-N/A editada, 19/10/2017-

El nombre del capítulo y el juego que se describe a continuación proceden de la palabra inglesa "ship" (barco), que también sirve para referirse al emparejamiento de personajes por parte de los fans.


UNA RÁPIDA SUCESIÓN DE TERRIBLES INFORTUNIOS


CAPÍTULO 4: La Guerra de los Barcos

··En la sala de profesores··

―¿Cómo va la tabla? ―preguntó Flitwick en cuanto entró en la sala de profesores.

Minerva miró a su alrededor antes de pedir al profesor que bajara la voz. Filius, Minerva y unos cuantos profesores más intercambiaron una mirada de resignación.

―Con un poco de suerte, Albus no se habrá enterado aún... Aparentemos normalidad. ―Acto seguido, reemprendió la lectura de su periódico. El Profeta no decía más que tonterías, como siempre, pero no tenía nada mejor que hacer.

A los pocos minutos, Albus Dumbledore entró en la sala con aire triunfal y una sonrisa orgullosa en los labios.

―¿Y bien? ―preguntó. Con un movimiento de varita hizo aparecer unas letras en una pizarra, hasta el momento en blanco, que había en la pared. Nadie respondió al director―. Os lo dije: el viejo Dumby sabe de lo que habla.

Todo había empezado un par de años antes. Minerva ni siquiera podía recordar quién había empezado la discusión ―aunque probablemente fue Albus―. Todo había comenzado como una especie de broma entre algunos miembros del personal docente, pero poco a poco la cosa se agravó. Ahora, dos años después, el personal docente se jugaba sus galeones a con quién acabarían saliendo algunos de sus alumnos. Dumbledore lo llamaba «El Juego de los Barcos». Cuando el viejo profesor apostó porque Hermione Granger saldría con Draco Malfoy, todos lo tacharon de loco y aseguraron que aquello no pasaría nunca. «Antes nace un Weasley rubio», aseguró la misma Minerva. Al parecer, tendría que tragarse sus propias palabras.

―Borra esa sonrisa de triunfo, Albus. Aún no ha pasado nada entre ellos. Y que se abra la tierra y me lleve si la señorita Granger sale con ese... chico. ―Por todos era sabido el desagrado que provocaban en la Jefa de Gryffindor algunos alumnos de último curso de Slytherin. Sobre todo Malfoy, Zabini y compañía.

Severus, que hasta aquel momento se había mantenido al margen de la desfachatez que era intentar emparejar a los alumnos, levantó la cabeza, interesado.

―Cualquiera diría por tu tono que no crees que mi ahijado sea digno de la sabelotodo de tu Granger. ―Snape hablaba con su habitual tono pausado, pero más irritado de lo habitual.

―En primer lugar ―Minerva se quitó las gafas y las dejó encima de la mesa, junto con el periódico. Si Severus quería pelea, la tendría―, no es mi Granger. Y en segundo lugar ―sonrió de forma incrédula―, vamos, ¿quién va a creerse que esos dos pueden acabar juntos? Ella tiene mucho mejor gusto.

Severus no respondió, recogió sus cosas y se marchó de allí rápidamente.

―Vaya, has conseguido irritar a Sevy ―señaló Albus, divertido.

―Severus siempre está molesto ―añadió Pomona Sprout, causando la risa general.

―Bueno, ¿por dónde iba? ―Albus empezó a pasearse por la sala, con las manos a la espalda―. ¡Ah, sí! Creo que alguien me debe una cena. ―Minerva puso los ojos en blanco. Dumbledore era un Drama Queen―. De hecho, creo que todos vosotros me debéis una cena. Y tú ―Señaló a Minerva, quien tragó saliva inconscientemente― me debes mi peso en chocolate.

―Acordamos que te pagaría tu peso en ranas de chocolate si Hermione Granger y Draco Malfoy salían juntos y yo que sepa, saliendo no están. ―Minerva sonrió con malicia.

Albus no se dejó amedrentar.

―Cierto ―concedió―. Pero tú dame tiempo. ―Guiñó un ojo a la profesora.

―Acabo de ver a Theodore Nott y Luna Lovegood en plan... cariñoso en el patio. ―Al parecer, Gilderoy Lockhart, que acababa de llegar, no se había enterado aún del rumor de que Ginevra Weasley, Hermione Granger y Luna Lovegood se habían liado con Blaise Zabini, Draco Malfoy y Theodore Nott, respectivamente. Albus pasó un brazo por encima de los hombros del profesor de DCAO.

―Ven, amigo mío, deja que te cuente...

Minerva se puso las gafas de nuevo y procedió a seguir su lectura, pero no veía las letras delante de ella, sino las letras escritas en aquella maldita tabla blanca.

«Dame tiempo tú a mí y verás», pensó con satisfacción. A Minerva McGonagall no le gustaba perder; tenía un plan.

··Hermione··

«¿Qué querrá McGonagall ahora?», pensaba Hermione con cierta preocupación mientras se dirigía hacia el despacho de la Jefa de su casa. Llamó a la puerta y abrió tras oír un escueto «Pase».

―Siéntese, señorita Granger. ―Hermione supo que algo iba mal cuando la llamó «señorita Granger» y no «Hermione» o «querida». Hermione hizo lo que la profesora le ordenó y esperó a que la mujer hablara. McGonagall la miró con severidad por encima de las gafas―. Supongo que sabrá por qué la he hecho venir.

―Le juro que no. ―Aunque Hermione empezaba a olerse el motivo. Últimamente su vida giraba en torno a una noche llena de malas decisiones.

―Han llegado a mis oídos inquietantes rumores... ―Hermione tenía ganas de gritar― sobre usted y el señor Malfoy. Señorita Granger, lo que haga en su tiempo libre me importa bien poco, pero... ¿Draco Malfoy? ―dijo la mujer en tono incrédulo―. Entiendo que el señor Malfoy puede resultar un joven atractivo, pero...

―Malfoy y yo no estamos saliendo ―se apresuró a asegurar la castaña. Lo que le faltaba: una charla de McGonagall sobre Malfoy y ella. En caso de que existiera un «Malfoy y ella», cosa que, afortunadamente, no era verdad.

La profesora soltó un evidente suspiro de alivio. Pero volvió rápidamente a su expresión severa.

―No quisiera verla con un tipo tan insufrible como Malfoy, querida. Y más teniendo en cuenta que podría poner en juego su futuro... ―Hermione tragó saliva. ¿Cómo que su futuro?―. Ya se sabe que con los enamoramientos juveniles, a menudo las notas se resienten... No me gustaría tener que nombrar Premio Anual a otro alumno...

La castaña frunció el ceño. ¿Aquello era una recomendación? Porque sonaba más como una amenaza.

―No hay nada de qué preocuparse, profesora McGonagall. Malfoy me sigue dando tanto asco como el primer día. ―Casi podía oír la voz del hurón en su cabeza: «No te daba tanto asco cuando te pegabas a mí como si de tu vida se tratara, mentirosa...».

―Así me gusta ―sentenció McGonagall, satisfecha―. Puede irse. ―Hermione se levantó, pero antes de que saliera de allí, la voz de la profesora la detuvo―. Ah, por cierto, no quiero verlos juntos a más de tres metros, ¿entendido? Y dígale a su amiga Weasley que siga su ejemplo. Ese Zabini está cortado con el mismo patrón que Malfoy.

Minerva sonrió en cuanto se quedó sola. Su plan iba a pedir de boca. Si Hermione era inteligente, y sabía de buena mano que lo era, escucharía su consejo y se mantendría soltera hasta terminar el curso. A no ser que quisiera salir con Harry o Ron, que eran sus apuestas, en cuyo caso no pondría la menor objeción.

··Draco··

―Así que Granger, eh... ¿Draco? ―Severus había hecho llamar a Draco a su despacho con el mismo objetivo que Minerva, pero con un fin muy distinto.

Draco seguía flipando. ¿Desde cuándo su amargado padrino se preocupaba por la vida sentimental de nadie? Perdón, debía autocorregirse: ¿desde cuándo su padrino se interesaba por algo que no fueran unos mejunjes mezclados en un caldero?

―Eh... ―Draco no sabría qué responder a aquello ni aunque quisiera. Su relación con Granger se había vuelto extraña. Más aún de lo que ya era.

Sí, aunque nunca lo reconocería, sentía una ligera atracción hacia Granger. Todo había comenzado cuando la vio bailar con ese energúmeno de Krum durante el baile del Torneo. ¿Quién se creía ese jugador de Quidditch de tres al cuarto que era para bailar con su sangre sucia?

Vale, puede que sintiera algo más que una ligera obsesión.

―Ni te esfuerces ―lo cortó Severus. Tampoco quería saber todos los detalles. Puaj―. Todos hemos oído los rumores.

Draco anotó mentalmente acordarse de cortarle los huevos a Blaise en cuanto saliera de allí, por bocazas cabrón. Draco pensaba hacer correr el rumor él mismo, pero no así. Había echado a perder su plan para ganarse a Granger antes de que pudiera ponerlo en marcha. Estaba rodeado de gilipollas.

―¿A qué viene esta charla, profesor? ―Draco empezaba a cansarse. Se cruzó de brazos y adoptó una pose desafiante, pero la mirada fría que le lanzó Severus bastó para que se dejara de tonterías.

―Necesito que me hagas un favor ―Su padrino esbozó la misma sonrisa que ponía cuando iba a quitar puntos al torpe de Longbottom. Escalofriante―: quiero que salgas con Granger.

Draco miró al profesor de Pociones con la boca abierta. ¿¡Qué!?

―¿Cómo que salir?

Severus puso los ojos en blanco.

―Para creerte tan «guay», a veces puedes ser un completo estúpido, Draco. No pienso dejar que la recta y perfecta de McGonagall gane la apuesta. ―Apuntó a Draco con un dedo, amenazante―. Me da igual cómo lo hagas, pero haz lo que te digo.

Severus sonrió. ¿Con que McGonagall creía que un Slytherin no era bueno para Granger, alias doña-perfecta? Se iba a enterar.

Draco asintió y se marchó de allí cavilando en qué consistiría la apuesta que había mencionado Snape. Mientras salía al patio, se cruzó con Granger, que le dedicó un gesto de desdén antes de ir a reunirse con sus amigos, los retrasados. Draco se pasó una mano por el pelo rubio platino. Tendría que ingeniárselas para hacer que Granger cayera rendida a sus pies. Al menos, Snape le había dado una excusa. Si aquello no salía bien, siempre podría decir que había sido coaccionado...

··Dumbledore··

Mientras tanto, en la sala de profesores, Albus Dumbledore seguía mirando la tabla con un brillo malicioso en la mirada. Observó los nombres de los profesores y alumnos: Minerva creía firmemente que Hermione acabaría con Ron o Harry, mientras que Pomona prefería creer que saldría con Neville... Lockhart pensaba que Ginny acabaría con su querido Harry... Otros apostaban por Luna y Neville, o Blaise y Pansy...

Muchos nombres, muchas suposiciones... Pobres ignorantes, no sabían que al final todos caerían en su trampa.

Que empezara la guerra de los Barcos. De momento los suyos ya habían zarpado; solo tenía que asegurarse de que Zabini, Weasley, Granger, Malfoy, Lovegood y Nott no la liaran mucho. Aunque no se oponía a que se liaran entre ellos... Sonrió para sus adentros. Menos mal que nadie podía leer sus pensamientos.