Lo siento de verdad… llevo años (literal) con esta historia y casi la publico anualmente U-U, lo cierto es que nunca se cuando terminare un capitulo, la inspiración va llegando lentamente a mí entre tanto trabajo y examenes, no esperen mucha constancia de mi parte

CAPITULO III

Se detuvo frente a la habitación donde descansaba el capital Beilschmidt. La puerta era flanqueada por dos soldados malencarados que no la dejaron pasar de primera intensión, tuvo que explicar que debía revisarlo. Cerró la puerta tras de sí con delicadeza.

Él estaba acostado en la cama, sobre las sábanas blancas, calzando aún sus botas militares llenas de barro. Traía su uniforme, con excepción del dorso donde usaba una camiseta negra sin mangas. La cruz de hierro que usualmente colgaba de su cuello y descansaba en el pecho estaba sobre la almohada, encima de sus hombros. Él se cubría los ojos con la cara interna de su codo derecho y a pesar de escucharla entrar no se inmutó.

-He limpiado y cerrado las heridas de tus hombres, la mayoría están bien no requirieron antibióticos-explicó con un dejo de reclamo

-¿Y Ludwig?-pregunto sin apartar el brazo de su cara.

-La fiebre esta controlada inicié antibióticos, después de todo el procedimiento no fue del todo estéril.

-Me preocupaba que mi sangre no sirviera

-Era un riesgo, afortunadamente no hubo reacción... ¿Cómo se siente?

El por fin retiró el brazo de su rostro para mirarla, intento incorporarse pero volvió a dejarse caer en la cama.

-Aún me siento muy mareado

-Es normal, fue mucha sangre la que transfundimos a su hermano...

-Hice lo que tenía que hacer

Hubo unos segundos de silencio incómodo hasta que…

-¿A que has venido?-preguntó el capitán cubriéndose los ojos nuevamente

- Me marcho -explicó secamente

Entonces sí que logró levantarse, mareado y todo, la miro fijamente y soltó una carcajada que lo hizo perder brevemente el equilibrio, dando unos pasos torpes para recuperarlo.

-Negativo. Eres una persona importante para mi pelotón ahora mismo. Debes asegurarte que mi hermano este de pie nuevamente

-¿Disculpa? Yo no trabajo para tu gente-se acercó retadora con los brazos cruzados y el ceño fruncido

-¿Disculpa?- imitó el tono de reclamo de la chica- Te dejé vivir a ti y a esa gente a cambio de tus servicios

Elizaveta abrió la boca para reclamar varias veces sin poder generar ninguna palabra. El capitán se limitó a sonreír mientras ella salía de la habitación azotando la puerta, sumamente frustrada por el trato que había aceptado aún sin ser consciente de estarlo haciendo. Subió las escaleras hasta la segunda planta. Azotó la puerta y empezó a dar vueltas en la habitación hablando consigo misma.

-¡Me iré! ¡No puede retenerme! ¡No le debo nada!-se decía convencida-pero el muchacho Ludwig... No puedo abandonar un paciente...

Se sentó en la cama resignada e inmediatamente un pensamiento le hizo levantarse y continuar dando vueltas.

-Tal vez sea joven pero a saber cuantos a matado, es un mercenario, no puedo ayudar a alguien así.

Comenzó a amarrar sábanas llevaba tres unidas cuando volvió a detenerse.

-Estúpido juramento...-concluyó

Llamaron a su puerta e intentaron abrirla casi al mismo tiempo sin esperar siquiera que ella respondiera. La joven se apresuró a esconder bajo la cama las sabanas unidas

-Déjenme sola

Gilbert entró por la puerta sonriendo, pero no con esa sonrisa molesta que uso desde que la conoció sino una diferente, mas cálida.

-Mi hermano despertó

Estaba tan sorprendida que olvidó todo y bajo las escaleras corriendo tras él.

La habitación era completamente diferente al día en que extrajo las balas de su cuerpo. Ahora no había una sola cortina, en consecuencia la luz iluminaba cada rincón, las sábanas blancas habían sido cambiadas recientemente y las cosas innecesarias fueron desechadas de la habitación. Solo existía la cama un ropero y una mesita de noche al lado izquierdo de la cama. El muchacho se encontraba sentado, apoyando su espalda en múltiples almohadas (probablemente las de toda la casa) miraba por la ventana. Extremadamente pálido y ojeroso.

Giró su vista a los recién llegados cuando estos entraron por la puerta sin decir nada.

-¡Hey! ¿Cómo estás?-preguntó el albino en una actitud diferente

-Avergonzado-respondió para sorpresa de los presentes

-No...

-Abrir el frente oeste era mi obligación... Y solo conseguí que me hirieran y el pelotón se retirara... Debieron dejarme morir

-¡No digas tonterías! Sabes que tu vida es más importante

-Solo para ti... El resto de las personas preferirían ese frente abierto que a mí con vida.

El capitán lo miro fijamente, con su labio inferior temblando por la veracidad de aquel comentario. Fueron semanas de preparación para ese momento, incluso iban ganando, debían continuar, era lo correcto, si hubiesen herido a cualquier otro hubiera continuado. Ludwig pareció leer sus pensamientos y apartó la vista de su hermano desconsolado.

-Mucho gusto soy Elizaveta Hedervary, su médico, debo revisarlo-intervino para desviar el tema

El joven solo asintió sin decir nada. Se inclinó hacia delante para que la médico pudiese auscultar sus pulmones y corazón. Revisó sus heridas. Su temperatura. Todo estaba bien.

-Por ahora se encuentra estable-explicó mirando al capitán luego se dirigió al menor-Eres un muchacho sano y fuerte, pocos viven para contarlo, se cuidadoso

Guardo sus instrumentos en la maleta y procedió a salir. Gilbert la alcanzó unos cuantos pasos fuera de la habitación. En el pasillo. La detuvo del brazo.

-Estoy en deuda contigo, gracias

-Hice lo que tenía que hacer-lo citó a el mismo

El albino parpadeo unos instantes y luego soltó una carcajada entendiendo la referencia. Le dio unas palpadas en la espalda algo torpes y entró a la habitación nuevamente con su hermano.

Al llegar la noche Elizaveta ya se encontraba muy lejos de aquella casa, robo el caballo del hombre que fue por ella para curar a la pequeña. Toda la familia había sido expulsada junto con el sacerdote cuando el hogar se volvió un campamento militar, sea como sea, no tener casa era mucho mejor que estar muerto y si seguían vivos era gracias ella. Su consciencia iba tranquila.

Cuando llego a su casa dejó el caballo en la acera atado a una reja, se aseguró de que tuviera suficiente espacio para dormir y de que en caso de que lloviese no se mojara, al entrar a su casa, las luces de la sala estaban apagadas, así que avanzó con cautela, se quitó los zapatos intentando no hacer demasiado ruido.

Justo cuando estaba cruzando la sala la luz se encendió

-Te vas sin avisar, regresas una semana después y entras a tu propia casa como si fueras un ladrón

La chica, con las mejillas encendidas, abrió la boca para excusarse pero simplemente no salieron las palabras.

-Te desconozco, Elizaveta

Eso es todo por hoy, la buena noticia es que tengo empezado ya el siguiente capítulo. Besos