Capítulo 4
LO que menos se había esperado Bulma era eso. Ni en sus sueños más locos se había imaginado que Vegeta Ouji fuera a aceptar lo que le había propuesto e iba a estar de acuerdo en casarse con ella. Sorprendida por su capitulación y muy consciente de la forma como la estaba mirando se concentró en mantener el rostro inexpresivo. Pero el corazón le estaba latiendo salvajemente en los oídos. No tenía ni idea de la razón por la que él aceptaba. ¿Por qué Nicky era tan importante para la familia Ouji? Seguramente sería el primer nieto de alguien y era niño. Pero, seguramente también, Tarble y su esposa producirían niños por si mismos. ¿Por qué iba Vegeta a estar de acuerdo en casarse con una mujer a la que despreciaba cuando lo más que podía ganar con ese sacrificio era a Nicky? Eligió cuidadosamente las palabras, decidida a no revelar nada de sus pensamientos.
—Parece como m Nicky fuera a valer su peso en oro.
—Dios mío. Bulma lo miró entonces.
—Quiero decir, para usted. No puede culparme por expresar mi sorpresa. Tights llevaba cuatro meses embarazada cuando la echaron del apartamento de su hermano en Oxford.
—Cristos... ¿Cree usted que habría dado esas instrucciones si hubiera creído que lo estaba? Esta vez él parecía realmente arrepentido de algo. Así que el desahucio había sido idea suya y no de Tarble. Una vez más, Tights había demostrado estar en lo cierto en sus deducciones. Bulma miró a Vegeta Ouji con un desprecio no disimulado.
—¿Qué clase de hombre se cree que soy?- le preguntó él.
—Un perfecto hijo de mala madre- murmuró Bulma entre dientes.
—Si hubiera sabido que estaba embarazada de mi hermano me habría comportado de forma muy diferente.
—Oh, no lo creo. El talón habría cubierto el coste del aborto... No creo que a usted le preocupara eso de otra manera.
—¿Cómo se atreve? Nunca pensé eso. ¡No habría matado al hijo de mi hermano! Sorprendentemente, ella descubrió que lo creía.
—Parece que Tarble no le dijo que ella estaba embarazada.
—No lo hizo.- Así que había habido mentiras, pensó Bulma disgustada. Se preguntó cuántas más habría contado Tarble para salvar la cara delante de su hermano. No le cabía duda de que había sido Tarble el responsable de que Vegeta pensara que Tights era una chica promiscua y ansiosa de dinero.
—Vamos a almorzar en mi casa de campo. ¿Es qué estaba ella tan mal de aspecto como para que Vegeta no quisiera que se le viera en público a su lado? La casa de campo era parte de un imponente parque y el almuerzo fue servido en un comedor ricamente adornado por una doncella griega uniformada. Comieron en silencio, hasta que, al final, Vegeta le dijo:
—El café se servirá en la sala de estar. -Había estado demasiado tensa como para comer mucho. Todo lo que la rodeaba la impresionaba notablemente. La decoración, el mobiliario, las flores de los jarrones, todo. En la sala de estar había una pintura del Renacimiento italiano sobre la chimenea de mármol. La doncella sirvió el café y, tan pronto como desapareció por la puerta, Vegeta murmuró:
—Sigamos con los negocios. Naturalmente, espero que firme un contrato prematrimonial. Ya he dado instrucciones a mis abogados para que hagan uno. ¿Estaba ella preparada para casarse con él? No sería un matrimonio normal, sería un trato de negocios en beneficio de Nicky. Los derechos a la herencia y el bienestar de su sobrino debían ser asegurados. Nicky la tendría a ella... y ella a él, pensó aliviada. No tendría importancia si Vegeta se pasaba todo el tiempo por ahí. En realidad, sería un honor, decidió. ¿Por qué no casarse con él? Tights seguramente habría querido que su hijo tuviera lo mejor del mundo y, de esa forma, Bulma se podía asegurar de qué era exactamente lo que Nicky recibía. No sólo las ventajas materiales, sino también amor y apoyo. ¿Qué tenía ella que perder? Su libertad. De todas formas, ¿qué libertad iba a tener con un niño pequeño que criar? No era que tuviera el menor deseo de tener un hombre en su vida. Vegeta podría seguir recorriendo mundo y ella se organizaría la existencia en torno a Nicky. La única diferencia estaría en que, por primera vez en la vida, no tendría problemas de dinero.
—No me casaré con usted sin el contrato.
—No hay problema. -Bulma tuvo muy claro que lo que le preocupaba a él era su riqueza y la forma de conservarla.
—Le enviaré a alguien con cualquier cosa que tenga que rellenar y será informada de los arreglos para la boda a su debido tiempo. ¿Tiene alguna pregunta?
—¿Por qué está de acuerdo con esto?
—Por el niño. Quiero que tenga lo que más necesita. Seguridad, amor y un hogar tranquilo. -¿Por qué sería que eso no la convencía? ¿Por qué era como si un sexto sentido le estuviera advirtiendo que no le estaba diciendo la verdad?
—No parece que tenga mucho que decirme- dijo Vegeta rompiendo el silencio de sus pensamientos.
—He conseguido lo que quería - le contestó Bulma con una sonrisa maliciosa.
—Parece muy segura de eso - afirmó Vegeta con una extraña mirada.
—Lo estoy. -Un sentimiento de triunfo la estaba inundando por completo. Había justicia en el mundo, después de todo. Vegeta Ouji no era intocable. Lo tenía donde quería... bien agarrado.
—Bien, ¿qué piensas? ¿Me sienta bien? Bulma dejó en el suelo las bolsas y giró sobre sí misma para que Uranai la pudiera ver bien.
—Tu cabello... Te lo has cortado y peinado. Y ese vestido, esos zapatos... Pareces millonaria. ¡Podría no haberte reconocido si nos hubiéramos cruzado por la calle!
—¡Perfecto!
—¿De verdad piensas que debes empezar a gastarte el dinero de Vegeta antes de casarte con él?
—Me encanta gastarme el dinero de Vegeta. Él se cree que soy una avariciosa y una cazafortunas. Ese contrato lo dejaba bastante claro. Veinte páginas de insultos. Creo que debo satisfacer la imagen que tiene de mí, ¿no?
—¿Se te ha ocurrido que vas a tener que vivir con él?
—No tengo la menor intención de hacerlo. Incluso espero verlo sólo de vez en cuando y, por lo que sentimos el uno por el otro, estoy más que segura de que nuestras reuniones serán más bien pocas y espaciadas.
—Entonces, ¿a qué viene esta sorprendente transformación? Bulma se rió.
—Uranai, esto no es por él, es por Nicky.
—¿Por Nicky?
—Tengo que hacer como si fuera su madre, ¿no? Tengo que dar el tipo. De otra forma, al cabo de unos años, lo avergonzaré. De todas maneras, sólo he hecho lo que Vegeta me sugirió: me puse en manos de profesionales para tener un aspecto razonablemente presentable. Uranai tomó aire. Bulma parecía más que razonablemente presentable, estaba preciosa. Pero sabía muy bien que si ella se lo decía, a Bulma no le iba a gustar. Se había pasado demasiados años pensando en sí misma como en una chica plana y poco atractiva como para ser convencida de repente de que eso había sido elección suya en realidad. Bulma pensó que no se parecía ni remotamente a una funcionaria de prisiones mientras se miraba al espejo de su habitación. El dinero podía comprar la apariencia de belleza. El dinero de él. Después de leer ese contrato insultante se había puesto furiosa. En primer lugar, al principio se lo habían presentado en griego, así que tuvo que exigir una traducción, antes de aceptar firmar en varias partes del ejemplar en griego. Como recompensa se le habían dado varias tarjetas de crédito y se le informó que se habían abierto algunas cuentas bancarias a su nombre.
—No es demasiado tarde todavía para que cambies de opinión- dijo Uranai suspirando desde la puerta. Bulma gimió. Uranai no había dejado de criticarla en toda la semana
—No me voy a arrepentir. Estoy haciendo esto por Nicky.
—Pero yo creo que Vegeta Ouji no es un hombre que se deje vencer tan fácilmente. Creo que estás loca y que él lo está más por haber aceptado este trato.
—Así que, dime- murmuró Vegeta-. ¿Cómo lo hiciste?- Hacer, ¿qué? Bulma miró al hombre que estaba sentado a su lado en la limusina. Estaba sentada todo lo lejos posible de él, pero todavía le parecía poco. El la estaba haciendo sentirse muy incómoda; esa era la primera vez que Vegeta le hablaba desde la ceremonia en el juzgado. Si se hubiera tratado de otro hombre, Bulma habría dicho que su nueva apariencia lo había dejado impresionado, pero estaba con Vegeta Ouji, un reputado experto en cuestiones de belleza femenina y sospechó que él estaba tratando de hacer que ella tuera consciente de lo que pensaba acerca de lo que a sus ojos debía parecer unos patéticos esfuerzos para acoplarse a su nuevo estatus de madre de Nicky.
—¿Cómo hice qué? Bulma se sentía vacía sin tener a Nicky en brazos. El niño iba en el coche que los seguía, a cargo de una niñera que no era precisamente Mary Poppins en opinión de Bulma. Se preguntó si sería el momento adecuado para decirle a Vegeta que quería dedicarse personalmente de criar al niño.
—¿Cómo has conseguido esta metamorfosis sorprendente de un día para otro? -Bulma se ruborizó, convencida de que él se lo estaba diciendo en plan sarcástico.
—Contraté a un asesor de imagen.
—¿Perdón? -Vegeta pareció casi extrañado.
—Cuando alguien no sabe cómo hacer algo, lo suyo es consultar a un experto en la materia.
—Y ¿qué era lo que no sabías hacer?
—No sabía cómo sacar el mejor partido de mí misma en cuestión de ropa y demás. Francamente, antes nunca tuve el tiempo ni el interés necesario como para ocuparme de esas cosas. Bueno, ni el dinero tampoco.
—No te has gastado casi nada. -No debía estar hablando en serio. Se había gastado una auténtica fortuna según sus esquemas. Cierto que su nuevo guardarropa no incluía cosas de diseñadores famosos, pero sí bastantes cosas de calidad. ¡Y el asesor de imagen, cuyos consejos le habían resultado indispensables, le había costado un ojo de la cara!
—Una nadería- insistió Vegeta sin dejar de mirarla. Entonces Bulma se dio cuenta de que sí que lo estaba diciendo en serio. Primera virtud que veía en él. Vegeta Ouji no era un tacaño.
—Y me impresiona que te hayas tomado tantas molestias por mí.
—¿Por ti? No, lo he hecho por Nicky. ¿Por qué demonios lo iba a hacer por ti?
—¿Nicky?- repitió él muy secamente.
—No he querido avergonzarlo...
—¡Tiene seis semanas!
—No quiero ser una madre de la que se pueda avergonzar.
—Y ¿qué hay de proporcionarme a mí una esposa de la que no me tenga que avergonzar?-Bulma lo miró sorprendida y sin molestarse en ocultar que eso ni se le había pasado por la cabeza.
—Quisiera que dejaras de mirarme de esa manera- añadió ella.
—¿Qué te esperabas? Has cambiado completamente... -Bulma se puso tensa al oír el tono de voz profundo y un acento con que dijo esas palabras. Vio paralizada como una mano grande y morena atravesaba el espacio que los separaba y tomaba entre sus dedos un mechón de su sedoso y turquesa cabello. Lo miró con el corazón en la boca y sus miradas quedaron fijas. Ella retrocedió un poco, como un gato arrinconado por un bullterrier, apretándose contra la puerta.
—Deja eso - gruñó Vegeta sin dejar de mirarla ferozmente.
—Que deje ¿qué? Bulma no podía respirar y su cuerpo temblaba como respuesta a la terrible tensión que había surgido de la nada. No sabía lo que él estaba haciendo. ¿Era él un hombre violento? ¿Estaba pensando golpearla o algo parecido? Con un frenético intento por distraer su atención, le dijo:
—No quiero que Nicky tenga una niñera.- Por un momento él la miró extrañado.
—¿Una niñera?- dijo Vegeta casi susurrando y como si ella le hubiera hablado en una lengua desconocida.
—Yo me ocuparé de él.
—Estarás demasiado atareada ocupándote de mí.
—Tienes sirvientes para que lo hagan.
—No, tengo una esposa que lo hará. -Vegeta se había acercado y ahora ella estaba realmente acorralada. La tomó por la barbilla, haciendo que no dejara de mirarlo. Entonces Bulma, furiosa, le puso las dos manos en el pecho para mantenerlo a distancia. De repente él se rió de una forma tan espontánea que la sorprendió.
—¡Quítame las manos de encima ahora mismo! -exclamó, extrañada por el inexplicable comportamiento de él.
—Oblígame- la invitó Vegeta sonriendo con un efecto devastador. Sus miradas se cruzaron entonces y a ella se le quedó la boca seca. Bajo las manos podía sentir el latido del corazón de Vegeta y el calor de su poderoso cuerpo. El corazón le latía a Bulma frenéticamente y algo muy parecido al pánico comenzó a apoderarse de ella. Entonces le llegó el olor de su loción para después de afeitar. Era algo masculino y notablemente erótico. ¿Erótico? Cielo Santo, ¿de dónde había salido ese pensamiento? Vegeta se rió y eso la desorientó más aún. Luego se apartó de ella lentamente con unos movimientos gráciles y confiados. Era un hombre muy consciente de su físico. Sus ojos negros la observaron con una frialdad ilegible y algo más. Algo a lo que ella no podía ponerle nombre, pero que bien podría ser satisfacción.
—Gracias- dijo Bulma con una voz helada y se escondió las no muy firmes manos bajo la chaqueta.
—Ese anillo que llevas en el dedo es una alianza- le informó suavemente Vegeta. Bulma arrugó la nariz y miró el anillo.
—¿Y?
—Ahora eres mi esposa. -Los ojos color zafiro de ella brillaron. ¿Su esposa? ¿Se esperaba de ella que aquello la aterrorizara o que se sintiera orgullosa? La boda no había significado nada para ella, había sido una ceremonia vacía, tan sin significado como el anillo de platino que llevaba en el dedo. No tenían nada en común, excepto Nicky. Entonces, ¿por qué ese tipo insistía en que era su esposa? El término era irrelevante.
—Estabas tan absorta con tu triunfo que no has visto nada más. -Ella apartó la mirada y no dijo nada, por lo que él continuó.
—No me gusta que me ignoren.
—Tal vez deberías intentar una conversación normal, si es que tienes que hablar.
—¿De qué hablamos? ¿Del tiempo?
—En Inglaterra, la lluvia es un buen tema de conversación.
—¿Qué edad tienes?
—¿Por qué no lo miras en el libro de familia?
—No seas niña.
—Dentro de un mes cumpliré veinticinco. Todavía me quedan unos años para cumplir los treinta- le dijo Bulma sin poder resistirse.
—Te dolió, ¿eh?
—Nada de lo que tú digas o hagas me puede doler. En lo que a ti concierne, soy inviolable.
—Estás muy confiada.
—Y tengo razones para estarlo.- De repente, Bulma se preguntó qué le podía hacer él. Podía no darle dinero. Eso no la preocuparía. Podía ignorarla. Eso le agradaría. Podía ser rudo. Y ella también. Podía pasar cada noche con una mujer distinta. No la molestaría. Y, si se ponía en plan violento, podía divorciarse de él... o de lo que quedara de Vegeta cuando hubiera terminado con él. El más mínimo indicio de abuso físico por su parte, pensó, y terminaría siendo un macho muy poco digno de ese nombre. Abordaron el avión que los llevaría a la casa que Vegeta tenía en Francia. Cuando Nicky entró llorando en brazos de la niñera, Bulma se levantó enseguida y corrió hacia ellos.
—Todo va bien, señora- le dijo ésta sonriendo decididamente-. Nikos y yo vamos a necesitar un poco de tiempo para acostumbrarnos el uno al otro. Llevo treinta años cuidando niños y pronto se acostumbrará a mí.
—Tal vez en pequeñas dosis. Teme a los desconocidos- le dijo Bulma extendiendo los brazos.
—Tal vez él no esté bien- intervino Vegeta que se había aproximado también. Parecía realmente preocupado.
—No le pasa nada. Sólo es su mal humor- afirmó la niñera-. Los niños se tienen que acostumbrar a una rutina. Bulma ya no lo pudo soportar más. Tomó a Nicky de los brazos de la mujer y se lo apoyó contra el pecho. Nicky la miró con sus ojos negros y fue a llorar de nuevo. Luego pareció pensárselo mejor y le apoyó la cabeza en un brazo. Bulma se sentó en su sitio ya más contenta y Vegeta los miró a los dos con los párpados entornados.
—Te conoce.
—Por supuesto que sí. ¿No es así, mi amor? -Luego le acarició la cabeza al niño. Levantó la mirada y vio que Vegeta la miraba intensamente. Se preguntó por qué lo hacía; era como si ella se estuviera comportando de una forma extraña. Tanto si le gustaba a él como si no, iba a hacer el papel que tenía elegido y, a no ser que la niñera se comportara más dulce y amablemente con el niño, no tenia ninguna intención de dejarlo a su cuidado. Le dio el biberón a Nicky mientras la niñera la miraba con desaprobación desde el otro lado de la espaciosa cabina.
—¿Estás tratando de impresionarme a estas alturas?- le preguntó Vegeta. Bulma parpadeó.
—¿De qué demonios me estás hablando?
—¿A qué viene toda esta actuación en plan maternal? ¿Por qué te crees que he contratado a una niñera?
—No hay nada de actuación en mis sentimientos hacia mi sobrino- le dijo Bulma enfadada-. Y preferiría no comentar ahora el que hayas contratado a una niñera. Pero sí puedo decirte que no me ha dado una impresión muy favorable.
—Tiene las mejores referencias.
—No me gustaría ser prematuramente crítica, pero lo estás haciendo tal como me lo esperaba, interfiriendo en algo de lo que no sabes nada. Me imagino que eso es algo que harás con una regularidad monótona, porque eres uno de esos hombres que siempre lo tienen que saber todo...-Vegeta se puso tenso. No podía creerse lo que estaba oyendo. Una o dos verdades más y explotaría, pensó ella, divertida. Ese hombre estaba muy poco acostumbrado a que lo censuraran y su primera respuesta era la ira. Probablemente, cuando era pequeño, fue un niño malcriado y mimado. Había nacido rico; listo, guapo. Ambicioso, triunfador, adicto al trabajo y dominante, todo eso sin duda animado por su familia y empleados, además de por algunas mujeres estúpidas, que le hacían pensar que era el centro del universo.
—¿Eres lesbiana?- Bulma tardó un momento en ruborizarse. Lo miró incrédula. Y luego, de repente y sorprendiéndose a sí misma, se echó a reír a carcajadas. Ese ego de él... Estaba claro que ese hombre no podía aceptar que no se sintiera impresionada y atraída por él.
—Yo pensé que no lo eras. Pero entonces, pregúntate, a ti misma la razón por la que sientes ese poderoso impulso de intentar rebajarme.-Bulma abrió mucho los ojos haciéndose la inocente.
—¿De verdad que lo hago? Y, ¿te has dado cuenta?-Vegeta la miró en silencio con la indolencia de un depredador y, dado que ella encontró esa frialdad incómoda, continuó.
—Ya ves, no me gustas, Vegeta...
—No es necesario que lo hagas pero quiero respeto.
—Es bueno para un hombre tener un deseo que alcanzar, aún cuando el deseo sea inalcanzable.
—Me tratas como incluso ni mis más poderosos enemigos se atreven. -La mirada de él la hizo estremecerse.
—No te tengo miedo.- Vegeta se fijó entonces en la mano con la que ella se estaba agarrando fuertemente al brazo del asiento.
—El lenguaje corporal dice otra cosa. Si hago que se marchen la niñera y la azafata te quedarás aquí sola conmigo y serás como el zorro atrapado por la jauría. -Bulma se puso pálida y dijo:
—Eso diría mucho de ti. Así que, si no puedes conseguir que una mujer te admire, lo intentas por el miedo. En realidad no sabes tratar con una mujer de otra manera.
—Con una mujer como tú, sí. De todas formas, no es así como ha a pensado que fuera el día de mi boda. -Bulma se tensó, pues se le ocurrió entonces algo en lo que no había pensado.
—¿Cómo lo habías pensado?
—Compartiéndolo con una novia que se mereciera mi apellido.
—Y decías que no eras un esnob...
—No es tu procedencia lo que me molesta, sino tu falta de moralidad.
—¿Mi falta de moralidad?
—La mujer con la que me debería haber casado tenía los más altos principios. -Eso era algo que tampoco se le había ocurrido nunca a Bulma.
—¿Me estás diciendo que estabas comprometido con otra?- susurró trémula, completamente sorprendida por la idea.
—Había pensado casarme.
—¿La amabas? -Bulma estaba temblando, sinceramente afectada.
—No tengo ninguna intención de hablar contigo de mi vida privada.
—¿Te amaba ella a ti? Cielo Santo, ¿por qué no me lo dijiste?-Vegeta estiró las piernas y le dio un trago al vaso de whisky que tenía en la mano.
—No tienes derecho a echarme esto en cara cuando no mencionaste nunca que había alguien en tu vida. Quiero decir, alguien aparte de...
—¿Las mujeres a las que tenía que pagar para que compartieran mi cama? -Bulma pasó de estar pálida a ruborizarse. La simple idea de que ella le hubiera roto el corazón a otra mujer al privarla del hombre al que amaba, aunque fuera Vegeta Ouji, se instaló en su conciencia como una piedra pesada.
—Milk nunca compartió mi cama. -No fue entonces un romance apasionado, pensó Bulma.
—Ni hablamos nunca de matrimonio, pero habríamos hecho una pareja muy razonable. En nuestra familia los matrimonios son para siempre. Uno no se mete en un compromiso tan serio en un momento de pasión.-Bulma se quedó impresionada por lo calculador que era ese hombre. Tenía sexo con sus amantes y estabilidad y seriedad con su esposa. El amor no entraba en esa ecuación. Y, ¿de qué se sorprendía? Tights había sido juzgada y rechazada en esos mismos términos. A Bulma no le cupo la menor duda de que la mujer de Tarble, Gure, era rica y de buena cuna. Algo a plena satisfacción de la familia.
—Milk, ¿te amaba? -Vegeta arqueó las cejas, sorprendido por una pregunta tan íntima. Bulma se volvió a ruborizar, pero se negó a quedar sin respuesta.
—No me gustaría haberle causado algún daño.
—Yo fui el que dañó su orgullo. Dado que ella y todo el mundo se cree que Nicky es mi hijo y que tú eres su madre. -Bulma frunció el ceño.
—¿Lo creen?
—¿Es eso algo en lo que tampoco has pensado? Dado que Tarble y Gure no van a tener derecho a criar a Nikos como su hijo, su verdadero parentesco ha de permanecer en secreto dentro de la familia. No quiero que Gure se vea humillada...-Bulma no se imaginó cómo podía resultar humillada esa mujer por algo que había sucedido antes de su matrimonio con Tarble. A no ser que estuviera en escena al mismo tiempo que Tights. Eso era posible, supuso. Tarble había revelado su verdadero carácter con la forma en que se había comportado con su hermana.
—Naturalmente, tan pronto como Nicky tenga edad de comprenderlo, se le dirá que es adoptado y, más tarde, creo que tiene todo el derecho a saber toda la verdad de su nacimiento.
—¿La tuya o la mía?-Vegeta la miró intimidatoriamente.
—Eres una mujer maliciosa y muy peligrosa, pero te lo advierto, no toleraré ninguna interferencia en esto cuando llegue el momento. Si es que sigues aquí, por supuesto. -Eso la hizo ponerse tensa.
—Y ¿por qué no voy a seguir?
—Vas a necesitar mucha fuerza de voluntad y humildad para seguir. Y, francamente, no creo que des la talla.
—Gracias por ese vote de confianza. Pero Bulma estaba sufriendo un torbellino interior que iba en aumento. El la estaba amenazando, pero eso sólo no la importaba demasiado. Lo que la estaba asustando más era que se trataba de la primera vez que veía a Vegeta como un hombre con sentimientos y posibles fragilidades. Él estaba muy amargado. Hacía tres semanas eso no le habría importado lo más mínimo. Entonces no había tenido muy en cuenta que había sido Tarble el que realmente había engañado a Tights, la había dejado embarazada y la había abandonado; negándose a apoyarla económicamente y mintiendo a su hermano acerca de ella. Con una información incorrecta, Vegeta había entrado en acción. Tarble podía haber seguido adelante y podía haberse casado con Tights desafiando a su hermano si hubiera querido hacerlo. Pero, la verdad era que Tarble no había querido casarse con su hermana y se había escapado, dejando que Vegeta le sacara de una situación vergonzosa. Así que Tarble era el verdadero pecador, pero Vegeta era el que se había sacrificado. Cielo Santo, ¿cómo no se le había ocurrido antes? ¿Por qué había centrado su odio sólo en Vegeta? Él había sido un oponente mucho más válido que el débil de su hermano pequeño. Tarble sólo se habla atrevido a aparecer brevemente durante el funeral de Tights. Y ella había obligado a Vegeta a pagar por el comportamiento de su hermano. Bulma se sintió de repente como alguien que saliera a la luz del sol después de estar mucho tiempo a oscuras.
—No es demasiado tarde para que cambies de opinión- le había dicho Uranai una y otra vez antes de la boda. Pero Bulma había estado ciega y sorda a esos consejos. Tenía en el punto de mira a uno de los Ouji y había disparado en nombre de la venganza. Y por Nicky, se recordó a sí misma. Desafortunadamente sólo ahora se daba cuenta de que acababa de destruir la vida de Vegeta mientras que Tarble había salido tan contento y eso no era justicia. Miró con los párpados entornados al marido que acababa de proporcionarse a la fuerza y su mirada chocó con la feroz de él. Unos ojos tan calientes como las llamas que la hicieron apartar los suyos rápidamente y sentir como ganas de vomitar. «Cielos, chica», pensó; «Este no es el momento de hacerlo».
