CAPITULO TRES

ESPIA PERRUNO

En los siguientes días de la semana, nadie aún me llamaba Loki, hasta que a Unix se le ocurrió llamarme a gritos el viernes y a partir de ese momento mi destino siguió su curso. Me enfadé demasiado con él.

– Perdón, Loki – lo oí disculparse, pero no quiero saber nada ¿Cómo se le ocurre llamarme así a los cuatro vientos?

– ¿Te sirve de algo que le pida a los demás que llamen Unix? – negoció.

– No – respondí secamente.

– Por favor – rogó.

– No – repetí.

– No lo vuelvo a hacer – prometió.

– Eso ya no me sirve de nada, estoy marcado – declaré lúgubre.

– Pues que sensible eres. Mira que enojarse por una tontería así – dijo algo molesto, eso me hizo explotar y lo golpee en la cara, él no se quedó atrás y me respondió, nos lanzamos el uno contra el otro.

– ¡Ya basta! – escuchamos a una chica gritar.

– ¡Eidan! – gritó otra, pero seguimos dándonos con todo.

– ¡A ver si se calman! – escuchamos ahora a una voz de mujer a la que identifiqué que pertenecía a la profesora de biología, la señora Fidgerald. Inmediatamente nos separamos, pero de mucho servía, ya estábamos en problemas y en camino a la oficina del director. Pude ver a la hermana gemela de Unix y a la otra chica, tenía cabello rizado y negro, amarrado en una coleta y sus ojos avellana llenos de preocupación, no sé exactamente que sentí al verla, pero desde mi punto de vista ella es muy linda, suspiro. Ante sus ojos no debo ser más que un tarado que obtendrá su merecido. Seguimos de cerca a la profesora, Unix y yo nos ignoramos en todo el camino.

– Esperen aquí, rufianes – dijo la profesora mientras entraba a la oficina del director. Me alejé de él lo más que pude.

– Creo que fue divertido – le escuché decir, voltee a verlo y él me sonreía.

– ¿Qué? ¿Qué te partiera la cara? – pregunté incrédulo.

– Si y que yo te devolviera el favor – rió, creo que Unix tiene serios problemas mentales.

– Cuando quieras – sonreí y me uní a sus risas, por alguna extraña razón ya no estaba enfadado con él, creo que me alegra que nos vallan a castigar juntos.

– Unix, si sobrevives al castigo ¿Crees que mañana te dejen ir a mi casa? – pregunté pensando en la cena de mañana.

– ¿Ya me perdonaste? –

– No, pero no quiero estar solo y aburrido mañana – y es que era un hecho real que los Wishwood irían a comer mañana y creo haber mencionado que no quiero estar con esa tal Scarlet.

– Pues de mis ganas si iba, pero no creo que mis padres me dejen, a parte del castigo debo ir a acompañar a Biana a su ensayo de ballet, es un fastidio, si me preguntas – solo puedo compadecerlo.

– Oye… había otra chica ahí, con tu hermana, no la había visto antes ¿Quién es? – pregunté curioso por esa chica que se me hacía linda, quería saber si él la conocía y si era así tal vez poder acercarme a ella.

– Es Paloma, creo que se han hecho amigas, entró desde el miércoles – me contestó, así que su nombre es Paloma, un nombre lindo, entonces la puerta de la oficina se abrió.

– Adelante – escuchamos la voz del director y la profesora Fidgerald salió de la oficina mirándonos severa y se retiró.

Entramos y nos paramos justamente delante de su escritorio, el señor que estaba frente a nosotros tenía cara de amargado, poblada de unas cejotas, bigote rizado en las puntas y una barba de chivo, que nos miraba penetrantemente.

– Según la profesora Fidgerald, ustedes estaban peleándose en el pasillo ¿Tienen algo que decir en su defensa? – preguntó.

– La verdad es que si – respondí.

– ¿Y bien? – esperó nuestra explicación y yo miré a Unix quien me sonrió, parece que él sabía lo que iba a decir.

– Nada, es todo. Reconocemos que nos peleamos – le respondí.

– ¿Todavía tienen el cinismo de decirlo? – se molestó.

– No es cinismo, es honestidad, franqueza. Algo que yo aprecio mucho director, y si eso le molesta, lamento decirle que no voy a mentir – declaré y vi leve sorpresa en el rostro del director.

– De acuerdo, jóvenes. Por esta ocasión se los dejaré pasar, porque yo también aprecio la verdad, pero la próxima vez no tendrán tanta suerte, retírense – dijo mientras volvía a sus papeles.

– Con permiso – le dijo Unix.

Una vez afuera.

– De la que nos salvamos – sonrió.

– Pero tú aun estás castigado – declaré.

– ¿Qué? ¿Por qué? ¿Cómo? – se asustó.

– Iras al recital de tu hermana – me burlé.

– Si, ese ya es castigo suficiente – dijo con pesar.

– Pues suerte y nos vemos el lunes – le digo mientras nos separamos para cada quien fuera a su respectiva casa.

Al llegar a casa, vi a mi madre leyendo su recetario.

– Hola, mamá – la saludé.

– Hola cariño ¿Sabes? Tengo problemas para escoger el menú de mañana – dijo. Mañana… no quiero que sea mañana, no quiero estar aquí, será mejor acompañar a Unix al recital de su hermana.

– ¡Tengo una idea! – exclamó mi madre sacándome de mis pensamientos.

– ¿Cuál? – fingí interés.

– Ve con los vecinos y socializa con Scarlet, tal vez ella te diga algo que me pueda ayudar para la cena de mañana – sonrió y yo solo abrí los ojos, asustado.

– ¿Tengo que ir yo? – pregunté esperanzado en que dijera que Nina fuera en mi lugar.

– Si, por que yo tengo un proyecto que entregar – escuche la voz de mi hermana atrás de mí, por lo que veo, hoy llegó temprano, pero volviendo al tema.

– No – me niego rotundamente a ver a esa chica.

– Lokien, si no vas te ganarás un buen castigo – amenazó mi madre ¿Qué no le parece suficiente con mi nombre? Suspiro admitiendo mi completa derrota, – Está bien, si no hay de otra – dije resignado.

La comida del día de hoy estaba lista y nos sentamos a la mesa. Al terminar, mi madre me sacó de la casa con una Nina burlona.

Bueno, ahora estoy aquí afuera, vigilado por mi madre y mi hermana, rumbo a la casa de una chica que me asusta. Finalmente llego y toco la puerta, en cuanto esta se abrió, la señora Whiswood me recibió y yo me sentí muy feliz.

– ¿Si? – sonrió y de nuevo no podía dejar de mirarla.

– Señora Wishwood, quería saber si ¿Me dejaría convivir con Scarlet? Aunque si no está, podría ayudarle en algo a usted – me ofrecí.

– Ella está en su habitación. Pasa, enseguida le llamo – me dejó entrar hasta su sala y ella subió. De nuevo me molesté por sentirme así, pero al volver no me importó. Admiré la sala, tenía un estilo extraño, una mezcla de estilos del medio-oriente y aires a cabaña. Que extraño es.

– Enseguida baja – escuché de nuevo a la señora Wishwood al volver a la sala, – Me alegra saber que alguien quiera convivir con ella, es que la pobrecilla no tiene muchos amigos – se lamentó por su hija.

– Pues yo seré su mejor amigo – sentencie.

– Es muy dulce de tu parte, gracias. Iré al jardín – terminó de decir y yo tuve el impulso de ir tras ella, pero Scarlet apareció.

– ¿Qué quieres? Me dijo Laila que me querías ver – dijo con molestia y a mí me extrañó que no llamara a la señora Wishwood: Mamá.

– No estoy aquí porque quiera, mi madre me mandó – le expliqué molesto, no iba a permitir que me intimidara.

– ¿Y? Vuelve por donde viniste, si sabes lo que te conviene, los de tu clase no son bienvenidos en esta casa – dijo ¿Me está echando?

– Mide tus palabras, porque mañana irán a cenar a nuestra casa – le advertí.

– ¿Enserio? Ni Wayra, ni Laila han dicho nada, en todo caso, yo no iré – me miró como si fuera poca cosa.

– No me importa, mejor. Solo vine para saber qué tipo de platillos les gustan – terminé diciéndole el verdadero motivo de mi visita.

– No creo que en tu casa tengan lo que mi refinado paladar está acostumbrado a saborear – dijo con desdén.

– ¿Y tu familia? – pregunté.

– Laila es vegetariana y Wayra no come cerdo ¿Feliz? Ahora vete – me corrió y fui hasta la puerta.

– Solo una pregunta ¿Qué pasa con tu madre? Es distraída, cuando estoy con ella me resulta encantadora pero en cuanto se va, me resulta irritante – le digo antes de irme y ella sonrió maliciosa.

– No diré nada – pero parece que lo pensó de nuevo, – Mejor te respondo con otra pregunta – me dice con una risita odiosa para a continuación ponerse de lo más seria, – ¿Crees en las hadas o en los genios? – bromea ¿Verdad?

– No, son cuentos de hadas – respondí.

– A mí me gustan los platillos con clase, nada corriente, de primera categoría; pero si no, mientras no me den nada vulgar, todo no será tan feo – ofreció sonriendo maliciosa de nuevo.

– ¿Cambiaste de opinión? – me sorprendí y lamenté.

– Algo así – respondió antes de cerrarme la puerta en la cara, obviamente me enfadé, pero el lado bueno de esta visita era que ya no me daba miedo, ahora empezaba a odiarla. Hablaba de sus padres como si fueran solo conocidos, se sentía superior, narcisista. Nunca me ha agradado ese tipo de personas.

Finalmente volví a casa y le di las noticias a mi madre, ella no dijo nada al principio.

– Una consentida, supongo – declaró – Aun así, la invitación ya está hecha – terminó.

Si, Scarlet vendría, la ignoraría y mi sábado sería y tranquilo o al menos, eso espero.