Capítulo 2: Lo contrario a la imaginación
La caravana desapareció antes de que Mirai volviera a hablar. Para Takeru resultaba incómodo ver a su compañera tan seria después de haberla visto tan sonriente. Ella le había dicho "Tenemos que hablar", eso aumentaba sus sospechas. Recordaba que Taichi solía decir que cuando una mujer utilizaba esas palabras estaba desatando el caos.
—¿Pasa algo malo? —preguntó Takeru.
—Hay muchos rumores sobre personas desaparecidas pero que nunca existieron.
—¿Cómo puedes saber que desaparecieron?
—Porque muchos sentimos el dolor de la perdida, es como un funeral sin muerto.
Takeru le dedicó una mirada confundida. Aquellas palabras parecían carecer de todo sentido. No entendía cómo algo que nunca había existido podía desaparecer, era algo que iba en contra de la lógica pero no estaba seguro de que si la lógica que no conocía funcionaba en ese mundo tan diferente a todos los que conocía.
—Tal vez pienses que es extraño y no me molestaría si lo hicieras. Pero eso no es todo. La semana pasada visité a mis abuelos, era mi cumpleaños y me obsequiaron un collar —Mirai le enseñó el collar del que hablaba —. Fui al centro comercial para comprar un brazalete que combinara pero en Candyland no hay centros comerciales. Pensaría que fue un error de mi parte pero cuando crucé un puente que creí me llevaría a ese sitio aparecí en el lugar de dónde partí.
—Es extraño —comentó Takeru. No sabía que más decir. Incluso si comparaba ese mundo con el que había creado para su manga no encontraba ninguna respuesta.
Takeru había escuchado de una carretera que nadie podía recorrer de noche, había escuchado rumores sobre una maldición que le impedía regresar a todo aquel que se atreviera a adentrarse en su interior pero al final todo fue aclarado. No había nada sobrenatural en la misma, era un efecto óptico que impedía ver el final de la misma por lo que los vehículos continuaban hasta caer por el precipicio. En cuanto se puso una barandilla se resolvió el problema pero dudaba que ese fuera el caso, Mirai había aparecido en el principio del puente.
—Lo sé —agregó Mirai —. Es por eso que te traje a este lugar, tú eres nuestra única esperanza.
—¿A quién debo darle un nombre? —preguntó Takeru, recordaba haber leído algo parecido cuando era niño —. Tengo un nombre para ella, es el de una persona muy importante para mí.
Takeru sabía que estaba en otro mundo, no era la primera vez en que lo hacía por lo que no era algo que le costara creer. Sabía que no estaba en el digimundo pero no el mundo en el que se encontraba. En ese momento comenzó a considerar que había regresado al lugar en dónde se había enfrentado a MaloMyotismon y en donde Oikawa se había sacrificado por el Digimundo, la teoría de que se encontraba en un sueño había desaparecido mucho antes.
—No es tan sencillo —respondió Mirai un tanto triste —. No tenemos a una emperatriz infantil a la que puedas nombrar, tal vez haya existido en algún momento pero no lo puedo recordar.
Takeru recordó que en su manga no había un gobernante supremo, el poder lo ejercían la Corte Suprema de Ángeles, ellos eran los encargados de mantener el orden en el lugar y de intervenir en caso de que algún peligro asechara a su mundo.
—¿La Corte suprema de Ángeles?
—Ellos me sugirieron buscarte, no pueden hacer nada más, son parte de este mundo, no tienen el poder. Quería mostrarte primero este mundo, no quería que te sintieras obligado a ayudarnos.
—¿Qué puedo hacer por este mundo?
—Amarlo —le dijo Mirai con una débil sonrisa.
En ese momento Takeru no entendió las palabras de Mirai. Muchas de las preguntas que se había hecho durante ese viaje fueron respondidas pero nuevas preguntas surgieron. Su compañera le había dicho que lo había elegido a él, sabía que confiaba en que pudiera salvar a ese mundo pero no sabía cómo hacerlo, necesitaba de sus amigos. Nuevamente recordó ese libro que leyó de niño donde el protagonista recorrió Fantasía a través del protagonista dentro del libro hasta convertirse él mismo en parte de una historia sin fin.
—Busca el valor que hay en ti, cree en ti mismo —le animó Mirai —, pero nunca te olvides que no estás solo. Continuemos con el recorrido y busquemos las respuestas.
Ambos subieron a los unicornios. Mirai fue la primera en hacerlo y con un gesto de mano lo invitó a seguirla. Los unicornios no solamente eran hermosos, eran ágiles y veloces. Un salto fue todo lo que necesitaron para salir del lugar y en pocos minutos recorrieron varios kilómetros.
Dejaron el pueblo y se adentraron en el bosque. Los árboles no eran diferentes a los que había en su mundo. Takeru no vio a ninguno de los animales que habitaban en el bosque pero podía escucharlos y eso bastaba para que supiera que ellos estaban allí, ocultos a su vista.
A pesar de que el bosque tenía una apariencia normal, Takeru sintió algo mágico en el lugar. El viento al pasar por las hojas parecía entonar una melodía y la luz al pasar por las ramas creaba una infinidad de flores. El olor del mismo lo hacía sentir relajado, era tan diferente al aire contaminado de las ciudades.
Vio varios nidos en los árboles. Subió a uno de ellos, elegido al azar, encontrándose con tres pequeños huevos con manchas café. No los tocó aunque siento la tentación de hacerlo, recordaba que Yamato le había dicho que las madres pájaro podían rechazar a sus polluelos si estos eran tocados por un humano.
Cuando bajó Mirai le enseñó la cámara fotográfica, no necesitó de palabras para entender el mensaje que le había transmitido su compañera. Desde que aquel viaje había pensado Mirai había tomado muchas fotografías, especialmente de los pequeños detalles, esos que muchos ignorarían.
Takeru no era el único que estaba hechizado por el lugar. Mirai descendió de su unicornio y sacó una cámara fotográfica de su bolso. Notó la concentración con la que sacaba fotografías de las flores y de los árboles. Ver la belleza de aquel sitio le hizo entender por qué Mirai deseaba protegerlo.
En el suelo Takeru pudo ver a una gran cantidad de insectos. Había troncos podridos en los que vivía una gran cantidad de hormigas, lombrices, escarabajos y mariquitas. Mirai tomó una de las mariquitas entre sus manos para luego dejarla en libertad.
—Dicen que las mariquitas son de buena suerte y la buena suerte nunca está de más.
En el centro del bosque encontraron a un ave fénix reposar sobre una de las aves. Mirai le tomó varias fotografías y Takeru la observó maravillado. Las aves fénix habían sido algo que le habían intrigado desde que leyó sobre ellos cuando buscaba información sobre su manga.
El fénix se alejó volando y Mirai sugirió buscarlo. Era rápido pero ellos estaban cabalgando sobre unicornios por lo que no tuvieron problemas en seguirle el rastro a esa ave. Adentrándose en el bosque encontraron algo que detuvo la excursión, habían llegado al epicentro del problema.
Hubo un momento en que ambos retrocedieron varios metros. Mirai no notó nada extraño pero Takeru sí, él pudo ver la nada. No era un cráter, eso sería ver algo. No era algo que pudiera describir, solo recordaba lo mucho que su cabeza le dolió al tratar de enfocarse en algo que no existía.
—¿Te sientes bien? —le preguntó Mirai preocupada al verlo llevar sus manos a la cabeza.
—Nada —respondió Takeru confundido, su cabeza le dolía.
—¿Qué viste? —le preguntó Mirai sin disimular la curiosidad que sentía —. Supongo que la nada no te afecta del mismo modo en que lo hace con nosotros.
—Nada —respondió Takeru, no sabía de otra palabra que pudiera describir esa situación mejor ¿Qué viste tú?
—No lo recuerdo —respondió Mirai cabizbaja —. Cada vez que intentó acercarme lo olvido, es como si hubiera una barrera que me impidiera acercarme.
Takeru intentó cruzar al otro lado pero en el momento en que extendió su mano Mirai lo detuvo. La había visto cambiar de emociones con mucha facilidad, comportarse como una niña mimada pero nunca comportarse de ese modo, realmente se veía asustada.
—No lo hagas —le dijo Mirai en un susurro —. Vi a alguien cruzarlo y sé que debió pasarle algo malo porque no logró recordar quien era, ni siquiera sé si realmente alguna vez existió.
—¿Crees que se esté extendiendo?
—Algunos dicen que sí, por eso se están alejando de estos lugares. Hay quienes nunca tuvieron un hogar pero tampoco surgieron de la nada.
—¿Sabes lo que está afectando el lugar?
—Sí —respondió Mirai, segura de que Takeru estaba listo para conocer la verdad sobre ese lugar —. Es lo contrario a la imaginación.
Takeru calló. Con su mirada recorrió el lugar, tenía la sensación de que cada vez era más pequeño. A varios metros de donde se encontraba había un ciervo comiendo, este no tardó en alejarse corriendo y reunirse con su manada. Las canciones de los pájaros le hicieron saber que no estaba solo, incluso podía imaginar las especies que lo rodeaban.
—Lo contrario a la imaginación —repitió Takeru. Buscó la esperanza en su interior, valor para luchar y encontrar las respuestas que buscaba.
—¿Amas este lugar? —preguntó Mirai nuevamente.
—Sí —respondió Takeru no tan seguro, explorar ese lugar había hecho que el cariño que Mirai tenía por el mismo se le contagiara pero no entendía por qué su compañera le hacía esas preguntas.
—Entonces cree en nosotros, cree en ti mismo. No abandones tus sueños, no dejes que lo contrario a la imaginación destruya el mundo que has creado. Eres el portador del emblema de la esperanza, no dejes que ese brillo se apague.
Takeru no recordaba lo que pasó a continuación. Recordó una luz cegadora y la sensación de que estaba viendo a la nada pero cuando abrió los ojos se encontró con la expresión preocupada de su madre. Su espalda le dolía, prueba de que había dormido en una posición incómoda pero se negaba a creer que todo fue un sueño.
A lo lejos un digimon reía divertido. Había visto a Takeru trabajar en su manuscrito, incluso lo había leído cuando el portador del emblema de la esperanza dormía y lo había disfrutado. El pensar que lo abandonaría lo hizo incluirlo en aquella aventura, estaba feliz de haber sido de ayuda.
Notas autora:
Gracias por leer, con este capítulo la historia ha terminado.
Recomendación: En este caso recomiendo dos libros, "La Divina Comedia" del que hice algunas pequeñas referencias en el primer capítulo y "La historia sin fin" del que hice varias referencias en este capítulo.
