Capítulo 8

—¡ARRIBA!- A la mañana siguiente algún ser cruel le quitó las mantas de encima a Bulma; dejándola al fresco. Abrió los ojos y vio a Vegeta, completamente vestido con un traje inmaculadamente cortado color azul marino.

—¿Arriba?- repitió ella adormilada-. ¿Qué hora es?

—Las siete. Y, como una buena mujercita, te vas a levantar y a desayunar conmigo- dijo el sádico-. Cepíllate el cabello, lávate la cara y baja conmigo.- Bulma se estremeció de frío y por lo rudo del despertar. A ella le gustaba despertarse despacio y tranquilamente, tomándose su tiempo.

—Eres como un zombi a esta hora, ¿no?- le preguntó Vegeta al tiempo que le ponía un cepillo en la mano.

—No tengo una bata.

—Ponte mi batín.- Vegeta la hizo sentarse y le puso el batín.

—Estoy ridícula

—Y ¿a quién le importa?- Bulma se metió en el cuarto de baño y gimió. Apenas había dormido la noche anterior y ahora la tortura empezaba casi con el amanecer. ¿Qué le pasaba a Vegeta? ¿Es que los Ouji tenían una vena de locura en la familia? ¿Es qué ella no le había dado lo que él decía que quería? ¿Es qué no lo había dejado en paz y se había apartado de su camino? Seguro que la mayoría de los esposos infieles matarían por una libertad como esa. Entonces, ¿por qué Vegeta le estaba pidiendo de repente que hiciera las cosas que hacen las esposas, tales como compartir la cama y el desayuno? Cuando estuvieron sentados a la mesa, Vegeta le dijo de repente:

—No vendré a casa esta noche.- Bulma ni parpadeó. Pero sí se preguntó por qué se había molestado en decírselo.

—Estaré en Génova hasta mañana.- Luego se produjo un largo silencio. -¿Es qué no tienes ningún interés en mis movimientos?- le preguntó luego Vegeta muy tranquilamente. Ninguno, se dijo Bulma. No podía permitirse tener ningún interés. Quería pensar en Vegeta como en el tío de Nicky, no como en su marido. En realidad, se había negado a pensar en él como en su marido.

—¿Quieres que me interese?- Vegeta apretó la mandíbula, le brillaron los ojos y apartó su servilleta.

—Te veré mañana.- Bulma se aclaró la garganta para hacerle una pregunta que llevaba varios días pensando:

—¿Vegeta...?- Vegeta miró impaciente.

—¿Cuándo piensa venir Tarble a ver a Nicky?- Vegeta pareció sorprendido.

—Está invitado a hacerlo cuando quiera desde nuestra boda.- Bulma tomó aire.

—¿Soy yo? ¿Es por mí por lo que no ha venido?

—De verdad que no tengo ni idea. Naturalmente, no será una reunión fácil para ninguno de vosotros dos. Aunque un poco más de sinceridad por tu parte simplificaría las cosas.

—¿Por mi parte?

—Te admito que no supieras que Tarble estaba casado. Pero no aceptaré lo que dices de que le pidió a tu hermana que se casara con él.

—Lo hizo.

—Ni tampoco aceptaré que dejara a tu hermana sin medios económicos para salir adelante con el embarazo.

—También lo hizo.

—No me lo creo. Para él lo más sencillo para acallar su conciencia habría sido darle dinero. Tarble sabía que el talón que te di no fue cobrado nunca. Cuando decidas afrontar la verdad de todo esto tal vez entonces anime a Tarble a que nos visite.

—No estoy mintiendo.- A pesar de todo, Bulma sabía que, sin pruebas, no iba a poder convencerlo de lo contrario. De repente Bulma se dio cuenta de que era importante la opinión que Vegeta tuviera de ella.

—Por Nicky, estoy dispuesto a hacer ciertos sacrificios.

—¿Sacrificios?

—He visto por mí mismo que, a pesar de otros defectos que puedas tener, tu amor por ese niño es sincero e, indudablemente, serás para él una madre más amante que cualquier otra mujer con la que me pudiera haber casado. Y, por esa razón, he decidido hacer todo lo que esté en mi mano para que este matrimonio funcione- dijo él arrogantemente.

—Anoche, sin ir más lejos, hasta cenaste en casa- dijo Bulma sarcásticamente. A Vegeta le brillaron los ojos.

—Espero de ti que hagas el mismo esfuerzo.

—No en tus términos.

—O en mis términos o no hay nada de que hablar.- Ella lo miró sabiendo que no sobreviviría en esos términos. Finalmente él le estaba diciendo por que esperaba ahora que compartiera su cama de forma permanente. Cielos, ¡qué honor! Vegeta Ouji acababa de hacer un gesto increíblemente magnificente. Iba a aceptarla a ella como su esposa, pensó Bulma sarcásticamente.

—No puedo aceptar tus términos.- Sabía que esos términos acabarían con ella. Compartir su cama y la pasión sin amor, respeto o, siquiera fidelidad la volverían loca. Ni siquiera tener hijos suyos disminuiría esa humillación. Inevitablemente, su amargura y resentimiento triunfarían y ya no habría felicidad para ninguno de los dos en semejante arreglo.

—Si no lo haces, me divorciaría de ti. Y me aseguraré de que Nicky siga conmigo.

—¡No puedes hacer eso!

—Como me dijiste una vez, el dinero lo puede todo. Y, teniendo en cuenta el acuerdo prenupcial que firmaste y que estoy seguro que recuerdas, si el matrimonio se rompe por cualquier razón no te va a quedar dinero apenas para volverte a tu casa.- Nunca se habría imaginado que Vegeta fuera tan cruel. La mente empezó a funcionarle a Bulma a toda velocidad y, al parecer; encontró una forma de contraatacar al recordar que él le había dicho que quería tener hijos.

—Si quieres tener hijos podemos recurrir a la inseminación artificial.- Vegeta la miró pasmado y Bulma se puso a explicarle las maravillas de la técnica moderna, que iba a evitarles que tuvieran el más mínimo contacto corporal. Vegeta se había quedado como helado, aparentemente atontado por la sugerencia de que podía ser padre de toda una familia sin ni siquiera tocarla a ella. De repente levantó una mano para hacerla callar y la miró con los párpados entornados.

—¿Estás tratando de decirme que debo ir a un laboratorio para que te quedes embarazada?- Bulma se ruborizó, pero continuó insistiendo.

—De esa forma podremos respetar los términos originales de nuestro matrimonio.- Vegeta estalló entonces.

—¡Tienes que estar loca para sugerirme semejante cosa!

—Vegeta, si podemos, por una vez, hacer a un lado ese condicionamiento de macho que tienes y hablamos de esto como personas maduras que somos, verás que es realmente una solución muy cuerda al problema.- Vegeta se acercó a ella y la agarró con sus poderosas manos, haciendo que se levantara de su silla.

—¡Mis hijos no van a ser concebidos en un tubo de ensayo y eso no tiene nada que ver con mi condicionamiento de macho!- dijo él ferozmente-. Cuando tú empezaste la conversación pensé que estabas de una broma. No podía creerme que ibas en serio.- Bulma no intentó escaparse. Esa lección ya la había aprendido. Vegeta era considerablemente más fuerte que ella, así que se quedaría como estaba.

—No quiero dormir contigo- dijo-. Ese es un sacrificio para el que no estoy preparada.

—¡Bruja!- Inmediatamente después, Vegeta pareció olvidarse de su fluido inglés y se puso a hablar en griego dejándose dominar por una furia salvaje.

—No sé por qué te lo tomas así, Vegeta- dijo ella trémulamente-. No es como si tuviéramos sentimientos el uno por el otro, como los demás matrimonios.

—¡Pero es que yo si tengo algunos poderosos sentimientos hacia ti!- Vegeta la levantó entonces y la llevó hacia la puerta. El piloto del helicóptero estaba esperándolo fuera y dijo algo de que iban a llegar tarde.

—Tomaré otro vuelo más tarde- dijo Vegeta.

—Suéltame- dijo Bulma mientras subían las escaleras -.

¿Qué demonios te crees que estás haciendo?- Una vez fuera de la vista de la gente que pudiera estar abajo ella trató de librarse de él.

—¡Para!- exclamó. Pero él no le hizo caso y un fusible se fundió dentro de Bulma. Tenía una mano libre y la aprovechó para tratar de golpearlo, pero Vegeta se la agarró, la controló y se la echó al hombro como hacen los bomberos.

—¡Animal!- gritó ella-. ¡Bájame de aquí inmediatamente!- Y él lo hizo, pero la dejó en la cama y se tumbó sobre ella tan deprisa que Bulma no tuvo tiempo de reaccionar.

—Eres mi esposa y quiero hacerte el amor.

—¡Puedes estar seguro de que, si sucede algo, será una violación!- Vegeta la hizo tumbarse y le desató el cinturón del batín, abriéndoselo.

—¡Si me haces esto nunca te lo perdonaré!

—No, es a ti a quien no perdonarás- murmuró Vegeta suave, intensamente mientras veía en el rostro de ella como se reflejaban las distintas emociones que pasaban por su mente-. Y lo único que se interpone entre nosotros es tu orgullo y tu necesidad de ser la que lo controle todo. En mi cama estás fuera de control.- Impresionada por su clarividencia, Bulma lo miró.

—Te odio, Vegeta.

—No lo creo. Lo que sí creo es que me deseas tanto que te aterroriza.

—Naturalmente, eso es lo que quieres pensar.

—No lo pienso, lo sé.- Vegeta se quitó la chaqueta y, la tiró a un lado. Luego se soltó la corbata con una mano no muy firme.-Me excitas tremendamente. Realmente no puedes esperar que no sepa que eso es mutuo.

—¡No lo es!- exclamó ella con los dientes apretados.

—Nuestra noche de bodas fue inolvidablemente erótica- afirmó él mientras se quitaba la camisa-. He podido pensar en pocas cosas más durante estas dos semanas interminables. En realidad, sólo he tenido que pensar en lo que era estar dentro de ti y yo...

—¡Calla!- Vegeta sonrió. Todo su enfado se había disuelto en lujuria.

—Y la maravilla de encontrar una mujer de tu edad tan inocente y tímida tiene un encanto y un atractivo que nunca pensé experimentar. ¿Por qué seguías siendo virgen?

—¡Siempre me aparté de los cerdos como tú!

—O, tal vez, de alguna manera sabías que yo estaba en tu futuro.

—¡Si lo hubiera sabido habría ido a tu oficina con una escopeta!

—Y yo te habría encontrado aún más atractiva. Durante toda mi vida de adulto el sexo femenino ha hecho de todo para agradarme. Me he visto perseguido, acosado y animado por todas las mujeres que he conocido desde que cumplí los quince años.

—¡Engreído!

—Entonces apareces tú y, por primera vez, me veo retado y, créeme, me costó mucho no ponerte las manos encima hasta la noche de bodas. No quería que te echaras atrás. Fue por eso por lo que no aparecí durante las semanas anteriores a la boda.- Bulma estaba tan enfadada que no paraba de decir incoherencias.

—¡Animal! ¡Bestia!- Vegeta se rió suave, espontáneamente y le puso un dedo en los labios para que se callara.

—Por las noches me tumbaba en la cama y pensaba en cómo seria tenerte debajo de mí. Pensaba en lo que sería ese fiero espíritu tuyo cuando se transformara en pasión. ¡Estaba seguro de que superarías todas mis fantasías en la cama!- La satisfacción de él era evidente y ella le golpeó el pecho con los puños.

—¡Vegeta, apártate de mí!- gritó. Vegeta se bajó la cremallera de los pantalones mientras le sonreía. De repente esa sonrisa lo hizo parecer sorprendentemente mucho más joven que nunca. El teléfono empezó a sonar. Vegeta contestó sin quitarse de encima de ella.

—No me pasen más llamadas- dijo y colgó.

—Quiero que me dejes ir.

—Luego tardé un par de semanas en hacerme a la idea de que estábamos casados- continuó él-. Un par de semanas para acostumbrarme al hecho de que tenía una esposa que era la amante perfecta. Un pequeño ajuste mental y aquí estoy. ¿De qué me puedo quejar? Además, después de que lucharas como una amazona, me ignoraste a mí y a lo que pudiera estar haciendo. Y he descubierto que hay algo que no puedo soportar y es que me ignoren.- Ella no sabía de lo que le estaba hablando. Parecía estar sugiriendo que el que ella lo evitara había sido parte de una estrategia femenina para atraerlo. Pero en ese momento sus labios entreabiertos entraron en contacto con los de él. Vegeta gimió contra su boca y tomó posesión de la misma con todo el vigor y la fuerza del ansia. Bulma trató de luchar contra el efecto que le producía ese beso, concentrándose en la imagen de sí misma embarazada mientras Vegeta seguía con sus correrías de mujeriego. Apartándose un poco logró decir:

—No quiero quedarme embarazada.

—Bueno. Por lo menos durante un año. Fastidiaría esto.- Vegeta siguió besándola mientras con una mano le acariciaba el sedoso cabello y con la otra hacía lo mismo con sus hombros. A Bulma le pareció como si su cuerpo y su mente estuvieran completamente separados. Se dio cuenta de que deseaba tocarlo, deseaba estar entre sus brazos. Lo deseaba tanto que casi le dolía físicamente pensar que podía no estar allí. Vegeta se volvió un momento y a toda prisa se quitó lo que le quedaba de ropa, haciendo lo mismo con ella a continuación.

—Ven aquí- le dijo luego abriendo los brazos. El choque que le había producido a ella esa breve separación la había dejado helada, así que se acercó a él a toda prisa. Vegeta se la colocó encima y la abrazó mientras la miraba a los ojos.

—Por fin- dijo al ver en ellos su rendición-. No me vuelvas a negar esto nunca más.- Bulma notó el poder que él tenía sobre ella y su mente reconoció esa realidad. Aquello sólo era sexo y podía luchar contra ello si quería hacerlo de verdad. Por supuesto que podía, dijo una vocecilla en su interior. Pero no pudo moverse de donde estaba. El la mantenía allí por la fuerza de una voluntad superior.

—Nunca -repitió Vegeta. Lo que le estaba pidiendo era una rendición sin condiciones. Ella lo sabía y lo odiaba, pero aún así no luchó contra él.

—Y descubrirás lo generoso que puedo ser como amante.- Bulma dejó de pensar. Una mano estaba recorriendo el valle entre sus senos y luego un pulgar le rozó uno de los endurecidos pezones y ella tragó saliva y se estremeció. Cerró los ojos y él la hizo subir para, de repente, apoyar los labios en ese mismo pezón. Bulma gimió, sintiendo una mezcla de culpa y excitación, Abrió los ojos y la imagen de la cabeza de él contra sus senos se le quedó grabada para siempre en la mente. Vegeta la hizo tumbarse en la cama y ella se puso a respirar como si acabara de correr un par de kilómetros a toda velocidad. Se sentía tan fláccida como una muñeca de trapo. El la tocó, la acarició y la recorrió con su atormentadora boca y con toda su sabiduría y experiencia en la cama, contra las que ella estaba completamente indefensa. Le pasó la punta de la lengua por el vientre y los muslos de Bulma se abrieron involuntariamente, lo mismo que hicieron sus dedos al agarrarse al cabello de él. Vegeta sabía dónde tenía que acercarse y Bulma se tensó cuando la tocó allí. Pero antes de que ella se pudiera apartar instintivamente, Vegeta la agarró por las caderas, aprisionándola.

—No... eso no...- gimió ella. Pero Vegeta no le prestó atención y, momentos más tarde, Bulma estaba perdida, poseída por un deseo inenarrable. La exploración íntima que Vegeta estaba llevando a cabo la había reducido a una masa de carne temblorosa. Bulma gimió de placer. Ardió víctima de un ansia consumidora que la hizo agarrarse con todas sus fuerzas a las sábanas que tenía debajo. Y, justo cuando estaba a punto de llegar al clímax, Vegeta se colocó encima de ella y se hundió en el nido caliente y húmedo que se había preparado. Instantáneamente ella llegó a ese punto que segundos antes había deseado tanto y su cuerpo se estremeció espasmo tras espasmo con un glorioso placer. Vegeta la estaba observando cuando volvió al mundo que había dejado atrás. Bulma vio la brillante sonrisa de él con los párpados entornados. Él volvió a empujar lenta, decididamente y ella volvió a cerrar los ojos, sorprendida al ver que la excitación volvía a despertarse en su interior. Vegeta le hizo el amor como si no hubiera un mañana y ella se vio sorprendida porque tampoco quiso que lo hubiera. El placer creció y creció y, por segunda vez, Bulma alcanzó las mismas alturas de antes. Incluso más aún. Bulma volvió a la realidad en la cama deshecha y se preguntó qué día era, quién era ella. Cinco horas en la cama con Vegeta la habían desconcertado más que un poco. Lo recordaba vagamente vistiéndose antes de que ella se quedara dormida. Entonces se le había ocurrido que Vegeta era tan increíblemente maravilloso que ella tenía mucha más suerte que todas las demás mujeres. Pero la pasión había matado su inteligencia. En la cama no había pensado en él, se había limitado a funcionar como un robot de pasión, programado sólo para dar y recibir placer. Y no creía que pudiera echarle la culpa de su respuesta a su desafortunada experiencia juvenil. No era algo tan simple. Se estaba enamorando de Vegeta. Era como un ladrillo que cajera desde lo alto de un rascacielos. Cada vez la cosa iba más deprisa y se dirigía indudablemente hacia la destrucción en cuanto tocara el suelo. Ahora ya sabía por qué le dolía cuando Vegeta la acusaba de ser una mentirosa. Sabía por qué no tenia la fuerza necesaria para apartarse de él. De manera deseaba a Vegeta de cualquier forma en que lo pudiera tener. ¿Cómo y cuándo pudo haber sucedido? ¿Cómo era posible que ella se hubiera empezado a enamorar de un hombre como Vegeta? Al era la auténtica antítesis de lo que ella admiraba en el sexo masculino. Pero era fantástico en la cama, dijo una vocecilla en su interior. Tal vez lo que sentía por él no fuera amor, sino simplemente, atracción física. ¿Qué sabia ella de amor? Nada. Una desilusión a los dieciséis años y luego un desierto emocional desde entonces. No era amor, se dijo a sí misma. Sólo eran sus hormonas desatadas después de tanto tiempo de verse sujetas. Salió de la cama. Le dolía todo el cuerpo. Estaba claro que ese hombre era excesivamente sexual. Como un hombre de Neanderthal. Vegeta era tan básico que debería de estar extinguido. Pero la deseaba. Oh, sí, Vegeta la deseaba. De momento. Probablemente hasta que se diera cuenta de que ella ya no era un reto. Si se rendía, a él se le pasaría la sensación de la novedad. Estaba saliendo del cuarto de Nicky cuando aparecieron Lazuli y el mayordomo de Vegeta, Ten Shin Han, con su habitual rostro inexpresivo.

—Una entrega especial, madame- le dijo Ten ofreciéndole un paquete.

—¿Para mí?- Bulma lo abrió y se encontró con una cajita de joyería. La nota estaba escrita con la casi indescifrable letra de Vegeta y ponía: Por las más eróticas y excitantes cinco horas de mi vida. Yo también puedo ser romántico. Vegeta.- En la caja había un collar de diamantes. Decía que también podía ser romántico. Ni de broma, pensó ella amargamente. ¿Qué tenía de romántico ser recompensada por haberle proporcionado un buen rato en la cama? Ese hombre no tenía ni idea de cómo ser romántico porque nunca antes se había visto obligado a hacer semejante esfuerzo. Consciente de que la estaban mirando, se metió la tarjeta en el bolsillo y les enseñó el contenido de la caja.

—¡Ooooh!- exclamó Lazuli.

—Magnifique- dijo Ten totalmente impresionado.

—¿Quieres probártelo? - le preguntó ella a la muchacha.

—Non, madame. Pero deje que la ayude. Media hora más tarde, Ten le dijo que tenía una visita, Madame Du Pré "Satán". La mujer que se le acercó en el salón era muy bella. Alta y delgada, su suave cabello negro lo llevaba peinado como el de una bailarina. No sólo era bella, sino también muy elegante. Una grave sonrisa adornó sus rasgos perfectos cuando extendió la mano.

—Soy Milk. Espero poder llamarte Bulma.

—Milk- dijo Bulma tragando saliva-. Por favor, siéntate.

—Ya veo que no estás muy preparada para tener visitas. Siento haber venido en este momento.

—Hace ya rato que he almorzado.- Bulma se preguntó por qué esa mujer pensaba que no era el momento apropiado para que ella tratara con su primera y única visita. Milk se rió.

—Creo que las dos sabemos que no me estaba refiriendo a la hora- dijo Milk mientras se sentaba en un sillón-. Conozco a Vegeta desde hace muchos años y me tengo por amiga de la familia. Si no fuera por eso ni se me habría ocurrido venir para mi ayuda.- Bulma se sentó en otro sillón delante de esa mujer.

—Perdón, ¿tu ayuda?

—Odiaría que consideraras esta visita como una intrusión.

—Por supuesto que no. Eres muy bienvenida.

—Gracias.- Luego Milk suspiró y continuó hablando. -Cuando todo París no para de comentar las últimas noticias de la prensa del corazón no es necesario que te sientas como si tuvieras que salvar la cara conmigo. Estoy aquí para ofrecerte mi amistad y mi preocupación. La prensa se está comportando atrozmente; pero ya que Vegeta se ha ofrecido a la publicidad con tan poco respeto hacia el honor de la familia ¿qué nos podemos esperar?- Bulma no tenía ni idea de lo que le estaba hablando esa mujer. No había leído ningún periódico o revista desde la mañana después de la boda. Dado que casi nunca leía la prensa y prefería los informativos de la televisión o un buen libro para pasar el rato, no se había dado cuenta de la sorprendente ausencia de prensa escrita en el castillo. Su imaginación empezó a trabajar a toda velocidad mientras trataba de ocultarle su ignorancia a Milk.

—Sí, ¿qué nos podemos esperar?

—Discreción- murmuró Milk-. Y, si te parece mal que te ofrezca mis consejos...

—No, te los agradeceré mucho.

—Dile a Vegeta qué no soportarás más semejante comportamiento. Puede que no haya querido darle publicidad a su súbito matrimonio; pero todo el mundo sabe que es un hombre recién casado. Sin embargo, el que no deje de aparecer todas las noches en lugares públicos con distintas mujeres lleva a que la prensa se cebe con él de una forma deplorable.- Entonces Bulma se dio cuenta de lo que le quería decir y Milk siguió hablando. -Me sorprende que Vegeta haya caído tan bajo.

—A mí no- dijo Bulma mientras la furia empezaba a apoderarse de ella.

—Estoy dispuesta a hablar a Vegeta en tu favor y a razonar con él.

—Es muy amable por tu parte; pero yo no necesito esa clase de ayuda.- Bulma se puso en pie sonriendo tan ampliamente que le dolió la mandíbula. -Estoy encantada de haberte conocido, Milk. Vivien me contó lo mucho que me ibas a impresionar y lo estoy de verdad.- Milk se ruborizó levemente y se levantó también.

—Pero yo...

—¡Ten!- dijo Bulma, segura de que el mayordomo no estaría muy lejos.

—Me temo que te he ofendido.

—Ah, aquí está, Ten. Por favor, acompañe a la puerta a Madame Du Pre.

—Vegeta se pondrá furioso cuando sepa esto.

—No lo creo.- Bulma, temblando violentamente; observó como Milk se marchaba. Tenía todo el aspecto de la dignidad herida. Cuando Ten volvió, ella le dijo:

—Quiero ver la prensa de las últimas dos semanas. Ten se puso pálido.

—¿Toda ella, madame?

—Creo que ya sabe a la que me refiero, Ten.- Luego se volvió y se sentó de nuevo en el sillón. Al parecer todo el mundo sabía lo que Milk le había dicho, menos ella. Eso debía de ser la razón por la que Vivien le había gritado ese día. Y, seguramente, Vegeta también debía pensar que ella lo sabía. Lazuli le llevó la prensa en un montón muy manoseado. Al parecer todo el personal del castillo la había leído y por eso tenían tanta lástima por la recién casada. La primera foto la pilló completamente por sorpresa. Vegeta cenando con una rubia. La siguiente era él bailando con una morena. Se detuvo allí prefiriendo no ver más. Estaba llena de ira. Vegeta la había obligado a compartir su cama en su noche de bodas y luego la había hecho quedar como una idiota en público. En su momento él le había dicho que iba a necesitar montones de humildad para seguir casada con él y no había exagerado nada. Se quedó allí, sentada, dominada por un torbellino de emociones, entre la que se encontraba sentirse traicionada. Ese era el hombre con el que se había pasado cinco horas en la cama. No podía ni llorar. Entonces Ten se le acercó y le pasó el teléfono. Era Vivien que le dijo que se aburría en su piso y que la invitaba a cenar con ella.

—Me encantará- respondió Bulma como atontada. Una hora más tarde Ten volvió a aparecer. Esta vez le pasó el teléfono como si se tratara un arma.

—Monsieur Ouji- le dijo. Bulma se agarró al teléfono como una loca.

—¿Cómo estás?- le preguntó él como si nada.

—¡Hecha polvo!

—Creo que no conozco esa expresión.

—He visto mis primeros periódicos en trece días esta tarde- le dijo ella dulcemente-. Es por eso por lo que no estoy en uno de mis mejores días.

—¿No lo sabías?- le preguntó Vegeta sorprendido.

—Y creo que era la única persona que no lo sabía, ¿verdad?

—Te lo puedo explicar...- Bulma no lo escuchó.

—Lo que Vivien le hizo a tu padre es una broma en comparación con lo que yo soy capaz de hacer.

—Voy a casa.

—No estaré aquí. ¡Esta noche voy a salir a tomar algo a la ciudad! Si quieres guerra, la vas a tener. Si tú puedes bailar hasta el amanecer, ¿por qué no yo? Si tú puedes dormir donde y con quien quieras, ¿por qué no yo? ¡En realidad, no hay nada que me puedas hacer que yo no te lo pueda devolver con más ganas, más publicidad y más dolorosamente! ¡Voy a poner en solfa el apellido Ouji! ¡Me vas a pedir el divorcio de rodillas cuando termine contigo!

—Si sales esta noche... si te atreves…- Bulma colgó entonces. ¿Qué le podría provocar más sudores fríos cuando lo descubriera que el que se fuera a cenar con su madrastra? Pero entonces la ira se vio superada por el mayor dolor que había sentido en toda su vida y se puso a llorar. Cielos, ¿por qué le habría dicho todas esas estupideces infantiles? ¿Por qué se había rebajado ella a su nivel? Porque había querido devolverle el dolor. Porque amaba a ese cerdo. Y ¿cómo podía amar a alguien así? ¿Cómo cualquier mujer podía amar a un monstruo?