Pasada una semana ya podía sentarse en la cama sin problemas, ya no era tan difícil y lo que seguir le emocionaba porque era caminar, por fin caminar. Ya no tendría que pedir que lo llevaran al baño y eso significaba que saldría pronto del hospital.
Empezaba a despertar cuando sintió que la calidez le inundaba, reconoció el tacto y se acercó hacía él.
—No te puedes subir a la cama—Susurró en el pecho del escritor.
—Pedí permiso, ya no podía resistirme a abrazarte—Los brazos fuertes le envolvieron apegándolo. El castaño suspiro abrazándolo con la fuerza que tenía.
—Sabes… hoy empezare a caminar.
—Si, me avisaron—Hizo una pausa para oler su cabello— Me da gusto.
Abrió los ojos para mirar la camisa negra de botones que usaba. Con lentitud pasó sus brazos en el cuello del novelista, este lo separó para rozar sus labios con los suyos.
—Ak..ihiko— Miró los brillosos ojos violetas del escritor mientras profundizaba el contacto sentía como sus mejillas se encendían y su corazón se aceleraba de una manera bizarra extrañaba esa sensación de nerviosismo.
Sintió la mano fría se colocó debajo de su camisa causándole un escalofrío—No.. No aquí.. —Susurró entre los besos.
—Lo sé—Le respondió tomándolo con fuerza y terminando con el beso—Pero ha pasado más de dos meses. Pero esperaré…
—Tonto—Sintió como se le incendiaban más las mejillas escondiéndose en su pecho.
—Te amo—Ante sus palabras se aferró a la camisa del mayor, lamentaba que esa fuera la manera más sencilla de decirle "Yo también". —Misaki, ocupo que me des tu opinión.
—¿En qué?
—Humm por el accidente no tenemos lugar donde vivir, tengo en mente unos lugares pero que hagas la decisión final.
—¿En dónde has estado durmiendo?
—En un hotel, de hecho está cercas de aquí.
—Debiste elegir uno hace mucho.
—Quería que estuvieras lo suficientemente fuerte como para no agotarte con esto—El mayor se levanto ayudando al castaño.
—Debiste decirme hace mucho o bien escoger uno tú—Hizo un pequeño puchero pero inmediatamente sintió los labios del mayor sobre los suyos para depositar un beso casto.
—Ya.. —Tomó los papeles de la mesa a un lado de la cama— Quiero que los veas.
Tal y como esperaba los sitios eran ridículamente grandes, con vista panorámica, de dos pisos y una habitación principal.
—¿No crees que están.. algo grandes? —Dijo dudoso.
—No me parece—Cerró los ojos posando su barbilla en el hombro del castaño disfrutando de su presencia.
Eran 5 sitios, todos igual de grandes y elegantes, pisos de madera, cocina de mármol…
—Cual sea me gusta—Le entregó los papeles.
—Quiero que elijas uno—Susurró con los ojos cerrados devolviendo los papeles y abrazando la delgada cintura de su querido.
El ojiverde un poco frustrado prestó más atención en los lugares, sobre todo en el dormitorio que tal parecía era obvio que compartirían.
—Este—Separó un documento de todos para enseñárselo a Akihiko, no tenía nada muy especial de los otros sólo le había gustado un pequeño detalle de las puertas—Pero… estas seguro, se mira muy costoso…
—No te preocupes la mayor parte del dinero viene del seguro del anterior departamento.
—Ah… está bien…
Poco tiempo después tuvo que irse el peliplata para comenzar con la sesión de ese día, pero por mientras él estaría ocupado haciendo el papeleo de arrendamiento definitivo y cancelar los otros cuatro, después de todo en los cinco ya tenía todo el papeleo en orden. Tampoco tenía cosas tendría que ir a comprar luego o mejor contratar a alguien que las compre.
Suspiró profundamente, le gustaba comprar cosas… más bien comprar cosas con Misaki. Sin embargo, no podía darse ese lujo, apenas se podía levantar y cuando saliera de la rehabilitación lo menos que quisiera es que estuviera dando vueltas para hacer algo tan trivial como lo es comprar inmobiliario.
Buscó en internet un buen decorador, se encontraba en un café cercas del hospital con su laptop, era de las pocas cosas que aún tenía. Después de encontrar algunos números, cerró las ventanas y miró la imagen que tenía de fondo, era de su esposo con una yukata, estaba sonriendo mirando hacia la cámara, era de noche pero se miraba la luz de los edificios y la luna resplandeciendo en el mar. Sin duda había sido una buena foto.
Se quedó embobado mirando la inocente mirada verdosa, el era su vida, después de tantos años ya no recordaba el cómo era sentirse solo y desdichado y francamente no deseaba saberlo, recordó la horrible sensación cuando se enteró sobre el accidente. Se encontraba en de viaje en Okinawa cuando recibió la noticia, las lagrimas escaparon y el aliento se le iba, su corazón no paro de estrujarse contra su pecho hasta cuando le dijeron que estaba estable, casi una semana de agonía.
La culpa parecía no acabar, cada vez que lo miraba… Tan indefenso. El que no recordara unos años no le parecía tan trágico, seguía siendo su Misaki, seguía siendo totalmente suyo.
Volvió a suspirar cerrando la laptop tomó un sorbo del café y sacó su celular para realizar las llamadas correspondientes.
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Ya pasados algunas horas desde su sesión y la oscuridad empezaba a inundar su cuarto, ese día se sentía feliz de por fin levantarse de la cama, lamentablemente, de nuevo estaba postrado en la cama, adolorido de las piernas. No había mucho que hacer en el hospital más que prender la televisión y esperar a que prendieran las luces y trajeran su comida, siempre tan insípida la comida del hospital.
Viendo la televisión se daba cuenta del tiempo que no recordaba, ahora bastantes programas que no conocía, y los que veía ya se habían acabado, por ejemplo "The Kan" eso le causaba una cierta tristeza. Luego recordó a Ijuuin-sensei, Toudou, Kaoruko, Sumi-sempai… Su hermano, Mahiro.
¿Qué habrá pasado con ellos? Era la primera vez que lo pensaba con tanto detenimiento.
Cerró los ojos angustiado para después despabilar sus pensamientos, en ese lugar no era bueno atormentarse por eso, luego tendría tiempo para averiguar que habrá pasado con ellos.
Escuchó como abrieron la puerta, abrió los ojos y sonrió a ver quién era. Podría parecer que lo hostigaba mucho pero a él le gustaba que lo visite tan seguido.
—Te traje algo, ya pedí permiso—Dijo Akihiko prendiendo las luces, notando que tenía una pequeña magdalena con moras acercándose para sentarse a su lado. Ayudándolo a incorporarse.
—Gracias, la comida de aquí no es la mejor—Se acomodó mejor en el pecho del escritor a lo que sitio que lo abrazaba por detrás, mientras miraba su bollo con cuidado—Humm.. Tengo algo curiosidad ¿Qué paso con todos?
—¿Todos? Dime de quien quieres que te hable, no quiero abrumarte mucho.
—Pues.. Nii-chan, y su familia.
—Ah… ellos están en América, como se puede esperar él está preocupado por ti como era de esperarse.
—¡¿En América?! ¿Por qué?
—Tuvo una mejor oferta de trabajo, la pensó un tiempo pero al final decidió irse al parecer va a ser gerente de una comisión en ese país, pero no estoy del todo seguro, eso paso hace dos años. Nos hablaba cada semana, lo último que supe de él… es que ya se estaba acostumbrando a la vida allá.
—Ah… Qué bien—Sonrió, una ligera tristeza nació en él, le hubiera gustado recordar todo eso—Me da gusto..—Le dio un pequeño bocado al panecillo— Me gustaría hablar con él.
—Me llama cada dos días para preguntarme por ti—Hizo una pausa—Aún no le he dicho sobre que no recuerdas desde hace 6 años.
—¿Es necesario decirle?
—Yo lo creo importante.
—Pero, el tiene su vida allá… Sí le decimos se preocupará en vano—Dijo cabizbajo.
—Eres su hermano.
—El ya es mayor y yo también.. No quiero que sepa.
—Está bien, es tu decisión—le besó el hombro acomodando su barbilla él—Tendrás que hablarle muy pronto, querrá escucharte.
—Si—Asintió dándole otra mordida al bollo. El escritor sonrió y acarició su mejilla.
—¿Cómo estuvo tu sesión de rehabilitación? No te ves tan cansado como es usual.
—Estoy bien, me siento con energía.
—¿Te sientes de humor para ir al jardín?—Le susurró en el cuello.
—¿Hay un jardín? —El ojilila sonrió y asintió—Si, me gustaría. Me siento atrapado aquí.
—Vamos entonces—Se separó con cuidado y se levantó—Traeré una silla de ruedas.
—¡M..me gustaría caminar! —Dijo antes de que se fuera, el mayor sonrió y se acercó para abrazarlo ligeramente, cerró los ojos cuando sintió sus labios contra los suyos.
—No—Se separó de él sorprendiéndolo con la respuesta—En el patio caminaras un poco, pero no te sobre esfuerces.
—La doctora dijo que estaba mejor de lo que pensaba..
—Por eso no quiero que te lastimes, ahorita vengo—Salió del cuarto sin que el oji-verde dijera algo más. Hizo un ligero puchero y se acercó al filo de la cama, se apoyó con sus pies sintiendo el piso tan frío logrando que le diera un escalofrío, con la vista busco sus pantuflas y se las puso.
Unos segundos de espera después llegó el peliplata con la silla de ruedas, entró al cuarto y cargando al castaño lo posó en la silla. Sin decirse mucho salieron de la habitación, el ojiverde estaba extasiado de por fin salir de esa odiosa prisión de 4 paredes blancas, que a pesar de que los pasillos también lo eran, cambiaban su entorno.
Subieron en un elevador junto con más gente, se puso nervioso por un segundo, estaba tan acostumbrado a esconder la cercanía que tenia con el escritor que no lograba asimilar la idea de que todos sabían que eran… esposos.
Miró su anillo y suspiró.
—¿Te sientes bien?
—Si, no te preocupes—Dijo rápidamente.
Salieron del elevador en un piso con paredes de cristal con vista a lo que parecía Tokio, además tenía su propio jardín con todo tipo de flores y pasto con caminos de roca para cruzar en silla de ruedas sin dañar nada.
—Wua…—Sonrió mirando la hermosa escena frente a él. Miró para el techo para percatarse que era el último piso porque efectivamente tenía el techo de cristal con vista al cielo el cual estaba atardeciendo— Gracias por traerme aquí.
—Me da gusto que te guste—Se posó frente a él y le tomó de las manos—Dijiste que querías caminar, te ayudaré.
Misaki sonrió abiertamente y tomó con fuerza las manos de su casero. A penas daba algunos pasos con ayuda, sin embargo era sumamente gratificante el estar de pie parecía como que estaba más alto, sin necesidad de poner en puntas podía recargarse en el hombro del escritor, no era mucha la diferencia, aunque eso no evitaba que se alegrara, sintió el pasto en sus pies caminó unos cuantos metros con ayuda del pelipata, lamentablemente se canso muy rápido, el mayor lo tomó en sus brazos para ponerlo de nuevo en la silla el escritor le dio un pequeño beso en su mejilla enrojeciendo al castaño. Si todos ya sabían que eran esposos no había por qué avergonzarse, aun así no podía evitarlo.
—Sabes—Pronuncio suavemente tomando la silla para seguir con el recorrido—Ya es nuestro ese apartamento.
—¿EH? Pero tu acabas, en esta mañana…
—Nada más esperaban una confirmación.
Suspiro y desvió la mirada a el bello jardín que tenía a su alrededor—A veces me sorprende con qué facilidad haces las cosas—Akihiko se rio y siguió empujando.
Por lo que restaba del día pasaron su tiempo en el jardín disfrutando de las flores, el pasto, la vista y la compañía del otro.
—¿Ya te tienes que ir? —Dijo con tristeza el castaño de vuelta en su habitación, el mayor suspiró de resignación. Con cuidado puso a su esposo en la cama y se puso sobre él.
—Mañana vendré, así como todos los días hasta que te recuperes—Dijo con una sonrisa acercándose para posar sus labios contra los de él— Te amo.
El rostro del ojiverde enrojeció de inmediato y desvió la mirada—Ehm.. yo..
—No te tienes que forzar—Puso unos dedos sobre los labios del menor y se levantó.
Te amo Dijo el ojiverde en su interior ¿Por qué decir esas palabras era tan difícil?
—Descansa—le dijo desde el marco de la puerta—Yo también te amo—Sonrió y sin más salió del cuarto.
Entró a la habitación del hotel suspirando, otra vez se encontraba en ese sitio. Que no daría por poder quedarse a dormir en la habitación del castaño. Cerró la puerta y se aventó a la cama.
"Cuando regreses podremos estar todo el día juntos, Akihiko"
Escuchó en su mente las dulces palabras de su esposo a pocos días del accidente, con menos trabajo podía pasar la mayor parte del tiempo a solas pero durante unos días el menor estaba bastante ocupado, por lo mismo no pudo acompañarlo al viaje que hizo en Okinawa, y luego… Sucedió.
Se volteó mirando el techo, se quito los lentes y cerró los ojos, a pesar de todo, en ese momento se sentía mejor. Su lindo Misaki estaba bien, feliz y regresaría en dos días a su lado.
Se quedarían un tiempo en el hotel hasta que su apartamento esté listo.
