No estaba muerta…. ANDABA DE PARRANDA!
Esta vez integre dos parejitas nuevas
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Capítulo VI
El viaje en tren resultó de lo más tranquilo comparado a las últimas semanas que tuvo Elizaveta. Lamentó tener que dejar al pequeño Roderich, pero a como estaban las cosas en el país, viajar con un bebé no era la mejor idea. Además se convenció de que el pequeño estaría mejor en el convento y de que Yekaterina lo cuidaría muy bien.
Observó a Roderich sentado frente a ella, leyendo ese libro con el que lo encontró el día que se perdió, llevaba más de la mitad, quería platicar con él, pero sabía cuanto le molestaba al moreno que lo interrumpieran así que decidió esperar a que terminara pero cuando cambió nuevamente la página y no pareciera que fuese a cerrarlo terminó rompiendo el silencio.
-Extraño al pequeño Roderich-intentó buscar un tema en común para comenzar.
El joven levantó la mano pidiéndole un momento, terminó la página, colocó el separador y cerró el libro.
-A decir verdad, no pensé que tuviéramos que despedirnos tan pronto-guardó el libro con cuidado en su equipaje de mano- aún así el plan no era criarlo ¿O si?
-¿Qué?-se sonrojó -¡No! Yo solo... Obvio le íbamos a buscar un hogar
Risa nerviosa
Roderich levanta una ceja pero decide cambiar de tema.
-Llegamos
La chica volteó violentamente agradeciendo el cambio de tema encontrándose con la estación repleta de personas.
Bajaron de inmediato ella observando todo y Roderich guiándola del brazo para evitar que chocara con personas.
-¡Eli mira al frente! Casi chocas con la anciana
-¿Qué?
-Olvídalo. Tomemos un taxi al hotel
Pasaron el retén de soldados sin problemas al mostrar el pase que su padre les envió para poder transitar libremente en Berlin.
Había escuchado lo que sucedía con los judíos, pero desde que comenzó la guerra estuvo tiempo completo en el campo de batalla creyendo que solo eran rumores exagerados.
Ahora comprendía cuán equivocado estaba.
En su segundo día, su trabajo era sencillo, vigilar que los "esqueletos" como les llamaban el resto de los guardias, hicieran su trabajo eficazmente y no escaparan. Dudaba que pudieran escapar, la mayoría estaban famélicos, algunos más que otros, el grado de emaciación era proporcional al tiempo llevaran ahí.
Afortunadamente su turno estaba por terminar, hizo sonar un silbato e indicó a los prisioneros que se formaran para contarlos.
Un compañero se acercó a Gilbert.
-Te llaman en las oficinas-explicó secamente
-De acuerdo… apenas iba a contarlos
-¿Cuantos recibiste?
-Doscientos treinta y siete-entregó la hoja de recepción y cambio de turno
El recién llegado ocupó su lugar y él caminó dentro del edificio, preocupado. Últimamente tenía la sensación de que fallaba en todo.
Ludwig salió de las oficinas con una tabla para escribir en las manos. Llevaba sus lentes de armazón grueso puestos y sonrió al verlo llegar.
-Ven tenemos trabajo-lo rodeo por los hombros
-Me han llamado
-He sido yo, debo supervisar la llegada de nuevos individuos, me han dicho que me ayudara quien quisiera y te he elegido a ti. Terminaremos más rápido
Asintió con la cabeza y lo siguió a un salón amplio, la puerta principal se abrió y comenzaron a entrar hombres de todas las edades, temerosos mirando ansiosos todo el lugar. Otros soldados empezaron a organizarlo por edad productiva. Arrancando niños de los brazos de sus padres y empujando ancianos para que caminaran más rápido. Era como ver el ganado entrar a un matadero.
De pronto se sintió mareado, y tuvo la necesidad de salir un momento a tomar el aire.
-¿Gilbert está todo bien?
-Si... Solo… un poco de vértigo… comienza tu, ya te alcanzo-salió rápidamente reprimiendo las nauseas
Solo dos días y ya detestaba aquel lugar ¿Por qué era el único que se incomodaba con el trabajo, mientras el resto, incluso su hermano se comportaban como si estuvieran organizando un librero? ¿Qué le sucedía?
Había matado decenas de hombres en el campo de batalla y no tenía ningún remordimiento pero desde que su hermano estuvo a punto de morir empezó a valorar más la vida. ¿Por qué estaba sucediendo todo esto? ¿Acaso no eran ellos también personas? Estaban tratándolos peor que animales.
Ludwig regresó con los prisioneros, miró su reloj y se programó mentalmente para terminar a más tardar en una hora, tenía mucha hambre y el día en especial fue agotador. Comenzó a apuntar los nombres de los hombres en edad productiva junto con sus edades en uno de los cuadernos donde estaban los registros.
-Lovino Vargas-recitó su nombre un muchacho castaño
Ludwig lo apuntó con desinterés cuando de pronto su lapicero resbaló de sus dedos y cayó al piso. Se apuró a levantarlo pero otra mano lo alcanzó al mismo tiempo. Alzó la vista y se topó con unos ojos color miel que le provocaron escalofríos. Era el siguiente en la fila.
-Feliciano Vargas
Aquella voz le provocó una sensación extraña en su estómago, clavó su vista en los registros sin atreverse a mirar de nuevo aquellos ojos. El joven fue guiado a otra sala y Ludwig se atrevió a verlo de espaldas sin entender que había sucedido.
Para cuando regresó su hermano le pidió que continuara con los registros y él se desplazó a la otra habitación como atraído por un imán, sin entender que le llamaba la atención de aquel muchacho.
Grave error, en esa habitación estaban entregando su ropa y pertenencias para usar la ropa de la prisión. Así que básicamente cuando entró Feliciano se desnudaba junto a su hermano que para sorpresa de Ludwig era su gemelo. Su piel se veía suave y tersa como la piel del durazno, no parecía polaco, menos judío. Aguantando el aliento observó como la ropa se deslizaba sobre su piel, su abdomen plano ligeramente marcado y sus caderas estrechas. Una vez que quedó completamente desnudo y se volteó hacía el, fue que Ludwig quedo bastante convencido de que era judío.
Cuando Lovino le hizo una seña a Feliciano para voltear hacia él comprendió cuanto estuvo mirando sin discreción al muchacho. Avergonzado regresó a la habitación contigua con su hermano. Sentía sus mejillas encendidas, su corazón latiendo de prisa. Y la imagen de aquel judío aún en su cabeza.
-He terminado
Se sobresaltó al escuchar a su hermano, pero se relajo al reconocerlo y de que en realidad no había forma de que alguien pudiera saber justo lo que pensaba. Archivó el incidente en la carpeta mental de "no significa nada"
-Date prisa, aún no es tarde para festejar
-¿Eh?
-¡Tu cumpleaños hombre! ¡Apúrate a firmar tu salida y nos vamos!
Elizaveta súbitamente intento echarse a correr justo frente a la entrada del restaurante. Roderich la atrapó al vuelo forzándola a mantenerse en su lugar. Afortunadamente no había nadie afuera.
-¿Qué haces?!
-¡Fue un error! ¡No debí venir!-se soltó del muchacho
-¡Debiste decirlo antes! Pero ya estamos aquí y viajamos mucho. No puedes cambiar de parecer ahora
-¡Si puedo! Es mi derecho-sintió como las lagrimas comenzaban a asomarse en sus ojos
Aquello ablando a Roderich que supo exactamente lo que debía hacer. La abrazó.
-Hey tranquila-sobó su espalda- no pasa nada, aquí estoy contigo
-Es que... hace años que no lo veo, ¡Se fue sin despedirse! ¡Eso no se hace! Me abandono... ¿Por qué?
-Pregúntale-señalo detrás de ella
Justo detrás, alto, delgado y de sombrero, con más arrugas y canas de las que recordaba, el hombre que le dio la vida, su motivación para ser médico y por sobre todo, el que la abandonó cuando más necesitaba de alguien.
-Elizaveta...
-Padre...
Slap!
Le volteó la cara con una cachetada tan fuerte que incluso le hizo perder el sombrero. El solo se llevó la mano a la cara con el único pensamiento de que su hija golpeaba fuerte.
-Supongo que me lo merecía-le sonrió y tranquilamente levantó el sombrero
-¡¿Por qué?!
La pregunta del millón, la que no la dejo dormir por varias noches. Al fin podía hacerla.
-Las musas de un hombre son espontáneas
Esquivó otro golpe. Roderich la detuvo para impedir que se lanzara una tercera vez por él
-¡No me vengas con tonterías! ¡¿Por qué?! ¿Fue por mí? ¿Era una carga?
Su rostro se puso serio.
-Tenía un sueño y lo seguí, pero era peligroso y no quise ponerte en peligro. Pensé que sería solo unos días por eso no me despedí pero los días se hicieron semanas, las semanas meses y pensé que estarías molesta así que pospuse del encuentro y deje que los meses se volvieran años...-intentó acercarse a ella
La chica se alejó mirándolo con recelo.
-No eres una carga, nunca pienses eso. Eres la mujer más independiente que jamás he conocido, ¿Vamos dentro?
Roderich apretó su brazo en señal de apoyo. Ella suspiró y lo siguió dentro.
Una mesa con abundante comida y un mesero propio los esperaba. El estomago de chica rugió cuando inhaló el aroma de la comida recién preparada.
Su padre le ayudó educadamente a tomar asiento, y Roderich se sentó junto a ella, más cerca de lo usual.
Iniciaron a comer en silencio, aún con tensión en el ambiente.
-¿Así que viven juntos?-preguntó el padre tratando de sonar casual
-En realidad estamos casados, pero hemos dejado nuestras alianzas en casa para evitar asaltos en el camino-tomó la mano de Elizaveta
Ella se atragantó un poco con la comida y lo miró con los ojos muy abiertos con un ligero sonrojo.
-Oh...-desvío su mirada cristalina a sus manos mientras jugueteaba un poco con sus dedos
Elizaveta analizó con cuidado la reacción de su padre, encorvado parecía más pequeño que antes. Esa expresión que mantuvo unos segundos provocó que todo el rencor que la chica guardaba empezara a desvanecerse. Simplemente no podía odiar a su padre.
-Usted ya es abuelo, señor Hedervary- continuó presionando-El pequeño se llama Roderich II
El padre miró atónito al joven y Elizaveta se había transformado en una masa roja incandescente que intentaba fusionarse con el respaldo de su silla. Solo atinó a soltar una patada al joven bajo la mesa, este disimuló sorprendentemente el dolor de la patada que atinó justo en la espinilla.
El padre continuó sumido en la sorpresa, se llevó una mano a la boca, su respiración se aceleró y antes de que las lágrimas alcanzaran a brotar pidió disculpas y casi corrió en dirección al baño.
Una vez solos y sin mesero a la vista:
-¿Qué crees que haces?!
-Le doy una lección por desaparecer tres años, ahora lamentara más el haberse marchado.
-Pues siempre le agradaste, no creo que hubiese un mejor yerno...
-No por eso, ahora sabe que se ha perdido momentos únicos e irrepetibles con su única hija-dio un sorbo a su vino
-Querrá conocer a su nieto...
-Está el pequeño Roderich
Recargó el brazo derecho en el respaldo de la silla de la joven y se inclinó hacia ella para susurrarle en el oído con una voz aterciopelada y grave que casi nunca usaba
-¿O le damos un nieto de verdad?
Elizaveta se apartó de golpe avergonzada casi cayéndose de su silla. Roderich tuvo qué sujetarla y regresarla a su lugar, muerto de risa recargando su frente en el hombro de la chica. Mientras ella trataba de apagar el bochorno de sus mejillas abanicándose con la carta. Algo sorprendida de la risa del joven.
-Desvergonzado-le reclamó pero termino riendo, porque él casi nunca reía y apenas notaba cuan contagiosa era su risa
El joven guardó la compostura de nuevo, como un hábil actor, cuando regresó el señor Hedervary pero se mantuvo sonriente. La vida con ella era más fácil.
-Eli-comenzó el padre entre suspiros-Lo siento, de verdad...
Se abrazaron, no era necesario decir nada más. Roderich desvío la vista del abrazó, debía admitir que sentía un poco de envidia. Sus padres jamás lo aceptarían ni estarían orgullosos de él. NUNCA.
Regresaron al hotel a las ocho, después de que Elizaveta y su padre se pusieron al corriente por los tres años sin saber nada uno del otro. A decir verdad, solo ella lo hizo. Roderich notó como su "suegro" hablaba de sus actividades médicas de manera vaga sin dar nombres o lugares, ni siquiera hablaba con claridad de que actividades médicas realizaba, pero en general el encuentro resultó emotivo. Sin embargo, por alguna razón, le inquietaba aquel sueño del padre que le hizo abandonar a su hija.
Terminó el libro por segunda vez, leyó nuevamente la nota escrita con aquella caligrafía apretada, abajo aparecía una dirección, con la fecha del día actual, la cita era a las ocho y pronto serían las diez.
No estaba seguro de ir.
Ella dormía. La observó largo rato. Apartó algunos cabellos de su rostro mientras ella se revolvía entre sueños y se giraba dándole la espalda.
No importar cuánto le diera vueltas al asunto siempre concluía lo mismo; si pudiera elegir, la elegiría a ella.
El taxi arribó en el "nombre del bar" estaba nervioso, y sin embargo, ya era un experto disimulándolo. Aunque era tarde sabía que seguiría ahí. Quedan pocas personas, un par de amigos ebrios en una mesa y en la barra estaba él junto a una botella vacía de adivinar que
Divagaba pensando en su mala fortuna cuando por alguna razón giró su vista a la entrada y lo descubrió aproximándose a él.
-Pensé que ya no vendrías-bebió demasiado alcohol como para sonar desinteresado
-Yo también-respondió sincero
El otro le hizo una señal para que se sentara junto a él, se veía borracho y sonrosado.
-Será que vivir en la mentira te hace feliz...-otro sorbo largo directamente de la botella.
Roderich no dijo nada, era experto en ignorar indirectas. Se sirve un trago copa vacía junto a la botella y a la copa del rubio.
-Escuche que vives con una mujer-pregunta con fingido desinterés
-Desde hace tres años-le da un largo sorbo a su copa esperando la reacción y al no encontrarla satisfecha agrega-incluso tenemos un hijo
Ahora sí que hay reacción, el joven lo mira con los ojos muy abiertos y cristalinos, traga saliva y parece costarle trabajo
-¿La quieres?-la voz entre cortada
-Como no tienes idea-afirma con seguridad
Vash es consciente de que no miente
-¡Entonces no se a que veniste!-suelta al borde del llanto
Saca la cartera, deja dinero sobre la barra y casi corre a la salida.
Roderich lo atrapa del brazo y lo jala hacia él provocando gire y queden frente a frente.
Vash esta llorando.
El moreno le sonríe con ternura y le limpia las lágrimas.
-Vine porque a ti te amo-recarga su frente en la de él
Vash sigue llorando pero ríe también, se levanta sobre las puntas de sus pies y lo besa.
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¡Muchas gracias por sus reviews Me animan a seguir escribiendo y me recuerdan que tengo capítulos pendientes. Entre mas reviews mas pronto publico los capítulos
