Capítulo 10
—Tarble y Gure vendrán a la fiesta- le dijo Vegeta a Bulma durante el desayuno, mientras fa miraba intensamente.
—Sí.- Bulma no mostró ninguna reacción; Se sentía completamente vacía y, en lo único que podía pensar era en la cita que él tenía para almorzar, en el conocimiento de que su esposo estaba a punto de embarcarse en un adulterio y que ella no estaba haciendo nada al respecto. La noche anterior él no había dormido en la misma cama. Por lo menos tenía esa decencia. Pero ¿por qué demonios seguía él con esa idea de dar una fiesta al día siguiente? ¿Por qué no buscaba alguna excusa para cancelarla? ¿Por qué se tomaba tantas molestias para presentar en sociedad a una esposa de la que había decidido librarse? Entonces les llevaron el correo en una bandeja de plata. Había una carta para Bulma con el matasellos de Londres. Era de un bufete de abogados y tenía que ver con el testamento de Tights. ¿El testamento de Tights? ¿Su hermana había hecho testamento? Eso era nuevo para ella. ¿Por qué lo habría hecho, si no tenía nada que dejar? Bulma leyó la carta y se puso pálida. Resultaba que Tights tenía una cuenta bancaria por más de un cuarto de millón de libras y esa cantidad se iba incrementando por unas grandes cantidades de dinero que se iban ingresando mensualmente. Como su hermana se lo había dejado todo a ella los abogados le rogaban que se pusiera en contacto con ellos para tratar algunos temas del testamento.
—¿Algo va mal?- le preguntó Vegeta. A Bulma se le revolvió el estómago. Le pasó la carta y se tapó la cara con las manos. Tenía que ser el dinero de Tarble y él debía haberlo pagado desde el principio. Tarble no había dejado en la calle a su hermana como se había creído al principio. Una vez más, se había demostrado que Vegeta tenía razón y que Tights había sido una mentirosa, por lo menos por omisión.
—Te sugeriría que devolvieras ese dinero a su procedencia- le dijo Vegeta fríamente. Cualquier reacción que ella se hubiera esperado no era esa precisamente.
—¿Su procedencia?
—Ya han empezado los trámites legales para que adoptemos a Nicky y no tengo ninguna intención de requerir el aporte de mi hermano para el mantenimiento de un niño que pretendo criar como propio.
—Yo no lo estaba mirando desde ese punto de vista- dijo Bulma, sorprendida porque él no hubiera descubierto el punto más básico-. Tú también piensas que ese dinero debe ser de Tarble, pero yo ni siquiera sabía que existía. Tights no me lo dijo y...
—¿De quién fue la idea de no cobrar el talón que yo le di?- la cortó Vegeta.
—Mía, pero...
—Tu hermana entonces tenía un poco más de visión financiera que tú. Ella estaba pensando en el futuro. No me cabe duda de que pensaba que tú le pondrías pegas a que utilizara ese dinero, así que no te dijo nada al respecto.
—Las mentiras que ella me dijo...- Vegeta suspiró.
—Mintió porque te quería y le preocupaba la opinión que tuvieras de ella. Pero, de vez en cuando puede ser un poco molesto vivir con alguien cuyos principios morales son más altos y rígidos que los de uno.- Bulma se tomó eso de una manera muy personal. ¿Es qué Vegeta encontraba difícil vivir con ella? ¿Habría él decidido que ella era una estrecha de mente cuyos principios estaban grabados en piedra? ¿Era así como la veía ahora y por eso volvía a Milk, convencido de que no había esperanza para su matrimonio? Él le había dicho que ella era como un buda de piedra. Y ¿no se había estado ella comportando de esa forma? Lo había estado tratando así basándose en una convicción interna: que si él no la amaba no debería hacer el amor con ella. Bulma no había bajado ni por un momento el listón de lo que esperaba, un listón insostenible y muy poco realista. ¿De qué se extrañaba entonces si Vegeta estaba a punto de abandonarla? A punto. Eso significaba que aún no era demasiado tarde. No lo era para demostrarle que ella podía ser todo lo que él pudiera querer en un matrimonio ¿no? Pero demostrar eso no séle significaba hurgar en sus propias inseguridades personales, sino también en su orgullo. ¿Podía hacerlo? ¿Podía volverse de la clase de mujer que Vegeta podía desear y necesitar la exclusión de las demás? Sólo tenía algunas horas para llevar a cabo ese milagro y sabía que le iba a resultar muy difícil, ya que Vegeta necesitaría una muy buena demostración de que podía cambiar. El la estaba mirando fijamente con sus ojos oscuros y el ceño levemente fruncido. Le había dicho algo y ella no lo había oído.
—He dicho- dijo Vegeta-. Bueno, olvida lo que he dicho. Te veré en la cena.- Vegeta se levantó de golpe y antes de que Bulma pudiera hacer o decir algo, ya se había marchado. De repente ella entró en acción gracias al pánico y corrió tras él, pero no estaba en su despacho. Cuando lo encontró salía por la puerta, seguido por el piloto del helicóptero. Aun desesperada como estaba, Bulma no estaba dispuesta a hacerle proposiciones sexuales a su esposo delante de la gente. Y poco más tarde él se había marchado de verdad, dejándola allí con sus esperanzas y sueños acerca del matrimonio. Vegeta iba a trabajar unas cuantas horas antes de sucumbir a los encantos de Milk. Pudiera ser que Milk no se hubiera acostado con Vegeta antes del matrimonio, pero si que parecía muy dispuesta a soltarse el pelo ahora. Bueno, pues no era la única, se dijo Bulma de repente. Decidió meterle un palo en las ruedas a los planes de Milk y fue a buscar a Ten para preguntarle a qué hora solía almorzar Vegeta cuando lo hacía fuera de casa. Ten parpadeó.
—Varía...
—Necesito saber cuándo lo va a hacer hoy y quiero un coche que me lleve a París para estar allí a tiempo. Quiero darle una sorpresa.- Ten sonrió al comprenderla de repente.
—Yo lo descubriré, madame.- Bulma subió a su habitación y empezó a buscar frenéticamente en su guardarropa algo que pudiera ponerse y que fuera digno para la ocasión, algo seductor y que se pudiera quitar con el mínimo esfuerzo. No podía permitirse darle diez segundos a Vegeta para que recordara la cita para almorzar, la cita que iba a romper. Si Vegeta podía utilizar el sexo como arma como lo había hecho en su noche de bodas, ¿por qué no lo podía hacer ella también? Estaba lista para peinarse cuando se dio cuenta de que le faltaba el arma más básica del guardarropa de una mujer. Salió corriendo y se encontró en la cocina a Piccolo, el conductor, con los pies sobre la mesa y leyendo una revista.
—¡Tengo que ir a Tours!- le dijo casi sin respiración-. ¡Ahora mismo!- Piccolo la llevó a la ciudad en un tiempo récord. Allí localizaron una tienda de lencería donde ella por fin encontró lo que buscaba y luego volvieron a casa a la misma velocidad. Una vez allí, Bulma corrió al cuarto de baño para terminar su transformación. Cuando entró de nuevo en el coche dispuesta para el viaje a París necesitó beberse un refresco para reponerse de las prisas. Todas las cabezas se volvieron a su paso cuando atravesó el piso bajo del edificio donde Vegeta tenía sus oficinas y ella se dio cuenta pero trató de no parecer como si se lo creyera. Después de todo, llevaba puesto un abrigo. No se veía la poca ropa que llevaba debajo, pero ella sí podía sentir esa falta, su propia desnudez. Y lo hacía de la forma más extraordinaria. Se sintió aliviada al ver que la secretaria de Vegeta no se la notó. Esa mujer no era precisamente la voluptuosa jovencita lista para sentarse sobre el regazo de su jefe en cualquier momento que ella se había imaginado. Con su cabello ya gris y zapatos bajos era la viva imagen de la eficacia. Pero pareció anonadada cuando Bulma le anunció su intención de almorzar con su esposo. Así que Milk estaba apuntada en su agenda, ¿verdad? Como había ido allí preparada para esa eventualidad, Bulma agitó una mano de una forma que esperaba fuera arrogante y le dijo a la mujer:
—Cancele cualquier otra cita que tenga Vegeta… y no le pase las llamadas. No quiero ninguna interrupción.
—Pero el señor Ouji siempre quiere que se las pasen mientras está en...
—Hoy no se las pase.- Luego Bulma se marchó antes de que le dieran otros argumentos y entró por la puerta del despacho. Vegeta estaba al teléfono y sentado detrás de su enorme e inmaculada mesa. La miró y Bulma se apoyó contra la puerta, parecer etratando dexcitante y sensual como una tigresa.
—¿Bulma?- preguntó Vegeta incrédulo.
—He venido a almorzar contigo. Quiero decir, estoy aquí en lugar de...- Bulma guardó silencio y se acercó a él pensando que, si Vegeta se había quedado con esa cara de bobo sólo con su inesperada llegada, iba a necesitar que lo resucitaran cuando viera lo que venía después. El se levantó lentamente.
—Una idea encantadora - dijo él y la recorrió con la mirada hasta que llegó al reloj de oro que ella llevaba en la muñeca-. Desafortunadamente, creo que has elegido...
—No podía esperar a que volvieras a casa.
—Esperar ¿a qué?- le preguntó él con una sorprendente falta de comprensión.
—A ti.- Bulma abandonó la idea de una seducción lenta y se quitó el abrigo. Vegeta miró primero al abrigo, que ahora era un montón de tela en el suelo, y luego, rápidamente, a ella. Parecía haberse quedado pegado al suelo por la impresión. Bulma empezó entonces a desabrocharse los botones del vestido. Ciertamente, no se lo estaba poniendo fácil. Si se le ocurría reírse, Bulma estallaría en pedazos. Pero parecía que no podía apartar la mirada de ella. Estaba haciendo un esfuerzo considerable para aceptar que eso le estaba pasando realmente a él; y con ella en el papel estelar. El vestido se abrió cuando terminó con el último botón. El maldito Vegeta seguía mirándola pasmado, sin hacer nada en absoluto.
—Bulma...- murmuró atontado. Ella lo miró con sus grandes ojos zafiro y dejó que el vestido se deslizara hasta el suelo, dejándolo todo al descubierto.
—La puerta está cerrada y... soy toda tuya.- Los oscuros ojos de Vegeta la recorrieron apreciando todo el trabajo que ella se había tomado. Los senos con su punta rosa, el liguero, la suave piel de sus muslos sobre las medias negras.
—¡Cristos...!- gimió.
—Ya ves. Puedo ser la clase de esposa que quieras que sea. No necesitarás nada más.
—Nunca. No si piensas irrumpir así en mis días laborables- confesó él. Luego se acercó a ella, extendió una mano y le acarició el torso, acariciándole luego un seno antes de abrazarla y hacerla pegarse a él. Su otra mano se la apoyó en el trasero, haciéndola entrar en estrecho contacto con su muy evidente excitación. -Y, dado que ninguna otra mujer le ha hecho a mi libido lo que le haces tú, debería pensar que me tienes en exclusiva durante los próximos cincuenta años, pero...- Al oír ese pero, todo el cuerpo de Bulma se puso tenso.
—Pero he de hacer una pequeña llamada telefónica- murmuró Vegeta. Entonces Bulma decidió pasar a la acción con todas sus armas. Le acarició el cabello e hizo que bajara la cabeza basta ella.
—Te deseo. Y no puedo esperar- dijo violentamente. Él se quedó quieto un segundo y luego sucumbió de repente, como una riada rompiendo los diques. La agarró con tanta fuerza que casi la hizo daño y la besó con ansia. Su lengua se introdujo entre les labios entreabiertos de Bulma, exigiendo y tomando el fuego de su respuesta. Bulma, quemándose viva, dejó de pensar racionalmente. Ahora él podía tomar el control. Y eso fue lo que hizo Vegeta con todas sus ganas. Cuando Bulma pudo respirar de nuevo, ya estaba tumbada en un sofá y Vegeta estaba encima de ella prácticamente arrancándose la ropa, sin nada de su habitual frialdad y orden. No dejaba de mirarla con cara de ansia y ella se estiró desvergonzadamente bajo el calor y las vibraciones que emanaban de él.
—Iba a disculparme por lo que te dije anoche -dijo Vegeta a toda prisa-. Fui muy rudo y demasiado impaciente y tú tenías toda la razón al molestarte por lo que te dije.
—Me di por aludida, Vegeta ¿no crees?- Bulma estaba empezando a disfrutar con la situación.
—Pues no dejaré de decirte cosas como esas después de esto. Cielos, sigo estando impresionado- murmuró él. Luego se tumbó sobre ella, estremeciéndose por la excitación cuando entró en contacto con su suave y acogedor cuerpo femenino. Pasó una hora antes de que ninguno de los dos dijera una palabra. Llamaron a la puerta discretamente una o dos veces, pero no lo oyeron. Bulma estaba absolutamente vacía por la volcánica pasión que había surgido entre ellos. Ahora se podía ruborizar si recordaba lo que le había hecho a él y lo que él le había hecho a ella y por el sorprendente nivel de placer que habían alcanzado con esas desinhibiciones. La experiencia también había sido muy informativa. Vegeta se volvió loco cuando ella lo tocó, y eso que no había practicado nada esa técnica. Seguramente ningún hombre podía aparentar semejante respuesta y, seguramente también, no sería lo mismo para él con cualquier otra mujer. ¿O no?
—Tú siempre me has deseado... como decías, ¿no es así?- susurró ella, conociendo ya la respuesta que podría eliminar todas sus inseguridades antes incluso de que él contestara a su pregunta.
—Locamente, compulsivamente. Incluso ahora más aún- le confesó Vegeta sin dejar de abrazarla-. Vámonos a casa:
—¿A casa?-Vegeta la miró y sonrió divertido.
—No creo que fuera a rendir mucho ya si me quedara aquí. Además, no tengo ninguna cita importante...- Entonces Bulma vio el momento exacto en que él recordó su cita con Milk. Vegeta se puso tenso y guardó silencio. Con tacto, Bulma apartó su atención de él. Había ganado. No se sentía muy orgullosa de sus métodos, pero había ganado.
—Iremos en el coche, no en el helicóptero- dijo Vegeta abruptamente-. He de hacer una llamada de camino a casa.- Generosa en su victoria, Bulma no le hizo ninguna pregunta. Su matrimonio estaba intacto. Salieron juntos de la oficina. La secretaria pareció un poco incómoda y Bulma se ruborizó ferozmente, mientras que Vegeta no pudo dejar de sonreír. El que él estaba de un humor excelente podía ser obvio para cualquiera.
—Saludaremos a Nicky y volveremos a meternos en la cama- le dijo él al oído cuando salieron del edificio-. Luego pensaremos en una luna de miel en algún sitio soleado y apartado, donde nadie nos pueda interrumpir.- La limusina se detuvo en una calle a unas cuantas manzanas del edificio Ouji y Vegeta salió de ella.
—Espero no tardar mucho- le dijo él. «Yo también», pensó Bulma poniéndose tensa dé repente. Suponía que era mucho esperar de él que se limitara a llamar a Milk. Se dio cuenta de que a él no le cabía la menor duda de que Milk lo habría esperado, aunque fuera a llegar más de una hora tarde. Tardó diez minutos Y sonreía cuando volvió. A Bulma se le ocurrió cuando él la besó larga y profundamente que Milk Du Pré era una muy buena perdedora. Evidentemente, Vegeta no había sufrido una tormenta de reproches, ya que seguía de un extraordinario buen humor y no pudo mantener apartadas las manos de ella durante todo el trayecto al castillo. En realidad, parecía un hombre transformado. ¿Por la felicidad? Al parecer así era. Estaba tan feliz que no lo podía ocultar. Ten trató de decirles algo cuando entraron en la casa abrazados, pero no le hicieron caso y se besaron allí mismo. Al cabo de un momento, alguien se aclaró la garganta ruidosamente. Siguieron sin hacer caso. Alguien tosió y ellos continuaron besándose como si nada.
—¿Vegeta?- Vegeta se quedó helado entre los brazos de Bulma. Cuando apartó la boca de la de ella dijo algo en griego y luego maldijo en voz baja.
—¿Por qué ahora?- Sólo cuando se separaron Bulma vio a los dos jóvenes que los miraban incrédulos.
—¿Vegeta?- dijo la joven acercándose con una sonrisa trémula. Era la mujer de las fotos, Gure.
—Te dije que os fuerais a un hotel, Tarble- exclamó Vegeta. Bulna lo miró sorprendida. Le pareció increíblemente rudo.
—¡Esa no es Bulma, Gure!- dijo Tarble, visiblemente avergonzado. Tarble no la reconocía.
—¡Por supuesto que es Bulma!- afirmó Vegeta impacientemente. Tarble frunció el ceño al mirarla y ella se percató de repente de lo que le sucedía. Debía recordar a la mujer poco atractiva a la que había conocido en medio de toda la tensión de su relación con su hermana y luego, en el funeral. Aquello era demasiado para su sentido del humor y se echó a reír.
—Parece otra mujer- dijo Tarble débilmente-. Nunca la habría reconocido.- Gure sonrió. La situación le pareció igual de divertida que a Bulma.
—Creo que no nos debíamos haber preocupado tanto y que debíamos haber ido a un hotel. ¡Y pensar que Tarble se sentía tan culpable de que os hubierais casado!- La chica se rió claramente aliviada y tomó la mano de su marido mientras decía: -Míralos, Tarble. ¡Son amantes, no enemigos!
—Sí... Está preciosa, Vegeta. Vegeta tomó a Bulma por la cintura.
—Sí- dijo Vegeta haciendo un esfuerzo por ser más amable-. Supongo que habéis venido para hablar. Bueno, no quisiera ser insensible, pero para ser brutalmente sincero, ¡no quiero que se diga nada que vaya a molestar a mi esposa!
—¡Vegeta!- exclamó Bulma. Él la miró entonces y le susurró al oído:
—Lo siento, pero sus problemas ya nos han incordiado suficiente. No quiero que nada más se interponga entre nosotros.
—Nada se va a interponer, te lo prometo- le contestó ella, al oído también.
—Adelante entonces- dijo Vegeta suspirando. Los cuatro entraron en el salón y Vegeta cerró la puerta. Tarble y Gure se sentaron juntos y él se aclaró la garganta. El joven no podía mirar a los ojos a Bulma y su esposa le tomó la mano para darle su apoyo. Finalmente, Tarble respiró profundamente y habló:
—He tenido un poco de inventiva, Vegeta...
—Él te ha mentido en muchas cosas- lo corrigió Gure. Tarble dijo algo en griego y, de repente, Gure se puso en pie.
—Creo que será mejor que yo espere fuera- dijo sin enfadarse y luego abandonó la habitación. Bulma suspiró.
—Ya sé que no dejaste a Tights tan mal como creí.
—Lo hice- murmuró Tarble-. Le dije a Vegeta que ella era una cazadotes y que había habido otros hombres. Tights no era así y tú debes odiarme por ello.- Bulma se dio cuenta de que ya no lo odiaba. Era un hombre muy inmaduro para su edad. Era un tipo débil y, seguramente, Tights había sido la fuerte en su relación.
—¿Me mentiste? - le preguntó Vegeta levantando la voz. Entonces Bulma vio como Tarble se ponía pálido y a ella se le terminó la paciencia con Vegeta.
—¡Oh, cállate, Vegeta! ¡Y deja que hable!
—Cuando Gure vino a verme a Oxford con las niñas nuestro matrimonio estaba pasando por muchos problemas. Yo le dije que quería divorciarme...
—¿Qué?
—¡Vegeta!- Vegeta se volvió a callar.
—Gure estuvo de acuerdo. Antes de que ella se volviera a Grecia y de que yo empezara mi relación con Tights. Entonces Tights- miró a Bulma por primera vez y continuó. -Nunca antes había conocido a alguien como ella y me enamoré perdidamente. Le pedí que se casara conmigo y, lo hice en serio.
—Y yo que me negué a creerte, pethi mou- murmuró Vegeta pesadamente.
—Ahora ya no importa. Pero lo cierto era que a ella le alegraba mucho el que Tarble estuviera diciendo la verdad por fin. Su amor por el hermano mayor de ese muchacho exigía la verdad.
—Tights me prometió que no había ningún riesgo de que se quedara embarazada- continuó Tarble-. Ella sabía que yo no quería que eso sucediera; no supe cómo llevarlo. No había forma de que pudiera conseguir el divorcio lo suficientemente rápido. Tights y yo tuvimos una fuerte discusión y entonces yo volví a casa a ver a las niñas. Y... bueno... me di cuenta...
—De que querías volver con tu esposa- terminó Bulma apiadándose de él.
—Tights me llamó de todo y, supongo que me lo merecía. No pude afrontar todo eso. Sólo deseaba poder retroceder en el tiempo. Ella no quería que termináramos...- Vegeta soltó un vehemente sonido de disgusto mientras miraba fijamente a su hermano.
—Le pediste que se casara contigo y luego la dejaste tirada. ¡A una chica de dieciocho años que estaba enamorada de ti! ¿Cómo demonios pudiste ser tan egoísta e irresponsable para luego, además, hacer que yo me enfrentara a Bulma y a su hermana?- Bulma vio cómo Tarble se estremecía, y se dio cuenta de que estaba tratando de no llorar. Él se tapó la cara con las manos temblorosas y se quedó callado, dejando que las recriminaciones de Vegeta le cayeran encima. Luego Vegeta empezó a decirle cosas en griego.
—¡Ya basta! ¡Ya basta, Vegeta!- intervino Bulma porque no podía soportarlo más- .Se acabó. Él no es el único hombre en el mundo que ha abandonado a una mujer.
—¡Tu hermana murió!- le gritó Vegeta furiosamente.
—¡Porque ella eligió quedarse embarazada, no porque Tarble volviera con su esposa!- Cuando vio la sorpresa de Vegeta, ella continuó: -Tarble hizo lo que pudo. Le mandó dinero. No la dejó en la calle.
—Si- dijo Tarble mirándola agradecido. Vegeta suspiró y a Bulma sólo le quedó una pregunta por hacerle a Tarble.
—¿Por qué te ofreciste a quedarte con Nicky?- Tarble se tensó.
—Era lo único que podía hacer cuando ella murió. Y Gure estuvo de acuerdo.
—¿Lo querías de verdad?- murmuró Bulma mirando a Vegeta al que, evidentemente, estaba irritando más aún el cariz que estaba tomando aquello-. Quiero saberlo, Tarble. Y te agradeceré que digas la verdad. Nunca saldrá de entre estas paredes.
—No, no lo quería. Estoy realmente agradecido porque Vegeta y tú os responsabilizarais de él. No habría hecho mucho por mi matrimonio.
—Pues sí ha hecho mucho por el mío- murmuró Vegeta secamente, pero ya visiblemente menos enfadado-. Por suerte para ti.
—Bueno, Bulma y tú parecéis llevarlo muy bien- dijo Tarble incómodo.
—Muy bien- afirmó Bulma amablemente. Estaba claro que ese hombre era como un niño pequeño que no había crecido y que, probablemente, no lo haría nunca. Tarble se levantó a toda velocidad, se pasó una mano por los ojos y se dirigió a la puerta.
—¿Seguís queriendo que asistamos a la fiesta?
—Por supuesto- afirmó Bulma decididamente, ya que no estaba muy segura de lo que pudiera decir Vegeta. Gure estaba en el recibidor cuando salieron y se dirigió directamente hacia Bulma.
—He ido a ver a Nicky. Es precioso- dijo-. No me importa, de verdad que no importa, ya que tengo de nuevo a Tarble conmigo. ¿Puedes comprenderlo?- Bulma podía perfectamente y se sintió aliviada al ver que la hija de Vivien no le era hostil. Cuando se marcharon iban los dos de la mano. Tarble no había mostrado el menor deseo de ver a Nicky y, lo más seguro era que se alegrara de poder dejárselo a Vegeta y a ella. Era lo más fácil y, sospechaba que ese chico estaba acostumbrado a tomar siempre el camino más fácil.
—Vaya con el padre orgulloso- dijo Vegeta como si le hubiera adivinado el pensamiento-. Todavía sigo teniendo muchas cosas que decirle. ¿Por qué te metiste?
—Porque él ya no podía más y porque no he querido que me odie para siempre si tú lo humillabas delante de mí- murmuró Bulma tranquilamente-. Es débil, Vegeta, pero no es mala persona y creo que ya ha sufrido bastante. La muerte de Tights debe haber sido lo más trágico que le haya pasado en la vida. Vegeta le pasó un brazo por los hombros.
—Eres una mujer muy generosa e inteligente. Y te debo una enorme disculpa por algunas de las cosas que te he dicho.
—No es necesaria. Como yo creí a Tights, tú lo creíste a él.- Bulma le dio entonces un beso en los labios. -Ahora vamos a que Ten nos dé de comer antes de que me desmaye. Un rato después, mientras comían, le dijo Vegeta:
—Pensé que les ibas a ofrecer que se quedaran con Nicky.
—Tenía que saber lo que sentía de verdad. Ahora ni siquiera siento haberlo privado de su hijo.
—Es nuestro hijo ahora. Gure ya le dará un hijo a Tarble y se olvidará de que tuvo otro alguna vez.- Luego Vegeta empezó a hacer planes para la luna de miel y Bulma, sin poder evitarlo, bostezó. Cada vez se le cerraban más los ojos.
—Creo que ya es hora de que te vayas a la cama- le dijo Vegeta y sonrió.
—¿A esta hora?
—Estás agotada y mañana tenemos un largo día por delante- afirmó él mientras la ayudaba a levantarse...
—¿Piensas salir a alguna parte?- le preguntó Bulma ansiosamente.
—¿De dónde has sacado esa idea?- Bulma estaba a punto de dormirse cuando oyó el motor del coche que Vegeta utilizaba cuando quería ir a alguna parte sin el conductor. Imaginaciones suyas, se dijo antes de quedarse dormida.
—Buenos días.- Bulma miró a Vegeta y se sintió en paz con el mundo entero. Sobre todo después del beso que le había dado para despertarla.
—Feliz cumpleaños- le dijo él.
—No es mi... ¡Cielos, sí lo es!- exclamó ella y se sentó en la cama-. ¡Me había olvidado de mi cumpleaños!
—Pero yo no.- Vegeta parecía muy satisfecho consigo mismo. Bulma ni lo oyó, tenia la mirada fija por la sorpresa en la gran pintura al óleo que estaba apoyada contra el pie de la cama. Un retrato de Tights en el que casi parecía estar viva. Era magnífico.
—Pero ¿cómo...? Quiero decir ¿por qué...? ¡Cielos! ¿De dónde lo has sacado?
—De unas fotos. He tenido que presionar un poco a la artista. Ella normalmente no trabaja con tanta prisa y, hasta ahora, no lo ha hecho nunca a partir de fotos. ¿Qué opinas?
—Es fantástico- dijo ella con los ojos inundados por las lágrimas. El que Vegeta hubiera recordado su cumpleaños habría sido suficiente, pero el que se hubiera tomado tantas molestias encargando ese retrato de su hermana, cuyo recuerdo él tema, tan pocos motivos para apreciar... Bueno, la había dejado completamente impresionada.
—¡Se parece tanto a ella! ¡Es tan real! No podías haberme regalado algo más precioso. Es lo mejor que nunca me hayan regalado. ¿Cuándo lo encargaste?
—Hace un par de semanas.
—Dos semanas. ¿Estabas pensando en mi cumpleaños desde hace tanto?
—Estaba bastante desesperado por hacer lo que fuera necesario para congraciarme contigo.
—¿Conmigo?
—Tenía que hacer lo que fuera para transformarme en alguien sensible, cariñoso y romántico- le dijo Vegeta besándola a continuación.
—¿Por qué?
—Porque te amo.- Ella le miró a los ojos como si no se creyese lo que acababa de oír. Se humedeció los labios, que se le habían quedado secos y dijo:
—No puedes... ¡No lo dices en serio!
—Te amo y lo único que se te ocurrió decirme entonces era que lo estaba intentando demasiado. Lo que era cierto, pero si tuvieras algo de tacto, te habrías guardado ese pensamiento para ti- bromeó él mirándola fijamente a los ojos-. Si ayer no hubieras venido a mi oficina yo habría seguido siendo demasiado orgulloso como para decírtelo.
—¿Cuándo te enamoraste de mi?
—Antes de que nos casáramos. Definitivamente, empezó antes- le dijo Vegeta tomándola en sus brazos-. Porque en nuestra noche de bodas; después de que hiciéramos el amor, me sorprendí pensando en la maravillosa esposa que podías ser y, francamente, eso me sorprendió mucho. Tanto que empecé a pensármelo en serio.
—No antes de que me dijeras unas cuantas cosas muy desagradables.
—No podía comprender la que me estaba sucediendo, así que volví a mi plan original y me pasé varias veladas extraordinariamente aburridas con esas otras y me di cuenta de que, lo que más quería era estar contigo. Y que, después de todo, ya no me quería librar de ti. En realidad, me percaté de que nunca había querido hacerlo. Desafortunadamente para mí, hice el idiota yendo por ahí con las otras. Te juro que no toqué ni a una. Ni dejé de fantasear sobre ti ni por un segundo.- Bulma lo besó en un hombro.
—Yo también te amo a ti- dijo suspirando. -
—Eso me lleva a ayer.
—¿Ayer?
—Cuando entraste en mi despacho me quedé literalmente atontado. Me di cuenta de que, si no me amaras, no habrías sido capaz de llevar a cabo semejante actuación- le dijo Vegeta muy satisfecho de si mismo-. Eres demasiado tímida.
—¿Lo soy de verdad?
—Y yo estaba tan contento que me olvidé por completo de Milk.
—¿Milk?- Bulma se puso tensa.
—Había quedado con ella para almorzar en mi apartamento. Era ella la que me iba a llevar el retrato.
—¿Milk?
—Es la pintora. Tal vez cuando venga esta noche a la fiesta puedas cambiar la opinión que tienes de ella.
—¿Ha sido ella la que ha pintado el retrato?
—Y, dado que la echaste de casa la otra vez, no he querido decirte antes que la había invitado, no fuera a ser que confundieras la relación que tenga con ella o que dijeras algo que la pudiera ofender.
—¡Lo siento!- murmuró Bulma, preguntándose por primera vez si no habría juzgado mal a esa mujer.
—Milk y yo somos buenos amigos, sólo el hecho de que no nos hayamos acostado debía haber indicado que nunca ha habido mucha pasión entre nosotros. A Vivien no le cae bien, pero espero que, cuando os conozcáis mejor, cambiarás de opinión sobre ella. No tengas en cuanta que en un momento dado, jugamos con la idea de casarnos. Ella vino aquí porque estaba verdaderamente molesta por la forma en que yo me estaba comportando contigo.
—Y yo estuve verdaderamente desagradable, porque no supe lo que habías estado haciendo antes de que ella me lo dijera.
—Milk se dio cuenta de que había dado por sabidas demasiadas cosas, pero sólo quiso ayudar. Anoche fui a su casa a recoger el retrato.
—Vegeta, te oí hablar con ella por teléfono y pensé que estabais quedando- murmuró Bulma. Vegeta estalló en carcajadas.
—¿Es por eso por lo que fuiste a mi oficina?- Luego volvió a reírse y tan fuertemente que cayó de espaldas contra la almohada. Bulma lo miró ruborizada.
—No tuvo gracia. Estaba muy preocupada.
—Que te sirva de escarmiento, por cotilla- bromeó Vegeta mientras se la ponía encima-. No me estoy quejando. ¡No me habría perdido esa visita tuya ni por un millón de libras!
—Una cosa más... Las amantes.
—¿Qué amantes? ¡Cielos! ¿De dónde te imaginas que sacaría la energía?
—Yo sé que tú la tienes, Vegeta.
—Desapareció hace tiempo. Antes de la boda.- Vegeta le dio un beso en los labios. Un beso maravillosamente cariñoso. -Supe que iba a hacer el amor contigo, así que no iba a ir de una a otra mujer. Y ¿dónde podría encontrar a otra tan sincera como tú?
—Ni te atrevas a buscarla.
—¿Qué te parecería si nos volviéramos a casar?
—¿Otra vez?
—Para que digamos de verdad todas las palabras. En el sentido más estricto.
—Me parecería maravilloso- afirmó ella con una sonrisa radiante que hizo que a él se le cortara la respiración.
—Y, dado que estás tan generosa, una vez al año podríamos celebrar un aniversario de algo que sólo sabremos tú y yo, ¿querrías?
—Sí.
—Pero no sabes lo que te estoy pidiendo.
—Sé lo que quieres. Eres incorregible, Vegeta.
—Lo que estoy es locamente enamorado. Desesperadamente. Y, dado que una vez al año me puedes impresionar...
—¿Sólo una vez al año? Oh, creo que puedo hacerlo más que eso, Vegeta. Mucho, mucho más- susurró ella provocativamente mirándolo a los ojos-. Espera y verás.
Este es el último capítulo... Pero ya estoy preparando un epílogo (en la historia original aquí termina)
