Ya había pasado más de una semana. Cada día estaba el castaño cada vez mejor, se la pasaban tranquilamente y como era usual, juntos.

El sol le daba en los ojos lo que causo que se arrugaran despertándolo molestamente, después de tantos años aún no soportaba el amanecer. Al menos no sin ayuda, tan pronto como sintió en sus brazos a su querido se relajó y lanzó un suspiro. Abrió los ojos notando que curiosamente una sección de la ventana estaba descubierta justo para que le pegara la luz del pleno día en su cara.

Sin muchos deseos de levantarse lo hizo, para cerrar esa odiosa abertura.

—Usa..gi.. —Escuchó murmurar al castaño logrando sacarle una sonrisa mientras terminaba su labor.

Usagi… Ahora se escucha bastante extraño.

Ya con la habitación en la oscuridad volvió a la cama sólo que abrazando al menor por la espalda.

Unas horas después el menor se despabilo mirando el cuarto a oscuras, pero de alguna manera sospechando que era más tarde de lo que aparentaba.

Unos brazos fuertes le dijeron donde se encontraba su esposo, sin deseos de despertarlo se libro de su agarre levantándose de la cama.

—¿A dónde crees que vas? —Escuchó la grave voz del escritor a sus espaldas.

—A..A donde más, al baño—Tartamudeo siguiendo con su camino.

—Si ocupas ayuda me avisas.

—Tonto..

Regresó a la cama acostando a un lado del peliplata.

Me siento como si estuviera de vacaciones con él. Todo el día para nosotros.
Me hace sentir… nervioso.

Una mano acarició algunos cabellos sonrojándolo.

—Akihiko—Le llamó, sabía que estaba despierto.

—¿Qué pasa?

—¿Es normal que… Estés todo el tiempo conmigo?

El peliplata permaneció un momento en silencio—¿Te molesta? —Dijo con un aire de tristeza mirándolo a los ojos.

—¡No! No es eso…—Desvió la mirada avergonzado.

Sólo siento que es muy fácil volverme adicto a esto.

—¿Piensas que sólo es momentáneo? —Dijo con una sonrisa, sacando un escalofrío del menor.

—¡No es eso!

—No te preocupes, nosotros por lo general es normal que pasemos todo el día juntos. Desde que reduje mi cantidad de proyectos al igual que tu.

¿Entonces está bien sentirme bien..? Pensó avergonzado.

—¿Te gusta?

—Humm—Bajó la mirada apenado—N.. no importa eso.. yo sólo me preguntaba porque tú estabas fuera cuando...

—Si eso—Respondió cabizbajo— No me agradó salir y sobre todo dejarte solo. No acostumbro mucho a los viajes.

—¿Por qué no fui contigo?

—Tenías un proyecto, ambos habíamos calculado que cuando regresara estaríamos los dos libres.

—¿Qué.. pasó con mi proyecto?

—No sé. Imagino que lo asignaron a otro.

El castaño bajo la mirada y asintió.

—Me hubiera gustado ir contigo.

—Ya no te atormentes.. —Le besó con calma la frente del ojiverde.

—¿Tú no estás triste porque no puedo recordar? —Cerró los ojos sintiendo como se aguaban.

—No, yo estoy feliz de que estés bien. Todos esos recuerdos te los diré poco a poco, pero no es como si fuera a acabarse el mundo, tú eres tú, eres mi Misaki y nadie podrá cambiar eso. Te amo eso jamás cambiara.

Odioso sonrojo que aparecía revelando su nerviosismo.

—Tonto…

El mayor se rió ligeramente y acarició con cuidado su cabello.

—Hoy ya estará nuestro departamento, debemos aprovechar el restaurante ahora que lo tenemos a un lado.

Misaki sonrió y asintió levantándose de la cama.

—Bueno, aunque yo en realidad prefiero tu comida—Agregó el peliplata imitando al menor tomando sus lentes de la mesa de noche.

.

.

.

Unas horas después entraron por el portal de su nuevo departamento, ya amueblado y pintado de color crema con muebles nuevos y clase, todo tan perfecto. Era muy diferente con el que vivía con su casero, en ese momento cayó en cuenta que ahora no eran casero-inquilino, era.. un departamento para los dos.

Su rostro lo sintió hervir apretó los dientes en vergüenza y se quito los zapatos para entrar. Piso de madera oscuro.

—¿Qué te parece? —Lo envolvió en sus brazos pegándolo a su espalda.

—Me gusta—Sonrió avergonzadamente, sus brazos se posaron sobre los del mayor e intento relajarse. Aún le parecía difícil enfrentar su cercanía. Sintió los labios sobre su cuello sacándole un suspiro. Escuchó una risita del escritor y sintió como recargaba su barbilla en su hombro.

Te amo Pensó el peliplata, pero no quería agobiarlo.

—Me hubiera gustado haber elegido las cosas contigo—Suspiró tomándolo con más fuerza.

—¿Tu lo compraste?

—No, hubiera hecho un desastre sí si, contraté alguien que lo hiciera.

—No deberías estar gastando tu dinero en esas cosas—Le replicó sin poder siquiera fingir su enojo, estar en esa posición era tranquilizadora. Su esposo se rió y se separó de él.

—Vamos a ver el lugar—Lo tomó de la mano y lo jaló a la cocina la cual era el doble de grande de la anterior, mesa de mármol negro con repisas de madera fina del mismo tono que el piso.

—¡Wuaa! Que genial—Dijo entusiasmado tocando el frio mármol— Las fotos no se comparan en verdad.

Fueron a la azotea la cual tenía un jardín decorado con algunas rocas además de los tenderos en otro lado, por ultimo revisaron los cuartos subiendo las escaleras. Su cuarto estaba grande con una cama King size con un edredón grande y esponjoso de color vino sobre unos escalones en la misma habitación, el piso era de color crema con un camino de alfombra negra y lámparas tenues, todo tan exageradamente romántico. Nada parecido con el dormitorio que el recordaba. Pero lo que más le impresionó era en un sillón en la esquina del cuarto yacía Suzuki-san con algunos parches, casi inmediatamente fue a abrazarlo.

—¿Qué le pasó? —Lo miró de cercas para notar que su pelaje ya no era tan brillante, tenía unas cuantas costuras y parches.

—Fue de las únicas cosas que se pudieron recuperar del anterior departamento.

Le pasó como a mí Pensó con tristeza.

—Pero ya está bien—Sonrió el novelista dejándolo en el sillón, levantando el rostro del ojiverde para depositar un beso—Ya todo está bien—Lo levantó sin darle oportunidad de reaccionar y lo puso con cuidado en la cama colocándose sobre el castaño—¿Te gusta nuestro cuarto?

—Si, pero.. Pensé que te gustaban los juguetes—Dijo con suavidad sorprendiéndolo.

—Me siguen gustando es por eso—Se movió dando la oportunidad que mirará unos estantes a cada lado de la puerta las cuales sostenían más de 20 mini-suzukis entre los dos—Tal vez no sean tantos, pero para lo demás te tengo a ti.

—¡No soy un juguete! —Hizo un puchero cuando los labios del mayor se posaron sobre los suyos.

—Podemos estrenar el cuarto ¿Te parece? —Le susurró gravemente en su oído, ignorando su anterior replica.

—Pero..

—¿No quieres?..

—No es eso…—Dijo avergonzadamente provocándole una risita al escritor.

—Te amo tanto—Musitó en su cuello rozando levente con sus labios, dejando que el otro sintiera su aliento.

—Akihiko…—Suspiró.

De alguna forma se sentía nervioso, a pesar de haberlo hecho en tantas ocasiones, pero en esta sentía que algo sería diferente. Después de todo él no era el mismo, así como su amante.

Gimió cuando sintió la lengua en su cuello, las ligeras mordidas y como se posicionaba el mayor sobre él, casi como una bestia a punto de comerse a su presa. Lo tomó de los brazos con cierta fuerza que le hacía sentirse tan excitado.

Su respiración aumento cuando la lengua pasó a su pecho mientras sentía como su ropa era arrancada sin piedad, se mordió los labios cuando el peliplata bajo a su ombligo a hacer círculos alrededor y dejar chupetones, Akihiko como lo recordaba siempre fue tan apasionado. Tocaba sus piernas con suavidad poniendo su piel de gallina. Sentía como su miembro estaba cada vez más y más despierto.

Volvió de nuevo la lengua a su pecho pero en esta ocasión mordió inesperadamente un pezón haciendo que el castaño se revolcara en la cama.

Su cuerpo se sentía tan caliente, quería retorcerse pero más que nada quería… tocarlo.

Akihiko supo en un instante lo que pasaba por la cabeza de su esposo, como siempre lo hacía, notó la batalla interna entre sus deseos y su vergüenza.

Subió a sus labios para darle más confianza, ah.. sus labios eran lo más dulce del planeta al menos para el mayor, era el único dulce al que era adicto.

Casi sin pensarlo el escritor una de sus manos acaricio su mejilla y cerró los ojos disfrutando el roce, había tanta saliva tanto calor entre los dos, tomó su cabello castaño y fue cuando notó que una de las manos de su querido estaba en su cuello, acercándolo pero sobre todo acariciando parte de su pecho.

Se acercó juntando sus caderas aprovechando que las piernas del ojiverde estaban abiertas dándole paso. Sin deshacer el beso lleno de fuego, tomó una de las delicadas manos y la llevo a su cintura debajo de su camisa.

Tal parecía que el beso lo calmaba porque no se resistió sino que aumento el ritmo y levantó su mano hasta su espalda llevándose consigo la camisa.

El ojilila mordió el labio inferior del chico sacándole un gemido y que la mano que yacía en su cuello lo tomara con violencia del cabello acercándolo más.

Akihiko sonrió en su interior.

Así era su lindo Misaki, muy dulce pero escondiendo una bestia llena de lujuria.

Sin perder el tiempo el mayor bajó su mano a la cadera del chico juntándola con la suya y provocando que este envolviera sus piernas a su alrededor. Gimiendo en el acto.

Su mano traviesa fue a su trasero, aún con ropa y lo apretó disfrutando de su firmeza y redondez.

Un suspiró salió de ese intenso beso del cual sólo se separaban milímetros para tomar un poco de aire.

Los cuerpos estaban tan cercas que sentían el abdomen del otro su calor y textura.

Misaki estaba fuera de sí, una sensación tan cálida se había apoderado de él, venia de su corazón e irradiaba felicidad por todos lados.

Justo así, con su Akihiko se sentía en el paraíso.

Sus miembros se tocaban dándose pequeñas porciones del placer que pronto iba a experimentar, el pantalón junto con la ropa interior del menor fue descendiendo poco a poco por una pierna así como la camisa del peliplata se iba levantando.

Se separaron un momento para sacarla por completo y volvieron así como imán a tomar los labios del contrario.

Suspiraron y se tomaron con intensidad.

No ocupaban decirse más, ambos estaban hechos para el otro, jamás encontrarían a nadie como la otra persona.

Misaki ahora lo sabía, pero algo le decía que siempre lo supo.

Era su Usagi, su Akihiko.

Se estremeció al sentir unos dedos en su interior, era justo como lo recordaba sólo que mucho mejor, era prácticamente puro placer, sobre todo el sentir sobre la ropa la erección de su esposo, gritando querer salir, tan asfixiadamente caliente.

Las caderas se movían solas al compas de los largos y fríos dedos, notó que este había empezado con dos y con rapidez, pasó a los tres.

Escuchó el cierre y como el gran miembro se posicionaba en su entrada, con una fuerte estocada entro completa, llenándolo de placer y plenitud.

¿El sexo siempre se sintió así? Se preguntó.

Las embestidas siguieron enloqueciendo al castaño retorciéndolo y sin pena tocando la perfecta espalda y muslos de su esposo, puesto sentía su abdomen marcado junto al suyo encapsulando su miembro, apretándolo para que liberara toda su esencia.

Pero curiosamente tal parecía que los años habían cambiado su cuerpo, ya no sentía la misma necesidad incontenible.

Movió sus caderas gimiendo y continuando con ese beso tan húmedo que se había vuelto, sin duda Akihiko había mejorado mucho en eso así como las reacciones automáticas de su cuerpo.

—HMMm—Gimió al sentir que golpeaban ese mágico lugar en su interior, puro éxtasis, un estremecimiento pleno.

Luego las embestidas daban en ese sitio, lo que lo hacía contraerse, sacando roncos gemidos.

Le agradaba escucharlos. Acaricio con cariño con cabellos plateados demostrando lo mucho que lo quería, lo mucho que lo amaba.

Lo envolvió con fuerza al desear más y este obedeció, más fuerte y más profundo, los gemidos ya no se ahogaban ahora se escuchaban con toda la libertad.

El beso se deshizo y este aumento con la ayuda de Misaki quien gemia sin control, el placer esa descomunal, no podía resistir demasiado.

—Justo así—dijo al sentir el placer máximo en una embestida y continuo, hasta que ya parecía no soportar era demasiado placer no podía contenerse, el calor le asfixiaba.

Tomó con fuerza la espalda del escritor y con un gran estremecimiento seguido de un gran alarido acabó entre los abdómenes de ambos.

Akihiko le siguió gimiendo alto y ronco en el oído de Misaki, sujetándolo contra sí liberando su esencia dentro del menor.

Ambos cayeron rendidos en la cama, Misaki se relajo y Akihiko cayó a su lado abrazándolo justo a su lado.

—Te amo—Dijo intentando recuperar el aliento.

Un avergonzado castaño se escondió en el pecho de su amado y respondió temblando—Yo también.

¿Por qué era tan difícil?

El escritor le dio un beso casto y sonrió mirándolo fijamente.

—¿Qué pasa? —Dijo nervioso.

—Estoy feliz de estar contigo.

Un enorme sonrojo apareció en el muchacho y bajó la mirada.

—P..pero si siempre estamos juntos…

—Siempre estoy feliz—Declaró pegándolo en su pecho.

Misaki bajo la mirada y devolvió el abrazo.

.

.

.

Misaki salió del baño poniéndose una bata de baño y dirigiéndose con Akihiko quien usaba una igual sólo que más grande, estaba en uno de los sofás cafés del living.

—¿Te gustó el baño?

—Si, muy espacioso y esa tina es enorme—Dijo con emoción.

—Lo pensé sabiendo lo que haremos en ella—Respondió sonriéndole.

—¡Pervertido! —Dijo yendo a la cocina.

El escritor sonrió, había muy pocos cambios en su pequeño, a lo largo de los años había aprendido a ser más abierto al ámbito emocional, decía en más ocasiones "Te amo", ocasionalmente daba besitos en su mejilla o labios antes de irse o demostraba más abiertamente que lo más principal era estar a su lado, como correr cuando lo miraba a lo lejos o desear acompañarlo. Sin embargo, en el ámbito sexual seguía siendo el mismo de siempre.

Abrió los ojos y vio a su esposo con dos tazas transparentes dejando ver su contenido, el cual oscuro e intenso tal como le gusta su café.

—Aquí—Dijo nerviosamente acercándose a su rostro con temor, el mayor le miró intrigado—N..No me mires así…—Musitó dando un pequeño beso en su mejilla, dejándolo con el rostro irreconocible por lo rojo.

El peliplata antes de que se alejara tomó su nuca para darle un beso apropiado en los labios.

—No te fuerces, yo no te pido nada—Dijo gravemente.

—¡No me fuerzo! Sólo yo.. intento no pensar tanto… Pero es muy difícil.

—Tómalo con calma.

—Sólo no te veas tan sorprendido, se supone que es normal.

—Lo sé—Sonrió besando su mejilla—Pero no importa que sea normal siempre me encanta.

—Tonto..

Dejen su review, comenten :DDD