Finalmente el ultimo capitulo, comenten que les parecio. Saludos y disfruten


"Tan tan tatan tan tan tatan" la música comienza envolviendo la delicada capilla. Los presentes se levantan, con miradas expectantes hacia la entrada. Mi corazón se ha vuelto un caballo salvaje dentro de mí. Intento respirar cuando le veo, pero me es imposible. El aire se cuela de mis pulmones ante la majestuosa imagen de la novia que camina a un paso tortuosamente lento. Un fino velo le cubre el rostro. De su mano su padre, aún no ha perdido esa mirada dura durante años. Se acerca a mi lado, vuelo en la ensoñación del momento. Quito con cuidado la fina tela que me priva de su rostro. El corazón se me encoje, queja dentro de mí. Su semblante esta decaído, una persiana de agua salada se ha levantado sobre los rubís que amo.

-Amor - llamo con dulzura. Depositando una caricia en su mejilla. Sus rasgos se contraen, he aumentado la angustia en mi acto.

-No puedo Natsuki- emite en un murmullo, su tono es suplicante.

-Son los nervios Shizuru, quédate tranquila, aquí estaré- digo con amor. Tomando su mano. Depositando un beso en el nacimiento de sus dedos. Ella se contrae ante la acción, mirando desesperadamente la salida.

-Esto es un error - repite nuevamente.

-No puedo- dice, quitando su mano sobre la mía.

-Shizuru - le llamo. Pero ella solo levanta con cuidado su vestido iniciando el recorrido rápido ante la salida.

-Shizuru - le llamo implorantemente, pero no me oye. Sus pasos rápidos, cada vez más lejanos me privan de su abrigo.

-Shizuru - le llamo, pero nada. Los invitados inertes en sus lugares. Su familia ha comprendido en segundos la situación, ha actuado de auxiliadora a corren en rescate de detener esta catástrofe.

-SHIZURUUUU! - Grito con fuerza. Las cuerdas vocales gritan ante la acción. Ella se gira desde el marco de la puerta. Su mirada me enfoca, nuestros ojos se conectan.

-Lo siento- pronuncia en un débil susurro marchándose.

-SHIZURUUUUUU! – grito con fuerza, sintiendo la molestia ante el acto. La profunda oscuridad me recibe, mi pecho cabalga en búsqueda de oxígeno. La presión en el pecho me obliga a intentar enderezarme. El silencio del lugar me cubre.

-Shizuru- suplico a su lado de la cama pero solo sabanas frías encuentro. La desesperación hace mella en mi mente, un sentimiento de abandono me cubre.

-Shizuru- suplico. El recuerdo de que está en casa de Hakura asalta mi mente. Marco el número con rapidez.

-Natsuki, ya te he dicho que no puedes hablar - dice cortando. Vuelvo a intentarlo.

-Hakura, dame a Shizuru- pido, suplico.

-Te digo que no, guárdate tus ansias para mañana- contesta. No llamo nuevamente, cambio de opción.

-Mai, ven por favor - digo desde el oscuro de mi habitación. Me levanto con esa pesadez que da el desatino de tener un mal sueño.

-Parecía tan real - digo.

-Creo que son nervios- me contesta Mai. Sentadas en la terraza mirando el cielo.

-No creo que sea ello- digo. Mientras tomo un sorbo de la cerveza.

-Es normal tener miedo Natsuki no eres de acero - contesta Mai.

-Creo que soy yo - digo girándome, apoyo mi cuerpo en el barandal.

-Claro que eres tú, quien más serias- dice la pelirroja riendo – parece que la cerveza te está sentando mal

-Creo que en el sueño Shizuru soy yo- digo.

-¿quieres abandonar a Shizuru?- me pregunta sorprendida con ojos abiertos

-No, claro que no- respondo la obviedad.

-creo que tengo miedo que las cosas no salgan como deben. Tengo miedo a no hacerle feliz, a angustiarle y me preocupa- respondo con sinceridad. El silencio se extiende por unos minutos.

-Creo que es normal, tener miedo ante cada nuevo proyecto – responde Mai tomando un tono reflexivo – Con Shizuru están comenzando una nueva etapa, apostando una a la otra en esto, colando sus esperanzas y vidas en mano de la otra.

-Natsuki, en las relaciones el corazón de cada una está en manos de la otra. Quien se equivoca lastimara a su amada- dijo maternalmente la pelirroja.

-Temo cometer errores- confieso. Siendo cobarde de mirarle.

-Lo entiendo, pero fin al cabo todos nos equivocamos. Errar es humano- responde dándole un sorbo a la cerveza.

-¿Entonces qué debo hacer?- pregunto un tanto confundida, sin hallar hilo que seguir.

-Intenta no fallar, pero si fallas pide perdón, enmiéndalo. He intenta no volverlo hacer, ¿entiendes?- pregunta.

-Claro- digo. Nos miramos y sonreímos.

-Lo harás bien, le amas mucho. Ella también te ama, podrán con todo, tranquila- ejecuta. Mientras miramos el horizonte teñirse. Nos sorprende la aurora en risas. El sentimiento de euforia y confianza me envuelve. Por Shizuru hare todo lo posible he imposible, le amo. Me repito como mantra.


Horas después.

El piano toca la fina melodía acompañado de los violines. La iglesia delicadamente decorada acompaña a la ceremonia de manera elegante. Espero en el fino vestido que ha elegido Mai para la ocasión, bajaremos cada quien por una escalera encontrándonos en el altar. Tiemblo dentro de mí, sintiendo la ansiedad colarse por cada polo de mi ser. Los ojos de Mai enfocados en mí, Takumi envuelto en su traje me mira con dulzura. Sera el quien me lleve al altar, aquel quien su hermana ha sido mi auxilio tanto tiempo, hoy me presta lo más preciado para mi compañía. Los ojos se me llenan de lágrimas, tomo en mis brazos a Mai, solo siendo capaz de articular unas gracias en su oído. Ella también, luchando ante las lágrimas golpea mi hombro.

-Estúpida no llores que se correrá el maquillaje – dice en chiste.

-No puedo creer que Natsuki-kun se nos case – dice Takumi. Quien nos ayuda a poner sonrisas.


Pov Shizuru: En la diferencia está la gracia

La cualidad del pensamiento infantil tan llena de utopías. El día más importante de la mujer siempre tan envuelto de los deseos paternos, ese momento en que terminamos de quitar el último ladrillo a ser mujer. De reafirmarnos en ser, nosotras mismas, de mostrarle a la sociedad el orgullo de ser mujer. El vestido delicado, el blanco atrayente cubriéndome. El ramo de flores delicadamente ordenada sostenida de mis manos enfundadas en guantes. El velo sobre mi rostro, el maquillaje sencillo sobre mis facciones. La sonrisa deslumbrante ante el ansiado momento. La cola del vestido tan cuidada por todos, va meneándose detrás de mí. Tan significativo para mi persona, símbolo de mi pasado. Largo, arrastrado, tan anhelante de ser quitado. De sentir libertad. Tanto tiempo esperando el momento. Observo la imagen que me devuelve el espejo, descubro un momento el velo mientras tomo distintas perspectivas de mi persona. Mis labios de un salmón tranquilo exhiben un gusto prohibido, detallan un llamado a la visión. Detallo mi calzado, denotado de cintas cruzadas finas. Los centímetros agregados del tacón, me llevan al fiel cuestionamiento de cómo estará mi esposa. Miro la puerta inútilmente. Solo a un par de metros ella, la destructora de paradigmas. La creadora de felicidades, la amada de mi corazón. Ella, solo ella. La loca chica que rescate, sin saber que ella sería mi salvadora. Me rescato de un mundo de vanidad, vacío y silencio. Cuantas noches he dormido susurrando su nombre, cuantas veces he recorrido cada centímetro de su epidermis. Hoy el acto final, hoy el firme contrato con el universo de la veracidad del pacto consumado. Ella mía, yo de ella. Allí culminante la ecuación. Al final he llegado al altar, yo: la soltera empedernida. Yo, la cobarde a relaciones largas, escapistas de compromisos. He encontrado quien me coloque cadena. Quien sea capaz de mirar adrede de mis mascaras. Ella, solo ella. Suspiro. Sonrió, como último recurso al espejo, desde lejos distingo la voz de Hakura discutiendo.

- Shizuru, algo azul- dice gritando. En su tono normal. Entregándome un prendedor. Yukino entra con una diadema.

- Algo prestado- me explica.

- Algo viejo – dice mi padre pasándome las ligas de mi madre.

- Algo nuevo – ejecuta Mikoto. Mientras un colgante es exhibido de sus manos.

- Solo queda esperar el momento- dice Yukino. Mientras todos nos observamos desde el reflejo del espejo.


El regalo

Pov Natsuki

- ¿estoy bien?- repite Natsuki por quinceava vez.

- Que te digo que si- dice Mai. Quien estira su paciencia como el ultimo poco de perfume en el frasco.

- Estas hecha un desastre – dice Nao con malicia mirándola desaprobadoramente.

- ¿Cómo? ¿Dónde?- ejecuta Natsuki, comenzando a girar en círculos intentando buscar la falla. Nao sonríe, ama poner en apuros a Natsuki. Mai se toma la cabeza.

- Nao, deja de molestarle, se está por casar- regaña, en tono cansado.

- Si, me estoy por casar- repite Natsuki mientras se mira al espejo. El contraste de sus ojos verdes con lo blanco brinda una belleza eclipsante, enamoradiza. El nerviosismo cubre sus rasgos haciéndole parecer más joven. Debajo de su piel el tejido de dudas, y miedos. Por encima una sonrisa que aflora constantemente.

- Estas bien cachorra, solo deseo joderte- confiesa entre aullidos mientras su cuerpo levita en el aire colgando por su oreja en manos de Mai.

- Pero no tienes nada prestado, ni nuevo, ni azul- dice Aoi como obvio. Todos la miran, han olvidado el pequeño detalle.

- Son meras supersticiones – responde Chie. Los ojos de Mai dudosos.

- Es cierto, ¿que podría salir mal?- agrega Mai con nerviosismo.

- Su matrimonio, que sea un fracaso. Que la abandonen en el altar, que se le quiebre un taco mientras va bajando la escalera, rompa las flores, se quiebre los dientes y mate al cura en el proceso – dice Nao mientras lima sus uñas. Todos los ojos están puestos en ella de manera alarmante.

- Que me miran solo decía- responde quitándole importancia. El corazón de Natsuki comienza un galope incesante.

- Ya lo resolveremos no te preocupes Natsuki- dice intentando calmar a su amiga. Que parece a punto de parir en un ataque de pánico.

- Algo azul- dice Aoi mientras entrega el prendedor de cabello que lleva puesto.

- Algo prestado- dice Mai mientras le entrega una fina pulsera de color plata. Takumi la mira con ternura.

- Algo nuevo – Dice Nao mientras le entrega unos finos zapatos para la ocasión.

- Gracias – logra articular Natsuki al borde de las lágrimas. Entrega un abrazo a cada una.

- Solo falta algo viejo – examina Chie. Llaman con golpes en la madera. Mai con cuidado abre, rogando que no sea Shizuru y que deba discutirle para que se marche.

- La señorita Krugen – pide un hombre de traje. Su rostro impasible. Mai se retira invitándole a entrar.

- Discúlpeme señoritas y caballero- dice el hombre. – pero debo dejarle este encargue que me fue entregado señala. Deposita una caja en manos de Natsuki.

- Todo esta aclarado dentro- explica emprendiendo su camino a la salida.

- ¿Quién manda esto?- ejecuta rápidamente Natsuki.

- Su padre- dice duramente. Desde la salida vuelve su mirada – lamento su perdida señorita- dice retirándose. La sala se llena de silencio. Una confundida Natsuki coloca la caja en la cómoda, quita la tapa encontrándose con un papel doblado. Lo desenvuelve en sus manos.

El papel doblado, fue lo primero que me encontré dentro la letra rezaba:

"Natsuki:

Hija mía, sangre de mi sangre. Las palabras nunca han sido mi fuerte y la ausencia provocada por mi persona no podrá ser justificada por ninguna de ellas. Desde mi lecho he recordado tu persona, entendiendo el error cometido al dejarte abandonada. Podría justificarme con el hecho de la muerte de tu madre, pero sería vano. Aunque el hecho me sacudió envolviéndome en la oscuridad, sé que podría haber luchado por ti, que hubiera sido lo mejor, pero no soy capaz de cambiar el pasado. Si mis decisiones hubieran tomado otra forma, tal vez hoy tú no estarías llena de ausencia y yo no moriría en soledad. Desde aquí solo me queda pedirte cobardemente que me perdones, sabiendo que jamás podre enmendar mis daños. Espero que esta carta que he encomendado haya llegado hasta tus manos, he rogado que llegue el día de tu casamiento. Te daré un consejo, y aunque supongo que de mí no deseas nada. No le tomes como del padre que te abandono, sino de un estúpido que intenta que nadie transite su camino de errado. Morir a la vera de la nostalgia es horrible, por ello te anticipo. "Supera, ama, vive con locura. No te encasilles en el dolor, sino abre tus puertas a la esperanza y el amor."

Sin más palabras solo me queda darte el collar y los pendientes favoritos de tu madre. Ahora son tuyos".

Saque torpemente los papeles encontrándome con las joyas. Observe la delicadeza del collar, y sonreí mirando a Mai.

- ¿Qué es eso?- señalo Nao. Levantando un sobre del piso. Lo tome, la delicada letra me abofeteo. Natsuki Krugen Kuga, rezaba.

- "Hoy comienzas una nueva etapa. Haz las paces con tu pasado, batalla con lo que veas adelante. Enfócate en el amor y en convertir a tu casa en un hogar. Mi princesa, hoy eres una mujer y soy la madre más orgullosa. Estoy muy feliz por ti" Tu madre, que te ama. Saeko Kuga – dije. Mi voz tomada por la emoción. No podía creerlo. Me senté buscando refugio de todo, pero no lograba callar mi cabeza.

Sentía dos mareas chocando dentro de mí ser. Mire el espejo dejando caer lágrimas guardadas durante años. Esta vez Mai no se quedó atrás llorando detrás de mi hombro. Me coloque los aretes con añoranza. Es irónico que el día que me sentí hija, ya no tenía a mis padres. Pero ella había sido su historia, ahora comenzaba la mía. Hasta ese momento movida solo había sido el producto de otros. Huérfanas de padres, protegía de Shizuru, prometida de Alissa, pero ya no más. Sería lo que yo quisiera, tomaría las riendas de mi vida. Las decisiones comenzaría a formarlas yo, desde hoy con un si acepto delante de todos. Los miedos escaparon de mí ser y una calma increíble me cubrió. Seque el vestigio de las últimas lágrimas de mis mejillas.

- Mai- dije llamándole.

- ¿si Natsuki?- me dijo. Parecía una magdalena.

- Anda madrina arréglate y llévale esto a Shizuru – dije entregándole el collar. Ella sonrió de inmediato, tomando camino hacia el otro salón. Mire el espejo sonriendo. Todos miraron mi imagen he imitaron mi gesto. Era un día para estar feliz.


Pov Natsuki

El tiempo levito de mi conciencia. Todo sucedió sin detenerse. La extensión de sus dedos sobre los míos, el oro adornado el pacto. Firme cada uno de sus movimientos en mi memoria, guarde el recuerdo de su tacto, la amplitud de su sonrisa, la alegría de sus ojos, el rostro risueño, guarde el suspiro amplio de mi alma al verte. Imprimí mi amor en sus labios, respire casi sobre ellos, descansando nuestras narices se acariciaban mientras intentábamos recuperar el aliento.

- Te amo – dije, perdida de amor en tu mirada. Su mano acaricio mi mejilla en un acto lleno de ternura.

- Yo también te amo, mi amor – emitió. El bullicio de la gente comenzó, mientras una multitud de brazos y voces nos cubrían en felicitaciones. Mi mente ausente de ellas, guardaba celosamente el fotograma de tu imagen. Reproducía de manera incansable tu "si acepto", era una niña que no creía que su sueño se cumplió. Cerré los ojos pidiendo al cielo que no me abandonara nunca ese recuerdo. Llena de automatismo respondí a la multitud. Le coloque un título a tu foto, "el amor de mi vida" rezaba, lo colgué en la galería principal de mi mente. Desperté de mis pensamientos al cerrar la puerta del auto. La masa poco a poco se perdía a medida que el auto avanzaba en distancia. Tú sonreías, feliz. Tus rubís divagaban entre las caras que iban siendo devoradas por la lejanía. Tu mano saludaba cortésmente. Solté el tacto de nuestro agarre para limpiar las pequeñas y resbaladizas gotas saladas que cubrían tus mejillas. Era la emoción del momento.

- Discúlpame no debería llorad- dices mientras colmas una sonrisa en tu labios. Niego con un ademan.

- Puedes hacer lo que desees Shizuru. Lo único que te pediré es que seas tú misma – digo sonriéndole. Deposito un casto beso en tus labios y volvemos al toque de nuestros dedos en un lazo.

- Creo que me agote un poco – me confiesas en tono bajo. Colocas tu cabeza entre mi cuello y hombro. Suelto tu mano y tomo tu cintura atrayéndote con delicadeza.

- Aún nos queda la fiesta amor- digo. Mis dedos suavemente acarician la piel expuesta de tus hombros. Es un deleite, la suavidad, el aroma a miel y vainilla que su cuerpo desprende. El acto en sí.

- ¿Shizuru?- llamo su nombre. Ella abre los ojos.

- Si amor – me contesta. Su tono es algo adormilado.

- Quisiera pedirte algo

- Puedes pedirme lo que desees amor- contesta en tono dulce.

- Esta noche – comienzo pero el silencio me para.

- ¿sí?

- Esta noche quiero que sea especial Shizuru, quiero que sea mágica para ambas. Que podamos recordarle cada día, y si hay tiempos duros nos acordemos de ese momento – introduzco.

- Es muy hermoso lo que estás diciendo, es tan lindo que sea así nuestra noche de bodas

- Shizuru – digo y miro sus ojos. Quiero verlo, quiero observar su reacción. – esta noche no…. Noo…

- Dime Natsuki – dice impaciente.

- No quiero tener sexo Shizuru – ejecuto, sintiendo el calor envolver mis mejillas. Ella me mira sorprendida. Luego tierna mientras toma mis mejillas y sus rasgos se tiñen en una sonrisa pícara.

- Creo que debes explicarme más, no entiendo del todo – acuna mis mejillas con ternura.

- Nos hemos casado- comienzo con nerviosismo – tenemos toda la vida para hacer el amor, esta noche hagamos algo diferente. No eres cualquier persona, solo para tener sexo, eres mi mujer y quiero amarte pero no quiero que solo sea eso – digo mostrando mi nervios. Comienzo a sentir falta de oxígeno y a alterarme. Ella, besa mis labios de manera dulce, tierna, delicadamente.

- Por mí no hay problema- dice con ternura. – Desde ahora puedo tomarte cuando desee – guiña el ojo de manera coqueta

- Shizuru – digo en tono infantil, mientras ella suelta su particular y dulce risa.

- Te amo Shizuru

- Te amo Natsuki

Esa noche al terminar la fiesta, nos fuimos. Mi amada y yo. Caminando a la orilla de la playa. Al ser tarde el cansancio mellaba e nosotras. Caminamos y terminamos besándonos mientras el sol comenzaba a bañar el paisaje con su luz.

- Nuestro primer amanecer juntas señora Krugen – dije de manera sensual.

- El más bello que he observado, señora Fujino – contesto. Nos reímos como jóvenes adolescentes.

Han pasado tantos años de ese momento. Algunas veces discutimos, por problemas de la vida, por opiniones diferentes. Pero siempre nos encontramos de nuevo, en el mismo lugar. La terraza de la casa, que da vista al mar, mirando el sol naciente. Sin decirnos nada nos abrazamos, algunas veces lloramos. Otras solo nos pedimos perdón. Pero jamás comenzamos un día, enfadada con la otra. El nuevo día siempre será nuestro pacto, aunque el día sea nublado o llueve, el sol siempre estará allí, como nuestro amor.

Fin


Okis terminamos que les parecio? saludos queridos lectores