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LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO.
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Capítulo V. FRAGMENTOS
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¿Cómo pedirle a la Hokage que ya no quería seguir siendo medico especial del Yondaime? Posó sus perlados ojos en el espejo, viéndose a ella sin entender el porqué del miedo que afloraba bajo su piel. Estaba triste… ¿pero por qué? Sabía que estaba haciéndose un daño que quizás en el futuro no podría remediar. ¿Se suponía que ella estaba enamorada de Naruto, cierto? Mientras su dedo índice era llevado a sus labios como forma de auto protección miles de incógnitas llegaban a su mente.
El miedo que sentía crecer en su interior era por las palabras de la Godaime.
—Minato está mucho mejor gracias a ti Hinata—sonrió la rubia, posando sus almendrados ojos sobre la heredera Hyuuga—Pero la rehabilitación todavía no está completa. No sabemos si Minato pueda volver a ser un ninja o su maltrecho cuerpo se lo impida.
— ¿Las curaciones con mi Byakugan no han tenido resultado, my lady?—preguntó con preocupación la chica, la angustia llegaba hasta su garganta al pensar que todo su trabajo no estaba sirviendo de nada.
—No es eso—suspiró la mujer—Te asigné a ésta misión porque sé que tú eres de las mejores medininjas que hay en la aldea. Pero es hora de que Namikaze abandone el hospital.
Hinata levantó su mirada sorprendida ante la Hokage.
—Te he asignado una nueva misión por encima de la que ya tenías—la mirada de la rubia se volvía seria—Quiero que te encargues de darle un entrenamiento a Minato. Con el tiempo podremos saber si él es candidato para poder ser un shinobi de nueva cuenta.
—D-de acuerdo.
Tsunade sonrió al ver a su mejor alumna—Bien entonces, hablaré ya mismo con Hiashi para qué a partir de mañana te mudes con Minato en un pequeño recinto en los campos de entrenamiento. Recuerda que debe todo seguir bajo discreción.
—Pero Tsunade-sama—interrumpió Shizune—Mucha gente vio a Minato-san en el Festival Obon.
—Así es. Pero quiero que antes de anunciar el regreso del Cuarto Hokage a Konoha, él se encuentre en perfectas condiciones.
— ¿Piensa renunciar a su puesto?—preguntó la castaña totalmente alarmada.
—Para nada—Tsunade sabía jugar bien sus cartas—Pero una ayudadita aquí no me vendría nada mal. Además, he recibido noticias del equipo 7—los ojos de Hinata prestaron atención ante las noticias de su adorado rubio—Parece que todo va bien por el momento pero todavía les queda un largo camino por recorrer… sé que lo lograrán. Después de todo Naruto será el sexto Hokage, ¿No es así?
Tanto la Hyuuga cómo Shizune se quedaron sin habla, la segunda sonrió ante los deseos de su superiora.
—Entonces si no hay más que decir, Hinata, te veo mañana cerca del campo de entrenamiento número ocho.
Su débil corazón no iba a soportar tantas emociones. Hacía exactamente un mes que había empezado el entrenamiento con el rubio, demostrando éste ser un excelente shinobi, a los tres días de haber comenzado de forma automática en la mano del Yondaime se formó una poderosa esfera de chakra que la había mandado bastante lejos a pesar de haber usado su técnica especial de puño suave.
Se veían bastante agotados… el entrenamiento estaba siendo bastante arduo, Hinata ya no era una niña qué todos podían pisotear. Era una excelente jounnin de Konoha, atacaba con precisión. Pero Minato no se quedaba atrás… a los perlados ojos de la peliazul, éste dominaba muy bien el taijutsu junto a sus ninjutsu. Era sorprendente después de todo… con su línea de sucesoria activa podía ver en 360º alrededor de 8km/h, y al mismo tiempo supervisaba la red de chakra de su oponente. Casi en su totalidad estaba recuperada.
Fue ahí cuando se descuidó por supervisar sus puntos vitales.
De la mano del Rayo de Konoha, emergió una esfera de chakra, moviéndose a una velocidad increíble… ella lo había visto antes.
…El Rasengan—pensó, estaba lista para contra atacar, sin embargo; falló al haberse confiado de poder esquivarlo.
Minato había estrellado su mano directamente en su abdomen, mandándola a volar varios metros de manera estrepitosa.
Recibió un fuerte golpe en la espalda y en su abdomen por gran cantidad de energía impactada en su cuerpo. Podía sentir las vibraciones del Rasengan en su interior, la piel le quemaba, nunca antes había sido víctima de un ataque tan poderoso, en incontables ocasiones había visto a Naruto atacar a sus enemigos con él y salir victorioso. Nunca imaginó la magnitud de daño que aquella técnica podría causar.
Tosió sangre, el área dañada había quedado al total descubierto; en su abdomen se podía admirar un espiral bien marcado junto a una piel rojiza por las quemaduras debido al chakra tan poderoso.
— ¡Hinata!—le escuchó gritar, pudo verlo correr hacia su persona—Kami… ¿qué he hecho?
La Hyuuga lo miró con tranquilidad—No fue s-su culpa—intentó consolar.
—No sé cómo hice eso—miró la palma de su mano por dónde aquella esfera había emergido—Hina-chan, por favor discúlpame.
—No te preocupes—segundos después ella caía desmayada.
Minato tomó a la muchacha en brazos para poder ayudarla, posiblemente tendrían que ir al hospital para que le atendieran de emergencia. Seguía sin entender exactamente qué era lo que había sucedido en aquellos instantes, solamente sintió un cosquilleo en su interior y una adrenalina que estaba seguro haber experimentado antes, sin embargo; no recordaba en dónde. Miró el acabado cuerpo de la kunoichi y se sintió jodido.
Sintiendo culpabilidad por instinto saltó de árbol en árbol, ya no le sorprendía que podía hacer cosas que desconocía que hacía. Su cuerpo se movía por inercia y aunque él no recordará nada de aquel lugar llamado Konoha, curiosamente sabía en dónde estaba cada establecimiento. Cuando llegó al hospital de la villa ingresó con la Hyuuga aún desmayada.
Explicó a los ninjas del lugar acerca de lo que había pasado.
—No se preocupe—dijo uno de los medininjas—En los entrenamientos es normal que éstas situaciones sucedan—consoló—Sólo lleve a la señorita Hyuuga a la habitación trece y ahí la atenderemos. Necesitará reposo de unas cuantas horas.
Cuando despertó le costó acostumbrarse a la luz que la rodeaba, le molestaba la vista y un punzante dolor en la cabeza la impactó. Se removió incómoda en la cama ante los atentos ojos de Minato, quién veía con preocupación a la muchacha.
—Maldición… Hina-chan perdóname—suplicó el rubio al tomar una de las delgadas manos de la chica. Ella lo estaba escuchando perfectamente, aunque por temor al encontrarse con esa profunda mirada marina decidió no abrir los ojos—Soy un tonto… tú me ayudaste y yo… te he herido—los pómulos de muchacha se encendieron al escucharle y su corazón bombeó.
El rubio miró a la chica en la camilla, se sentía un idiota. Hinata le agradaba bastante pues era una persona a la cuál nadie podría despreciar; se había ganado su cariño con el tiempo que pasaban juntos. Ella fue la primera persona que vio cuando abrió los ojos de su letargo y amargos sueños. Sin poder evitarlo se levantó de la cama y acercó su rostro al de ella.
Besó la frente de la muchacha y aunque Hinata había decidido no abrir los ojos podía escuchar casi su corazón latir con violencia, Minato estaba ajeno a las reacciones que ésta estaba tomando al recibir la pequeña caricia, sus ojos viajaron por el níveo rostro de la mujer que estaba en la cama aún dormida. No pudo evitarlo y rozó sus labios con los suaves de ella… sellando así sus bocas.
Sólo era un beso casto, pero que mostraba el arrepentimiento del rubio ante la peliazul. Poco después él movía con insistencia sus labios sobre los de ella, sentía desfallecer ante el suave contacto, su rostro estaba colorado a más no poder. Pues al estar tan cerca podía ella sentir en su nariz el aroma del Rayo.
Pronto realmente se encontraba desmayada nuevamente, Minato nunca supo que ella estaba despierta cuando la había besado, pero la pregunta era ¿Por qué?
Desde aquel pequeño incidente, para la Hyuuga era imposible mirar al rubio a los ojos, aunque éste siguiera siendo tan risueño como siempre. La vergüenza llegaba a su persona sin poder evitarlo, muchas veces terminando en el suelo por los ataques de éste. ¿Se iba a rendir?
…¡No puedes retroceder a tu palabra Hinata!—sus pensamientos eran invadidos por las palabras que Naruto solía decir cuando se proponía algo. ¿Pero por qué se sentía tan mal con esto? Al mirar a Minato venía a su mente Naruto.
— ¿Pasa algo Hina-chan?—preguntó el rubio—Has estado muy callada últimamente.
—No es n-nada—comentó la chica bajando la mirada.
— ¿Sigues molesta por aquel incidente?—preguntó con preocupación, había notado el gran cambio en la muchacha desde aquel momento.
—N-no para nada.
—Creo que por hoy es suficiente—comentó el rubio—Vayamos a comer algo.
—Hai.
La Hyuuga regresó a la pequeña cabaña que Tsunade les había asignado, internándose en la cocina dónde se encargó de preparar un pequeño almuerzo.
Hacía un mes desde que la rubia les había asignado vivir juntos en aquella pequeña cabaña en total discreción, él no entendía porque debía mantenerse de alguna manera escondido. La convivencia con la muchacha había cambiado mucho desde que ambos estuvieron en el Festival Obon, realmente la había pasado muy bien. La inocencia que la kunoichi desprendía a él lo atraía de cierta manera, no de una forma romántica si no que sentía la necesidad de protegerla… aunque también él se preguntaba porque en el hospital la había besado. Se había sentido decepcionado cuando ella no respondió a sus besos… sabía que estaba despierta pues los colores de su rostro la delataban de sobremanera, ella cuando dormía era muy pacifica sin embargo; en aquella ocasión le había descolocado el hecho de su impulso.
Sabía que ella estaba en la cocina pues el rico aroma a tomate llenaba sus fosas nasales. No estaba en condiciones de verla… pues no sabía cómo tratar con su persona.
Se dirigió a la habitación dónde él solía descansar, al entrar vio la cama y se dejó caer con pesadez… ¿Qué pasaba con su persona? Al cerrar sus ojos llegó a su mente un pequeño flashback.
—Minato-kun—una bella pelirroja llegaba hasta él. Se veía con un abultado vientre y una tierna sonrisa.
— ¿Dime?
— ¿Qué piensas de llamar al bebé, Naruto?
— ¿Naruto?
—Sí, es un bonito nombre—la embarazada mujer acarició con ternura su vientre al mismo tiempo que se acercaba hasta el rubio que estaba en esos momentos picando en la mesa unos cuantos vegetales—Oh… huele delicioso. ¿Qué estás cocinando?
—Tu platillo favorito, hime—contestó con ternura—Un poco de borsch de res.
— ¡Adoro el borsch!—gimió la pelirroja con emoción, al momento que se colgaba del cuello del rubio—Te amo, Minato.
—También te amo, hime—viró su rostro para encontrarse con una sonrosada pelirroja, sus bellos ojos estaban penetrantes en los suyos azules. Él se levantó de su silla sólo para abrazar dulcemente a la mujer colorada, acarició su abultado vientre al momento en que sellaban sus labios dulcemente.
Cuando abrió los ojos, podía sentir su corazón latir rápidamente… ¿Qué había sido eso? Se había sentido en aquel sueño bastante bien, completo de alguna forma, feliz. Él estaba feliz ahora pero sentía que algo le faltaba y eso solamente servía para bajarle los ánimos. Después de todo también el ver a Hinata evadirle le jodía de alguna manera.
— ¿Qué fue aquello?—se preguntó.
—Minato-sama—escuchó la suave voz de la Hyuuga—La comida está lista.
Sin responder salió de la habitación, intentando darle una de sus naturales sonrisas a la muchacha sin embargo en ésta ocasión no pudo hacerlo. Sus labios se hicieron una delgada línea que no pasó desapercibida para la morena. Ella bajó la mirada con angustia al saberse en parte culpable de los ánimos del rubio.
— ¿Todo bien?—intentó preguntar la muchacha, sus palabras salieron como un pequeño murmullo pero que el rubio captó.
—Si todo bien—no quiso sonar tan rudo pero los recuerdos habían asaltado su mente de manera tan brusca que no sabía cómo tomarlo. Era lo primero que recordaba en mucho tiempo y no se sentía cómodo compartiéndolo con la morena frente a él.
Comieron en total mutismo, el ambiente era pesado pero no podían hacer mucho. La Hyuuga miró un momento al rubio.
—Minato-sama—llamó al rubio que estaba sumergido en sus pensares—L-lo dejaré un rato—ahora si tenía la atención de Namikaze—T-tengo una importante reunión con el Consejo de mi familia y t-tengo que estar presente. Regresaré para antes del anochecer.
—De acuerdo—suspiró con desgano, Minato sabía qué Hinata pertenecía al Clan Hyuuga. Sabía aquello porque la heredera le había contado que era la hija mayor del patriarca; por lo que sabía ella era importante en esas reuniones que tuvieran que ver con el futuro de su clan—Con cuidado Hina.
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Muchas veces ella quería desaparecer de la faz de la tierra.
Su vida era un caos total en todo el sentido de la palabra.
Quería irse de ahí ya mismo, no quería seguir escuchando.
¿Por qué todos tenían que decidir por ella? ¿Es que acaso nunca podrían dejarla tomar una decisión por si misma?
Miró con angustia las palabras que los ancianos del consejo emitían en aquella reunión. Buscó la mirada de su padre para pedirle aunque sea un desplante pero ni eso, Hiashi Hyuga miraba con seriedad el tema en aquella sala.
—Creo que comprenderás Hiashi, que tú hija ya está por cumplir los 19 años y todavía no ha tomado el mando del Clan—comentó uno de los viejos consejeros. Hiashi endureció su mirada al entender a qué querían llegar.
—Lo entiendo.
—También es importante que Hinata esté presente para que esté atenta—dijo el mismo abuelo.
—Hinata, hija mía—habló el líder del clan—La tradición del Clan Hyuuga exige que antes de que cumplas los veinte años debes de estar casada para poder tomar el mando del clan sin problema alguno.
—Lo entiendo padre—la morena bajó la mirada, apretando con impotencia sus puños.
—Tenemos algunos candidatos que son perfectos para mantener el linaje del Clan o al menos obtener un nuevo Kekkei Genkai—habló el abuelo nuevamente.
—Demo… ¿Quiénes son?—se atrevió a preguntar la muchacha.
Hiashi miró con dureza a uno de sus familiares, no estaba de acuerdo en casar a su hija de esa manera. A pesar de haber mostrado siempre desagrado por su heredera seguía siendo su hija a final de cuentas, no era un hombre de expresar gran cariño ni con acciones o palabras.
—Qué bueno que preguntas—la sala se quedó en silencio—Tenemos dos candidatos excelentes para ti Hinata. El primero de ellos es Neji Hyuuga—los ojos de la ojiperla se abrieron con sorpresa al escuchar el nombre de su adorado primo—El segundo candidato es el último de su clan, Sasuke Uchiha.
Quería salir corriendo de ahí.
Ella no se hacía teniendo una vida con ninguno de los shinobis mencionados.
Adoraba a su primo, pero no le amaba.
Y Sasuke Uchiha… en definitivamente no conocía nada de aquel moreno.
—Entiendo.
—Antes de que cumplas los 20 años, Hinata deberás haber contraído nupcias con alguno de estos shinobi. Menciono a Sasuke Uchiha ya que él no ha sido perdonado del todo de sus cargos cómo traidor a Konoha, pero se le ha dado la oportunidad de casarse contigo y todos los cargos se le quitarán de encima.
Cuando la reunión había terminado, lo único que quería era llorar amargamente. Pues a final de cuentas habían decidido por ella, lo que ella hubiera querido decidir: con quién compartir el resto de su vida. Ahora su adorado Naruto se le hacía cada vez más lejano poder ser algo más que amigos. En parte porque ella se encargaba de cuidar a su padre y por sentir cosas cuando estaban cerca.
Al salir del recinto Hyuuga iba de regreso a la cabaña que compartía con Minato.
Hiashi miró con desaprobación a los ancianos del Consejo, aunque no quisiera hacerlo. ¿Podría encontrar una solución para su hija?
— ¿Qué estoy haciendo mal, Himeko?—preguntó para sí el líder del clan mientras caminaba a sus aposentos—Se parece tanto a ti… No es justo… me ha demostrado ser una hija digna del apellido Hyuuga.
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Cuando llegó, estaba todo oscuro. Sintiéndose extrañada ya que siempre que regresaba, Minato Namikaze la recibía con una sonrisa. Pero ésta no era la ocasión, todo estaba en total silencio y la verdad era que lo prefería de esa manera… no tenía ánimos de nada.
Al entrar en su habitación no notó que un cuerpo descansaba en su cama. Se quitó las zapatillas y se dejó caer en la mullida cama, cuando sintió un peso extra en el otro extremo del colchón su rostro se coloreó indudablemente, frente a sus perlados ojos descansaba Minato Namikaze, se le veía tan tranquilo y sereno que no quiso despertarlo. Con timidez se levantó de la cama.
—Hina—se le erizaron los vellos de la espalda al escuchar la ronca voz del Yondaime— ¿Estás bien?
—T-todo en orden—sonrió ella intentando ocultar que estaba angustiada y avergonzada por tenerlo en su cama.
—No es verdad—Minato estaba acostumbrado a la oscuridad desde hacía un rato—Sabes que puedes contarme…
—Mi Clan ha decidido emparejarme—se sorprendió ella misma de no tartamudear, Minato postró sus ojos sorprendido ante la kunoichi—Al ser hija heredera, debo estar a la cabeza del Clan.
—Entiendo. Ven Hina—pidió el rubio, la chica se sonrojó por las palabras del Namikaze, éste sin pedirle permiso la jaló de un brazo para poder estrellarla contra su cuerpo y brindarle ese apoyo silencioso. Fue cuando ella dejó sus lágrimas brotar libremente, abrazándose fuerte al rubio, éste la escuchaba, temblaba ante sus brazos. ¿Qué lo había llevado ahí en primera? Sus recuerdos tormentosos y el lugar donde la Hyuuga solía descansar le brindaban una paz que no podía entender. Por eso se había visto durmiendo en la cama de la kunoichi.
Poco tiempo después pudo escucharla respirar tranquilamente, seguro se había quedado dormida…
—No te vayas—pidió ella, estaba colorada y muy apenada por haberse mostrado tan vulnerable ante el Rayo de Konoha. Pero no quería quedarse esa noche sola—Q-quédate conmigo.
Minato no sabía que decir ante tal petición. Aunque Hinata no pudiera verlo, su rostro había adquirido un pequeño color rosa, aún abrazaba fuertemente a la chica.
—Aquí estoy Hina—susurró—No te dejaré sola, nunca, lo prometo.
—Arigatou.
¿Cuánto tiempo pasó exactamente? No estaban muy seguros y la verdad era que no les importaba del todo. Estaban a gusto, el estar juntos en silencio calmaban sus demonios internos; habían dejado de pensar en lo que sucedía a su alrededor para concentrarse en solo sentir y escuchar los latidos acompasados del otro. Fue así que el sueño los venció, en ningún momento soltaron aquel abrazo.
Durante esa noche, el Yondaime no volvió a tener sueños con aquella mujer pelirroja que parecía que amó mucho en otras circunstancias. Y Hinata, durmió sin sueños.
La mañana había llegado lentamente, se sentía tan bien, hacía muchísimo tiempo que no había dormido tan bien. Al abrir lentamente sus ojos pudo toparse con una mata de azules cabellos desperdigados en la almohada y parte de su cuerpo, se sonrojó sin poder evitarlo al ver que mantenía a una Hinata por la cintura. Quiso quitarse pero sus pequeños movimientos eran percibidos por el cuerpo de la chica, aquella calidez no le molestaba del todo pero estaba más que seguro que era incorrecto lo que estaba pasando en esa habitación.
Se quedó pensativo por unos momentos, sin moverse, mirando fijamente a la heredera del clan Hyuuga. Podía sentir el suave aroma a lilas que desprendía toda ella, iba perfecto con la personalidad de la muchacha.
—Hina-chan—llamó, intentando despertar a la chica—Despierta.
Pudo verla removerse entre sus brazos, solo para quedar cara a cara, ella estaba profundamente dormida. Podía sentirlo, pero estaba peligrosamente cerca de él… muy cerca. Podía sentir un cosquilleo en sus manos al tenerla tan cerca, literalmente sus labios se estaban rozando.
Hinata entre sueños podía sentirse a gusto, estaba realmente cómoda con aquella calidez y ese hormigueo en sus labios la motivaron en su sueño a moverlos contra otros igual de suaves.
Los ojos de Minato no podían abrirse más al sentir como los delicados labios de la kunoichi se movían sobre los suyos. ¿Sería correcto? ¿Sería quizás adecuado dejarse llevar por las sensaciones que le provocaba aquel roce? Tragó duro y cerró sus ojos sólo para concentrarse en los movimientos de esos labios cerezas.
Cuando Hinata abrió sus ojos, su rostro se coloreó al verse en esa situación. ¿Pero por qué no se quitaba? El contacto se sentía bien, con pena volvió a cerrar sus ojos para intentar dejarse llevar por las sensaciones. Minato la había sentido despertar, iba a separarse inmediato pues podría malinterpretarse pero no lo hizo al sentir que ella seguía con sus movimientos.
Ese roce de labios se había convertido en un beso suave al principio, conforme el beso seguía se tornaba tímido cuando sus lenguas se tocaron. Ambos recibiendo una descarga eléctrica que les erizó la piel, y luego todo se había ido al carajo. Minato apresaba a la Hyuuga contra su cuerpo de manera necesitada, al mismo tiempo que Hinata se descargaba por su anterior frustración, no era un beso amable, era uno totalmente lleno de emociones que retraían a ambos ninjas.
Minato mordió con suavidad el labio de la peliazul, pudo escucharla suspirar ahogadamente por falta de oxígeno. Cuando se separaron, el rostro de Hinata parecía un verdadero tomate, poco después… salió corriendo de la habitación.
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Todavía sentía su rostro arder, mientras el agua intentaba purificar su lastimada alma, no podía dejar de acariciar sus labios. Se había sentido tan bien que no quería parar de sentir pero su personalidad la había hecho huir.
¿Qué estaba haciendo? ¿No amaba con toda su alma a Naruto Uzumaki? Se sintió mal con ella misma por haber disfrutado de aquel beso: Su primer beso. Con el padre del shinobi que decía amar hasta la medula. Se había sentido tan jodidamente bien que aún podía sentir cierto cosquilleo en sus labios y unas descargas eléctricas dentro de su abdomen que bajaban hasta sus piernas.
Abrió más el agua fría para intentar bajar su ardiente rostro, pero era una imagen difícil de borrar de su mente. Limpió su cuerpo y se preparó para poder empezar el día, pero su sorpresa fue ver a cierto rubio sonreírle con naturalidad, no se había ido de su habitación.
—Buenos días Hina-chan—habló el rubio con naturalidad, intentando obviar que Hinata estaba sólo en una toalla cubriendo su desnudez.
—M-Minato-sama.
— ¿Qué tal amaneciste?—preguntó, aquel beso realmente lo había descolocado pero había renovado totalmente los ánimos que siempre tenían.
Intentaba no mirar a Hinata directamente, ya que sorprendido para sus interiores. Ella siempre usaba ropa holgada y no podía admirar el verdadero físico de ella: Era escultural, no hayo otra palabra para describirla. Realmente sexy.
Sin quitar su sonrisa se levantó de aquella cama y dejó sola y colorada a una kunoichi al borde del desmayo.
¿Qué había sido todo eso? ¿Había estado bien?
Una parte de ella mandó a su conciencia al mero carajo al saberse alegre con aquella escena vivida. Pero por otra parte se sentía culpable, realmente culpable.
Con ideas optimistas, quizás podría cambiar su destino al lado de una persona que no llegaría a amar jamás.
Fin capítulo.
¡Y bien! Quiero anunciarles que a partir del próximo capítulo se van a alterar un poco el volumen. ¡Si ya quiero MinaHina de verdad! E intentado ir lo más lento posible pero en realidad no puedo xD mi mente pervertida me ha llamado. Y bueno… ¡Aquí el primer beso! Si me encantó. Fue como que muy tierno pero a la vez salvaje OwO Estoy intentando experimentar con un Minato dulce pero a la vez un hombre realmente pasional… Y bueno… también ya llegó el primer recuerdo de Kushina a su mente. ¿Qué pasará en el siguiente capítulo?
¿Qué opinan de los dos candidatos para Hinata? :B No puedo evitarlo el SasuHina y el NejiHina también son de mis parejas favoritas, aunque no puedo revelarles más. Sólo sé que Minato será el héroe de la historia jajaja y que Naruto no estará muy contento… ¡Ah condenado hijo! Tendrá que aguantarse por la felicidad de su padre.
Saluditos a todas.
De regalo a todas ustedes porque tardé mucho en actualizar.
Y bueno me despido ya que aquí son las 03:30 a.m. y se supone que tengo que levantarme a las 9 de la mañana para hacer unas cosas. En fin espero sus lindos comentarios.
