-N/A editada, 21/05/2020-
UNA RÁPIDA SUCESIÓN DE TERRIBLES INFORTUNIOS
CAPÍTULO 14: Nuevos horizontes
··Theo y Luna··
Theo y Luna se alejaron de todo el gentío; caminaron cogidos de la mano hasta que solo se oía el suave movimiento del agua del lago y tenían a las estrellas por únicas compañeras.
Se tumbaron en un claro, la cabeza de Theo encima del estómago de Luna. Los dedos de ella jugueteaban con su pelo, sumiéndolo en un agradable estopor.
—Bueno, supongo que esto fue bonito mientras duró —suspiró Luna de repente.
Theo se incorporó de golpe y la miró sin comprender.
—¿Estás cortando conmigo? —preguntó, casi asustado por saber la respuesta.
Luna se incorporó también y parpadeó.
—¿Vas a seguir queriendo estar conmigo cuando volvamos a casa?
—¡Por supuesto que sí! Sé que vivimos lejos, pero podemos quedar en algún sitio, o puedes visitarme en mi casa o yo ir a la tuya…
Luna sonrió con tristeza.
—¿Crees que tu padre aprobará nuestra relación? ¿Sabes quién es mi padre? —añadió.
En aquel momento, Theo lo entendió todo. Cogió las manos de Luna con delicadeza y la obligó a mirarlo a los ojos.
—Mi padre puede irse al infierno, porque si no le gustas, está claro que algo malo pasa con él. Y tu padre… Bueno, todos tenemos nuestras manías. ―Se encogió de hombros con una sonrisa ―. No voy a quererte menos porque tu padre sea algo raro.
Luna abrió mucho los ojos.
―¿Me quieres?
El muchacho se sonrojó.
―Creía que a estas alturas ya estaba más que claro ―dijo mientras arrancaba unas briznas de hierba.
De repente, sintió un peso encima que lo tumbó de golpe; era Luna, que lo besó con entusiasmo. Cuando se separaron, ella lo miró con una sonrisa tan radiante que podría haber iluminado toda Escocia.
―Yo también te quiero, Theodore.
··Ginny y Blaise··
Una vez se adentraron en la profundidad del bosque, Ginny se abalanzó sobre Blaise como una fiera hambrienta; él respondió con el mismo entusiasmo, pasando las manos por su espalda descubierta. La pelirroja le quitó la chaqueta, que Blaise dejó caer al suelo. La cogió por las piernas y la levantó hasta pegarla contra un árbol, donde empezó a devorar su cuello. Llevaba tanto tiempo esperando aquel momento, que lo único que existía ahora mismo en el mundo para él era el cuerpo que tenía pegado al suyo.
Cambiaron de postura: Blaise se tumbó en el suelo con la pelirroja encima. Levantó el vestido con la mano, mientras acariciaba su muslo. Mientras tanto, ella echaba mano de sus pantalones para desabrochar el botón y la cremallera. Con un movimiento rápido, el slytherin invirtió las posiciones, quedando él encima; Ginny enredó los tobillos alrededor de su cintura, dándole pleno acceso a su cuerpo y a sus braguitas color carne.
Oyeron unas voces cerca, por lo que Blaise se llevó un dedo a los labios. Se quedaron mirándose, con las respiraciones aceleradas, hasta que las voces se alejaron. Entonces, Blaise miró a su alrededor. Recordó que en aquel bosque había pasado buenos ratos con varias chicas.
Chicas que le eran completamente indiferentes. Volvió a mirar a Ginny.
«No como ella», pensó. Se quitó de encima de ella y se levantó, pasándose una mano por el pelo.
—¿Qué demonios te pasa ahora? —Ginny se incorporó y lo miró con el ceño fruncido—. Creía que esto es lo que querías —dijo con sequedad.
Esta vez fue Blaise quién frunció el ceño. ¿De qué cojones hablaba? De repente, su cerebro dejó de estar embotado por el alcohol y se dio cuenta de cuál era el problema.
—Crees que solo quiero acostarme contigo.
Ginny soltó una carcajada sarcástica.
—No, claro que no. Seguro que mañana me despiertas con el desayuno en la cama y un ramo de rosas, ¿verdad? No me mires como si no fuera verdad, Zabini; al final, lo único que queréis todos es follar.
Blaise inspiró hondo, incapaz de creer lo que iba a decir a continuación:
—Yo no. Yo quiero más que eso.
·· Hermione y Draco··
Draco no tenía claro qué estaba pasando, pero ahora que Hermione parecía no odiarlo, no quería echarlo todo a perder otra vez, así que se limitó a seguirla en silencio hasta la tercera planta. Una vez allí, Hermione soltó su mano y se puso a caminar ―no muy grácilmente, la verdad― de arriba abajo por el pasillo.
―Granger, ¿qué haces? ―preguntó él.
―Shhh ―ordenó ella con expresión concentrada.
Así, después de la tercera vuelta, una puerta empezó a aparecerse en medio de la pared.
―¿¡Qué demonios…!?
―La Sala de los Menesteres ―anunció Hermione con ese tono que utilizaba cada vez que respondía a una pregunta en clase.
Se acercó a Draco y tiró de él para meterse dentro. Cuando entraron, Draco se quedó boquiabierto; había una cama enorme en el centro y… nada más. Miró a Hermione, pero eso solo hizo que la mandíbula se le desencajara aún más.
Ella se quitó el vestido por la cabeza con rapidez y lo dejó caer al suelo de cualquier forma. Draco tragó saliva al ver el sujetador y las braguitas negras de encaje que llevaba. De repente, ya no se sentía mareado por el alcohol. Hermione se acercó a él en lo que intentaba ser un contoneo sensual, pero que quedó en un traspié mareado por culpa de la cantidad ingente de whisky de fuego que había bebido.
La bruja fue acercándose a Draco, quien a la vez retrocedía hasta que sus piernas dieron contra la enorme cama. Se sentó en el borde y Hermione se sentó encima de él. La muchacha pasó una mano por su pelo ya no tan perfectamente peinado y susurró:
—Bésame, Draco.
Y como Draco tampoco tenía la voluntad necesaria para desobedecer esa orden, unió sus labios a los de ella con fiereza. Hermione no se quedó atrás, pues empezó a desabrochar los primeros botones de la camisa de él mientras Draco acariciaba la parte baja de su espalda y la pegaba todavía más a su cuerpo.
Con un movimiento rápido, colocó a Hermione con la espalda pegada al colchón mientras besaba lentamente su cuello. La muchacha gimió mientras pasaba las manos por la espalda de él y clavaba las uñas en su carne. Draco se deshizo de la camisa y de los pantalones con urgencia y volvió a la labor de besar cada centímetro de la piel de Hermione. Por Merlín, hasta aquel momento no se había dado cuenta de cuánto quería poder hacer aquello.
Hermione arqueó ligeramente la espalda y se desabrochó el sujetador. Draco gimió al ver sus pechos desnudos, pero no tuvo tiempo de pensar demasiado, porque Hermione se lanzó otra vez a por sus labios. El rubio acarició con los dedos el valle entre sus pechos antes de recorrer el mismo camino con los labios y la lengua. Se metió el pezón izquierdo, completamente endurecido, en la boca y empezó a chuparlo lentamente; los gemidos de Hermione eran como música para sus oídos.
Sin abandonar sus pechos, deslizó una mano lentamente hacia abajo, pero cuando llegó a la costura de sus braguitas, esa hija de perra llamada conciencia lo detuvo.
«¿Estás seguro de que esto es lo que quiere?».
—Mierda —masculló él. Levantó la mirada—. ¿Hermione?
—¿Hmm?
—¿Quieres que… que siga? —preguntó, maldiciendo una y mil veces el repentino arrebato de caballerosidad que lo había invadido.
Hermione lo miró con los ojos brillantes; se mordió el labio inferior mientras asentía con la cabeza y soltaba una risita.
«Joder», pensó Draco. «Está borracha».
Por supuesto, ya sabía que Hermione se había bebido el equivalente al Lago Negro en whiskey, pero no se le había ocurrido que puede que estuvieran en aquellas circunstancias porque ella no estaba en posesión de sus plenas facultades.
Entonces Draco tomó la decisión más altruista y estúpida de su vida: se apartó, dejándose caer en la cama al lado de Hermione. Se cubrió los ojos con la mano y resopló.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, arrastrando las palabras.
Draco la miró de reojo.
—Que no quiero que perdamos la virginidad así —confesó.
Ya estaba, ya lo había dicho.
Hermione lo miró sin comprender, pero entonces estalló en carcajadas.
—Espera… Entonces… ¿eres virgen? —preguntó cuando la risa le permitió respirar.
El muchacho la fulminó con la mirada, gravemente ofendido.
—¡Tú también y yo no me río de ti!
—¡Pero tú eres el gran Draco Malfoy! ¡Todo el colegio habla de tus grandes… hazañas! —exclamó ella.
—Yo no tengo la culpa de que la gente invente cosas; simplemente opté por no desmentir nada.
Hermione volvió a estallar en carcajadas mientras Draco se levantaba de la cama en busca de su ropa. Cogió su camisa y se acercó a Hermione; la envolvió con ella y abrochó los primeros botones, intentando no fijarse demasiado en lo que había debajo.
—Entonces ¿no vas a acostarte conmigo hoy? —preguntó ella, frunciendo el ceño.
—Soy muchas cosas, pero no me aprovecho de chicas borrachas.
—No estoy borracha —dijo Hermione, cruzándose de brazos. Parecía una niña pequeña con un berrinche.
Draco puso los ojos en blanco y la miró con una sonrisa ladeada.
—No, claro que no, Granger. Venga —Le tendió una mano—, vamos a tu habitación, anda.
Hermione se levantó, pero al tercer paso estuvo a punto de caerse, así que Draco optó por cambiar de plan: la cogió en brazos y la llevó de vuelta a la enorme cama. Mucho mejor y más rápido que pasearse con una Hermione Granger medio en pelotas y completamente borracha por el castillo.
Ya en la cama, Hermione se acercó a él y se acomodó contra su pecho. Draco pasó una mano por su espalda y la acercó más a su cuerpo, aspirando el aroma de su cabello.
—Al final serás buena persona, Draco —musitó Hermione antes de dormirse.
··El día siguiente, habitación de Ginevra Weasley··
Ginny despertó con un dolor de cabeza importante. Se quedó en la cama, inmóvil, hasta que la resaca le permitió moverse. Los eventos de la noche anterior la asaltaron de pronto. Recordó que ella y Blaise habían venido a su habitación (había sido bastante gracioso ver sus esfuerzos por subir la rampa que conducía a la habitación de las chicas) y se habían acostado juntos, pero no habían hecho otra cosa que dormir.
Sonrió.
Hasta que palpó la cama y vio que estaba sola.
Borró la sonrisa de golpe. ¿De verdad había sido tan estúpida como para creer sus palabras? Se cubrió los ojos con la mano.
Ella era el tipo de chica a la que todos deseaban, pero de la que nadie se enamoraba.
Un portazo la sobresaltó y, justo después de que se incorporara de golpe, las cortinas de su cama se descorrieron, dejando ver a un Blaise Zabini con los pantalones arrugados y la camisa abrochada de cualquier forma, que sonreía mientras intentaba sujetar con una mano una bandeja repleta de comida.
Ginny enarcó una ceja.
―¿Me has traído el desayuno a la cama?
―Falta el ramo de rosas, pero no podía cargar con todo a la vez. Venga, aparta, que me muero de hambre ―dijo él, sentándose en la cama.
―Eh… ¿Ginny? ―dijo una voz.
Blaise y Ginny se miraron y estallaron en carcajadas. Por un momento, los dos habían olvidado que Ginny dormía con cuatro chicas más.
―Estas no estaban aquí anoche ―susurró Blaise, mirando a Ginny de reojo―. ¿No tenéis hambre, chicas? El desayuno ya está servido en el Comedor ―sugirió en voz alta, levantándose y señalando la puerta con la cabeza.
Cuatro chicas con el pelo revuelto y cara de necesitar urgentemente un café salieron en fila del dormitorio, no sin antes echar vistazos furtivos al slytherin.
―¡Es Blaise Zabini! ―susurró una mientras se iba, mirándolo con los ojos como platos.
Casi se da un golpe contra el marco de la puerta.
―Parece que tienes un club de fans ―señaló Ginny en tono mordaz.
Blaise sonrió con vanidad, acercando su rostro al de ella.
―Pero solo tú puedes tener acceso en primicia al producto ―dijo, señalando su cuerpo.
Dicho esto, le guiñó un ojo, a lo que ella respondió dándole un golpe que casi lo tira de la cama.
―Venga, come y calla ―replicó, metiendo un bollo en su boca.
Cuando terminaron de desayunar, Blaise dejó la bandeja en el suelo y se tumbó en la cama.
―¿Quién te ha dado permiso para quedarte? ―inquirió ella con una sonrisa ladeada.
―¿Sabes que eres muy bipolar? ―respondió él.
―¿Y tú que a veces eres un creído insoportable? ―replicó ella.
Blaise soltó una carcajada.
―¿Solo a veces?
―Hoy me he despertado generosa. Pero no te acostumbres.
―¡Joder. estamos hechos el uno para el otro! ―Blaise la cogió por la cintura y tiró de Ginny hasta que estuvo encima de él.
―Aunque es más probable que acabemos matándonos ―suspiró ella.
Ginny lo besó de forma lenta y sensual, saboreando la mezcla de chocolate y café que había quedado en sus labios. Estuvieron así un buen rato, hasta que finalmente Ginny se separó con bastante reticencia.
―Venga, Zabini, que tenemos que ordenar nuestros baúles. ―Tiró de él, pero se resistía a levantarse―. Vale, pues quédate aquí. ―Se encogió de hombros mientras comenzaba a recoger todas sus cosas.
Blaise la observaba con una sonrisa. Le encantaba cómo su melena de fuego se movía de aquí para allá y cómo intentaba sujetarse algunos mechones detrás de las orejas sin mucho éxito.
―Bueno, ¿cuándo me presentas a tus padres? Formalmente, claro. Es inevitable no reconocer esos pelos color zanahoria donde quiera que vayan… ―bromeó.
Ginny se detuvo y lo miró con expresión divertida.
―Aún no me has pedido que salga contigo formalmente ¿y ya quieres conocer a mis padres?
Blaise enarcó una ceja y sonrió.
―Así que eres una chica chapada a la antigua… ―Se encogió de hombros―. Bien. ―Se levantó de la cama y se acercó a ella. Ginny tuvo que levantar la cabeza para mirarlo a los ojos, pues el chico le sacaba una cabeza―. Ginevra Weasley, ¿quieres salir conmigo y hacer enfadar así a la mitad de tu familia y amigos?
Ginny se quedó pensando.
―Eso ya puedo hacerlo yo solita ―argumentó con una sonrisa inocente.
Blaise se acercó más a ella y deslizó las manos por su cintura.
―¿Y qué me dices de romper los moldes sobre Slytherin y Gryffindor? Sería muy egoísta por tu parte no querer colaborar para arreglar nuestras diferencias… ¡Por no hablar de lo buena pareja que hacemos! ―prosiguió ―. Reconoce que seríamos la pareja más atractiva de todo Hogwarts. Puedo venir a visitarte el año que viene para que puedas dar envidia a los de primero con el novio tan guapo que tienes…
Ginny pasó las manos por detrás de su cuello.
―Todo sea por dar envidia ―respondió. Acercó sus labios a los de él, pero justo cuando él inclinaba la cabeza para besarla, ella se apartó con una sonrisa―. Vete ya o llegarás tarde.
Blaise se marchó de allí meneando la cabeza.
―Habrías sido una Slytherin perfecta, pelirroja.
··El día siguiente, Sala de los Menesteres··
El despertar de Hermione fue como salir de una ensoñación. Al principio, lo único que percibió fue lo mullida que era la cama. Sonrió; estaba en la gloria. «No recordaba que mi cama fuera tan cómoda», pensó.
Entonces, intentó moverse y notó dos cosas.
La primera fue el terrible dolor de cabeza que la asaltó de golpe. Gimió. ¿Por qué tenía le dolía tanto?
La segunda cosa que notó fue que algo la sujetaba por la cintura.
Y recordó todo lo que había pasado la noche anterior.
Abrió los ojos de golpe. Con infinito cuidado, se dio la vuelta hasta quedar boca arriba. Levantó la sábana lentamente, temiendo qué podía encontrarse debajo. Suspiró con alivio cuando vio que llevaba una camisa negra y las bragas puestas.
«Espera. Yo no llevaba ninguna camisa anoche», fue el absurdo pero revelador pensamiento que la asaltó.
Volvió a mirar, reparando esta vez en el brazo que la rodeaba. Giró la cabeza, solo para observar a un Draco Malfoy dormido y sin ropa. Levantó la sábana por tercera vez, esta vez para comprobar con alivio que él llevaba los pantalones puestos.
Draco sonrió, todavía con los ojos cerrados.
―No, no hicimos nada anoche, si es eso lo que te estás preguntando.
Hermione dio un salto de sorpresa cuando oyó la voz del chico. Se tapó hasta el cuello, roja como un tomate. El brazo de él seguía alrededor de su cintura.
―Buenos días ―murmuró ella.
Draco soltó una carcajada.
―¿Tienes frío? ―inquirió, enarcando una ceja―. Anoche no tenías tanta vergüenza… ―insinuó, acercándose más a Hermione.
La muchacha suspiró.
―¿Hice mucho el ridículo? ―preguntó; los recuerdos estaban bastante borrosos y fragmentados. No tenía muchas ganas de saber la respuesta.
Draco la liberó de su abrazo y se incorporó ligeramente. Hermione no pudo evitar que los ojos se le fueran hacia su torso desnudo. Sacudió la cabeza imperceptiblemente y se obligó a centrarse en sus ojos grises.
Él se llevó la mano al mentón, pensativo.
―Bueno, en una escala de uno a Longbottom haciendo explotar su caldero después de haber metido solo dos ingredientes… Un cinco. ―Sonrió ―. No está mal.
Hermione se tapó la cara con las manos, avergonzada. Separó los dedos y miró a Draco a través del hueco entre ellos.
―Gracias, por cierto ―musitó.
―¿Por qué?
La muchacha se incorporó, cruzando los brazos delante del pecho.
―Por no hacerme caso.
―Ah, por no aprovecharme de la situación. ―Se encogió de hombros―. La verdad es que no lo hice porque das bastante miedo cuando estás enfadada. Ya tuve bastante con una amenaza, no quiero que la cumplas.
Hermione rio.
―Te gusta mortificarme, ¿verdad?
―Qué quieres que te diga. No me seleccionaron para Slytherin por mi bondad.
Se quedaron en silencio durante un buen rato. Aquella situación era surrealista: los dos solos, en una cama en la Sala de los Menesteres y medio desnudos, después de haber pasado la noche juntos y casi haberse acostado.
―Creo que deberíamos vestirnos… ―sugirió ella.
Draco esbozó una sonrisa ladeada.
―Bueno, esa camisa es mía, así que… ―Hermione puso los ojos en blanco―. Hermione ―De pronto, su semblante se había puesto serio ―, ¿no crees que tenemos que hablar?
Ella volvió a sentarse; se abrazó a sus piernas y apoyó el mentón en las rodillas.
―Cuando hablé con Astoria, me di cuenta de que me gusta tanto tenerlo todo bajo control y me creo tan inteligente que no acepto todo lo que no se ajuste a mis esquemas ―dijo―. Tendría que haberte escuchado. Pero tú tendrías que habérmelo contado desde un principio ―añadió.
―Lo sé y lo siento. A decir verdad, no esperaba enamorarme de ti. ―Lo dijo con tanta naturalidad que Hermione ni se sonrojó, pero sí sonrió―. Por Merlín, para dos personas tan inteligentes como nosotros, se nos da de miedo actuar como tontos.
Hermione rio.
―Creo que incluso se podría decir que tenemos un talento especial para eso. ―Se miraron―. Creo que hemos llegado a un punto de no retorno. ¿Qué hacemos ahora? ―preguntó, mordiéndose el labio.
―¿Sabías que el día que me lanzaste por los aires tenía un discurso preparado para declararme? ―Draco sonrió―. La verdad es que soy un arrogante insoportable. Me gusta hacerte enfadar por el simple placer de discutir contigo. Y probablemente tengas que acogerme en tu casa cuando mi padre se entere de esto ―bromeó.
―Espero que eso no fuera tu discurso, porque no sabes venderte muy bien, la verdad ―replicó Hermione con sorna.
―A lo que vengo es que, si aceptas estar conmigo, no todo van a ser flores y bombones ―explicó él.
Hermione lo miró a los ojos. ¿En qué momento, lugar o circunstancia se había enamorado de él? Ni lo sabía. Pero ahora ya estaba metida hasta el cuello.
Y no quería echarse atrás.
Se acercó a él, quien cambió de postura para sujetarla entre sus brazos.
―¿Cuándo ha sido fácil? ―replicó.
―Touché ―concedió él antes de besarla lentamente.
Hermione pasó una pierna por encima de él y se sentó a horcajadas en su regazo. Sus lenguas se entrelazaron mientras ella metía los dedos en su pelo y Draco por dentro de su camisa.
―Creo que si no paramos ya, querré terminar lo que empezamos anoche ―murmuró él con voz ronca al cabo de un rato.
―Sí. ―Hermione carraspeó―. Menos mal que ordené mi baúl ayer; creo que llegamos un poco tarde.
―¿Ayer, Granger? ―preguntó él con escepticismo.
Hermione se quitó la camisa de espaldas a él, pero giró la cabeza para fulminarlo con la mirada.
―Vale, hace dos días ―admitió, lanzándole la prenda de ropa.
Draco se deleitó con la visión de sus curvas y su espalda desnuda. Hermione se vistió y se giró a mirarlo, pero frunció el ceño cuando lo vio todavía semi-desnudo.
―¿Se puede saber qué haces? ¿Es que no quieres volver a casa o qué?
―¿Es que uno ya no puede mirar a su novia desnuda o qué? ―se defendió él, sonriendo. Se levantó de un salto y se puso la camisa, pero la dejó desabrochada. Ante la mirada crítica de Hermione, añadió―: Esto ya no puede parecer más evidente de lo que ya parece ―Señaló las pintas que llevaban ambos―. Así por lo menos damos material para un chisme que durará años.
Los dos chicos salieron de la Sala de los Menesteres y se dieron un beso antes de despedirse.
