Ya por fin había pasado el tiempo necesario en el hospital, ese día Akihiko iba a llevárselo, estaba emocionado, aún seguía con su bata esperándolo sentado en su cama. Ya había ido su doctora a revisarle y para informar que ahora se mirarían tres veces por semana.
Por fin podría irse, suspiró aliviado. La puerta se abrió de nuevo esta vez encontrando a la persona que quería ver.
—¿Emocionado?
—Si, mucho—El peliplata se acercó a abrazarlo, se separó y se sentó en la cama, ya arregle todos los papeles, sólo falta que te cambies—Le sonrió acariciando su mejilla— Traje algo de ropa.
Misaki sonrió y asintió, sin pensarlo se acercó al mayor para abrazarlo de nuevo.
—¿Quieres que te ayude a cambiarte?
—¡¿Qué.. no?! Yo puedo hacerlo—Se separó y reviso la bolsa que traía anteriormente, unos jeans y una camisa casual, parecía algo que el usaría, también encontró un celular nuevo—¿Un nuevo celular?
—El tuyo se destruyó en el accidente, ocupo comunicarme contigo—Este asintió y tomó una camisa.
—¿Te quedaras mientras me cambio?
—Claro—Se puso detrás del castaño envolviéndolo en sus brazos—Te ayudaré.
Sin esperar una contra respuesta, le quitó la bata del hospital, dejándolo en ropa interior.
—¡No hagas eso!
—Misaki, no te pongas nervioso, yo ya sé cómo eres, además sólo te pondré tu ropa—Dijo con una calma sorprendente bajando el nerviosismo del castaño quien se limito a asentir.
Había una normalidad… ante esas situaciones que no sabía que pensar.
Le puso la camisa con facilidad y los pantalones, se levantó de la cama y ayudo al otro a hacer lo mismo.
—¿No quieres que te cargue?
—No, ocupo caminar para recuperarme—El otro suspiro siendo su soporte.
Al salir por las puertas del hospital sintió un enorme alivio, bajo las escaleras con cuidado y Akihiko lo condujo a su auto, que al parecer seguía siendo el mismo, vistoso y rojo.
Llegaron al cuarto del hotel, era muy amplio, tenía una cama enorme en uno de los cuartos, tenía otro cuarto en forma de recibidor y una cocina pequeña.
—¿Por qué tan grande?
—Porque sabía que vendrías—le abrazó y besó el cuello. Misaki tenía que admitir que extrañaba estar a solas con él. Sin tener tiempo de reaccionar lo elevaron en el aire, dándose cuenta que estaba siendo cargado por el otro.
—¡Puedo caminar!
—Lo sé, pero quiero llevarte—Sonrió llevándolo a la habitación central recostándolo en la cama y por supuesto sonrojando intensamente al castaño— No haré nada, sólo quiero que te recuestes—Se acostó a su lado apegándolo a su cuerpo.
—Akihiko—El rubor creció con mayor intensidad.
—Aún dices mi nombre de una manera graciosa.
—¿P..por qué lo dices?
—Porque es cierto—Sonrió cubriéndole con los cobertores—¿Estás cómodo?
—Si—Sintió una caricia en su cabello cerrando los ojos— Aún no quiero dormir.
—Podemos comer algo, hay que aprovechar el servicio al cuarto—Sonrió—Mientras vemos una película.
El castaño sonrió apegándose al peliplata, siempre estaba pensando en él.
—Estaría bien—Sin notarlo sus labios fueron apresados y fue tomado por la cintura para apegarlo más a él. En un principio era suave y lento, con toda la calma ambos disfrutando del roce. Mientras que en unos minutos fue tomando más fuego, la rapidez se hizo presente y las manos ansiosas de ambos se aferraban al otro. El escritor se posó sobre él y en pocos segundos se retiro abruptamente.
—No—Se dijo más a si mismo sentándose en la cama, estaba agitado al igual que el castaño, le miro y sonrió— Eres demasiado irresistible.
Se sonrojó con fuerza y se volteo ocultando su rostro en la almohada.
—No digas eso.
—Me encanta tus labios—Le acaricio los mechones cafés sintió su estremecimiento— ¿Qué quieres comer?
—No sé—Dijo en puchero, de alguna manera ese beso le había encendido, había pasado un tiempo (al menos para él).
—Te traeré la carta.
—Si—Sacó la cara de la almohada viendo a Akihiko sacar una de los cajones—¿Un desayuno te gustaría? Hot cakes y huevos.
—Suena bien ¿Qué pedirás tú? —Se relajo al sentir una fría mano sobre su cabello de nuevo.
—Pensaba algo más fuerte como un filete.
—¿Me darás?—Susurró.
—Claro.
Desayunó con tranquilidad y sin pensarlo el ojiverde se había quedado dormido entre las grandes almohadas del hotel. El peliplata miro que ni siquiera se había acabado su desayuno pero debía admitir que se miraba satisfecho. Quitó su pequeña mesa para hacerle más espacio al menor y siguió comiendo.
Ya satisfecho dejó los platos en el carrito del hotel y lo dejo afuera de su habitación, e inmediatamente regreso con el menor para acostarse a su lado. Prendió la televisión mientras que con una mano le hacía caricias en su espalda.
—¿Qué pasó? —Dijo somnoliento al no recordar cómo se quedó dormido. Para su sorpresa estaba solo en la cama— ¿Us.. Akihiko..? —Miró a sus costados sin encontrárselo a simple vista, no obstante se dio cuenta de que ya estaba atardeciendo. Suspiró y se acostó de perfil en su cama.
¿A dónde se habrá ido? Se preguntó bajando la mirada. Recapacito en lo que había hecho y se arrepintió dijo que no tenía sueño y lo primero que hacía era quedar dormido.
Tomó su celular para enviarle un mensaje, curiosamente el único numero que tenía registrado aún era el de su esposo.
"¿Dónde estás?"
Ya enviado inspeccionó su nuevo celular dándole un susto justo cuando el escritor contesto en pocos segundos su mensaje.
"Que bien que hayas descansado, te mirabas cansado. Fui a verificar como está el nuevo departamento, pero casi acabo te veo allá.
Te amo"
Resopló con un puchero sintiendo sus mejillas arder. Se levantó de la cama para ir al baño, le tomo un tiempo llegar y sirvió para ver la suite.
Después de su largo recorrido fue a la gran ventana admirando el paisaje del crepúsculo. Luego recordó lo que le dijo su amado.
—Akihiko—Pronunció suavemente, sonrojándose un poco.
Es normal que me cueste llamarlo así…
—A..ki..hi..ko—Repitió pausadamente.
Debo dejar de sentir pena.
—Akihiko.
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—Ya llegué—Dijo el peliplata entrando por la puerta.
—¡Ah! Bienvenido—Dijo acercándosele.
—No deberías caminar—Sin decir más lo cargo para ponerlo de nuevo en la cama.
—No.. seas exagerado—Un rubor creció en su rostro.
—Me preocupo—Sonrió logrando que refunfuñara el castaño.
—Estoy bien…—Se sentó— ¿Cómo salió todo?
—Bien, me gusta cómo va todo—Le tocó la mejilla—¿Ya no te ves cansado?
—No estaba cansado antes…
—Claro que si—Sonrió pícaramente—Por eso te deje descansar—Lo acostó en la cama posándose sobre él— Podemos divertirnos un poco ¿No crees?
—Pero…
—¿No quieres? —Preguntó susurrando en su mejilla.
—Ah… bueno… yo..
—No creas que me he olvidado de tus respuestas—Se rio.
Se sonrojó masivamente sintiendo coquillas en su cuello, de muchas maneras lo deseaba y era completamente vergonzoso aceptarlo.
—Ahumm..p..pero..
—Seré cuidadoso.
—Akihiko—Suspiró cuando sintió la lengua de su querido en su cuello.
—Ya parece que lo dices mejor—Metió sus manos debajo de la camisa del castaño causándole un escalofrío— Sólo relájate.. —Lamió el abdomen del joven subiendo con lentitud para acariciar sus pezones.
—Si.. —Respiró profundamente, sintiendo como su cuerpo aumentaba la temperatura. Era curioso su cuerpo estaba más acostumbrado de lo que creía, este se dejaba sentir el placer sin ninguna clase de remordimiento. Eso era lo que llamaban madurez.
Cerró los ojos cuando sintió los labios de su querido sobre los suyos, unas manos lo despojaban de su camisa mientras se colaban a la par entre sus pantalones.
Se sentía raro, cosquillas, nervios, placer…
¿Por qué me siento en tu merced?
Tal vez porque lo estoy…
Sin haberse dado cuenta, ninguno de los dos llevaba camisa lo que les facilitaba compartir su calor, una mano entrelazó la suya. Lo miró a los ojos perdiéndose en ellos unos instantes hasta que sin darse cuenta—Te amo—Dijo sin poderlo evitar. El escritor sonrió plenamente, le tomó con delicadeza la mejilla y lo besó dulcemente.
—Te amo tanto Misaki—Acarició su cabello y lo beso de nuevo.
Estar tan unido a él era fantástico, tanto calor… su piel le quemaba… sus besos le embriagaban, calmándolo y dejándolo sentir cada pizca del placer que sentía cuando estaba dentro de él. Una mano entrelazó la suya y la otra sostuvo su cuerpo firmemente.
Le daba vergüenza gemir, pero no podía evitarlo. Se sentía tan bien como lo embestía, como lo besaba sin dejarlo sin aliento. Estaban en la misma sincronía.
—Ahh no puedo..
—Hazlo, yo.. hgg tampoco..
—Ahh ahh—Lo capturo en un beso, movió sus caderas estaba en el éxtasis, no podía más—AHhh…—Sintió como el organismo llegó como un mar de placer envolviendo su cuerpo, era como si hubieran pasado meses sin sentir uno. De hecho así era.
Un poco después sintió como terminó dentro de él, ya estaba familiarizado con esa sensación. Mientras trataba de recuperar el aliento el mayor salió de él para acostarse a su lado. Le quito algunos mechones de su frente y sonrió.
—Eres tan lindo.
—No digas eso…—Murmuro enojado causando una risita al otro. Después sintió como lo envolvían en un cálido abrazo. Cerró los ojos pacíficamente y correspondió el agarre.
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—No ocupabas traerme a la tina contigo—Refunfuño mientras compartía la tina con el escritor.
—Te facilito el trabajo—Le puso champo en el cabello y lo abrazó por detrás—No te avergüences.
—M..me pides imposibles.. —Se ruborizó por completo bajando la mirada. El novelista tomó la llave y enjuagó el cabello.
—No tardaremos mucho.
Ya limpios y cambiados, estaban acostados en la cama. El castaño estaba sobre los cobertores justo a un lado de su esposo.
—No tengo sueño…—Susurró mirándolo.
—Yo tampoco—Lo acercó a su cuerpo aspirando su dulce aroma—¿Quieres ver el hotel? Podemos ir al restaurante.
—¿Me dejaras caminar?—Preguntó sorprendido.
—Humm Ahora que lo dices, quizás sea mucho.
—¡No! Y..yo puedo.. —Se separó y se sentó en la cama— Puedo hacerlo.
El escritor dio un suspiró y se levantó de la cama. No era una idea que le agradara mucho, hubiera deseado no haberla dicho. Volvió a mirar a Misaki, el cual estaba con sus grandes ojos esmeralda brillantes con una mirada de cachorro, con sus mejillas rosas y su cabello castaño alborotado ¿Cómo podía negarse a ese rostro?
—Está bien—Se acercó a pocos centímetros de sus labios—Pero tienes que decirme cuando no puedas caminar, sin excusas.
—Cl..claro.. —Dijo intimidado por la cercanía.
Akihiko sonrió, tenía que admitir que verlo tan avergonzado era agradable. Había olvidado esa pena tan linda que llegaba a tener.
—Vamos entonces.
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Después de unas horas regresaron a su habitación, todo había salido bien, habían comido y platicado acerca de que había pasado con el trabajo del escritor durante este tiempo, acerca de Jun y de sus nuevos proyectos, vaya sorpresa que seguía trabajando con el BL.
Llegó y se acostó en la cama cómodamente dando un largo suspiro, noto como apagaron las luces dando a relucir lo oscuro que se encontraba afuera.
—¿Cómo te sientes?
—Bien, sólo algo cansado— Giró en la cama para mirar al peliplata quitándose los lentes dejándolos en la mesa de noche—¿Siempre usas los lentes?
—Si, el tiempo en la computadora me dañó la vista—Se acomodó a un lado del castaño.
—Me gusta cómo te quedan, siempre me gusto—Susurró bostezando, sorprendiendo al otro por sus palabras supuso que se encontraba muy cansado para cuidar lo que decía.
Puso los cobertores sobre ambos y acurrucó al menor en sus brazos. Suspiró aliviado, por fin dormiría junto a él. Todo ese tiempo que estuvieron a parte fue una tortura sobre todo cuando aún corría riesgo su vida.
Pero ahora todo volvía a como debía ser… Con Misaki entre sus brazos.
