Esto... Hola... He vuelto casi dos meses después... jeje. Si, sé que prometí que actualizaría hace como mes y medio, pero entre que la inspiración no colaboraba y que me puse a trabajar en Sin compromiso... Lo siento mucho, de verdad. ¡Pero bueno, aquí estoy!

Dije que este capítulo sería Dramione, pero creo que sería incorrecto catalogarlo así. También quería narrar algo cómico, pero tampoco ha salido exactamente así. En fin, que me ha salido algo raro. Pero no sé, es lo que me pedía la historia en estos momentos.

¡A leer!


CAPÍTULO 17

¿¡Otra vez!?

··Los Granger··

La familia Granger iba en el coche completamente en silencio. De hecho, si no fuera porque su padre hacía ruiditos de disgusto de vez en cuando, Hermione diría que se había convertido en un robot.

―¿Papá? ―llamó. El hombre la miró por el retrovisor―. Prométeme que lo intentarás. ¿Por mí? ―pidió.

Adam torció el gesto y volvió a centrar su atención en la carretera.

―Ya te dije que haría todo lo posible porque esta tontería de comida «familiar» salga bien, ¡siempre y cuando ese imbécil albino no…! ―La señora Granger lo cortó con un carraspeo antes de que empezara a despotricar contra el cabeza de familia de los Malfoy.

Adam Granger había admitido que Draco Malfoy podía no ser tan malo como había parecido en un principio, pero no tragaba al padre del muchacho. No era de extrañar: Lucius Malfoy era un gilipollas.

―Venga, Adam, no exageres. Solo serán dos horas como mucho. Tú no lo hagas enfadar y…

―¿¡Por qué tengo que contenerme yo!? Si él no dice nada, yo no responderé.

Hermione suspiró. Iba a ser la comida más larga de su vida, estaba segura.

··Los Malfoy··

Draco terminó de abotonarse la camisa blanca y se puso la chaqueta negra. Se miró al espejo durante un segundo y sonrió: estaba impecable. Salió de su habitación y bajó al salón principal, donde sus padres estaban esperándolo. Su madre tenía expresión de querer matar a alguien, pero se contenía porque era una dama; su padre, en cambio, no paraba de maldecir por lo bajinis.

―Ya era hora. Ni que hubiéramos quedado para comer con el Ministro ―increpó su padre, mirándolo de arriba abajo.

Draco intercambió una mirada con su madre.

―Lucius… ―advirtió esta.

―Sí, sí, que me porte bien con los muggles ―respondió su marido con hastío―. Es la cuarta vez que me lo repites hoy.

―Si te viera con intención de cumplirlo, no tendría que repetirme tanto ―replicó Narcissa, entrecerrando los ojos.

―Venga, acabemos con esto cuanto antes ―respondió Draco. Tenía unas ganas tremendas de terminar de cenar. Lo único que le compensaba el mal trago era que podría volver a ver a Hermione.

Sonrió ante la perspectiva.

··En el restaurante··

Cuando Hermione bajó del coche, lo primero que distinguió fue tres cabezas rubias que los esperaban delante del restaurante que sus padres habían seleccionado. No le hacía falta estar cerca para ver a Lucius Malfoy mirando a su alrededor con cara de disgusto.

―Todos de negro, ¿es que van a un funeral? ―masculló su padre.

Hermione lo fulminó con la mirada, pero tenía que reconocer que tenía razón: lo único de color en aquella familia era la camisa blanca de Draco; por lo demás, todo era negro, desde los zapatos hasta los pendientes de Narcissa Malfoy. La gente que pasaba por su lado se quedaba mirándolos; lo más llamativo era el bastón estilo siglo XX que llevaba Lucius.

Cuando llegaron a su altura, Draco se acercó a ella y le dio un casto beso en la mejilla; ella sonrió, pero pronto intercambiaron una mirada preocupada. Al menos sus madres no serían un problema: se saludaron con dos besos y en seguida elogiaron el vestuario de la otra.

Sus padres eran harina de otro costal. Se quedaron mirándose, como si de una película western se tratara y estuvieran a punto de batirse en duelo, hasta que Adam esbozó una sonrisa ligeramente tensa y alargó una mano. Hermione, si no hubiera conocido a su padre, hubiera dicho que lo hacía para empezar bien la velada. Desgraciadamente, lo conocía y sabía que sus motivos eran otros: Adam Granger conocía la aversión de Lucius Malfoy por los muggles, así que ¿qué mejor que obligarlo a estrechar su mano?

Afortunadamente, el padre de Draco podía ser muchas cosas, pero había recibido una educación impecable por lo que a buenos modales respectaba, así que se limitó a apretar los dientes y esbozar una sonrisa falta mientras estrechaba con más fuerza de lo necesaria la mano de su consuegro.

Cuando entraron en el restaurante, la maître los atendió.

―Una reserva a nombre de los Granger, por favor.

La mujer revisó su lista antes de asentir y llevarlos hasta una mesa situada al lado de la ventana.

―En seguida vendrán a tomarles nota ―dijo la maître antes de retirarse.

Los cuatro se quedaron mirando la mesa durante unos segundos eternos. Hermione tragó saliva y miró a Draco de reojo; tenían que idear una manera casual de que sus padres no se sentaran juntos. Finalmente, fueron sus madres quienes lo solucionaron: como la mesa era redonda, las mujeres se sentaron juntas, haciendo que sus esposos se sentaran a sus respectivos lados. Así dejaban a los dos jóvenes juntos y separaban a los problemáticos de sus maridos.

Los primeros minutos pasaron en silencio, todos ocultos detrás de su menú. Cuando el camarero llegó para tomarles nota, empezaron los problemas. Todos pidieron pescado, salmón al horno, el plato estrella del restaurante.

―Y tráiganos una botella de Ch…

―De Romanée-Conti ―cortó Lucius Malfoy. Adam se quedó mirándolo, incapaz de creer que le hubiera interrumpido.

El camarero se quedó mirándolos, ligeramente incómodo.

―De Romanée será ―cedió finalmente el señor Granger a regañadientes.

A Hermione casi le da un patatús cuando se le ocurrió mirar el precio de la botella. Una cifra con dos ceros. Ellos no podían permitirse un vino blanco de dos ceros. Miró a su madre, pero la mujer se limitó a encogerse de hombros, impotente. Si su padre había visto el precio, no daba señales de ello.

Sus ojos se encontraron con los de su suegro, y este esbozó una sonrisa maliciosa casi imperceptible. Hermione apretó la mandíbula; sabía lo que pretendía: amedrentarlos con su dinero, porque podía permitirse cosas mucho más caras que ellos.

Hermione le devolvió una sonrisa que pretendía ser totalmente inocente.

―Hermione, querida ―la llamó la señora Malfoy―, ¿qué harás ahora que habéis terminado el colegio?

Hermione sonrió.

―Ya he rellenado la solicitud para trabajar en el Ministerio. Si me aceptan, tengo una entrevista cara a cara con el jefe de Seguridad Mágica en septiembre.

―¿En qué sección? ―preguntó el señor Malfoy. A Hermione le sorprendió el interés.

―Regulación de Criaturas Mágicas.

―Oh, no, ahora se pondrá a hablar de los elfos… ―se lamentó su madre.

Hermione le dedicó una mirada dolida.

―¡Es algo muy importante! ¡Si no luchamos por sus derechos…!

―¿Derechos? ―repitió Lucius con incredulidad―. ¿Los elfos?

―¡Por supuesto! Los elfos trabajan para nosotros, nos limpian, cocinan, cuidan, y sin cobrar un knut ―argumentó Hermione―. Creo que lo mínimo que podemos hacer es darles…

―Tonterías ―descartó el señor Malfoy con un movimiento de la mano―. Podría llamar ahora mismo a todos mis elfos y ofrecerles un galeón de oro y se marcharían ofendidos. Para ellos es un honor servir a sus familias ―explicó, orgulloso.

―¿Nunca le enseñaron que es de mala educación interrumpir a los demás cuando hablan? ―espetó el señor Granger.

Lucius Malfoy cerró la mano alrededor de su copa con excesiva fuerza.

―Mi educación ha sido mucho mejor que la de la mayoría de la gente.

No dijo «muggles», pero tampoco hizo falta; su tono de superioridad lo dejaba bastante claro.

La tensión podía cortarse con un cuchillo, pero afortunadamente, el camarero la rompió con los platos de su comida.

―¿Desean algo más? ―preguntó. Todos negaron con la cabeza.

―Bueno, Draco ―preguntó la señora Granger―, ¿y tú qué vas a hacer?

Draco tomó un sorbo de vino antes de responder. Hermione se quedó observándolo; tenía más elegancia en los dedos con la que sujetaba la copa que Hermione en todo su cuerpo.

―Seguir con el negocio familiar. Aunque… ―Su padre, que había parecido muy satisfecho con su respuesta, entrecerró los ojos ligeramente cuando oyó ese «Aunque»― también me gustaría formarme como Auror… algún día ―añadió, mirando fijamente sus manos.

―¡Eso es genial! ―exclamó Margaret.

―¿No crees que es un poco… entregado para tratarse solamente de un capricho? ―respondió Lucius.

―Creo que no es momento para hablar de estas cosas ―intervino Narcissa, en un intento por apaciguar los ánimos. Se giró hacia Margaret―. ¿Y cómo es ser dentista?

―Bastante curioso. ―El rostro del padre de Hermione se relajó. A pesar de no ser un trabajo glamuroso, a Adam le encantaba―. Vemos bocas para todos los gustos, sinceramente. Y menos mal, porque si no nos quedaríamos sin trabajo ―rio.

―Una vez nos trajeron un niño con fobia a los dentistas. Adam se llevó un par de patadas a la espinilla antes incluso de que sacara la jeringuilla para ponerle la anestesia ―explicó Margaret.

Todos rieron, excepto Lucius, que musitó un «Interesante» despectivo cuando creía que nadie lo escuchaba. Adam sí lo escuchó, pero no dijo nada.

La comida trascurrió con toda la normalidad posible dentro de las circunstancias. Entonces llegó el momento más temido por Hermione: pagar la cuenta. Cuando trajeron el papelito, Lucius Malfoy le echó una ojeada y sonrió. Se sacó una cartera del bolsillo interior de la chaqueta (Lucius Malfoy con una cartera muggle, impresionante), e hizo amago de pagar, pero el señor Granger se le adelantó. Le tendió una tarjeta de crédito al camarero. La sonrisa del señor Malfoy vaciló.

―Por favor, insisto en pagar yo ―dijo.

El padre de Hermione desechó la idea con un movimiento despreocupado de mano.

―Adam… ―susurró Margaret.

―Por favor, no se moleste, señor Malfoy. Invitamos nosotros.

Cuando el camarero pasó la tarjeta por la máquina, Hermione vio cómo su padre tragaba saliva con dificultad, pero cuando la factura salió por una hendidura, respiró aliviado.

―Bueno, no hay más motivos para alargar esto… ―Lucius se levantó, ignorando la mirada que le dedicó su mujer.

Las dos familias salieron del restaurante.

―¿Ha sido horrible, verdad? ―susurró Draco al oído de Hermione.

―Creo que «Penoso» se ajusta mejor a la situación ―respondió ella.

Una vez fuera, las mujeres y Draco se despidieron, mientras que los padres se miraron con hastío y se dieron la mano a regañadientes.

―La próxima vez, estaríamos encantados de que vinierais a casa a cenar ―ofreció Narcissa.

―Sí, por favor ―convino su marido, ya sin ocultar su tono irónico.

Cada familia se marchó en una dirección, pero apenas habían dado cinco pasos cuando escucharon la voz de Lucius:

―Es la última vez que nos juntamos con esta gente, ¿me oyes, Draco? Me da igual lo mucho que te sientas atraído por esa chica, pero me niego a tener que soportar a…

―Ya he tenido bastante ―exclamó Adam Granger.

Antes de que Hermione pudiera detenerlo, ya se había dado la vuelta y tenía cogido a Lucius Malfoy por el cuello de la camisa.

»¡Que sea la última vez que te atreves a hablar de mi familia en ese tono, imbécil!

Según la ley de Murphy, si algo puede pasar, pasará. Así, justo en el momento en el que el mago sacaba su varita del bastón y el muggle levantaba un puño para pegarle, un coche de la policía pasó por allí y al ver la pelea que estaba a punto de suceder, frenó en seco.

―¡Esconda eso! ―espetó Hermione al señor Malfoy mientras sujetaba a su padre por el brazo y lo obligaba a retroceder.

Ambos hombres se miraron con rabia, pero ninguno dijo nada. Un agente de policía bajó del coche y se acercó a ellos. Hermione se quedó mirándolo; el hombre le resultaba familiar, pero no podía ubicarlo… Entonces, cuando él pasó su mirada por la familia Malfoy, abrió mucho los ojos, y Hermione supo dónde lo había visto.

―¿¡Ustedes otra vez!? ¿Tan pequeño es Londres? ―exclamó; era el mismo agente de policía con el que hablaron en abril, cuando Draco terminó encerrado en una celda, en comisaría.

―Por Merlín, lo que faltaba ―se lamentó Draco, cubriéndose los ojos con la mano―. Un placer volver a verlo, agente ―saludó.

El hombre los miró con ojo crítico.

―No puedo decir lo mismo. ¿Qué está pasando aquí?

―Un malentendido. ―La señora Malfoy esbozó la mejor de sus sonrisas―. Nuestros maridos son dos hombres muy impulsivos y han bebido un poco, ya sabe…

―¡No intentes excusarme delante de este muggle! ―espetó su marido.

El policía entrecerró los ojos.

―¿Qué me ha llamado?

―Nada. ―Draco se colocó delante de Lucius―. Perdone a mi padre, últimamente tiene la costumbre de hablar sin pensar.

El hombre suspiró. Los miró de uno en uno por última vez antes de decir:

―¿Podemos hacer como que aquí no ha pasado nada, entonces? ―Hermione asintió enérgicamente―. Bien, pues que tengan un buen día. ―Se alejó, pero antes de entrar al coche les dedicó una última mirada de advertencia―. Chicos, si algún día tenéis pensado casaros, avisadnos, por favor. Y a los bomberos, por si acaso. ―Se giró hacia su compañera―. ¿Ves? Te dije que esos dos chicos tenían algo la primera vez que vinieron.

―Surrealista ―dijo Hermione cuando el coche se hubo alejado.

―La próxima vez, quedaremos sin nuestros maridos ―dijo Margaret.

―Completamente de acuerdo ―respondió Narcissa―. Menos mal que aún son jóvenes ―dijo, lanzando una mirada de soslayo a su hijo y Hermione― y estos dos ―Lucius estaba demasiado ocupado fingiendo que se arreglaba el cuello de la camisa; Adam miraba hacia el suelo, compungido― tienen tiempo para hacerse a la idea en caso de que nuestros hijos se casen algún día.

―Menos mal que somos jóvenes ―susurró Draco.

―¿Quién ha dicho que quiera casarme contigo? ―respondió Hermione con una sonrisa maliciosa.

El rubio esbozó una sonrisa ladeada.

―El tiempo dirá.


¿Qué creéis, lograrán Adam y Lucius llevarse bien algún día? Se admiten apuestas jajaja

Ay, pienso que en falta UN capítulo para darle al botón de Complete y me pongo muuuy triste :( Pero bueno, la historia ha durado justamente lo que tenía que durar, y os agradezco que me hayáis acompañado en esta aventura... Pero callo ya, que esto todavía no ha terminado y tengo que guardarme el discurso para el final ;)

Por cierto, el último capítulo estará disponible antes del 17 de marzo, que es cuando vuelvo con Prescindible :)

¡Ya sabéis, si os ha gustado (o no) el capítulo, dejadme un review bonito!

Os quiere,

MrsDarfoy, la que casi nunca cumple su palabra

POR CIERTO, EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO HABRÁ UNA BODA. ¿ALGUNA IDEA DE QUIÉNES SE CASARÁN? ;)