Despertó deslumbrándose por la luz de las cortinas. Un doctor estaba a su lado, tomando sus datos de unas maquinas a su alrededor.
—Buenos días ¿La medicina funcionó bien?
—Si—Dijo apenas acomodándose diferente en la cama a pesar de sus heridas.
—Su médico vendrá pronto para hacerle unas preguntas.
¿Él no es mi medico?
Sin deseos de preguntar algo tan trivial dejo que el muchacho saliera del cuarto. Unos minutos después llegó su doctor para hacerle las mismas preguntas, al final de la sesión le informó que ese día se trasladaría a rehabilitación. Se despidió formalmente puesto que ya no lo iba a atender y luego salió del cuarto.
Sonrió, eso significaba que estaba aliviándose. Miró hacia el techo y luego recapacito soltando un suspiro.. Significaba que ya no podía curarse más… Su memoria no iba a volver.
Se quedó pensando en lo meditaba antes de quedarse dormido, cuando menos lo pensó llegaron unas enfermeras para trasladarlo a su nueva habitación en otro piso del hospital. Con dificultad lo sentaron en una silla de ruedas y lo condujeron.
—¿Puedo acompañarlos? —Escuchó la grave voz del escritor llamando su atención.
—A..Akihiko.. —Aún era raro llamarle así.
—Escuche que te llevaran a rehabilitación—Se acercó.
—¿Es usted algún familiar?
—Soy su esposo—Dijo educadamente de una manera tan natural que sorprendió al castaño. La enfermera parecía un poco sorprendida al final sólo asintió y siguió empujando al chico.
Llegaron a su destino, un cuarto de otro color, un azul pálido y un poco más grande. Lo acercó a la cama y con ayuda del escritor lo posaron en la cama.
—Me retiro, en seguida vendrá su médico asignado—Se despidió dando una reverencia.
—Ah.. Espere ¿M..Me puede traer un espejo? —Dijo con rapidez el menor antes de que la chica se fuera, esta sólo asintió para salir por la puerta.
—¿Un espejo?
—Quiero verme—Se intentó sentar en la cama con mucho esfuerzo, inmediatamente el peliplata se acercó para ayudarlo—Quiero ver cuánto he cambiado.
—Humm—Se quedó pensativo el mayor— Para mí sigues igual de lindo que antes—Le acaricio la cabeza y puso unas almohadas en su espalda.
—Espero que no.. —Susurró cuando sintió que el mayor lo envolvía en sus brazos. Bajo la mirada y con vergüenza correspondió el agarre— Akihiko—Bajo su tono de voz.
—Dime.
—¿Qué día nos casamos?
—El 20 de septiembre ¿Por qué?
—Quería saberlo—Se separó y bajó la mirada.
—¿Quieres que te cuente?
—Si.
Antes de que pudiera decir algo entró una doctora.
—¿Usami Misaki?
¿Usami Misaki? Gritó mentalmente sonrojado y desviando la mirada.
—Si.
—Va permanecer aquí unas semanas, poco a poco va a ir recuperando toda su fuerza y sin duda todo regresará a la normalidad.
—¿P..puedo usar anillos mientras esté aquí?
—Ah.. si.
—Dame—Extendió su mano hacía el escritor a lo que sonrió divertido.
—Si, si.. —Sacó de su bolsillo el anillo dorado del menor para entregárselo.
—Regresaré en unos momentos y tendré que pedirle que se retire para ese entonces Usami-san—Dio una reverencia y dejándolos solos. El escritor se rió justo cuando salió, tomó el anillo de la mano del castaño y con delicadeza lo deslizó en su anular.
—Siempre me ha gustado verlo en ti—Suspiró—Luego no podré estar aquí… Luego te contaré, no hay prisa.
Tocaron la puerta, cuando Akihiko se levantó para retirarse notó que era la anterior enfermera con un espejo en la mano.
—Aquí tiene—Lo puso en las manos del castaño dio una reverencia y se fue. Este lo tomó ansioso sin intentar mirar su reflejo y suspiro.
—¿Nervioso?
—No… Sólo… no se que esperar..
Suspiró de nuevo y tomó el espejo frente a él. Estaba herido, unos moretes cerca de la mandíbula pero nada tan grave. Lo más importante… seguía siendo él, tenía el cabello igual de largo, ojos redondos, su rostro un poco más afilado, tenía un poco más de ojeras. Bufo y sonrió avergonzadamente.
—Siempre esperé que cuando tuviera tu edad, me vería más varonil— Se rio amargamente— Ve veo casi igual que a los 22, esperaba ver una diferencia.
El escritor le quito espejo para abrazarlo.
—A mi me pareces perfecto.
—Tonto…—Correspondió su abrazo, se sentía bien abrazar a quien sabes que estará contigo siempre. Era su esposo… Ahora era suyo.. y todos lo sabían. Sonrió escondiéndose en su pecho.
Usagi-san… Akihiko… Me alegra estar a tu lado.
Volvieron a tocar la puerta está vez no tendría tanta suerte, deshizo el agarre y se levantó de la cama no sin antes juntar unos segundos sus labios.
—Vendré más tarde. Te amo.
—Ah.. —Se sonrojo— Yo.. también.. —Terminó susurrando mirando hacia abajo, sintió una caricia en su cabello y se encamino para salir.
Saludó a la doctora que estaba por entrar y se retiro.
—Usami-san, vamos a comenzar—Dijo con una ligera sonrisa trayendo un carrito con algunas cosas.
Usami-san… Se escucha sumamente extraño.
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Después de 4 horas termino con su sesión. Estaba agotado, apenas se podía mover y le ponían a hacer resistencias con las manos, mover las piernas que estaban más afectadas de lo que pensaba, tenía una cicatriz en una pierna que cubría toda su pierna. Se miraba horrible, le daba pena mirarlo.
La doctora lo acomodó en la cama y le comenzó a ser preguntas, intentaba responderlas con las pocas energías que le quedaban hasta sin darse cuenta se había quedado dormido.
Abrió ligeramente los ojos, desconociendo el tiempo de su inconsciencia, ante la sensación de hambre, se quejó moviendo su cabeza, sintió una mano sobre su cabello.
—¿Dormiste bien?— El castaño sonrió y movió su cabeza hacia él.
—No deberías estar aquí todo el tiempo—Susurró volviendo a cerrar los ojos.
—Te cuido aunque no ayude en nada.
—A mi me ayudas—Musitó cansinamente.
Escuchó una risa— ¿Cómo estuvo la rehabilitación?
—Cansada..
Se quedaron en silencio unos segundos, el menor dejándose llevar por las caricias del escritor.
—Akihiko.. Sabes… tengo unas cicatrices muy feas—Abrió los ojos—No creo que..
—Misaki no digas eso—Le interrumpió—Te amo, no me importan unas cuantas cicatrices.
—Me alivia escuchar eso.. —Volvió a cerrar los ojos, se miraba muy cansado.
—Tonto—Le dijo con cariño—Descansa.
—Tengo hambre— Se rió ligeramente.
—Llamaré a alguien para que te traiga comida.
Después de llamar a algún encargado Akihiko esperó pacientemente mientras miraba como el castaño se quedaba dormido de nuevo. Verlo dormir era gratificante, antes de esas semanas desde que despertó, sólo lo miraba acostado, inerte y con impotencia y miedo de perderlo.
Ahora se miraba tan pacifico, y sabía que no corría algún riesgo.
El encargado puso una mesa al costado de la cama y posó unos platos de comida, la cual era la que estaba permitida para los pacientes. Fruta en un vaso, gelatina y parecía un pudin.
—Misaki—Le acarició el cabello—Ya llegó tu comida, te ayudaré.
—Humm.. yo puedo.. —Dijo con los ojos cerrados causando una pequeña risa del peliplata.
—Estás cansado, ríndete por hoy—Tomó una cucharada de gelatina y la puso sobre su boca a lo que el otro dio un bocado, masticaba pausadamente pero después de su debido tiempo terminó toda la comida.
—Gr..racias.. te lo compensare… luego.. —Susurró al borde del sueño, justo cuando sintió unos labios en su frente se volvió a quedar dormido.
Tan lindo. Pensó deseando poder acostarse junto a él, tendría que esperar hasta tenerlo en su casa. Tomó las impresiones de sus nuevos sitios donde quedarse y los colocó en una mesa a un lado de la cama luego le diría.
—Te amo—Dijo con una sonrisa tomando su mano—Recupérate pronto.
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El castaño abrió sus ojos decepcionándose de encontrarse solo en la habitación y con la luz de las ventanas apagadas. Había dormido mucho.
Suspiró y busco a sus alrededores el control remoto para la televisión. Ya no se encontraba tan cansado por lo que pudo tomarlo, cuando lo quito noto que detrás de este estaba una nota en forma de letrero donde estaba escrito "Misaki".
Dejó el control en su costado y tomó la carta.
"Misaki.
Espero que hayas durmiendo, te deje dormido apaciblemente, descansa todo lo que necesites. Vendré mañana después de tu sesión.
Te amo"
El castaño sonrió y prendió la televisión.
