N/A: ¡Lo siento mucho! Iba a subir en una semana y me demoré como dos meses... Lo siento. Siempre soy así ;; no había estado muy bien de salud (y ahora tampoco, lol) y tenía deberes, pero no voy a excusarme. Por alguna razón no me habían notificado los reviews, pero hoy me llegó un correo que me recordó que existe gente que quiere saber que pasa con esta historia, así que corregiré rápido un par de capítulos y los subiré juntos, como compensación. Ya cuando termine el fanfic completo (que calculo tendrá como 40 capítulos... más o menos) voy a reescribirlo y lo editaré bien, y entonces los primeros capítulos van a tener un poco más de coherencia. Por ahora los dejaré como están. Bueno, no quisiera explayarme mucho, disfruten el capítulo.

Disclairmer: Fairy Tail y todos sus personajes pertenecen a Hiro Mashima.


Capítulo 2: Escarlata.

Era un oasis majestuoso. Las aguas completamente cristalinas reflejaban abstractamente el rostro de la muchacha; de cabello rojizo, y lacio, que caía por su espalda con total libertad. Observaba atentamente aquel estanque, como si en el fuera a encontrar la solución a todos sus problemas.

El reflejo de la joven se observaba precioso. La muchacha tocó el agua con el dedo pulgar del pie provocando ondas en el agua. Para ella se sentía raro vestir tan ligeramente. Estaba acostumbrada a usar pesadas armaduras, aquella ligera vestimenta le daba la sensación de no cubrir lo suficiente. Se sentía desnuda.

Soltó bruscamente el aire de sus pulmones. El estar en una situación así la hacía sentirse insegura. Hizo aparecer su fiel espada de titanio y la sostuvo con firmeza en su diestra.

-"Esto no está bien"- pensó- "Nada salió como lo planeado, y es probable que Laxus se llegue a enterar de la situación. ¿dónde podrán estar las chicas?"

En aquel mismo oasis, oculto entre los matorrales la observaba un guerrero. La miraba con cautela, sujetaba la empuñadura de su espada envainada. Con solo mirar su postura, y aquellas cicatrices y callos por el oficio en sus manos, se podría apreciar su experiencia y habilidad con la espada, y su fortaleza y destreza con el arco.

Últimamente había muchos rumores sobre la inminente invasión de Roma a Grecia, y ellos eran el primer objetivo. Sus enemigos tenían mujeres en sus filas, y muchas de ellas se caracterizaban por el cabello rojo como el fuego. La forma en que sujetaba esa espada le confirmaba que sabía luchar.

Pero en ese caso, ¿no debería llevar una ropa más adecuada? No podía saber con certeza si era romana, arriesgarse podía ser fatal si se equivocaba.

Bueno, estaba sola después de todo. Se sentía incomoda con prendas tan ligeras, así que usar su armadura un minuto no haría daño, ¿verdad? Con ese pensamiento, la diosa se ocultó detrás de una enorme roca, saliendo del campo de visión del arquero. Al cabo de unos segundos volvió a salir equipando su armadura, en la fase Mañana estrella.

-"Es ella"- pensó el arquero sacando una flecha de su carcaj y poniéndola en su arco.

El muchacho se posicionó esperando la oportunidad para disparar, aún oculto en la vegetación.

De repente, la pelirroja se volteó como su buscara a alguien, permitiéndole ver su rostro. El arquero maldijo internamente, debía de haberlo descubierto. Pero cuando la miró, quedó hipnotizado con la belleza de la joven; su lacio cabello escarlata caía sobre su espalda libremente, pero le daba un aire elegante; sus ojos grises parecían ocultar grandes misterios, pero denotaba en su mirada la confianza y honradez de la muchacha, incluso algo de severidad; su piel lechosa se notaba suave aun en la distancia, y aun debajo de la armadura su cuerpo se tonificaba, mostrando sus curvas. Había quedado prendado con solo mirarla.

Se la quedó contemplando unos instantes antes de negar con la cabeza y volver a pensar con claridad: ella era un soldado de Roma, una guerrera de muchas que existían con el único fin de atacarles. No podía dejarla ir.

Aun así, jamás había visto a ninguna joven de semejante belleza. No era capaz de matarla a sangre fría.

Primero le preguntaría, de todos modos con aquella armadura resultaría muy poco probable que una de sus fechas normales le hiciera daño.

Confiado, guardó su arco y flechas y salio de su escondite, no sin antes esconder un cuchillo bajo su manga; si fuera romana, la mataría en el acto.

La muchacha lo miró, inmutable, sin cambiar de expresión. El contrario se acercó a ella hasta estar a un par de metros de distancia.

La pelirroja lo miró expectante y el hombre supo que él debía hablar.

-Hola- le dijo- Te he visto hace un rato y me intrigó la armadura que llevas- soltó sin más-. Me preguntaba qué tipo de armadura es.

-¿Pensais matarme?- pregunto Atenea con su mirada neutra, sorprendiendo al peliazul. ¿Cómo se había enterado?

Se dió cuenta de que mentirle sería contraproducente. La misteriosa mujer de armadura lo notaría.

-Sí.- articuló con el semblante serio.- ¿Como lo habéis notado?

-La forma en la que sujetas tu manga- explicó-, por cómo lo haces, supongo que ocultas un arma debajo. La forma en que lo haces, me indica que es una daga de 20 centímetros. Probablemente de plata.

El peliazul se quedó sin palabras. Era exactamente como ella lo describía. Tragó saliva ¿qué era lo que pretendía esa mujer?

-Estoy impresionado.- musitó el muchacho con una sonrisa socarrona soltando la daga que había entre sus ropajes y alzando las manos en señal de rendición.

-¿Qué es lo que quieres?- le espetó inmutable- Si tenéis algo que preguntar, pregunta.

El hombre bajó las manos lentamente. Era astuta. Su voz no tenía fisuras, hacer que se desmoronase parecía imposible.

-Eres inteligente- rió por lo bajo- ¿De donde venís?

-Mi ciudad natal es Atenas.

-¿Cuál es tu nombre?

-¿El tuyo?

-Jellal- respondió con una leve sonrisa de diversión- Jellal Fernandez.

-Mi nombre es Erza.- respondió firmemente Atenea.

-¿Erza qué?

-Solo Erza.

-Si, pero, ¿Y tu apellido?

-Los apellidos son innecesarios- espetó- no tengo ninguno.

-¿No?- La peliroja negó con la cabeza- Veamos…-Jellal alzó su mano hacia la ella, lo que hizo que se pusiera alerta. La estiró hacia su cabello y delicadamente tomó un mechón. El mechón se deslizó entre sus dedos lentamente, hasta que la soltó-. El color de cabello escarlata no es usual-murmuró observándolo con atención.

Atenea se encontraba desconcertada por el repentino comentario del arquero, sin embargo, no le contestó.

-Que te parece... ¿Scarlet?

-¿Huh?- tartamudeó confundida por la pregunta.

-Erza Scarlet. Pienso que suena bien- dijo aun con la expresión seria y bajó la mano lentamente, dejándola caer a su costado-. Combina con tu escarlata-la miró a los ojos.

Finalmente, Atenea sonrió. Su expresión se ablandó, y miró hacia abajo enternecida por el gesto.

-Me gusta. Gracias- dijo mirandolo a los ojos con una sonrisa pintada en sus labios. El peliazul se ruborisó levemente.

-Pero, debo preguntarte algo.- le espetó el otro provocando el fin de la sonrisa de la Scarlet- ¿Quien eres tú?

El rostro de la joven palideció un poco y su mirada denotaba sorpresa. ¿Debía decirle la verdad?


Hasta aquí el capítulo 2. ¡Muchas gracias por leer! Debo admitir que edité bastante, pero no soportaba como lo había escrito... ¡Muchas gracias por los reviews! Sesumi, Giu Giu Salamander, AyaMe mUraSaKi (lamento que hayas tenido que esperar tanto después de haber prometido actualización semanal unu).

M.G.L, ¡gracias! xD me alegra mucho leer eso, que hayas venido a leerlo a FF es genial. No conocía esa pareja, ¡parece interesante! no tengo planeado darle un desarrollo romántico a Wendy en este fic, pero me llamó la atención, así que tal vez lo haga en un futuro.