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LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO.
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SENTIMIENTOS DE PAPEL
Capítulo I. VACÍO.
No había sido tarea sencilla reanimarlo, muchas horas de arduo trabajo dieron resultados. Treinta y seis horas en quirófano habían dado frutos exitosos, los medininjas encargados se encontraban exhaustos pero satisfechos con su trabajo. La misma Hokage era quién había dirigido aquella larga operación.
—Podemos estar satisfechos muchachos—anunció la rubia mujer a todo su equipo, unas pequeñas gotas de sudor adornaban su frente—Está estable, ahora sólo falta que despierte para saber el próximo diagnóstico. He de felicitarlos, sé que están cansados pero deben sentirse orgullosos por el gran servicio que han otorgado ésta noche.
—Gracias Hokage-sama.
—Con respecto a Naruto, preferiría que no se le informé aún sobre ésta situación—varios pares de ojos se posaron sobre ella, expectantes—No quisiera crearle una falsa ilusión, no sabemos si ésta operación ha salido del todo bien.
—Cómo usted ordene—los médicos del lugar dieron una pequeña reverencia antes de retirarse. Aún había muchísimo trabajo por hacer, todavía había bastantes heridos que atender.
Tsunade se quedó en el lugar un momento, mirando a la persona que se encontraba en la cama de recuperación; sin entender por qué de entre los cuatro grandes líderes de la villa, él había sobrevivido. Ella conocía el jutsu prohibido que Orochimaru había utilizado para darle vida a los muertos, pero todos tras caer en lucha volvieron a ser únicamente barros y huesos, tenía muchas preguntas todavía pero no podría aclararlas hasta qué él despertara.
— ¿Por qué regresaste, Minato?—se preguntó a ella misma, dio una última mirada al hombre que dormía profundamente. Salió en silencio de la habitación, todavía había mucho trabajo por hacer.
Indudablemente tras dar órdenes al cuerpo especial de cazadores ANBU, de qué absolutamente nadie podía entrar a la habitación se retiró. Nadie podía saber todavía que el antiguo cuarto Hokage estaba vivo, no aún.
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La aldea escondida entre las hojas era fuerte, no se dejaban vencer tan fácilmente. Muchas veces había sido golpeada, pero de la misma forma, sus habitantes no se rompían tan fácilmente, de todas las aldeas ninjas conocidas en el país del fuego Konoha era de las más unidas. Después de finalizar la guerra no habían dejado que el caos reinará, preferían levantarse de los escombros para darle la vida que caracterizaba a esas almas.
Al día posterior de la guerra rápidamente tanto civiles como ninjas se habían encomendado la tarea de sepultar a todos los caídos. Mientras otros tantos se habían encargado de comenzar con la reconstrucción de calles, viviendas y negocios. Aunque era claro que la guerra había dejado marcados a todos, muy pocos fueron los afortunados de omitir enterrar algún familiar muerto en batalla. Las misiones de todos los ninjas habían sido canceladas, las puertas de la villa habían sido selladas hasta nuevo aviso.
No había podido dormir desde hace días, estaba exhausta, pero no por eso dejaba que el cansancio la venciera. Tenía que ser el ejemplo para toda Konoha; esa mañana sentada frente a su escritorio revisaba varios documentos, los reportes de los daños, las listas de los muertos… era todo demasiado pesado. Pero aún por su cabeza rondaba la misma pregunta.
— ¿Por qué reviviste, Minato?
Se restregó la cara con estrés.
—Tsunade-sama. Ya está aquí—su asistente entró tranquilamente por la puerta de su oficina, entre sus brazos cargaba a su pequeña mascota.
—Hazla pasar Shizune, asegúrate de que nadie más se encuentre cerca para qué no escuche nada. Esto es una misión muy importante y no puedo permitirme que oídos intrusos se enteren.
—Lo que usted ordene—la castaña mujer salió de la oficina de la Hokage, ella estaba al tanto de todo y podía ver en la cara de su superior qué se encontraba frustrada. Sabía que a Tsunade no le gustaba no saber el motivo de las cosas.
Minutos más tarde las puertas de la oficina volvían a abrirse, Shizune caminaba tranquilamente hasta el escritorio de la Godaime, pero al mismo tiempo se internaba en la oficina otra persona.
—Ah Hinata, por fin estás aquí—dijo tranquila la mujer madura—Te he mandado a llamar porque tú eres la única que puede cumplir ésta misión. Cierra la puerta por favor—la Hokage sabía que la heredera del Clan Hyuuga era la única que podía realizar esa misión de manera totalmente discreta, era una de sus mejores kunoichis en el ramo medicinal de toda la aldea.
La nombrada hizo lo que su superior le indicó. Se quedó en silencio mirando a la voluptuosa mujer, de repente escuchaba los pequeños ruidos que soltaba Tonton. Tsunade miró a la ojiluna, con una seña de mano le hizo tomar asiento.
—Verás te he mandado a llamar porque eres una de las mejores medininjas que tiene ésta aldea y porque según tu expediente has estado en 17 misiones de clasificación A y en 3 de clasificación S. Pero cómo también te has de haber enterado, todo tipo de misiones quedan canceladas momentáneamente hasta poder tener un orden en la aldea… pero esto es diferente… te he asignado una misión de total discreción, tómala como clasificación S.
— ¿De qué se trata Tsunade-sama?—la suave voz de la heredera provocó que la Hokage sonriera abiertamente. Desde hacía ya bastante tiempo qué la joven frente a ella había olvidado su tartamudeo, ahora era diferente, era fuerte. La chica se encontraba desconcertada, no entendía del todo lo que la voluptuosa mujer quería, pero sería mejor esperar la explicación de ésta.
—Seré directa, no me gustan los rodeos—suspiró y cerró momentáneamente sus ojos—Quiero qué te hagas responsable de la recuperación total de Minato Namikaze—los oídos de la Hyuuga zumbaron al escuchar ese antiguo nombre—Bajo ningún motivo deberás revelarle a nadie la existencia del Cuarto Hokage. No hasta que sepamos qué tiene esperanzas de vivir.
Hinata aún poco desconcertada, levantó su mirada ante la Quinta—Acepto la misión, Tsunade-sama.
La rubia se levantó de su asiento satisfecha—Bien, Minato Namikaze se encuentra en la última habitación del hospital de Konoha bajo el resguardo de ninjas ANBU, tienen la orden de no dejar entrar a nadie, a excepción tuya si es que aceptabas la misión. Hinata… deberás ser lo más discreta con referente a él… no quiero qué Naruto se entere.
La ojiluna subió su mirada a la rubia— ¿Por qué? Naruto-kun merece saber que su padre está vivo.
—Lo sé, pero no puedo darle la noticia de que su padre está con vida hasta asegurar que no sólo es el recuerdo de cuando estaba vivo. Quiero asegurarme que el jutsu de Orochimaru ha dejado de funcionar y Minato-san está vivo realmente.
—De acuerdo, Tsunade-sama—la muchacha aceptó y tras levantarse de su asiento, Shizune le entregó la solicitud a llenar. Un sello fue puesto sobre la hoja de pergamino y después ante los ojos de la kunoichi desapareció. Cómo archivo privado. Pudo ver que el sello de la Hokage únicamente se utilizaba cuando era secreto de estado.
—Bien, entonces quiero que ya mismo te presentes en el hospital.
Frente a los ojos de la Quinta, la Hyuuga despareció tras una pequeña nube de humo. Quería estar segura que Minato Namikaze no era solamente un recuerdo.
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Aún no entendía porque la Hokage la había elegido a ella para esa misión secreta. Había mejores medininjas en la aldea que ella; aunque ya no dudaba de sus habilidades como ninja todavía seguía sin entender, además era un tema bastante delicado pues se trababa del padre de su único amor. Naruto Uzumaki, estaba recordando la noche en la que vio por primera vez al rayo de Konoha, desplomarse en una de las calles y llevarlo inmediatamente al hospital.
Y ahora ella estaba encargada de supervisar al hombre. Asegurarse de que viviera…
Sentía que sus pasos se hacían cada vez más lentos al acercarse a la entrada del hospital. No tenía que pedir autorización para entrar ya que ella pertenecía al cuerpo de ninjas del lugar.
—Buenos días Hinata-san—escuchó como las enfermeras de la recepción le saludaban al mismo tiempo.
Movió su mano en señal de saludo—Buenos días chicas—tras saludar a las jóvenes se dirigió inmediatamente al pasillo que Tsunade le había indicado que se encontraba el hombre. Conforme avanzaba en los blancos pasillos del edificio sentía los nervios entrarle.
—Alto. Ésta es un área restringida—uno de los cazadores ninja se paró frente a ella, detrás de su máscara observaba a la kunoichi quedársele viendo—Por órdenes de la Hokage nadie puede entrar en ésta habitación.
—Tengo órdenes de la Hokage para hacerme cargo de la persona que se encuentra dentro—Hinata sabía que los ANBU, únicamente hacían su trabajo. Sacó de entre sus ropas un escrito, qué le entregó al ninja.
—De acuerdo, adelante—ambos ninjas se apartaron de la entrada para permitirle el acceso a la kunoichi. Se colocaron en sus posiciones después de que ella cerró la puerta detrás de sí.
Sus perlados ojos no podían dar crédito a lo que veían, ahí frente a ella se encontraba el rayo de Konoha. Se le veía tranquilo, aunque la muchacha vio que se encontraba conectado al dispensador de suero y el medidor de frecuencia cardiaca. Se acercó tímidamente para ver al hombre en la cama.
Tan parecido a Naruto, sin poder evitarlo sus pómulos se encendieron levemente, aunque ya no tartamudeaba, su naturaleza no cambiaba del todo. Seguía sonrojándose por muchas cosas, pero ante todo el observarle lo hacía diferente, sus rasgos eran más maduros, más definidos.
—Yondaime-sama, yo me encargaré de cuidarlo—dijo para sí misma la kunoichi, aunque realmente no sabía por dónde empezar. La Godaime no le había dicho exactamente que tenía que hacer, sólo cuidarlo… aunque era difícil muchas veces entender que era lo que aquella mujer quería—Supongo que tendré que usar mi Byakugan para saber que tanto daño tiene en su sistema.
Las venas alrededor de sus ojos se hincharon, podía ver los puntos de chakra del rubio. Aunque quiso evitarlo, una exclamación de dolor se instaló en su garganta, parte del sistema del Yondaime estaba totalmente destruida, el flujo normal de chakra no pasaba como debía ser por la red, sintió pena por el hombre que estaba frente a ella… posiblemente no podría volver a ser ninja en un futuro, si es que sobrevivía. Ahora entendía por qué la Hokage la había elegido para esa misión.
Ella era de las únicas medinijas especializada en regeneración de redes de chakra y saneamiento interno de órganos vitales.
—Esto será una larga tarea, Minato-sama.
Sin retrasarse más en su tarea comenzó con su tarea, debía regenerar el cuerpo de aquel hombre, al acercarse para mirarlo no pudo evitar sonrojarse. Después de todo seguía siendo muy penosa y más si se trataba de cuidar de una persona del sexo masculino. Cuidadosamente quitó la camisa de hospital que cubría su pecho, sintió mucha pena al ver el cuerpo dañado.
No perdiendo más tiempo, sus manos se iluminaron de un color verde, aquella tarea iba a constar de mucha concentración y de bastante chakra. De manera profesional empezó con la pesada tarea de regeneración de canales de chakra, aunque su vista pudiera ver los puntos su técnica no estaba funcionando tan rápido como ella pensaba pues desconocía que todas aquellas heridas eran de hace 19 años.
Cuando el zorro de las nueve colas atacó la aldea Minato había utilizado todo su chakra para sellar al kitsune, con ayuda de su difunta esposa, Kushina Uzumaki. Mientras ambos shinobi realizaban el sello para proteger la aldea y también salvar a su recién nacido toda su red de chakra fue destruida. Pero todo aquello lo desconocía la muchacha, sabía sobre el sacrificio de los padres de Naruto pero no estaba al tanto de la deplorable situación del rubio que se encontraba frente a ella.
Las horas pasaban y la heredera Hyuuga no veía ningún cambio sobre las curaciones. Realmente iba a ser laborioso todo el asunto del Yondaime.
—Creo que es suficiente por hoy—al desactivar su línea de sucesoria se sintió fatigada. Pues había utilizado bastante chakra—Mañana vendré a verle, Minato-sama.
Al salir de la habitación se despidió de los ANBU y partió rumbo a los terrenos Hyuuga.
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Había sido un día bastante largo; mientras caminaba por las calles destruidas de la aldea pudo notar que varios ninja habían ayudado a la rápida reconstrucción de varias casas y locales del pueblo. Sonrió, todos estaban haciendo su mejor esfuerzo para regresarle su antigua gloria a Konoha.
— ¡Hinata-chan!—escuchó una estruendosa voz que ya conocía perfectamente, no pudo evitar sonrojarse antes de voltear a ver al dueño de tal alboroto.
—H-hola Naruto-kun—con el rubio no podía evitar su timidez y su ya olvidado tartamudeo— ¿Qué te trae por aquí?
—Eh… bueno, quería invitarte a una pequeña celebración que los chicos han organizado. Ya sabes para celebrar el triunfo de Konoha ¡Dattebayo'!—el rubio se rascó la nuca, pero nunca perdió su sonrisa.
—Etto… bueno. No creo que sea mala idea.
— ¡Genial! Entonces te esperamos más tarde. ¡Será en casa de Sasuke-teme!
— ¡Hai, ahí estaré!
Naruto se fue de su vista rápidamente, alegando que tenía que terminar de avisarle a todos. Ella decidió seguir su camino, tendría que apresurarse a llegar a su hogar para avisarle a su padre sobre la reunión. De un salto desapareció para después llegar inmediatamente a la residencia Hyuuga.
Al entrar se retiró las sandalias y notó que todo estaba en aparente tranquilidad. No era del todo raro que los demás Hyuuga se encontrarán haciendo tareas, el barrio Hyuuga había sido uno de los pocos recintos que no fueron dañados durante la guerra, se había colocado sobre todo el perímetro un campo protector para evitar destrucción. Caminó tranquilamente sobre el andado hasta llegar a la oficina de su padre.
—Ottou-san, pido permiso para entrar.
—Entra Hinata—el líder de la familia se encontraba frente a su escritorio, degustando de una humeante taza de té— ¿Qué es lo que quieres, hija mía?—muchas cosas habían cambiado desde el fin de la guerra, había sido reconocida ante el clan como una poderosa kunoichi al luchar cómo toda una Hyuuga, por lo tanto su padre también había cambiado con ella, no era un padre precisamente amoroso pero ya no tenía esa mirada de desprecio contra la pelinegra.
—Ottou-san… he venido a pedirle permiso para asistir a una pequeña reunión en el barrio Uchiha.
— ¿El barrio Uchiha? ¿Y qué es lo que se celebra ahí exactamente?—Hiashi nunca dejaba de ser desconfiado.
—Los nueve novatos de nuestra generación quieren celebrar el fin de la guerra—durante todo el momento en el que los Hyuuga mantenían conversación, Hinata mantenía la cabeza baja, sin mirarle pues ante todo seguían habiendo reglas en el clan.
—Tienes mi permiso—terminó el hombre, al mismo tiempo que llevaba su taza de té a sus labios—No llegues tarde… he escuchado que se te encomendó una misión de categoría S. No decepciones al Clan por distracciones adolescentes.
—Gracias padre.
—Retírate por favor.
Tras terminar aquella charla, la heredera se dirigió rumbo a su habitación. En el camino se encontró con Hanabi quién intentaba escapar de Kö, pues todo el alboroto creado en la mansión se debía a que la segunda hija se había robado algunas golosinas de las cocinas.
Al llegar a su habitación se encontró sola, suspiró con cansancio pues realmente la misión que la Hokage le había encomendado era bastante pesada. Estaba al tanto que no podría dar información de ninguna clase a nadie, ni siquiera a su propia sombra. Se acercó con pesar a su cama y se dejó caer sobre ella, el mullido colchón la invitaba a quedarse eternamente sobre su superficie, boca abajo bostezó. Realmente estaba cansada pero no tenía más opción que asistir a la celebración pues le había dado a Naruto su palabra.
Se talló un poco los ojos y volvió a levantarse de su cama, se vio frente al espejo que tenía en su habitación notando que realmente era un desastre. Su siempre impecable chaqueta estaba sucia, su cara traía unos cuantos morrones de tierra y su cabello se notaba graso. Sí que había sido un día agotador… con todas las fuerzas posibles se dirigió al cuarto de baño para asearse un poco.
Cuando estuvo nuevamente en condiciones, se puso otros pescadores de licra, su malla ninja y del closet que estaba en su habitación sacó otra chaqueta idéntica a la que ahora se encontraba reposando en el cesto de ropa sucia. Cepilló su larga melena pelinegra y reacomodó todo en su persona para partir nuevamente rumbo a los barrios Uchiha.
Con una pequeña nube de humo desapareció de su habitación.
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Cuando estuvo frente a lo que alguna vez fue el poderoso Clan Uchiha, pudo escuchar las voces de varios de sus amigos dentro, se podía escuchar la música y risas de por medio.
— ¡Hinata-chan, bienvenida!—una peculiar kunoichi de cabellos como chicle salió a recibirla—Que bueno que viniste, pensamos por un momento que ya no llegabas.
—Lo siento Sakura-chan, he tenido que arreglarme un poco—sus mejillas se colorearon un poco.
—Qué bueno—la Haruno condujo a la Hyuuga al interior del recinto Uchiha, dentro ya se encontraban todos sus compañeros de generación. El equipo siete, ocho y nueve estaban presentes con compañía de algunos anexados, entre ellos se encontraba Sai. Gaara, Kankuro y Temari aquellos ninjas de Suna se habían aliado a Konoha para evitar una destrucción total y realmente les agradecían la ayuda que habían prestado para la aldea.
Todos están aquí reunidos… que felicidad—pensó la morena al mirar a todos con una sonrisa en sus rostros, sus perlados ojos viajaron hacía cierto rubio que estaba haciendo desastre—Oh Naruto-kun… cómo me gustaría poder decirte lo que más feliz te haría…
Una triste sonrisa salió de su rostro pues estaba ocultando algo que cambiaría la vida del rubio pero todas las órdenes de Tsunade tenían que ser cumplidas al pie de la letra- ¿Y si en un futuro lo hiero? De verdad no quiero eso…
— ¡Venga Hinata, dattebayo' vamos a divertirnos!—el escandaloso rubio jaló a la muchacha del lado de Sakura, sólo para provocarle sus tan característicos sonrojos. A la mirada de todos se les hizo gracioso ya que Naruto era el único que aún no se daba cuenta de los sentimientos que la Hyuuga tenía por él.
Shikamaru tanto como Choji aprovechaban la comida que había en la mesa, tenían tiempo sin poder comer tranquilamente. Realmente era buena toda aquella celebración. Kankuro tenía una sonrisa burlona al ver el intento de baile que la ojiluna y el rubio intentaban hacer.
Ino miraba de repente a Shikamaru y luego a Sai, era muy difícil decidirse por alguno de los dos shinobi.
Sasuke muy a su molestia intentaba apartar a Sakura de él, pero la rosada no entendía que el moreno no quería nada con ella… tantas veces, tandas advertencias y seguía siendo la misma niña de hacía ya bastantes años. Pero su negra mirada de vez en vez se posaba sobre la heredera del Clan Hyuuga aquella niña que nunca había mostrado interés por su persona desde antes de ingresar a la academia pues siempre aquella rara niña había tenido su mirada puesta sobre el tonto con el que bailaba y en ese preciso momento le estaba haciendo pasar vergüenzas.
¿Era interés quizás? Posiblemente, nunca antes se había encontrado interesado en ninguna kunoichi de la aldea ni extranjera, toda su meta era ser un vengador poderoso pero se encontraba de regreso en el lugar que dijo que nunca más volvería a pisar. Sólo por querer cuál era la curiosidad que Hinata provocaba en él.
La música seguía llenando las paredes de su departamento, la comida poco a poco había empezado a terminarse y varios de sus compañeros se habían retirado del recinto—lo encontró perfecto pues también se encontraba cansado—el Usurantonkanchi de su amigo hacía bastante rato se había quedado dormido en su sofá y aquella pelinegra se había retirado hacía ya bastantes horas.
…por lo que pude escuchar de la plática entre Sakura y ella… tiene una misión categoría S… ¿tan buena es para encargarse de una tarea así?... para el Uchiha era interesante ver a aquella frágil chica enzarzarse sola en una misión así.
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Hinata sentía que el agua que caía por la regadera limpiaba más allá de su cuerpo, de cierta manera creía que se purificaba. Eso era reconfortante cada mañana después de arreglarse para emprender su día, se había levantado tempranamente para poder regresar al hospital y seguir atendiendo al Yondaime, esa era su misión y quería salir victoriosa.
Cuando llegó a la habitación, los ANBU no pusieron resistencia alguna, únicamente se apartaron y la dejaron entrar. Rápidamente activó su Byakugan para empezar a trabajar en la red de chakra del rubio qué parecía no querer despertar sobre todo porque sus heridas no parecían curarse aunque ella estuviera poniendo su mejor esfuerzo.
Así habían transcurrido los días al igual que las semanas. Con ello llegaban tres meses desde que la Hyuuga había aceptado esa misión de suma importancia. Aunque muchas veces se decepcionará al no ver cambios no se rendía tan fácilmente, ella quería demostrarle a la Godaime que era fuerte y podía con esa misión, por algo la habían elegido a ella.
Entrada la noche en la habitación de Minato Namikaze, Hinata estaba exhausta, durante todo el día se había empeñado en regenerar su red de chakra que parecía mejorar poco a poco. Ya no estaba tan dañada pero ante los potentes ojos de la pelinegra el tratamiento estaba siendo en sumo despacio.
—Supongo que es hora de esperar un poco—suspiró cansada—Minato-sama iré a buscar algo de comer no tardo.
Saliendo por la puerta, la ojiluna desapareció, dejando al rubio dormido.
'…Todo estaba en llamas, le dolía el cuerpo y su última esperanza de proteger a Konoha se le iba de las manos. No quería exponer a su amada esposa y mucho menos a su pequeño hijo… tenía que hacer algo para evitar que la villa siguiera siendo destruida por aquella bestia.
…Sólo el sello podrá ayudarnos—sentenció el rubio, miró con determinación a su esposa.
—Minato no puedes hacer eso—dijo la pelirroja que cargaba entre sus brazos a un bebé que dormitaba tranquilamente—No puedes hacernos esto a nosotros ni mucho menos a Naruto-chan.
—No tenemos opción, Kushina—cerró sus ojos con resignación. La mujer que lo acompañaba le miraba con notoria angustia, pues no sabía que más podría hacer para cambiar la situación.
—De acuerdo… hazlo ya.
Abrió lentamente sus ojos, la luz le molestaba de sobre manera. Cuando pudo acostumbrarse a su entorno enfocó sus orbes azules viéndose solo en una extraña habitación, no entendía que pasaba, porque se encontraba en aquel lugar. Enfocó su mirada a los vendajes y el suero intravenoso.
—He regresado—el rubio volteó su mirada cuando escuchó una suave vocecita llenar la habitación—Espero que esté mejor…
Cuando la muchacha regresaba, todos sus alimentos fueron a dar al piso ya que no era posible lo que sus ojos estaban captando. Frente a ella se encontraba sentado el Yondaime, mirando a la nada en particular… se le veía ido, pero a fin de cuentas ya estaba despierto… tembló cuando la penetrante mirada azulina se postró frente a ella.
— ¿Quién eres tú?—preguntó el rubio, mirando con angustia a la muchacha, ¡No recordaba absolutamente nada! ¡Su mente estaba en blanco totalmente!—Pero sobre todo… ¿Quién soy yo?
Hinata no cabía de asombro ante las palabras de aquel hombre.
Fin Capítulo.
Y bueno aquí les traigo el primer capítulo de tantos… a decir verdad me tomó dos días poder escribirlo. La madrugada de ayer (que por cierto me dormí a las 4:45 a.m. por seguir escribiendo) y parte de hoy. Afortunadamente aunque tenga muchísima flojera logre terminarlo y colgarlo.
¿Qué les pareció? ¿Pinta bien?
Gracias a RankaxAlto por haberme hecho ver que no había puesto en la configuración del fic los nombres de la pareja protagonista. Te lo agradezco, ese pequeño detalle ya está corregido.
