Disclaimer: Yuri!!! On ice NO me pertenece, solo ocupo un rato a sus personajes para disfrute personal y para personas que disfruten de lo que escribo.
Advertencias:Algunas cosas fueron inventadas o alteradas solo para darle un toque.
*Faltas de ortografía que después corregiré.
Espero que les guste y disculpen la tardanza.
#*#
Era cierto que no siempre tenía las mejores ideas. Tampoco era la persona más inteligente del mundo. Pero, ahora, estaba convencido de que debía pensar mejor las cosas antes de llevar acabo sus planes.
—¿Viktor? ¿Qué haces aquí?— Bien, tenía cinco segundos para crear una escusa creíble. Si tardaba mucho se vería sospechoso, como un acosador.
Él no era un acosador, sólo quería una oportunidad para conocer a fondo a cierto japonés difícil. Pero, al verlo con esa mueca de confusión, le hizo entender que debió llegar con algo que decir, además de un peluche y unos chocolates.
¿Ahora qué diría para no pasar la peor vergüenza de su (casi perfecta) vida?
—Vine a... Visitarte.— ¿Es en serio? Vaya, al parecer ese día su cerebro no cooperaría.
—¿Visitarme? Viktor, te dije que no podíamos vernos otra vez. Por favor, vete.— ¿Qué? ¡No! ¿Tan rápido lo estaba rechazando? ¡Ni siquiera le había dado los regalos!
—Yuuri, espera, por favor.— le ofreció el peluche y los chocolates, casi rogándole con la mirada que no le cerrara la puerta en la cara.—Solo quiero una oportunidad.
—No puedo hacer esto, Viktor. Tengo problemas en estos momentos y, no quiero ser grosero, pero no tenemos ni una semana de conocernos. Por favor, vete.
Viktor nunca había sido rechazado en su vida, jamás. Siempre obtenía lo que quería gracias al poder de su familia, su belleza, su habilidad para hablar y sus múltiples talentos. Sin embargo, justo en esos momentos, solo podía sentir como el rechazo se convertía en un puño que le golpeaba justo en la cara.
Pero él era Viktor Nikiforov, y darse por vencido no estaba en sus planes.
Tomó aire y cambió su semblante por el más serio que pudo. Miró fijamente a Yuuri, poniéndolo nervioso.
—Yuuri, solo te pido una oportunidad para entrar en tu vida. No soy ni un superhéroe o un dios, pero quiero conocerte, enamorarme de ti y que tú hagas lo mismo. ¿Me darías el honor de poder hacerlo, por favor? Soy insistente y estoy dispuesto a esperar el tiempo que sea necesario para que me aceptes.— dijo, observando con felicidad contenida como las mejillas de Katsuki comenzaban a teñirse de un rojo carmín.
Mientras tanto, en la cabeza de Yuuri empezaba una batalla entre la parte que deseaba decirle un rotundo "¡Sí!" al ruso y la parte que se negaba por Yuri, ya que sabía eso haría que el pequeño lo odiara más que en esos momentos.
¿Qué debía hacer?
—Necesito ayuda...—susurró, suspirando. Viktor lo miró con ojos expectantes, sintiendo como las esperanzas volvían para hacerse más fuertes.
—¿Ayudarte? ¡Seguro!
Muchos podrían darse cuenta que no eran los más brillantes del mundo, pero de algo serviría tan dispareja combinación, ¿no?
Yuuri inhaló profundamente y se hizo a un lado, dejándolo entrar. Cerró la puerta y con una mirada le indicó que lo siguiera.
—No hagas mucho ruido, por favor.— pidió, conduciéndolo por la casa. Viktor no podía evitar mirar todo con sorpresa y emoción, como un niño en una juguetería. Hizo caso a la petición y guardó silencio, siguiéndolo muy de cerca. -Tuve un problema con Yuri.
—¿Con Yurio? ¿Qué pasó?— preguntó, intrigado. A su parecer el niño quería demasiado al japonés como para enojarse con él, por lo que no se imaginaba la razón. Sí, pequeño parecía caprichoso, pero no era algo que Yuuri no haya calmado en su presencia.
—Se enteró que saldría contigo y se enojó, tuvimos una pequeña discusión y dije algo que no debí...— explicó, cabizbajo. Viktor lo miró con suavidad y colocó una mano en su hombro para confortarlo.
—Ya verás que esto lo arreglaremos, no te preocupes.— prometió, ganando una pequeña sonrisa del pelinegro.
—Gracias.
Al llegar a la habitación, Viktor y Yuuri se quedaron parados en frente de la puerta, pensando cada quien por su lado algo que pudiera servir para alegrar al rubio.
—¿Qué te parece si le damos los chocolates y el peluche que te traje? A los niños les gustan los juguetes y los dulces, ¿no?-Yuuri lo miró fijamente por unos momentos, decidiendo si era una buena idea. —Vamos, no creo que sea tan difícil.
—Eso dices porque no lo conoces.— contestó, nervioso. Viktor rodó los ojos, divertido, y le mostró una sonrisa ladina marca Nikiforov.
—Es un niño, Yuuri, ¿Qué es lo peor que puede pasar?— el japonés se rindió y suspiró, imaginándose un poco el como terminaría el dichoso plan.
—Bien... Pero, si lo arruinamos, será tu culpa.
Dos horas después, un niño enloquecido, un japonés nervioso, un ruso frustrado, cuatro golpes en su mejilla, un peluche casi destrozado, unos chocolates pisoteado, muchos insultos que tuvo que soportar por más que le dolieron -como el "Muy pronto te quedaras calvo, viejo.", una declaración de guerra y su actitud infantil a flote, terminaron con los dos adultos y el menor en la sala, viendo una película de terror con todo y palomitas. Los tres acomodados estratégicamente, dejando a Yuuri en medio.
¿Quien diría que el único que disfrutaba de ese tipo de películas sería el tímido japonés?
No era por llamar cobardes a los rusos pero, Yuri -con casi nueve años- no estaba nada acostumbrado a ese tipo de películas, siendo que siempre veía con su abuelo y Yuuri algunas obras de Disney o Dreamworks. Sin embargo, le demostraría a ese canoso entrometido que él podía ser mucho más valiente y varonil sin ningún esfuerzo.
Mientras tanto, Viktor no se consideraba un gallina. Simplemente nunca tuvo el valor, tiempo e interés para ver esa clase de películas. Él prefería más las comedias románticas o hasta las trágicas, pero jamás de suspenso o terror.
Por otro lado, Yuuri contenía lo mejor posible una sonrisa. Los veía tan concentrados en la película que no se daban cuenta de su espontánea sincronía en cuanto a asustarse y brincar de su asiento, tapándose la boca para no gritar y así acurrucarse más contra el sillón y las cobijas.
No le molestaba verlos así, es más, hasta podía decirse que se estaba divirtiendo.
—¡No entres ahí! ¡Te matará!— gritaron al mismo tiempo los rusos, cubriéndose los ojos con sus manos. Yuuri no pudo evitar soltar un risa. ¿Cómo era que no se daban cuenta?
—¿Ya quieren que la quite?— ofreció, con algo de burla bien disimulada. —Saben que aun falta como media hora para que termine, ¿verdad?
—¡Ni se te ocurra, Cвинина!-gritó Yuri, quitándole el control remoto. —¡Le demostraré que soy más valiente que él!
—¡Ya lo veremos, Yurio!
—¡No me llames Yurio, Vejete!
En esos momentos, en lo único que pudo pensar era en lo tercos, obstinados y competitivos que eran los rusos.
[¡Lamento muchísimo la tardanza! Sé que merezco que me golpeen por hacerlos esperar tanto, pero no me salía y quería hacerlo más largo (aunque, como me estaba tardando mucho decidí dejarlo así)Espero que les haya gustado el capítuloHasta luego :") ]
