-N/A editada, 19/10/2017-


UNA RÁPIDA SUCESIÓN DE TERRIBLES INFORTUNIOS


CAPÍTULO 5: Castigados

··Los Slytherin··

—Oye... ¿te apetece ir mañana a Hogsmeade? —Theo alcanzó a Luna antes de que entrara al comedor el viernes por la mañana.

Luna se detuvo y lo miró con sus grandes ojos azules. El slytherin sonrió.

—¿A qué? —preguntó ella.

La sonrisa del chico vaciló. ¿No quería ir con él? ¿Habría malinterpretado su actitud del día anterior? Habían pasado todo el día charlando y riendo, pero quizás... A pesar de la fama que tenían sus amigos y él, Zabini y Malfoy eran los del talento natural con las chicas. Él siempre había sido más tímido, aunque lo disimulara muy bien.

—Uhm... A dar una vuelta... Ya sabes, pasear... Eh... —El tartamudeo empezaba a apoderarse de él; por suerte, Luna se apiadó de él y le dedicó una sonrisa deslumbrante.

—Estaré encantada de tener una cita contigo, Theodore.

Theo contuvo el reflejo de soltar un suspiro de alivio. Devolvió la sonrisa a la rubia.

—Nos vemos por el colegio, supongo —se despidió antes de ir a reunirse con sus amigos en la mesa de Slytherin.

—¿Cortejando a Lunática, Nott? —se burló Blaise.

—Han mandado una lechuza del siglo xix para que les devuelvas esa palabra —dijo Pansy en tono mordaz.

—A mí por lo menos me habla, Blaise —replicó Theo en tono triunfal—. No como a ti, que cierta pelirroja no te da ni la hora.

Blaise frunció el ceño, dolido.

—Joder, cómo os ponéis. Si lo llego a saber, ni hablo. —Miró a Theo muy serio—. Entonces, ¿te gusta Lunáti... Luna? —corrigió ante la mirada de advertencia del castaño.

Theo se encogió de hombros, sonriendo de forma enigmática.

—Nos estamos conociendo.

—Por Merlín —intervino Pansy, mientras se comía un cruasán con aires de aburrimiento—. Creo que prefiero escuchar a Snape durante dos horas seguidas a tener que aguantar vuestra charla sentimentalista un segundo más. Miraos —señaló al trío dorado de Slytherin—: Tú —Theo enarcó una ceja— mueres de amor por una chica que lee revistas al revés. —El castaño intentó protestar, pero Pansy levantó un dedo, haciéndolo callar. La morena miró a Blaise—. Tú te pasas las horas mirando a Weasley con cara de pervertido sexual. —Blaise bufó, pero no lo negó —. Y tú... —Draco ni la miró, estaba demasiado absorto en su propio mundo—. Bueno, tú no tengo claro si sigues en tus plenas facultades mentales.

Lanzó un bollo al rubio, que le dio de lleno en la cara. Draco parpadeó y frunció el ceño.

—No estaba pensando en Granger.

Pansy y Theo intercambiaron una mirada cómplice. Excusatio non petita, accusatio manifesta.

—No, solo babeas por ella —se mofó Blaise. Cuando no se trataba de sus fracasos sentimentales sí que le gustaba meter baza.

—Yo no babeo por nadie, gilipollas. —El rubio lo fulminó con la mirada antes de levantarse del banco.

—¿Adónde vas? preguntó Pansy.

—¡Lejos de vosotros, antes de que me peguéis tanta imbecilidad!

—Madre mía, cómo estáis últimamente, eh —Pansy también se levantó—. Nunca en mi vida había tenido tantas ganas de ver el careto de Snape, de verdad.

Theo contuvo la risa. Tal vez el talento con las mujeres de sus amigos estaba sobrevalorado. Al fin y al cabo, él tenía una cita al día siguiente y los demás no.

··Hermione··

—Hoy aprenderemos el sutil arte de elaborar la poción Magnatus. —Snape se paseaba con aire aburrido por el pasillo que separaba las mesas en dos grupos—. Antes de empezar, leeréis atentamente las instrucciones: no quiero accidentes desagradables, como pasó en otros años. En su medida exacta, la poción concede a quien la bebe una fuerza extraordinaria, pero una gota de más, y vuestros músculos crecerán tanto que romperán vuestros huesos —sentenció. Miró a los alumnos de séptimo como si fuera a lanzarles un Cruciatus en cualquier momento—. ¿A... qué... esperáis?

Hermione se levantó rápidamente y fue a buscar los ingredientes a la estantería. Por el camino se cruzó con Ron, que la trató como si no existiera. Hermione resopló; empezaba a hartarse de la actitud del pelirrojo. ¡Hasta se había cambiado de mesa de trabajo para no estar con ella! Imbécil. Estaba deseando ver cuánto tardaba en tragarse su orgullo y pedirle los apuntes de lo que fuera. Hermione estaba deseando que llegara ese momento para hacerle tragar el tomo de quinientas palabras de Historia de la magia.

La castaña estaba demasiado concentrada en su poción para notar que Snape había salido del aula, pero los Slytherin sí se habían dado cuenta.

—Eh, Weasley, ¿por qué te has cambiado de sitio? ¿Tus amiguitos no te quieren? —se mofó Zabini. Hermione ignoró la pulla, al fin y al cabo no iba con ella y Ron no le dirigía la palabra. Que se las apañara solo.

—¡Ni me hables, retrasado! —replicó Ron.

—¡Oh, vamos, cuéntame! ¿Ha sido Potter, porque ya se ha cansado de pagarte todo, o Granger, que te ha dicho que no quiere salir contigo?

Hermione, que había estado cortando muy concentrada la raíz de Hinojosa, erró el corte y salió un trozo más grande que los demás. «Soy idiota», pensó, antes de enfrentarse a Zabini.

—¿Por qué no dejas en paz a Ron y prestas atención a tu poción? —señaló en tono casual—. Está empezando a rezumar.

—¡Mierda! —soltó Blaise antes de buscar desesperado en el libro una forma de detener la creciente ebullición del contenido de su caldero.

Draco, hasta aquel momento ajeno a la discusión, levantó la cabeza al escuchar a Hermione defender a la Comadreja. Miró al pelirrojo con cara de odio. Levantó la varita y apuntó hacia el caldero del gryffindor; con un Wingardium Leviosa, hizo que su poción terminara en el suelo.

—¿¡Se puede saber qué pasa contigo, Malfoy!? —gritó Hermione, que había observado todo el proceso.

Draco le dedicó una sonrisa inocente. Todos los demás estaban demasiado ocupados con el alboroto de la poción de Ron —él y Blaise seguían discutiendo—, así que Draco aprovechó para arremeter contra Hermione.

—Yo no tengo la culpa de que tu amorcito sea un patoso.

—¡Él y yo no somos nada! —replicó Hermione.

—¿¡Entonces por qué lo defiendes!? —Draco fue incapaz de contenerse.

Hermione se quedó mirándolo, sorprendida. ¿A qué venía aquella acusación?

—¿Se puede saber qué ha pasado aquí? —Cuando Snape intervino, la clase entera palideció. Nadie había sido lo suficientemente inteligente para comprobar si el profesor tardaría mucho en volver. Ahora sí que iban a llevarse unos Crucios. Miró a Hermione, Ron, Blaise y Draco con una sonrisa letal—. ¿Pueden explicarme por qué no puedo dejarlos ni cinco minutos solos? —Hermione intentó hablar, pero Snape levantó una mano—. Están castigados, ustedes cuatro. —Pareció reflexionar durante un segundo—. Y usted también, señor Potter.

—¡Pero si yo no he abierto la boca! —protestó Harry.

—Cinco puntos menos para Gryffindor por quejarse. Y si no quiere que sean diez, más le vale aprender a contenerse.

Harry se hundió en su asiento, pero no volvió a hablar en lo que quedaba de clase. Los demás decidieron no provocar a Snape e intentaron salvar sus pociones como pudieron. Theo, Pansy y Daphne Greengrass —que también se había enterado del lío que se llevaban Slytherin y Gryffindor— apenas podían contener las carcajadas.

Cuando terminó la clase, Snape hizo llamar a los castigados.

—Ustedes tres ayudarán a Filch a limpiar la escuela, así aprenderán a no desperdiciar material del colegio. —Zabini miró con incredulidad al Jefe de su casa, pero decidió que no quería aumentar su castigo, así que no protestó. Aun así, la perspectiva de pasar más tiempo del obligado con Potter y Weasley no lo atraía—. Y ustedes dos —señaló a Hermione y Draco— volverán aquí a elaborar la poción de nuevo. Mañana por la tarde a las cuatro, ¿entendido?

―Sí, profesor —murmuraron los cinco a la vez con desgana.

—¡No sois más imbéciles porque no os entrenáis! —increpó Hermione cuando salieron del aula. Ron sonrió, pero Hermione lo fulminó con la mirada—. No sé por qué sonríes, ¡tú eres igual de imbécil que ellos! —Su voz se agudizó, hecho que siempre pasaba cuando se enfadaba. Y en aquellos momentos estaba muy enfadada—. ¡Os juro que como esto repercuta de algún modo en mis ÉXTASIS, os mataré a todos!

Blaise soltó una risa irónica.

—Eh, eh, Granger, tranquila. —Guiñó un ojo a Draco—. Alguien necesita un buen polvo…

El rubio, sin embargo, no estaba de humor para seguir el juego a nadie.

—Más te vale ser puntual mañana, sangresucia. No quiero desperdiciar toda la tarde aquí encerrado —dijo antes de alejarse de allí a grandes zancadas.

Hermione resopló.

—¡Si no fueras un bocazas no tendría que soportarte durante una tarde entera! —gritó. Malfoy se paró y la miró de reojo.

—Oh, vamos, pero si te encantará —replicó en tono divertido.

Harry hizo ademán de querer vomitar.

—¡Ron! ¿Qué ha pasado? —Ginny se acercaba por el pasillo, seguida de Padma y Lavender. Dedicó una mirada de soslayo a Blaise.

—Tu hermano no sabe recibir una crítica —se mofó Blaise.

Ron palideció.

—¡Ni te atrevas a hablarle a mi hermana!

Ginny bufó e intentó señalar que ella podía defenderse solita, pero entonces Lavender intervino, entrelazando un brazo con el de Ron y pegándose a él.

—Ro-Ro, no te enfades —dijo en tono lastimero.

Hermione miró a Harry; los dos pusieron los ojos en blanco a la vez. Si Ron volvía con Lavender por enésima vez, Hermione empezaba a ver el suicidio como una opción cada vez más apetecible. Eso, o morir de asco.

—¿Nos vamos?

—Por favor.

Los dos amigos dejaron todo el barullo atrás: Ron, Blaise y Ginny gritándose a la vez mientras Lavender se pegaba a su Ro-Ro como una lapa y Padma miraba la escena con cara de «No me pagan bastante para esta mierda».

—Ahora que estamos solos… —Harry se pasó una mano por el pelo y miró a Hermione de soslayo—. ¿Qué demonios tienes con Malfoy? No desaprovecha una oportunidad para llamar tu atención.

Hermione se quedó pensando. ¿Llamar su atención?

—Nah. —Desechó la idea con un ademán—. Hace lo de siempre: fastidiar.

—Si tú lo dices… —Harry esbozó una sonrisa irónica—. Pero no te sorprendas si intenta algo contigo mañana.

Hermione sonrió, pero al darse cuenta de lo que hacía borró la sonrisa. Últimamente estaba muy rara y si hasta ella misma se lo notaba… ¡Por Merlín, qué ganas de que todo volviera a la normalidad!