SDE – CAPÍTULO 17

AÑO 1985

El timbre anunció el final de la jornada de clases por el día de hoy. Kaori guardó sus útiles en su mochila, pero Mei ya se le había adelantado y ahora estaba junto a ella.

― Kaori, ¿caminarás a casa? ― Interrogó la segunda.

La aludida negó suavemente. ― No… Bueno sí caminaré, pero primero me desviaré un poco ― Confesó.

― Oh, ¿a dónde irás? ― Interrogó curiosa la otra.

Kaori se encogió mientras se ponía de pie. ― Nada en especial, sólo iré a arreglar un asuntillo por ahí ― Comentó.

Ahora ambas salieron del salón y empezaron a caminar. ― Está bien, dejaré que después me cuentes Kaori ― Comentó Mei un tanto indignada de que su "mejor amiga" no le contara su plan.

Kaori sonrió. ― Te prometo que pronto te contaré todo, ya lo verás ―

Mei resopló. ― De acuerdo ― Ajustó su mochila en su hombro. ― Entonces me iré, quedé de verme con Geki para comer, si quieres nos alcanzas ― Ofreció.

― Lo tendré en mente, gracias ―

― Ten mucho cuidado ―

― Tú también, hasta mañana ―

― Hasta mañana Kaori ―

Con esto, ambas tomaron rumbos por separado.

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Se sentía extraño al estar ahí. En ese lugar tan infantil, tan estudiantil, tan… y las miradas y murmullos de los demás sólo lo hacían sentirse más incómodo. Suspiró y alzó su mano para poder observar la hora de su reloj.

― ¿Será que esta niña me jugó una broma? ― Susurró para sí empezando a impacientarse. El sonido de la campanilla sobre la puerta principal lo alertó.

Kaori sujetó su bolso, y arregló su cabello antes de dar un suspiro y caminar hasta donde el hombre se encontraba. ― Lo siento, ¿esperaste mucho? ― Comentó apenada.

― Algo así ― Respondió cortante. Kaori bajó la vista y él resopló tratando de calmarse. ― No importa ― Declaró. ― Ya estás aquí y después de todo fue tu idea ¿No es así? ―

La chica alzó la vista y sonrió mientras asentía. Y eso sólo encogió el corazón del hombre obligándolo a apartar la mirada.

― Por cierto, en la mañana no te pregunté... ― Empezó a decir ella. Eso atrajo la atención de Arthur. ―… ¿Tu quijada cómo está? ― Pidió un tanto avergonzada.

El hombre llevó su mano a esa zona y sonrió. ― Bastante mejor, ayer me puse algo de hielo y parece que no está hinchada ¿Tú qué crees? ―

La chica se acercó a inspeccionar su cara. ― Pues parece que ya estás mejor ― Concluyó alejándose. ― Además el helado de ahorita te hará mucho mejor ― Anunció con cierta emoción.

― ¿Así que te gusta el helado? ― Inquirió él alzando una ceja.

Ella sonrió y tomó asiento frente a él.― Sí, bastante… además mis amigos y yo venimos después de clases los martes y jueves ― Jugueteó con sus manos. ― La heladería no tiene mucho tiempo sin embargo ya ganó bastante popularidad ― Anunció.

― Eso puedo verlo ― Apoyó el hombre observando la considerable cantidad de adolescentes en el lugar.

De pronto un mesero se acercó a ellos. ― Buenas tardes ¿qué desean ordenar? ― Pidió amablemente.

― ¡Hola! Dos de los mejores postres de helado de fresa, por favor ― Dijo Kaori y luego se giró hacia su acompañante. ― Eso si no te molesta ― Susurró.

― Por mí está bien ― Respondió Arthur tranquilo.

El chico terminó de anotar. ― Muy bien, enseguida les traigo su orden, compermiso ― Y se retiró luego de hacer una pequeña reverencia.

Kaori soltó un par de risitas al notar al hombre de traje un tanto incómodo. ― Lamento haberte traído aquí, pero tú pusiste las reglas ― Le recordó burlona.

El hombre rodó los ojos. ― Sí bueno… era la única manera para que me perdonaras ― Susurró.

La menor empezó a juguetear con sus manos bajo la mesa. ― Qué bueno, porque será la última vez que nos veamos ¿Oíste? ― Declaró de forma seria.

Arthur se sorprendió. ― ¿Por qué tu insistencia en sacarme así de tu vida? ― Cuestionó un tanto dolido.

― Ya te lo dije, los adultos no son amigos de los niños ― Apartó la vista hacia el ventanal. ― Ni siquiera debería estar aquí ― Musitó con cierto arrepentimiento.

― Sin embargo… aquí estás ― Le recordó él. Kaori mordió su labio por dentro. Y éste sólo pudo resoplar. ― ¿De verdad me sigues creyendo una mala persona? ―

Ella lo encaró. ― ¿Y por qué tu repentino interés en hacerme cambiar de opinión? ―

Arthur la miró a los ojos de forma profunda. Como si de esa manera pudiera adivinar sus pensamientos. ―… No lo sé… quizás me agradas Kaori ― Resolvió él.

La boca de ella se abrió ligeramente. ― Esto no puede seguir así ― Declaró, soltando una pequeña risita. Apretó sus puños, y lo miró molesta. ― ¡No quiero sentir…! ―

Pero la interrumpió. ― ¿Qué? ¿Qué es lo que no quieres sentir Kaori? ― Interrogó él alzando la voz.

Antes de poder continuar su pequeña discusión, el mesero llegó.

― Mmm… aquí está su orden ― Anunció un tanto incómodo.

Kaori se relajó y cubrió su rostro. Arthur la miró entrecerrando los ojos. Luego se volvió al chico. ― Gracias, puedes dejarlos aquí ― Permitió.

El mesero asintió y dejó la orden. ― Mmm avísenme si necesitan otra cosa ― Dijo del mismo modo antes de retirarse.

Arthur tomó su copa y le colocó un popote. ― ¿Te comerás eso, o me vas a responder? ― Interrogó mirando a la chica en la misma posición.

Kaori no levantó la vista. Sólo tiró de su copa y con su cabello largo, tapó su rostro enrojecido. De forma torpe intentó tomar un sorbete, pero no lograba alcanzarlo. Arthur observaba sus movimientos, cansado de aquella actitud colocó su mano para pasarle el contenedor de pajillas. Pero sólo provocó que su mano tomará ligeramente la de ella. Kaori se congeló. Y Arthur estaba igual, era una sensación rara… pero muy agradable.

La chica finalmente se armó de valor y alzó la vista. ― No quiero sentir… que me estás gustando Arthur… ― Confesó en su mente. ― ¡Iré al baño! ― Excusó, alejándose de ahí lo más rápido posible.

El hombre la miraba alejarse con cierta diversión y confusión. Negó y degustó de aquel postre de fresas con tranquilidad.

Mientras tanto en el baño, Kaori era un mar de nervios incontrolables.

― Pero ¿qué voy a hacer…? ― Se susurró mirándose al espejo. ― ¿De verdad me está gustando ese hombre? ― ladeó su cabeza, formando un mohín divertido. ― Es muy guapo debo admitirlo… pero es más grande que yo y… ― bajó la vista y apretó sus manos en aquel lavabo. ―… Y quizás sólo está jugando conmigo ― Se dijo de forma desanimada.

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EN ALGÚN LUGAR

― ¡Hey, Mei! ― Ese llamado detuvo la caminata de la susodicha.

Ella giró sobre sus pies. ― Gai ¿qué sucede? ― Pidió ajustando su mochila.

Él llegó junto a ella. ― ¿Y Kaori? ¿No viene contigo esta vez? ― Interrogó girando la mirada a todos lados en búsqueda de la chica.

Mei se relajó sonriente. ― No… Dijo que tenía un asunto qué atender ― Informó.

― ¿Eh? No me dijo nada… ― Musitó para sí un tanto dolido. ― ¿Te dijo a dónde iría? ― Volvió a pedir esperanzado.

La peli negra fingió pensar. ― Dijo que después me daría los detalles ― Comenzó a decir. ― Pero siendo sincera desde hace un par de días que la noto rara ― Gai se sorprendió y ella sonrió aún más. ― No del tipo rara mal… si no rara muy feliz ― Corrigió con picardía.

Gai se volvió a ella. Por su tono pudo deducir que algo estaba mal. Ella quería hacerlo sentir mal e incómodo. ― ¿Por qué me odias tanto Mei? ― Interrogó sin rodeos.

Desde que había vuelto, sólo Kaori lo había recibido con los brazos abiertos, aunque internamente no esperaba un buen trato por parte de Geki y Mei, en su última visita, los tres habían dejado eso en claro después de una pequeña riña.

La chica suspiró. ― No te odio Gai ― Aseguró. ― Yo quiero mucho a Kaori, es mi mejor amiga… y tú no eres el modelo perfecto de chico, lo demostraste una vez ¿No es así? ― Le acusó.

El chico se cruzó de brazos. ― No todos podemos ser niños buenos como Geki ― Contraatacó.

Ella lo miró a de arriba abajo. ― Aunque existen niveles para la bondad; tú estás muy lejos de esos estándares y lo sabes bien Yuki Gai ―

Gai chasqueó la lengua. ― Ahora veo que pierdo mi tiempo aquí ― Declaró planeando sacarle la vuelta a la chica.

―… También lo pierdes con Kaori ― Añadió ella, dándole la espalada. ― ¿A qué volviste? ―

El chico Yuki se detuvo. ― Volví por ella… ― Aseguró mirándola por sobre su hombro. ― Kaori es lo que más me importa ahora ― Concluyó para después alejarse.

Mei resopló cruzándose de brazos. ― ¿Qué planeas Yuki Gai? ― Pensó aún no muy convencida.

― ¿Mei? ―

Al reconocer la voz, ella se giró. ― Hola Geki ― Saludó por lo bajo.

Él notó aquella expresión deprimente al instante. ― ¿Qué pasó? ¿Por qué esa cara? ― Cuestionó con preocupación.

― Estuve hablando con Gai… ―

― Oh, Oh ― Advirtió él. ― ¿Y de qué hablaron? ―

― Estaba buscando a Kaori, dijo que sus intenciones nuevamente son estar con ella ― Explicó. El chico a su lado, meditó aquello. ― Me da muy mala espina Geki… y temo por Kaori ― Declaró juntando sus manos sobre su pecho.

El peli negro sonrió y tomó las manos de ellas. ― Puedo imaginar cómo te sientes. Sin embargo Kaori-chan será capaz de ponerle un alto y lo sabes ― Sobó su cabeza, en un intento por calmarla.

Ella desistió. ― Yo sé pero aun así… ―

―… Estaremos cerca de ella para protegerla, de eso no te preocupes ― Añadió él con una enorme sonrisa.

La chica sabía que si podía confiar en alguien era en su mejor amigo y novio Geki, de eso no tenía duda. Sonrió junto a él. ― Gracias Geki… ―

Ambos se abrazaron con fuerza; alejando las malas vibras de aquella situación.

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HELADERÍA

Kaori desarrugó su ropa y tiró aquella servilleta a la basura. Aspiró profundo y se encaminó hasta su acompañante. ― Lo siento, había una larga fila ― Excusó al llegar y tomar asiento.

― No hay problema. Por cierto esta cosa estaba muy deliciosa ― Comentó él sonriendo mientras señalaba su copa vacía. ― Tuve que comerme el tuyo antes de que de derritiera, lo siento ― Agregó juguetón.

Las mejillas de Kaori se inflaron con disgusto. ― ¡Oye, era mío! ¿Cómo pudiste? ― Le acusó.

El hombre soltó una sonora carcajada. ― ¡Ya no te pongas así! Te comparé otro, de eso no te preocupes ― Aseguró, divirtiéndose con aquella peculiar acción por parte de ella.

― ¡Deja de reírte! ― Exigió. ― Debes saber que puedo tolerar muchas cosas… menos que se coman mi helado ¡Baka! ― Declaró dándole un punta pie con fuerza.

― ¡Auch! ― Se quejó él al instante. Se agachó y sobó su pierna. ― ¿Pero qué te pasa? Así hasta pareces mula ― Murmuró mirándola de arriba abajo.

Ella abrió la boca con indignación. ― ¡No me digas así! ―

― ¡Pues no me vuelvas a patear! Te dije que te compraría otro helado ― Argumentó alzando la voz.

Giró la mirada al notar los murmullos de los demás clientes. Esto estaba fuera de control, estaba actuando como un adolescente. Se sonrojó con violencia. Kaori notó aquel cambio de expresión y sólo pudo cubrir su boca, ahogando su risa. Después de todo ese era su plan, desquiciarlo hasta donde aguantara; esa era la única forma de asegurar que él no estaba mintiendo.

― Iré a la barra por tu postre ― Vociferó alejándose con rapidez.

Kaori lo observaba alejarse con aquella cara de diversión y satisfacción. Ella lo sabía, un hombre cualquiera se hubiera retirado de ahí, sin importarle nada más. Pero Arthur no lo hizo, se mostraba tranquilo, era como si nunca hubiese experimentado algo así antes. Entonces recordó la primera charla que tuvieron justo después de conocerse.

FLASHBACK

Sonriente él se colocó a su lado. ― Tú dijiste que no subirías a autos de extraños ¿Qué tal una caminata? ― Ofreció algo burlón.

Ella infló sus mejillas captando el "jueguito" de él. ― Gracioso… ― Musitó aferrando más sus libros contra sí. Y siguió avanzando.

Esa palabra la tomó como un estilo de aprobación, así que empezó a seguirla. ―… Tienes suerte, eres una de las pocas personas que logran sacarme una sonrisa ― Comentó tratando de aligerar las cosas.

Ella curiosa, ignoró el trasfondo de aquel comentario. ― ¿Acaso tienes una razón para no hacerlo? ― Cuestionó mirándolo de reojo. ― Digo, todos debemos sonreír… no es bueno no hacerlo, tu corazón se oscurece y tu alma muere lentamente ― Explicó esta vez con su vista fija en el camino.

Él dejó escapar una risa. ― Eres algo rara niña ¿Lo sabías? ― La molestó.

Kaori se detuvo y le dio una mirada severa. ― Evades el tema ¿Eh?... Esa es una de las señales para una persona que no es feliz en verdad ― Pronunció mirándolo de arriba abajo. Estudiándolo.

Luego de meditar aquello. Arthur suspiró. ― No es que no sea feliz ― Pronunció. Ella no dijo nada esperando a que prosiguiera. ― Sólo digamos que mi felicidad se limita a cierto tipo de acciones… acciones que para nada te gustarían ― Concluyó.

FIN DEL FLASHBACK

― Bien… aquí está tu helado niña ― Anunció el hombre al volver a la mesa.

Esas palabras trajeron a Kaori de regreso a la realidad. ― ¿Por qué no eres feliz? ― Cuestionó al aire.

Arthur torció el gesto, pero tomó asiento. ― ¿De qué hablas? ―

Kaori jugueteó con la cuchara antes de responder. ― Acabas de mostrarme una faceta totalmente distinta a la primera vez que nos vimos ― Tomó un bocado del frío postre. ― ¿Por qué no puedes ser así todo el tiempo? ―

El hombre suspiró meditando sus próximas palabras. ― He tenido una vida difícil en el último tiempo… además que mi trabajo como agente me impide mostrarme tal cual ― Excusó.

― ¿Un agente? ― Repitió ella con asombro. ― ¿Cómo un tipo policía? ―

― De mayor grado y con casos más violentos ― Añadió con tranquilidad.

― ¿Y no te da miedo todo eso? ― Pidió ella nuevamente con cierta cautela. ― Digo, suena bastante arriesgado y peligroso ―

― Lo es ― Aseguró él al instante. ― Es por ello que debo elegir bien a las personas que me rodean para que ni ellos ni yo corramos peligro ¿Entiendes? ―

Kaori bajó la vista. ― Lo entiendo… ¿Fue por ello que dijiste que eras un monstruo? ―

― He perdido a mucha gente en el camino; no es la mejor sensación ― Explicó con suavidad.

― Puedo entenderte… ― Él alzó una ceja. ― Mis padres fallecieron cuando era pequeña. Son mis hermanos mayores los que me cuidan, Sumiko y Kurando ― Informó ella con una media sonrisa.

― Yo… lo siento ― Musitó él de nuevo, sintiéndose extrañamente incómodo.

Pero Kaori sonrió de forma amplia y negó. ― Está bien; era muy pequeña cuando eso ocurrió… así que no los recuerdo del todo. Por ello mis hermanos lo son todo para mí ―

― Tienes un sentido del humor muy marcado, es admirable ― Respondió él con simpleza.

La chica se sonrojó. ― No es nada del otro mundo; sólo soy positiva a pesar de las adversidades ―

Positiva… ¿Eh? ― Repitió en su mente. De pronto, la alarma de su reloj de muñeca comenzó a pitar. Abandonó sus pensamientos y observó la hora. ― ¡Demonios! ―

― ¿Qué ocurre? ― Pidió ella con la boca llena de helado.

― Olvidé una reunión de último minuto ― Informó. Ajustó su saco y se puso de pie. ― ¿Te importa si me voy primero? ― Interrogó.

Kaori le hizo un gesto con su mano. Se pasó aquel bocado. ― Descuida, tu ve… ― Accedió.

El hombre asintió.― Gracias… si puedo, aunque no quieras te buscaré mañana ¿Está bien? ―

La chica formó un mohín. ― ¿Acaso tengo opción? ― Él se encogió de hombros con diversión. Ella sonrió por lo bajo. ― Hasta mañana Arthur ― Finalmente cedió. Y eso creció la felicidad dentro del Shiraishi. Ambos hicieron un ademán con sus manos, y él salió del local. Kaori suspiró y terminó por degustar su postre con tranquilidad.

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EN ALGÚN LUGAR

― Arthur vendrá… y cuando lo haga, quiero que acaben con él ―

― Es muy escurridizo Señor ― Advirtió uno.

― Y muy fuerte ― Secundó otro.

El mayor chasqueó la lengua. ― Es por ello que se volvieron más rápidos ¿No es así? ―

― Sí, Señor ―

― Entonces no hay excusa… el niño mimado muere hoy ― Sentenció finalmente.

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RESIDENCIA TANI

― Tengo que cubrir doble turno en la veterinaria ¿Segura que estarás bien Kaori? ― Interrogó Sumiko por décima vez.

La menor sonrió. ― Te preocupas demasiado, no es la primera vez que me dejan a solas ¿Lo recuerdas? ― Argumentó jugueteando con sus cuadernos.

― Sí, pero en esta ocasión ni siquiera Kurando estará aquí ― Comentó la mayor empezando a dudar y a temer por la seguridad de su hermana menor.

― Estaré bien te lo prometo, quizás revise el garaje un rato… y después me bañe, cenaré algo e iré arriba a terminar mi tarea y luego dormiré ― Le enumeró de forma lenta.

Sumiko finalmente se resignó y confió en las palabras de su hermanita. ― Muy bien Kao-chan creo en ti, y sé que ya eres lo suficientemente grande para cuidar de ti misma ― Le frotó el cabello con ternura. ― Nos vemos mañana a las 9:00 ¿está bien? ―

La menor asintió. ― Está muy bien… que te vaya bien Sumiko-chan, hasta mañana ― Se despidió.

La mayor sonrió y cerró la puerta de aquella habitación. Kaori suspiró y se recostó tratando de relajarse un rato. Dos horas después, la menor de los Tani se había quedado dormida. Su cabeza colgaba al borde de la cama, y su pierna ligeramente elevada, descansando en la pared. De pronto, frunció su ceño, empezaba a sentir una extraña sensación recorrer su cuerpo, trató de ignorarlo colocando una almohada en su cara. Un par de minutos después gruñó, pues aquella sensación no desaparecía. Abrió los ojos con pesadez, tratando de acostumbrarse a la claridad y al lugar en el que se encontraba. Un ruido. Algo se cayó y provocó un desastre. Decidió ignorarlo, pero otro ruido más fuerte la alertó, provocando que rodara y cayera de la cama.

― ¡Auch! Eso dolió ― Musitó sobando su trasero y su cabeza. Nuevamente los ruidos atrajeron su atención. ― ¿Qué rayos? ― Masculló. ― El garaje ― Pensó con temor.

Se puso de pie, y tomó una tabla suelta que tenía de la pared de la habitación. Se armó de valor y bajó las escaleras hasta llegar al garaje de la familia. Al entrar con delicadeza, pudo observar una sombra humana moviéndose a pasos lentos y emitiendo quejidos. Avanzó lentamente, preparada para lo que fuera. Bajó la vista, al notar que había pisado algo líquido.

Es sangre… ― Pensó abriendo los ojos aún más. Remojó sus labios y siguió aquel rastro.

― ¡Ahhh, maldición! ― Se quejó una voz masculina.

― ¿Arthur? ― Llamó ella con temor, reconociendo la voz. Sujetó con fuerza aquel palo. Y se acercó más hacia la luz notando que en efecto era él y que al mismo tiempo éste tenía una herida sangrante en el hombro derecho. ― ¡Dios, Arthur! ¿Qué te pasó? ― Interrogó acercándose a él con suma preocupación. Dejando de lado su arma.

El mencionado formó una mueca. ― Estuve en medio de un atentado ― Informó, mientras ella lo ayudaba a quitarse aquella camisa. ― Discúlpame… pero era el lugar más cercano… y seguro… que… que mi propia casa ―

― Está bien, ya me contarás ― Le cortó ella observando perdidamente su pecho desnudo. ― Debemos ir a un hospital… ― Inquirió sin dejar de mirar aquella herida.

― ¡No! ― Exclamó él al instante. Y luego dio un grito ahogado de dolor.

Kaori frunció el ceño. ― ¿Entonces qué propones? ― Puso sus manos como jarras. ― Ya llenaste todo mi piso de sangre ― Señaló aquella madera del suelo, ya de un color rojizo.

― Cu… Cúrame tú… ― Pidió entre dientes.

― ¿Estás loco? ― Exigió ella. ― Yo no sé nada de enfermería, además los medicamentos que hay aquí son para animales ―

― Por favor… sólo… sólo hazlo… No puedo dejar… No puedo dejar que me vean ― Argumentó de forma entre cortada sin dejar de sostener su hombro.

― Entonces yo iré, a unas cuadras hay una clínica, sólo necesito… ―

Pero Arthur tomó su mano interrumpiéndola.― No lo hagas, correrás peligro sí sales de aquí ― Advirtió.

Los ojos de ella se abrieron con asombro. ― ¿Qué? ―

― No voy a permitir que salgas herida por mi culpa ― Admitió sin mirarla a la cara.

Kaori sintió su corazón latir con fuerza ante aquella confesión. Pero permaneció firme. ―… Eso debiste pensarlo antes de refugiarte en mi garaje ― Debatió alejándose de su agarre.

― Por favor Tani… No me perdonaré si algo te pasa, sólo haz un vendaje o lo que sea para irme de aquí ― Volvió a exigir empezando a perder la paciencia.

La chica decidió que era momento de dejar de jugar. Frotó sus manos. ― Está bien, veré que encuentro por aquí ― Dijo antes de alejarse y empezar a buscar de entre los cajones del lugar.

Arthur aprovechó y se sentó encima de aquella mesa de madera; en un intento por calmarse y calmar su dolor y frustración

Un par de minutos después Kaori volvió con una botella de alcohol y algodones. ― Esto va arder mucho… pero hay que desinfectar ese agujero ― Advirtió acercándose. Humedeció los algodones y con pequeños toques frotó aquella herida sangrante. Arthur dejó escapar un leve grito. ― ¡Lo siento mucho! ― Exclamó ella, frotando con más delicadeza. ― Pronto dejarás de sentir… ― Musitó. Con su vista centrada en aquella acción.

El Shiraishi no apartaba su mirada de la niña frente a él. Tan concentrada, tan tranquila, tan inocente, tan hermosa…

― Y dijiste que no podías hacerlo ― Comentó él con un tono entre burlón y sorprendido.

Kaori sonrió. ― Hago un esfuerzo ― Suspiró y volvió a humedecer más algodones. ― Sólo necesitamos vendarte y quedarás listo ― Anunció finalmente. Alzó la vista cruzándose con la de él. Ahora era que se daba cuenta de lo cerca que estaban sus rostros. Ambos se perdieron en los labios del otro. Él sonrió de lado y alejó un mechón de cabello de ella de su cara. La chica se congeló ante el tacto. Empezaron a cerrar la distancia entre ellos de forma lenta, al igual que cerraban sus ojos. El Shiraishi temía que ella volviera a asustarse, pero no podía evitarlo, tenía la urgente necesidad de volver a besar aquellos pequeños, rosados y delgados labios. Lo que no sabía es que ahora Kaori no era consciente del exterior, también deseaba volver a unir sus labios con los de él.

Y sucedió de nuevo.

Arthur tomó la parte trasera de la cabeza de ella para poder profundizar el tacto.

Kaori no se resistió, de hecho se aferró al hombro sano de él. Para poder corresponderle con el mismo entusiasmo.

Fue lento pero profundo y largo. Permitiendo que así ambos disfrutaran del sabor y la sensación del otro.

Pero sin saberlo; Kaori Tani se había metido en la boca del lobo.

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HACE 10 AÑOS – MANSIÓN SHIBA

― ¡Kaoru, dame tu mano! ― Exclamó Takeru de 15 años sujetando con firmeza la mano de su hermana menor de 11 años.

― ¡Onii-chan! ― Exclamó ella con miedo.

Ambos llegaron a su habitación, Takeru movió la colcha del piso revelando una pequeña puerta, quizás hacia un pasadizo secreto. ― ¡Kaoru, entra ahí! ―

― ¿Qué? ―

― ¡Sólo obedece! ― Le gritó tirando de ella hacia aquel agujero.

La niña no tuvo más opción que asentir y apresurarse a cumplir aquella orden. El ruido de gritos desgarradores y ataques continuos estremecieron todo el cuerpo de Takeru. Quería llorar, más sin embargo apretó sus ojos y mandíbula con fuerza evitando que sus sollozos se escucharan. Se apresuró a ingresar al escondite antes de que el enemigo atravesara la habitación.

― ¡Suéltame idiota! ― Exigió una mujer, que a pesar de sus heridas su voz se mostraba firme. La misma fue arrojada al suelo con brusquedad, tanto que su cabeza resonó al golpear contra la madera del piso.

― Okaa-san ― Musitó Kaoru bajo el suelo. Ambos hermanos observando la situación con temor e impotencia.

Takeru abrazó a su hermana contra su pecho en un intento por calmarla.

― ¡Hana! ― Gritó una voz masculina, llegando al lugar aprisionado por los rebeldes atacantes.

― ¡Kay! ― Le llamó la mujer con dolor intentando incorporarse.

El aludido también terminó siendo arrojado hasta los pies de su mujer, quien no dudó en colocarse a su lado para socorrerlo, mientras sus lágrimas revueltas en sangre invadían su bello rostro.

― Kay… por el amor de Dios, ¿qué te hicieron? ― Pidió entre sollozos, observando como el cuerpo de su marido estaba totalmente dañado, estaba moribundo, estaba a punto de morir.

― Ha-Hana… ― Musitó débilmente. Ella tomó su mano con fuerza. ― Perdóname… nuestros… nuestros hijos… ―

― Shh… ellos estarán bien… ya lo verás… por favor ya no hables ― Le rogó.

Kay sonrió ligeramente. ― Te amo Hana… ―

Ella le besó los labios rápidamente. ― Te amo Kay…. Hoy y siempre ―

Una risa estruendosa, malvada y desquiciada se hizo presente en aquella habitación. ― Aww pero qué asquerosa escena estilo Shiba ― Escupió el sujeto con cierto desagrado y odio.

― Suko… ― Habló Hana entre dientes. ― ¿Qué estás haciendo aquí? ― Interrogó.

El mencionado sonrió con malicia. ― ¿No es obvio? Vine a acabar con ustedes ― Declaró al momento que desempuñaba su espada. La pareja retrocedió con temor, y eso sólo provocó que la sonrisa del intruso aumentara. ― Eso es… retuérzanse como los gusanos que son ―

Takeru deseaba con todas sus fuerzas poder salir del escondite y salvar a sus padres. Pero al bajar su vista, pudo notar como su pequeña hermana se aferraba a su pantalón con fuerza. Apretó los ojos y la sujetó con mayor firmeza. No podía abandonarla, sus padres se la habían dejado a su cargo, era la menor y tenía que cuidar de ella, sin importar qué.

― Hana… Tienes que irte ― Pidió Kay débilmente.

Ella se sorprendió y se aferró más a su cuerpo. ― ¡Ni loca! No te voy a dejar… No lo haré ―

Suko sonrió. ― De todos modos no planeaba darte esa opción Hana ― Declaró. Se acercó y le apuntó en el cuello con su espada. ― Debiste quedarte conmigo preciosa ― Añadió.

La mujer frunció el ceño y lo encaró. ― Eres el ser humano más detestable de todos, jamás estaría con alguien como tú ¡me repugnas maldito! ―Gritó con fuerza, para luego escupirle.

En respuesta, Suko la abofeteó tirándola al suelo. ― ¡Estúpida, hija de…! ―

― ¡Déjala! ― Exclamó Kay colocándose frente a ella con las pocas fuerzas que le quedaban para defenderla.

La mujer trató de incorporarse, limpiando la sangre de su boca que había escurrido hasta su mejilla. ― ¿Por qué haces todo esto? ― Exigió saber.

El agresor soltó una sonora carcajada. ― Porque me repugnan… y no soporto verlos juntos ni un minuto más ― Respondió entre dientes. Hizo una señal rápida a sus secuaces para que éstos rodearan a la pareja.

El Señor y La Señora Shiba advirtieron lo que venía, así que se tomaron de las manos.

Los ojos de Takeru empezaron a lagrimear, más todo empeoró cuando pudo escuchar y casi sentir aquella filosa espada atravesando el cuerpo de sus padres. La habitación se llenó de un grito seco y agudo. Seguido de una carcajada que sólo delataba la victoria.

― ¿Onii-chan…? ― Llamó Kaoru con temor.

El mayor bajó la vista, se limpió las lágrimas con rapidez. ― Ven Kaoru… tenemos que irnos ― Indicó en un susurro poco audible.

Aún tomada de la mano de su hermano mayor, la pequeña se dejó guiar. Así que no dijo nada, sin embargo, en medio de la oscuridad de la noche; en aquel granero había muchas cosas, Kaoru terminó tropezando con unas cubetas de metal, provocando un ruido mayor. Los ojos de Takeru se abrieron como platos y quedó estático.

La menor se puso más nerviosa que nunca. ― Onii-chan… lo siento yo… ―

― ¡Vámonos! ―exclamó volviendo a tomar la mano de ella para ponerla de pie. Los ruidos de la superficie indicaban que se había dado cuenta de su plan de escape y ahora venían tras ellos. Corrieron lo más rápido que pudieron, planeaban tomar el caballo blanco de su padre. Con habilidad Takeru subió a su hermana al animal. Le susurró algo rápido.

― ¡Atrapen a esos mocosos! ― Exigió Suko.

El mayor iba a montar también, pero justo antes de hacerlo fue atacado por un par de flechas, una atravesándose en su pie derecho. Gritó de dolor, tratando de quitarse aquella punta.

― ¡Onii-chan, allí vienen! ― Advirtió la chiquilla.

― ¡Vete! ― Susurró él.

― ¡Pero, Takeu…! ―

― ¡Lárgate ya! ― Exclamó aún más fuerte. Le dio un golpe al caballo para que este empezara su carrera.

― ¡Takeru! ― Llamó la niña, tratando de aferrarse al animal. Sus lágrimas empezaron a brotar, quería regresar por su hermano, pero no podía controlar al potro. Sólo le quedaba resistir aquella carrera y el destino que le deparaba.

― ¡Atrapen a esa mocosa! ― Volvió a ordenar Suko. Un par de hombres montaron sus caballos y galoparon velozmente.

Takeru respiraba con dificultada deseando que no la atraparan. Aprovechando a distracción cojeó hasta otro caballo, pero antes de siquiera poder montarlo, una voz lo detuvo.

― Es el fin del camino… mocoso ―

Y antes de cualquier otra cosa, una pequeña bomba se le fue arrojada. El chico fue derribado junto a su caballo. Rodó y cayó por aquel empinado acantilado. Finalmente llegó al tope, golpeando su cabeza con una enorme roca. Quedó inconsciente.

Esa fue la última vez que vio a su familia.

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TIEMPO PRESENTE – MANSIÓN SHIRAISHI

Una nueva mañana se hacía presente en aquel enorme hogar. La noche de ayer había sido realmente fantástica, los doce lo sabían; pero era momento de darle paso a un nuevo día. A pesar de que era lunes, los menores no tenían clases y Mako había decidido no ir a trabajar, dando oportunidad de que los restos de la fiesta anterior fueran limpiados; así que eso les daba más tiempo para convivir entre sí. Los Shiba pasaron el desayuno nuevamente junto a ellas, las cosas seguían mejorando notablemente.

― ¿Cómo amaneciste? ― Cuestionó Kiriko llegando a donde Shinnosuke estaba en el sofá.

El Shiba emitió un quejido y se incorporó. ― Ya bastante mejor, ya no tuve sangrado así que supongo que los puntos hicieron su trabajo ― Explicó con una sonrisa, tocando ligeramente su pecho.

Ella se sentó a su lado. ― Déjame ver ― Pidió.

Shinnosuke se asombró. ― ¡Wow! ¿Qué? ― Negó. ― No te dejaré ver mi herida ― Aseguró.

Kiriko rodó los ojos. ― Vamos, incluso antes de trabajar juntos ya te había visto ―

― ¡Oye! ―

― ¡El pecho, tonto! ― Regañó ella golpeándole el hombro.

El calor que él sintió hace sólo unos segundos, desapareció con la misma rapidez. ― Está bien… esa maña de golpearme no se te quitará ¿Verdad? ― Musitó en un puchero.

― Actúas como un niño ― Debatió ella.

Shinnosuke ya no dijo nada, y terminó obedeciendo. Se quitó con cuidado la camisa blanca de manga larga que traía. La Shiraishi se acercó un poco más para observar mejor aquella curación. Estaba muy cerca… quizás demasiado cerca de él. El Shiba podía sentir que su pase de saliva se oía sonorosamente, se sentía demasiado nervioso. Y la cosa empeoró cuando ella pasó su mano por la herida seca. Se congeló ahí.

― Bueno… estoy segura que con el debido cuidado esto no será más que una línea ― Argumentó como diagnóstico. Se alejó lentamente. ― ¿Shinnosuke…? ― Llamó.

El hombre salió de sus ensoñaciones. ― ¿Cómo sabes todo eso? ―

Ella bajó la vista. ― Varias veces mi padre llegaba con heridas sangrantes… algunas de ellas demasiado feas ― Torció el gesto. ― Mi mamá, Mako y Yo éramos las que nos encargábamos de sanarlo ― Informó. Luego negó. ― Jamás le gustaron los hospitales y… a mí tampoco ― Finalizó poniéndose de pie. Shinnosuke la observó atento. ― Mejor vístete ― Anunció.

― ¿Por qué? ― Pidió confundido, pero aun así se colocaba su camisa.

Ella se cruzó de brazos. ― Iremos a la Unidad, tenemos que ver lo que Rinna-san averiguó de ese maldito chip ― Vociferó tranquila.

― Muy bien ― Aceptó él, al asentir con su cabeza.

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― ¿De qué tanto se ríen? ― Interrogó Mako al llegar a la sala principal. ― ¿Están viendo mi anuario? ― Pidió asombrada y un tanto avergonzada. ― ¡Amy! ― Regañó mirando a la mencionada.

― Jajaja ¡Vamos Mako! Ya sabes que esta es mi parte favorita cuando tenemos visitas ― Excusó divertida la chica del largo cabello negro.

Mako le lanzó una mirada fulminante, pero esa misma se cruzó con la de Takeru quien estaba sonriendo levemente, así que ella declinó y optó por resoplar y cruzarse de brazos. ― Debería mostrar tus fotografías en la bañera Amy Shiraishi ― Sentenció.

― No creo… esto es más gracioso ― Aseguró Amy.

― Te ves muy bien en las fotos ― Comentó Takeru con tranquilidad.

La mayor sonrió de lado y se acercó. ― Bueno… hace sólo cuatro años que me gradué, tampoco es tanto tiempo ― Bromeó. Todos los presentes rieron.

― ¿Quiénes son ellos? ― Pidió Daigo señalando la foto.

Mako tomó asiento y observó la foto indicada, sonriendo ante la imagen. ― Son mis mejores amigos, Sosuke, Miu y el hermano mayor de ella, Hiroto ― Respondió con aquella mirada nostálgica.

― ¿Y dónde están ellos ahora? ― Cuestionó Right está vez con cierta curiosidad.

― Hiroto y Miu tiene una compañía familiar que mantener, sin embargo Miu ahora está saliendo con Sousuke que es corredor de autos y ahora se encuentran de gira ―

Takeru tragó duro ante aquella revelación. ― ¿Sosuke Esumi? ― Repitió.

Los ojos de Mako se ampliaron. ― Sí… el mismo ― Respondió dudosa. ― ¿Cómo sabes…? ―

FLASHBACK

"Tienes a tu lado a una chica hermosa Sosuke, no vale la pena desperdiciarlo aquí" Informó Takeru de forma un tanto triste pero tranquila. "Ve y sigue siendo el mejor corredor del mundo… y si nos volvemos a ver, espero que no sea tras las rejas" Bromeó.

Sosuke rió. "¿Ahora en las despedidas te vuelves el más gracioso?" Pidió fingiendo llanto. Takeru en respuesta le golpeó el hombro. "¡Auch!" Ambos rieron levemente. "Estaremos bien, no te preocupes por eso" Finalizó alzando su puño. Takeru asintió y sonrió de lado para después corresponder aquel choque de puños.

FIN DEL FLASHBACK

La mente de Takeru abandonó aquel recuerdo y lo trajo de vuelta a la realidad. ― Es un corredor de clase mundial ¿No es así? ¿Quién no lo conocería? ― Excusó tratando de restarle importancia, casi como si aquella pregunta hubiese sido estúpida.

Mako entrecerró los ojos tratando de adivinar los pensamientos del Shiba. ¿Acaso de nuevo le ocultaba algo? Justo cuando planeaba decir algo más, Takeru se le adelantó.

― Iré a tomar algo de aire ― Se excusó saliendo rápidamente de ahí. Mako jamás alejó su vista de él, y su interés aumentó más cuando Marvelous, quien había permanecido en la esquina todo el tiempo, optó por seguirlo.

― ¿Nos sigues contando Mako? ― Pidió Daigo con emoción.

Ella volvió su mirada y sonrió. ― Por supuesto; les decía que… ―

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― ¿Te encuentras bien? ― Pidió Marvelous caminando hacia su amigo, con el mismo porte de brazos cruzados.

El Shiba formó una mueca. ― No… sentí algo de nauseas ― Confesó sobando su garganta, tratando de relajarse y olvidar aquella sensación. ―… Estaré bien ― Mintió.

Marvelous arqueó una ceja. ― ¿Seguro? ― Insistió no muy convencido de la respuesta de su líder.

Takeru finalmente se dejó caer en el borde de aquel pasillo que conducía al jardín delantero. Marvelous lo imitó esperando que hablara. ― Volví a tener aquella pesadilla… aquel recuerdo ― Empezó a decir el primero, luego de pasar una mano por su cara. ― Mis padres siendo asesinados frente a mis narices… y mi hermana siendo secuestrada por aquel clan ― Relató entrecerrando los ojos y apretando los puños con fuerza.

Si bien es cierto que los cinco conocen su historia, Marvelous había sido uno de los primeros a quienes les había confiado aquel terrible secreto, aquella terrible agonía con la que vivía desde hace casi 10 años.

― Imaginé que era por eso… ― Musitó el de cabello alborotado. ― ¿Crees que tu hermana siga viva? ― Interrogó cauteloso.

― Es lo que más quiero en este mundo ― Respondió de inmediato. ― Ha pasado mucho tiempo sin embargo… ―

― No deberías darte por vencido ― Le animó Marvelous. ― Haciendo cuentas Kaoru debería tener unos 21 años ¿no? ― Takeru asintió nostálgico. ―No pierdas la esperanza, seguiremos en su búsqueda, ya lo verás ―

Takeru miró a su compañero y sonrió de lado asintiendo. ― Gracias… ―

Marvelous sonrió de lado y le sobó el hombro.

Lo que ignoraban era que la pequeña Ahim se encontraba tras el muro de aquel pasillo, invadida por la curiosidad no pudo evitar el no escuchar aquella charla. Su semblante se volvió de asombro y tristeza, a la par que juntaba sus manos y las llevaba hacia su pecho con preocupación. ― Marvelous-san… Takeru-san… ― Musitó para sí, antes de alejarse de ahí.

FLASHBACK

¿Quieres salir Ahim? ―

La aludida se sorprendió. ― ¿Qué? ¿Te refieres a tú y yo, solos? ― Interrogó nerviosa.

El chico a su lado sonrió. ― Por supuesto… algo así como… una cita ¿Te parece? ―

Ahim bajó la vista suavemente. ― Yo… no lo sé ― Murmuró. Giró la mirada. ― Aún hay trabajo por terminar, y no sé si Luka esté de acuerdo ― Excusó.

Debes olvidar las reglas de Luka por un rato, estaremos bien ―

La Shiraishi entrecerró los ojos. ― Dan… sabes que las cosas no funcionan así, Luka es mi mejor amiga ―

El aludido se encogió de hombros. ― Lo sé. Pero a veces pareciera que te dejas influenciar muy fácil por ella ―

¡Suficiente Dan! ― Exclamó Ahim. Éste dio un pequeño salto, algo asustado por la actitud de la chica pequeña. ― De verdad nunca cambiarás esa actitud ¿No es así? ―

Ahim… yo sólo quiero ayudarte a superar tus problemas ― Excusó el otro con temor.

La chica se cruzó de brazos.― ¿Y es que acaso para ti Luka es el problema? ― Interrogó fríamente.

Dan tosió y acomodó su corbata. ― A la larga esa mujer te traerá problemas ― Anunció.

Ahim sonrió de lado y negó. ― Es por eso que jamás existió un "nosotros" ― Comentó, recalcando la parte en comillas. ― Hasta luego Dan… ― Se despidió girando sobre sus talones sin mirar atrás.

FIN DEL FLASHBACK

La pequeña chica de rizos oscuros, se detuvo en el pasillo. Alzó la visto observando una pintura de su madre sonriendo.

― Mamá… ― Musitó nostálgica.

"Sólo mereces estar con aquella persona que acepte a todos los que vienen detrás de ti"

"Tu padre ha cometido demasiados errores… pero lo que importa, es quién es ahora"

"Los que de verdad te quiere Ahim, estarán contigo no sólo en las buenas, sino que también en las malas, y es la gente que valdrá la pena en verdad"

Ante los recuerdos, la chica bajó la mirada y jugueteó con sus manos. ― Es por eso que tuve que dejar ir a Dan… ― Susurró.

― ¿Quién es Dan? ― Interrogó una masculina voz, logrando que ella se sobresaltara.

― Marvelous-san… ― Musitó ella casi sin aliento. Negó forzando una sonrisa. ― Oh, nadie… sólo… yo… nadie ― Excusó torpemente.

El hombre entrecerró los ojos y se le acercó de forma lenta. Ahim sentía su corazón latir con fuerza a cada paso. Finalmente estaba frente a ella. ― Si no fuera nadie… ¿por qué desde ayer te molesta ese nombre? ― Cuestionó cruzándose brazos.

Los ojos azabaches de ella se ensancharon. ― Me escuchó en el bar… ― Pensó con asombro. ― Es sólo una mala experiencia Marvelous-san, no te preocupes ―

― Pues ya me preocupa ― Susurró de forma calmada pero segura. Resopló mirándola. ― ¿Es que no me tienes confianza niña? ―

― ¡No! ¡No es eso! ― Aseguró ella con rapidez antes de que se formaran malentendidos. ― Es sólo que yo… ―

Él alzó la vista mirando hacia ningún lado. ― Puedo parecerlo… pero no soy una mala persona ― Declaró, antes de meter sus manos a sus bolsillos del pantalón y empezar a alejarse.

Ahim finalmente reaccionó a aquellas últimas palabras. ― ¡Marvelous-san, espera! ― Gritó corriendo a su lado. Él se detuvo y giró. Ella tragó duro. ― Está bien… te contaré ― Concluyó mirándolo a los ojos. ― Pero… vamos al jardín trasero ― Pidió.

El de cabello alborotado asintió. ― Como quieras… ―

Ambos se encaminaron por aquel pasillo para llegar a la parte trasera de la mansión.

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"¡Takeru, ayúdame! ¡Takeru! ¡Auxilio!"

Por más que corría no podía llegar a ella. "¡Suéltala maldito!" Exigió apretando su paso.

Pero no llegó a tiempo. El cuerpo de la mujer castaña fue atravesado por aquella filosa espada.

"¡Mako!" Gritó él en desesperación.

Observaba como aquella sombra mostraba sus amarillos dientes. Aquella sonrisa llena de maldad y burla.

"¡No!"

― ¡Auch! ―

Ante aquel quejido, Takeru abrió los ojos finalmente. Después de su charla con Marvelous, se había recostado en aquel piso, para tratar de ganar fuerzas. Pero ocurrió todo lo contrario. Estaba agitado, estaba sudando y su cuerpo temblaba. Cuando por fin entró en sentido, procesó aquella voz. ― Mako… ― pensó con miedo. Se incorporó velozmente, tanto que casi se cae. Corrió por aquel pasillo hasta llegar al cuarto de entrenamiento por dónde provenía el grito. ― ¡Mako! ¿Estás bien? ―

Ella se giró con lentitud al verlo. ― ¿Takeru? Sí… ¿Qué te sucede? ― Pidió con cautela.

El hombre no pudo responder, ya que llevó su mano a su boca. Mako se asustó. ― ¿Dónde está el baño? ― Pidió atropelladamente.

La Shiraishi reconoció aquella acción, así que se apresuró. ― En aquella puerta ― Indicó.

Takeru corrió con ambas manos tapando su boca, evitando que el vómito saliera. Mako se asustó, pero lo siguió. Se quedó parada a lado de la puerta de aquel baño. Sólo escuchando la fuerza con la que las arcadas salían del cuerpo de Takeru. Cerró sus ojos esperando que aquello terminara pronto.

― Takeru… ¿Estás bien? ― Se atrevió a preguntar, segundos más tarde.

Dentro, el hombre seguía erguido frente al inodoro. Se sentía mareado, y ahora su estómago estaba vacío. Tiró de la palanca, esperando que con eso, todo el malestar se esfumara. Se incorporó hacia el lavabo para enjuagar su boca y lavar su cara para poder refrescarse.

― ¿Takeru…? ― Llamó ella por lo bajo.

El aludido resopló. Secó su cara y se preparó para abrir la puerta. Los ojos de la Shiraishi se ampliaron. Y antes que éste pudiera responder, ella se lanzó a sus brazos. ― Estoy bien… estoy bien Mako ― Le susurró al sobar su cabello.

Ella se separó para poder mirarlo a los ojos. ― Claramente no estás bien… ¿Qué te sucedió? ― Exigió saber.

― Sólo estoy algo cansado… o quizás algo me cayó mal ― Intentó excusar.

Pero Mako le dio una mirada severa. ― Será mejor que descanses, ni siquiera puedes ponerte de pie ― Advirtió con preocupación. Tomó su brazo, de manera que éste pudiera recargar su peso en su hombro. ― Vamos ― Dijo, empezando a dar pasos pequeños junto a él.

Takeru sonrió. ― Te besaría, pero no sería muy agradable ―

Mako rodó los ojos. ― Las bromas no te sientan bien estando enfermo ― Declaró.

Ambos continuaron su camino hacia la habitación en silencio.

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― Dan Kizagari… es un compañero en el mundo de la fama, es un cantante, modelo y actor profesional… pero de otra agencia ― Empezó Ahim a relatar.

Ahora Marvelous y ella se encontraban sentados al borde la fuente de aquel enorme jardín. El hombre a su lado la observaba prestándole atención.

― ¿Y por qué te molesta? ― Cuestionó sin rodeos.

Ahim suspiró y empezó a juguetear con sus pies que colgaban de aquella fuente. ―… Salimos un tiempo… ya sabes cómo pareja ― Confesó avergonzada. ― Sin embargo… ―

― ¿Qué cosa? ― Pidió él nuevamente dándole la pauta a que prosiguiera.

Ella alzó la vista hacia su acompañante. ― No era lo que imaginaba… se transformó en una persona totalmente diferente ―Vociferó formando una mueca. ―… Era egoísta… infantil… grosero… y arrogante ― Enumeró de forma lenta. Negó. ― Simplemente no era mi tipo ― Resumió.

Marvelous aspiró profundamente y se cruzó de brazos. ―… Era un superficial ― Le apoyó.

Ahim torció el gesto, pero terminó asintiendo. ― Sí… exactamente así ―

― Me he cruzado con gente que es así… y simplemente la detesto ― Comentó éste.

― ¿Es por eso que no te agradé al principio? ― Pidió ella. ― Bueno… quizás aún no te agrado por completo ― Murmuró desanimada.

El Shiba se puso de pie con su misma pose de brazos cruzados. La miró por sobre su hombro. ― Las personas pueden cambiar de parecer ¿No es así? ―

Ahim sonrió ante aquella respuesta. ―… Y también merecen una segunda oportunidad ―

Marvelous captó aquellas palabras y asintió mientras sonreía de lado. ―… Y es por eso que ya me agradas… princesa ― Admitió, haciendo énfasis en el apodo.

En circunstancias normales, a Ahim le molestaría aquel apodo. Sin embargo, viniendo de él, ella sabía que tenía un significado distinto, un significado único sólo entre ellos. Sonrió, sintiendo sus mejillas enrojecer. ― Bueno, ya es un progreso ― Comentó. ― Gracias Marvelous-san ― Finalizó agachando levemente su cabeza.

El Shiba estiró sus brazos en un bostezo. ― Mmm bueno creo que iré por algo de comer a su refrigerador ― Ahim soltó una risita. ― Olvídate de ese Dan… estoy seguro que encontrarás a alguien mucho mejor ―

Quizás ya lo encontré… ― Pensó ella sin dejar de mirarlo con cariño. Luego notó como él sobaba su estómago. ― Mejor vayamos a la cocina antes de que mueras de hambre ― Bromeó.

El del cabello alborotado no lo pensó dos veces y asintió ante dicha propuesta.

― He de decir que tienes un estómago bastante fuerte y grande ― Comentó Ahim con diversión, siendo seguida por detrás por él.

Marvelous sonrió de lado. ― Cuando viajas por todo el mundo… pruebas muchas cosas, supongo que eso ha hecho mi estómago indestructible ― Explicó con orgullo.

Ahim sonrió asintiendo. ― Puedo entenderte ― Luego torció el gesto. ―… Aunque la primera vez que salí de gira mi cuerpo no lo soportó y terminé enferma por una semana ― Informó con algo de vergüenza.

― ¿Y mejoraste? ― Pidió él curioso.

― La verdad sí… no puedo decir que lo he probado todo, pero bueno más allá del continente lo he hecho ―

El Shiba se detuvo. ― Supongo que después de tanto tiempo, las salchichas o el pollo frito es algo que jamás podré despreciar, es de mi lista número uno ―

― Bueno ahora que trabajamos juntos… no perderemos la costumbre. Eso te lo aseguro ― Finalizó ella. Ambos se sonrieron y siguieron su camino.

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UNIDAD DE DELITOS ESPECIALES

― ¿Kiriko, a dónde me llevas? ― Pidió Shinnosuke con cierto aburrimiento mientras era tirado por la mano de su compañera.

― Ya lo verás ― Dijo ella algo cortante.

― Debemos ir con Rinna-san para que nos dé la información del chip ¿Recuerdas? ― Volvió a decir empezando a desesperarse.

― Enseguida iremos, primero debo mostrarte algo ― Informó ella del mismo modo cortante.

Shinnosuke rodó los ojos. De la nada su compañera literalmente lo arrastró hasta la parte trasera de la Unidad, caminando por aquel pasillo que parecía interminable, hasta que finalmente ambos se detuvieron frente a una puerta de color verde, tapada por un carrito lleno de cosas. Kiriko movió aquel obstáculo y abrió la puerta.

― ¿Pero qué…? ― Pidió Shinnosuke al asomar su cabeza y darse cuenta que había una serie de escalones.

Kiriko optó por avanzar primero. Algo dudoso, su compañero la siguió.

― Bienvenido al B-Pit ― Anunció ella luego de que llegaran al final, a una especie de laboratorio y las luces se encendieran por sí solas.

Los ojos de Shinnosuke se abrieron como platos. ― ¿Qué demonios? ― Exclamó. ― ¿¡Qué hace el Tridoron aquí!? ― Pidió alarmado, señalando el enorme vehículo. ― ¿Kiriko, me estás escuchando? ―

Pero ella se alejó y tomó una especie de máquina que se movía impulsándola. ― Sé que todo esto es raro… ― Shinnosuke alzó una ceja. ― De acuerdo, es demasiado raro… pero hay una explicación ―

― ¿Enserio? ¿Y cuál es? ―

― Confío en ti… ― Confesó ella con tranquilidad.

Eso tomó por sorpresa al Shiba. La miró de arriba abajo, buscando calmarse. ― Kiriko… ―

Ella tragó duro. ― ¿Tú confías en mí Shiba-san? ― Cuestionó mirándolo a los ojos.

Él se acercó. ―… Confío totalmente en ti Kiriko Shiraishi ― Respondió éste con total seguridad y sinceridad.

Kiriko asintió. ― Entonces sí es así, me gustaría presentarte a alguien muy especial ― Informó antes de girar aquella máquina, revelando un extraño objeto encima de la misma. ― Él es Krim Steinbelt ― Anunció.

Shinnosuke ladeó su cabeza confundido. ― ¿Él? ― Repitió. ― Pero yo no veo a nadie… ¿Quién es Krim… Belt… eso? ― Interrogó sin comprender muy bien la situación.

― Debes aprender a ver más allá de tus ojos, Shinnosuke ― Dijo una tercera voz.

― ¿Qué? ― Exclamó el mencionado. Miró hacia todos lados, pero no había nadie más que Kiriko y él. A menos que… ― No puede ser… ― Emitió acercándose a aquel objeto. ― ¿Esa cosa habló? ― Cuestionó señalando dicho objeto.

― Siento decírtelo, pero soy un cinturón ― Aclaró aquella voz nuevamente.

― ¿Un cinturón? ― Repitió el Shiba. ― ¿Esto es enserio? ―

Kiriko asintió. ― Lo es… más sin embargo su existencia es secreta para la Unidad, incluso para Hayase-san ― Confesó.

― Kiriko… es un cinturón del que hablamos ― Razonó señalándolo. ― De seguro me golpeé de más anoche y yo… yo estoy soñando ¡Sí! De seguro es eso ― Intentó convencerse de forma torpe.

― Es más terco de lo que describiste Kiriko ― Señaló el cinturón formando una carita de tristeza.

La aludida suspiró. ― Ni que lo digas… ―

Shinnosuke pasó una mano por su pelo. ―Lo que creo es que te volviste loca ―

La Shiraishi formó un mohín y se le acercó. ― Dijiste que confiabas en mí ― Le recordó.

― Eso fue antes de saber que me enseñarías a tu amigo el cinturón parlante ― Debatió.

Kiriko bajó la mirada. ― No sólo lo de Hayase-san me tiene dañada… ― Comenzó a decir. Eso atrajo la atención del Shiba. ―… Ocurrió hace casi dos años, eran mis primeros trabajos en la unidad… fui atrapada… ― Confesó con la voz empezando a quebrársele. Shinnosuke la miró sorprendido esperando que continuara. ― Uno de los criminales más famosos de la ciudad… se obsesionó conmigo y… me secuestró en el sótano de su casa para poder torturarme ― Relató.

― Kiriko ¿Por qué no me dijiste…? ― Intentó cuestionar él, empezando a sentirse mal por aquella situación.

Pero ella ignoró su pregunta. ―… Alguien me rescató a tiempo, antes de que el tipo… ― Apretó sus dientes y se abrazó a sí misma. ―… Terminara el trabajo ― Aspiró profundo. ― Jamás supe quién era… pero un par de días después conocí a Krim ―

―… Y yo le prometí que la ayudaría a encontrar a su salvador… y a limpiar el nombre de su padre Arthur ― Agregó el cinturón, luego de escuchar aquello. ― Hemos trabajado juntos desde entonces ― Concluyó.

El Shiba estaba más allá de confundido. Pero le dolía profundamente todo aquello por lo que atravesó su compañera. No tenía la mínima idea. Ahora por fin comprendía el por qué su sonrisa se había desvanecido, y no la culpaba. Aquello había sido un evento en verdad traumático. Pero lo que más extrañamente le dolía era el hecho de que alguien más haya llegado primero a salvarla. ¿De verdad ahora estaba celoso?

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MANSIÓN SHIRAISHI

― Hey… no te ves tan rudo postrado ahí ― Bromeó Marvelous.

Takeru lo miró con fastidio. ― Acércate y veamos qué tal queda tu cara después―

― Qué delicado ― Musitó el otro alejándose.

Dada la situación de Takeru, Mako les informó a los demás, y aquí estaban, Marvelous, Right, Daigo y Haruto; rodeando aquella habitación a la espera de las explicaciones de su líder.

Right suspiró y se acercó. ― Dejaste a Mako muy preocupada ― Informó. ― ¿Qué te pasó? ―

― Odio que me vean de esta forma ― Susurró apartando la mirada.

― Y nosotros odiamos que no nos cuentes lo que te pasa ― Debatió Haruto, parado en la esquina de aquella habitación.

―… Recordé a mi hermana ― Habló finalmente.

Los demás compartieron una mirada. Ahora toda aquella situación tenía sentido.

― Te dije que no estabas bien ― Canturreó Marvelous.

Daigo frunció el ceño. ― Deja de molestarlo, sabes perfectamente que el asunto de su hermana lo pone mal ― Regañó.

― Yo sólo le dije que se calmara, pero por lo visto se exigió demás ― Se defendió Marvelous metiendo sus manos a sus bolsillos.

― Voy a estar bien ― Aseguró el mayor, sentándose.

― Lo dudo ― Vociferó Haruto en su misma pose.

― Yo también ― Secundó Right mirando a su líder de reojo.

Takeru chasqueó la lengua. ― Se preocupan demasiado ―

― Y tú no te preocupas nada ― Recriminó Right torciendo el gesto. Lentamente se puso en cuclillas a su lado. ― Hay algo más… ¿No es así? ― Volvió a pedir entrecerrando los ojos. ― ¿Algo que dijimos en la sala? ― Intentó adivinar, pero el peli negro no dijo nada. Tragó duro, y les echó un vistazo rápido a los demás antes de volver a hablar. ― ¿Es algo que tiene que ver con Sosuke Esumi? ―

El resto de su equipo lo miraron atentos, esperando a que respondiera. Right esperaba un golpe por su indiscreción, pero en vez de todo eso, Takeru resopló.

― Sosuke Esumi es… fue… uno de nosotros ― Respondió por lo bajo y de forma lenta.

― ¿Qué? ― Exclamaron los demás acercándose más a él.

― ¿Somos siete? ― Pidió Daigo ladeando la cabeza.

Takeru negó. ― Fuimos siete… ― Corrigió. Chasqueó la lengua y continuó. ― Dejé libre a Sousuke antes de conocerlos a ustedes ― Reveló con tranquilidad. Los demás no podían hallarse más confundidos. ― Me encontré con él justo después de perder a mi familia… trabajamos juntos un tiempo, pero él tuvo que irse, obtuvo una beca para estudiar y ser profesional como corredor de autos ―Se recargó en el respaldo. ― Y por lo visto lo logró ― Finalizó al recordar el álbum de fotos de Mako.

― ¿Por qué no nos hablaste de él? ― Interrogó Haruto.

― No tenía caso; él ya tiene su vida… ―

― No quieres arriesgarlo ― Inquirió Right. Se puso de pie. ― Como a nosotros, por eso quisiste dejarnos ir dese día ―

― Deben saber que si hay una oportunidad, yo no lo pensaré y les permitiré tomarla ― Declaró el mayor con determinación.

― Bueno… eso ya dependerá de nosotros ¿No crees? ― Debatió Haruto.

Takeru no dijo nada más. Sólo volvió a recostarse. Después de todo, era la misma charla de siempre, que sólo los llevaba a gritarse y a enfurecerse por nada.

― Creo que la plática terminó ― Anunció Marvelous saliendo de la habitación.

Daigo y Haruto se miraron, asintiendo y saliendo por aquella puerta también.

El mayor Shiba cerró los ojos, permitiéndose descansar. Right lo miró de reojo y jaló una silla para poder sentarse a observarlo. Sólo en caso de que se le ofreciera algo.

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EN EL B-PIT

La nueva pareja de detectives, terminaban de limpiar un par de cosas de aquel taller. Mientras su nuevo "amigo" digitalizaba un par de datos.

― ¿Por qué no me dijiste? ― Interrogó Shinnosuke. Kiriko se detuvo y lo miró sin comprender, así que éste prosiguió. ― Tu accidente con aquel sujeto… creí que todo derivaba sobre tu padre, jamás imaginé una cosa tan horrible como esa ―

La Shiraishi suspiró. ―… Lamento que te enteraras de esa forma; pero es que no puedo ir por ahí revelando mi mayor temor… me volvería presa fácil ¿Lo entiendes? ― Explicó con esa misma cara de inexpresividad como cuando la conoció.

― Debes dejar de actuar de esa manera… esconder lo que sientes, incluso tus temores… a la larga podrán dañarte ―

Ella curveó sus labios de forma amarga. ―… Eso significa que de todas maneras me dañarán ¿No es así? ― Pidió mirándolo.

― No si yo permanezco a tu lado ― Declaró el Shiba de forma automática.

― Lo mismo dijo mi padre antes de… antes de desaparecer sin dejar rastro ― Vociferó con un tono lastimero.

Y Shinnosuke empezaba a creer en aquellas palabras. Aunque Takeru les había informado que los papeles de su plan habían cambiado, no podía evitar sentirse mal consigo mismo. Si Kiriko se llegara a enterar que sólo está ahí para dañarla ¿cómo lo tomaría? ¿De verdad ahora ellos se habían convertido en el monstruo? Pero entonces sí ese era el caso… el monstruo había caído ante los pies de la víctima… de la bella víctima.

Mientras el tiempo llega de que se destape la cruda verdad, él aprovecharía cada instante para conocerla y para permitirle conocerlo. Desde este momento había forjado su propia promesa de protegerla a toda costa.

―… Entonces yo haré mi mayor esfuerzo por cambiarte de idea ― Concluyó finalmente con total decisión. Luego se encogió de hombros. ― Sé que parezco poco fiable… pero sigo siendo un policía ― Le sonrió tenuemente.

Kiriko lo observó sorprendida. Esa convicción, esa seguridad… buscaba en su mirada alguna pisca de mentira, pero jamás la encontró. Estaba cansada de actuar por su cuenta, estaba harta de estar sola. Él se había convertido en todo lo que había estado buscando en el último tiempo. Su corazón y su mente ya lo sabían.

― Gracias… ― Musitó haciendo una leve reverencia; en un intento por ocultar sus sonrojadas mejillas.

Mientras el cinturón trabajaba, se mantenía al tanto de aquella conversación. ― No la defraudes… Shinnosuke ― Pensó, al escuchar aquella firme promesa.

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MANSIÓN SHIRAISHI

― ¿Seguro que estarás bien? ― Pidió Koyomi juntando sus manos. ― Sí quieres podemos quedarnos, al menos hasta que estés más tranquilo con lo de Takeru ― Ofreció, buscando la mirada de su acompañante.

Haruto sonrió. ― Estará bien ― Resopló. ― Takeru es bastante terco, así que creo que eso le ayudará ― Bromeó.

Koyomi sonrió por lo bajo. ― Bueno… a veces la terquedad ayuda a tener una fuerza de voluntad mayor ante las adversidades ―

― Sí y no tienes ni idea ― Metió sus manos en sus bolsillos. ― Sé que Takeru lo hace por nosotros, para no preocuparnos, jamás se dejaría ver decaído tan fácil ― Koyomi asintió comprendiendo aquello. ― Como sea… ¿Nos vamos ya? ― Interrogó.

La Shiraishi sonrió. ― Vamos ― Ajustó su bolsa. Y ambos empezaron a caminar para llegar a la puerta principal de la mansión.

― Oh, Koyomi ¿Ya se van? ― Llamó Amy llegando a ellos.

La aludida asintió. ― Sí, antes de que se haga más tarde y Mako cambie de opinión ― Bromeó, Haruto también sonrió. Después de todo, les había costado algo de trabajo convencer a la mayor Shiraishi de dejar salir a la chica. Un par de promesas y advertencias hicieron ceder a la mujer castaña ante la petición. ― ¿Se te ofrecía algo? ― Pidió volviendo su atención a ella.

Amy negó. ― No. Está bien, sólo quería un helado, pero mejor voy más tarde a la heladería ― Comentó, formando un gesto gracioso.

― Bien, entonces nos vemos más tarde ―

― ¡Qué se diviertan! ― Exclamó Amy agitando su brazo para despedirse.

Ambos le sonrieron y salieron por la enorme puerta. Amy bajó su brazo y suspiró. ― Se nota que ya se tomaron cariño ― Murmuró sonriendo levemente.

― ¿Amy? ― Llamó una voz tras su espalda.

La susodicha sonrió y se giró. ― ¿Qué ocurre King? ―

― ¿Estás bien? Te noté algo pensativa ― Comentó él acercándose.

― Mmm descuida estoy bien, sólo despedía a Haruto y a Koyomi ― Daigo asintió comprendiendo. De pronto una idea golpeó la mente de ella. ― ¿Oye, quieres ir por un helado? ― Ofreció.

El chico rascó su nuca, y la miró. ― ¿Helado? ― Repitió un tanto confundido. ― ¡Seguro! ― Aceptó sonriendo ampliamente.

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Mako ingresó lentamente a la habitación en la que dormía Takeru. Con suavidad ingresó y observó a Right, que también se había quedado dormido. Ella sonrió y se acercó para acariciar su cabello rojizo. ― Eres sólo un niño… ― Musitó.

―… Sí que lo es ―

La mujer se giró rápidamente. ― ¡Takeru! ― Llamó por lo bajo. Se acercó rápidamente a él. ― ¿Cómo te sientes? ― Cuestionó.

Con la ayuda de ella, logró sentarse en aquella cama. ― Bastante mejor realmente ― Respondió recargándose.

Mako jaló la silla de ahí y se sentó junto a él. ― Me alegro… estaban preocupados ― Musitó, mirando de reojo al menor de los Shiba.

Takeru también miró al chico. ― Es extraño, normalmente soy yo quien se siente así la mayoría del tiempo ― Comentó.

Mako soltó una risita. ― Puedo entenderte ― Volvió a verlo. ― Fue el único que se quedó, debe quererte mucho ― Analizó.

― Tuvo una infancia bastante difícil ― Relató observándolo. ― Y al final yo tuve que ocuparme de él y de los demás ―

FLASHBACK

Takeru… ¿Tienes un segundo? ― Llamó temeroso el chiquillo.

El aludido revisaba una carpeta, giró la vista por un instante. ― ¿Qué se te ofrece? ―

¿Por qué lo hiciste? ― Interrogó. Takeru cerró aquella carpeta y lo miró. Right prosiguió. ― ¿por qué nos reuniste? ¿Por qué me salvaste? ¿Qué tengo yo de especial? ―

El mayor dio un sonoroso suspiro. ― Dímelo tú, ¿qué tienes para ofrecerme? ― Contraatacó.

El chico tragó duro y bajó la mirada. ― No te pedí salvarme ―

Takeru puso sus ojos en blanco. ― ¿Preferirías morir? ―

Sólo tengo miedo que todo esto desaparezca ― Respondió en un susurro lastimero. Takeru se acercó y se sentó a su lado en aquella camilla. ―… Mi familia ya no está ― Concluyó entre dientes.

Sé cómo te sientes ―Intervino el otro con su vista fija al frente. ―… Hace años lo perdí todo ― Confesó. ― Sin embargo apartarse de todo y de todos no tiene ningún sentido… debes formar tu propio equipo… tu propia familia ― Vociferó.

Una familia… ― Repitió el pelirrojo.

Takeru sonrió de lado y sobó su cabellera. ― Descansa pequeñín ― Se despidió.

El mencionado también sonrió. Algo en él le decía que las cosas cambiarían.

FIN DEL FLASHBACK

― ¡Auch! ― Exclamó Right un tanto adormilado, mientras sobaba su cuello. ― ¿Pero qué…? ― Se encontró con las miradas divertidas de Mako y Takeru.

― Al fin despiertas… tu cuello no resistiría mucho más ― Bromeó Mako con una sonrisa.

El chico se sonrojó. ― Lo siento… ― Musitó avergonzado. ― ¿Cómo te sientes Takeru? ― Interrogó, cambiando el tema.

― Creo que lo peor ha pasado ― Informó con tranquilidad.

La fémina del lugar se puso de pie caminando hacia el menor. ― Quizás sea bueno que te estires un poco, Kagura está en su habitación ― Comentó.

El pelirrojo asintió. ― Bien… compermiso ― Hizo una pequeña reverencia y se alejó.

― Es muy tierno ― Elogió Mako con una sonrisa tierna.

Takeru chasqueó la lengua. ― Es un chiquillo que siempre consigue lo que quiere ― La mujer lo miró con desaprobación. Y él sonrió. ― Aunque es la pequeña y rojiza goma de mascar que nos mantiene unidos ― Concluyó.

Mako se acercó a él nuevamente. ― Y creo que para ti eso significa que él te importa mucho ― Inquirió juguetona.

Takeru tomó la mano de ella y la acarició. ― Sí, podría decirse que es así ― Le apoyó.

Ambos se sonrieron con cariño.

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EN ALGÚN LUGAR

― A la primera, Takeru puede parecer frío, de pocos amigos y de pocas palabras… pero todo el sufrimiento del pasado lo volvió de esa manera ― Empezó Haruto a relatar.

Él y Koyomi estaba sentados en aquella arena gris, observando las olas de aquel mar, danzar.

La chica Shiraishi estaba atenta a las palabras de su acompañante. ― Debió atravesar por algo muy difícil ¿No es así? ―

― Perdió a sus padres… Están muertos― Respondió lentamente. ― A los dos… en un solo segundo ― Agregó mirando a la nada.

Koyomi bajó la vista. ― ¡Vaya! ― Suspiró pesadamente. ― No puedo imaginarme siquiera algo así ― Haruto la miró. Y ella se abrazó a sus rodillas. ― Digo, mi madre falleció pero mi papá… no sé dónde está, pero estoy segura de que está vivo ― Analizó. ― Es por eso que no puedo imaginar un dolor como por el que Takeru está pasando ― Finalizó, volviendo su mirada a él.

― ¿Y tú crees en tu padre? ― Se atrevió a cuestionar.

Koyomi se abrazó más ― No es una cuestión de creer si es inocente o no ― Comenzó a decir. ― Era el héroe de mi mamá… de mis hermanas… era mi héroe ― Confesó, para después tragar duro. ― Nos decepcionó; y cuando te decepcionan una vez… es difícil cambiar de parecer ―

Ante aquellas palabras, el castaño sólo pudo tragar duro y desviar la mirada. Ahora se daba cuenta de que esto era un viaje sin retorno. Si Koyomi se enteraba de la venganza, él sería historia; eso era un hecho irremediable. Las cartas ya estaban echadas, sólo quedaba esperar.

― Tienes bien planteados tus ideales ¿no es cierto? ―

― Sólo digamos que la experiencia habla por sí misma ― Resopló y volvió a extender sus piernas. ― ¿Y qué me dices tú? ¿Has viajado toda tu vida? ―

Finalmente se permitió relajarse. ― A veces sientes que no encajas en ningún lado y sólo te queda cambiar de sitio hasta hallar el adecuado ― Explicó con un sentimiento de nostalgia.

― ¿Y aún te sientes así? ―

Él negó al instante. ― La verdad no. Ahora tengo a mis primos ― De reojo pudo notar que el rostro de Koyomi cayó, así que agregó. ―… Y te tengo a ti ―

Ella lo miró sorprendida, pero unos segundos después sonrió junto con él.

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EN ALGÚN LUGAR

― ¿Y qué tal América? ―

― Bastante bien… muchos americanos… ya sabes ―

― ¿Por qué no te quedaste allá? ―

El segundo sonrió de lado. ― Yo también te extrañé Chiaki ― Comentó.

― Sólo bromeo. Bienvenido de vuelta Gou ― Respondió el primero tendiéndole la mano. El aludido sonrió y ambos hicieron un par de movimientos, como parte de un saludo especial. ― Genial, no se te olvidó el saludo ―

― Somos familia ¿No? ―

― ¿Los primos también cuentan cómo familia? ― Bromeó Gou.

En respuesta, Chiaki le golpeó juguetonamente el hombro.

― ¿Qué pasó con todo el odio de niños? ― Interrogó con burla una tercera voz masculina.

Gou sonrió de lado. ― Ya no dirás eso después de un rato más, ya lo verás ― Advirtió, mientras lo señalaba. ― Somos una bomba ¿No es así Chiaki? ―

El aludido también se acercó sonriente. ― Eso puedes apostarlo ―

El otro hombre sonrió. ― Es por eso que están aquí; quiero ese ánimo Tani y Shijima combinado para la misión encomendada ―

― Hiciste la elección más adecuada, eso es seguro ― Vociferó Gou con altanería. Compartió una mirada con su primo y chocaron las palmas.

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MANSIÓN SHIRAISHI

Right y Kagura bajaban las escaleras con calma, mientras conversaban.

― Me alegra que Takeru ya esté mejor ― Comentó la chica de coletas. ― Debe ser raro que algo así le pase ¿no? ― Inquirió.

Right asintió. ― Normalmente, cuando me enfermo de gripe, él es quien se queda a cuidarme por la noche ― Contó con una sonrisa leve. ― Es por eso que me preocupé ahora, ya que una situación así, no sucede ―

Kagura tomó el hombro de él. ― Lo importante es que lo peor ya pasó ― Le animó.

El Shiba sonrió ampliamente. ― Exactamente ―

Ambos siguieron su camino hacia la planta baja. Ahí se encontraban Daigo y Amy.

― Oh, Kagura ¡Oye! ― Llamó Amy.

Finalmente los menores llegaron junto a ellos. ― Amy, ¿Qué pasa? ― Pidió su hermana.

― Lo que pasa que King y yo iremos por un helado ¿Quieren venir? ― Invitó, con todo su entusiasmo marcado en su cara.

De la misma manera el rostro de la peli negra y el pelirrojo se iluminó. ― ¡Sí, genial! ― Exclamó Kagura juntando sus palmas.

― Un helado no caería para nada mal ― Secundó Right.

― Entonces ya está, vámonos ― Anunció Daigo.

Amy asintió sonriente. Y así el cuarteto abandonó la mansión entre risas y juegos.

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Después de arrasar con el refrigerador. Marvelous se encontraba en la sala principal, viendo algo de Televisión, acostado en aquel enorme sofá, que sin lugar a dudas ya se estaba convirtiendo en su favorito. De pronto, el timbre de la puerta sonó. El peli negro emitió un quejido, no quería levantarse y tal parece que no lo haría, ya que Ahim apareció desde una de las habitaciones.

― Mmm me pregunto ¿quién será? ― Susurró encaminándose a la entrada.

― ¿Esperaban visitas? ― Cuestionó Marvelous, alzando la cabeza.

Ella negó. ― No… bueno al menos yo no ― Declaró. Suspiró y abrió la puerta. ― Sí, ¿Qué se le ofrece? ― Pero ya no había nadie ― ¿Hola? ― Llamó nuevamente.

Notando aquello, el Shiba se incorporó con pesar y llegó hasta la chica. ― ¿Qué ocurre? ―

Ella lo miró confundida. ― No hay nadie ― Respondió señalando el pórtico vacío.

Marvelous alzó una ceja al notar algo. ― Allí dejaron un papel ― Señaló el suelo. Se agachó tomándolo, para luego dárselo a ella.

Ella giró el papel para leer el remitente y el destinatario, pero sólo se podía leer éste último. ―… Es para Mako ―Musitó.

― Entonces llévaselo ― Sugirió el hombre.

Ahim asintió, cerró la puerta y junto a Marvelous se encaminaron a la habitación en la que estaba la otra pareja. La del cabello rizado tocó la puerta un par de veces.

― Adelante ― Concedió la voz de su hermana mayor. Los dos ingresaron. ― ¿Qué ocurre Ahim? ― Pidió al momento de separarse de Takeru.

― Mmm… te llegó una carta ―

Eso confundió más a la pareja del otro lado de la habitación. La castaña se puso de pie. ― ¿Una carta para mí? Qué extraño ―

― ¿Acaso ya no recibes cartas? ― Intentó bromear Takeru ya sentado nuevamente.

― Bueno… no ― Respondió ella. ― Me comunico con las personas a través del correo electrónico, no por cartas ― Explicó mirando a Takeru por sobre su hombro. ― Esto es muy extraño… ―

Eso aumentó la curiosidad de los hombres Shiba. Y por supuesto de Ahim que esperaba ansiosa a saber aquel contenido.

―Pues ábrela ¿no? ― Le animó la otra fémina.

La mayor asintió y con sumo cuidado quitó el pegamento del sobre, y sacó la hoja blanca contenida. La desdobló y empezó a leer en su mente aquellas letras oscuras en una fuente de letra bastante peculiar.

Mako Shiraishi Tani:

Tu nombre completo y verdadero ¿Correcto?

Es un verdadero honor poder comunicarme con usted.

Después de todo, es la siguiente en la línea ¿No es así? El matriarcado reinado de la mafia Shiraishi, pende de un hilo, y ahora usted es la única que podrá levantar ese nombre. En verdad me apena que sea una mujer la encargada de conservar dicho título. Me corrijo, que sean seis mujeres las que deban dirigir a la mafia, sin embargo es lo que hay… al menos por ahora.

Seré más claro, para nada soy un amigo.

Sólo quiero culminar mi venganza. Tu padre y tu abuelo fueron demasiado estúpidos. Acabaré con ustedes, de eso no hay duda. Y cuando eso ocurra, nadie será capaz de detenerme.

Por cierto, esos hombres que consiguieron para nada les servirán. Si tengo que eliminarlos también, lo haré sin dudar. Si creíste que sufrieron demasiado en el pasado, no tienen idea de lo que les espera… no tienes idea.

Pronto podremos vernos la cara Mi Lady…

¡Adiós! Y reciba un cordial saludo.

ATTE.

MAF Anónimo.

PD: Lindo espectáculo el de anoche. Le ha dado a los medios de comunicación de qué hablar. Pero le daré un consejo sincero; Vigila mejor a tus hermanas o algo podría ocurrirles.

― ¿Mako…? ― Llamó Ahim con cautela.

La aludida empezaba a temblar. Y sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas. Negó una vez, dos veces, tres veces. Pasó una mano por su cabello.

― ¿Qué rayos le pasa? ― Cuestionó Marvelous mirando a Ahim, ésta se encogió de hombros. Pero podía sentir que algo andaba mal.

Takeru no esperó más y se puso de pie. Tocó el hombro de ella. ― ¿Mako? ― La llamó lentamente, tratando de hacerla volver. ― ¿Qué dice? ―

Ella se giró hacia él. Sus ojos poniéndose rojos, por el llanto contenido.― Nos están alcanzando… no sé cómo… pero vienen por nosotras ― Respondió con la voz temblorosa. ― Takeru… nos quieren matar ― Concluyó arrojándose a sus brazos.

Preso de la sorpresa, Takeru sólo pudo estrecharla contra sí, pero por encima del hombro, le mandó una mirada significativa a su primo. Éste también estaba sorprendido y pudo percatarse que la otra hermana estaba igual, así que se acercó a ella y tomó su hombro para darle confortamiento.

Esa carta, cambiaba radicalmente las cosas.

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EN LAS CALLES DE LA CIUDAD

― El mejor postre de helado de fresas, les encantará sin dudar ― Aseguró Amy canturreando y dando saltitos por la calle.

― Era el favorito de nuestros Padres ― Informó Kagura con una sonrisa nostálgica. ― El negocio ha existido desde que ellos se conocieron ―

― Ha de significar mucho para ustedes ― Comentó Right. Las dos hermanas asintieron. ― E imagino que ese postre debe estar delicioso ―

Amy se detuvo dando un salto enfrente de ellos. ― ¡Pues claro! ― Exclamó. ― No por nada es el mejor postre de helado de fresas del mundo ― Declaró haciendo el signo de paz y guiñando un ojo; como si de una presentadora de TV se tratara.

King sonrió ante aquel entusiasmo, y luego uso sus manos como visera, para que de esta manera se tapara el sol. ― Pues nos caerá muy bien, con este calor que está haciendo ― Los demás soltaron unas risitas. ― Por cierto ¿Falta mucho? ― Volvió a pedir esperanzado.

Amy negó. ― Ya casi llegamos ― Anunció con una sonrisa de oreja a oreja.

El cuarteto siguió su camino nuevamente.

Mientras tanto, oculto en unos arbustos. ― El objetivo esta casi en posición, esperando órdenes para proceder ― Susurró por el comunicador.

― Perfecto. Sólo asegúrate, de acabar con ellos ― Respondió otra voz del otro lado de la línea. ― Dos Shiraishi y Dos Shiba, deber ser un gran día ― Musitó para sí, agregando una risa malvada.

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N/A: ¡He vuelto! La verdad no tenía planeado actualizar en estos momentos. Pensaba esperar hasta Junio; (lo sé, demasiado cruel de mi parte) pues como dije mi tiempo ha estado muy limitado, pero bueno, ahora que estaba de vacaciones, un par de ideas surgieron, hice algunos borradores, notas, etc., etc… y al final esto resultó. Quizás no sea lo mejor que he hecho, pero como siempre trato de esforzarme y espero que cuando menos esto calme sus ansias, porque ahora sí, nos veremos de nuevo hasta Junio si Dios quiere.

¡Ya me estoy enamorando de Kaori & Arthur! No puedo evitarlo, son tan dulces, y eso que yo lo creé Jajaja espero que estén disfrutando tanto como yo de esa pareja en esa parte de la historia también.

A pesar de haber sido corto el tiempo para escribir, una parte de mí está orgullosa por lo que conseguí. Ya el pasado de Takeru ha sido revelado, y la identidad de un par de personajes también; si no mal recuerdo, sólo me falta profundizar un poco el asunto de King, así que lo tendré en mente al momento de escribir el próximo capítulo. Nuevos y viejos enemigos y amigos siguen alcanzando a los Shiba y a las Shiraishi; así que deberán estar más unidos que nunca para poder enfrentar a sus enemigos similares. El momento de la verdad, ya casi se acerca.

En fin, basta del suspenso. Ya saben que si les gustó no olviden comentar.

¡Hasta la próxima!

GEMITHA0208