CAPITULO OCHO
LA CONVERSACIÓN DEL TÉ AZUL
Después de mi espantoso fin de semana, llegó el lunes. Estoy deprimido, no entraré al equipo de futbol de la escuela porque estoy castigado. Entrar sería un premio y tanto mi familia como el destino quieren que sufra, mi única esperanza es que hagan una convocatoria más adelante o un milagro, pero conociendo mi suerte creo que es un sueño más que imposible, sigo caminando hasta llegar al salón de matemáticas, dejo mi mochila al lado de mi lugar, me siento y suspiro derrotado antes de colocar mi cabeza en la mesa de mi pupitre.
– Órale ¿Tan mal estuvo? – escuché la voz de Unix preguntar.
– No tienes ni idea – le digo sin levantar mi cara.
– Pues platícame para entender – insiste.
– Ni siquiera quiero recordarlo, fue horrible, sin mencionar todo lo que me espera durante este mes – continué.
– Pues dímelo, tal vez pueda ayudarte y si no pues al menos ya te desahogaste – siguió insistiendo. Rendido, más que nada porque no quiero discutir ni esforzarme por nada, decidí contarle todo lo sucedido en el fin de semana infernal que viví.
– Esa chica es una bruja – comentó e iba continuar nuestra conversación, pero el profesor de matemáticas apareció.
Al llegar el receso, al fin pudimos continuar la charla pendiente.
– Pero hay algo que no entiendo – me dijo.
– ¿Qué? –.
– ¿Por qué hacer que te castigaran? ¿Eso en que le beneficia a ella? – continuó su pregunta.
– No lo sé, ya te dije que está loca, ni siquiera la conozco para que la tome en mi contra y lo peor de todo es que quiere estudiar aquí – termino confesándole mi mayor miedo.
– Eso sí que sería una película de terror – se burló.
– ¡Cállate! Por qué se puede hacer verdad – le grito alarmado.
– Pues entonces es un hecho que ya no entrarás al equipo de futbol, supongo – dijo cambiando el tema y levemente decepcionado.
– Supones bien – le doy la razón.
– Pero ¿Por qué no entrarás? – escucho una voz femenina conocida atrás mío, me giro para ver a la dueña que resulta ser Biana, la gemela de Unix, que viene con la chica que me gusta; Paloma, ambas tienen cara de preocupación.
– ¿Por qué no entrarás al equipo de futbol? – preguntó ahora Paloma.
– PorqueestacastigadoporquelalocadesuvecinalogróquelecreyeranlafarsadequeLokilaodiaporser- pobresiendoquelaverdaderarazonesqueladetestaporsertancreidayarrogante – terminó Unix sin aire y comenzando a respirar agitadamente, recuperándose, mientras los demás lo veíamos como bicho raro.
– ¿O… no fue… así? – me preguntó.
– Si, así fue – le contesté aun mirándolo raro.
– ¿Le entendieron? Porque yo no – confesó Paloma a lo que Biana y yo dijimos que sí. Después de que Biana le explicara la verborrea de Unix a Paloma, esta se molestó.
– ¡Pero como se atreve! ¿Y no pudiste defenderte? ¿No les explicaste? – me preguntó enojada.
– No me creyeron, ante los demás se comportó como princesa, pero trama algo, no sé qué sea pero me incluye a mí –.
– Pero debe existir una manera de probar tu inocencia – propuso Biana.
– Ya déjenlo, no tiene caso. Lo único que me queda es echarte porras Unix – le dije, pero recordé cómo va el castigo – Lo siento, ni eso podré hacer, saliendo de la escuela debo llegar directo a mi casa, mi madre ya sabe a qué hora llego, si me quedo por más tiempo me ha pedido que si es por causa de un profesor que este le envié una nota que explique el motivo de mi atraso, y para evitar falsificación, ellos le preguntaran por las notas en la próxima reunión de padres y profesores – terminé de explicar el protocolo de mi castigo. Todos me vieron con asombro.
– Me da miedo ser tú, agradezco no serlo – finalmente habló Unix.
– A mí me da miedo tu familia – dijo Biana.
– Te compadezco, no sabes cuánto – termino Paloma y los tres me vieron con cara de tristeza, creo que ya pueden comenzar a comprender que Odio mi vida.
El receso acabo y fuimos a continuar las clases. El día terminó y me despedí de ellos. Biana y Paloma se quedaron a ver las pruebas, le desee suerte a Unix y me fui rumbo a mi casa.
Llegando a casa ¿Qué haré? La tarea, supongo, mis deberes de limpieza, ya que no puedo usar la computadora a no ser que sea para investigar, bajo el ojo vigilante de mi madre; tampoco puedo jugar con ninguna de mis consolas; llegando debo entregarle mi celular para evitar que juegue o navegue; sin olvidar, claro, que tampoco puedo ver la televisión; volveré a repetir: Odio mi vida.
– Buenas tardes, Lokien – me saluda la señora Wishwood al pasar por su casa, sacándome de mis pensamientos, transportándome a una atmosfera feliz y encantadora, como siempre me sucede con ella.
– Buenas tardes, señora Wishwood – la saludo con una enorme sonrisa en mi cara.
– ¿Crees poder acompañarme a tomar té en mi casa en este momento, querido? – me pregunta.
– Por supuesto, será un placer, señora Wishwood – acepto aun a sabiendas de mi castigo que en ese momento me importa un pepino.
– Gracias, corazón – me decía mientras me dejaba entrar a su casa.
– Toma asiento – me ofreció al llegar a su sala y me senté en medio del sofá, – Enseguida vengo, voy por el té – dijo mientras se iba a la cocina y regresaba con dos tazas calientes de té de un extraño color azul rey pero que en su presencia no me importó, ni siquiera el hecho de no había traído azúcar o miel.
– Adelante, corazón, pruébalo – me ofreció mientras ella se sentaba en el sillón que estaba en frente de mí. Yo hice caso aun teniendo el presentimiento de que esa sustancia podría ser peligrosa para mi salud. La trague sonriendo, pero al instante en el que el líquido terminaba de correr por mi esófago para terminar en mi estómago, la atmosfera que rodeaba a la señora Wishwood se esfumo. Por cierto, esta cosa es amarga.
– Te recomiendo que bebas un sorbo cada vez que sientas esa atmosfera de felicidad de nuevo, sé perfectamente el efecto que le causo a los niños, una vez que cumplas trece años, mi efecto no te afectará nunca más – me explicó ¿Efecto? ¿Qué efecto?
– Realmente no te traje a beber té, querido, pero es necesario para tener una conversación real contigo. Primero que nada, debo ofrecerte una disculpa a nombre de Scarlet – me dijo, pero no entiendo.
– ¿A qué se refiere, señora Wishwood? – le pregunto.
– Dime Laila, señora Wishwood me hace sentir vieja – pidió.
– Está bien, Laila –.
– Gracias – sonrió lindamente pero ya no me parecía cautivadora, tal como dijo, el té tenía algo que impedía que yo entrase en ese estado.
– Verás, sé muy bien que Scarlet mintió sobre como la trataste – me comenzó a decir.
– ¿Y por qué no dijo nada? – pregunté molesto.
– Porque así debe ser, ella no quiere que entres al equipo de futbol y pierdas el tiempo que ella necesita de ti – me respondió.
– ¿Cómo se enteró de lo de las pruebas? ¿Y para que me necesita? – le pregunto.
– Lo siento, no puedo decírtelo, se molestaría mucho, ella te lo dirá en su debido tiempo, yo quiero hablar contigo aprovechando que ella junto con Wayra fueron a inscribirla en tu escuela – me explica ¿Qué? ¿De verdad? ¡No! No es que me importe demasiado, si eso hace feliz a la señora Wishwood ¡No puede ser! Debo tomar otro sorbo al té.
– ¿Por qué mi escuela? – le pregunté ya cuerdo nuevamente.
– Porque tú estudias ahí – es la misma respuesta que la bruja me dio.
– ¿Para qué me quiere? Además, siento que por como usted habla de ella y ella de usted, y si a eso le agregamos la edad, ustedes no parecen sus padres – le cuento mi sospecha.
– Tienes razón, no somos sus verdaderos padres, pero la queremos como una hija. Lo siento, no puedo hablarte de su pasado hasta que ella te diga para que te necesita, yo solo quería pedirte disculpas en su nombre. Supongo que van a regañarte por llegar tarde a tu casa, no te preocupes, dale un último sorbo al té y te acompañaré – me ofreció, le di otro sorbo al amargoso té y nos fuimos a mi casa, justo cuando ella toco el timbre me aventuré a preguntarle de nuevo.
– ¿No me puede dar aunque sea una pista de lo que Scarlet quiere de mí? – pregunté.
– De acuerdo, pero te la daré en forma de pregunta ¿Crees en las brujas? – me contestó con una cuestión extraña, parecida a la que Scarlet me había hecho días atrás.
– No, solo en aquellas que actúan como tal, pero sin nada mágico alrededor – le respondí y ella rio, mi madre abrió la puerta.
– Lo lamento, Penélope, pero este caballerito vino a mi casa a querer disculparse con Scarlet por lo sucedido el sábado, desafortunadamente, mi pequeña no está en casa. Le ofrecí tomar algo como agradecimiento por su disposición a pedir perdón, espero que eso no le cause problemas con ustedes ¿Cierto? – me preguntó y yo le seguí la corriente asintiendo levemente con la cabeza. Mi madre me miró sorprendida.
– Gra… gracias, Laila – le dijo mi madre.
– Al contrario, fue una delicia charlar con él, Penélope. Pues debo irme, aun debo terminar la comida para cuando lleguen Wayra y Scarlet, hasta luego. Espero verte más seguido, Lokien – se despidió ¿Llamándome por mi nombre? Es la segunda persona que conozco que me llama así.
– Guau… no me lo esperaba ¿No será por qué quieres que te levantemos el castigo? – preguntó mi a madre, como siempre, pensando lo peor de mí.
– No mamá, no es por eso – le dije mientras me iba a mi cuarto.
Me recuesto en la cama, mirando al techo, pero esta vez solo estoy pensando.
¿Qué era ese té extraño que rompía la atmosfera que rodea a la seño… a Laila? ¿Para qué me quiere realmente Scarlet? Comienzo a recordar que ambas me hicieron preguntas extrañas que en un principio me parecieron estúpidas pero que ahora no estoy tan seguro. ¿Crees en hadas o en genios? Fue la pregunta de Scarlet ¿Crees en las brujas? Fue la pregunta de Laila, no, no creo en eso, es mi respuesta ¿Será que las preguntas están en clave y algo oculto guardan sobre las intenciones de Scarlet para conmigo? No, no lo sé aun. Sin olvidar, claro, la mala noticia de que Scarlet estudiará conmigo, eso me traerá más problemas pero la cuestión real es ¿Actuará como princesa o como bruja?
Princesa Twilight Sparkle 1: Y te estás quedando corta en como lo va a hacer sufrir
enzo. zarate. 71: Gracias y si a nadie le molesta creo que si podré soltarme un poco
