-N.A. Editada, 23/05/2017-

En la nota original daba las gracias por todo el apoyo recibido y comentaba que seguro que el fic llegaba a los 10 capítulos. JA. Quién me diría por aquel entonces que duplicaría ese número. Ay.


UNA RÁPIDA SUCESIÓN DE TERRIBLES INFORTUNIOS


CAPÍTULO 3: Sois unos bocazas

··Hermione··

Hermione perseguía a Ginny por el pasillo del Expreso a Hogwarts.

—Júramelo por tu madre, Ginny.

La pelirroja puso los ojos en blanco mientras se abría paso a través de algunos estudiantes que seguían en busca de un compartimento en el que sentarse.

—Hermione, eres una exagerada.

Hermione estaba a punto de tirarse de los pelos.

—Oh, ¡perdóname por lo querer que el colegio se entere de que me lie con Malfoy! ¿Tan difícil es de entender?

—Vale, vale, ¡tranquilízate! ¡Si llego a saber que terminarías tan histérica, no dejo que te lies con Malfoy!

—¡Quieres hacerme el favor de no gritar! —susurró Hermione, mirando con pánico a los estudiantes que iban delante de ellas—. Además, te recuerdo que tú estabas demasiado ocupada haciéndole una inspección bucal a Zabini como para darte cuenta de nada más.

Ginny se volvió para fulminarla con la mirada.

—¿Quieres empezar con los golpes bajos? Porque te recuerdo que… —La pelirroja no pudo terminar de hablar: la mano de Hermione le tapaba la boca.

—¡Chist! ¡Por ahí viene Neville!

El muchacho se acercó a ellas, tropezando con todo lo que había a su paso.

—¡Hola! ¿Dónde os habíais metido? ¡Llevamos media hora esperándoos!

—Hermione, que hoy está rara… —soltó Ginny, mirando de forma desafiante a la castaña. Se llevó un golpe en el brazo como castigo—. ¡Ay! ¡Serás bruta!

—Y tú bocazas —replicó Hermione en la oreja de Ginny, para que Neville no pudiera escucharla.

El chico las miraba con cara de no entender nada.

—Qué raras estáis hoy…

Las dos amigas siguieron al rubio hasta el principio del vagón. En uno de los compartimentos estaban Ron, Harry y Seamus. Los tres chicos discutían acaloradamente sobre algo, pero en cuanto entraron Ginny y Hermione, se quedaron callados como muertos. Ron tenía el rostro del mismo color que el pelo. Se levantó de un salto.

—¡Cómo… Cómo habéis podido! —Hermione palideció. «Mierda, lo sabe»—. ¡Sois unas asquerosas traidoras!

—Ten cuidado con a quién llamas traidora, hermanito. Yo hago lo que quiero.

La menor de los Weasley ni se inmutó. Se sentó en uno de los sitios vacíos y cruzó las piernas. Miró a su hermano, expectante. Ron abrió y cerró la boca varias veces, sin saber qué más decir. Todos sabían que discutir con su hermana era como darse cabezazos contra una pared, así que el pelirrojo optó por desviar su ira hacia el otro objetivo de la deshonra.

—Hermione, ¿¡se puede saber qué te pasa!? ¿Con Malfoy? —Se estremeció—. ¡Qué asco!

—Sí, Hermione, te creíamos mejor que eso —intervino Harry. El moreno no se había levantado como Ron, que era un impulsivo, pero parecía igual de enfadado—. ¡Qué pronto habéis olvidado lo hijos de puta que han sido los Slytherins con nosotros todos estos años!

—¡Por Merlín, Harry, es nuestra vida, dejad de controlarnos! —exclamó Ginny.

—¡Cómo vamos a no controlaros! ¡Pero si os quedáis dos días solas y mirad con quién termináis! —La cara de asco que puso Ron sacó de quicio a Hermione.

—¡Cuando tú te liaste con la pesada de Lavender, nosotras no dijimos ni mú, así que no me seas hipócrita!

—¡Esto es increíble! ¡Yo me voy de aquí! ¿Venís? —Ron abrió la puerta con determinación, pero se detuvo al ver que sus amigos parecían más reticentes a irse.

—No creo que encontremos sitio a estas alturas… —inquirió Seamus, rascándose la cabeza.

—Bien —se rindió finalmente Ron, sentándose de nuevo. Se cruzó de brazos y pasó el resto del viaje mirando por la ventana con cara de haber sido apuñalado por la espalda en repetidas ocasiones.

—¿Quién os lo ha contado? —preguntó Hermione después de un incómodo silencio de cinco minutos.

—A mí me lo ha dicho Lavender —«Cómo no, esa cotilla»—, a la que se lo había dicho Padma, y a ella una de Ravenclaw, la cual lo sabía por uno de Slytherin, que había oído a Blaise presumir de que… —La mirada mortífera que le lanzó Ron lo previno de seguir hablando—. En fin, que eso. —El castaño volvió a hundirse en el asiento, rezando porque Ron no le pegara.

Ginny enarcó una ceja, pero no dijo nada. Tendría que tener unas palabritas con cierto moreno de Slytherin.

«Mierda», pensó Hermione, cubriéndose los ojos con la mano. Y ella que quería que no se enterara nadie… A aquellas alturas ya debían de saberlo hasta las lechuzas.

Media hora después, Neville, que había permanecido callado durante toda la discusión, rompió el silencio.

—Bueno… ¿Cómo han ido las vacaciones? —Todos lo miraron como si hubiera dicho la estupidez más grande del planeta, así que el pobre se quedó callado el resto del viaje, mirando hacia el suelo.

Cuando bajaron del tren, Ginny y Hermione se convirtieron en el centro de todas las miradas. No había alumno, fuera del curso que fuera, que no se hubiera enterado de su desliz.

—Menos mal que no querías que nadie se enterara —musitó Ginny, poniendo los ojos en blanco cuando dos alumnas de quinto se quedaron mirándolas y cuchicheando entre ellas.

—Recuérdame que mate a Zabini en cuanto lo vea.

—Déjame esa parte a mí. —Para la altura que tenía la pelirroja, podía ser bastante intimidante cuando quería. Y eso que aún no había pasado a la acción.

—Creía que te daba igual la opinión de los demás —replicó Hermione con tono de suficiencia.

—Y no me importa —recalcó su amiga—, pero alguien tiene que bajarle los humos a Zabini.

Pobre desgraciado.

Y justo con el desgraciado en cuestión se encontraron nada más llegar al colegio. Ginny lo miró como un asesino que ha encontrado a su próxima víctima, lo cogió por el brazo y lo arrastró a un rincón, ante las miradas atónitas de los estudiantes que entraban en la escuela en aquellos momentos.

Theo se situó al lado de Hermione y sonrió.

—Tres… —Hermione lo miró perpleja—. Dos… Uno… ¡Ya!

En ese momento, tal y como Theo había predicho, empezaron los gritos.

—¡ERES UN CREÍDO DE MIERDA, ZABINI!

Theo miró a Hermione con cara de «¿Ves?» y soltó una carcajada tan contagiosa que la castaña tuvo que reprimir la risa tapándose la boca con la mano. Sin siquiera mirarse, los dos alumnos decidieron seguir avanzando y hacer como si aquello no fuera con ellos.

—¡NO DECÍAS LO MISMO EL SÁBADO POR LA NOCHE!

Hermione se giró al escuchar un fuerte golpe. La mejilla izquierda de Blaise empezaba a enrojecer por la bofetada que le había propinado la pelirroja.

—OLVÍDATE DE MÍ. —Ginny entró en el colegio sin mirar a nadie, pero Blaise, que tenía las piernas más largas, se interpuso en su camino.

—Eso ya lo veremos, Weasley. —Tras dedicarle una sonrisa ladeada, el moreno fue a sentarse en su mesa para cenar.

—Somos un espectáculo andante, ¿no crees?

Hermione asintió con pesar. «Con lo tranquila que vivía yo con mis libros y mis exámenes…».

—¿Te han castigado tus padres?

Hermione se había sometido a un vergonzoso tercer grado, pero lo había aprobado con creces. Sus padres hasta se habían atrevido a preguntar si tenían algo con «esos chicos» (nótese el tono de recelo del señor Granger), pero la castaña se había limitado a soltar una carcajada, con lo que el tema quedó zanjado.

—Qué va —respondió.

—Oye… —Theo se pasó una mano por el pelo y miró a Hermione con esos grandes ojos azules repletos de… ¿esperanza?—. ¿Por casualidad Luna te ha dicho algo de mí?

De repente, Hermione sintió pena por aquel slytherin con el que casi no había hablado en su vida. Suspiró.

—Quieres que le hable bien de ti. —No era una pregunta.

En realidad, el chico no le caía mal; era uno de los pocos slytherins que solía mantenerse al margen cuando las serpientes y los leones discutían. Además, parecía que Luna le gustaba de verdad.

—¡Qué lista eres! —Y acto seguido, plantó un beso en la mejilla de Hermione antes de ir a buscar a sus amigos.

La castaña se quedó allí plantada, sin saber qué había sucedido con su vida. Ahora sus amigos no le hablaban y sus enemigos empezaban a volverse amigos suyos.

«El mundo se va a la mierda».

—Qué beso más tierno. —Hermione no necesitaba girar la cabeza para reconocer la voz de la serpiente que se había burlado de ella durante tantos años. Si no estuviera tan predispuesta a creer que Malfoy era un idiota integral, casi hubiera dicho que su voz estaba teñida por unos celos casi imperceptibles.

—Déjame en paz, Malfoy. —Siguió su camino hacia el Gran Comedor.

El rubio, que también tenía las piernas más largas que ella, la alcanzó en apenas segundos.

—Qué pronto desechas nuestro amor, Granger. —El tono de burla era tan evidente que Hermione no pudo evitar soltar un resoplido.

—Mira, Malfoy, me da igual lo que pasara aquella noche, pero mantente alejado, ¿vale?

Esta vez fue el turno del rubio de poner los ojos en blanco.

—No te ilusiones, sabelotodo: el día que alguien como yo —se señaló a él mismo con evidente orgullo— esté con alguien como tú…

—Dejarás de ser un imbécil insoportable. —Hermione terminó la frase por él—. ¡Ah, no, que eso es imposible! —En cuanto terminó de hablar, se sentó en su mesa, dejando al rubio con la palabra en la boca. Se sintió ligeramente satisfecha por haber tenido la última palabra.

Draco se fue a su mesa tremendamente frustrado. No sabía exactamente cuál había sido su intención al ir a hablar con Granger, pero no pretendía terminar discutiendo con ella. Tendría que planificar mejor sus estrategias.

—Ha ido bien, ¿eh? —Pansy se divertía enormemente con la situación. Draco la fulminó con la mirada y mordió un pedazo de pan. Ya no tenía ni hambre.

—Cállate, idiota —replicó Blaise, al que seguía escociéndole la bofetada. Tenía que reconocer que la pequeña pelirroja tenía una buena derecha.

—¿A quién llamas idiota, gilipollas? Además, esto os pasa porque sois unos bocazas. Y que sepáis que tenéis un gusto pésimo —añadió—. ¿Weasley, Granger y Lovegood? ¿En serio?

Theo sonrió embelesado pensando en su Lunática, seguro.

—Cierra la boca, Pansy —replicaron el rubio y el moreno a la vez, malhumorados.

Para cuando llegó la hora del postre, no se hablaba de otra cosa que no fueran los líos de ciertas alumnas de sexto y séptimo con unos Slytherin. Hasta los profesores se habían enterado.

Y ellos también tenían algo que decir al respecto.