Capítulo 6
Bulma yacía tumbada en la enorme cama con los ojos fijos en la puerta. Estaba segura de que él había estado bromeando. Por supuesto. Seguramente para evitar que durmiera bien esa noche. Un hombre ha de sentirse atraído sexualmente por una mujer para hacer el amor con ella. Y Vegeta no se sentía atraído por ella, eso estaba muy claro. Además, para satisfacer esa clase de necesidades ya tenía a otras. También la preocupaba lo que estaba averiguando de su hermana y Tarble. Nunca antes había estado tan confundida. Hasta esa misma noche siempre había pensado en Tights como en la victima seducida y abandonada brutalmente. Pero ahora estaba empezando a verlo de otra manera. Tights le había ocultado deliberadamente la verdad de su relación con Tarble, lo mismo que había hecho él cuando lo conoció. Su hermana se había liado a sabiendas con un hombre casado y se había ido a vivir con él. Seguramente Tarble le había prometido divorciarse y luego se habría echado atrás. ¿Se habría quedado embarazada Tights a propósito en un intento de obligar a Tarble a que siguiera con ella? Bulma trató de no ver a su hermana como siempre lo había hecho, a través de sus ojos de hermana y madre amorosa. Siempre había sido muy cabezota, arrogante desde pequeña, cuando descubrió que su belleza era una fuente de poder con el sexo masculino. Tights habría encontrado el rechazo algo casi imposible de aceptar. Y amaba de verdad a Tarble. ¿Amaba él a Tights? ¿Importaba eso ahora realmente? Podía destruir las cartas sin leerlas. Ya sabía demasiado y no tenía ni la necesidad ni las ganas necesarias para saber más. De repente pensó en su propio comportamiento. Mirando hacia atrás ahora comprendía perfectamente la crueldad de Vegeta cuando se encontraron en su oficina. Él seguramente pensaba que ella sabía que Tarble estaba casado y era padre de dos hijos. ¡Tampoco le extrañaba que él no se hubiera creído que su hermano, ya casado, le hubiera regalado a Tights un anillo de compromiso! Fue ese día cuando Bulma empezó a odiar a Vegeta, al verlo como la barrera que se interponía entre su hermana y el hombre al que ésta amaba. Pero, sin ni siquiera sospecharlo, Vegeta y Bulma se habían visto envueltos en una intriga y ahora sabia por qué él siempre había condenado sus principios morales. Naturalmente, Vegeta había pensado que ella estaba animando a Tights a conseguir a su hermano. Ahora empezaba a ver todo lo que había sucedido desde la muerte de Tights bajo una luz diferente. Vegeta había querido proteger a su cuñada de esa humillación y de aparecer en los medios de comunicación. Algo muy comprensible. Gure ya había sufrido bastante. Y ¿qué había hecho Bulma? Le había amenazado a él y a su familia con contárselo a la prensa sensacionalista. Ahora se sentía avergonzada profundamente. Claro que, ¿cómo podía ella haber supuesto la verdad cuando Vegetá dio por hecho que ya la sabía? No le extrañaba que él la hubiera llamado bruja maliciosa ni que la ira lo asaltara cada vez que la veía. Aun así, había ido al funeral de Tights y, probablemente, había obligado a asistir también a Tarble. Estaba claro que se había preocupado por Nicky. Seguramente pensó que ella era una tutora muy poco aceptable para el niño y por eso decidió quedarse con él para que no sufriera por los hechos de sus padres. Era una situación imposible. Vegeta había tratado por todas las maneras de quitarle el niño. Le habría resultado mucho más fácil ofrecerle apoyo económico y luego olvidarse de su existencia. Pero Vegeta se había preocupado mucho por su sobrino y no se iba a conformar con algo así. -Soy un hombre de palabra. Un hombre de honor- le había dicho una vez. Cielo Santo, si eso era verdad, ¿dónde quedaba ese loco matrimonio al que le había obligado? Iban a tener que hablar claro de todos esos estúpidos malentendidos y luego le ofrecería una anulación del matrimonio. ¿Qué más podía hacer? Una vez tomada esa decisión, Bulma se sintió más en paz consigo misma. Iba a apagar la luz cuando se abrió la puerta y ella se quedó paralizada y boquiabierta. ¿Vegeta, se quedó allí en la puerta para dar un golpe de efecto o era su imaginación? Bulma lo miró paralizada. Estaba completamente vestido y el corazón se le tranquilizó un poco. Debía querer hablar con ella y, al ver que la luz seguía encendida, entró. Eso era todo. En el interior de la mente de Bulma una vocecilla le dijo que, si no, ¿qué más podía querer él para entrar en su dormitorio? Vegeta se acercó y apoyó las dos manos en el pie de la cama mientras la miraba de la misma manera como lo había hecho ese día en el salón de la casa de Uranai. El corazón se le volvió a disparar. Luego y, en silencio, Vegeta se incorporó y muy despacio se soltó el nudo de la corbata sin dejar de mirarla.
—No- exclamó Bulma. Vegeta tiró la corbata y se quitó la chaqueta. Sonrió seguro de sí mismo. Estaba claro que se encontraba en su elemento en el dormitorio de una mujer. Se desabrochó la camisa y dejó ver el musculoso y velludo pecho. Bulma se agarró desesperadamente a la ropa de la cama. Lo seguiría mirando pasara lo que pasara, porque estaba segura de que él no iba en serio.
—Si quieres aparecer desnudo en las páginas centrales de alguna revista no es necesario que me hagas un pase privado- dijo ella por fin, tratando de darle un tono de ironía a su voz.
—Tú comprarías la revista y la esconderías debajo de la cama. Ya te advertí hace algunas semanas que puedo manejarte con una mano atada a la espalda, pero que no te iban a gustar mis métodos. ¿Por qué no me hiciste caso?- le dijo él mientras colgaba la camisa y la chaqueta del respaldo de la silla.
—Tu machismo me deja fría, Vegeta- contestó ella logrando que los nervios no se le notaran en la voz.
—Cuando nos conocimos me di cuenta de los hermosos ojos que tienes. La segunda vez, recuerdo que pensé: vaya un sensacional par de piernas. Y la tercera pude admirar ese glorioso cabello tuyo. Te me has revelado poco a poco y cada vez me has excitado más, hasta que la química que hay entre nosotros se ha hecho explosiva.- Bulma se quedó estupefacta por esa confesión. Le dolía que él se riera de ella haciendo ver que lo atraía, pero pudo decirle:
—Vegeta, eso es una fantasía masculina que se te ha ido de la mano. Estás tratando de justificar tu muy poco justificable presencia en mi dormitorio. Y ¿te digo por qué?
—Si quieres... -Muy pálida,Bulma le espetó:
—He herido tu ego.
—Eso no lo lograría ni una bomba.
—Pues yo lo he logrado. Y ahora quieres elevar tu puntuación.
—Ya llegué al tope cuando era adolescente y me dediqué a revolcarme con cualquier cosa que tuviera faldas, excepto los escoceses, y que anduviera entre los dieciséis y los treinta años.
—Supongo que tenías mucho éxito.
—Mucho. Pero he madurado y ahora tú eres mi esposa.- Bulma volvió a mirarlo y vio que no llevaba encina ni un hilo de ropa, así que apartó la mirada a toda prisa, sabiendo que la imagen de Vegeta desnudo había quedado impresa en su memoria para toda la vida. Hasta entonces no se le había ocurrido que el físico masculino pudiera ser tan espléndido... o tan alterador.
—He pensado ofrecerte la anulación del matrimonio- le dijo ella de un tirón, como si estuviera tratando de llegar a un acuerdo con su verdugo.
—Es un poco repentino, ¿no?- bromeó Vegeta-. De eso nada.
—Te estoy ofreciendo devolverte tu libertad.
—¿Y también a Nicky?- En eso no había pensado.
—¡No!
—Entonces, no hay nada que hablar.- Pero estaba claro que si ella hubiera estado dispuesta a dejarle a Nicky, él habría accedido a la anulación. Cielo Santo, eso era lo que él quería realmente, lo que había planeado desde el principio y ella, como una idiota, se había metido de lleno. Nunca se le había ocurrido que él fuera a exigirle sus derechos maritales. Pero de alguna manera, Vegeta si que había descubierto lo que la podía desconcertar más y estaba dispuesto a jugar esa carta, a humillarla con la esperanza de que se marcharía más tarde o más temprano, dejándole a Nicky.
—¡Yo no sabía que Tarble estaba casado!
—Tu actuación ha sido bastante convincente. Pero eso no cambia el hecho de que estamos casados.
—No tenemos que seguir estándolo.- Vegeta se metió en el cuarto de baño sin contestarle. Ni la había escuchado. Bulma se apretó contra la almohada y contuvo un temblor de verdadero miedo. La simple perspectiva de Vegeta utilizando la intimidad sexual como arma la atemorizaba,
. Pensar en él mirándola desnuda, viendo todas sus deficiencias, tocándola con sus manos frías y humillantes mientras, sin duda, fantaseaba acerca de alguna de sus amantes para permanecer excitado... la aterrorizaba y torturaba. Entonces oyó la ducha. Ella sabía que no tenía unos ojos hermosos, ni piernas sensacionales y, también sabía lo que él no había descubierto aún, pero lo haría pronto. Lo que se ve no es lo que se tiene. Había logrado algo con un sujetador con relleno y, lo había hecho para que no se le notara lo plana que era, no para llamar la atención sobre esa parte de su cuerpo en particular. Entonces notó como la cama se hundía bajo el peso de él y se hizo una pelota, tratando de transformarse en algo inaccesible. Un dedo le recorrió la espalda y ella se estremeció.
—Cuando te dije que ni una bomba heriría mi ego creo que me estaba sobreestimando.
—Por favor... por favor, no me toques. No puedo cederte a Nicky, pero haré cualquier otra cosa. Permaneceré lejos de ti; no me verás nunca. ¡Puedes tener a todas las mujeres que quieras!
—Te quiero a ti- le dijo Vegeta cálidamente mientras se pegaba a ella.
—¡Has hecho trampa! ¡Estuviste de acuerdo sólo en un matrimonio de nombre!- exclamó Bulma furiosa consigo misma por haber dejado a un lado su orgullo para suplicarle que la dejara en paz y que ese ruego no hubiera despertado en él ni la más mínima compasión. Vegeta la hizo darse la vuelta y sus miradas se encontraron.
—¿Cuándo estuve de acuerdo en eso?- Bulma lo miró temblorosa, sólo entonces se dio cuenta de la realidad de esa omisión. -Yo nunca habría estado de acuerdo con eso en particular- continuó él muy tranquilamente-. Y es más, si no hubiera sido por tu atractivo físico, nunca habría estado de acuerdo con este matrimonio. Si no te hubiera encontrado atractiva no habría sido capaz de imaginarte en mi cama, habría sido una locura estar de acuerdo. Algún día quiero tener hijos propios... ¿de verdad te crees que te hubiera permitido privarme también de ese derecho?- Bulma tampoco había pensado en eso. Mientras respiraba agitadamente lo miró y se sintió atrapada por la sensación de la inevitabilidad del momento. El la había acusado de tener una visión estrecha. Y era cierto, se sentía culpable de ello.
—Si este matrimonio dura será en mis términos, no en los tuyos- afirmó Vegeta incorporándose en la cama. Al darse cuenta de sus intenciones, Bulma hizo un esfuerzo desesperado para librarse de él, pero Vegeta estaba preparado y la sujetó con una de sus grandes manos. Lo miró como un animal atrapado y el corazón latiéndole a toda velocidad. Entonces él le acarició la mejilla casi cariñosamente.
—Relájate.- ¿Estaba de broma? -No voy a hacerte nada que tú no quieras.
—Entonces, ¡apártate de mí!
—Estaba a punto de decirte que no te iba a hacer daño... pero eso no sería cierto. Nunca antes he hecho el amor con una virgen, pero seré lo más cariñoso y suave que pueda.- Bulma se ruborizó y pensó negar su inocencia. Se preguntó furiosa cómo podía ser tan evidente su falta de experiencia.
—Tú...- Vegeta le puso un dedo en la boca hacerla callar. Ahora él estaba tan cerca que notar su respiración en el pecho y todo su cuerpo masculino se apoyaba contra el de ella.
—Encendiste mi pasión esa noche en casa de Uranai y ni siquiera lo sabes. Todo el tiempo que estuvimos allí me lo pasé imaginándome cómo sería si te quitaba de encima esa bata y te poseía como ningún otro hombre lo había hecho.- Bulma lo miró, horrorizada.
—¡Pervertido!
—Estaba muy excitado- admitió él-. Como también lo estaba en el coche, después de la boda. ¿No te diste cuenta? ¿No ves cuándo un hombre te quiere arrancar la ropa? ¿No sientes la excitación en el ambiente, las vibraciones? Te miraba y pensaba que ahora eres mía y eres suficientemente mujer, sin importar lo que tú digas. Una mujer capaz de hacerse más hermosa sólo para agradarme.- Bulma estaba estupefacta por lo que Vegeta le estaba diciendo. En toda su vida se había imaginado que alguna vez un hombre la hablaría así.
—Agradarte no tenía nada que ver con eso.- Vegeta sonrió.
—Si tú lo dices...- El sorprendente carisma de su sonrisa la hizo olvidarse de todo. Y fue cuando estaba tratando de comprender la razón por la que una sonrisa la podía hacer marearse cuando Vegeta la besó. Fue un beso cariñoso, firme, exento de toda amenaza. Pero ella estaba empezando a acostumbrarse a esa delicadeza cuando el tono de la aproximación de él cambió. Gruñó de impaciencia y ella notó como una mana le agarraba más fuertemente el cabello y entonces la lengua de él se introdujo entre sus labios entreabiertos y ella se estremeció. La presión de la boca de él se incrementó y su lengua exploró el interior de la boca de ella. Eso no estaba sucediendo, dijo una vocecilla en el interior de la mente de Bulma. Vegeta no la podía estar haciendo disfrutar así, desear eso... necesitarlo. Pero sí que podía. Podía besarla hasta dejarla sin respiración, hacerla desear cosas que nunca hubiera soñado que pudiera desear.
—Te gusta esto... Ya lo sabía- susurró Vegeta. Ella se estremeció y cerró los ojos, sintiendo su cuerpo tensarse como si él hubiera programado su respuesta. Ella levantó las manos como si tuvieran voluntad propia y le agarró el espeso cabello negro. De repente ella se movió sin querer y se colocó debajo de él, deseando más contacto. Estaba en otro mundo, un mundo de sensualidad, muy consciente de su cuerpo como nunca antes lo había estado, consciente de su capacidad para el placer y seducida por la desesperada necesidad de que ese placer continuara. Notaba hinchados los senos y, cuando Vegeta le puso una mano en la espalda para acercarla más, sus endurecidos pezones entraron en contacto con el pecho velludo de él.
—Ah- exclamó ella sin respiración. Las manos de él le recorrieron el tórax y ella se quedó helada, pasando del placer al horror.
—¡No!- exclamó apartándose de sus labios. Pero Vegeta no le hizo caso, es más, bajó la boca hasta que con los labios tomó uno de sus pezones. La excitación volvió a recorrerla como un calambrazo. Todo su cuerpo se estremeció, las piernas le temblaron y apretó los dientes ante ese placer agónico. No pensaba ni sentía nada. El ansia de su cuerpo era terriblemente exigente. Dejó que él le siguiera lamiendo el pezón y luego que se lo mordisqueara mientras sus dedos, tan sabios, jugueteaban con el otro y la volvían más loca aún. El calor que sentía en el vientre hizo que moviera las caderas y pitó, gimió, quedó fuera de control por la intensidad de su excitación. Entonces él la miró intensamente y le dijo:
—Tienes unos senos preciosos. E increíblemente sensibles. No sabes lo que me están haciendo...- Ella lo miró también, pero con dificultad para enfocarlo. Estaba tan fascinada por la respuesta de él como por la suya propia. Lo estaba diciendo de verdad. No podía apartar de ella la mirada. En un momento, todos esos años de vergüenza fueron olvidados, desaparecieron para siempre jamás. Las pocas barreras que quedaban cayeron y ella floreció con una mezcla de placer y gratitud, dándose cuenta por primera vez de su propia feminidad. Sus miradas se encontraron y Vegeta bajó la cabeza como si ella tirara de él. Murmuró algo en griego y ella abrió los brazos, ansiosa por tenerlo junto a sí. Vegeta volvió a besarla, esta vez con toda su fuerza y necesidad y ella se dejó llevar sin miedo. Su último pensamiento coherente fue que, si tuviera que morirse sin saber cómo él la podía hacer sentir, preferiría no haber vivido nunca. Él le pasó un dedo por el muslo y ella se estremeció violentamente. Cada terminación nerviosa de su cuerpo estaba salvajemente alterada y entonces él la encontró, suavemente, amablemente, empezó a explorarla con sus sabios dedos hasta que ella estovo a punto de gritar y llorar. La hizo colocarse debajo de él y Bulma se murió de ganas de saborear la culminación que sólo él le podía proporcionar. Vegeta la miró, dudando a pesar del ansia que se leía en sus ojos. La hizo apartar las piernas, se las levantó y le dijo:
—Voy a hacerte daño.
—No me importa- susurró ella. Entonces él la volvió a besar brevemente. Se levantó y la observó mientras entraba en ella poco a poco. Ella abrió mucho los ojos. Le dolía mucho. Y, de repente, ese dolor se transformó en un éxtasis de sensaciones atormentadoramente intensas y casi se desmayó. Entonces él empezó a moverse, apretándole el trasero con las manos y proporcionándole el mayor placer que ella hubiera recibido nunca. Se metió en ella una y otra vez, con largos y seguros empujones que la hicieron perder todo el control y con todo su cuerpo centrado en la excitación explosiva que él estaba creando en su interior. Entonces, de repente, la frenética tensión llegó a la cima y Bulma se vio elevada violentamente hasta el borde de la satisfacción. Se apretó salvajemente a él mientras gritaba sin saber siquiera lo que decía:
—¡Vegeta... Vegeta! Tenía lágrimas en los ojos y una sensación casi infantil de maravilla cuando él se estremeció y llegó a la misma meta. No podía recordar haber estado tan cerca de otro ser humano en toda su vida. Un tremendo cariño la llenó. Estaba sintiendo una pasión que nunca antes había soñado. Había pensado siempre de sí misma que era inmune a las necesidades físicas, insensible y sin sexo, pero Vegeta le había mostrado perfectamente su capacidad para sentir. Y sabía que esa experiencia la hacía cambiado irrevocablemente para siempre. Vegeta se apartó a un lado y ella se sintió de repente muy tímida y confundida, perdida en una situación nueva para ella. Se dio cuenta de que no se sentía más casada ahora que antes y que esa intimidad sexual sin comunicación no era más fácil de soportar sólo porque su amante era su marido sobre el papel.
—Vegeta... creo que tenemos que hablar- murmuró ella recordando lo muy cariñoso y paciente que había sido él con su inexperiencia. Él la miró con una expresión inescrutable.
—¿Por qué?- Ella se había esperado casi cualquier cosa, menos esa única y descorazonadora palabra.
—Has cambiado las reglas, tal como yo las veía. ¿A dónde nos va a llevar nuestro... nuestro matrimonio después de esto?
—Pero nosotros no tenemos un matrimonio- dijo Vegeta sonriendo sarcásticamente-. No en el sentido que tú sugieres. Yo me casé contigo porque no tenía más remedio. No me diste otra posibilidad.- Bulma se quedó pálida.
—Yo quería a Nicky y pagué el precio.
—Dijiste que me querías- susurró ella y, un segundo más tarde, deseó haberse mordido la lengua por haber sido tan sincera.
—En mi cama... no como mi esposa.
—¡No me habrías tenido de otra manera!- exclamó ella tratando de ocultar lo mucho que le habían dolido sus palabras. Vegeta la miró sonriendo insolentemente de una forma que le recordó lo fácilmente que había transformado su miedo y sus negativas en una rendición completamente voluntaria.
—¿Crees que no?
—Ya te dije que no sabía que Tarble estaba casado... ¡qué ambos me mintieron!- Bulma se tapó los senos con la sábana y trató de explicarle cómo se sintió después de la muerte de Tights.
—Si yo hubiera sabido la verdad, no me habría sentido tan amargada y no te habría culpado a ti de haberle arruinado la vida a Tights. ¡Cielo Santo, Vegeta, Tarble me dijo que habías amenazado con desheredarlo si se casaba con Tights! Ella estaba embarazada. Por supuesto, yo te culpé a ti y te odié por la forma en que hablaste de ella ese día en tu oficina.
—¿Qué estás tratando de demostrarme con esas mentiras?- dijo Vegeta mientras salía de la cama-. Si mi hermano fuera un asesino yo no lo abandonaría. Es mi familia, haga lo que haga. Y, con respecto a lo de desheredarlo... Tarble es bastante rico por si mismo y yo no tengo ningún control sobre sus finanzas. Vegeta empezó entonces a vestirse de nuevo.
—Entonces también mintió en eso. De acuerdo, admito que no debería haberte exigido que te casaras conmigo...
—Yo creo que querías atrapar a un multimillonario y que ahora te quieres colgar de él. ¡Tiene que haber alguna razón por la que la bruja de verdad sigue sin aparecer!
—¿Cómo... cómo puedes lastimar así mis sentimientos?
—Tú eres mi esposa y te acostarás conmigo siempre que yo lo quiera. Es mi derecho. Pero fuera del dormitorio no tienes ningún derecho que no te dé yo. Te obligaste a ti misma a casarte conmigo, así que no te puedes quejar. Y, con respecto a eso de que puedas ofrecerme de nuevo la libertad, te diré que no la he perdido nunca. ¡Haré siempre lo que quiera y no hay nada que tú puedas hacer para evitarlo!- Ella se sentó como una pequeña estatua en la gran cama. El orgullo le exigía que no revelara lo afectada que estaba. Pero cada una de las palabras de él fueron como dardos afilados que se le clavaban en la piel.
—No quiero evitarlo.- Sabía que, después de lo que él le estaba diciendo, no había forma de que ella volviera a compartir la cama con él.
—¿No? ¿Quieres decir que no estás pensando ponerte posesiva poco a poco? ¿Qué no vas a empezar preguntándome a dónde voy, cuándo voy a volver a casa, dónde he estado y demás? ¡Vi a mi padre pasar eso con Vivien y ninguna mujer me va a manipular así a mí!- Así que era por eso por lo que había pensado casarse con Milk. Evidentemente, esa mujer no le habría hecho sentirse atado, no le habría exigido fidelidad y no le habría hecho preguntas incómodas. Bulma estaba inmersa en .una absoluta confusión porque Bulma había cambiado les términos del matrimonio tal como ella los había entendido, y había incluido una intimidad para la que ella no estaba preparada. Y ahora él le estaba diciendo que esa intimidad no iba a coartar para nada su libertad ni iba a alterar su forma de vida o su relación. ¿Qué relación?, pensó ella, sorprendida por su propia estupidez.
—Y, de paso, estás perdiendo el tiempo con eso de ponerte en plan maternal con Nicky. No me impresionas. ¿Por qué no te limitas a hacer lo que se espera que hagas?- Muy pálida, ella le preguntó en voz baja:
—Y ¿qué es eso?
—Vete de compras hasta que te agotes. Vegeta pensó que eso se lo merecía. Cielos, ¿cómo podía haber dejado a un lado todos sus principios y se había gastado el dinero de él antes incluso de casarse? Incluso Uranai, no precisamente conocida por sus escrúpulos sobre el dinero, se había visto sorprendida. Ese horrible contrato y, sí, ¿por qué no lo había admitido de una vez? Después de todo, incluso Vegeta habla visto lo que se le había pasado por la cabeza, había querido desesperadamente tener el mejor aspecto posible; no ver el rechazo en la mirada de él. Pero no había sido consciente de esa motivación subconsciente hasta ahora y no había estado tratando de atraerlo. Nunca se hubiera imaginado que eso estuviera en su mano.
—No debería haber utilizado tu dinero antes de estar casados- murmuró ella con la sinceridad que era parte innata en su carácter.
—¿Esa nadería? ¡Esperaba que te gastaras casi la mitad de ese dinero en sólo un vestido! Y ¿para qué te crees que se te dieron esas tarjetas de crédito? Yo estaba rogando para que te fueras de compras e hicieras algo para mejorar tu imagen. De alguna manera eso fue más humillante todavía. Nunca antes en su vida Bulma se había sentido más vulnerable. No podía mirarlo. Estaba empezando a verlo todo borroso por las lágrimas. De repente deseó ser una verdadera bruja. Tal vez así podría estar mejor a la altura de Vegeta. Él tomó una de las flores de uno de los floreros y la dejó sobre la cama.
—Será mucho más fácil vivir conmigo cuando dejes de pretender que eres algo que no eres.- Bulma empezó a llorar en el mismo momento en que la puerta se cerró. Enterró el rostro en la almohada, no fuera él a oír sus sollozos desde fuera. ¡Estaba muy enfadada consigo misma! ¡Y sorprendida por su debilidad! Tenía casi veinticinco años y se había comportado como una adolescente hambrienta de sexo cuando él la tocó. ¡Lo único que él había tenido que hacer era decirle que la deseaba y ella se había derretido y había permitido que le hiciera el amor! Estaba claro que, en su interior, seguía existiendo una chica de dieciséis años con muy poca confianza en sí misma. Una chica de dieciséis años que, una vez, salió muy dolida de una situación y que sabía que, esa noche, lo había resultado más aún. Siempre se había dicho a si misma que era feliz viviendo sola, que no necesitaba ningún hombre que le diera más significado a su vida. Y se lo había creído. Se había sentido segura así. No quería volver a correr el riesgo de resultar herida de nuevo y se había convencido a sí misma de que estaba sola voluntariamente, no porque no atraía a ningún hombre lo suficiente como para que alguno le pidiera salir. Pero eso estaba más cerca de la realidad. Vegeta era muy atractivo, pero ella se lo había negado con la facilidad que le daba una larga práctica. No se le había ocurrido que él la pudiera encontrar atractiva a ella e, instintivamente, se había negado a admitir o reconocer que él la estaba afectando. Pero Vegeta había leído en ella como en un libro abierto y había sabido lo que quería antes incluso que ella. Se había metido en su cama sólo porque él veía que era su derecho. Por alguna razón que sólo él conocía, Vegeta la encontraba básicamente atractiva. Pero esa era su única atracción y no debía ser mucho, visto su posterior comportamiento. Vegeta seguía pensando que ella había querido atraparlo y que había utilizado a un niño inocente para proporcionarse un marido rico. No se creía que ella amara a Nicky. Ni que su hermano fuera un mentiroso. No parecía creerse nada de lo que ella le dijera y sí que estaba actuando para impresionarle y hacerle creer que ese matrimonio podía tener un futuro de verdad. Luego estaba la escena de cama que acababa de tener lugar. A pesar de la poca experiencia que tenía sí que sabía una cosa. Y se había olvidado de ella por completo. Los hombres siempre quieren sexo. Estaban programados de esa forma. Y sólo porque Vegeta era guapo, rico y malcriado en lo que se refería a satisfacer sus necesidades sexuales no significaba que fuera diferente de todos los demás hombres que habían tratado de ligar con ella. No, lo único que había diferente en él era que había triunfado donde los demás se habían estrellado. Y lo había hecho sin mucho esfuerzo. Se ruborizó. Y, cuando hubo terminado, pensó, se había levantado de la cama y la había hecho sentirse fácil, estúpida y tontamente inocente porque se había llegado a creer que, de alguna manera, él había cambiado de opinión sobre ella. Nada le había dolido tanto antes. Su orgullo, se dijo, él lo había restregado por el polvo. Bueno, nunca más lo volvería a hacer, se juró a sí misma. Ella se había casado para ser la madre de Nicky y nada de lo que Vegeta pudiera hacer iba a impedir que lo hiciera así. ¡Vegeta era un cerdo cruel y sin corazón que se iba a acordar de lo que le había hecho esa noche!
