Capitulo 2
Procedimiento de emergencia
El albino le hizo una señal a Arnulf de que se apartara de ella. La miró fijamente apuntándole aún, mientras esta se incorporaba con las manos a la altura de su cabeza intentando no hacer ningún movimiento brusco.
-Sin trucos-bajó el arma
"Preservar la salud y la vida de cualquiera incluso de mis enemigos." Se recordó aquel juramento que hizo en el sótano de su casa con su papá y un amigo.
-Necesitaré ayuda Arnulf-se dirigió a el hombre con desfachatez una vez dedujo quién era el líder
Arnulf la miró con desprecio por el atrevimiento, mirando a su capitán esperando la indicación. El mismo quien en una expresión divertida asintió con un único movimiento de cabeza.
-Iré por anestésicos a mi habitación
-No hace falta-sonrió altanero
-En serio... No querrás...
-¡Hazlo ya!
Ella se encogió de hombros. Si el señor así lo quería, así sería.
-De acuerdo.
Enrolló un pañuelo que tenía bordado su nombre y se lo ofreció para morder. Le pidió a Arnulf que lo sostuviera y no permitiera que se levantara durante el procedimiento.
El capitán siguió las indicaciones y se acostó de espaldas sobre el único sofá de la sala. Su subordinado se colocó del lado de su cabeza y apoyó las manos sobre su pecho. Elizaveta retiró su zapato derecho y colocó el pie en la axila derecha del albino a la vez que tomaba su brazo derecho y tiraba levemente de el.
Fue hasta sentir el dolor cuando en verdad se puso nervioso e intentó incorporarse pero Arnulf lo mantuvo en su lugar. Llevó entonces el pañuelo a la boca para poder morder y ahogar sus gritos. Elizaveta mantuvo la tracción observando complacida como la mano lentamente recuperaba su color, entonces en un último movimiento clave pisó firmemente la axila y jaló aún más fuerte del brazo hasta escuchar un "truck" que anunció el retorno de la cabeza humeral a la cavidad glenoidea.
-¿El dolor desapareció cierto?-se sentó junto a él
-S-si...-miro y movió incrédulo su brazo
-Lo mejor que no lo muevas por dos semanas o podría luxarse nuevamente
Un click se escuchó tras su cabeza. La pistola estaba en su nuca.
-Parece que ya no te necesitamos-sonrió Arnulf.
Elizaveta palideció, cerró los ojos resignada y antes de que el teniente pudiera jalar del gatillo la puerta de la entrada se abrió de golpe.
-¡Capitán Beilschmidt!
Entró un soldado de bigote con la cara llena de cicatrices. El uniforme empapado de sangre. Tras él, un grupo de cuatro hombres entraron arrastrando a un soldado rubio. Podía apreciarse como, desde la herida en un costado, la sangre salía a borbotones.
-¡Ludwig!-El capitán Beilschmidt se lanzó sobre el moribundo, tomándolo del rostro entre sus manos.
-Nos emboscaron... las balas lo alcanzaron... Cuando me di cuenta estaba en el suelo y la sangre no se detenía ni siquiera haciendo presión...-comentó el hombre de bigote y cicatrices en la cara con un dejo de culpabilidad
-Perdió el conocimiento hace apenas diez minutos-explicó otro
-Llévenlo a esa habitación-ordenó el capitán dirigiendo con su índice
El soldado herido acostado sobre la cama solo despertó cuando el capitán lo sacudió. Estaba pálido, frío, su respiración era agitada. Apenas podía hablar. Apenas y se entendía lo que decía.
-Gilbert... Lo siento... Fui descuidado...
-¡Cállate! Cerebro de patata ¡Vas a salir de esta!
Ludwig solo sonrió de vuelta y cerró los ojos, murmuró un "tengo sed" y no volvió a decir nada. Cuando Gilbert cayó en cuenta de lo empapada que estaba la cama en ese breve tiempo, salió en pánico corriendo de la habitación hasta donde estaba la chica.
-¡Sálvalo!-exigió el albino jalándola del brazo hacia a la habitación
-¡Para que me mates después? Olvídalo-se opuso, apartándose
-Nadie te hará nada. Te doy mi palabra.
Se miraron a los ojos, él suplicante, ella valorando si podía o no confiar. NUNCA tomaba buenas decisiones, se arriesgaría a que no cumpliera su palabra pero es que sí que podía salvarlo y ahí estaba ese juramento.
Rocío alcohol sobre el moribundo. Se calzó unos guantes y se aproximó a sus instrumentos (siempre estériles). Tomó unas pinzas y regresó a Ludwig. Dos heridas de bala en el tórax, decidió echar un vistazo rápido a esas, para asegurarse que no hubiesen alcanzado los pulmones o comprometido alguna arteria importante. Observó sorprendida como las balas se habían incrustado en las costillas sin atravesarlas. Tuvo suerte. Quizás quien disparó se encontraba muy alejado.
-Necesito una vela y agua lo más pura posible. También pongan a calentar agua.
En seguida fue traída la vela y el agua.
-Capitán necesito su ayuda colóquese del otro lado. Tome esta pinza caliéntela a la llama. Cuando este la punta roja me avisa.
El costado era un desastre, allí del orificio principal brotaba mucha sangre. Con su bisturí hizo el orificio más grande hasta alcanzar a visualizar la bala.
-¡Necesito el agua YA!
Pidió que rociaran agua sobre esa herida, retiró la bala. La sangre brotó llenando el orificio de nuevo. Más agua y sucedió lo mismo. No podía encontrar el origen de la hemorragia, y ver las sabanas cada vez más teñidas de rojo la hizo dudar, no podía salvarlo.
-¡Está perdiendo sangre demasiado rápido-comenzó a explicar- sin contar la que ya ha perdido, necesitaría una transfusión y...
-Toma la que necesites, es mi hermano menor- descubrió su brazo y apretó el puño. Las venas saltaron a la vista.
- El equipo esta en mi casa
-¿Dónde es?
La chica dio su dirección y él mando a sus hombres por la máquina. Tenían automóviles, les tomaría la mitad de tiempo que ella para llegar, además la tormenta había cesado.
-Aun si regresan... Yo... No creo poder salvarlo
No se atrevió a mirarlo a la cara. Estaba avergonzada. Le sabía bastante mal no poder hacer nada. Odiaba ese sentimiento de impotencia.
-No me digas eso...Es... Mi hermano... lo único que me queda... lo perdimos todo en la guerra...-pasó una mano por el cabello de su hermano apartando los mechones húmedos de su frente
Estaba llorando, era la primera vez que ella veía a un hombre llorar, especialmente alguien como él. Justo ahora no era el mismo altanero que le apunto con el arma horas atrás. Regresó su mirada al muchacho, a pesar de toda la sangre que perdió respiraba. Se sintió avergonzada, el joven luchaba por su vida y ella estaba dándose por vencida, pese a que le había enseñado a luchar hasta el último momento.
-Agua - decidió volver a intentarlo.
Y ahí estaba, a las dos en punto, una arteria mediana, de la cual la sangre fluía de manera pulsátil. Usó la pinza que Gilbert había estado calentando, la sangre burbujeo bajo ella y por fin se detuvo. Hizo lo mismo en cada agujero de bala, rocío antibiótico y luego suturó.
Auscultó con su estetoscopio al muchacho. El corazón latía con una frecuencia mayor a cien, la piel del chico fría y húmeda, sus labios tan pálidos como la piel. De no ser por el movimiento de su respiración lo creería muerto. Al menos ya no sangraba.
Se dejó caer en el piso, a un costado de la del soldado Ludwig, usándola de respaldo, sus manos descansaban en sus rodillas. Pronto el capitán se sentó junto a ella. A una distancia prudente.
-Gracias
-Aún no me agradezcas-dijo ella- Falta la transfusión y ver como evoluciona
-Gracias por no rendirte
OooOooOooOooOooOooOooOooOooOooOooOooO
Gracias por leer. Sé que soy la peor escritora del mundo pero les aseguro que sigo aquí. Cada vez con menos tiempo pero con ganas de terminar las historias así tarde toda mi vida... Ok no. Espero tardar menos. Intentare subir el siguiente capítulo la próxima semana. Nos estamos leyendo! Bye bye
