Capítulo IV
Un soplo de vida
-¡Roderich!-mira nerviosa a todos lados- ¡Puedo explicarlo!
El moreno se pellizco el puente de la nariz, suspiró, contó hasta diez mentalmente y le hizo un ademán a la chica de que se sentara junto a él en el sofá.
-Explícalo entonces-le concedió la palabra
Ella empezó a explicarle acompañando sus palabras con ademanes exagerados que en mas de una ocasión tuvo que esquivar. La escuchó casi sin parpadear asintiendo con la cabeza cada vez que era necesario, la chica le explicó todo con tanto detalle que tardo casi una hora.
-Vaya...- respondió mas por reflejo que por que quisiera agregar algo.
Meditó un momento lo que la chica le contó. Ella esperó ahora, temerosa de lo que pudiese decirle. La opinión del chico pesaba mucho.
-Nunca te mentiria
Agregó ella sacándolo de sus pensamientos, él la miró con ternura y negó con la cabeza.
-Yo se que no-se levanto y le dio un beso en la cabeza puede que para demostrarle que no estaba enojado
-Venga es muy tarde, vamos a dormir
La historia entre ambos comenzó hacía mas de tres años cuando acababa de dejar Austria para seguir su sueño de ser concertista. Elizaveta siempre bromeaba diciendo que el destino los tenía reservados el uno para el otro como en un cuento de hadas. El pensaba lo mismo.
Solía tocar el violín en la calle para juntar dinero y mantenerse fuera de su país natal. Ella acostumbraba ir al parque a leer pesados libros de medicina y relajarse escuchándolo. Un día, inevitablemente la curiosidad de ambos por saber quien era el otro terminó por provocar que entablaran una conversación que duró toda la tarde. En menos de lo que pensaron ya eran amigos y cuando el padre de Elizaveta se fue un día sin explicar nada a su hija, él se quedó para hacerle compañía.
Como cada mañana despertó antes que Elizaveta, salió con cuidado de la cama para no despertarla y se arropó con una bata que tomó de una silla cercana. La chica giró en sueños, el se limitó a observarla, aun rondaba por su cabeza todo lo que le contó a su regreso. Ni siquiera pudo conciliar el sueño adecuadamente por pensar tanto al respecto.
Abajo en la cocina preparo café, uno muy cargado para él para Elizaveta uno con vainilla y crema para hacerlo espumoso y dulce como le gustaba. Se rió por conocer tan bien los gustos de alguien que no fuera él, perdiéndose unos instantes en sus memorias con la vista clavada en la solitaria taza del otro lado de la mesa, suspiró nostálgico antes de tomarse el resto. Lavó su taza mientras valoraba si mandar o no esa carta que escribió en la madrugada mientras esperaba a la joven. Camino a la salida se abrigó y salió sin dejar nota. Despejaria su mente caminando.
Elizaveta se estiró en la cama, con su brazo derecho intento alcanzar a Roderich, pero por mas que se estirara no lo alcanzó, no le quedó mas remedio que abrir los ojos y comprobar que estaba sola.
-¿Rode?-preguntó en voz alta hacia el baño.
Normalmente el joven esperaba que despertara leyendo junto a ella, acostado en la cama y con su café favorito en la mesita de su lado. Esta mañana no hubo nada, el chico ni el café. Bajo las escaleras extrañada pensando que probablemente si se había enojado con ella por desaparecer una semana. Se alegró un poco al ver su café en la mesa, luego casi lo escupe cuando se percata de lo frío que estaba ya sin espuma.
Eran casi las cinco de la tarde cuando el chico simplemente no regresaba, ella estaba preocupada por que el joven no era muy "ubicado" y solía perderse con facilidad.
Aunque espero casi media hora mas antes de entrar en pánico, sus sospechas se hicieron evidentes cuando el sol empezaba a ocultarse. Tomo su abrigo y salió corriendo a buscarlo antes de que anocheciera. Estuvo dos horas fuera buscando lugares que el joven frecuentaba, lo encontró frente a la oficina de correo sentado en una banca, leyendo tranquilamente un libro con un paquete abierto a su izquierda.
-Me tenias preocupada -se sentó junto a él
-No es como que hayan pasado semanas-se burló
-Si tuviera la misma orientación que tu ¡seguro hubieran sido dos meses!-repeló con un puchero
El soltó una carcajada y le pasó el brazo al rededor de los hombros, ella se dejo abrazar y se acomodo entre sus brazos con naturalidad.
-¿Cómo terminaste aquí?
-Salí a dar una vuelta, y cuando me di cuenta estaba perdido, vi la banca y decidí sentarme a esperarte.
-¡Eres un Desvergonzado!-le dio un suave puñetazo en el hombro.
El se rió, eso era lo que le agradaba de la chica, le contagiaba de vitalidad y energía, por una razón que ni siquiera el comprendía, le toleraba cosas que a nadie mas, por ejemplo ese golpe.
-¿Que te parece si vamos a la pastelería?
-¿En serio?-lo miró con los ojos muy abiertos, como si tuviera tres cabezas -Nunca me dejas comer cosas dulces después del ocaso.
El apretó los ojos, pensando que en efecto, mas dulce es mas energía y la chica andaría de escandalosa hasta altas horas de la noche, pero haría una excepción.
-A veces... Hay que romper las reglas-se encogio de hombros
-Sabrás tu de eso-lo miró pícaramente y el se sonrojó
Esa era Elizaveta, la excepción de la regla, la chispa que encendió su vida otra vez. La persona que lo quería tal cual era, quien le enseño a quererse a si mismo. La jaló de la mano suavemente para que se levantara, ella estaba tan impresionada por estar a punto de romper una regla que el mismo había hecho que no se puso a pensar a donde iban, varias cuadras después notó que no conocía los alrededores.
-¿Estas seguro de que es... Por... Aquí?-se pegó mas a su brazo pues la gente los empezaba a mirar raro
-Obviamente no-se detuvo en seco
-¡Rode! ¡Te pasas! De verdad creí que esta vez sabías a donde íbamos
La calle donde se encontraban era oscura, sucia, con una cantidad moderada de ratas que paseaban de alcantarilla a alcantarilla, no olía muy bien. Sin embargo, nada se compararía con lo que encontraron al doblar la esquina
Un grupo de militares sacaba personas de un viejo edificio, la mayoría no oponían resistencia, pero algunos hombres y niños pequeños se negaban a entrar a los camiones sin el resto de la familia, siendo golpeados sin piedad y medio inconscientes obligados a abordar los camiones.
Un hombre se negó a entrar, señalaba y gritaba al interior de edificio, aunque recibió múltiples patadas que lo doblaron y tiraron al piso, no consiguieron meterlo al vehículo. Unos instantes después salían dos soldados con una mujer embarazada.
-¡Doria!-gritó el hombre intentando llegar a su esposa pero los militares no lo permitieron
-¿Ella es la razón por la que te niegas a seguir órdenes?-preguntó un hombre de unos cincuenta años. Sonriendo por encontrar por fin una debilidad en aquel hombre.
Elizaveta reconoció el uniforme enseguida.
-¡Por favor! Es mi esposa! Esta apunto de dar a luz
Aquellas palabras provocaron que todos los presentes prestaran atención a la mujer. En efecto, se arqueaba hacía delante frecuentemente mientras su rostro se deformaba en una mueca de dolor debida a las contracciones.
-Saben que no de los que dejan niños huérfanos -comentó con desinterés el militar y se acercó a la mujer-Evitemosle la pena de crecer sin padres.
Antes de que cualquiera pudiera decir o hacer algo disparo a la cabeza de la mujer a quemaropa, quien cayó de inmediato al suelo aun con algunos movimientos espasmodicos, similares a los de los insectos después de ser aplastados.
Elizaveta ahogó un grito y posiblemente Roderich también. El esposo gritó angustiado y corrió a un lado del cadáver de su esposa. Intentó reanimarla sacudiéndola, como si aquello fuera posible y al comprender que estaba muerta se desplomó llorando sobre su pecho acariciando el abdomen globoso.
Lo levantaron entre dos hombres y toda la fuerza que parecía tener antes se desvaneció, ya no lucho mas, ingreso al vehículo y todos se pusieron en marcha.
El violinista impactado sintió nauseas y apoyando sus manos en las rodillas terminó por vomitar al mismo tiempo que se encendian lo motores del vehiculo y los militares se retiraban, manera que nadie lo escuchó. Cuando se incorporo la chica ella estaba a un lado de la mujer.
-¿Acaso estas loca?
La chica le lanzó una bota que apenas y atrapó antes de que le golpeara el rostro.
-¡Quítale la agujeta!-indicó y levantó el vestido de la mujer para colocarse entre las piernas abiertas
-¿Qué demonios haces?! Vámonos pueden regresar!-comprobo nervioso vigilando la calle por donde se fueron los hombres.
-¡Veo la cabeza! Ven a ayudarme!-ordenó, quitándose el abrigo para dárselo a un muy confundido Roderich
La chica lo situó entre las piernas del cadáver y este pudo ver como efectivamente una masa peluda se asomaba desde la vagina. Se sintió mareado y con ganas de vomitar otra vez. Empezó a ver oscuro y escuchó todos los sonidos lejanos.
-..rich!
Sentía que se desvanecía.
-¡Roderich! ¡Ya viene el bebé!- la voz de Elizaveta lo trajo de nuevo en sí, ella estaba como abrazando el abdomen de la mujer.
Entonces presionó con mucha mas fuerza el abdomen de la mujer, dejando caer todo su peso en la boca del estomago de la muerta, lo cual aumentó la presión intraabdominal y empujó la cabeza del bebé fuera de la vagina para total desagrado de Roderich.
-Y-ya... S-salió la cabeza!-confirmó el joven con sorpresa, emoción, asco y miedo a la vez.
-Gira la cabecita a la derecha como si mirara el suelo! Y jálalo hacia tí!
-¡No voy a tocar eso!-se levantó
- Puede sobrevivir hasta 5 minutos después de que la madre muera! Rápido o de verdad morirá!
Aun pensando que el bebe seguro ya estaba muerto, atiende las instrucciones mientras la joven vuelve a presionar el abdomen así que unos segundos mas tarde Roderich tiene un bebe morado y blandito en sus brazos. La chica se lo quita de las manos para secarlo y frotarlo con su abrigo.
-Ata las agujetas en el cordón umbilical!
Roderich atiende cada instrucción de manera automática sin pensar mucho, impactado por lo que estaba pasando.
-Vamos, vamos, vamos...-continua su labor pero con cada segundo que pasa su voz se va quebrando
-Eli...-la mira hacer sin saber como ayudar y sin poder evitar pensar que ese bebe ya esta muerto.
-Respira bebé, RESPIRA!-sigue a lo suyo mientras lágrimas escurren sin control de sus ojos
-Eli...-se arrodilla junto a ella y detiene la mano que frota vigorosamente al bebé-Está muerto...
Y ella escondió el rostro en el pecho del joven, sosteniendo aún al bebé contra su propio pecho, envuelto en el abrigo. El los abrazo protectoramente. Con su corazón latiendo rápido por todo que había pasado, conmovido por verla llorar como si aquella criatura fuese suya.
Ella se aparto de golpe y lo miro con los ojos abiertos.
-¡Se movió!-miró al bebé entre ellos
El bebe seguía morado, con sus ojos cerrados y la carita hinchada.
-No creo que...
Y se quedo mudo, pues el bebé comenzó a llorar con un llanto débil, que fue aumentando. No podían creerlo el bebé lloraba, se movía tomaba bocadas de aire, respiraba, VIVÍA.
-¡Tenemos que llevarlo a casa! Necesita un lugar caliente! ¡Sostenle!-se lo pasó a Roderich -mételo entre tu abrigo y tu.
No muy seguro de abrazar un bebe "sucio" obedeció contagiado con la alegría de aquel milagro. Sintiendo el bebé moverse contra su pecho, vivo, contra todas las posibilidades provocó un sentimiento que por aquellos tiempos era muy difícil de conservar.
Esperanza
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Bueno hasta aquí este capitulo, me costó bastante terminar, básicamente fue una introducción de Roderich y su relación con Eli en la historia.
Un poco de ficción un poco de realidad en el parto de la mujer muerta. No lo intenten en casa xDDD
Gracias a Madelain, Tomato49 y AraXD27 por sus review, me motivan para esforzarme con los capítulos y subirlos mas rápido
Les invito a leer mis otras historias, estoy trabajando tambien en el siguiente capitulo de Manzana Podrida, es que comence a escribir sin la trama completamente pensada, por eso voy tardando algo en subir los capitulos
