Capítulo 9

—TÚ has soportado a ese cerdo veinte años. ¿Cómo es que no lo envenenaste? ¿Cómo es que no le inculcaste algunos principios morales con la ayuda de un látigo y una silla?- dijo Bulma antes de darle un trago a su copa de champán. Vivien la miró corroída por la culpa.

—Nunca pensé que Vegeta se fuera a comportar así- dijo por vigésima vez-. Se ha salido de madre. Tarble siempre fue el revoltoso.

—Mientras Vegeta estaba seguro con sus números y esa estirada de Milk.- Vivien se rió.

—¡Imagínate! ¡Has tenido el valor de echarla de tu casa!

—Ella tuvo sus cinco minutos de gloria al principio y, chica, los disfrutó- dijo Bulma volviendo a beber. Tendría gracia que Vegeta la hiciera darse a la bebida.

—Nicky no es tu hijo- dijo Vivien de repente-. Ni de Vegeta tampoco, ¿verdad?- Bulma la miró y se quedó helada.

—Gure me lo dio a entender sin querer. Es un pequeño accidente de Tarble, ¿no?

—No puedo hablar de esto contigo, Vivien- susurró Bulma

horrorizada.

—Mira, ya lo sé. Quise creer tanto que mis sospechas estaban equivocadas, pero Vegeta... No tenía sentido. Pero, si tú no eres la madre de ese niño, ¿quién lo es?

—Mi hermana. Ha muerto.- Luego Bulma no lo pudo evitar y se lo contó todo con pelos y señales. Cuando terminó, Vivien le dijo:

—El matrimonio de Tarble y mi hija pasó por tiempos difíciles el año pasado. Gracias por no tratarme como si fuera idiota. Más tarde o más temprano Gure me lo contará todo y así estaré preparada. No te preocupes, no le voy a decir a nadie que ya lo sé. Ahora, vamos a hablar de alguna otra cosa.

—¿Cómo voy a hacer para conseguir divorciarme y conservar a Nicky?

—No estarás pensando en divorciarte, ¿verdad?

—Y ¿en qué otra cosa voy a pensar?

—Estrategia- le dijo su suegra entusiasmada.

—No tengo el menor deseo de luchar por Vegeta. Este ha sido un matrimonio de conveniencia que ha ido mal desde el principio, no un romance que haya terminado mal.

—Vamos a tomamos una cepa a un club nocturno y relájate- dijo Vivien un poco de repente mientras miraba su reloj.

—A bailar hasta el amanecer- añadió Bulma. -

—Si quieres...- Fueron en una limusina con conductor y, durante todo el camino Vivien la fue adoctrinando sobre la forma en que debía mantener su matrimonio. ¿Qué matrimonio? Cuando llegaron al club, Vivien le dijo:

—Retócate los labios y haz como si estuvieras contenta. En el club había mucho ruido y estaba lleno de gente. Cuando se sentaron en una mesa, Bulma se percató de un hombrecillo que la miraba de reojo desde otra mesa. En el momento en que él la vio mirarlo, se volvió a toda prisa.

—¿Quieres beber algo?- le preguntó Vivien. Entonces apareció una botella de champán como por arte de magia. Vivien pagó y le ofreció una copa a Bulma, que se la bebió de un trago, aunque sabía que podía terminar muy borracha y que una dama no debía hacer eso nunca.

—Bulma- le dijo Vivien sacándola de sus pensamientos dándole un tirón del brazo-. Este es Broly.

—¿Qué?- Bulma se dio cuenta de que las luces habían sido tapadas por un cuerpo muy grande. Con los ojos muy abiertos se percató del enorme joven que le sonreía desde el otro lado de la mesa. Parecía un armario, todo él cabello rubio, músculos y dientes blancos.

—Es guardaespaldas y lo he contratado para esta noche.- Bulma se rió. No lo pudo evitar y Broly se sentó en la silla que Vivien acababa de dejar libre.

—¿Y... Vivien?- Vivien desapareció a toda velocidad entre la multitud. Broly sonrió agradablemente y Bulma pensó que era mejor que le devolviera la sonrisa antes de decirle que habla habido un malentendido y que no era culpa suya si su suegra estaba loca. Entonces sucedió. Un flash la cegó. El fotógrafo bajó entonces la cámara. Era el hombrecillo de antes, que se retiró muy deprisa.

—¿Quieres bailar?- le preguntó Broly, con su acento gutural centroeuropeo. Las piernas no la sujetarían. Vivien volvió en ese momento a la mesa con aires de triunfo.

—¿A dónde quieres ir ahora?- le preguntó a ella. - A casa... sola.- Bulma se levantó.

—¡Bulma, si te vas ahora a casa todo esto no habrá servido de nada!- Buma se había referido a su casa en Londres.

—Vivien, no deberías haber hecho esto.

—Tenía que hacer algo.

—Necesito un poco de aire fresco. Buenas noches- le dijo Bulmá a Broly.

—¿No te ha gustado?- le preguntó Vivien mientras se abrían camino entre la multitud.- ¿Has visto la sesión fotográfica?- Cuando llegaron al exterior, Bulma respiró profundamente.

—Por supuesto. Si nadie sabe cómo es la esposa de Vegeta ¿cómo la van a pillar in fraganti?

—Oh, cielos.- Bulma, sobrepasada por los acontecimientos, se dirigió a la limusina. -Parece que te he molestado. Sólo estaba tratando de ayudar- protestó Vivien dolida.- Bulma gimió. Un rato después la dejó en su casa y, sabiendo que no esteba en condiciones de enfrentarse con Vegeta, le dijo al conductor.

—¿Podríamos dar una vuelta durante un rato?- Luego se quedó dormida en el coche. Más tarde, la despertó una bocanada de aire frío. Con un inmenso esfuerzo se enderezó y vio a un hombre que la miraba.

—¿Por qué demonios no me llamó por teléfono?- le gritó Vegta al conductor.

—No es culpa suya- logró decir ella mientras trataba de sentarse con mucho esfuerzo.

—¿Dónde has estado?- le dijo Vegeta muy enfadado-. ¡Casi está amaneciendo! ¡Llevas fuera ocho horas!

—Pues bueno...- Bulma trató de salir del coche. Los pies primero.

—Y estás completamente borracha.- Vegeta parecía hasta incrédulo. Sorprendentemente, la sujetó antes de que ella se cayera al suelo. Luego la ayudó a subir las escaleras.

—Me haces daño- dijo ella porque la estaba agarrando demasiado fuerte.

—Si lo vuelves a hacer, tomaré medidas para retenerte.

—¿Me vas a encerrar en el ático?

—¿Dónde has estado? ¿Con quién?- le preguntó Vegeta mientras la dejaba sobre la maravillosamente cómoda cama.

—¿No te estarás poniendo posesivo, Vegeta?

—Si has estado cerca de cualquier otro hombre, te mataré. Eres mi esposa.

—¡Bah!- le contestó Bulma adormilada. Cuando se despertó estaba sola y unos hombrecillos bailaban una danza escocesa dentro de su cabeza. Su primera resaca, pensó mientras se levantaba de la cama y se dirigía al cuarto de baño. Una ducha la haría sentirse mejor. Estaba saliendo de la bañera envuelta en una toalla sin sentirse mucho mejor cuando vio a Vegeta.

—Oh, no- murmuró-. Ahora no.- Vegeta llenaba todo el hueco de la puerta y ella no quiso mirarlo y le dedicó toda su atención a los pies.

—¿No deberías estar en tu oficina o algo así?- le preguntó ella con un susurro.

—Es sábado,

—Creía que ibas todos los días.- Ciertamente, él no había pasado ni un día en casa. Con la mirada nublada Bulma subió la mirada. Vegata llevaba unos vaqueros negros que acentuaban sus largas piernas y estrechas caderas y un jersey claro que destacaba su piel morena y cabello negro. Estaba tan atractivo que a ella le temblaron las rodillas.

—¿Quién es él?- le preguntó Vegeta mientras le enseñaba un periódico como si fuera una prueba en un juicio. Bulma vio la foto. Broly y ella, muy sonrientes los dos. Vaya una broma, pensó mientras pasaba al lado de Vegeta.

—¿Bulma?- Ella se sentó en el borde de la cama. Seguía enfadada porque su suegra la hubiera puesto en semejante apuro.

—Es un guardaespaldas que Vivien contrató y me colocó. Ella también pagó al fotógrafo.

—¿Vivien?

—Mira, realmente no me importa si me crees o no.

—No tenías que haberme dicho que era un guardaespaldas. Podías haberme mentido.

—¿Por qué?- le preguntó Bulma mirándolo por fin-. Yo no juego a esas cosas. ¿Por qué iba a hacerlo?- Vegeta la miró fijamente por un momento.

—A veces esos juegos funcionan con hombres como yo.

—Ese no es mi estilo.

—Es el de Vivien. ¿Por qué me has dicho la verdad? Cuando llamé ayer me dijiste...- Ella se ruborizó.

—Dije muchas tonterías. Como haces tú cuando estás enfadado.

—Anoche me sacaste de mis casillas- dijo Vegeta en voz baja, como si le costara hablar-. Realmente pensé que tú podías…

—¿Hacer la tonta sólo para molestarte? No, soy demasiado seria para eso.

—Pues no parecías muy seria cuando te vi en el coche.

—Nunca antes me había emborrachado. Y no creo que lo vuelva a hacer.- Vegeta se apartó un poco y le dijo:

—Te debo una explicación de mi comportamiento. No una disculpa, pensó ella, sólo una explicación. Bueno, ¿qué se había esperado?

—Cuando estuve de acuerdo en casarme contigo, no pretendía seguir casado por mucho tiempo. Eso fue... deshonesto por mi parte. Pero estaba muy enfadado por verme forzado a casarme contigo a cambio de la custodia de Nicky. También estaba muy amargado. Por favor, quiero que comprendas que ahora lo amo.

—Sí.- Bulma se sentía demasiado culpable como para decir mucho más.

—Pero ese niño vino al mundo en circunstancias en las cuales yo, personalmente, no tuve la culpa de nada. Y, sin embargo, fui yo el que tuvo que pagar por la ofensa.

—Lo siento.

—Pero, ¿qué otra alternativa me quedaba? Pudiera ser que tus motivos no fueran completamente puros, pero tú sabías más de las necesidades de Nicky que yo. No podía haberlo criado yo solo. Ni Milk lo habría aceptado nunca. A mí me gustan mucho los niños, pero he de confesar que no tengo ni idea de lo que se hace con ellos. Lo que estoy tratando de decirte es que el niño nos necesita a los dos y ahora lo acepto. De todas formas, si nosotros dos hubiéramos tenido unos temperamentos más fríos después de la muerte de tu hermana, no estaríamos casados ahora...- Ella supo que eso era la verdad, pero aún así era como un cuchillo que la atravesara el corazón.- Pero no estaba dispuesto a dejarte a cargo de Nicky, pensando de ti como lo hacía entonces. Estábamos los dos demasiado ocupados echándonos culpas el uno al otro como para mostrarnos nuestro auténtico carácter. Estaba decidido a que tú no ganaras nada de este matrimonio. Sabía que eras orgullosa y me juré que doblegaría ese orgullo.- Bulma se puso pálida.

—Sí.- Vegeta continuó hablando entonces.

—Después de la ceremonia seguía sin sentirme un hombre casado. No quería serlo. Veía el matrimonio como algo que no iba a durar mucho. Por eso decidí casarme contigo y luego librarme de ti por cualquier medio que estuviera a mi alcance.- Bulma pensó entonces que él seguía teniendo razón. Y ¿cómo iba a exigirle fidelidad a un hombre que nunca se había querido casar con ella?

—Estás muy callada.

—Tal vez estoy un poco impresionada porque me estés hablando así.

—Tal vez a mí me gustaría que me impresionaras tú también.- Sí que lo impresionaría si le dijera lo que sentía realmente por él, pensó Bulma.

—Bulma, estoy tratando de aclarar el ambiente- le dijo él al tiempo que se acercaba a donde estaba sentada ella. Luego se arrodilló y la tomó las manos. Las lágrimas la recorrían las mejillas y le disgustó mucho que él las pudiera ver cuando ni se había dado cuenta de ellas hasta que no se arrodilló.

—Te he hecho daño. Lo siento, pero trataré de arreglarlo.- Parecía verdaderamente preocupado. Bulma nunca hubiera pensado que esos ojos castaños pudieran suavizarse de tal manera. Pero el que su debilidad pudiera provocar esa lástima la molestó.

—Puedo- dijo Vegeta-. Puedo hacer que este matrimonio funcione. Ella agitó la cabeza vehementemente.

—No puede funcionar, Vegeta.

—Pero tiene que hacerlo, por Nicky.

—Yo quiero mucho a Nicky. Pero no quiero seguir casada contigo. La situación es insoportable para los dos. No tenemos nada en común.

—Tenemos a Nicky. Y hay muchas cosas en tu carácter que yo admiro.

—Vegeta, he sido yo la que nos ha metido en esto. Ayer, estaba furiosa contigo. Pero no debería de haberlo estado y lo veo ahora. Si tú quieres andar por allí con un montón de mujeres, eso es cosa tuya, ya que no estamos realmente casados, no en el sentido estricto de la palabra. Ninguno de los dos le dimos su verdadero sentido a esa ceremonia.

—No hice el amor con ninguna de esas mujeres- le dijo él apretándole las manos-. ¿Has oído hablar alguna vez del concepto de la segunda oportunidad? Aquí estoy yo, arrodillado y suplicándote que me la des, mientras tú estás ahí, sentada como un Buda de piedra.- Vegeta se levantó entonces y se puso a andar por la habitación. ¿Sería cierto eso de que no había hecho el amor con ninguna otra mujer desde que se casaron? De repente se dio cuenta de que él le había dicho muy en serio eso de seguir casados por Nicky y estaba frustrado por la falta de respuesta de ella.

—¡Puedo ir y meterme en cualquier cama de cualquiera en cualquier momento!- exclamó Vegeta alzando los brazos-. Cielos, mi padre habría matado por casarse con una mujer como tú. Pero ¡si me vuelves a decir que puedo marcharme con quien quiera, te estrangularé! ¿Me oyes? ¿Cómo puedo sentirme casado si tú no me das los baremos que quieres para que viva con respecto a ellos?- Tanta pasión, tanto fuego. La fascinaban. Hasta que Vegeta no apareció en su vida, ella nunca había sucumbido a ningún exceso de emoción. Había sido tranquila, calmada y siempre muy, muy sensible; Vegeta la había alterado tanto que la pasión en su interior se había descontrolado por completo.

—Tú ya me diste tus baremos en la noche de bodas- le recordó ella.

—Pero tú no eres la mujer que entonces pensé que eras. Me confundiste. Si este matrimonio tiene alguna esperanza de seguir adelante, hay ciertos baremos que han de observarse, naturalmente. Yo sé de lo que estoy hablando.

—¿De verdad?

—La relación de mi padre con Vivien fue un infierno durante los primeros años. Infidelidades, faltas de confianza e inseguridad. Incluso cuando él ya había abandonado sus relaciones extra matrimoniales, Vivien no dejó de sospechar. Se amaban mucho el uno al otro, pero ese mal principio determinó todo su matrimonio. Porque ella no confiaba en él, se dedicó a jugar a cosas... Me gustaría matarla por haber traído esos juegos a nuestro matrimonio- confesó Vegeta y luego, al ver la cara de alarma de ella, suspiró-. Se le tiene que decir y he de ser yo quien lo haga, pero trataré de hacerlo amablemente.

—Sabe lo de Nicky. Lo de Tarble y Tights- le dijo Bulma y se esperó la tormenta. Vegeta se quedó helado y luego, sorprendentemente, se encogió de hombros.

—¿Qué demonios? Dejemos que Gure y Tarble carguen ellos con su cruz.- Bulma se quedó sorprendida por su actitud. -Nuestro matrimonio es más importante y, supongo que era inevitable que Vivien lo descubriera- añadió. Bulma supo entonces que se quedaba, que era inevitable que lo hiciera una vez que Vegeta le dijo que quería que se quedara. Así que harían otro intento, con más ganas, de que ese matrimonio funcionara, por Nicky.

—Me quedaré si quieres que lo haga. Por lo menos hasta que Nicky sea mayor de edad. Y, ahora, me gustaría vestirme- le dijo sonriendo.

—¿Por qué no nos llevamos a Nicky a alguna parte? ¿Cómo si fuéramos una familia de verdad?- sugirió Vegeta de repente. Fue un día maravilloso el que pasaron en la ciudad de Chinon. Eran ya las diez de la noche cuando Vegeta se metió en la biblioteca para contestar a una llamada de teléfono y ella se acostó. Poco después, semidormida, notó como lo hacía él también y lo miró. Entonces él la fue a agarrar mientras sus ojos brillantes la retaban a que se opusiera. Ella no quería que la tocara y él lo sabía. Se estremeció y cerró los ojos, sabía que ese era el precio que había de pagar para que el matrimonio funcionara. Vegeta necesitaba el sexo lo mismo que ella necesitaba respirar. La fidelidad significaba que ahora tendría que satisfacer esas necesidades en la cama marital. Ella era sólo un cuerpo y, si se requería algo para demostrar eso, el silencio de él lo hizo. En esa nueva relación de ellos las mentiras ya no eran permitidas, así que Vegeta no le iba a decir lo muy irresistible que era ella. Estaba lo suficientemente bien como para excitarlo y, tal vez incluso, ni eso, ya que seguramente él pensaría en otra mientras hacían el amor. Entonces se le escapó un sollozo al pensarlo. Vegeta se apartó violentamente. Bulma lo miró con los ojos muy abiertos cuando él se levantó de la cama.

—¡Vegeta, me has interpretado mal!- Él se volvió y miró incrédulo. -Estaba pensando en otra cosa. No era, quiero decir:..- Desesperada, trató de encontrar las palabras adecuadas. Sabía que todo el futuro de su relación estaba en juego.

—Te deseo- susurró por fin. Él la miró en silencio y luego una sonrisa de diversión curvó su boca. Volvió a la cama, la agarró por los hombros y la besó con un ansia que hizo que a ella se le aceleraran los latidos del corazón.

—Demuéstralo- murmuró él instalándose entre sus muslos abiertos y apartándole el camisola. Ella tembló y supo que, por el calor y excitación de él, no podía negarse. Vegeta la volvió a besar casi rudamente y ella le acarició el cabello devolviéndole el beso con una desesperación y ansiedad que quemaban. Vegeta la llevó a una tormenta de pasión que extrajo toda la respuesta de que era capaz su cuerpo estremecido. Esta vez no hubo ninguna suave seducción, no hubo nada más que la ferocidad de la posesión masculina, Después, ella se vio sorprendida por la extensión de su propio disfrute. La sospecha de que también Vegeta había perdido el control la había excitado terriblemente. Permanecieron un rato tumbados, con los brazos y las piernas entrelazadas.

—Lo siento- dijo al cabo de un rato Vegeta mientras se separaba de ella-. Necesito una ducha.- Ella se dio la vuelta y se preguntó qué pasaba, temiendo preguntárselo por si él se lo decía. Diez minutos más tarde, él se marchó de la habitación y ella se quedó insomne en la oscuridad. Más tarde él volvió a su lado y la besó. Sus labios sabían a brandy. Durante la noche volvieron a hacer el amor, esta vez lenta y cariñosamente. Cuando terminaron y Vegeta estuvo dormido, Bulma se dijo que aquello sólo podía ser sexo. Y, aunque se daba por contenta, lloró por lo que no podía tener.

Los días siguientes pasaron a toda velocidad. El personal estaba muy ocupado preparándolo todo para la gran fiesta que Vegeta había decidido dar. La llevó a cenar fuera varias veces, pero cuando los fotografiaban, él se quedaba como helado y parecía sentirse muy culpable. Había admitido varias veces que la necesitaba, pero siempre lo había hecho con una falta total de emoción en la voz. Parecía necesitar disculparse por esa necesidad. Durante el día parecía como si ella estuviera protegida por un campo de fuerza. Pero por la noche era como si él no pudiera tener apartadas las manos de ella y hacían el amor hasta que Bulma caía rendida, casi siempre al amanecer. Al principio de la segunda semana él comenzó a llegar a casa con enormes ramos de flores y empezaron a tener conversaciones significativas. Vegeta se comportaba como si ella fuera una fuente de eterna fascinación. Quería saberlo todo acerca de su infancia, sus padres, sus trabajos. La tensión que sentía Bulma alcanzó unas proporciones explosivas porque sabía que no se merecía ni la décima parte del interés que él estaba aparentando sentir.

—¿Realmente tienes que intentar tan en serio vivir conmigo?- le preguntó ella durante una cena al final de la segunda semana. El se puso tenso.

—¿Qué quieres decir?

—No tienes que intentar tanto que me sienta deseada. Preferiría que fueras más tú mismo.- Vegeta se puso pálido.

—No puedo hacer nada bien contigo, ¿verdad?- le preguntó, enfadado y con más acento que nunca.

—No es eso.- Pero, ¿cómo le podía decir que encontraba cada vez más humillante el espectáculo de sus evidentes esfuerzos para hacer que el matrimonio funcionara?

—Te gustan las flores del jardín, pero no las que te traigo yo. No paras de charlar con la servidumbre, pero apenas puedes soportar decirme a mí cuál es tu color favorito. El mensaje es subliminal, ¿no? En el único sitio en el que me siento marginalmente bienvenido es en la cama y ¿por qué es eso?- Sorprendida por la tormenta que había encendido, ella lo miró, devorada por el dolor.

—¿Por qué? - repitió Vegeta. «Porque te amo...», pensó ella. -Y te pasas con Nicky todo el día. Él tose y tú no puedes evitar estar allí a toda prisa. ¡A pesar del hecho que tenemos una niñera y varias ayudantes, has instalado una alarma que se dispara al menor ruido que hace y sales disparada de la cama en cuanto suena!- Bulma lo miró agitada. Evidentemente, la alarma que había instalado en su dormitorio le parecía a él algún tipo de refinado insulto. ¿Pensaba que estaba mimando demasiado al niño? ¿Qué era lo que le estaba diciendo? ¿Que amenazaba volverse una de esas madres sobreprotectoras de las que se leía algo en las revistas de vez en cuando? Se recordó a sí misma que, probablemente, Vegeta se había criado más con niñeras que con sus padres y era posible que considerara excesiva la cantidad de tiempo que ella pasaba con Nicky.

—Lo siento si piensas que me estoy tomando demasiado en serio mis responsabilidades.

—Si estás tan obsesionada con los niños, ¿por qué hemos de esperar al año que viene para aumentar la familia?- le preguntó él sonriendo sarcásticamente-. ¿No te parece una idea maravillosa?

—No creo que estemos preparados para otro niño- dijo ella, preguntándose qué demonios le pasaba.

—No estás pensando claramente, pethi mou- afirmó Vegeta dedicándole una sonrisa de lobo-. En vez de quedarte ahí callada, tolerando mis horribles exigencias sexuales, tal vez podías desarrollar un poco de entusiasmo, llamarme por mi nombre, tocarme, golpearme, si quieres. Después de todo, sería por un buen fin.- Bulma se había quedado muy pálida y se sentía mortificada.

—No me daba cuenta... que no estabas satisfecho- susurró.

—¿Cómo podías hacerlo? ¡Seguramente estabas demasiado ocupada recitando las tablas de multiplicar o anticipando la excitación que te iba a producir el siguiente biberón de Nicky!- Sin decir ni una palabra más, Vegeta se levantó de la mesa y salió del comedor dando un portazo. Bulma suspiró y pensó que él había notado la diferencia. Una diferencia que ella no había querido admitir ni para sí misma. Ahora se sentía diferente con Vegeta y, en su ingenuidad, no se había percatado que él también debía sentirse así. Ya que no estaba tan segura de que Vegeta la encontrara atractiva, estaba más tímida, más tensa, más inclinada a... a que fuera él quien tomara la iniciativa. Pero, desesperada, se juró a sí misma que esa noche sería diferente. Esa noche se olvidaría de todas esas tontas inseguridades. Amaba a Vegeta y la perspectiva de una vida sin él la llenaba de horror. Así que, si quería seguir viviendo con él, iba a tener que esforzarse un poco. Era increíble lo rápidamente que se reorganizaban sus prioridades cuando se enfrentaba con esa amenaza. Se tomó un par de copas de vino para animarse. Cuando terminó de perfumarse y arreglarse se sintió hasta tentadora y, lo último que se le pasó por la mente fue el próximo biberón de Nicky. Incluso había desconectado la alarma. Luego se puso una bata de satén que hacía juego con el camisón y fue a buscar a Vegeta. Estaba hablando por teléfono en la habitación que utilizaba como despacho, de espaldas a la puerta. Y se estaba riendo, así que no oyó abrirse la puerta.

—Sí, Milk... Sería un poco inconveniente si vinieras aquí. Sí, me alegro que comprendas la situación. El hielo es muy fino ahora. Sí, ya sé que es mi culpa pero, ¿por qué tienes que seguir recordándomelo? No, ella todavía no lo ha mencionado. ¿Por qué no almorzamos juntos mañana? No, no en un restaurante. Definitivamente no. Podemos ir a mi apartamento. No, por supuesto que no sospechará nada. ¿Cómo iba a hacerlo? Bulma ni siquiera sabe que tengo un apartamento en París.- Con el corazón en la boca, Bulma cerró la puerta tan silenciosamente como pudo. Luego subió las escaleras hasta el dormitorio. Ese marido infiel... ese cerdo. Atacándola a ella cuando había otra mujer en su vida. Por supuesto, ¿qué mejor defensa que un buen ataque? Era evidente que Vegeta estaba planeando el divorcio, pero sólo cuando pensara que era el momento oportuno. Mientras tanto, seguía viéndose con Milk. En medio de una agonía de dolor, Bulma se arrojó en la cama. Nada le había hecho tanto daño en toda su vida. ¿Por qué Vegeta seguía durmiendo con ella? ¿O era que no había tomado la decisión de que ese matrimonio no era más que una comedia sin esperanzas hasta esa misma noche? Vivien le sugeriría que siguiera con las estrategias. Pero la única que se le ocurría en ese momento era matar a Vegeta. Si ella no lo podía tener, Milk tampoco lo tendría. Sí, Vegeta tenía razón. El hielo era muy delgado ahora, sólo la más leve de las capas cubría unas emociones que eran increíblemente primitivas.