Digimon no me pertenece, es propiedad de Toei.

Fic para el Reto "Semana de la Diversidad Sexual II" del Foro Proyecto 1-8. Combinación 6, Taichi x Yamato, fetiche con ropa.


Pijama azul

Equilibrándose sobre sus muletas, Taichi dudó antes de tocar el timbre para que abrieran el acceso a la torre de apartamentos. Una mirada a su pierna derecha y al dolor que seguía sintiendo a pesar de que ya había pasado casi una semana desde la lesión, lo hizo tragarse el orgullo y presionar el botón blanco.

Esta, pensó él, entraba en la categoría de lo que Taichi llamaba una "lesión tonta". Se había barrido, como había hecho un millón de veces antes, para robarle el balón de fútbol al equipo contrario. Había sido una barrida limpia y había permitido que Hachiro pudiera marcar el tanto ganador del partido. Su equipo había pasado a cuartos de final del campeonato. El problema era que Taichi no había podido levantarse después de eso.

El equipo técnico se había encargado de tratar la lesión en el momento y Taichi no le había dado demasiada importancia. Ahora, cuando solo podía caminar ayudado con aquellas tontas piezas de metal que tenía bajo los brazos, se arrepentía de no haber mantenido el reposo que le habían pedido. Puede que nunca lo reconociera, pero su hermana Hikari llevaba la razón en lo cabezota que podía ser él.

Un sonido eléctrico y estridente resonó cuando se activó el intercomunicador:

—¿Quién es?

Taichi rodó los ojos. ¿No se suponía que Yamato estaba esperándolo?

—Soy yo— se aclaró la garganta, porque aquella siempre le había parecido una respuesta estúpida—. Taichi.

Yamato no respondió, en su lugar, un nuevo sonido le informó que había abierto el portón para él.

Se balanceó sobre las muletas y subió los dos peldaños y sonrió, aliviado, cuando vio que el ascensor se abría frente a él en la planta principal. Subir ocho pisos con muletas no era precisamente lo que necesitaba en aquel momento.

Había dudado, bastante, cuando el día anterior Yamato se había ofrecido, al verlo en su reunión mensual, a ayudarle con su problema muscular. Lo cierto era que no se había interesado mucho por la faceta profesional de Yamato, que acababa de graduarse, un par de meses atrás, como fisioterapeuta. A pesar de que Taichi en condiciones normales solía cuidar su cuerpo, nunca, hasta ahora, había tenido que recurrir a alguien externo al equipo de fútbol en el que ahora jugaba profesionalmente. Pero el nuevo chico que estaba trabajando con ellos en el Club era un idiota integral y Taichi estaba razonablemente seguro de que, lejos de ayudarlo, había empeorado su situación.

El ascensor se abrió y Taichi salió de su interior, contó tres puertas hacia la derecha y golpeó el bajo con las muletas. Tal y como lo esperaba, cuando abrió, Yamato le hizo mala cara. Lo que no se esperaba era su propia reacción al verlo, por primera vez, en su ropa de trabajo. O al menos eso supuso Taichi que era.

Traía una especie de pijama de color azul, con pantalones holgados y mangas cortas. El cuello en V dejaba ver una pequeña porción del blanco pecho, mientras que las mangas mostraban unos brazos que Taichi nunca había notado tan fuertes. Tragó saliva.

—¿Qué? ¿Te vas a quedar ahí parado todo el día? —el tono, seco y algo burlón de Yamato, lo hicieron moverse y componer una sonrisa, avergonzado por su pequeño lapsus.

—Menuda bienvenida me das. ¿Se te olvida que soy un cliente?

—Claro, como si fueras a pagarme— lo picó Yamato, apartándose de manera que Taichi pudiera entrar a su apartamento. Estaba decorado con colores fríos y sobrios, tal y como lo esperaba de Yamato: blancos y azules, grises y negros. Sin embargo, en un rincón, había algunas plantas y había una camilla justo en medio de todo. Vinilo azul, cubierto con una sábana de color negro y un agujero cerca del borde para que el paciente pusiera el rostro.

Sobre un aparador había otras cosas: una colección de pequeñas agujas que hizo que Taichi se estremeciera, rollos de vendas de colores, una cajita de metal cerrada que parecía un diminuto portafolio.

Era evidente que Yamato estaba preparado.

—Bueno, he de admitir que me has sorprendido. Cuando me dijiste que me atenderías en tu casa, pensé que tendría que tumbarme en tu cama.

Yamato rodó los ojos y se acercó a la cocina, donde se lavó las manos. Manos de dedos largos y uñas bien recortadas, observó Taichi.

En lugar de pedirle que se subiera a la camilla, Yamato acercó una computadora y abrió un documento que parecía una especie de formulario. Taichi enarcó una ceja cuando Yamato empezó a preguntarle cosas como su fecha de nacimiento, lesiones previas y hábitos alimenticios. Era evidente que no estaba de humor para bromas y Taichi intentó tomarse en serio sus preguntas, respondiendo con sinceridad y tomándole de vez en cuando el pelo cuando le preguntaba cosas que, estaba seguro, él ya sabía.

La siguiente etapa tampoco fue como Taichi lo esperaba. No lo hizo subirse a la camilla aún, sino que empezó a pedirle que hiciera diferentes movimientos. Primero sentado y luego de pie. Al inicio apoyándose en sus muletas y luego dejándolas a un lado y equilibrándose sobre un solo pie. Estirando y doblando la rodilla, apoyando con cuidado el pie en el suelo. Cuando estuvo a punto de irse de bruces, le sorprendió encontrar el cuerpo de Yamato en el camino, sujetándolo, devolviéndole el balance, con músculos sólidos ondulando bajo su piel.

Finalmente, Yamato terminó con su diagnóstico y le pidió que se sentara en la camilla. A Taichi le agradó ver que, aún y cuando le costó un poco de trabajo hacer lo que le pedía, Yamato no corrió a auxiliarlo como si él fuera una damisela en apuros.

La relación de Taichi con Yamato funcionaba bien porque ambos tendían a llevar al otro al límite, probándose mutuamente que tan lejos eran capaces de llegar y aprendiendo, en el proceso, cuáles eran sus verdaderas capacidades.

Taichi se puso de costado, como Yamato le indicó y lo vio desplazarse de un lado al otro del apartamento, con la sangre rugiéndole en los oídos mientras notaba como el algodón de el pijama se pegaba a su cuerpo cuando él se movía y la forma, suavemente ondulante, en que sus músculos se estiraban y se plegaban.

Cuando, finalmente, Yamato puso las manos sobre su cuerpo, cada célula de Taichi pareció jadear. La presión, lenta y acompasada, hizo que sus músculos se tensaran y luego, como siguiendo las órdenes de Yamato, se relajaran de inmediato.

Su cuerpo pareció tomar su propia voluntad, respondiendo a las indicaciones no emitidas por Yamato, reaccionando a su toque, plegándose a su voluntad.

—¿Estás bien? —la voz de Yamato resultaba extrañamente ronca.

—Sí— la voz de Taichi no se encontraba mucho mejor. Y es que había algo curiosamente íntimo en la manera en que Yamato lo tocaba. Primero con fuerza, lastimando el músculo, y luego con amabilidad, como si le pidiera perdón.

Era el pijama, decidió Taichi. No había otra explicación para aquel deseo, visceral, que lo había abordado desde el momento en que había visto a Yamato. Taichi conocía el efecto que podían tener, a veces, los uniformes sobre las personas. A Mimi, por ejemplo, la obsesionaban los trajes de bombero y policía.

Taichi se encontró a sí mismo preguntándose si, de alguna manera, había encontrado en aquel sencillo pijama azul su propia kryptonita. Porque no se le ocurría ningún otro motivo por el cual, justo ahora, mientras Yamato le pedía que se volteara sobre su otro costado y se inclinaba, doblándose sobre la cintura, sobre él; él tuviera aquel loco deseo por comprobar si sus labios eran tan suaves como lo parecían o, más aún, si aquellos pequeños vellos dorados que empezaban a asomarse en la barbilla del otro chico picarían cuando lo besara.

La pregunta era ¿se atrevería?


Ya sé que soy mala por dejar las cosas ahí, pero bueno, ¿qué se le va a hacer?, que la musa hace lo que le da la gana.

Este es mi segundo aporte para la Diversidad Sexual y lo cierto es que estoy sumamente agradecida con el foro por haber traído esta actividad que te obliga, al menos a mí que he elegido puras parejas sobre las que nunca había escrito, a explorar tus límites.

Mil gracias a la gente hermosa que me dejó rv en el Kenkeru anterior: Chia Moon, Jacque-kari, Sthefynice, BlueSpring-JeagerJaques, DaeikoSou y Loveangel7.

¡Nos leemos pronto!

Un abrazo, E.