Wyatt odiaba tener que hacer ronda junto a los tablones que rodeaban el supermercado y servían de muros: entre las maderas casi siempre se colaba el viento y se oían sonidos raros. Estar ahí afuera en la oscuridad no le gustaba para nada, no señor. Sobre todo en aquel momento, en el que el invierno estaba llegando y ya hacía frío. Wyatt apoyó el rifle en el suelo mientras se ajustaba el gorro de lana y se frotaba las manos cubiertas por guantes. Sus manos hicieron un sonido amortiguado al juntarlas.
—Cómo odio el invierno—masculló Wyatt. Las palabras le salieron entrecortadas porque el frío estaba haciendo que sus dientes castañeasen. Volvió a mirar el reloj digital de su muñeca con impaciencia, comprobando cuánto tiempo faltaba hasta que Troy lo relevase de lugar. Preferiría estar durmiendo pero hacer guardia dentro del edificio no era tan malo como hacerlo ahí fuera. Y después, el premio gordo, unas buenas horas de sueño bajo una manta para mantenerse calentito. Dormir estirado bajo la manta era bastante más cómodo que ponerse capas de ropa hasta parecer una albóndiga barbuda.
Bajó de nuevo la vista al reloj pero apenas habían pasado dos minutos desde la última vez que lo miró. Curiosamente, nadie sabía si la hora que usaban era la correcta pero dentro de la comunidad se habían fijado todos a la misma hora para poder funcionar mejor: por ejemplo para coordinar la duración de las guardias. Habían tratado de aproximarse a la "real" pero sólo pudieron hacer suposiciones. Wyatt creía que el hecho de tener noción de la hora y de los minutos, noción de los días —incluso si eran suposiciones que podían estar erradas— era positivo para la gente. Él mismo se había sentido instantáneamente mejor con ése detalle que parecía mínimo. Wyatt creía saber por qué a la gente le tranquilizaba tener relojes y calendarios: hacía parecer como si todo no estuviera tan jodido.
Se dijo que no podía despistarse mirando el reloj así que se prohibió hacerlo durante un rato. Cuando lo volvió a mirar se dio cuenta de que su turno de vigilar las murallas exteriores había pasado hacía ya un puñado de minutos. En teoría lo relevaría Troy, un tipo que no le terminaba de caer bien, dicho fuera de paso. Wyatt comenzó a irritarse pero no podía hacer más que seguir esperando a que el maldito Troy apareciera de una vez.
"Al diablo, debería largarme a donde me toca" pensó Wyatt pero sabía que no lo haría. No quería dejar el lugar sin vigilancia porque Carver era estricto con ese tipo de cosas. No quería provocarlo de ninguna manera y mucho menos sabiendo lo que había ocurrido ése mismo día. Carver había arrojado a Reggie, otro miembro del campamento, por una azotea. Parecía que a Bill se le fue la cabeza por algún asunto sobre unas plantas y los prisioneros. No era como si justificase lo que pasó pero Reggie fue muy estúpido provocando la ira de Carver, sobre todo después de haber intentado escapar con los prisioneros esa vez.
No se alegraba por la muerte de Reggie pero si por su culpa la comunidad se iba a ir al diablo, algo había que hacer. En verdad tenían que proteger ese lugar. ¡Lo que habían conseguido allí era increíble! Tenían provisiones, seguridad e incluso suministro eléctrico. Era cierto que Carver estaba un poco paranoico últimamente pero aún así aquel lugar era mejor opción que cualquier otro ahí afuera, Wyatt estaba seguro de eso. "Sólo tengo que centrarme en hacer las cosas bien. Reggie intentó escapar e incluso así Carver le dio una oportunidad. Reggie la cagó, eso es todo... seguro que dejó que los prisioneros le metieran ideas raras en la cabeza o algo así", intentaba justificar Wyatt en su cabeza.
Los altavoces que estaban afuera de la cafetería emitieron un sonido de estática por unos segundos antes de que la voz de una mujer anunciando un 50% de descuento en todos los artículos de jardinería retumbase en la noche tanto en el exterior de la ferretería como en el interior. "Pero, ¿¡quién ha sido el imbécil!?" se preguntó Wyatt, ¡todo ese ruido atraería a la horda de caminantes que venía del sur! En realidad, atraería a cualquier caminante que hubiera cerca en todas las direcciones. "Calma, tenemos los muros entre ellos y nosotros" se mintió Wyatt a sí mismo: sabía perfectamente que los muros exteriores no serían lo suficientemente resistentes si un gran número de caminantes se apelotonaba.
Las primeras tablas de madera comenzaron a estremecerse y agitarse: esperando que refuerzos llegasen en unos minutos, Wyatt apoyó la espalda sobre una de las tablas para que ofreciera más resistencia y evitar que cediera. En cuanto apoyó todo su peso en la madera oyó que los caminantes emitían sonidos de frenesí desde el otro lado y que ahora intentaban meter las manos entre los huecos de la madera. Wyatt se dio cuenta demasiado tarde de que no tenía unos minutos. Unas putrefactas manos le agarraron la cara y lo empujaron contra la tabla de madera. Se sobresaltó tanto que soltó el rifle a unos centímetros delante suyo. Agarró las manos del caminante para apartarlas de su cuello: el maldito muerto viviente le estaba poniendo tanto empeño que prácticamente estaba asfixiando a Wyatt. Probablemente la criatura ni siquiera sabía que iba por buen camino para matar a Wyatt, sólo quería llegar a él.
Wyatt se agitó intentando liberarse. A un metro de él, un caminante cuya órbita ocultar parecía haber sido aplastada por un golpe fuerte que incluso le había arrancado un trozo de mejilla consiguió meter la cabeza por el hueco entre las tablas de madera. Si su cabeza no estuviera grotescamente deformada el caminante no habría podido siquiera intentarlo. Incluso si aquella cabeza había quedado atorada, Wyatt entró en pánico y gritó pero también sacó la fuerza suficiente para agitarse tan violentamente que consiguió zafarse del caminante que lo mantenía atrapado. Wyatt se zambulló hacia el suelo en para volver a coger su rifle y con la culata del arma golpeó la cabeza atorada del caminante con la suficiente fuerza como para rematarlo. O quizás simplemente aquel pobre caminante había recibido más golpes de los que su cabeza podía soportar sin quebrarse como un huevo.
—Mierda, no—dijo Wyatt al ver que no había manera de proteger el muro—¿Dónde están los estúpidos refuerzos?
Wyatt retrocedió hacia la puerta sin dar la espalda a los caminantes, disparándoles a la par que retrocedía. Mientras lo hacía oyó unos gritos en el aparcamiento y le pareció que eran de Troy. No podía verlo entre tantos caminantes y además él tenía sus propios problemas en ese momento: habían entrado demasiados caminantes como para que tuviera algún sentido dispararles así que Wyatt corrió hasta la puerta de emergencia para refugiarse dentro de la ferretería.
Entró apresuradamente y supo qué tenía que hacer: necesitaba bloquear esa puerta. Encontró vigas de metal, probablemente pensaban usarlas en la expansión, pero estaba bastante seguro de que eran demasiado pesadas como para moverlas él mismo. De momento pudo arrastrar una caja de madera que debía contener algo pesado, quizás sacos de tierra o cemento. Aún así Wyatt sabía que los caminantes no iban a tardar mucho en abrirse paso cuando el peso de todos esos cuerpos arrastrase la caja: lo mejor era buscar a alguien más para que le ayudase a mover las vigas de metal que parecían muchísimo más resistentes. Luego sólo bastaría con seguir el plan que Carver tuviera para ese tipo de situaciones.
Justo delante de la puerta del aparcamiento encontró a Vince: tenía mala cara, como si hubiera visto un fantasma.
—¡Amigo, justo a tiempo! ¿Sabes qué pasó?—preguntó Wyatt. Vince no respondió nada, parecía estar muy perturbado por algo, mirando algo en el suelo. Wyatt le iba a decir algo pero en ese momento los sonidos de gente disparando desde la azotea a la horda le llamaron la atención.
Wyatt giró el rostro hacia la puerta donde veía a los caminantes avanzar. Algunos estaban agachados, devorando algo. ¿Por qué diablos la cortina metálica que cubría esa puerta estaba levantada para empezar? No había prácticamente nada que impidiera a los caminantes entrar. Wyatt se acercó a la cortina metálica para bajarla y poner un obstáculo entre los caminantes y ellos.
—¿Hay alguien ahí afuera?—preguntó Wyatt: si alguien había salido ahí afuera para combatir caminantes e irles ganando terreno estarían en problemas si encontraban que no tenían hacia dónde retroceder.
Su propia la cabeza le respondió: "Si los caminantes entran es el fin de todos: es una mierda pero si no cerramos esto, vamos a morir aquí y ahora. Lo siento si queda alguien ahí afuera..." Comenzó a bajar la cortina metálica pero se atoró a mitad de camino. ¿Es que esa noche nada iba a salirle a derechas?
—Viejo, te necesito aquí—gritó Wyatt mirando a Vince: no sabía qué le pasaba pero desde luego ahora era momento de arrimar el hombro—¡Vince, vamos, ayúdame con esto!
Vince reaccionó finalmente. Juntos consiguieron terminar de bajar la cortina metálica fácilmente.
—Bien, bien—se animó Wyatt, apoyando la mano en las rodillas para recuperar el aliento: no era la persona más atlética del mundo—¿Sabes cómo se fue todo al carajo tan de repente? ¿Por qué no está apagada esa maldita cosa?—preguntó nerviosamente.
Wyatt estaba seguro que la persiana metálica los mantendría a raya un tiempo pero sería un problema si seguían acumulándose y mientras que los altavoces estuvieran en marcha, los caminantes seguirían acumulándose.
—Viejo, ¿qué te ha pasado antes?
—Deberías ver esto—le respondió Vince que dio un par de pasos hasta un cadáver. Wyatt habría estado a punto de tropezarse con él y aún así no lo había notado por la urgencia de la situación.
Wyatt ya supo que debía ser algo muy malo si había conseguido congelar así a Vince pero no se imaginaba lo que se iba a encontrar. A los pies de Vince estaba el cadáver de nada más y nada menos que Bill Carver. Wyatt no podría creerlo: Carver había muerto. "Y vaya que está muerto" pensó Wyatt sin poder reprimir un gesto de asco antes de rodear el cadáver: de alguna manera no le podía quitar la vista de encima a pesar de todo.
—¿Vince? —el hilo de voz de Wyatt tenía tono de urgencia por lo que pudieran hacerle a Vince, más que de reproche o acusación por el asesinato. Le dirigió al asiático con clara intranquilidad—Viejo, no me digas que tú...
—Yo no lo hice—respondió Vince. Wyatt era el único que sabía sobre el asesinato que cometió antes de que el apocalipsis comenzase—Sé lo que parece pero no lo hice.
—Lo sé. Confío en ti—murmuró Wyatt mientras paseaba la mirada por el cadáver. Puede que antes del apocalipsis hubiera matado a un tío pero Wyatt consideraba a Vince como un tipo bueno. Si no lo fuera, no le habría dejado pegarse a su espalda la primera vez que se encontraron.
Habían dejado a Carver sin rostro a golpes: quien hubiera sido se ensañó y mucho. Cerca había una palanca ensangrentada, seguramente era "el arma del crimen".
Wyatt sentía desolación al ver que, a pesar de que Carver se había proyectado como la guía que necesitaban, en el fondo sólo era un saco de carne y sangre: hasta ese entonces Wyatt no se dio cuenta del aura de "deidad" que le había conferido a Carver.
—Los prisioneros también han escapado—dijo finalmente Vince—Todo esto debe haber sido cosa de ellos.
Wyatt se dijo que, quizás si los hubiera dejado ir la primera vez, Carver habría estado vivo en esos momentos.
—Uno recoge lo que siembra, eso es seguro—logró decir Wyatt, antes de añadir—pero, ¡santo Jesucristo!
—El muy cabrón se lo merecía—masculló Vince.
A Wyatt no le importaba demasiado en ese momento que Carver lo mereciera o no. Sólo sabía que estaban jodidos. Un destello de preocupación por algo que había mencionado Vince le hizo decir alarmado:
—Espera—recordaba que a Bonnie le habían asignado aquella noche vigilar el patio—Bonnie tenía que vigilarlos esta noche: si han escapado y le han hecho esta bestialidad a Carver. ¡No me digas que se han cargado a Bonnie también!—la voz de Wyatt se mostró apenada ante la idea de que Bonnie hubiera terminado asesinada.
A Vince más bien le parecía que probablemente los prisioneros habían necesitado ayuda y que esa ayuda había sido dada por Bonnie: la había visto muy encariñada con los prisioneros, en especial con esa niña de la gorra.
—Seguramente Bonnie se fue con ellos. Unos simples prisioneros no pudieron hacer esto sin algún tipo de ayuda. Bonnie les ayudó a huir—dijo Vince: negarlo porque no quería que las cosas hubieran sucedido así no tenía sentido—Estaba muy apegada a Luke, es probable que él se lo pidiera. Oí que justamente hoy lo pillaron husmeando para intentar sacar a los otros prisioneros. Quizás no sólo fue porque Luke se lo pidió, quizás Bonnie se asustó por lo que Carver le hizo a Reggie y... tan sólo quiso irse cuanto antes—Wyatt habría dicho que dudaba de que Bonnie los condenase sólo por la cara bonita de Luke pero por desgracia de lo que no podía dudar tan ligeramente era que Bonnie se hubiera espantado y hubiera actuado presa del miedo. Hasta él mismo había sentido algo de miedo al enterarse de lo de Reggie...
Tras unos segundos de silencio, Vince apretó los puños, entre consternado y entristecido.
—¿Esto es lo que le importamos, después de todo? Simplemente se ha largado...—si tan sólo ella les hubiera advertido de lo que planeaba.
Wyatt terminó diciendo entre dientes:
—Empiezo a pensar que nosotros también deberíamos largarnos: con Carver muerto este sitio se va a caer a cachos apenas los caminantes comiencen a entrar.
Vince respondió:
—No voy a dejar que este lugar sea nuestra tumba—miró directamente a Wyatt con determinación. Como en los "viejos tiempos" cuando vagabundeaban por ahí fuera sin refugio, Vince se prometió que se aseguraría de que vivieran hasta el día siguiente—Tenemos que recuperar la caravana.
—Bien, bien—dijo Wyatt algo más tranquilo al ver que Vince parecía volver a tener los cinco sentidos en la situación—Montamos a Becca, Shel y Russel en la caravana y ponemos pies en polvorosa—luego, Wyatt preguntó—¿Crees que también podamos recuperar las llaves de los otros coches y dárselas a la gente para se larguen a un lugar seguro?
—No debería ser un problema: seguro que Carver guarda todas las llaves que confiscó en un mismo lugar—Vince se agachó y buscó en los bolsillos de la cazadora de Carver con ahínco mientras Wyatt miraba alrededor, nervioso porque alguien creyera que ellos habían tenido que ver con lo que había ocurrido con Carver. "Date prisa, amigo..." comentó Wyatt.
Vince, ceñudo e intensificando la búsqueda a los bolsillos de los pantalones de Carver pudo encontrar la pequeña llavecita que abría el cajón donde guardaba todo lo que quería mantener bajo control, todo lo que "confiscaba", en especial las llaves de cualquier vehículo. Era lo suficientemente paranóico para llevarla encima.
Vince y Wyatt se dirigieron hacia la oficina de Carver, sin embargo, a mitad de camino fueron interceptados por dos guardias que llevaban a un grupo de gente armada y somnolienta.
—¿Qué coño hacéis paseando como si nada? ¿Es que estáis sordos? ¡Tavia necesita refuerzos allí arriba!—les riñó uno de ellos—¡Moveos!
Vince y Wyatt se miraron: no tenían más remedio que seguirlos en dirección a la azotea para no levantar sospechas sobre sus intenciones de irse. Wyatt miró de reojo el bolsillo de Vince, en el que había guardado la llave de la oficina de Carver: a Wyatt no le gustaba la idea de ser él quien ganase algo más de tiempo combatiendo la horda pero estaba seguro de que Vince podría superar cualquier contratiempo que surgiera con la caravana. Vince la arrancaría, sin duda alguna."Tan sólo tengo que estar allí cuando lo haya hecho" pensó Wyatt. Los dos caminaron algo más lento, lo suficiente para que no les oyeran susurrar pero sin permitirse quedarse demasiado atrás para no levantar sospechas.
—Recupera la caravana—masculló Wyatt en voz baja—Trataré de darles esquinazo y reunirme con vosotros.
—Estaré esperándote en la salida oeste. Será mejor que no me dejes colgado, voy a esperar por ti—le dijo Vince.
Wyatt sabía a que más bien se refería a que esperaría todo lo que pudiera pero honestamente, él habría hecho lo mismo. Vince pondría la supervivencia del grupo por delante de la de una sola persona, sin embargo, Wyatt era su mejor amigo y, de veras, se sentiría devastado si aquel día lo perdía a él también.
—La última vez que alguien me dijo que esperaría en el coche no resultó nada bien, viejo...—se quejó Wyatt en un tono serio y bromista a la vez, en especial, porque era cierto.
Vince pudo escabullirse sin problema antes de que el grupo subiera las escaleras metálicas hasta la azotea. Una vez Wyatt estaba en la azotea supo que había acertado con eso de que el sitio se desmoronaría.
Se había formado todo un mar de caminantes en la zona de aparcamiento. No sólo eran los caminantes de esa horda que venía del sur sino que se les unían más caminantes que venían de todas las direcciones. Wyatt miró hacia la puerta oeste y, por suerte, aún estaba relativamente despejada de caminantes. Cuanto más miraba la horda, más sentía que era un organismo vivo que venía dispuesta a exterminarlos.
—Los prisioneros siguen andando entre los caminantes como si nada. ¿Qué coño han hecho?—Tavia estaba rabiosa al ver cómo los prisioneros escapaban ante sus narices—¡Disparadles, vamos!
Wyatt pudo distinguir a un prisionero, una niñita con gafas y aspecto aterrado. Estaba tan sucia y ensangrentada que realmente era difícil no confundirla con un caminante. ¿Era así como consiguieron atravesar esa horda sin ser detectados? Wyatt levantó el rifle pero erró el tiro a propósito: no quería llevar eso en su conciencia, independientemente de si conseguía salir de esa o no.
A pesar de la situación las órdenes de disparar de Tavia no cesaban. Las ráfagas estallaban de manera prácticamente continuada. A Wyatt le parecía que disparar tanto a prisioneros como caminantes era inútil.
—Esto no va a funcionar—dijo él, tratando de hacer entrar a Tavia en razón—El campamento está acabado, Tavia—tenían que dejar el lugar, no quedaba más remedio. Tavia parecía no oírle o, simplemente, no querer hacerlo—¡Aún hay tiempo para que evacuemos a los civiles!
—¡Sólo dispara, Wyatt! Si no quieres que te arroje a los malditos caminantes cierra la boca y dispara a los prisioneros—lo amenazó ella—¡No les dejaré salir de aquí con vida!
—¡El verdadero problema es esa maldita horda que se dirige a las puertas, no unos capullos que han escapado!—le replicó Wyatt a gritos.
Parte de él tenía la esperanza de que Tavia le escuchase porque por un momento, Tavia miró al suelo, como si hubiera conseguido pensar claro por un momento y algunos dejaron de disparar, pensativos al darse cuenta de cómo estaba la situación en realidad. Tavia entrecerró los ojos y dijo:
—Trabajamos muy duro para conseguir levantar este lugar. No estoy dispuesta a huir con el rabo entre las piernas—dijo ella—Nunca volveremos a tener un lugar tan bueno como éste, así que hay que defenderlo. ¡A toda costa!
Wyatt también se sentía mal dejando aquel lugar en el que tenían tantas comodidades pero no quedaba más remedio: muertos no podrían seguir haciendo nada, seguir esforzándose en nada.
Wyatt tiró su arma al suelo:
—¿Sabes qué? Estoy fuera de esto—se giró y entonces, sintió un golpe en la nuca y se desplomó.
El mundo se apagó.
