¡Un poco tarde, pero aquí está el nuevo capítulo!
Quiero daros las gracias a todos los que os habéis tomado un momento para leer esta historia y, sobre todo, apoyarla con vuestros comentarios. Ya me ha quedado claro que todos queréis NicoMaki, pero tranquilos, no os defraudaré :P De hecho, en este capítulo tenéis una pequeña muestra de lo que espera en el futuro del fanfic ;D
Quería hacer una mención antes de empezar, y es agradecer a Zawa-senpai por todo su spam Y de paso, nombrar a Naofu (?) tu fanfic "Sueños de Juventud" fue el primero que leí al meterme en el mundillo y me hizo especial ilusión ver que estabas leyendo mi historia :3
Y antes de dejaros con el capítulo, os lanzo una pregunta. Yo vengo del mundo de la novela escrita, no del fanfic, y alguien me ha comentado que quizás queda un poco lioso el no marcar exactamente cuando empieza un flashback. De normal, en una novela no se encuentran cosas como eso y no tengo costumbre de marcarlo, creo que queda claro cuando es pasado y cuando no, pero agradecería si pudierais comentar al respecto. ¿Creéis necesario que especifique cuando una escena es un flashback y cuando no?
¡Gracias por leer! Nos vemos en una semana :3
CAPÍTULO 2
Caminaba por los pasillos de la facultad con la vista enterrada en su teléfono móvil. Las noticias sobre el mundo de las idols volaban por su pantalla, y el nombre de µ's era uno de los puntos más calientes del día, como venía siendo desde hacía varios días. El momento en que Honoka aceptó la propuesta de volver a reunirse para participar en el Love Live a modo de tributo revolucionó por completo el mundo de las idols en general, no solo las escolares. Hanayo entró de esa manera en su clase, sin apartar la vista del aparato.
― Koizumi-san, buenos días.
― ¡Ah! -Se sobresaltó ella- B-buenos días, Murakami-san.
Hanayo se sentía bastante confusa con aquel saludo. Su timidez había hecho que se relacionase poco con las personas de la universidad, exceptuando un par de chicas con las que mantenía una cordial amistad. Murakami-san no era, en absoluto, una de sus amigas. Apenas habían intercambiado un par de palabras en los dos años que llevaban compartiendo clases de periodismo en la universidad. La chica era bastante popular, extrovertida, aplicada, divertida. Todo el mundo quería acercarse a ella, ser como ella. Menos Hanayo. Hanayo estaba bien como estaba. La chica la observaba en silencio, con una sonrisa que le hacía parecer una fiera observando a su presa.
― Dime, Hanayo. ¿Puedo llamarte Hanayo? He leído que un grupo que fue muy popular hace unos años, µ's, va a volver a los escenarios. Y, curiosamente, me he enterado de que tú eras una de sus integrantes. ¿Eso es cierto?
― ¿Eh? Pues... Sí, sí.
― ¡Eso es fantástico! No sabía que eras una persona tan interesante, Hanayo-san. ¿Por qué no nos vemos a la salida de clases y vamos a tomar algo?
― Bueno... Es que...
― Insisto. Yo invito.
El profesor entró en ese momento, haciendo que Murakami diera un brinco hasta su asiento, cortando por completo su conversación. Hanayo estaba agitada tras esa conversación. Apenas si pudo concentrarse durante la clase. A pesar de haber ganado mucha confianza durante su estada en el grupo de idols, poco a poco fue volviendo a ser la misma de siempre: una chica tímida, vergonzosa y a la que le daba miedo interactuar con desconocidos. La reciente atención recibida por parte de Murakami la había dejado totalmente descolocada. Se sentía observada. Al mirar a su alrededor se dio cuenta de que varios compañeros la miraban disimuladamente. Algunos, en cambio, no se cortaban un pelo, observándola fijamente, cuchicheando con el compañero de al lado. Todos le prestaban atención a ella excepto Murakami, que sonreía triunfal observando al profesor. La presión pudo con Hanayo que, en un arranque de pánico, se levantó de golpe. Excusándose torpemente con el profesor, recogió sus cosas y salió del aula corriendo, intentando dejar a todo el mundo atrás.
Fue directa a los servicios y, tras encerrarse en uno de los lavabos, sacó su teléfono para marcar el número de Rin. No lo cogió a la primera, así que esperó pacientemente a que le devolviera la llamada. Unos cinco minutos más tarde su teléfono comenzó a vibrar y sonrió algo más tranquila al leer el nombre de su enérgica amiga en la pantalla.
― ¡Kayo-chin~! -saludó de manera enérgica Rin desde el otro lado de la línea-. ¿Qué ha pasado? Sabes que estoy en clases, no puedo atenderte mucho rato.
― Lo siento, es que... Me he sentido abrumada y... Necesitaba hablar contigo.
Hanayo puso al corriente a su amiga de la situación, explicándole lo mal que se había sentido al ser el centro de atención otra vez. No era la misma sensación que sentía cuando estaba sobre un escenario. En clase se había sentido como un objeto de cuchicheos, no como alguien admirable. Rin la escuchaba con paciencia, dejándola desahogarse. Al acabar, la chica se limitó a suspirar.
― Kayo-chin, no tienes que hacer caso de lo que te digan, nya. Sabes que tú eres genial tal y como eres. Ahora la gente se está comenzando a dar cuenta de ello y por eso quieren acercarse a ti, nya.
― Y qué pasa si... ¿Si yo no quiero que se acerquen a mí?
― ¡No digas eso, nya! Kayo-chin es una chica muy especial y todo el mundo debería poder acercarse a ella. Siempre que quede un poquito para Rin.
Hanayo no pudo evitar reír con ganas ante la contestación. Al otro lado de la línea, Rin comenzó a decir tonterías para perpetuar la risa de su amiga, hasta que a la periodista se le saltaron las lágrimas.
― Me alegra escucharte reír, nya. Ahora debo irme o el entrenador se enfadará conmigo. ¿Nos vemos pronto en casa y comemos juntas?
Asintió ante la propuesta y, no queriendo robarle más tiempo a su amiga, se despidió. Miró el reloj. Llevaba fuera de clase casi media hora, y quedaría muy extraño volver a estas alturas a clase. Como tampoco tenía más asignaturas después de esta, decidió volver a casa y preparar algo de comer para cuando su compañera llegase.
Las dos compartían un pequeño piso cerca del centro de Tokio. En cuanto terminaron la preparatoria tomaron esa decisión; a ambas les hacía ilusión y tenían los medios para conseguirlo. Hanayo escribía artículos en revistas on-line que le daban algo de dinero, y Rin entrenaba a un equipo de futbol juvenil. Todo eso, sumado a las becas que habían conseguido, les permitía pagar el pequeño piso, que sólo contaba con dos pequeñas habitaciones y una sala que hacía las veces de comedor, salita, cocina y estudio.
Decidió preparar un delicioso plato de arroz blanco acompañado de verduras y algo de carne asada. En ese momento su teléfono vibró con la llegada de un nuevo mensaje de parte de Maki. Hanayo se extrañó, si hacían bien los cálculos en Boston ahora mismo debían ser las dos y media de la mañana.
― Chicas -decía el mensaje en el grupo que compartían ellas dos junto con Rin-, ya tengo los billetes para volver a Tokio. En menos de una semana estaré allí.
― ¡Eso es genial, Maki-chan! -contestó ella desde su teléfono-. Tenemos muchas, muchas ganas de verte.
― Y yo... Tengo tantas ganas que no puedo pegar ojo.
― ¿Es sólo las ganas de volver, nya? -Preguntó Rin.
Tardó varios minutos en contestar, aunque podían ver el estado de "escribiendo" parpadear a cada rato. Al final, la respuesta era la obvia.
― Ya sabéis que no. Estoy aterrada.
Hanayo suspiró. Al principio Maki había tratado de hacerse la dura, pero cuanto más cerca estaba su regreso, más vulnerable se sentía y mostraba. ¿Por qué las chicas lo tenían que hacer todo tan complicado? Para ella el amor era algo sencillo, o al menos así lo imaginaba. Algo sin dramas, sólo tener a alguien al lado que la hiciese reír, la apoyase, estuviera a su lado en los buenos y malos momentos... Suspiró, sonrojándose, mientras el móvil seguía vibrando.
― Maki-chan no tiene que preocuparse, nya. Todas tenemos ganas de verte.
― Sé de alguien que no... ¿O acaso habéis hablado con ella?
― No.
Hanayo alzó una ceja. Después de que Nico, Eli y Nozomi se graduasen, la gran idol Yazawa iba muy seguido a la escuela de Otonokizaka para ayudar a Hanayo a llevar el club de investigación Idol, del cual había heredado la posición de presidenta gustosamente. Aquello hizo que la relación entre ambas y, por ende, con Rin, se fortaleciera mucho más. Tenían una gran amistad y, pese a los años, habían conseguido mantener el contacto de manera muy seguida. No hacía mucho habían hablado con ella sobre lo de volver a formar µ's para participar en el Love Live. No entendía por qué Rin mentía.
De pronto la puerta del piso se abrió. Rin, con cara de cansancio, dejó sus cosas en la entrada. Tardó un par de segundos en darse cuenta de que Hanayo estaba allí.
― ¡Kayo-chin! ¿Qué haces tan pronto en casa?
― Me salté las clases -dijo avergonzada.
― No te preocupes, nya. No le diré nada a nadie -dijo con una sonrisa, haciendo el gesto de cerrar una cremallera sobre sus labios.
― Rin-chan... ¿Por qué le mentiste a Maki sobre Nico?
Ella se encogió de hombros, apartando la mirada. A veces Rin podía tener una expresión tan seria que a Hanayo se le erizaba la piel al ver el contraste con su habitual expresión.
― Maki-chan lo está pasando mal, nya. No quería preocuparla de más... Necesita descansar y hacerse a la idea de todo lo que se le viene encima, nya. Además, si seguía preguntando... No quería contarle lo de Hitomi.
Así que era eso. Hanayo asintió, volviendo a mirar su teléfono. Maki se había despedido de ambas, prometiendo intentar dormir y no pensar en nada más. Si Rin hubiera dicho que sí, seguramente su conversación se alargaría hasta el amanecer americano. ¿Por qué tenía que haber tanto drama? Con lo fácil que era convivir con alguien...
― ¡Kayo-chin~! No estés triste. Rin-chan está aquí para levantarte esos ánimos.
Hanayo sonrió con ternura. Así. Así era como debería ser el amor. Ojalá algún día encontrase a alguien como Rin-chan para sí misma.
Habían sido catorce largas horas de vuelo. Ya hacía un rato que había divisado las costas de Japón, sintiéndose un poco más en casa. Sus padres estaban ocupados en el trabajo, así que tenía que encargarse ella sola de cargar con todas las maletas. Sólo tenía ganas de llegar a casa para estirarse en la cama y dormir catorce horas más. Tras un suave aterrizaje las puertas se abrieron, permitiendo a los pasajeros tomar tierra.
Caminó directa hacia la zona de recogida de maletas. Tenía el cuerpo entumecido y un dolor espantoso en el cuello. Ni si quiera su inseparable almohada había ayudado a soportar tan largo viaje. Cuatro maletas seguidas venían con su nombre en una etiqueta, pero cuando alargó el brazo para agarrarlas, alguien más lo hizo por ella. Alzó la mirada sorprendida, encontrándose con unos ojos azules que conocía muy bien.
― Honoka-chan... -murmuró.
― Bienvenida, Kotori-chan.
Ambas se fundieron en un tierno abrazo al que no tardó en sumarse también Umi.
― ¡Chicas! ¿Qué hacéis aquí? ¿No se supone que tenéis clase y demás?
― No podíamos no venir a recogerte. Además, hablé con tu madre y me dijo que nadie podía venir a buscarte, así que... Aquí nos tienes -dijo Umi con una sonrisa.
― ¡Si es que tengo las mejores amigas del mundo! -contestó ella, volviéndolas a abrazar-. ¡Os he echado tantísimo de menos!
Permanecieron así un buen rato más. Casi cada nueva frase desencadenaba una nueva ronda de abrazos hasta que las tres acabaron tan emocionadas que se les humedecieron los ojos. Después de recoger todas las maletas de Kotori, las tres se dirigieron al exterior, donde llamaron a un taxi para ir a casa de la recién llegada.
― ¿Qué tal ha ido el viaje? -Preguntó Umi una vez acomodadas en el vehículo.
― ¿Me has traído algo de Milán? ¿Qué me has traído?
― Honoka, ahora no es momento de eso -la riñó Umi.
― Me encanta ver que todo sigue igual con vosotras dos -contestó la tercera, muerta de la risa-. Sabes que sí te he traído algo, Honoka. ¿O no te he traído un regalo siempre que he vuelto?
― ¡Yay! -Saltó ella, despistando al conductor que no tardó en reñirla.
Umi lo secundó.
Tras el viaje en taxi y pagarle una generosa propina al conductor para cubrir las molestias causadas por Honoka, las chicas subieron las maletas al interior del hogar de los Minami. Kotori corrió a su habitación, estirándose sobre la cama como una niña pequeña. Honoka la siguió y ambas terminaron estiradas, mientras Umi las observaba desde la puerta.
― No tenéis remedio, ¿eh? Debes estar hambrienta, Kotori. ¿Quieres que preparemos algo para comer y después te dejamos descansar?
― ¿Quéeee? -Protestó Honoka-. No podemos dejarla descansar. ¡No debemos! Hace millones de años que no nos veíamos.
― Sólo han sido nueve meses.
― ¡Lo que yo he dicho! -Lloriqueó de nuevo, mirando ahora a Kotori-. Dile a Umi que no sea tan mala conmigo.
― Está bien, está bien. Me gusta lo que dices de comer las tres juntas. Mi madre me dijo que habían dejado en la nevera algo para cocinar, voy a ver.
― No, no -cortó rápidamente Umi-. Nosotras nos encargamos de la comida, tú ahora descansa y acomódate. Andando, Honoka.
La mentada volvió a refunfuñar, pero tras un segundo llamamiento por parte de la arquera salió disparada de la habitación, haciendo reír nuevamente a Kotori. Esta volvió a estirarse en la cama, dejando que su cuerpo se destensara tras tantas horas de vuelo. Su habitación era bien diferente a la que habitaba durante los meses lectivos en Italia. Allí tenía las paredes empapeladas de posters y fotografías de las últimas tendencias, lleno de dibujos propios y de otras compañeras de clase. Pero esta habitación era su habitación. Tan cargada de recuerdos...
Decidió acompañar a sus amigas, a pesar de que no la dejase participar en la cocina. Se acomodó en la mesa, desde donde podían charlar con comodidad.
― Entonces... -comenzó ella-. ¿Cómo se han tomado todas lo de volver al escenario?
― Bueno. Rin y Hanayo aceptaron sin pensárselo dos veces. Nozomi y Eli se lo pensaron bastante, pero al final accedieron también, y creo que ellas fueron las que convencieron a Nico. Y Maki me mandó un mensaje no hace mucho diciendo que regresaba en unos días.
Kotori asintió ante aquella información. Se alegraba al escuchar que todas, con mayor o menor rapidez, habían accedido a la locura que estaba armando Honoka. Tenía muchas ganas de volver a un escenario con todas sus amigas.
― Cielos, tengo tantas ganas de verlas a todas. Siento que hace muchos años que no sé nada de ellas. Esto de vivir tan lejos es un fastidio.
― No seas tan dura, Kotori -contestó Umi mientras terminaba de preparar la comida-. Estás luchando por tus sueños, eso es lo más importante.
― Supongo...
Aprovecharon la comida para ponerse al día. Kotori estaba estudiando por tercer año en una prestigiosa academia de moda en Milán, donde estaba consiguiendo muy buenas calificaciones. Umi, a pesar de participar activamente en el dojo familiar, estudiaba de manera paralela en la universidad de Tokio una carrera de letras. Sabía que para su familia lo primero era el dojo, pero le permitieron tomar esos estudios siempre que la prioridad fuera la tradición familiar. Honoka, por su parte, seguía siendo tan bala perdida como siempre.
― Este año estoy en una escuela de repostería -comentaba algo sonrojada-. Mi madre me dijo que ya que no quería estudiar al menos me formase bien para ayudar en la tienda y poder expandir el negocio.
― No tienes que avergonzarte por eso, Honoka -contestó Kotori, sonriendo-. La tienda de tu familia tiene mucho éxito últimamente, y estoy segura de que con tu ayuda será mucho mejor.
Siguieron hablando durante casi dos horas, sin parar, hasta que Kotori cabeceaba de puro cansancio. Decidieron dejar la conversación para otro momento, para así permitir a la recién llegada descansar.
― Espero poder ver pronto a todas... Las echo tanto de menos...
― ¡Hablaré con ellas! -Dijo de pronto Honoka, llena de energía-. En unos días regresa Maki, y ya estaremos todas en Japón. Podríamos quedar todas para ponernos al día y ver cómo están las cosas.
Kotori sonrió, pero no le pasó por alto lo tensa que se había puesto Umi al escuchar aquello. No habían tocado el tema, pero el reencuentro iba a suponer mucha carga para su amiga, y lo sabía. Pero conocía demasiado bien a la arquera como para intentar hablar de ello, y menos delante de Honoka. Así que finalmente se despidieron en la puerta de la casa. En cuanto se encontró sola, la joven se dirigió directa a su habitación para estirarse en la cama, cerrar los ojos y dormir, como mínimo, las mismas horas que había pasado en el avión.
El teléfono de Nico sonó, interrumpiendo la conversación. Miró la pantalla, molesta, dispuesta a ignorarlo. Pero ver el número de Nozomi a esas horas de la noche la preocupó demasiado.
― Es Nozomi. ¿Te importa si contesto?
― No, claro que no.
― ¡Aló, Nicochi! Estamos todas al teléfono. Debemos hablar de lo que ha pasado con Honoka hoy... ¿Sabes dónde está Maki? No la localizamos.
Nico se ruborizó y apartó la mirada de la pelirroja, que la miraba curiosa.
― Está aquí conmigo. Esperad, que pongo el altavoz.
A través del altavoz se escuchó una tenue risa perversa, claramente proveniente de Nozomi. Nico, muerta de vergüenza, no hacía más que esperar que Maki no se diera cuenta de nada. Por suerte, Eli tomo la voz cantante y rápidamente comenzaron a hablar del tema importante. La noticia de un nuevo Love Live justo después de haber perdido la oportunidad del anterior evento al caer Honoka enferma había llenado a todo el grupo de alegría, pero la líder había decidido que no quería participar. Aquella declaración las había pillado a todas por sorpresa, y sin duda era algo preocupante. Nadie, ni si quiera Umi y Kotori, eran capaces de saber a ciencia cierta qué había impulsado a la joven a aquello. Después de conversar un buen rato sobre el tema, todas se despidieron para irse a la cama. Excepto Maki y Nico, que estaban en plena calle.
― Agh, esta Honoka... Como no vayamos al Love Live por su culpa me las pagará.
― No estés tan molesta -dijo Maki con una sonrisa-. Estoy segura de que al final entrará en razón.
Nico suspiró. Al menos, ahora, estaba a solas con Maki. No era como si pudiera desperdiciar este momento. Decidieron seguir con el paseo nocturno, pero la conversación había vuelto a apagarse entre ellas. Con lo que le había costado empezar...
― ¿Estás segura de que esto no es una especie de cita?
La pregunta de Maki la pilló totalmente desprevenida. Rápidamente se sonrojó, y apartó la mirada, haciéndose la ofendida.
― ¡Ya te he dicho que no! La gran Idol Nico Yazawa no tiene tiempo que perder en amoríos adolescentes. Pero, si lo fuera, deberías sentirte afortunada.
― Lo sentiría, sí -dijo Maki riendo con ganas-. Entonces, ¿por qué has querido que quedásemos las dos solas?
«Porque quería estar contigo a solas, idiota. Porque esto sí es una cita, pero soy demasiado cobarde como para decirlo en voz alta. Porque siempre me has llamado la atención, y ahora que por fin tengo una excusa para acercarme a ti... Me aterra hacerlo y que algo salga mal». Todos esos pensamientos y muchos más pasaron por la mente de Nico en apenas un instante, y dio gracias a los dioses por que fuera ya noche cerrada y la luz de las farolas no fuera muy intensa, porque sus mejillas ardían con fuerza.
― Bueno, soy la líder de nuestro club, a fin de cuentas -dijo encogiéndose de hombros, con su fingida seguridad de idol-. Es mi trabajo conocer en profundidad a todos los miembros de µ's, y qué mejor manera que vernos fuera de la rutina habitual.
― Justo esta tarde hemos estado fuera de la rutina habitual -contestó Maki con una sonrisa socarrona, que dejó muda a Nico unos segundos.
― ¡Pero no es lo mismo! -Se excusó en seguida-. Además, no te pienses que eres la primera con la que quedo a solas. Yo he... He quedado también con Nozomi. Sí, con Nozomi.
― Sí. Ya.
Algo en el interior de Nico le decía que Maki no había creído ni una sola palabra de todo lo que había dicho. ¿Por qué tenía que ser tan lista? Decidió no darle más vueltas al tema y seguir adelante con su no-cita. Pasearon por el parque, tomaron un chocolate caliente en una cafetería hablando de mil cosas, conociéndose la una a la otra. No como miembros de µ's, sino como personas. En cierto momento Maki dejó reposar su mano muy cerca de la mano de Nico. Estaba tan cerca que casi podía notar su calidez. ¿Sería su piel tan suave como parecía? ¿Qué pensaría la pelirroja si se envalentonaba y tomaba su mano? ¿La rechazaría? Mil pensamientos circulaban por la cabeza de Nico como un torbellino mientras Maki le contaba cómo había comenzado a interesarse por la música.
― Nico-chan, ¿sigues ahí?
― ¿Eh? ¿Qué? Sí, sí. Te estaba haciendo caso. Piano. Te gusta el piano.
― Hace como tres minutos que dejé de hablarte de la música -contestó riendo, ganándose otro sonrojo de la mayor.
― Lo sé, pero me parece un tema muy interesante.
― Claro, Nico-chan. Te ves bastante cansada, ¿no prefieres que vayamos ya a casa? Mañana tenemos que levantarnos temprano para ensayar.
«No puedo permitir que esto termine ya...», pensó Nico con desesperación.
― ¿Por qué no vienes a mi casa esta noche, Maki-chan? Tengo espacio de sobra, y podría ponerte vídeos de idols profesionales para que tomes nota. No es por nada, pero creo que lo necesitas. Con urgencia.
― ¡Oye! No lo hago tan mal. ¿Vale?
― Entonces, ¿qué me dices?
Maki estaba roja como un tomate. Tomó un mechón de su pelo y comenzó a jugar con él, apartando la mirada. Podía ver cómo la duda pasaba por su mente. Tras una breve pausa, Maki tomó su teléfono para llamar a casa y pedir permiso a sus padres para poder pasar la noche fuera. Tras una breve discusión, obtuvo una respuesta afirmativa. Al comunicárselo a Nico, la chica casi no cabía en sí de emoción.
― ¡Pues vayamos ya! ¡Rumbo a la maravillosa casa de la familia Yazawa!
Después de veinte cortos minutos en los que Nico no paraba de hablar de todos los vídeos que le iba a mostrar, de todas las ideas que tenía para el siguiente Love Live, de cómo iba a convencer a Honoka para que quisiera participar de nuevo, al fin llegaron al piso donde residía Nico. Maki quedó algo extrañada, acostumbrada a su gran casa unifamiliar, con su propio jardín, sin ruidos molestos de otros vecinos... Sin duda la vida de Nico era muy diferente a la suya. Cuando llegaron ante la puerta, la chica se quedó parada con la mano en el picaporte.
― ¿Ocurre algo, Nico-chan?
La chica negó, nerviosa. Comenzaba a darse cuenta de que había arrastrado a la menor hasta su casa con la intención de pasar la noche con ella y, hasta ese momento, no había caído en la cuenta de ello. Tomó aire y terminó por abrir la puerta.
― ¡Ya estoy en casa! -Anunció, quitándose los zapatos-. Maki-chan se quedará a dormir esta noche.
Rápidamente un torrente de pasos se acercó por el pasillo y dos niñas se abalanzaron sobre la chica, que las recibió con los brazos abiertos y muerta de la risa. Las pequeñas no paraban de hacer preguntas sobre Maki, señalándola y mirándola con curiosidad. Al fondo del pasillo, el rostro cansado de la madre de Nico se asomó para darle la bienvenida a las chicas.
― ¿Habéis cenado ya? Si no, ha sobrado un poco de arroz blanco.
― Tranquila, mamá. Ya cenamos fuera. ¿Qué hacen estos dos monstruitos fuera de la cama? Es muy tarde.
― No podíamos dormir sin ti, onee-chan.
― Tenemos que hacer el nico nico ni contigo, ya lo sabes -dijo la otra, haciendo un puchero.
― Está bien, está bien. Venga, id a la cama que ahora voy. Dejad que acompañe a Maki a mi habitación.
Las niñas salieron corriendo por el pasillo, perdiéndose a la vista de Maki. Nico la guió por la casa, dejando que saludase formalmente a su madre, hasta llegar a una habitación totalmente rosa. Nico pasó primero, algo avergonzada, dejando a Maki en el pasillo a oscuras.
― Venga, Nico -se quejó esta en un susurro-. ¿Esto es una especie de broma?
― ¡Tú sólo espera!
La pelirroja suspiró, molesta. ¿Qué tenía que esconderle Maki? Unos minutos más tarde consiguió pasar. Observó la habitación con atención, notando manchas en la pared que demostraban que anteriormente ahí había algo colgado. ¿Tal vez tenía cuadros que no quisiera que viera? Iba a preguntar, pero Nico se excusó rápidamente para ir a acostar a sus hermanitas. Maki aprovechó aquel momento a solas para curiosear la habitación de la mayor. Parecía la habitación de una niña pequeña, pese a ser de las más mayores del grupo. En una de las estanterías tenía una foto con todos los miembros de µ's, y no pudo evitar sonreír al verla.
― Está bien, Maki-chan. ¿Preparada para aprender lo que es ser una idol?
Maki asintió con una sonrisa. Después de cambiarse y dejarle un pijama a la pelirroja, las chicas se acomodaron en la cama de Nico, preparadas para hacer una sesión de los mejores dvd's de la colección privada de la presidenta del club de investigación idol. Nico comentaba cada uno de los vídeos, cada uno de los movimientos, e incluso las letras y las canciones. Maki la escuchaba atentamente, entre divertida e interesada. Realmente la presidenta tenía grandes conocimientos sobre el mundo de las idols y no dudaba que aquella noche les sería beneficiosa a ambas.
Poco a poco el entusiasmo fue decreciendo. La conversación se iba apagando lentamente. Algo soñolienta, Nico se estiró, bostezando. Cuando dejó reposar la mano sobre el colchón, estaba bastante cerca de la mano de Maki. La pelirroja había dejado de prestar atención totalmente al vídeo. Era mucho más interesante ver a la chica que tenía estirada al lado, intentando inútilmente vencer al sueño. Pero esa mano... Esa mano comenzó a robarle toda la atención. Se moría de ganas por agarrarla con fuerza y no soltarla nunca. Jamás había sentido algo así, pero era lo que más deseaba en ese momento. Sentía un dulce cosquilleo en la boca del estómago, y tenía el corazón acelerado. Nico, ajena a todo aquello, terminó siendo vencida por el sueño. Su cabeza, rendida, se balanceó hasta apoyarse en el hombro de Maki. En un acto inconsciente, o eso pensaba Maki, agarró con fuerza la mano de la pelirroja, que sintió una explosión de sensaciones en el centro de su cuerpo.
― Buenas noches, Maki-chan... -Susurró Nico entre sueños.
― Descansa, Nico -contestó Maki, agarrando con fuerza su mano y apoyando la frente sobre la de su compañera.
― ¿Nico? Te ves muy despistada. ¿Va todo bien?
― ¿Eh?
La chica parpadeó, volviendo a la realidad. Se había perdido en un mar de recuerdos, de aquella primera cita que compartió con Maki cuando todavía ni si quiera se atrevían a llamarlo cita. Miró a Hitomi, sentada al volante, mirándola preocupada. Desvió la mirada, avergonzada. ¿Por qué demonios ahora recordaba aquello? La pelirroja estaba en el pasado. Ya había rehecho su vida con Hitomi, y aunque todo aquello fueran grandiosos recuerdos no eran más que eso, recuerdos. Bellísimos recuerdos.
― Perdona, me he quedado un poco abstraída con las luces y el ronroneo del coche.
― ¿Estás segura de que va todo bien? Tenías una mirada... Melancólica.
― No te preocupes, he dicho.
El tono con el que habló fue quizás demasiado brusco. Notó rápidamente como las manos de Hitomi se crisparon sobre el volante. Nico suspiró, arrepentida. No tenía por qué hablarle así a ella. Puso una de sus manos sobre el muslo de la chica, acariciándolo tentadoramente.
― ¿Por qué no cambiamos de destino? Me apetece ir un rato a tu casa -dijo con voz seductora.
Hitomi sonrió, sin apartar la vista de la carretera.
― Claro, suena bien.
