¡Hola otra vez!
Sé que no estoy cumpliendo con los plazos que marco para publicar pero... ¿Quién lo hace? =w= La verdad, esta semana por no hacer, ni si quiera fui a trabajar. Me pilló fuerte la gripe y ahora empiezo a ver un poco la luz. Pero los delirios febriles me han dado para pensar cosas para la historia y demás, así que ahora ideas no me faltan ^^
Ya que al final no lo dije la última vez, lo comentaré ahora para compensar mi falta (?). No sé si alguien se habrá dado cuenta, pero Hitomi Shiga es un personaje de LL. Bueno, del SIF. Así le podéis poner cara. Abbie también, aunque le cambié el nombre porque era un personaje estadounidense. La carta es Sayuri Hyodo :P
Gracias por seguir leyendo esta historia Nos vemos lo más pronto que pueda~
CAPÍTULO 4
La despedida en la universidad había sido mucho mejor de lo que esperaba. Lo habitual en ella era pasar tiempo únicamente con Abbie, pero ese último día, se dio cuenta de todas las buenas amistades que había hecho a lo largo de los dos años que había residido en EEUU. Las dos chicas cenaron solas en uno de sus restaurantes favoritos, compartiendo recuerdos imborrables de su vida en el campus, pero llegada cierta hora, la estadounidense la arrastró fuera del agradable recinto y la sacó a pasear en mitad de la noche. Maki se quejaba de aquello, intentó resistirse, pero al final cedió. A fin de cuentas, esa iba a ser la última noche que compartiría con su amiga.
Abbie la arrastró hasta el interior de un bar al que no habían ido nunca. Maki prefería ir a alguno de sus favoritos a tomar la última copa, para llevarse el recuerdo fresco en la mente. Pero lo que encontró dentro hizo que su corazón se agitara de la emoción.
Más de veinte personas se habían reunido allí dentro. En una de las paredes colgaba un cartel despidiéndola, había picoteo por las mesas, la música sonaba suave. En cuanto entró, todos los presentes la miraron con una sonrisa en el rostro y la saludaron al unísono. Estaban todos. Gente de su clase, el chico que siempre la ayudaba a encontrar los libros en la biblioteca, el grupo de amigos de Abbie con los que a veces salían, las chicas que trabajaban en su cafetería favorita… Todo un conjunto de gente a los que nunca había considerado tan cercanos como para llamarlos amigos pero que, dado el momento, habían demostrado quererla como a una más.
Los recuerdos de la noche anterior fueron la mejor compañía para la soledad del avión. Abbie la había acompañado hasta el aeropuerto, y allí las chicas se fundieron en un largo abrazo, que sirvió para expresar todo lo que las palabras no podían.
— Te echaré mucho de menos, Maki-chan.
— Y yo a ti, Abbie-chan –contestó la pelirroja con lágrimas en los ojos, emocionada.
Habían hecho promesas para el futuro. Promesas de volver a verse, de juntarse en algún punto del mundo, de volver a tomar una última copa. Promesas que Maki sabía que no se cumplirían. Pero, de algún modo, le reconfortaba pensar en ellas. Pensar que, en algún momento de su vida, volvería a ver a toda esa gente, volverían a charlar y reír juntos, y a compartir batallitas de la universidad. Pero ahora debía dejar esos pensamientos atrás, pues quedaba menos de media hora para aterrizar en Japón.
Sacó su teléfono móvil y comenzó a repasar las últimas conversaciones que había mantenido con –casi– todas las musas. Rin le había contado que tanto Honoka como Umi habían ido a buscar a Kotori cuando esta regresó de Europa. Sus amigas, en cambio, no habían comentado nada de ir a buscarla. Empezaba a preguntarse si este también sería un día de sorpresas, si encontraría en el aeropuerto a sus antiguas compañeras para darle una cálida bienvenida. Cuando el avión inició su descenso, el corazón de Maki comenzó a cabalgar en los nervios. ¿Estarían todas allí esperándola? ¿Al menos habrían ido Rin y Hanayo? ¿Estaría…? No, ella no estaría, eso lo tenía claro.
Dejó su asiento de primera clase mientras los azafatos se encargaban de todas sus maletas. Salió al Hall principal y… No vio a nadie. Bueno, alguien sí la esperaba: el chofer de la familia Nishikino. El hombre la guio al exterior, donde la hizo subir a un vehículo color oscuro, mientras él y el personal de la aerolínea se encargaba de sus maletas. Algo decepcionada, volvió a mirar la pantalla de su móvil. Tal vez las chicas estaban ocupadas en ese momento. Tal vez tenían planes mejores. Tal vez… No querían ir a verla. Sacudió la cabeza intentando apartar esos pensamientos infantiles de su cabeza. Tenía que comprender que sus amigas tenían una vida y tendrían cosas más importantes que hacer que ir a verla.
— Me alegro de volver a verla, Nishikino-san –dijo el conductor al entrar al vehículo, con una afable sonrisa-. Déjeme ser el primero en darle la bienvenida de nuevo a su hogar.
Ella asintió con una sonrisa cansada. Dejó que el hombre arrancase el vehículo y se perdió en sus pensamientos hasta que empezó a reconocer el terreno que la rodeaba. No hacía tanto desde la última vez que había venido para ver a su familia, pero ahora todo se veía distinto. Ahora volvía para no volver a irse.
— Sus padres, como comprenderá, están muy ocupados en el trabajo, así que no regresarán a casa hasta la noche –Maki volvió a asentir, esta vez sin fingir ninguna sonrisa-. El resto de empleados y yo mismo le ayudaremos con sus maletas y la acomodaremos para que pueda descansar; ha tenido un largo viaje –otro asentimiento por parte de la pelirroja-. Si quiere cuando lleguemos me encargaré personalmente de que el chef prepare sus platos favoritos.
Maki suspiró. Había olvidado lo que era tener a una persona todo el día encima, pendiente de todo lo que la rodeaba. De pronto, echaba de menos la independencia de la que gozaba en américa. No se había dado cuenta de lo mucho que había madurado en ese aspecto a lo largo de los dos últimos años.
— No te preocupes –dijo de pronto, con una sonrisa-. Yo misma me encargaré de todo, tanto las maletas como la comida. Tomaos el día libre hasta que mis padres os requieran.
El hombre no contestó, pero una sonrisa se dibujó en su rostro. La pequeña Nishikino había crecido mucho durante su ausencia, y no precisamente en cuanto a altura. El resto del trayecto pasó lento, en completo silencio, hasta que finalmente el vehículo entró en el interior del terreno del hogar de los Nishikino. Maki no se dio cuenta, pero en cuanto apagó el motor, el hombre tomó su teléfono y mandó un mensaje a alguien. Estaba demasiado abstraída, pensando en planes para la semana. Esperaba poder ver a sus amigas, como mínimo, al día siguiente.
Estaba todo listo. Había sido difícil coordinarlo todo, no había salido del todo como ella esperaba, pero al final estaba todo preparado. Las mesas estaban cubiertas con comida y bebida de todo tipo, tenía el equipo preparado con música variada y, sobre todo, estaban todas allí. O casi. Umi se había excusado con la gran cantidad de trabajo que tenía en el dojo y Nico… Era Nico. Sabía de sobras que no iba a venir. Lo que sí que le sorprendió fue que, la noche anterior, alguien dejó en su puerta de manera anónima una cesta con algo de comida preparada; curiosamente todos los platos favoritos de Maki. Rin estaba convencida de que aquel gesto tenía el sello de la aspirante a idol, pero prefirió no decir nada al respecto.
— ¡Ya está aquí! –Dijo de pronto Honoka, mientras su teléfono vibraba con la llegada de un nuevo mensaje.
— Ahora todas en silencio, chicas.
Todas se amontonaron en un rincón, expectantes. Rin no cabía en sí de alegría. Volver a estar –casi– todas unidas, haciendo algo a la vez, después de tanto tiempo… Era fantástico. Apenas si habían tenido tiempo de ponerse al día, pero quedaba por delante una larga tarde que todas habían conseguido tomarse libre. En ese momento la puerta principal se abrió, y las seis mantuvieron el aliento, viendo como el conductor de los Nishikino abría la puerta y dejaba pasar a una cargada Maki.
— Déjeme que, al menos, suba las maletas a su habitación. ¿Por qué no va a tomar algo fresco a la cocina?
— Uhm.
Maki cabeceó, no muy convencida. Todas vieron como lentamente se desarmaba de aquel mogollón de maletas que, amablemente, iba cargando el chófer. Después de despedirse brevemente del hombre, Maki se dirigió hacia la oscuridad de la salita que conectaba con la cocina. Ellas, en susurros, se coordinaron para el momento adecuado. Una, dos, tres…
— ¡SORPRESA!
Hanayo encendió la luz en el momento justo, mientras el resto tiraban montones de confeti y serpentinas sobre la pelirroja, que se había quedado pasmada en el sitio, totalmente sorprendida al ver aquella escena. Rin no pudo aguantarlo más y, desmontando la formación, salió corriendo para echarse a los brazos de Maki, que la recibió con la cara todavía desencajada por la sorpresa. Hanayo y Nozomi no tardaron en seguirla y, muy poco después, Honoka soltó un «¡qué demonios!», saltando a los brazos de la pelirroja. Kotori y Eli terminaron acercándose también, uniéndose al abrazo cuando ya era algo menos efusivo.
— Chicas… -murmuró Maki con lágrimas en los ojos.
— Te hemos echado mucho de menos, Maki-chan –dijo Nozomi, restregándose todavía sobre su amiga.
— Yo no… No esperaba nada así. Y mucho menos con todas vosotras. Cielos, Honoka, Kotori, hacía mucho tiempo que no nos veíamos –siguió la pelirroja, casi al borde del llanto, haciendo que las nombradas se acercaran a ella para darle un nuevo abrazo-. No esperaba nada así…
— Bueno, a fin de cuentas, µ's va a volver a unirse después de tanto tiempo. Así que, ¿por qué no ir empezando?
Maki hizo el recuento de cabezas. Era más que obvio que Nico no estaría allí, pero también faltaba Umi. Iba a preguntar por su ausencia, pero consideró que tampoco era el momento. Tenían que disfrutar de esa reunión e intentar recuperar el tiempo perdido. Se acomodaron por toda la sala mientras iban naciendo diferentes conversaciones. Kotori había pasado tres años fuera del país igual que ella y, en general, las relaciones entre todas las componentes de µ's se habían ido enfriando a lo largo de los años. Por eso, volver a estar todas ahí reunidas, era algo casi mágico para Maki. Decidieron pasar a la mesa, donde la conversación no cesó en ningún momento. Las charlas iban y venían y todas se ponían al día de los últimos acontecimientos.
Apenas se dieron cuenta de lo rápido que se les pasó el tiempo. Casi a las siete de la tarde, la alarma del móvil de Rin comenzó a sonar con fuerza.
— ¡Rin-chan llegará tarde nya! –Exclamó apurada.
Como una exhalación se despidió de todas rápidamente y salió por la puerta, para volver segundos después a recoger sus zapatos y ponérselos mientras no dejaba de murmurar sobre lo tarde que era. Todas rieron ante la escena, hasta que Hanayo se excusó diciendo que tenía que ir a preparar la cena. Una a una todas fueron marchándose, hasta que sólo quedaban Eli y Nozomi. La rubia echó un vistazo a su teléfono, donde Alisa ya las reclamaba.
— Makichi~ ¿Quieres venir a comer a casa un día de estos? Tienes que probar mi fabuloso estofado.
— Claro, Nozomi, me encantaría. Parece que os va estupendamente juntas, ¿no?
Las chicas se miraron con brillo en los ojos. Hacía mucho tiempo que su relación había iniciado, pero todavía eran capaces de mirarse de esa manera, con tanto amor, tanta ternura. Esa visión alegró y entristeció a la vez a Maki, que soltó un suspiro entristecido.
— Maki-chan –dijo de pronto Eli, acercándose a ella, rodeándola con un brazo-. Sé que no he podido estar muy pendiente de ti todo este tiempo por mis horarios. Ni de ti, ni de ninguna de las chicas. Pero siempre que me necesites estaré apoyándote, ¿vale?
La pelirroja asintió, sonrojada. Nozomi se acercó a ellas, estrujándolas en un abrazo.
— Y no os olvidéis de mami Nozomi, que cuida de todas vosotras en las sombras.
Las tres rieron sin soltar su abrazo. Habían olvidado lo bonito que era tener a sus amigas cerca, aunque no estuvieran todas, al menos los vínculos que se habían forjado tanto tiempo atrás parecían mantenerse intactos. Las mayores ayudaron a Maki a recoger, ya que insistió en que nadie del servicio participara en aquella comida-merienda y, al terminar, la pelirroja las acompañó a la puerta.
— Ha sido un placer veros, chicas. De verdad, os agradezco muchísimo todo lo que habéis hecho por mí. Os he echado mucho de menos.
— Y nosotras a ti, Maki-chan.
Se dieron un nuevo abrazo, esta vez de despedida. Las chicas ya salían por la puerta del jardín cuando Maki vio algo que la hizo helarse de pies a cabeza.
Salió del embrollo de sábanas totalmente desnuda. Todavía era temprano, pero ya no era capaz de dormir más. Miró la cama en silencio durante varios minutos. Nico dormía plácidamente, abrazada a la almohada. Se le escapó una sonrisa de amor, una de aquellas que tanto le rogaba su novia y que pocas veces le brindaba. Estuvo tentada de acercarse a ella y darle un dulce beso en los labios, pero sabía que eso la despertaría y prefería dejarla dormir. Nico estaba muy acostumbrada a despertarse con cualquier ruido al haber prácticamente criado a sus tres hermanos.
Recibió el agua de la ducha como agua bendita. Allí abajo, envuelta en vapor, Hitomi se sentía liberada. Las gotas que resbalaban por su cuerpo se llevaban todas las preocupaciones, todos sus temores. Se repetía a sí misma que ya no tenía que temer, que Nico ahora la amaba a ella. Pero los días habían ido pasando y cada vez la notaba más y más rara. ¿Es que acaso no la había olvidado ya? ¿No después de dos años?
Golpeó con fuerza la pared, maldiciéndose a sí misma. No tenía que pensar así. No tenía que desconfiar de ella. A fin de cuentas, estaban juntas. Había costado hacer que la pequeña cediera a su constante cortejo, pero al final, fue la mismísima Nico Yazawa la que se lanzó a sus brazos muerta de amor. Al salir de la ducha vio que su pareja seguía durmiendo plácidamente, así que decidió ir a su pequeño estudio. Allí guardaba su diario, que últimamente recibía más visitas que de costumbre. Abrió la libreta por la página más gastada, aquella que tantas veces había leído en sus momentos bajos. Se acomodó en el sillón y comenzó a leer.
Ha pasado. Al fin ha pasado.
Todavía no me lo creo. Es decir. Sabes que llevo mucho tiempo soñando con esto. Hace años, cuando Nico todavía formaba parte de µ's, yo ya estaba perdidamente enamorada. Iba a todos sus conciertos, tenía la habitación llena de fotografías suyas, y guardaba con mucho amor un pañuelo que se le cayó del escenario una vez. Todo eso lo sabes. Igual que sabes la gran decepción que me llevé al enterarme de que había comenzado a salir con esa pelirroja prepotente que… Agh. La odio. LA ODIO. Pero no es momento de hablar de eso.
Hace casi dos años Nico-san cortó con esa estúpida chica y vi mi oportunidad. Me acerqué a ella durante meses, haciendo de nuestros encuentros casualidades largamente planeadas, hasta que me convertí en algo parecido a una amiga. Nico mostró tener una personalidad muy diferente a la que podía verse en el escenario, pero… Eso no hizo otra cosa que enamorarme más y más de ella. Cielos, ¡la amo tanto!
Y allí comenzó todo. Hace casi un año me lancé por primera vez. Salíamos de una cafetería y caminábamos por un parque, hablando como siempre sobre la gran Idol que sería ella en unos años, cuando terminase de estudiar. Yo intentaba mantenerme firme en esa imagen que intento proyectar siempre, esa barrera que muestro a los demás, pero mis labios no paraban de sonreír. Y no aguanté más. La detuve y la besé con toda la pasión que pude acumular, sorprendiéndola. Después de eso, la miré largamente y le dije algo como:
— Yazawa-san, estoy perdidamente enamorada de ti. Llevo mucho tiempo queriendo decírtelo y nunca encontré el cómo. Quería acercarme a ti, conocerte de verdad y… Desde que somos amigas no he hecho más que enamorarme todavía más y más de ti.
Ella me miró, asustada, y echó a correr dejándome con la palabra en la boca y el corazón en un puño. Pasaron varios días en los que no hablamos, hasta que me pidió perdón. Se mostró realmente arrepentida, y me dijo que no podía corresponder a mis sentimientos en ese momento. Fue uno de los instantes más dolorosos de mi vida. ¡Pero ahora eso ya forma parte del pasado!
Después de muchos meses continuando con nuestra amistad, dándole detalles, sacando mi lado más tierno sólo para ella… Después de tantos meses Nico Yazawa se me ha declarado. ¡Ha sido el momento más maravilloso de mi vida!
Pasamos la tarde investigando sobre las últimas tendencias en el mundo de las idols. Ella me arrastró hasta un bar, donde cenamos algo ligero para después terminar la noche en el parque. Sí. El mismo parque donde yo me declaré tiempo atrás por primera vez. Nico-chan actuaba muy diferente a lo habitual y al final, algo molesta, le pregunté qué pasaba.
— Hitomi-chan –murmuró, haciéndome sonrojar de pronto por su tono de voz-. He de decirte una cosa.
Mi corazón iba a estallar viendo su rostro, sonrojado, mostrándose nerviosa, vulnerable.
— Hitomi-chan –repitió, haciéndome contener el aliento-. Hace ya un año, en este mismo parque, te me declaraste y yo salí corriendo. En ese momento no pensé que pudiera corresponderte. Pero… He comprendido que en ese momento no estaba preparada para abrirme otra vez al amor.
Ella carraspeó, y yo continuaba muda, colorada, temblando de la emoción.
— Yo… Me gustas, Hitomi-chan. Quieres… ¿Quieres salir conmigo?
Las tres mejores palabras que existen en el universo. No me pude contener, obviamente. ¿Quién podría? La chica de la que llevo enamorada desde la adolescencia se me declaró. Nos fundimos en un beso tierno, tímido. Y luego vino otro más, y otro más, y otro, y… Me siento como en las nubes. Hace apenas unos minutos nos hemos despedido aquí, en el portal de mi edificio, y todavía siento el calor de sus labios sobre los míos. Me da miedo ir a dormir por si mañana despierto y veo que todo ha sido un sueño. Porque para mí, ahora mismo, lo es. Nico-chan es el sueño de mi vida.
Hitomi repasó las páginas con mucho cuidado, sonriendo al recordarse a sí misma tan muerta de amor. Esas palabras alejaban un poco los temores de su cabeza. Habían pasado los meses, y esa relación que había comenzado de manera tan tímida rápidamente se había convertido en algo más serio, más adulto. Incluso terminó declarándose como la manager de Nico-chan, ya que estaba decidida a convertirla en la gran idol que ella quería ser.
— ¿Hitomi? –preguntó la voz adormilada de Nico desde la cama-. ¿Dónde estás?
— Estoy aquí, preciosa. Estoy aquí.
Dejó su diario bien guardado, bajo llave, ocultándole al mundo esa faceta tan tierna que prefería no mostrar a nadie. Ella era ruda, dura, fuerte, impasible. Sólo Nico conocía sus momentos más débiles, y no siempre le dejaba ver ese lado suyo. La idol bostezaba soñolienta sobre la cama, tapando su cuerpo desnudo con las sábanas con cierto rubor.
— ¿Qué hacías?
— Nada importante, sólo no quería despertarte.
Se acercó a la cama y le dio un suave beso en los labios mientras acariciaba su espalda. Nico se estremeció, sonrojándose y lanzándose a su cuello con pereza.
— ¡No hagas esas cosas, Hitomi! –Infló sus mofletes, haciéndose la ofendida-. Ya sabes que me erizas la piel así…
La chica rio, estrujándose más contra su pareja que luchaba por salir de su agarre a la vez que tapaba su cuerpo.
— Eh, Nico. ¿Por qué no vas a darte una ducha mientras preparo el desayuno? Me apetece pasar el día por ahí contigo. Podríamos ir a comer y luego a dar un paseo, o lo que quieras.
La chica sonrió y asintió como respuesta, saltando de la cama y arrastrando las sábanas consigo hasta el baño, arrancando la risa de su novia. Desde que ambas habían dejado los estudios pasaban mucho tiempo juntas. Hitomi no tenía problemas con haberlo dejado, pero para Nico era otra historia; su madre todavía no lo sabía y no estaba muy segura de cómo reaccionaría. Por ello pasaban casi todos los días juntas, ensayando, buscando representantes y lugares que estuviesen interesados en contratar a Nico como idol, pero no era una tarea sencilla. Pero Hitomi sabía que ese día no iban a lograr nada. Era el día en el que Maki volvía al país y, aunque siempre lo negase, sabía perfectamente que a Nico le afectaba la idea. Por eso decidió tomar un día de descanso, para desconectar y volver a ser simplemente dos chicas enamoradas.
Y así lo hicieron. Desayunaron en el piso de la menor y después vieron una película, para después salir a ver tiendas hasta la hora de comer. Se tomaban el día sin ninguna prisa, hablando de cualquier tontería, compartiendo anécdotas y gustos. Pasearon un poco más por el centro, comprando algunos complementos para Nico que lució gustosamente y, tras parar a tomar un helado, decidieron pasear sin ningún tipo de rumbo.
— Hoy te ves de bastante mejor humor, Nico-chan.
La nombrada observó a la chica con las cejas alzadas, sin dejar de lamer su helado.
— ¿Acaso insinúas que he estado de mal humor? –Contestó agravando la voz y poniendo cara de pocos amigos.
Hitomi suspiró, encogiéndose de hombros. Abrió la boca para hablar, pero algo se lo impidió. El frío de la crema del helado de Nico resbalando sobre su mejilla. La miraba con suficiencia, con el resto del cono de galleta en las manos.
— Ahora sí que puedes decir que estoy de mal humor.
— ¡Ahora verás!
Las chicas echaron a correr sin parar de reír, persiguiéndose la una a la otra hasta que olvidaron sus disputas y sólo quedaron las risas y la diversión. Pararon un momento a asearse en una fuente y siguieron paseando sin rumbo fijo. Después de casi media hora andando, Hitomi miró extrañada el lugar.
— ¿A dónde estamos yendo?
— No lo sé –contestó Nico con indiferencia, pero su mirada volvía a ser melancólica-. Yo te estaba siguiendo a ti.
Hitomi iba a replicar, pero no merecía la pena. Sabía qué le pasaba, sabía lo que le llevaba pasando desde tantos días atrás. Algo que la estaba matando por dentro y que había evitado por todo el miedo que sentía, pero no podía aguantarlo más.
— Mira, Nico, creo que sé que es lo que…
— ¡No! –Contestó ella, parando en seco, cerrando los puños y bajando la mirada-. No te atrevas a decir lo que vas a decir, Hitomi. Yo te quiero a ti, ¿vale? Te quiero, ya me has oído. Si estoy mal no es porque dude de lo que siento por ti, es porque me da miedo todo lo que se me viene encima, me da pánico. Así que no vayas a decir algo como eso.
— Nico-chan…
Se acercó a la menor, que mantenía la mirada baja con los ojos húmedos de lágrimas. Prefirió no decir nada, sólo la abrazó, la abrazó con toda la fuerza que pudo, y besó su rostro, y sus lágrimas y sus labios, susurrándole que la perdonase, que no volvería a insinuar nada parecido, que ella también la quería… Y entonces se escuchó el ruido de una puerta.
— Vaya, Nicochi, qué bien escoges los lugares para demostrar tu amor…
A pesar de que Nozomi parecía intentar hacer broma su voz sonaba molesta, dolida. Nico se separó lentamente de Hitomi, observando la escena. Eli y Nozomi la miraban con cierta sorpresa y dolor desde la puerta. ¿Qué puerta? De pronto reconoció aquel sitio. Lo había visitado cientos de veces en el pasado. Tanto que sus pies la habían llevado allí otra vez, después de dos años. Comenzó a temblarle el labio cuando lentamente subió su mirada hasta la puerta principal, donde una pelirroja la miraba casi a punto de romperse en mil pedazos.
— ¿Maki…?
Un portazo fue toda la respuesta que obtuvo. Rápidamente Nozomi fue de nuevo hasta la puerta y comenzó a golpearla con fuerza, pidiéndole a Maki que le dejase pasar, pero no obtuvo respuesta. Eli negaba despacio, apoyada en la verja que rodeaba el hogar de los Nishikino.
— Será mejor que os vayáis.
— Pero…
— No, Nico. En serio.
La chica miró una vez más a la puerta cerrada, donde Nozomi no paraba de hablarle a Maki para intentar entrar. Sintió como el agarre que la sostenía de pronto la soltaba. Hitomi se alejaba de ella con las manos en los bolsillos, dándole la espalda. La llamó, pero no hizo caso. Miró una última vez a la puerta y, mordiéndose el labio, salió corriendo detrás de su novia.
