Capitulo V

Aún le temblaban las manos y el resto del cuerpo por todo lo acontecido hace tan solo unas horas. Se esforzaba en concentrarse en la lectura de su nuevo libro, pero su mente traidora lo llevaba una y otra vez a revivir aquella escena dentro de su cabeza y apesar de ir por su cuarta taza de té, no se sentía mas calmado. A estas alturas se preguntaba si algún día lograría relajarse y olvidar lo vivido en aquel barrio viejo. Como deseaba no haber salido aquella noche. No ir a la oficina de correos.

Miró al bebé, enrollado en una cobija, durmiendo a su lado después de que decidieran alimentarlo provisionalmente con agua azucarada. Acarició la mejilla de la criatura con su dedo índice, y de pronto ya no le pareció tan malo pasar por todo aquello.

Elizaveta entró a la casa con una sonrisa de oreja a oreja, seguida de una mujer rubia, alta, de cabello corto y grandes pechos, quien tímidamente la siguió cerrando la puerta tras de sí.

-He encontrado una nodriza para Roderich II-explica muy orgullosa haciendo que la rubia diera un paso adelante buscando con la mirada al pequeño.

Levanta una ceja por el nombre del bebé, cayendo en cuenta que de tan conmocionado estaba ni cuenta se había dado de que era un varón.

La nodriza camino en automático hacia el bebé, cargándolo de inmediato apoyándolo sobre su pecho, sus ojos se volvieron vidriosos y comenzó a llorar en silencio. Elizaveta le abrazó para animarla, la rubia se sorbió los mocos y se disculpó por el comportamiento. Sin dejar de abrazar al bebé.

Roderich caminó a la cocina y le hizo una señal discreta a Elizaveta para que lo alcanzara. Una vez ambos dentro cerró la puerta para tener mas privacidad y decidió aclarar algunos puntos.

-¿Quién es ella?

-Ya te lo he dicho antes, es la nodriza

-¿Pero quien es?

-Yekaterina Braginskaya. Su hijo nació muerto hace tres días

Con sorpresa el muchacho volteó a ver a la joven a traves de la ventana circular de la puerta mientras Elizaveta le contaba mas detalles sobre Yekaterina.

-¿Es de confianza?-se sorprendió así mismo preocupado por la seguridad del bebé

-Totalmente, la madre superiora ha hablado muy bien de ella, es una novicia, decidí ir al convento por ropa -levantó una maleta y la puso en la mesa a la vista de ambos-la gente hace donaciones de caridad en especie

Empezó a sacar ropa de bebé, claramente de segunda mano, pero ropa bien conservada. Algunas prendas muy bonitas.

-¿Por qué una monja estaría embarazada?-continuo desconfiado

-Es la sobrina de la madre superiora, su madre la corrió de casa cuando supo que estaba embarazada, su novio desapareció antes de saber que estaba embarazada, no se habían casado aún. Le fue mas fácil apoyarla así como novicia.

Se rascó la barbilla meditando al respecto sobre la nodriza.

-De acuerdo, el pequeño Roderich necesita comer y no es como que tengamos mas opciones

Curioseo en la bolsa y encontró en el fondo una carta bastante doblada y maltratada procedente de Berlín

-Es de mi padre...

No dijo nada, después de todo entendía como se sentía la chica, su padre llevaba años sin comunicarse con ella.

-¿Ya la abriste?-le dio la vuelta notando el sello intacto

Ella se recargo en la mesa dándole la espalda.

-No se si quiero...

-Por algo la trajiste a casa

-Ha sido un error-le arrebató la carta de las manos y prendió la estufa con claras intensiones de quemarla

-Elizaveta Hedervary!-reprendió recuperando la carta- Debes de leerla y ya después si quieres quémala.

La muchacha lo meditó un momento. Valoró algunas cosas y aún renuente aceptó.

-Pero léela tu

El moreno abrió el sobre lentamente pues el contenido se le hacia pesado para ser solo una carta. Ajustó sus lentes con un grácil movimiento y comenzó a leer, inexpresivo. Al terminar se quedó en silencio digiriendo la información.

-¿Qué dice?-preguntó ansiosa

- En resumen quiere verte y ha mandado los boletos de tren

El capitán entró en la sala de juntas y todos los presentes dirigieron su vista hacía él. Mantuvo la frente en alto tratando no lucir nervioso o preocupado, pero sus ojeras marcadas y escleras rojas delataban la noche de insomnio que pasó.

Sus superiores lo esperaban al rededor de una mesa. Rendir cuentas con el führer no hacía mas que aumentar la tensión. Mirarlo al centro de todos y saber que estaba ahí para reportar como falló LA MISIÓN le provocaba escalofríos. Tragó saliva.

Su hermano esperaba fuera de la sala de juntas, aún cuando no pudiera entrar no planeaba dejarlo solo pues se sentía responsable, desde un principio se consideraba el único culpable del fracaso de la misión, por mas que su hermano lo negara.

Uno a uno los capitanes fueron leyendo su informe al führer, Gilbert rogaba que su turno no llegara nunca, secretamente esperaba un ataque de los aliados como oportunidad perfecta para salir de ahí pues su jefe tenía un humor horrible y aunque ahora estuviese tranquilo escuchando los demás reportes estaba seguro de que al escuchar el suyo explotaría.

No tardo en escuchar los gritos, unos segundos después empezaban a salir algunos subjefes de menor rango, trato de espiar dentro de la sala de juntas para ver a su hermano, pero la mayoría de los que salían eran tan altos como él y cerraron la puerta.

Una vez que los gritos cesaron salió Gilbert, cabizbajo.

-Hermano...

Era custodiado por otros dos capitanes, sabía lo que significaba.

-Pena de muerte para los traidores- aclaró uno de ellos

Ludwig palideció.

-¡No es ningún traidor!

-Desobedeció una orden directa del führer cuando se retiró del campo de batalla costandole una victoria valiosa-explicó un capitán

-Déjalo asi, Ludwig, lo importante es que estas vivo-despeinó su cabello como cuando era un niño.

No podía parecer menos una despedida.

El joven se contuvo de iniciar una pelea por su hermano, observó como empujaban a Gilbert rumbo a las celdas y se limitó a apretar los puños, no estaba en condiciones físicas para ganarles. Miró la puerta cerrada de la sala de juntas. Solo quedaba una opción. Tenía que intentarlo.

Fue empujado a la celda como si fuese un delicuente, no le tomaba por sorpresa la actitud de sus compañeros, hasta cierto punto los entendia, esa retirada fue mas relevante de lo que parecía al principio, terminó por desencadenar una ola de eventos desafortunados para el eje. Incluso cuando comenzaron a golpearlo sentía que lo merecía pero no se arrepentía, lo volvería a hacer cuantas veces fuese necesario.

Un golpe con algo metálico le hizo perder el equilibrio y una vez en suelo recibió una oleada de patadas que le dejaron un fuerte dolor en tronco y la impresión de tener mas de una costilla rota, después de un rato se cansaron de golpearlo y salieron dejándolo completamente solo. Se arrastró hasta un rincón buscando acomodarse, ya era tarde, seguro lo matarían al amanecer.

No había pasado ni media hora cuando entró Ludwig buscándolo ansioso con la mirada.

-Hey!-lo llamó desde la ultima celda

-¡Oh por Dios, Gilbert!-se presionaba el pecho con la mano izquierda- Por un momento creí que no te encontraría-decía muy agitado

-¿Que haces aquí? No te metas en problemas...

-Al contrario, vengo a sacarte de los tuyos-le extendió un hoja

Intentó leerla pero costó un poco de trabajo leer con su ojo derecho hinchado y la poca luz

-¿Es un nombramiento?-preguntó extrañado al reconocer el format

-Es tu nombramiento

Gilbert lo miro doblemente extrañado.

-Hablé con el furer... -las cejas de Gilbert subieron hasta el techo-Bueno básicamente le rogué... Tienes varios años de servicio y en esta guerra hemos tenido algunas otra victorias importantes... Le pedí otra oportunidad para demostrar nuestro compromiso con la nación

-¿Nuestro?

-Ya no serás capitan... Ahora eres un soldado mas... Pero lo importante es que nos vamos a Auschwitz

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Lo siento este capitulo no me convenció mucho, asi que mil disculpas si quedo muy corto y resulto aburrido leerlo. Prometo lo compensare en el siguiente.

¿Por que Roderich y Elizaveta van a viajar tranquilamente en tren hasta Berlin en medio de la segunda guerra mundial? Porque YOLO

Jajaja lo siento... Mis historias siempre son históricamente infieles