-N/A editada, 21/05/2020-


UNA RÁPIDA SUCESIÓN DE TERRIBLES INFORTUNIOS


CAPÍTULO 15: Sorpresas

··Draco··

Cuando Draco llegó a su dormitorio, Crabbe y Goyle ya se habían marchado, Theo estaba sentado tranquilamente sobre su baúl y Blaise movía su varita de aquí allá para que sus cosas se guardaran solas en el suyo.

Los dos chicos se quedaron mirando al rubio. Theo enarcó una ceja y sonrió al ver las pintas que traía Draco.

―Ni se te ocurra ―advirtió Draco mientras se quitaba la ropa y se ponía algo limpio.

―¿Qué? ―se quejó Theo―. No es como si fuera a mencionar que hueles a Gryffindor desde aquí…

―Si fuera solo eso… ―añadió Blaise―. Tío, necesitas una ducha.

Draco enarcó una ceja.

―Habla el que tiene hojas secas por el pelo. ¿Hiciste mucho ejercicio anoche en el bosque, Blaise? ―inquirió, divertido.

Blaise sonrió, pero no dijo nada.

―Yo he oído que había alguien durmiendo en la habitación de Ginny Weasley… ―añadió Theo como si nada mientras se miraba las uñas.

Blaise paró en seco lo que estaba haciendo y miró a Theo completamente serio.

―¿Cómo coño puedes enterarte siempre de todo? En serio, a veces das miedo.

Cuando terminaron de recoger, se dirigieron al patio central, donde casi todos los alumnos estaban ya despidiéndose de sus compañeros. Algunos hasta lloraban. Empezó a buscar entre la multitud una cabeza castaña despeinada, pero Blaise encontró una melena pelirroja antes.

Los tres chicos se acercaron a sus novias. (Era un poco extraño llamar a Hermione «su novia», perro empezaba a cogerle el gusto).

Blaise se acercó a Ginny, pero antes de que pudiera hablar, esta advirtió en voz baja:

―Llámame «nena» y te crucio.

―¿Necesitas algo, Zabini? ―preguntó Ron, mirando con desconfianza lo cerca que estaba de su hermana.

―Ya empezamos… ―musitó Ginny.

Blaise sonrió ampliamente.

―¿Qué pasa, no puedo saludar a mi novia? ―La Comadreja se quedó con la boca abierta de una forma tan patética que Draco estuvo a punto de reírse de él, pero se contuvo al ver la mirada de advertencia de Hermione. Blaise alargó una mano―. ¿Sin rencores, vale?

Ron cerró la boca por fin; su rostro se había encendido. Miró alternativamente a su hermana y al slytherin.

―Joder, Ginny. ¿No había más gente en el colegio? ¿Alguien de Ravenclaw, por ejemplo? ―exclamó.

Draco sonrió con malicia. Era su momento de intervenir; miró a Hermione.

―¿Se lo dices tú o se lo digo yo?

Hermione enrojeció, pero antes de que dijera nada, Ron levantó las manos.

―No quiero saber nada ―dijo―. No sé qué demonios le pasa al mundo últimamente, pero me da igual.

Dicho esto, cogió sus cosas y se marchó al tren como si un par de dementores lo persiguieran. El resto del grupo se miraron entre ellos y estallaron en carcajadas.

―Podríais haber empezado a salir hace varios años. Nos habríamos ahorrado muchas broncas ―suspiró Neville.

Draco y Blaise se miraron entre ellos.

―Sentimos… bueno, todo ―se disculpó Draco.

―Sí, tío. Lamentamos haber robado tu sapo en quinto ―añadió Blaise.

Neville parpadeó.

―Espera, ¿fuisteis vosotros? ¡Estuve un mes buscando a Trevor! ―se quejó.

―Bueno, lo importante es que volvió a aparecer ―dijo Blaise, palmeando la espalda del chico.

Una vez en el tren, los gryffindor (y Luna) se fueron por una parte y los slytherin por otra. Antes de separarse, Draco sujetó a Hermione por la cintura y le dio un beso en la mejilla. Esta sonrió.

―¿Nos vemos cuando lleguemos? ―sugirió Draco. Ella asintió antes de meterse en su compartimento.

―¿Cómo creéis que se lo tomarán vuestros padres? ―preguntó Pansy una vez se hubieron sentado.

―Mi madre lo único que lamentará es que los Weasley no son ricos. ―Blaise se encogió de hombros. Miró a Draco de reojo―. Al menos Ginny es sangre pura ―añadió―. No creo que oponga gran resistencia.

―Mi padre… ―Theo se removió en su asiento, ligeramente incómodo―. La verdad es que no tengo ni idea de cómo reaccionará. Pero más le vale aceptarlo rápido, porque es lo que hay.

―No sé por qué escena pagaría más por ver: si a tu padre conociendo a Lunática o a Lunática y a su padre ―señaló Blaise entre risas.

―Vuelve a llamarla Lunática y no tendrás lengua con la que besar a Ginevra ―advirtió Theo, completamente serio.

―Relájate, Theo. Ya sabes que este bocazas siempre tiene que decir tonterías. Creo que está grabado en su ADN ―intervino Pansy, quitándole importancia al asunto.

―Sí, perdona, tío ―se disculpó Blaise―. ¿Y tú? ―Miró a Pansy―. ¿Crees que tus padres se enfadarán?

La morena se quedó pensando.

―Supongo que al principio sí, pero en cuanto recuerden la herencia que le dejará Sirius Black a Harry, se lo replantearán.

Eso era cierto; Potter vivía con su padrino, Sirius Black, y daba la casualidad de que era el último de los Black y, por lo tanto, inmensamente rico. Y los Parkinson nunca harían ascos a un pretendiente con una cuenta en Gringotts tan cuantiosa.

Se hizo un silencio incómodo. Todos miraron a Draco. Este apretó los dientes con fuerza.

Iba a meterse en serios problemas cuando sus padres se enteraran de que estaba saliendo con una «sangre sucia». En realidad, el mayor problema era su padre; su madre puede que no estuviera muy contenta, pero Draco era su hijo y siempre había querido lo mejor para él. Si convencía a Narcissa para que lo apoyara, Lucius no tendría otra que aceptarlo.

No iba a dejar a Hermione porque él lo quisiera.

―¿Alguno puede acogerme en su casa si mi padre me echa? ―preguntó con sorna.

―Mi madre y yo nos vamos de vacaciones mañana ―dijo Blaise.

―Dudo mucho que mi padre quiera enemistarse con el tuyo, especialmente ahora que son socios… ―se excusó Theo.

―A mi casa puedes venir ―dijo Pansy―, pero no te prometo que no intente casarnos antes de que te vayas. Ya sabes la obsesión que tiene por unir a nuestras familias y todo eso. ―La muchacha resopló.

Draco miró a sus amigos con la boca abierta.

―Chicos, que era broma, joder. No creo que mi padre sea capaz de… ―Al ver la cara de escepticismo de Pansy, calló―. Vale, sí, puede ser muy cabrón cuando se lo propone. Pero, como ha dicho Theo, es lo que hay. Y ahora hablemos de otra cosa, que me estáis deprimiendo.

··Hermione··

Hermione pasó el viaje de vuelta a casa con un sentimiento de opresión en el pecho y mariposas en el estómago. Por una parte, la entristecía haber terminado ya su etapa en Hogwarts; sin duda, habían sido los mejores años de su vida. Pero, por otra, sentía una gran emoción al pensar en lo que le depararía el futuro. El encanto de lo desconocido la llamaba, y ella estaba dispuesta a entregarse a su abrazo.

De todos los posibles escenarios, lo que menos hubiera esperado es salir de Hogwarts con novio. Y mucho menos todavía que ese novio fuera Draco Malfoy.

Sonrió inconscientemente.

―Un galeón por tus pensamientos ―dijo Harry, devolviéndola de golpe a la realidad.

―Está pensando en cierto rubio de ojos grises; no es que sea muy difícil de adivinar. ―Ginny miró a Harry con una sonrisa ladeada―. Me debes un galeón.

Hermione se cruzó de brazos.

―Mi vida no se centra en él ahora que estamos juntos ―protestó.

Harry se subió las gafas y miró a Hermione con una ceja enarcada.

―Pero estabas pensando en él, ¿a que sí?

―No sonreirá tanto cuando su padre se entere ―refunfuñó Ron.

Hermione torció el gesto. Era cierto. Tendría que tener mucho tacto cuando hablara con su padre sobre Draco; la última (y única) vez que ambos se habían visto, Draco no estaba precisamente en su mejor momento.

―¿Por qué no lo superas de una vez? ―dijo Hermione, sin poder contenerse. Ron la miró con sorpresa―. Voy a seguir con él, te guste o no, así que puedes elegir seguir enfadado o pasar página.

Quería mucho a Ron: llevaban siendo amigos desde que entraron en Hogwarts; pero no podía dejar que condicionara su vida.

Ron frunció el ceño y se puso a mirar por la ventana, pero no dijo nada. Harry le hizo un gesto a Hermione con la cabeza para que lo dejara estar; a Ron solo había que darle tiempo.

Lenta pero inexorablemente, el tren se acercó a su destino. Cuando frenó, Hermione cogió su baúl y bajó al andén. Abrazó a todo el mundo, prometiendo enviarles una carta en cuanto pudiera.

―Tenemos que montar una fiesta en dos semanas para celebrar las extraordinarias notas que seguro que sacas, ¿eh? ―hizo prometer Ginny a Hermione.

Una vez se hubo despedido de todos, empezó a buscar una cabeza rubia entre la multitud. Se puso de puntillas, pero estuvo a punto de caer hacia atrás cuando sintió que una mano rozaba su cadera.

―¿Buscabas a alguien? ―susurró una voz en su oreja.

Hermione sonrió antes de girarse y encontrarse con unos ojos grises y una sonrisa ladeada. Le devolvió la sonrisa, pero entonces recordó dónde estaban. Miró a su alrededor, alarmada.

―Mis padres siempre esperan al principio del andén. Todo este alboroto les parece vulgar. ―Draco respondió a sus pensamientos―. Estamos a salvo de momento ―dijo antes de inclinarse y besarla.

Hermione pasó las manos por su cuello y se acercó más a él, profundizando el beso. Los labios de Draco sabían a despedida, aunque no definitiva, afortunadamente.

―Te escribiré en cuanto pueda ―prometió Hermione cuando se separaron.

―Creo que al final tendré que comprarme uno de esos chismes que utilizan los muggles para hablar… ¿Cómo demonios se llaman?

Móviles ―respondió Hermione, riendo. Le dio un golpe suave en el hombro―. Dentro de poco te veremos con chándal y deportivas ―bromeó.

Draco puso cara que había herido su orgullo.

―¡Antes me corto la mano de la varita!

Ambos rieron, pero cuando se hizo el silencio, se miraron, dubitativos. Tocaba decirse adiós, pero ninguno quería hacerlo.

―Bueno… ―dijo Hermione, mordiéndose el labio―. Creo que debería ir a buscar a mis padres. Seguro que se están preguntado dónde estoy.

Draco asintió. Le dio un último beso antes de coger sus cosas y dirigirse a la salida. Allí, justo al lado de la puerta, Hermione pudo distinguir un par de cabezas rubias sobre unos cuellos aristocráticos y ropa de color negro. Le deseó suerte a su novio; la necesitaría.

··Casa de los Granger··

―A ver si lo he entendido…

Hermione contuvo el suspiro exasperado que estaba a punto de escapar por sus labios.

―Estás saliendo con un chico ―continuó su padre.

―Exacto ―confirmó Hermione.

―Pero no con uno cualquiera: con Draco Malfoy ―añadió él.

―Sí, papá. Mi respuesta sigue siendo la misma que la última vez que me lo preguntaste. Y la antepenúltima.

Adam Granger miró a su hija con descrédito antes de girarse hacia su mujer.

―¿¡Pero tú entiendes esto!? ―exclamó.

Margaret abrió la boca, pero la cerró y miró, indecisa, a su marido y luego a su hija.

―Desde luego, ha sido toda una sorpresa…

―¿¡Una sorpresa!? ¡Está saliendo con el matón del colegio! ―Adam miró a su hija―. ¡No te criamos para ser tan tonta!

Hermione apretó los labios y miró a su padre con resentimiento. Lo que había dicho sobre Draco era verdad (no valía la pena negarlo; les había escrito demasiadas cartas, indignada por esto u otro que había hecho él), pero que la llamara tonta… Eso era otra historia.

―No me criasteis para tomar decisiones como si fuera una niña ingenua, papá. Sé perfectamente lo que me hago.

―Ja, eso dicen todos ―espetó él.

Hermione se levantó y se cruzó de brazos, desafiante.

―Llevamos media hora con la misma conversación, papá. He intentado explicarte mis razones, pero no quieres escucharme. ―Las lágrimas de impotencia amenazaban con salir, pero Hermione se contuvo―. Así que podemos seguir discutiendo o puedes darle una oportunidad ―dijo.

Un silencio espeso cayó entre los tres. Ninguno de los tres habló durante un buen rato.

Hasta que llamaron al timbre.

―Ya voy yo ―carraspeó su madre.

Hermione volvió a sentarse con un bufido. Desvió la mirada para no tener que enfrentarse a la mirada moralista de su padre.

―¿Hermione? ―llamó su madre. Su voz tenía un matiz extraño―. Es para ti.

Hermione fue a la puerta, pero se quedó congelada en el sitio al ver quién había llamado al timbre.

―¿Qué haces aquí? ―exclamó.

Draco, con la misma ropa que llevaba el día anterior y cara de haber dormido poco, esbozó una sonrisa tensa.

―Mi padre me ha echado de casa. No tengo adónde ir.