo que debes hacer, porque es lo que quieres. Por algo tienes ese anillo contigo, pero creo que es hora de que dejes de tenerlo guardado entre tus ropas y lo uses donde corresponde.
— Gra-Gracias…
— De nada. Ahora apresúrate, sino tendrás dificultades para alcanzarlos.
— Bien, iré por mis cosas…
— Aquí están — él le alcanzó sus pertenencias, sorprendiéndola —. Confiaba en que tomarías la decisión correcta, por eso me adelanté, para que no perdieras tiempo.
— Gracias, de nuevo — Sango tomó sus cosas y se las acomodó, luego se acercó a Kuransuke y le dio un abrazo —. Deseo que también encuentres la felicidad, eres un buen hombre. Adiós.
— Lo haré, no te preocupes. Adiós.
La castaña atravesó la puerta principal y sintió en su mejilla algo frío, levantó la mirada hacia el cielo y pudo ver como caían copos de nieve. Sonrió, volvió a despedirse con un gesto de su mano y apresuró el paso por el camino, ansiosa de alcanzar a sus amigos.
— Espero que seas muy feliz, Sango.
Dichas estas palabras, el terrateniente ordenó que volvieran a cerrar las puertas principales del palacio.
Caminaban a ritmo normal, aunque el oji dorado estaba comenzando a aburrirse, en especial si seguía escuchando a Kagome y Miku cantar esas canciones infantiles que lo irritaban. Bufó, mirando por enésima vez el cielo y rezongando porque la nieve pronto podría empezar a caer más abundante.
— Aún no entiendo el punto de no apurar el paso, enana — le volvió a reclamar, ya bastante más molesto que la primera vez.
— No trates así a mi hija, InuYasha — Miroku le reprochó, ese tono también lo estaba irritando a él —. Ya dijo que quería disfrutar el paisaje antes de partir.
— Lo siento, tío InuYasha, pero si no volveré aquí en algún tiempo, quiero ver la última nevada…
— Puras patrañas.
— Ya basta InuYasha, deja de reclamar por todo — Kagome suspiró enfadada, esa actitud iba a exasperar a todos —. Es sólo un momento, pronto avanzaremos más rápido, pero recuerda que viajas con humanos, una pequeña entre ellos, por cierto. Así que cuida tus palabras y tu tono de voz, para la próxima no reprimiré mis deseos de decir la palabra mágica para que te comportes… ¿Qué te parece gracioso ahora?
La pregunta de la azabache se debía a que el hanyō le había observado con indiferencia todo el regaño, pero de pronto había comenzado a sonreír como si lo que dijera fuese una historia divertida. Él no respondió, simplemente la ignoró, le hizo un gesto con la mano a Miku y siguió caminando, con los brazos tras su cabeza. La infante le sonrió en respuesta al gesto, y volvió a entonar la canción que había dejado a medio terminar por la interrupción del platinado. Miroku y los demás intercambiaron miradas confundidas, eso había sido extraño, pero ambos siguieron en lo que estaban, ignorándolos.
El bonzo suspiró, estaba haciendo un enorme esfuerzo por mantener el ánimo en alto – o por lo menos, aparentarlo – pero estaba seguro que no sería capaz de lograrlo por mucho tiempo. Se detuvo un momento y pensó en Sango, su delicada figura, su sonrisa, su voz pronunciando dulcemente su nombre en un susurro…
— Miroku…
La anhelaba tanto, que ya la estaba escuchando. Negó con la cabeza, su imaginación iba a matarlo si seguía así. Se percató de que sus amigos habían seguido avanzando y se apresuró a darles alcance, pero un suave tirón de la manga de sus vestimentas lo hizo detenerse en seco.
— Miroku.
Esta vez no fue un susurro, la voz fue clara y él estuvo seguro ahora, de que no era su imaginación jugándole una broma. Se volteó con el corazón detenido y se encontró con ella, su Sanguito, tras él, con la mejillas levemente rosadas y una mirada tímida, que se dirigió al suelo en cuanto sus ojos se encontraron. La abrazó, sintiendo como si la vida le regresara al cuerpo.
— Sango… viniste.
La estrechó entre sus brazos, como intentando descubrir que fuese real, que no era una ilusión, o su imaginación, o un sueño…
— Sí, lamento el retraso, yo… tardé en darme cuenta de qué era lo que realmente quería.
— No importa, estás aquí… yo… yo…
No supo qué decir, por primera vez se había quedado sin palabras, su cerebro sólo era capaz de verla a ella, no encontraba palabras para expresar su felicidad. La volvió a abrazar, sin darse cuenta que estaba llorando de alegría, un enorme peso se le había quitado de encima.
— ¿Miroku? ¿Estás… llorando? — Preguntó ella asustada, separándose un poco de él para mirarle el rostro cubierto por las lágrimas. — Pero… ¿Por qué? ¿Acaso hice algo mal…? No llores, por favor…
Limpió sus lágrimas, sin comprender qué le ocurría al monje, que la volvió a envolver con sus brazos, no deseaba volver a separarse de ella.
— No has hecho nada mal, por el contrario — él le besó la frente, sintiendo que su corazón no daba más de felicidad —. Estoy feliz de que estés aquí.
— Pero estás llorando…
— Sí, pero es de felicidad. Es… — Suspiró, seguía sin encontrar palabras para explicar lo que sentía, era un sentimiento tan profundo, tan reconfortante. — Es realmente maravilloso tenerte aquí, pequeñita.
— Gracias, yo… — Ella se sonrojó un poco más, a decir verdad sabía lo que quería, pero aún tenía algunas dudas y miedos, no quería volver a decepcionarse. — Me alegra saber que estás feliz.
Miroku la miró detenidamente un momento y vio la tímida sonrisa que cruzaba sus labios, una auténtica sonrisa suya. La levantó un poco en el aire, sin dejar de abrazarla y la besó sin poder resistirse más, sorprendiéndola. Sin embargo, Sango correspondió el gesto, aunque de forma temerosa, lenta e insegura, como si fuese el primer beso que se daban. Fue corto, pero suficiente para que él reafirmara su convicción de que amaba cada partícula de ella.
— Miroku, yo no… es decir, yo acabo de…
— Lo sé, no tienes que decírmelo. Si así lo deseas, iremos lento… pero no me pidas que mantenga distancia, porque es imposible, ahora que estás aquí.
— Está bien, gracias… — Volvió a sonreírle, con los ojos brillantes. — Tampoco es que quiera estar lejos de ti.
Lo último lo dijo en un susurro casi inaudible, pero llegó de todas formas a los oídos del monje, que sonrió ante la afirmación. Luego tomó su mano y la encaminó hacia sus amigos. Eso iba a ser el comienzo de su nueva aventura.
Se habían detenido al darse cuenta que su compañero ya no les seguía el paso. Kohaku y Kagome estaban extrañados, mientras que Miku e InuYasha parecían tranquilos y seguros de que todo estaba bien con el moreno.
— ¿Le habrá ocurrido algo? — Volvió a preguntar la sacerdotisa, mirando hacia el camino, con un dejo de preocupación asomándose en su voz.
— Quizá sólo necesita estar solo… para ordenar sus ideas, o darse ánimo — dijo el castaño, también mirando en la misma dirección.
— Dejen de preocuparse, Miroku sabe bien cómo cuidarse. No sería primera vez que viaja solo, tampoco — agregó InuYasha, aunque su tono era más tranquilo que un rato atrás.
— Papá está bien, sólo debemos esperarlo un poco — la pequeña oji azulada parecía más animada de lo que la habían visto durante el resto del viaje.
— Oye, InuYasha… pensé que tenías prisa por irte.
— ¡Claro que sí! Lo único bueno de este lugar era la comida — rezongó, la aldea seguía siendo el lugar en el que quería vivir, después de todo, y ansiaba llegar pronto —. Pero no podemos dejar a nadie atrás.
— ¿No creen que sería mejor ir a buscarlo? Se está tardando bastante — Kohaku comenzó a sonar preocupado, de verdad hasta un poco ansioso —. ¿Y si se topó con alguna muchacha…?
— Creo que has acertado, Kohaku — inquirió el oji dorado, olfateando un poco antes de sonreír confiado —. Saben que hay cosas de Miroku que nunca van a cambiar, pase lo que pase.
— Pe-Pero… ¡Agh, no puedo creerlo! — Kagome estaba indignada, ¿cómo era posible que siguiera cometiendo las mismas estupideces de antaño? — ¡Ahora mismo iré a ponerlo en su lugar!
— No creo que sea necesario, ahí viene — informó el hanyō, sin que esa sonrisa abandonara su rostro.
El resto del grupo permaneció con la vista fija en el camino que llegaba hasta ellos, esperando al oji azulado. La menor saltó de pronto del lomo de Kirara y salió corriendo en la dirección por la que aparecería su padre, con una alegría radiante que llamó la atención de los demás. Desapareció y a los pocos segundos, vieron al monje acercarse con paso tranquilo y feliz, caminando tomado de la mano de Miku, quien sostenía con su otra mano, la de Sango. Era una imagen perfecta, los tres se veían en armonía. El exterminador sonrió, su hermana había tomado la decisión correcta, después de todo.
— ¿S-Sango? — Tartamudeó un poco Kagome, luego se volteó hacia InuYasha, molesta. — ¡Tú lo sabías! ¡¿Por qué no nos lo dijiste?! — Lo agarró por las solapas de su traje, remeciéndolo con fuerza, mientras el aludido sudaba nervioso, seguramente adivinando lo que vendría. — ¡Por eso dejaste de reclamar, debí suponerlo! ¡Y hasta te atreviste a preocuparnos al afirmar que se había encontrado con una chica! ¡Eres un…! ¡Abajo! ¡Abajo! ¡Abajo!
Cuando los demás llegaron a su lado, InuYasha ya estaba varios metros bajo tierra y Kagome se encontraba un poco más calmada. Sango sólo les sonrió, era una escena que hacía tiempo no presenciaba y eso le traía muchos recuerdos, la mayoría de ellos agradables. Antes de que pudiese decir algo, fue rodeada por los brazos de su amiga, en un recibimiento enérgico.
— Kagome…
— Me alegra que hayas decidido volver con nosotros. Esto no es lo mismo sin ti.
— Gracias…
— ¡Agh, Kagome, algún día me las pagarás! — Reclamó InuYasha, levantándose por fin del suelo. — ¡Sólo quiero protegerte y estar a tu lado, y tú…! ¡Me maltratas de esta forma!
— Lo siento, pero deberías habernos dicho de Sango desde un principio…
— ¿Y arruinar la sorpresa? Fue Miku la que ocultó primero la información… ¡Además, no es excusa!
— ¡Ya te pedí perdón!
— ¡Few, cómo sea! — El hanyō volvió a cruzarse de brazos, ignorando a la azabache para dirigirse ahora a la castaña. — ¡Y tú, Sango! ¿Crees que te dejaré pasar esto así de fácil? ¡Por favor! Sé que ese demonio se aprovechó de todo esto, pero ¡tú eres Sango, la exterminadora! ¿Lo olvidaste? ¡Eres una de las personas más fuertes que conozco, eso no podía vencerte así de fácil! Espero que algo así no vuelva a pasar y te alejes, porque es bueno tenerte de vuelta.
— No te preocupes, InuYasha, trataré de seguir así.
— ¡Je, más te vale!
Miroku sonrió mientras su amigo le reclamaba a la castaña, en tanto colocaba a la pequeña Miku sobre el lomo de Kirara para emprender el viaje de regreso, ya con todos reunidos.
— ¿El tío InuYasha está enojado con mamá? — Preguntó la menor en un susurro a su padre, un poco preocupada.
— Claro que no, pequeña — le respondió él, acomodándole mejor la capa sobre sus hombros —. Esa es la forma en la que él le da la bienvenida. Siempre ha sido así.
Miku asintió con la cabeza y luego le sonrió al hanyō, quien la había mirado perspicazmente al escuchar su pregunta. Después de un par de arreglos en el equipaje que llevaban, se pusieron de acuerdo en cómo viajarían – sobre Kirara irían Miku junto a sus padres, Kohaku a caballo e InuYasha llevaría a Kagome en su espalda – y partieron el viaje lo más rápido que pudieron, para escapar de una posible tormenta más fuerte.
— No serás suficiente para él, jamás lo serás.
— Cállate, eso no es cierto.
— Sabes que sí. Al principio, será todo para ti, te jurará amor eterno y que serás la única en su corazón, pero luego de un tiempo se aburrirá… cuando los años se empiecen a notar, cuando la rutina del hogar te empiece a demacrar, cuando el estar contigo todas las noches comience a cansarlo… ahora te anhela porque eres algo inalcanzable, algo que extraña, pero nunca ha sido hombre de una sola mujer, menos si luego le das más hijos… ¿te seguirá queriendo gorda, con los pechos caídos por amamantar a tus bebés? O, incluso antes de eso, ¿seguirá encontrando atractivo tu cuerpo lleno de cicatrices, las que se notarán más luego de que tu piel ceda, o incluso cuando tengas las estrías típicas del embarazo? Además, tú no eres el tipo de chica que le gusta: recuerda que cortejaba princesas o aldeanas indefensas, frágiles, femeninas… tú no eres así, por el contrario, eres una guerrera, fuerte, independiente…
— Ya basta, no quiero seguir escuchándote.
— Puedes intentar callarme, pero sabes que no cumplirás sus expectativas, esa fue una de las razones por las que también huiste hace 6 años…
— ¡Silencio!
Se despertó agitada, con el corazón afligido y reclamándole a la oscuridad de la noche. Miró alrededor, la habitación estaba en silencio, su hija dormía tranquila a un par de metros de ella, en el otro rincón se encontraba su azabache amiga, también en los brazos de Morfeo. Suspiró, ya llevaban cerca de una semana viajando, y todas las noches era lo mismo: era un simple sueño, pero esa voz siempre despertaba los miedos que durante el día ella vencía para seguir adelante.
— ¿Estás bien?
La voz de Miroku la sorprendió. Alzó la mirada hacia él, que se encontraba sentado junto a la puerta, oculto por las sombras. Sólo se podían distinguir bien sus ojos, que la miraban fijamente.
— S-Sí… sólo era un mal sueño.
Él se puso de pie y se acercó a ella, abrazándola cálidamente por la espalda, tratando de entregarle todo su apoyo en ese gesto. De cierta forma, sentía que habían cosas que ella aún no le confiaba, y estaba seguro que la situación no mejoraría hasta que eso cambiara.
— ¿Estás segura? — Le preguntó de forma suave, tampoco quería que se sintiera presionada. — No es primera vez que despiertas así. ¿Qué ocurre?
Sango agachó la mirada, pensando. No quería ser un problema para él, verse insegura frente a lo que estaba dándole. Pero seguía teniendo miedo y cada vez era más fuerte, a pesar de que Miroku espantaba todos esos pensamientos con sólo mirarla, esos sueños volvían a alimentar esos sentimientos, provocando que cada noche temiera más llegar a la aldea. No quería enfrentarse al compromiso real, porque ese momento podría volver todos sus miedos realidad. Cerró los ojos, tratando de retener las lágrimas, se suponía que ella no era así y él la quería de vuelta. ¿Cómo podía ofrecerle algo que aún no tenía?
Miroku la acercó un poco más a su cuerpo, besándole la frente con cariño, para luego apoyar su cabeza en la de ella, brindándole tranquilidad, dejándole sentir que estaba allí, con ella, que podía contar y confiar en él. Ella dejó descansar su cabeza en su hombro, ordenando sus ideas para responderle al monje, no quería preocuparlo de más, pero tampoco que él sintiera que ella no confiaba en su persona.
— No es nada, sólo… No quiero fastidiarte, estoy bien. Soy fuerte, ¿no?
— Sanguito… — El oji azul suspiró, apretando un poco más el abrazo. — Claro que eres fuerte, lo has demostrado más de una vez y esa es la imagen que muestras a todos — le sonrió, haciendo una breve pausa antes de continuar —. Y amo eso de ti, pero también amo el lado que pocos conocen, ese lado que muestra inseguridad y temor. Todos tenemos miedos, pequeñita, y eso es normal. Quiero que confíes en mí, estoy aquí para apoyarte en todo lo que necesites. No pienses que me fastidiarás con tus problemas, porque no es así. Sólo quiero ayudarte y verte feliz. ¿De acuerdo?
— De acuerdo…
— ¿Me dirás qué te aflige, entonces?
Ella levantó la vista, perdiéndose en la mirada profunda de él y volviendo a olvidarse de todos sus miedos, porque esos ojos le entregaban toda la seguridad que necesitaba. Le sonrió con un leve sonrojo en las mejillas, ese monje podía dejarla al descubierto con sólo mirarla.
— Ya no importa, si sigues a mi lado, todo estará bien.
— Está bien, pero si vuelve a afligirte otro mal sueño, o cualquier cosa, sabes que puedes contar conmigo.
— S-Sí, gracias…
— De nada… Ahora, será mejor que descansemos, necesitamos energías para seguir el viaje mañana.
La castaña asintió con un gesto y volvió a acomodarse para seguir durmiendo, esta vez sin miedos que interrumpieran su sueño. Por lo menos no por esa noche.
"Al día siguiente…"
La fogata en la que se cocinaba el almuerzo, les brindaba calor pero los leños se estaban consumiendo rápidamente, por lo que pronto deberían partir de nuevo. Ella revolvió el contenido de la olla, mientras dejaba que su cuerpo aprovechara el fuego, el frío jamás había sido su amigo. Escuchó a lo lejos a su hija cantar y sonrió, todo parecía estar en orden, tan perfecto y equilibrado.
— Te ves mucho mejor, me alegro — Kagome la abrazó por los hombros, acercándose al fuego también.
— Gracias, me siento mejor — le respondió con una sonrisa, estar con ellos en un viaje le daba una extraña energía, sentía que había recuperado algo perdido hace tiempo.
— ¡Qué bien! — La peli negra estaba feliz, una radiante sonrisa cruzó sus labios, las cosas de a poco volvían a ser como debían. — ¿Y cómo van las cosas con el monje Miroku? Debes estar deseando llegar pronto a la aldea para que puedan casarse al fin, ¿no?
Sango pareció dudar un segundo y su amiga pudo notar una sombra cruzar su semblante, algo no estaba del todo bien con eso, pero ¿qué?
— Yo… no lo sé, es demasiado pronto y creo que debemos darnos un tiempo…
— ¿Tiempo? — Eso la sorprendió, ellos se amaban y ya habían pasado suficiente tiempo separados. — Pero si se aman, ¿para qué esperar? De verdad, creo que no hay razón, son felices juntos… a menos que… — Observó a la castaña unos segundos, analizando su mirada, algo estaba pasando en la mente de su amiga. — ¿Tienes miedo de algo? ¿Qué ocurre, por qué estás insegura?
La aludida miró el contenido de la olla como si le fuese a dar las respuestas, luego cerró los ojos y suspiró pesadamente, su amiga no iba a quedarse tranquila hasta que supiese qué pasaba, y si lo pensaba bien, ella era la persona más indicada para aconsejarla en esos momentos.
— No es algo que tenga del todo claro, pero cuando pienso en el futuro, en casarme con Miroku y vivir con él… bueno, no sé cómo explicarlo, pero varios pensamientos me invaden. Sé que pueden ser hasta tontos, pero de todas formas, siento que quizá no pueda enfrentar eso…
— ¿Enfrentar? — La azabache estaba confundida. — Sango, lo que vivirás con Miroku no es un obstáculo, no es algo que debas vencer. Es una oportunidad de ser feliz, de amar y ser amada, de formar la familia que siempre deseaste… ¿qué es lo que te aflige?
— Yo… lo siento, sé que es estúpido que sienta esto después de todo lo que hemos vivido, pero no puedo evitarlo — inhaló profundo, dándose ánimos para confiarle sus temores a su amiga —. Tengo miedo, Kagome. Miedo de arruinarlo todo. De no ser suficiente para Miroku. De que la rutina, la edad, los cambios físicos, o mis celos y personalidad guerrera terminen aburriéndolo. Él es… es completamente distinto a mí, no sé si pueda hacerlo feliz siempre. Además… — Cerró los ojos, no era fácil para ella decir eso, pero ya había comenzado y no iba a detenerse hasta que terminara. Una lágrima solitaria recorrió su mejilla antes de que continuara. — Yo… yo… no sé si seré capaz de responderle como mujer, tengo miedo de que no sea lo mismo… tan sólo pensar en eso me aterra, no quiero ni imaginar cuando llegue el momento… yo no me siento digna de él… y, después de todo lo que pasó, no hay forma de que eso cambie…
Ahora las lágrimas corrían sin impedimentos por su rostro. Kagome la abrazó, dejándola llorar unos segundos, mientras buscaba las palabras adecuadas para confortarla. Ella sabía que su amiga iba a necesitar apoyo para superar todo lo que había vivido en el palacio, pero más allá de eso, estaba segura que algo de esos sentimientos oscuros no le permitían superar esos miedos.
— Está bien, es comprensible que tengas miedos, más con alguien como Miroku, que tiene un pasado tan comprometedor… Pero él te eligió a ti, no por nada te buscó por 6 años y no se dio por vencido hasta tener de vuelta a nuestra Sango — la sacerdotisa le sonrió, tratando de animarla —. Él te ama y estoy segura de que jamás se aburrirá de ti. Hay un dicho en mi época que dice "polos opuestos se atraen", es decir… que dos personas totalmente distintas se unen más. Siempre he sentido que ustedes dos se complementan a la perfección y sé que juntos, pueden superar lo que sea. Sé que hay cosas que serán más difíciles, pero él no te dejará sola frente a ellas. Es probable que en la intimidad sea más complicado por todo lo que pasaste, pero estoy segura que él lo entenderá y te ayudará a superarlo. Si quieres mi consejo, yo te diría que lo mejor es que hables con él y le digas todas estas cosas. Entre los dos podrán encontrar una solución a esto y verás que te sentirás mejor.
— Pero… ¿no crees que lo encontrará tonto?
— Claro que no, Sango. Quizá el tenga miedos similares, u otros, y tú no lo sepas. Habla con él, es la única forma en la que podrás sacarte esos miedos.
La castaña asintió con la cabeza para luego limpiarse las lágrimas y agradecerle a su amiga. De verdad necesitaba que alguien la escuchara y le aclarara que los miedos que tenía no eran una estupidez. Eso la aliviaba bastante.
— Con este, será lo último — dijo el platinado, cortando la rama de un árbol con su espada y luego convirtiéndola en leños más pequeños.
— Sí, después de todo ya nos queda poco — agregó el monje, agrupando los maderos para que los llevaran al campamento.
— De acuerdo.
Entre los dos cargaron gran parte de lo recolectado, dejándole un resto a Kohaku y a Miku, quienes se adelantaron por el sendero, dejando rezagados a los dos mayores. Miroku suspiró luego de ver a su pequeña hija alejándose, era tan feliz de tenerla a su lado junto a su madre…
— ¿Todo está bien?
Se sorprendió con la pregunta de su amigo, aunque luego recordó que había compartido esos últimos 6 años sólo con él, se conocían tan bien que un simple gesto era capaz de encender las alarmas en el otro. Sonrió, mirando a su compañero con confianza.
— La verdad, estoy preocupado.
— ¿Es sólo por Sango, o es algo más?
Quizá había sido demasiado tiempo juntos, sentía que él le leía la mente, adivinando sus temores y preocupaciones demasiado fácil.
— Los dos… — Suspiró antes de continuar, se sentía estúpido confesando eso, pero era lo que sentía. — Creo que Sango no me está diciendo todo lo que le pasa y temo que si sigue así, pueda volver a consumirla la oscuridad. Todas las noches despierta agitada y con el rostro angustiado…
— Debes dejarle claro que puede confiar en ti, quizá aún tiene miedo por algo… o puede que siga sintiendo que debe respetarte, como a ese tipo.
— Puede ser, espero que vuelva a confiar en mí.
— ¿Y qué es lo otro que te está molestando?
— Bueno, yo… es ridículo, pero tengo miedo.
InuYasha se sorprendió tanto que dejó caer un par de leños al escucharlo.
— ¿Miedo? ¿Pero de qué?
— De no cumplirles — aclaró el oji azul, comprendiendo la sorpresa del ambarino —. Ellas han vivido todo este tiempo en un palacio lleno de lujos, por mucho que me esfuerce, jamás podré ofrecerles lo mismo. Además, tú lo dijiste el otro día, nuestro pasado nos persigue y temo que Sango se aleje si alguno de mis errores pasados llegase a aparecer. Ella es hermosa, fuerte, independiente, inteligente… no le costaría encontrar a alguien como Kuranosuke, que dé todo por ella, y si es mucho mejor partido que yo…
— Amigo — el hanyō lo interrumpió, con una sonrisa segura —, tranquilo. Comprendo todo lo que dices, son cosas que pueden pasar, pero ella ahora está a tu lado. Decidió venir contigo, y es por algo. Si yo fuera tú, hablaría con ella y aclararía esto, para que dejes de tener esas preocupaciones. Creo que sería lo mejor.
— Gracias, InuYasha — el bonzo suspiró aliviado —. Tienes razón, hablaré con ella.
Ambos siguieron el camino en silencio, hasta que el aroma de la comida recién preparada llegó a la nariz del peli plateado, quien apresuró el paso para saciar a su estómago de una buena vez. Miroku llegó poco después de él, dejando la madera junto al resto, apilada a un lado de uno de los árboles. Sango servía la comida, cuando terminó con el plato de InuYasha, se volteó hacia él y le sonrió de una forma que no disfrutaba hacía tiempo. Él le devolvió el gesto, acercándose a su lado.
— Eres hermosa, pero te ves mucho más bella cuando sonríes de esa forma — le dijo, acariciándole cariñosamente la mejilla.
— Gracias, pero no es necesario…
— Lo sé, de todas formas quiero que lo sepas — le sonrió, recibiendo su plato de comida —. Te amo.
Ella se sonrojó, más aún cuando él le besó la frente. Quizá sus miedos fuesen tontos, porque lo que sentían era fuerte y real, pero aún así debían enfrentarlos.
¡Aquí está! Espero que les haya gustado, ahora queda pendiente esa conversación, a ver si los dos se dan cuenta que están preocupándose por nada.
Agradecimientos especiales a mis fieles SangoSarait, Aiida y Azalyn Shihiro y Akirax, ojalá sea de su agrado, ¡espero sus opiniones al respecto!
Sobre mi examen, me fue mal, pero qué más da, hay que hacerlo otra vez. Para la próxima será, por mientras descanso y actualizo fics.
¡Saludos y espero que nos estemos leyendo pronto!
(Y felices Fiestas Patrias, si es que hay alguna chilena leyendo por ahí, ¡que la pasen súper!)
