Sugerencia #2: Aliados de la justicia.

·

Aquella semana los miembros del consejo estudiantil tuvieron conflictos con los miembros del comité disciplinario. Principalmente por altercados debido a las alteraciones en los uniformes de Medaka-san, Akune-san y Hitoyoshi-san.

Shirou no los culpaba por cumplir sus deberes, pero desgraciadamente debido a la mala respuesta de los tres miembros esto se convirtió en su cruzada personal.

Por ello Kikaijima y el pelirrojo se vieron envueltos.

A Shirou se le ordenó que dejase de teñir su pelo. No le creyeron cuando explicó que era pelirrojo natural. De alguna forma terminó con un balde de pintura negra en la cabeza, por lo cual su uniforme se arruino por completo.

'El pelo negro me sienta bien.' - intentó pensar positivamente. - 'Por lo menos mejor que el pelo blanco de Archer.' - solo pensar en ello le daba escalofríos. Pero odiaba la sensación de pintura en el cabello, o en la piel, o escurriéndose a través de su cuerpo.

Pero para Kikaijima resultó peor. En las puertas de la escuela la 'ejecutora' Onigase Harigane la desnudó para demostrar que ella, también miembro del consejo estudiantil, usaba su traje de baño en lugar de ropa interior.

Kikaijima quiso hacer como si nada hubiese ocurrido, pero para Shirou, que había caminado con ella a la escuela ese día, fue la gota que rebalso el vaso.

De inmediato se interpuso entre ambas chicas.

- ¡¿Acaso hay algún problema con los gustos de Kikaijima?! ¡¿Quieres también escoger el su ropa interior?! ¡Sandeces! ¡Lo que haces no es impartir justicia! ¡Tan solo obligas a los demás a seguir tus órdenes, según lo que tú consideras que está bien!

Todo el mundo quedo en silencio. No solo por el escándalo, sino porque nadie había visto gritar al tranquilo y hacendoso falso conserje Emiya Shirou hasta ese momento.

En su propia furia Onigase destruyó la pared que había a su derecha con un par de esposas que tenía en sus manos. Iba a decir algo, pero el pelirrojo la interrumpió.

- ¡Y no te basta con avergonzar públicamente a Kikajima ni haber destruido mi uniforme sino que ahora destruyes propiedad de la escuela sin razón alguna! ¿Sabes quién es el encargado de repararlo? ¡Yo! Y lo hago con gusto… ¡Pero no soportare que llames justicia a tus rabietas!

Shirou notó que la situación lo había dejado más afectado de lo que él había imaginado. Era entendible, a fin de cuentas toda su vida luchó por ser un aliado de la justicia. No podía permitir que nadie manche sus ideales y los de Kiritsugu, junto con las memorias y sacrificios que habían significado.

También todo lo dicho era cierto.

Tomó a Kikajima de la mano y la arrastró al salón del consejo estudiantil.

- Lamento que hallas tenido que ver eso, Kikaijima-san. Pero hay cosas que no puedo soportar. - los abusos eran definitivamente una de ellas.

- No-o tienes por-que disculparte Shirou-senpai. - respondió Kikaijima, usando por primera vez su nombre en lugar de Emiya-senpai. - Gracia-s por defenderme.

Ella no le miró en ningún momento, hasta que termino de hablar. Shirou le respondió con una gran sonrisa sin notar cuan roja estaba su amiga.

·

Cuando llegó una petición respecto al ruido que hacia la banda de la escuela Shirou se apresuró a buscar de materiales para aislar el salón de música.

Se topó con Medaka y Shiranui en el camino. Dada tensión en el ambiente era claro que acababan de discutir o tal vez profesar su odio mutuo.

Cuando la puerta fue abierta las chicas se petrificaron.

El salón estaba lleno de cuerpos, con un niño parado en el centro.

Shirou entró tranquilamente a la sala y tras una mirada y confirmar el pulso de uno de los heridos declaró:

- No se preocupen. Están vivos, aunque es imperativo que reciban atención médica inmediatamente.

Tras decir ello miró al niño en el centro del caos.

Su presencia y olor lo delataban. Era otro candidato a héroe.

Por un momento Shirou se confundió. ¿Era eso posible tantos candidatos a héroe en la misma generación? ¿Tan cerca unos de otros?

Tras unos segundos concluyo que sí, no solo era posible. Era lógico. Había pasado muchas veces en el transcurso de la historia.

Arturia y sus caballeros.

Merlin y Morgana.

Perseo y Medusa.

Medea y Hércules.

Y los Argonautas.

Aquiles, Héctor, Odiseo, Ayax y tantos otros durante la guerra de Troya.

A veces en el mismo bando, a veces en bandos contrarios, a veces sin ningún bando o siquiera llegar a conocerse. Siempre en la generación de un héroe o leyenda hay por lo menos uno más.

La primera persona a la que el niño se dirigió fue a Onigase.

- Oh. Onigase, me trajiste una toalla. Gracias. Siempre me descuido y termino cubierto por la sangre de mis oponentes. - en un segundo su mirada cambió. - Por cierto Kurokami Medaka. ¿Qué rayos haces aquí?

La conversación de ambos comenzó a divagar desde la escena frente a ellos, los pechos de Medaka-san, pacifismo y belicosidad entre otros.

Finalmente el niño, Unzen Myouga clase 1-13 y presidente del comité disciplinario declaró:

- ¡La justicia no significa nada si no te sobrepasas! ¡Ese es mi lema!

Shirou intentó controlar su ira.

¿Ese niño pensaba que eso era justicia?

Entrar a aquel salón le había causado una extraña nostalgia.

El incendio en Fuyuki.

El ataque a su antigua escuela.

Nunca hubo justicia en ellos. Solo gente egoísta en busca de poder.

Recordó todos eventos en los que estuvo presente sin poder hacer nada mientras otros resultaban heridos.

Entretanto Medaka fue atacada con una especie de proyectil.

- Qué extraño. Estaba seguro que lo esquivarías. - comentó el niño cuando Medaka recibió el ataque en la cara.

- No había razón para que me ataques, por tanto no hay razón para esquivar.

- Kurokami-san. - intervine. - Tal vez no tienes motivo para esquivar sus ataques, pero por favor, permite que me encargue de esta situación.

- Uhm. Pensé que odiabas la política, Emiya Shirou.

- La odio y no soy bueno en ella, pero no puedo permitir que el comité de disciplina diga qué esta atrocidad es justicia. Por favor. Permítame educarlos.

Medaka asintió levemente, al parecer intrigada por el comportamiento de su falso lacayo.

- ¿Uh? Onigase ¿Quién es este insecto?

- Emiya Shirou… el 'Falso Conserje'…

- ¡Ja! ¡Así que él es quien te gritó el otro día! - Unzen-san parecía divertirse con el desarrollo de los acontecimientos. - ¿Tú piensas educarme? - preguntó con burla.

- ¿Tienes algún problema con eso?

- Quiero ver como lo intentas. Desde mi punto de vista los humanos son seres horribles y codiciosos. Siempre intentaran destruirse unos a otros. Por esa razón, cada vez que alguien hace algo malo siento el deber de castigarlo.

- Es cierto que los humanos son horribles. - la guerra del santo grial era un excelente ejemplo. - Sí. Siempre intentaran destruirse mutuamente. Y muchas veces es mejor matar a uno para salvar a mil. Pero lo que tú haces es solo usar la justicia como excusa para ejercer violencia. Como aliado de la justicia no puedo permitirlo.

Unzen rió a carcajadas. Al parecer no notaba que Shirou era totalmente serio.

O tal vez ríe porque estoy siendo serio. - reflexionó el pelirrojo.

- ¿Tus compañeros del consejo estudiantil piensan igual? Bueno, lo sabré tan pronto como los ejecutores que envié tras ellos les pregunten.

Medaka pareció dudar.

- Shirou. Debo ausentarme. Por favor encárgate de la situación lo mejor posible.

El aludido asintió.

- ¡Hey!

Unzen lanzó un proyectil a la presidenta. Proyectil que Shirou bloqueo con su cuerpo, debidamente reforzado.

- Te dije que te educaría. Así que por favor, no te distraigas, Unzen Myouga de primer año.

'El pasar tiempo con Medaka parece haberme contagiado alguno de sus hábitos. Creo que mientras no comience a desnudarme podré vivir con ello.'

Unzen lanzó una infinidad de proyectiles que Shirou identificó como bolas de goma… o por lo menos, de un material de propiedades similares.

Dolían como mil demonios, carcomiendo su piel y dañando sus músculos. Shirou entendió que a pesar de haber reforzado su cuerpo no debía recibir muchos de esos golpes.

Tomó lo que parecían ser la pata de una silla y la pata de un piano. Quiso reforzarlas, pero no tenía tiempo. Imaginó que tenía en mis manos a Kanshou y Byakuya y dejó que sus instintos lo defendieran. Sus ojos eran por poco capases de seguir el rebote de las bolas y sus músculos apenas se movían lo suficientemente rápido como para interceptarlas, siempre y cuando no pensara. Pensar solo retrasaría las acciones que, como en este caso, era capaz de realizar inconscientemente.

Su defensa no resulto perfecta, pero si fue suficiente como para reducir el daño de forma considerable, aunque sus pseudo-armas sufrieron el castigo.

Un silbido dio a entender que su demostración había impresionado a Unzen.

- No eres del todo malo, señor 'aliado de la justicia'. - comentó. - ¿En qué clase estas? ¿La once o la doce? Tal vez en la diez…

Shirou aprovechó el momento para reforzar sus pseudo-armas.

- Estoy en la clase 2-1.

Por un instante Unzen pareció sorprendido.

¿Por qué asumió que estaba en una de esas clases? - se preguntó Emiya. Pero sabía que no era el momento de pensar en ello, por lo que hizo una nota mental.

- Mi padre siempre decía que si para salvar a cien debías matar a uno, él lo haría sin dudar. Esa era su justicia. Yo la entiendo y la acepto, a pesar de que mi justicia es distinta a la suya. Pero tu justicia implica excederse. En algún momento mataras a alguien en nombre de tu justicia, luego te excederás y matarás a todos, sean inocentes o culpables. Por eso no puedo aceptar tu justicia. Sí ser castigado implica la muerte de todos no permitiré que nadie sea castigado.

- ¿Qué te hace pensar que aun no he matado a nadie?

- ¿Cuántos años tienes? ¿Diez?

- ¿Crees que no he matado por mi edad?

- No. A tu edad mis manos ya estaban cubiertas de sangre. - Shirou nuca olvidaría aquel incendio cientos murieron en su lugar. Dado que de no ser por su existencia por lo menos una de esas personas hubiese sido salvada… esa era su cruz. - Lo sé por tus ojos. Y tu olor.

- ¿Mis ojos? JaJaJaJaJa. Lo acepto. Eres interesante, Emiya Shirou. ¡Pero mi justicia aplastará la tuya!

Entonces el pelirrojo cometió un error. Uno grande.

Sabía que se enfrentaba a una especie de niño genio. Un héroe en potencia. Pero creyó tener ventaja de la experiencia.

Su arrogancia le explotó en la cara. Literalmente.

Cuando Unzen volvió a atacar, Shirou volvió a defenderse como antes, pero esta vez avanzando con intención de atacar al prepotente niño.

Si tan solo hubiese usado análisis estructural se hubiese dado cuenta que Unzen había mezclado sus bolas de goma con otras. Con bolas explosivas.

Casi pierde la conciencia.

- Mmmmm… ¿Sigues vivo? - la voz del niño retumbó en sus oídos.

El pelirrojo no podía ver claramente y su cabeza daba vueltas. Escuchó el sonido de un celular y murmullos. ¿O era una conversación?

Lo último si lo oyó claramente.

- Onigase, espósalo. Siento marcharme tan pronto, Emiya Shirou, pero debo tratar un par de asuntos con tu presidenta.

Unzen ya no se divertía. Estaba furioso.

·

Shirou tardó unos minutos en recuperarse lo suficiente como para tener control sobre sus sentidos. Estaba esposado. A su alrededor había heridos siendo tratados.

Su consuelo fue que nadie había muerto.

¡¿Qué clase de idiota soy?! ¡¿Por qué luche en un salón lleno de heridos?! - su consuelo ya no era tan grande.

Tardo otro poco en recuperar la compostura.

Notó que Onigase lo vigilaba con ojos fieros. Por su parte él estaba esposado, manos en su espalda.

'Rayos. No me quedaba otra que destruir las esposas.'

Para su suerte, usando análisis estructural notó que las esposas no eran de acero. Eran de un material mucho más fuerte y resistente.

Se concentró en un eslabón y lo reforzó. Gracias a las propiedades del material este no tardo en llegar a su límite. Lo siguió reforzando y luego, con un solo movimiento lo rompió. Cuando algo supera su límite de resistencia se rompe. La resistencia de las esposas era increíblemente alta, por lo que Shirou no necesitó mucho prana para realizar la hazaña.

- Pe-pe-ro ¿Cómo?

Él no tenía tiempo para eso.

- Onigase. Sí quieres hacer algo útil, evacua la escuela.

Los sonidos le indicaban que una gran pelea se estaba llevando a cabo.

Necesitaba llegar rápido, así que saltó por la ventana.

Saltar desde gran altura siempre resultaba doloroso, aunque el cuerpo estuviese reforzado. Más de una vez Shirou había roto una pierna o un par de costillas, pero Avalon se encargaba de eso. Esta vez tuvo suerte y no le ocurrió nada, salvo por el dolor.

Unzen y Kurokami luchaban, en lo más cercano a una pelea de Servants que Shirou había visto desde el final de la guerra.

El cabello de Medaka se había vuelto rojo y su aura, su cara, sus palabras, todo apuntaba a una sola clase. Berserker.

Escuchó que Akune y Zenkichi le llamaban 'Modo Perses'.

En este estado era más que claro que su personalidad había dado un giro en 180 grados.

Estaba furiosa y definitivamente le estaba dando una paliza a Unzen.

Shirou se apuró y alcanzó a interponerse entre Medaka y Unzen antes de que el último recibiese el golpe de gracia.

No sabía si ella se detendría. No sabía cuánto juicio aun le quedaba. Pero no podía permitirlo.

Tuve suerte. Ella se detuvo.

- Muévete Shirou. Mataré a este bastardo.

- ¿Por qué? ¿Porque estas furiosa? ¿Por venganza?

- Tan solo muévete.

- No te permitiré matar. No por esos motivos. Pero si lo deseas, yo lo mataré. Déjame ser tu espada.

Su postura tensa se desarticuló. Parecía no entender.

- Permíteme matarlo. Si lo mató ahora ya no podrá esparcir odio y sufrimiento. - continuó el chico.

El resto del consejo estudiantil apareció tras Medaka.

- ¡Medaka-chan! ¡Para! / ¡Ya ha sido suficiente! / ¡Medaka! ¡No!

Tras eso Medaka inspiró y expiró mientras volvía a la normalidad.

- Cierto. Creo que me deje llevar.

El pelirrojo no supo si lo que vio en los ojos de la chica fue amabilidad o agradecimiento, así que se mantuvo quieto aun esperando la respuesta.

- Salgamos de aquí. - dijo Medaka, pero Shirou no se movió hasta que finalmente vio en los ojos de la presidenta una silenciosa suplica.

- Regocíjate Unzen Myouri. - dijo Shirou. - Has sido salvado. Pero, aunque hayamos dejado las cosas hasta aquí, yo nunca aceptaré tu justicia. Y si alguna vez matas a alguien, ten por seguro que te perseguiré y matare. Y nadie, absolutamente nadie, será capaz de salvarte.

Cuando ambos cruzaron miradas Shirou supo que Unzen por fin entendió el significado de ojos de asesino.

Sin más el pelirrojo siguió sus compañeros del consejo estudiantil.

'Rayos… No quiero limpiar este desastre…' - fueron los últimos pensamientos de Shirou al dejar la escena.