Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son de mi propiedad, son creación de J.K. Rowling. La historia es de mi propiedad, apareció en mi loca cabeza un día cualquiera. Cualquier parecido con otra historia es solo mera coincidencia.
Summary: — ¡Estas saliendo con el señor Malfoy!, ¡¿Malfoy?! — Dijo una Rose de 15 años sobándose el puente de la nariz sin poder creer nada. — Seremos hermanitos Rose— Dijo el más joven de los Malfoy. — Dales una oportunidad Rose. Scorpius es muy dulce y caballeroso. — Dijo Hermione. —Claro, es un Malfoy después de todo— Esta vez fue Draco quien hablo y al igual que su hijo, sonrió. Sonrisas de padre e hijo que dejaron sin aliento a una madre y su hija.
N/A: Los agradecimientos al final del capítulo. — Inserta corazones. —
Es de familia
Capítulo 2: Sueño, recuerdos , y una rosa.
Habían pasado cinco días desde que Rose fue internada en San Mungo. Cinco días en los cuales Hermione Granger se la pasaba en el ministerio, el hospital de enfermedades y heridas mágicas, y solo se iba a casa ya entrada la noche. Durante esos días se la paso discutiendo con Malfoy por el estado de su pequeña, poniendo en duda las habilidades del medimago. Precisamente ese día jueves en la tarde, como había hecho durante los últimos días tras salir de su trabajo, se encamino hacia San Mungo con no muy buenos ánimos. Resulta que su día no había sido bueno, le habían rechazado uno de sus proyectos por lo que tendría que reorganizarlo, y eso a Hermione le cabreaba.
Tenía que desquitarse con algo o quizás alguien.
Y entre los pasillos de San Mungo vio a ese alguien. Una cabellera rubia platina diez pasos más adelante, su dueño estaba de espaldas permitiéndole ver solo parte de sus pantalones negros elegantes, costosos y la bata característica de los medimangos. Su caminar era imponente, seguro, elegante, tan Malfoy pensaba Hermione. Se quedó mirándolo mientras él se alejaba, los años le favorecían, seguía apuesto, era como el vino… Entre más años, mejor. Recordó como era en el pasado, en sus tiempos en Hogwarts y en lo muy cabrón que se portó, especialmente con ella.
Recordó los insultos, las humillaciones, los desprecios haciendo mella en su cabeza, y como si la hubiesen abofeteado aterrizó. La sangre le hirvió y se le paso un absurdo pensamiento, quizás Draco Malfoy se hacía pasar por medimago y le estaba jugando otra de sus estúpidas bromas crueles.
Molesta emprendió camino hacia donde se había ido el hombre, y tras grandes zancadas llego a la puerta de ébano oscura donde reposaba una placa plateada con el nombre del susodicho. No lo pensó, y sin tocar antes, abrió la puerta y cerro de un portazo.
Lo vio sentado detrás de su escritorio, mirándola a ella con cara de pocos amigos.
— ¿Qué ocurre Granger? — Preguntó paciente Draco.
— ¿Qué ocurre? — Espetó. — Ocurre que mi hija no ha despertado desde que la trajeron aquí. — Chilló colérica.
— Longbottom la trajo consiente, que tu no hayas llegado a tiempo para verla despierta no es mi problema. — Se defendió.
— Ese no es el problema, Malfoy. — La castaña lo miró acusadoramente. — Lo que me molesta es que no despierte ¡Por Merlín, lleva cinco malditos días dormida!
— No retes mi paciencia…
— No retes mi paciencia. — Imitó Hermione. — Créeme que para mí tampoco es un agrado verte la cara todos los días.
— Mi cara es una de las más cotizadas. — Dijo burlón. — Muchas mujeres desearían poder tener la misma suerte que tú, Granger. Perdón, Weasley.
Draco sonrió, si la mujer frente a él quería hacerlo enojar, haría que los papeles se invirtieran y jugaría ese juego. Ya había acumulado bastante paciencia en tan solo esos días, la ex-Gryffindor cada vez que le veía discutía con él. De paso aprovecharía de sacar información sobre la comadreja ya que ningún día se había aparecido por ahí.
— Es Granger. — Golpeó el escritorio del rubio con la mano.
— ¿Acaso el pobretón de Weasley te dejo? — Se mofó
— Mi vida personal no es de tu incumbencia. — Hermione estaba furiosa. — Quiero saber qué le pasa a Rose.
— Eso te lo informe hace dos días atrás. — La vio fruncir el ceño. — La lesión en la cabeza. — Le recordó.
— ¡¿Pero qué clase de medimago eres tú?!
Draco puso los ojos en blanco, ahí iba ella de otra vez con sus discusiones como los días anteriores. Se tocó el puente de la nariz.
— Soy uno de los mejores. — Dijo orgulloso. — Y yo no cuestiono tu trabajo en el ministerio con sus ridículas leyes.
— No son leyes ridículas Malfoy, son justas. — Se defendió ceñuda. — Si fueses de los mejores ella estaría sana en tan solo dos semanas.
— A ver sabelotodo, la comadreja pequeña tiene dos huesos partidos a la mitad y una lesión en la cabeza. — La voz del rubio sonó con rudeza. — Si no despierta es por la poción que le di. Es mejor que este dormida para llevar más rápido este proceso.
— No la llames así. — Gruñó. — ¿Y cuándo crees que despierte?
— Posiblemente hoy.
— ¡¿Tan difícil era decirme eso desde el principio?!
— Cálmate. Eras tú la que quería discutir. — Dijo Draco tranquilo.
Hermione no dijo nada, solo se limitó a fulminarlo con la mirada. Se giró y se encamino hacia la puerta, y antes de salir escucho una voz con un deje de burla a sus espaldas.
— Pasare por ahí más tarde, Weasley.
Salió dando otro portazo como cuando entró. Malfoy la sacaba de sus casillas, y con lo último que le dijo le habían venido unas ganas de darle un puñetazo en esa maldita cara tan cotizada como había dicho el, romperle la nariz como cuando estaban en tercer grado.
Estaba enojada, de sus ojos se podía ver como saltaban las chispas de pura furia que sentía contra el rubio.
Entro a la habitación donde estaba la pelirroja sobre una camilla, dormida sin dar señales de querer despertar. Hermione se acercó y beso su frente. Arrastró una silla al lado de la cama y se sentó. Mientras esperaba a que su pequeña despertara aprovecharía de reorganizar las ideas que tenía que sobre el nuevo proyecto de leyes mágicas que hace pocas horas atrás le habían rechazado.
No supo en que momento dejo de escribir y que su mente había dejado la concentración atrás. El enojo que antes la embargaba fue reemplazado por la tristeza. Esos dos meses habían sido los peores en ese año. El divorcio, Hugo echándole la culpa de que su padre se fuera, Rose accidentada, su trabajo que no le estaba yendo muy bien y por ultimo volver a ver a Malfoy, todo eso le estaba pasando la cuenta, y sabía que era cosa de tiempo que cayera enferma.
Y Ron ni siquiera había dado señales de vida.
Estuvo tan metida en sus pensamientos, que no se dio cuenta que alguien se removía incomodo en la camilla.
Rose en ese instante sentía el cuerpo adolorido, su brazo y pierna izquierda era donde más sentía dolor, pero lo que la estaba matando en ese momento, era el dolor punzante de su cabeza. Trató de abrir los ojos, en el primero intento la luz se lo había impedido y los cerro de forma inmediata, al segundo lo hizo lentamente acostumbrándose a la luminosidad.
— Me duele la cabeza. — Se quejó la chica en un murmullo apenas audible.
— ¡Rose! — Chilló Hermione.
La mujer se lanzó a abrazar a su hija.
— Mamá, no grites por favor. — Se volvió a quejar Rose.
Hermione la miro y suspiro aliviada, al fin había despertado como había dicho Malfoy. No tardo en llenarla de besos por toda la cara de la chica.
— ¿Cómo te sientes? — Preguntó la castaña, preocupada como la madre que era.
— Un poco mareada, adolorida, pero bien. — Dijo Rose haciendo una mueca de dolor.
— Al menos despertaste hija.
— ¿Cuánto tiempo estuve dormida? — Preguntó curiosa.
— Cinco días. Ya me estaba preocupando.
— ¡Por la barba de Merlín! me perdí las clases. — Exclamó preocupada la hija de Hermione.
— Puedes pedirle los apuntes a tu primo Albus.
— Ni hablar, no se los pediré. — Dijo molesta. — Prefiero suspender los exámenes a tener que pedirle sus apuntes.
Rose seguida indignada con Albus, ni pensado tenia disculparse con él, lo haría si él lo hacía primero.
— Rose, querida, no sé qué habrá pasado entre ustedes, pero ahora solo enfoquémonos en tu recuperación. — La tranquilizó su madre. — Hablaré con la directora.
— No dejare que él me vuelva a ganar. — Murmuró enojada Rose.
— ¿Él?
— A propósito. — Evadió Rose la pregunta. — ¿Papá ha venido? — Preguntó esperanzada.
Hermione la mira con pena, en ese momento solo deseaba lanzarle crucios a cierto pelirrojo ex marido suyo.
— Tu padre debe estar con mucho trabajo, por eso no ha podido venir. — Dijo suavemente mientras acariciaba el cabello de su hija.
Rose miro a su madre y luego hacia sus pies, deseaba tanto ver a su padre. No dijo nada.
— Pero tu hermano Hugo puede que venga a verte pronto. — Sonrió Hermione.
Esperaba que el pequeño de los Weasley fuera a ver a su hermana durante esos días, así podría verlo y conversar con él para dejar las cosas claras. Sin embargo, cuando su hija la miro con esos ojos azules que denotaban tristeza algo se clavó en su corazón temiendo lo peor.
— ¿Algo que desees decirme Rose? — Le alentó la castaña. — Es algo que no sé ¿verdad?
La chica asintió.
— Hugo debió decírtelo. — Sonó nerviosa mientras se pasaba la mano por su cabellera rojiza.
— ¿Decirme que?
— Hugo se fue con papá a Noruega mamá, pidió una transferencia al Instituto Durmstrang.
Hermione no podía creer lo que Rose le contaba. Ni su hijo ni su ex marido se habían dignado a avisar por medio de alguna lechuza lo sucedido.
— Pe… Pero en Durmstrang no aceptan mestizos.
Rose se encogió de hombros.
— La última vez que hable con él, dijo que papá había hablado con el director. — Hermione no dijo nada. Rose siguió hablando. — Además yo sabía que no aceptaban hijos de muggles, pero si mestizos.
La ex-Gryffindor intentaba procesar todo lo dicho por la chica en la camilla, intentado asimilar todo lo sucedido en los meses pasados. Se sentía perturbada, trató de encontrar el porqué de la situación, que fue lo que llevo a su hijo a tomar esa decisión sin consultarla con ella, su madre. De repente se vio metida en un mar de líos, nada le estaba saliendo bien, y recordó algo que la aterrorizó. ¿Sería posible que Ron le haya contado la verdad a Hugo? ¿Era quizás eso porque ya no quería saber de ella? ¿Había sido precisamente eso que tanto escondió de él, el detonante del pequeño Weasly?
Hermione empezaba a marearse, el aire comenzó a faltarle, ¿Qué era esa sensación eso que sentía en su pecho? colocó su mano derecha justo a la altura del esternón mientras se paraba tambaleándose en el proceso. Daba pasos torpes hacia la salida de la habitación, todo esto lo hizo bajo la atenta mirada de Rose que se notaba preocupada por su madre.
— ¿Mamá? — Preguntó asustada. — ¿Te sientes bien?
Hermione no respondió, solo quería salir de ahí, tomar aire, relajarse, ahuyentar esa sensación y volver totalmente recuperada.
Pudo cumplir lo primero, salir de la habitación. Estuvo un par de minutos en el pasillo, pero la sensación seguía ahí, y ahora empezaba a sudar y el corazón lo sentía acelerado.
Quiso salir afuera del recinto, pero con solo dar cinco pasos el mareo la inundó, se sentía aturdida, con ganas de vomitar y el cuerpo le temblaba. Tuvo que sujetarse a la pared para no caer y lastimarse. Si antes sentía que le faltaba el aire, ahora se ahogaba, empezaba a hiperventilar. Por último, sintió miedo y las lágrimas fluyeron solas de sus ojos.
— Granger.
Escuchó una voz llamándola, pero hizo caso omiso. No se sentía bien, sabía que si se movía iba a terminar en el suelo porque no sentía las piernas. Cuando la volvieron a llamar la vista se le volvió borrosa.
— Te estoy hablando Granger. — Esta vez la voz se escuchó molesta.
Hermione se sobresaltó cuando una mano se posó en su hombro derecho, y cuando se iba a dar la vuelta para encarar a la persona y pedir ayuda, todo se había vuelto de color negro.
Rose estaba preocupada, su madre se veía mal con lo que le había contado. Hubiese ido detrás de ella para verificar que estuviese bien, pero no podía en el estado en el que se encontraba, apenas y podía estar de pie.
Sabía que su madre de por si no se encontraba bien, con todo eso del divorcio, estar en la soledad de la casa y el trabajo en el ministerio la tenían a raya. Lo peor fue que la bomba o la guinda de la torta habían sido por Hugo, se tomó mal aquella noticia.
La chica gruño molesta, la culpa la tenía su hermano por no comentarle nada a su madre. Cuando lo viera le daría una buena tunda por idiota. Al menos ella se había tomado de mejor forma todo el tema del divorcio de sus padres, de hecho lo veía venir.
Su madre siempre corregía a su padre en todo, y este siempre le sacaba en cara lo perfeccionista que era desde toda la vida. Además del trabajo de ambos, donde su padre ejercía como auror y estaba en constantes misiones. Ahora se encontraba en el Norte de Noruega, llevaba viviendo ahí medio año. Mientras que su madre trabajaba en el ministerio de leyes mágicas, y pronto seria ascendida y seria ministra.
Lo que más le daba pena sobre la situación, es que su padre apenas enviaba cartas, sabía de antemano que las misiones lo tenía la mayor parte del tiempo ocupado. Sin embargo, lo más triste era no tenerlo ahí, justo en ese momento en donde necesitaba apoyo.
Aburrida y un poco desilusionada, miro para todos lados buscando algo con que entretenerse y distraerse, en lo posible un buen libro seria la ideal y por lo que veía, en la habitación no había ninguno. Sin embargo, algo llamo su atención, al lado suyo en la mesita de noche, reposaban sobres amarillos. Eran cartas y debían ser unas tres.
Pensó en su padre, quizás eran de él. Ilusionada se apresuró a tomarlas, en el remitente solo aparecía su nombre.
Abrió la primera carta y se fue directo al final para ver quien la firmaba, y toda la ilusión así como llegó, se esfumo de sus ojos azules. Una pena enorme la embargo, las lágrimas estaban cediendo.
Tomó una bocanada de aire para tranquilizarse, un poco más calmada se dispuso a leer el contenido de aquellas cartas firmadas por un tal Anónimo. Se dijo que de algún pretendiente debía de ser.
Por alguna extraña razón sintió su pecho cálido a medida que leía la primera carta que había sido enviada el después de que llegó a San Mungo. La letra no la reconocía, pero admitía que era muy elegante, bonita e impecable. En ella le preguntaban si se encontraba bien, como era la atención, si se sentía cómoda, si la comida era mala, y un sinfín de cosas que denotaban preocupación por la otra persona.
La segunda carta era similar a la primera, solo que el chico que se la envió le decía que extrañaba ver su cabellera rojiza en los salones aun cuando solo habían pasado tres días desde la última vez que la habia visto, en el campo de Quidditch. Su rostro tomó una tonalidad muy similar a la de su cabello con lo siguiente que leyó, el chico le decía que a pesar de que ella estuviese llena de tierra y lesionada, para él seguía siendo la chica más linda que habían visto sus ojos.
Rose sonrió y tomó la última carta, era de ayer. La leyó, era un poco más de lo mismo, pero también llevaba un poema dedicado a ella, y al final se despedía diciendo que aunque no le contestase le seguiría enviando más cartas, y que la próxima le enviaría los apuntes de las clases.
Pero algo distinto tenia escrito, había una posdata al final.
PD: Te regalo una Rosa Damascena.
La vio, aquella rosa enviada por el chico de las cartas, reposaba en la mesita de noche. Era de color rosa pálido. Rose la tomó, impresionada con la belleza de esta.
El aroma la envolvió, y se sintió feliz de haberse accidentado. Aquella rosa solo crecía en oriente, parte de Bulgaria y Francia, además de que su esencia era indicada para las náuseas y dolores de cabeza, algo que necesitaba bastante.
Y con los ojos perdidos en la delicada flor, Rose sonrió.
Scorpius se encontraba en la sala común de Slytherin, terminaba de escribir el último pergamino con los apuntes de las últimas clases que había tenido en ese día. Se puso de pie, agarrando una pequeña rosa Damascena blanca, se la guardo entremedio de su túnica negra junto a la carta y los pergaminos que había estado transcribiendo durante la tarde.
No había ni dado el primer paso cuando alguien detrás de él lo asustó.
— ¿En qué andas Romeo? — Dijo pícaro Albus.
— ¿Me estabas espiando? — Le devolvió la pregunta a su amigo.
Potter se carcajeó en su cara, dándole a entender que había estado leyendo todo desde el principio.
— ¿Qué es tan gracioso? — Espetó molesto el heredero de los Malfoy.
— Querido amigo mío, lo único gracioso aquí es tu cara.
Y Albus volvió a reír cuando su mejor amigo le soltó un puñetazo en el hombro.
— Los Malfoy tenemos una belleza innata. — Se encaminó hacia la puerta de salida. — No seas celoso Albus.
— Ya. Claro que estoy celoso, con ese rostro caemos todos a tus pies. — Dijo seductor Albus mientras movía las cejas arriba y abajo.
Se arrojó sobre el rubio simulando que le daría un beso. Scorpius iba a decir algo, pero fue interrumpido por la puerta abriéndose bruscamente, casi golpeándole.
Fue cuando un chico de tez parecida al chocolate y ojos verdes entró sonriente, y vio a sus amigos en esa posición tan comprometedora que fue inevitable no hacer una mueca de asco.
— Dejen sus mariconas para la noche. — Dijo bajo la atenta mirada de Scorpius y Albus. — ¿Me estas engañando con este gilipollas, Albus? — Simuló un tono ofendido.
— Ni en sueños tendría algo contigo, Zabini. — Sonrió inocente Potter.
— Me hieres con tus palabras. — El morocho se llevó una mano al pecho de forma teatral. — Tendré que acudir a la belleza de los Malfoy.
Albus soltó a su amigo y se agarró el estómago por las risas que le provoco ver la cara de enfado de su mejor amigo. Todos le tomaban el pelo a Scorpius con eso de la belleza de los Malfoy.
— Bien, déjense de tonterías. — Dijo molestó el rubio. Cambió de tema. — ¿Dónde te habías metido Gian?
— Tuve que ir a casa, mis padres se van por un mes al extranjero y querían despedirse. — Respondió el heredero de los Zabini.
— ¿Los dos? — Preguntó curioso Albus.
Gian solo asintió.
— Bueno, yo tengo cosas que hacer… — Empezó a decir Scorpius.
— Espera rubio guapetón. — Le paró Zabini. El otro solo frunció el ceño. — Por ahí me dijeron que cierta salvaje de pelo rojo te mando a volar con un desmaius el día del partido ¿Cómo es que no te dejo inconsciente?
— Yo estaba bien de forma física y mental. Ella no, supongo que el dolor del momento la debilito e hizo que el efecto fuera mínimo. Solo me sentí aturdido. — Respondió sin más.
— Creo entender. — Se encogió de hombros. Sonrió al recordar algo. — ¿A que no saben?
— ¿Qué? — preguntó Albus que hasta ese entonces se había mantenido al margen.
Scorpius solo miro al loco de su amigo sin entender.
— Cuando estuve en casa, encontré algo muy curioso en las cajoneras de mi padre.
— ¿Y qué es?
— Esto.
Gian busco entre sus ropas bajo la atenta mirada de sus amigos. Cuando lo encontró lo alzo en su mano con una sonrisa victoriosa. Los chicos miraron el objeto sin saber que era. Una especie de anillo, que curiosamente quedaba muy grande para los dedos y que a los lados se le veían unas especies de alitas de mariposa, una cabeza con antenas y a los lados de la cabeza una especie de mini botón. Zabini lo apretó y todos quedaron sorprendidos cuando el anillo en forma de mariposa comenzó a vibrar.
— Es algo extraño. — Dijo Albus saliendo de su asombro.
— Un anillo gigante y que a la vez vibra, Raro. — Le secundó Malfoy.
— Extraño, raro, pero excitante. — Gian miraba hipnotizado el objeto entre sus dedos.
— ¿Excitante? — El rubio le miraba a su amigo morocho como si fuese un bicho raro, mientras que Albus se carcajeaba.
— Claro, te lo demostrare. — Sonrió orgulloso de la estupidez que tenía en mente.
Sus amigos observaron atentamente lo que haría el chico. Zabini estiro su lengua, no se le ocurrió otra cosa más inteligente que colocarse el objeto en su órgano muscular situado en la cavidad de la boca que le permitía hablar. Sintió el objeto estimular las paredes de su lengua, y como si eso le fuese excitante, sentía que los ojos se le saldrían de las cuencas, estaba en blanco deleitándose de aquella maravilla que le había regalado la vida. Oh si, lo estaba disfrutando.
Scorpius solo miro con repulsión a su amigo, sabía que estaba loco, pero no chiflado. Mientras que Albus solo demostraba estar atónito.
— ¡Joder! La lengua de este capullo tendrá un orgasmo. — Exclamó Potter medio repulsivo y divertido.
— ¿Quién tendrá un orgasmo? — Preguntó una voz femenina detrás de Albus y Scorpius.
Por la puerta de la sala común de Slytherin aparecieron tres personas, dos pertenecientes a la casa y una infiltrada de Gryffindor que se colaba.
Los dos chicos se movieron para que los recién llegados miraran lo que pasaba. El único chico que venía llegando con las féminas se palmeó la frente sin dar crédito a lo que veían sus ojos verde pardusco.
— ¿Es que acaso te golpeaste la cabeza? Zabini. — Lorcan Nott estaba sorprendido de la idiotes de su amigo.
Gian negó con la cabeza sin quitarse el objeto de la lengua.
— Vaya, no sabía que te gustasen esas cosas. — habló picara Dominique.
— ¿Tu sabes lo que es? — Preguntó Albus a su prima.
La pelirroja asintió.
— Hasta yo sé que es eso Albus. — Habló incomoda Lily. Su hermano la miro interrogante. — antes de comenzar el año, mamá me dio la charla.
El pelinegro miro con horror a su hermana, La charla era algo que no quería recordar en su vida. Su madre le había comentado un sinfín de cosas que lo avergonzaban. Entonces capto que aquel objeto debía ser algo relacionado a aquello.
— ¿La charla? — Preguntó curiosa Dominique.
Todos, excepto Albus y Gian — Que estaba concentrado con su aparatito en la lengua. — miraron a Lily esperando una respuesta.
Lily carraspeó, miro a Scorpius algo avergonzada por lo que diría.
— Bueno, mamá dijo que ya estaba en edad donde mis hormonas se volvían locas… y que de seguro alguien me debía de gustar. — La chica estaba roja de la vergüenza, sentía una mirada gris sobre ella. — Y me habló sobre "eso" porque no quiere que me embarace tan joven… también me habló y mostró juguetes de adultos, como esos…
— Ya basta Lily, me estas traumando. — Se quejó Albus asqueado.
La pequeña de los Potter se acercó a su hermano y le planto un pellizco en el brazo por no dejarle terminar.
— Entonces ¿Qué tiene Gian en la lengua? — Lorcan quería saber.
Lily miro a su prima Dominique, esta solo sonrió maléficamente.
— Esa cosa es un anillo vibrador. — Dijo como si nada. Esta vez Zabini había prestado atención. — Eso queridos amigos, se coloca en la cosita que tienen por donde orinan.
Todos, excepto Lily quedaron petrificados. Gian optó por sacarse rápidamente el objeto de su lengua, ahora ya no lo encontraba tan placentero como al principio.
— ¡Qué asco Zabini! — Chilló Albus mirando a su amigo.
— Mamá también tiene uno. — Le dijo la pelirroja a su hermano. — Uno para mujeres, claro.
— ¡Lily, por Merlín, que asco! — Albus simuló arcadas.
Todos rieron, menos Gian que se moría de vergüenza mientras la menor de los Potter le acariciaba la espalda dándole apoyo moral.
Gian Zabini era totalmente un caso aparte, un fenómeno de la naturaleza, al igual que todos los Zabinis anteriores, incluyendo su padre.
Nadie se dio cuenta cuando cierto rubio se escabullía de ahí para dirigirse a la torre de las lechuzas.
A pesar de que apenas se hablaban con Rose, su sola presencia le hacía falta. Esa chica había calado en lo más profundo de su ser.
Se encontraba sentada sobre un gran acantilado, podía observar el reflejo de la luna sobre el mar. Era todo aquello tan hermoso… de repente, saliendo de su ensoñación al ver tan magnifico paisaje, se llevó las manos a los ojos, había llorado. Las lágrimas le corrían por sus sonrosadas mejillas y como de la nada, como si se tratase de una película, las imágenes pasaron frente a sus ojos.
Recordó cuarto año, el dichoso año donde comenzó a aflorar ese sentimiento llamado "amor", y el baile de navidad, lo mucho que deseaba ir con el muchacho que le gustaba, y el solo tenía ojos para una chica extrajera. Como no logró invitar a la chica, ni quisiera había sido capaz de invitarla ella. Asistió con Viktor Krum, a ver si conseguía abrirle los ojos al idiota de su amigo. Sin embargo, las cosas no fueron bien, antes que terminara la velada habían discutido.
Quinto año había sido otra cosa, seguía gustándole Ron, pero las circunstancia no permitieron que pasara nada más allá que solo amistad.
Luego las imágenes más recientes vividas, sexto año haría siempre eco en su cabeza.
Ahí estaba el, con otra chica que no era ella, ambos besándose apasionadamente después de que su casa ganara el partido de Quidditch. Ajenos a su dolor, se alejó de la sala común de Gryffindor para llorar en una de las torres que a esas horas de la noche estaba desierta. Su amigo Harry la había seguido, le dio ánimos y la abrazó, y cuando ya se sentía un poco mejor, apareció nuevamente el, aquella cabellera rojiza con ese rostro pecoso que tanto quería. Pero lamentablemente no iba solo, estaba de la mano con Lavender, su novia. Ambos reían felices.
Ron le preguntaba que le pasaba, y con tristeza intento atacarlo. El chico se enojó, le dijo un par de cosas, cogió a su novia y se alejó de ahí, dejándola sola y llorando, mientras Harry le acariciaba la espalda. Estuvo un buen rato de esa forma, hasta que Harry se fue por pedido de ella. Quería estar sola, y cuando lo consiguió, nuevamente lloró.
Sintió unos pasos acercándose, pero los ignoro. Su estado era deplorable por lo que no quería quitar sus manos de sus ojos para ver a la persona de pie frente a ella. Estuvó así un buen rato, hasta que se hartó que la vieran llorar, y cuando levanto la vista, se topó con aquellos ojos grises como plata, en ellos no había rastro de burla, había algo que no podía definir en ellos.
Ese mar de mercurio la dejó quieta un par de minutos, pudo contemplarlos como lo hizo secretamente desde tercer año, suspiraba por ellos, siempre lo hizo. La diferencia que había entre el "amor" que sentía por Ronald y el dueño de esas perlas plata, es cuando se habla de un amor platónico/imposible. Era su némesis.
Ninguno dijo nada. El rubio tomó su mano y la condujo hasta una escoba que reposaba en uno de los pilares de la torre. Ella solo se dejó guiar.
Y ese era el porqué de que hacia ahí, en aquel acantilado en ese momento. Se sentía con el corazón roto. Había llorado durante ese año por Ronald, porque besaba a otra chica que no era ella, porque tenía de novia a otra, lloró cuando escucho contarle a Harry que se había acostado con Lavender y ahora volvía llorar porque le restregaban su felicidad en su cara y él no se daba cuenta del daño que le provocaba.
Volvió a llorar mientras miraba el reflejo de aquella hermosa luna, y de repente, sintió una mano posándose sobre la suya, cálida y que le transmitía confort.
En esos momentos robados, sintió que el mundo era de ella, no había nadie más ahí, solo ellos dos juntos. Sus orbes marrones pedían a gritos que la mantuvieran caliente a aquellos ojos iguales a la plata que la observaban queriendo demostrarle un nuevo mundo.
No supo cuánto tiempo estuvieron así, pero ella se sentía de alguna forma querida, y cuando menos se lo esperaba escucho su voz, ronca, masculina y que emitía seguridad.
— Estaré esperándote, Granger.
Hermione despertó de golpe. Aquel fue el mismo sueño que tuvo hace años atrás, cuando estaba en sexto año y que por mucho tiempo la estuvo invadiendo por sus noches durante su paso por Hogwarts.
Siempre había sentido ese sueño algo real, como si realmente hubiese pasado todo eso con Malfoy. Lástima que no hubiese sido así. Su mayor secreto durante el colegio era haber tenido sentimientos de amor por alguien imposible como él. Hasta que empezó a sentir cosas por Ron más allá de la amistad. Su corazón estuvo divido por dos hombres durante un buen tiempo.
No obstante, siempre supo o creyó que el pelirrojo era el indicado para ella, y de repente todo ese amor que sentía por él se esfumo hacía tiempo atrás y termino en un divorcio.
Rememoró el sueño reciente, exactamente la parte en donde Malfoy tomaba su mano. Sus ojos miraron extrañados su extremidad, podía percibir calidez, como si realmente se la hubiesen tomado.
Hermione se sentó en la camilla donde yacía acostada. Se llevó aquella mano cálida al pecho mientras cerraba sus ojos. Sentía tranquilidad.
Alguien entro a la habitación interrumpiendo su paz.
— Granger. — Le llamó aquella voz de sus sueños. — Debemos hablar.
— Estamos hablando, Malfoy. — Le respondió tranquila, volviendo a mirar su mano.
Draco carraspeó.
— Me refería a hablar sobre tu estado. — Hermione le miro sin decir nada. — Deberías ir a un hospital Muggle a que te revisen.
— ¿Por qué?
— ¿Eres consiente que acabas de tener un ataque de pánico? — Su voz sonó tosca.
— ¿Por qué habría de tenerlo? — Cuestionó la bruja, desafiándolo con la mirada.
El medimago no quitó sus ojos de ella, otra vez la mujer frente a el tentaba su paciencia.
— No lo sé, podrías decirme tú que te está ocurriendo, Granger.
— No es algo que te importe, Malfoy. — Dijo ceñuda.
— Granger, responde ¿Qué te ocurre? — Espetó molesto.
— Lo de Rose me tiene así. — En parte mintió.
Hermione desvió la mirada, ya no soportaba el peso de esos orbes grises que la miraban acusadoramente.
— Estas mintiendo, responde Granger.
La castaña lo ignoró.
— ¡Granger! — Insistió el rubio exasperado.
Draco escucho sollozos y vio las manos de la ex-Gryffindor cubrir su rostro.
— ¡Mi vida en tan poco tiempo se volvió un asco, Malfoy! ¡¿Feliz?! ¡Ahora puedes burlarte todo lo que quieras!
— No se por quién me tomas, Granger. — Su tono de voz sonaba más tranquilo.
— ¡Me despreciaste durante años! — Dijo colérica. — No vengas a dártelas de corderito cuando sabes que eres una vil serpiente.
— Eso fue hace bastante, supéralo. — Se defendió el medimago chirriando los dientes en el proceso.
— Claro, ¿Y qué sigue? ¿Ser amigos? — Soltó de forma sarcástica la castaña.
Draco se puso tenso, tenía la mandíbula apretada y los puños cerrados tan fuerte que se les estaba volviendo blanco los nudillos.
— Yo no tengo culpa de que la comadreja te haya dejado. — Contraatacó el rubio sin pensar en las posibles consecuencias.
Al instante de haberlo dicho se arrepintió. Había esperado insultos o un par de golpes por parte de la bruja, pero no aquello que presenciaba. Frente a él, Hermione se había recostado dándole la espalda al hombre. Pasaron unos minutos, y la conciencia de Draco le recriminaba lo idiota que había sido. Iba a decir algo, pero un par de sollozos le dejaron las palabras en la boca.
Pudieron haberse odiado en el pasado, y que se dudara de su humanidad. No obstante, estaban en el presente, el odio hacia los hijos de muggles se había desvanecido desde hace tiempo, mucho tiempo, desde antes que comenzara la segunda guerra mágica, y solo había sido por ella. Sintió su corazón aletearse como en sexto año tras aquel recuerdo que hizo mella en su cabeza.
Los sollozos de Hermione pasaron a llanto, y Draco no aguantó más. Le tomó el hombro, pero ella le pego un manotazo a su mano. Tozudo, el rubio volvió a colocar su mano blanquecina, y pese a las resistencias de la mujer, la hizo voltear. Ella desavío su mirada, ese mar de mercurio la perturbaba.
Pero el medimago no se lo hizo fácil, le tomó el mentón obligándola a que verlo con sus ojos rojos hinchados por llorar. Se inclinó acercando su rostro al de ella, dejando poca distancia de sus bocas y frentes.
— No sé el motivo por el que Weasley te dejo. — Susurró contra sus labios.
Hermione con el poco aliento que le quedaba por la cercanía no dejo que el rubio siguiera hablando.
— Nuestro divorcio fue por mutuo acuerdo. — Tragó forzado, mientras un par de lágrimas seguían corriendo por sus mejillas.
— Da igual como haya sido Granger. — La vio achicar los ojos. — Esa comadreja es tan estúpida, que no supo valorar a una mujer de verdad.
Hermione no daba crédito a lo que sus oídos escuchaban. Lo miró estupefacta.
— Cualquiera querría tener una mujer como tú. — Continúo el rubio, alentándola. — Y no pienses que estarás sola, porque no debe ser así. Muchos a tu alrededor te estiman.
Se quedaron unos segundos mirándose, hasta que Draco la soltó y se alejó. Al menos ahora se veía más tranquila.
Hermione lo observó acercarse a la puerta del lugar. De alguna forma se sentía con mejor ánimo.
— Volviendo a tu pregunta de antes… — Llamó su atención el rubio. — Creo que podríamos ser amigos. Si solo dejaras de lado tu orgullo Gryffindoriano.
La bruja no demoró en responder.
— Los que tienen más orgullo son las serpientes como tú, Malfoy. — Dijo burlesca mientras le sonría al mago.
Draco carraspeó mientras tomaba el pomo de la puerta y la dejaba entreabierta.
— Quizás me compadezco un poco del pobretón de Weasley. — Esbozó una sonrisa lobuna mientras ella lo miraba sin entender a que se refería. — Debe ser desesperante vivir contigo.
La sonrisa que antes adornaba el rostro se Hermione se desarmó dando paso a una cara enfurecida. Draco salió rápidamente de ahí mientras se escuchaba un grito de "¡Maldito hurón!" y un golpe seco contra la puerta.
El rubio se quedó de pie en medio del pasillo pensando. Su expresión había cambiado a una de seriedad. Dentro de aquel cuarto casi cometía una locura guiado por aquellos sentimientos que había guardado en lo más profundo de su ser. Había estado a punto de besarla, y eso no podía suceder por respeto a su difunda esposa. Solo se había permitido coger la mano a la castaña mientras esta estuvo inconsciente.
Lo que Draco Malfoy no sabía, es que a pesar de querer llevar el luto por su mujer, en algún momento cercano estaría sometido a aquellos sentimientos destinados hacia Hermione, esos mismos en que años atrás lo habían hecho participe de llevarse a la chica a un acantilado a presenciar la brillante luna tras haberla visto llorar por Ronald Weasley en aquella torre de Hogwarts.
¡Hola a todos!
Primero quiero disculparme por no actualizar ayer domingo como prometí. Resulta que se me había olvidado que debía estudiar para esta semana, además de que he estado muy mal de salud en estos últimos días. De hecho no pretendía actualizar hasta este viernes o sábado, pero resulta que la otra semana se me viene peor por los parciales en la universidad, además que estoy tan feliz por sus mensajes, creo que eso fue lo que más me animo a actualizar hoy.
Hubo otra cosa que me entusiasmo. Resulta que el viernes pasado, durante la noche me metí a mi Facebook — de cotilla, claro está — y de repente me apareció una publicación salvaje de una maravillosa página llama "Dramione Shipper" — Que por cierto me encanta su contenido. —
y estaban recomendando mi fic. Llegue a vomitar arcoíris de lo tan feliz que estaba, mi expresión fue algo como "¡asdjaks!" Por eso muchísimas gracias a las administradoras por hacerme feliz también y darme la oportunidad. El Dramione para mi es algo nuevo, de hecho llevo 1 mes dentro de este mundo, ni siquiera antes se me había pasado por la cabeza esta pareja, y ahora que le conozco me encanta.
Muchísimas gracias. Y también gracias a todas aquellas personas que agregaron el fic a favoritos y seguidos, se les agradece un montón.
Ah! Se me olvidaba, también me disculpo por los dedazos que me mande, es inevitable.
Muchísimas gracias a todas aquellas personas que dejaron algún mensaje:
sonrais777(Tranquila, Rose en algún momento dejara de ser una cabezota jajaja), Sorcieres de la Neige(Se agradece humildemente tu critica. Sé que suena a excusa, pero soy nueva en lo que respecta a la escritura de fics, si llevo años leyendo pero no precisamente de Harry Potter, y siempre he leído que autoras coloquen "ojitanto", aun así estoy recién comenzando y espero mejorar, de hecho me tome muy en serio lo que me comentabas y no lo ocupe en este capítulo. Respecto a lo de "Albino" se me pasó, lo corregiré. Sobre lo de que la historia es artificial… se supone que es un fanfic, no sabía que un fanfic debia de estar tan pegado a la "realidad" del libro o a nuestra realidad en unos pocos detalles. Y todo lo demás que me comentaste, la historia apenas comienza… si lo hago de tal forma es para "llegar a algo". Y como dije, tu critica la acepto gustosa, todos empezamos a tropezones. Que estés bien, saludos y gracias por tu opinión.), Lorena (Verdad que Lily es un amor! Y bueno, te spoleare un poquito, pronto veremos a las chicas – Hermione, Ginny y Luna reunidas – y se darán pistas del porque a tu pregunta. Muchas gracias por leerme y se agradece un montón tu cometario.), jessiepersona92(Admito que me emociono escribir una pelea entre hermanos, aunque haya sido escasa jajaja. No tienes nada que agradecer, yo debería dar las gracias, para mí es un placer que lean mi historia. Muchísimas gracias por tu mensajito y disculpa la demora de la actualización), SALESIA (Hola! Bueno lo James no sé cómo explicarme, pero investigue un poco sobre él, y resulta que su actitud es casi idéntica a su abuelo paterno – Quien molestaba a Snape. – pero en parte puede que también el pelirrojo haya tenido influencia sobre el jejeje Y créeme Ginny será la más molesta por la actitud de su hijo ¡oh sí!. Sobre el triángulo amoroso entre Scorpius, Lily y Rose… no te negare ni confirmare nada porque estaría spoliandote pero podría decir que estas cerca a lo que planeo, de hecho me gusta el Scorpius x Lily jejeje. El Dramione se acerca ~~ muchas gracias por leer y comentar, saludos y nos vemos.), linithamonre77(Bienvenida al fic, espero que te haya gustado el capítulo – Creo que tiene algo de Dramione, pero está en proceso jejeje – y Rose es como una mini copia de Malfoy xD. Muchas gracias por tu comentario y nos estamos viendo.), CumulusMale(Hola, bienvenida al fic. Yo sé a qué muchas como a ti no les debe gustar Rose por su actitud, pero espero que le tengan paciencia, la chica es así, ya verás cómo cambiara para bien. Por cierto una vez yo también me queje de la actitud de Rose – Eso de ser tan mala con Scorpius y bla bla bla, que la persona con la que me estaba quejando me dijo "mejor que sea así, siempre es la chica la que ruega y no viceversa" así que me calme jejeje. Muchas gracias y nos vemos). , Doristarazona(¡Bienvenida chica!, yo he estado un poquito mal jeje ¿y tú? Y si te confirmo que es un Dramione y un Scorose – o eso creo, ha sido planeado así desde el principio.- Muchas gracias por seguir la historia y dejarme saber tu opinión respecto a ella. Todo por una retroalimentación sana respecto a mi escritura jeje. Saludos y nos vemos), Vigrid(Muchísimas gracias por darle una oportunidad a la historia, y reconozco lo de los dedazos, es algo inevitable para mi jeje espero que el cap. Te haya gustado.), Priky(No te preocupes, tengo pensado terminar la historia. Me alegro que te gustase y espero que este nuevo capítulo igual, nos vemos), ale24mc(Muchas gracias por agregar a favoritos, y no te preocupes, no pretendo abandonar. Y se vendrán más actitudes tiernas por parte de Scorpius. Nos vemos.), Guest (¡Hola! No tengo wattpad, de hecho no sé cómo usarlo, apenas se usar fanfiction jejeje)
Espero que todos los que siguen y leen la historia hayan tenido un buenísimo fin de semana y que su comienzo de semana sea excelentísimo.
¡See you!
IMPORTANTE: actualizare dentro de 2 semanas por los parciales y trabajos de la universidad que se me vienen durante esta semana y la otra.
