Por fin puedo actualizar. Ando libre *se pone a cantar la canción de Frozen* okya. Intenté que el capítulo me saliera un poco largo, así que no me culpen a mí. Culpen a Word, Lel.
"Cuando quería confiar en ti, me traicionaste. Me clavaste el puñal. Tranquilo, cariño. He conocido a gente peor"
Capítulo 17
"Un voto de confianza"
La iluminación sobre su fino rostro era demasiado fuerte, a comparación de las luces de un automóvil destellando en las noches. Forcejeó cuanto sus pies y brazos le permitían, pero le era casi imposible. Estaba atrapada. Intentó gritar de auxilio, más sin embargo se percató que su boca estaba sellada por una especie de trapo con combinación de cloroformo y la cafeína. Sus pulmones se estaban llenando del nauseabundo olor a hierro mezclado con el agua de las tuberías que se encuentran en el subterráneo.
Sus orbes verdes se abrieron como platos al divisar una silueta masculina, aproximándose a ella con sumo descaro.
Leigh. Ese cabello color azabache que podría confundirse fácilmente con las sombras del lugar. Estaba ahí en frente de ella, esbozando una sonrisa tan cínica y siniestra que podría ponerle los pelos de punta a cualquier individuo. Si. Por fin estaba asimilando toda la situación en un mismo tiempo y lugar. Estaba siendo raptada. Ya por su cabeza se imaginaba las mil y un formas en que el victoriano la iba a torturar. Sin embargo, algo en su corazón no cesaba, no había respuesta para su pregunta existencial, ¿Cómo demonios había llegado hasta ese punto? ¿Quién la trajo hasta allí?
Lo único que su mente podía recordar, o mejor dicho, lo que una pequeña parte del hemisferio derecho de su cerebro podía mentalizar en una especie de flashback; era que había interceptado en una cita con Castiel, para poder encontrarse en MilkShake. Después de diez minutos de espera, alguien le jaló los pies, tapando sus labios.
Ah, el otro detalle que casi se le pasa por desapercibido. En el momento en que la metieron al AVEO, pudo divisar a Lysandro atado en una de las sillas del co-piloto.
Ahora podía pensar mejor las cosas. Ahora estaba conectando todos los cabos sueltos. Observó a su alrededor, comenzando a sudar frio. Las finas y gordas gotas de sudor que rodaban por su frente, hasta recorrer por sus delgados brazos; derramándose en el suelo, formando pequeños charcos. El foco de luz que rodeaba su espacio, se apagó.
—Por fin despiertas.—Era la voz irritante de Leigh.
Lynn comenzó a gritar de exasperación al escuchar esa voz recorriendo por su piel hasta llegar al lóbulo de su oreja, susurrando cosas obscenas para después morder ésta misma con suavidad. Un gesto que a la fémina simplemente le desagradaba. El victoriano, dándose cuenta que sus "muestras de afecto" no le estaban gustando a su víctima, se separó; retirándole de la boca el trapo con cloroformo mezclado de cafeína.
No le dio tiempo a ni siquiera hablar porque, lo que vino a continuación, fue una bofetada.
¿En qué clase de cuento estaba metida? ¿En qué hoyo negro se había metido esta vez? Ella casi nunca buscaba una pelea en serio con Leigh. Es más, ni siquiera se acordaba de que ya ni lo veía rondando en el Sweet Amoris, y eso que él no es un estudiante de allí. Él de nuevo soltó una carcajada al ver el rostro confundido de la chica.
—Leigh, suéltame ahora mismo. ¿Qué está pasando? ¿Por qué haces esto? ¿Qué necesitas? ¿Dinero?
—Mira preciosa, el trato fue pactado con Rosalya. —Le acarició el mentón con el dedo índice.
— ¿Qué coños estás diciendo? Ella no haría algo así. —Parecía incrédula, tratando de recapitular todo en su mente. — Soy su mejor amiga.
La sonrisa sardónica del azabache no se hizo esperar. —Era. Era tu mejor amiga. —Esta vez su tono de voz bajó, aunque aumentó en malicia; mirándola de forma lujuriosa. — Qué lástima por ti. No quería llegar a este punto, aunque les di a los idiotas bastante tiempo. —Enfatizó lo último, señalando hacia su costado. —No te rapté solo a ti, lindura.
Prendió el foco. Ahí estaba Lysandro.
— ¿L-lysandro? ¿Qué está pasando? Por favor explícame que no entiendo nada. Dime que eso de Rosalya no es cierto. — Le habló en tono de exasperación, buscando una respuesta. Sin embargo, el contrario asintió con la cabeza gacha. — ¿Qué? No… no…
Ladeaba su cabeza, cerrando los ojos; rogando para que aquello solo fuese una horrible pesadilla, engañando a una parte de su subconsciente. No lo quería creer. Se negaba a creer que su mejor amiga la hubiese traicionado así. — No puede ser verdad.
Una sonora bofetada fue lo que hizo que cayese enseguida a la realidad. Levantó el rostro que ahora tenía dos marcas de mano en ambas mejillas. Estaba sollozando de angustia, esperando un milagro.
—No te preocupes. No te haré daño, solo jugaremos un rato aquí.—Le acarició la mejilla, atrapando sus labios de forma voraz.
—Leigh, espera.—La voz apagada y débil de Lysandro fue lo que hizo que el mayor detuviese sus impúdicos actos que tal vez llevarían a una violación.—Déjala ir, ella no tiene la culpa de nada. Tómame a mí.— Carraspeó, respirando con debilidad.
Un incómodo silencio se apoderó del ambiente. Después de breves segundos cedió.
—Lysandro, no te arriesgues.
—No, Lynn. Todo esto es mi culpa, bueno, de ambos. Rosalya no quería que nada de esto pasara.
—Oh, al carajo. Ustedes dos hablan mucho y ya estoy comenzando a desesperarme.—Agarró del cuello al victoriano menor, casi al punto de estrangularlo.— ¿Tus últimas palabras?
De pronto unas sirenas de patrulla de policía comenzaron a sonar.
—Salga en este mismo instante. No hay forma de que escape, lo tenemos rodeado.—Se escuchó la voz gutural de un oficial de policía, hablando a través del megáfono.
Leigh se maldijo a lo bajo, gruñendo y apretando los dientes. Sin embargo, eso no le impidió el apretar con mayor resistencia el cuello ajeno; tornándolo de un carmesí intenso. La puerta se vio azotada de numerosos golpes acompañado de las amenazas policiacas.
—Ya, entrégate de una vez.—Le espetó Lynn con cierta repugnancia.
—No me entregaré sin antes haberlos violado a ambos.
—Eres patético. El peor secuestrador de la historia, o quizá raptor. Quién sabe. ¿En serio? Aun viendo la situación y sabiendo las consecuencias, ¿Nos trajiste aquí?
—¡Cállate, maldita sea!
—Se lo advertimos. A la cuenta de tres, o nos abre, o tomaremos los cargos nosotros mismos.—Le amenazaron desde el otro lado de la puerta, azotándola.— Uno… dos…
—Leigh, escúchame. Quizá ahora estás haciendo esto porque quieres buscar venganza, pero no es el mejor método. Eres mi hermano. No un asesino en serie.
—Sólo dices eso porque ya tienes a Rosalya. Felicidades, "hermano", lograste arruinarme la vida. Pero, ¿Sabes algo? Esto no quedará así. Aunque sea un perdedor o un pobre virgen que no vale ni un centavo, yo tengo algo que tú nunca tendrás. La popularidad y la fama con las chicas.—Le habló a modo de sorna, tratando de contenerse las lágrimas. Después esbozó una sonrisa siniestra, retrocediendo hasta donde estaba un ventanal con un pequeño pedazo de balcón.—Disfruta tu relación mientras puedas porque, yo por mi parte, me despido aquí. No me entregaré a nadie.
Dicho esto y, en el momento en que la policía destrozó la puerta con euforia, Leigh selló su propio destino. Tan rápido como pudo, abrió el ventanal de una patada; aventándose desde el quinto piso del edificio Sheridan, el lugar de secuestro.
—Se escapó. O simplemente decidió suicidarse al ver que nosotros ya estábamos en camino, es lo clásico de los asesinos en serie o los raptores.—Sentenció el oficial, agarrando su boqui toqui, para después abrigar a ambos chicos con unas cobijas de lana; pasándoles un chocolate caliente.— Lo importante aquí es que ustedes están ilesos.
Ambos asintieron, dándoles un pequeño sorbo a su taza de té, degustándolo. Lynn aun intentaba procesar todo en su mente, ¿En serio Leigh habrá decidido suicidarse?
—Qué bueno que están bien. Ese pervertido no alcanzó a hacerles nada.
—¿Kentin? ¿Tú llamaste a los policías? Ehh, no sé qué decir… muchas gracias. Estaba muy asustada, ¿Quién más cooperó en nuestra búsqueda?
—Rosalya y Karla. —Sentenció, señalando a las mencionadas.
Se le formó un nudo en la garganta, tratando de pronunciar algo decente; pero no le era posible. ¿Cómo actuar después de una traición? Rosalya ni se había dignado en aparecer.
…
Al día siguiente, en el Sweet Amoris, nadie se limitaba si quiera a preguntarle a Lynn o a Rosalya en cuanto a los detalles de lo que había pasado el día anterior. Ahora se estaban corriendo rumores de que Leigh se había suicidado, acabando con su vida al aventarse del quinto piso del edificio Sheridan aproximadamente cerca de las cinco de la tarde. Todas las miradas se fulminaban hacia Lynn.
—Espero que estés contenta. —Le soltó Melody de mala gana, mirándola de arriba abajo.
—De hecho, sí. Ese pervertido se lo merecía. Que no quería reaccionar era otra cosa.
Los minutos y horas pasaban casi como una ráfaga de viento. A la primera hora fue una pequeña sesión de la clase de Teatro, ensayando los diálogos de una patética obra. Segunda hora, clase de Bellas Artes. Lynn solo se limitaba a dibujar sobre el papel grandes pinceladas de color celeste mezclado con Turquesa. Estaba distraída.
El único detalle que le incomodaba, era que estuviese todas las tres horas al lado de Rosalya sin ni siquiera ser capaz de dirigirle la palabra. La distancia era notoria.
Después de dar por finalizada la tercera hora —Que por cierto era la de Biologia, donde debían realizar un reporte de la historia de los anfibios y sus demás especies.— todos se encaminaron a sus respectivos hogares; excepto Lynn y Rosalya, quienes habían sido las últimas por estar ocupadas revisando sus mochilas.
— ¿Vas a estar siempre así conmigo? Ni siquiera para prestarnos los pinceles, me hablaste. Mira, agh, ya me disculpé. Fui una idiota, una traidora, no debí hacerlo… pero mi reputación estaba en juego. —Se defendió, sin importarle que Lynn le diese la espalda.
Lynn emitió un suspiro de resignación, colgándose la mochila al hombre. Se dio la vuelta, mirando ahora a su ex mejor amiga de costado. ¿Repudio? ¿Odio? No. Esos calificativos malos solo serían indicios de si quiera demostrar o sentir algo por ella. ¿Qué más esperaba? Había traicionado su confianza y ahora le sería difícil recuperarla.
—Si. Para ti siempre es primero tu reputación. Eso lo tengo claro.
—¿Qué acaso no lo sabias? Mis fotos con Lysandro ahora rondan por todo el blog de la estúpida y falsa de Karla.—Espetó, haciendo un mohín de disgusto. Se frotó los nudillos, como si estuviese imaginando el homicidio perfecto.— Tenemos que vengarnos de ella. Kentin también está ciego, la hizo su novia.— Chasqueó la lengua, aun incrédula por todos los eventos que habían pasado.— ¿Y tú qué harás, eh?
—Rosa, el tipo de relación que tenga Karla con Kentin me vale verga, ¿Sabes? Lo único que importa aquí, y que en serio me duele, es que me hayas traicionado.
—Y ya me disculpé. En serio. No sé cómo revertir todo esto, me siento una estúpida. ¿Por qué le hice caso a Leigh? Solo fui una conquista más para él.—Golpeó el casillero, hasta el punto de sobar sus nudillos.— Le creí todo, Lynn. Hasta te lastimé.
—Lo estuve meditando en todas estas horas de clase, y… aunque al principio de la mañana tenía unas tremendas ganas de abofetearte o de estampar tu rostro en el casillero, después me tranquilicé y analicé toda la situación. Tomé mi decisión.
—¿Me vas a perdonar? Por favor, no sé qué más hacer para recuperar nuestra amistad o enmendar los daños. Sé que podemos hacer algo juntas.
—¿Lo que haremos juntas?—Enarcó una ceja, soltando una risita de cinismo mezclada con maldad. Todo aquello le hacía demasiado gracia.—Rosa…. Quiero decir, Rosalya. Dije que tomaría una decisión, pero no con respecto a lo de nuestra amistad.—Aclaró.
Palideció. Rosa se quedó inerte en su sitio, analizando con la mirada a su ahora ex mejor amiga. Jamás pensó que en serio esa amistad se iría al diablo, y con lo que le costó formalizarla hace años atrás.
Sin embargo, muy a su pesar, decidió escuchar lo que Lynn tendría en mente. Una parte de ella estaba rota en pedazos a punto de caer en un mar de lágrimas y augurios, mientras que la otra se insistía a sí misma de no rogar por algo que ya parece hasta inalcanzable. No siempre se puede optar por la misma opción, y no siempre se quiere escuchar la respuesta o las palabras que más se desean.
—Es mejor ya no insistir más de que la madre de Castiel me acepte.—Suspiró, ya dándose por vencida. Sabía que no todos los sueños o no todos los castillos de fantasía, podían construirse con tanta facilidad.—Dejar que el tiempo organice todo.—Se aclaró la garganta, desviando la mirada hacia un costado.—Ahí tendrá mi respuesta.
—Es decir, ¿Te rindes así nada más? ¿Vas a sacar la bandera blanca como si nada? Creí que harías de todo con tal de que tu relación con Castiel fuese aceptada.—Habló con cierta determinación en su voz, enarcando una ceja de completa confusión.—No le hagas caso a los insultos de esa vieja.
Podría comenzar a pensar en una mejor escapatoria o tal vez, en una mejor determinación y "contrato" que solo podría ser firmado por la madre de su novio pelirrojo. Era obvio. Debía caer en la realidad. Ella jamás sería aceptada por esa mujer, aunque lo soñase un millón de veces y quisiera construir aquél castillo de cristal entre las nubes. Un castillo de cristal que supuestamente nadie pudiese derrumbar. ¿Ahora qué más podía esperar en su vida? Rosalya la había traicionado, había caído en el juego de cartas de Leigh, mientras que tenía más problemas en su propio hogar.
Sin ni siquiera dignarse a decir adiós, empujó a la albina con el codo, saliendo del aula.—Esto es horrible. Tres golpes de mala suerte.—Protestó de mala gana.—Sacar la bandera blanca… es lo mejor.
…..
—¿En serio Amber? ¿En qué pensabas? Ah no, espera. Tú nunca piensas. Borras ya mismo ese blog.
Nathaniel estaba enfrentando a su hermana por su propia cuenta.
—No me molestes. Es lo que se merece. Después seguiré con Castiel.
Se pasó las manos por la cabeza, tratando de lidiar con ella. Ambos hermanos se habían encerrado en la oficina del delegado para discutir aquello.
Nathaniel era el alumno por excelencia, por ello lo habían escogido para semejante cargo como ser el delegado de la institución. Sin embargo, su hermana era todo un polo opuesto.
—Te lo estoy diciendo por las buenas. No me hagas decírtelo a las malas.
Después de breves minutos de incómodo y expectante silencio, se levantó de la silla de mala gana; dirigiéndose a la laptop, prendiéndola.
Lo primero que hizo al cargar la página, fue abrir el link directo al blog de chismes. Ya en menos de dos días, el blog tenía casi treinta visitas. En primera plana estaba el noviazgo de Lysandro y Rosalya.
Li: "¿Por qué borraste el blog? Ya estábamos vendiendo las fotos a buen precio"
Amber puso los ojos en blanco, llevándose una mano a la sien. Lo había hecho. Había borrado todo rastro del blog, incluyendo las fotos comprometedoras adjuntos a las críticas destructivas y los comentarios de apoyo de algunos que otros "clubs de fans"
Amber: "El idiota de mi hermano me obligó a borrarlo. Nos vemos en las gradas."
De repente entró Karla junto con Kentin. Ya muchos rumores se habían esparcido por el instituto Sweet Amoris. La gente no solo estaba conforme con las fotos comprometedoras del noviazgo entre Rosa y su supuesta infidelidad a Leigh, sino que también se sorprendieron en cuanto se enteraron que Kentin se había compadecido de una zorra barata como Karla.
—Me alegro de que por fin hayas recapacitado. Debes usar más la cabeza, como Karla.—Le regañó el castaño, tratando de contenerse las ganas de golpearla.
La rubia apagó la computadora y, analizándolo con la mirada, simplemente se burló en frente de su ahora ex cómplice. Ella siempre solía trabajar sola. No necesitaba de nadie.
—Wow, Karla… Qué decepción. Así que decidiste unirte al club de los perdedores. Bueno, de todos modos yo saldré victoriosa.—Le dio un zape en la frente, empujándola con el codo; haciendo que chocase con la pared.— Esto no quedará así. Me largo.
—No le hagas caso. Está dolida porque no le seguiste el juego. Es solo una rubia artificial. No debes dejar que gente que no vale la pena, baje tu autoestima.
—No, no es eso… es que… en serio quiero creer en tus palabras, Kentin. Pero a la vez tengo mucho miedo, ¿Qué tal si me involucran en algo? Quizá en problemas con la policía o quién sabe.—Jugó con sus cabellos a modo de nerviosismo. Cada fragmento de su pasado la estaba atormentando.— Todos aquí me catalogan como el perro faldero de Amber.—Sollozó, golpeando una silla de una patada.— ¿Les cuesta tanto creer que en serio cambié?
—Yo creo que en serio cambiaste. Demostraste que tienes personalidad y puedes ser tu misma sin necesidad de ser la sombra de nadie.
Un suspiro de alivio inundó el ambiente. Esta vez fue Nathaniel quien decidió hablar.—En serio, perdón por todo este alboroto. No sabía en qué clase de lío estaba metido mi hermana. Suele ser demasiado…—Lo meditó, tratando de buscar en su diccionario una definición coherente.— Explosiva. Les aseguro que ya borró ese apestoso blog.
Ambos asintieron con la cabeza, tratando de convencerse mentalmente de las palabras del rubio. Nathaniel siempre solía tener guardados los mejores consejos para poder aliviar a la gente de un golpe emocional.
— ¿Sabes? Sé de qué forma podrías subir un poco esa autoestima. Yo te ayudaré. Hay muchos ejercicios para ello, ¿Qué tal si nos encontramos con Armin y Alexy esta misma tarde? O tú elige el horario. Te tengo una sorpresa, ¿Está bien? Aunque no te forzaré a nada. —Le acarició la mejilla, rozando sus dedos contra la suave piel de la contraria.
—Bueno, yo mejor no los interrumpo. Iré a hacer un papeleo que Melody me está llamando. Cualquier cosa me avisan.— Nathaniel se fue de allí, carraspeando un poco.
El ambiente era tenso. Ya todo indicaba que el descanso muy pronto se iba a dar por finalizado. Lo único que se escuchaba era una rápida ráfaga de viento azotando las cortinas. Kentin cerró éstas mismas, asegurando las ventanas hasta quedar a oscuras.
Seguidamente se aproximó a la chica para poder darle un fuerte abrazo, rodeando sus caderas y cintura. Le acarició la espalda, subiendo hasta su largo cabello.
—Lo único a lo que tenía miedo, era a ser denigrada como mujer por andar con Amber y su grupo de tontas. —Esta vez fue Karla quien decidió hablar, tomando riendas al asunto pero aun sin zafarse del acogedor abrazo del contrario. —Me estaba mintiendo a mí misma y por eso no podía ser quien era. Lo único que me importaba era mi propia reputación, sin tener en cuenta a los demás. —Reflexionó, cerrando los ojos. Kentin solo se limitaba a escuchar su monologo de debate. —Pero, de algo si estoy muy segura, es algo que tú me has ayudado a sentir. —Declaró, acompañado de un fuerte rubor en sus mejillas.
Sin darle a mucho tiempo de hablar, ambos se separaron. Kentin enarcó una ceja, mirándola con cierto escepticismo en su rostro. La pequeña solo soltaba pequeñas risitas de ingenuo y ternura. Lo besó. Al principio era un beso algo voraz y apasionada, pero después se tornó a uno calmado. Uno suave. Un beso sin apuros, totalmente sincero.
El momento era perfecto. Sin ningún ruido o palabras nefastas que los interrumpiesen en aquél acto desde el otro lado de la puerta. —Exceptuando el estridente sonido de la campana que indicaba por finalizado el receso. — Ambos se separaron por la falta de oxígeno.
—¿Me estás tratando de comunicar algo con este beso, Señorita Chismes? Me has robado casi el aliento.
—Si. Me gustas.
…..
—Leigh ni siquiera se suicidó. Tal y como dijo el oficial, todo fue fingido. Desde el inicio hasta el comienzo. Es decir, ¿Por qué tendría la tonta necesidad de tenerte a ti y a su propio hermano como rehén? Cuando simplemente podía vengarse de Rosalya directamente. De seguro debe estar por allí escondido, solo para hacerse el interesante. — Analizó Castiel al mismo tiempo que revisaba el texto de Orientación Vocacional.
Lynn tenía la mirada pérdida en la lista de aquella significante materia. Lo había meditado e imaginado muchas veces. Ella tenía un sueño. Quería ser veterinaria, pero la única forma de lograrlo era viajar a Nueva York, y ella no quería dejar atrás a su novio.
—Castiel… he decidido ya mi carrera profesional. —Le cambió de tema con un deje de tristeza en su rostro.
El pelirrojo mantuvo la compostura, hojeando las opciones más favorables. Él nunca había considerado su futuro académico o profesional.
—Hasta que por fin te decides, Poochie. Bueno, no es muy difícil de lograr, ¿no? Aunque solo te queda un año de estudio. La graduación se te aproxima.
Ella no se dignó a opinar con respecto a ese comentario. No le gustaba cuando Castiel se enfocaba demasiado en el presente o tomaba las decisiones sin ni siquiera pensar en las consecuencias que le traería en un futuro cercano. Siempre ha sido esa su rutina.
Después de dar por terminada la jornada laboral, el sol estaba calentando. Lynn esta vez decidió coger taxi que la llevase hasta su hogar.
—Por fin llegas, Lynn. ¿Mhmm? ¿Y tu novio? Pensé que te vendría a dejar hasta acá, y eso que le estaba preparando el almuerzo. ¿Ahora qué hago con este plato extra?
—Mamá, no tengo ganas de almorzar. Cogí un taxi, no te preocupes.
De mala gana aventó la mochila al sofá, dirigiéndose escaleras arriba hasta su habitación para poder encerrarse un rato bajo llave. Se recostó en la cama, tapando su rostro con la almohada al mismo tiempo que daba vueltas sin parar. Sacó de su pequeño estuche de flores, el arrugado papel de las opciones de Orientación Vocacional. Lo estaba contemplando como si se tratase de un papel de tour de check in como cuando vas a viajar en avión y necesitas configurar a los pasajeros y sus puestos. ¿Qué decisión podría tomar con respecto a su futuro profesional? Estaba asustada.
Se estremeció al escuchar que su mamá entraba. Demonios, ella tenía una copia de las llaves de su alcoba.—Hija, sé muy bien cuando algo te agobia. Aunque no creas que eso del secuestro infantil de Leigh, me ha dado gracia.— En cuanto se acomodó en su cama, Lynn enseguida guardó la hoja debajo de su almohada.— No hace falta que escondas eso, Lynn. Siempre debes considerar las mejores opciones, ¿no crees?
—No creo que lo que yo quiera para mi futuro, le agrade mucho a Castiel.
—¿Por qué no? Él debe entenderlo, Lynn. Debe entender qué es lo mejor para ti, sin necesidad de que rompan su noviazgo. Él puede ser capaz de muchas cosas, si en verdad te ama. Una relación a distancia es el caso.
Las lágrimas comenzaron a derramarse cuan vaso de agua se llenaba, así como un grifo cuando estallaba y no podías controlarlo. Su madre tenía razón, ¿Por qué debía seguir comportándose como una egoísta narcisista cuando se trataba de sus propios sueños? Ella deseaba ser admitida en aquella prestigiosa Universidad que quedaba en Nueva York. Se abalanzó a los brazos de su progenitora, acurrucando su cabeza en el pecho contrario.
Tenía muchas ganas de quedarse, mientras que otra parte deseaba visitar Nueva York.
Su madre le limpió las lágrimas con ayuda de un pequeño pañuelo, palmeando un poco su cabeza al mismo tiempo que unas leves palmaditas en su espalda para poder calmarla. Le dio aquellas pastillas que siempre debía tomarse cada cinco horas, aunque Lynn solía tomarlas en la hora del receso; en uno de los cubículos del baño. Tarde o temprano tendría que tomar una decisión, aunque aquello le doliese a su novio.
—Déjame ver esa hoja. —Le ordenó, aunque no con una voz autoritaria, sino un tono de voz calmado y sereno. Lynn obedeció, sacándola de su escondite. Ella lo analizó detenidamente, buscando las mejores opciones de estudio. —Veamos… hace un par de meses me dijiste que tu sueño era estudiar medicina, ¿cierto? Creo que es lo más favorable.
La opción "Medicina" siempre buscaba los mejores requisitos, en conjunto con un excelente puntaje en las pruebas globales a nivel del instituto. Al decir ese pequeño detalle, ya ese sueño parece inalcanzable, ¿verdad? Ahora imagina pasar una carta al exterior.
—Sí, pero para eso debo estudiar mucho si quiero un excelente puntaje.
—Entonces estudia con mucho esmero el año que viene. Aun tienes tiempo para organizar tus ideas. Mientras, pasa una carta al exterior.
Suspiró. ¿Qué más le quedaba? Solo podía tener un pequeño brillo de esperanza. Un brillo de esperanza de lo que le quedaba en su patética vida. Alistó lapicero y hoja.
—Mamá, estoy muy asustada, ¿Ahora qué va a pasar? No puedo jurar algo que ni sé si yo misma pueda cumplir. Está bien. Haré la carta, pero… Castiel también tendrá consentimiento en esto. —Titubeó con cierto nerviosismo, jugando con su cabello. Su madre amplió aquella sonrisa, mostrando sus perfectos dientes. Le estaba incentivando a un poco de autoconfianza para impulsar su autoestima. Comenzó a escribir, tratando de concentrarse. — Universidad Pennyston. Les escribo desde California con la única intención de poder entrar allí. Actualmente estoy estudiando en el instituto Sweet Amoris…
Ya había pasado aproximadamente cerca de media hora, hasta que por fin el reloj marcó las dos de la tarde. Lynn se retiró los lentes, releyendo la carta. La decisión estaba tomada.
…..
—Felicidades, Amber. Por tu culpa ahora ni siquiera tenemos un blog donde podemos subir chismes. ¿Qué pensará la gente? Dime aunque sea una maldita opción. Pero claro, como siempre, la niña mimada vive a faldas de su hermano el delegaducho.—Le espetó Charlotte con cierto desagrado, observando cómo la rubia caminaba de un lado a otro. Las tres estaban en la habitación de ésta última, aunque procuraban de hablar bajo para que Nathaniel no sospechase nada.—El plan A salió un asco, el plan B…
—¡Ya lo sé, idiota! No hace falta que lo repitas.
—Perdón por meterme en esto, pero estoy de acuerdo con Charlotte. Lo único que has hecho hasta ahora es lamentarte y jurando venganza contra Lynn. Cero acción.
Li se resignó, tragándose sus comentarios a la vez que se retractaba de haber opinado al respecto del poco ingenio de su líder en cuanto a los planes. Siempre fallaban.
—¡Lo tengo! Bien, no sé si quieran escucharme después de esto, pero creo que ya tengo la solución para que Castiel y Lynn rompan de una vez.—Amplió su sonrisa maliciosa, murmurándose su plan junto con sus "gatusas".— ¿Y qué mejor peón que Nina? Si no funcionó con Karla, ya tendremos carne fresca, y una mucho mejor.
Li y Charlotte igualmente comenzaron a reírse, cruzándose miradas de complicidad. Ellas siempre tenían los mejores planes, los mejores métodos para hacerle la vida imposible a un objetivo en específico. Esta vez no se quedarían de brazos cruzados y con la palabra en la boca. Quizá fallaron con el blog de chismes, en un vano intento de querer arruinar la relación entre Lysandro y Rosalya, o tal vez Karla decidió retirarse del juego antes de tiempo por suma cobardía. Ahora todas estaban en acuerdo con algo. Un plan C, el plan que siempre se tiene de reemplazo cuando estás a punto de sacar bandera blanca de derrota.
El mejor peón de todos, y solo tenía cuatro palabras: Nina. Ella era una gran admiradora de Lysandro, odiaba a Lynn y a Rosalya. Era como la segunda servidumbre en cabeza. Una carnada nueva.
Por fin! No me creerán pero aquí ya son las cinco de la tarde y escribí este capítulo desde cerca de las diez de la mañana ;;A;; adiós libertad. Bueno, espero que les haya gustado.
Ummm ummm ¿qué pasara? Sdjsdskj cada vez más drama. Nos vemos en la próxima actualización! Se les quiere!
Nyny Out.
