-N/A editada, 17/11/2017-
UNA RÁPIDA SUCESIÓN DE TERRIBLES INFORTUNIOS
CAPÍTULO 10: La calma
··Draco··
El día del partido, Draco se levantó de mucho mejor humor que de costumbre. Poco le importaba ganar o no a Ravenclaw —vale, no, quería ganar—; lo que quería era saber si de verdad Hermione cumpliría su palabra. Y algo le decía que sí que lo haría.
Se dio una ducha y se puso el uniforme de Quidditch. Después de echarse el pelo hacia atrás con sumo cuidado, observó satisfecho su aspecto en el espejo. Con el pelo rubio y los ojos grises, herencia de sus padres —además de una mandíbula de ensueño—, nadie podría encontrar el más mínimo defecto en sus facciones. Sí, Draco Malfoy era atractivo y lo sabía. Vaya que lo sabía (y se había encargado de que todo el mundo fuera consciente de ello).
Cuando volvió a su habitación, Blaise, que estaba atándose los cordones de los zapatos, frunció el ceño mientras lo miraba de arriba abajo.
—Vamos a un partido de Quidditch, no a una pasarela de modelos, Draco.
—¿Es colonia eso que huelo? —intervino Theo en tono burlón, acercándose a Draco y olfateando a su alrededor—. ¿Quieres dejar K.A.O a los de Ravenclaw con tu olor corporal?
Draco le dedicó un gesto de indiferencia antes de centrar su atención en Blaise. El chico parecía taciturno, casi enfadado.
—¿Y a ti qué te pasa? —preguntó.
—Nada —respondió su amigo sin mirarlo—. Vámonos, Draco, que es para hoy.
—Uh, alguien está de mal humor. Vale, vale, ya me callo —dijo Theo cuando Blaise le dedicó una mirada asesina.
El equipo al completo de Slytherin se dirigió al campo de juego. Cuando estuvieron en los vestuarios, Draco los miró uno a uno con frialdad y dijo:
—Más os vale ganar.
Vale, quizás no había sido el discurso más motivador que había dado en su vida, pero necesitaba que todos dieran el máximo en el juego. No quería hacer el ridículo en un día como aquel.
—Vaya, no sabía que de repente era tan importante impresionar a una san… —empezó a decir Marcus Flint con desdén, hasta que la mirada que le dedicó Draco lo hizo callar de golpe.
—¿Tienes algún problema en la voz, Flint? Adelante, termina de hablar. —El tono de Draco era de «Si pronuncias esas palabras, serán las últimas que salgan por tu boca».
Hubo una pelea visual entre los dos chicos, pero, al final, Marcus soltó un gruñido y apartó la mirada.
—Ya decía yo —dijo Draco con satisfacción.
Salieron al campo entre vítores (aunque nunca recibían tantos como las otras casas, y tres cuartas partes de los presentes había ido a verlos perder), pero Draco ignoró los gritos de la gente; buscaba a alguien en concreto. Al final, distinguió la melena rubia de Luna Lovegood y, a su lado, allí estaba ella.
Casi inconscientemente, Draco sonrió y levantó la mano para saludar, pero la bajó rápidamente, sintiéndose estúpido; afortunadamente, ella le devolvió el saludo. Quizás solo fueran imaginaciones suyas —o fruto de la esperanza, que era una hija de puta—, pero casi diría que Hermione también había sonreído.
El partido estuvo bastante igualado, pero Draco quería matar a Blaise por cómo estaba jugando. Los Slytherin eran conocidos por jugar para ganar, costara lo que costase, pero eso era una cosa y la otra, intentar matar a alguien con cada golpe a la bludger, como hacía Blaise. Al final, casi consigue su objetivo, pues uno de Ravenclaw cayó al suelo, inconsciente, después de que la pelota le impactara en plena cara. McGonagall detuvo el partido y amenazó a Blaise con echarlo de allí si seguía así. Cuando volvieron al aire, Draco se acercó a su amigo.
—¿¡Se puede saber qué te pasa!? ¡Tienes que golpear a los otros, no matarlos!
Blaise lo miró con desdén.
—Tú céntrate en atrapar la snitch y déjame en paz.
Draco puso los ojos en blanco y volvió a centrar su atención en buscar la diminuta pelota dorada. Solo esperaba que Blaise y la pelirroja decidieran de una vez si querían estar juntos o matarse el uno al otro, porque la situación empezaba a ser insoportable.
De repente, percibió un destello dorado por el rabillo del ojo. Sin detenerse a comprobar si había visto bien, se lanzó hacia aquel punto. Resultó que estaba en lo cierto, pues la Snitch brillaba bajo la luz del sol. La buscadora de Ravenclaw también la había visto, pero Draco llegó dos segundos antes.
Levantó la snitch, triunfal. ¡El partido había terminado y Slytherin había ganado!
Se felicitaron entre ellos, pero, antes de retirarse a los vestuarios, Draco se acercó al equipo contrario y estrechó la mano de la buscadora, Sophie McMillan. Esta miró su mano con sorpresa al principio, como si fuera un objeto extraño que no hubiera visto nunca, pero terminó por estrechar su mano y musitar un «Bien hecho».
La multitud empezó a dispersarse, unos más contentos por el resultado que otros, pero algunas personas se quedaron rezagadas; la mayoría eran amigos del equipo de las águilas, menos una. Draco se acercó a ella.
—¿Y bien?
—Buen partido, Malfoy.
—Magnífico, querrás decir.
Hermione puso los ojos en blanco.
—Cuando repartieron la humildad, tú estabas haciendo cola para acaparar toda la arrogancia, ¿me equivoco?
Draco esbozó una sonrisa ladeada.
—¿Humildad? ¿Qué es eso? ¿Se come? —Para su deleite, Hermione soltó una carcajada, así que decidió arriesgarse un poco más—. Bueno, no me diste el beso de buena suerte…
—Y mira lo bien que te ha ido sin él —interrumpió ella.
—Pero creo que sí que me merezco uno ahora, ¿no crees?
En realidad, solamente estaba bromeando, porque sabía que Granger se limitaría a poner los ojos en blanco y lanzarle una mirada cínica; no esperaba que la bruja se pusiera de puntillas y le diera un beso rápido en los labios. Antes incluso de que él tuviera tiempo a reaccionar, Hermione ya se había dado media vuelta y se alejaba hacia el castillo.
—¿A que no esperabas esto, Malfoy? —preguntó divertida, sin girarse—. Pero no te acostumbres —advirtió.
··Hermione··
Hermione vio a Ginny sentada en el patio del colegio con Harry, Ron, Neville y Parvati y, sin más miramientos, la cogió del brazo y la arrastró hasta que estuvieron lo suficientemente lejos para que los demás no las oyeran.
—Acabo de besar a Malfoy —soltó.
Ginny enarcó una ceja, sonrió y empezó a aplaudir.
—¡Ya era hora! ¿Y qué ha dicho él?
Hermione frunció el ceño.
—Nada, en realidad. Es la primera vez que Malfoy se queda sin palabras.
Ginny soltó una carcajada.
—¿Y qué vas a decirle? —Hermione la miró sin comprender, por lo que la pelirroja puso los ojos en blanco—. Cuando te pida salir, tonta.
La castaña se sonrojó involuntariamente.
—No creo que…
—¡Oh, vamos, Hermione! No entiendo cómo puedes sacar las notas que sacas y ser tan ingenua. —Se cruzó de brazos y se quedó pensativa—. Yo le doy… dos días hasta que se te declare —sentenció.
—Ahora que estamos hablando de relaciones complicadas —dijo Hermione, intentando desviar la atención de ella misma—: ¿cómo va con Harry? —preguntó en tono mordaz.
Ginny se apartó el pelo con un movimiento de mano y le dedicó una mirada críptica.
—Bien —se limitó a responder.
Hermione enarcó una ceja con escepticismo, pero decidió no insistir. Ginny era muy terca y sabía que no conseguiría sonsacarle nada que ella no quisiera contar. ¡Pobre Harry, en qué berenjenal estaba metido!
—¿Y Luna? —Ginny era muy buena en cambiar de tema.
—Ha ido a dar una vuelta con Theo —explicó Hermione, que los había visto alejarse hacia el lago.
—Esos dos se pasan el día juntos. Seguro que, cuando vuelvan, ninguno de los dos sigue soltero —reflexionó Ginny con una sonrisa divertida.
—Qué casamentera estás últimamente.
Pero Ginny no se equivocaba, pues cuando Theo y Luna volvieron, iban cogidos de la mano. Theo lucía una sonrisa de oreja a oreja; nadie había visto nunca al chico tan feliz. Luna parecía la de siempre, pero sus labios se curvaban hacia arriba en una pequeña sonrisa.
La cena trascurrió con normalidad, dentro de lo que cabe: Ginny no se despegaba de Harry (el pobre tenía una cara de circunstancias…) y Ron miraba a Hermione como si intentara descubrir sus más oscuros secretos solo con quedarse mirándola. Hermione decidió sentarse ese día dando la espalda a la mesa de las serpientes; estaba demasiado avergonzada por lo que había hecho, aunque podía sentir unos ojos grises clavados en su espalda.
Cuando terminaron de cenar, Hermione se levantó con rapidez y salió al pasillo. Oyó unos pasos a su espalda y contuvo la respiración, pero soltó el aire retenido cuando oyó una voz llamándola que no era la de Malfoy.
—¡Hermione! —Theo se puso a su altura y le dedicó una sonrisa brillante.
—Buenas noches, Nott —saludó ella—. Te veo muy contento esta noche.
El chico ensanchó aún más la sonrisa.
—Hoy ha sido un buen día. —Se metió una mano en el bolsillo—. ¡Pero antes de que se me olvide, tengo algo para ti!
Le dio un trozo de papel doblado. Hermione lo cogió con reticencia.
—¿Qué es esto?
Theo se encogió de hombros.
—Yo soy un mandado. Buenas noches, Granger.
Hermione no desdobló el papel hasta que estuvo en su cama, oculta tras las cortinas.
Mañana en el aula abandonada de la cuarta planta.
Hermione puso los ojos en blanco. Solo a Draco Malfoy se le ocurriría proponer un encuentro furtivo sin el consentimiento de la otra parte. Y además había hecho que un amigo suyo le diera la notita, como si tuvieran doce años.
Pero de repente, Hermione sintió un hormigueo en la parte baja del estómago. ¿Para qué querría Malfoy que se encontraran allí? ¿Debía ir? ¿Por qué se sentía de repente tan emocionada?
Sacudió la cabeza con determinación; ya era hora de afrontar lo que fuera que había surgido entre ellos. Lo había intentado de verdad; se había dicho mil y una veces que todas las veces que se había besado con Draco habían sido producto de una confusión momentánea, pero la realidad era que… Draco Malfoy le gustaba. Mucho, además.
Que Merlín la ayudara, porque no sabía qué pasaría el día siguiente. Solo sabía que, de una forma u otra, aquel encuentro cambiaría muchas cosas.
