¡SORPRESA! Dije que el fic tendría 18 capítulos... ¡MENTÍ! Bueno, no mentí, pero he cambiado de idea xD. Al final, al fic le quedan entre dos y tres capítulos más. Así que tendremos Una rápida sucesión de terribles infortunios un poco más de tiempo.

Explicación: 1. Este capítulo sucede ocho años después de los sucesos de todo lo anterior. 2. Por si no queda claro cuando se lea, los padres de Harry murieron cuando él era pequeño y su padrino Sirius se ocupó de él. Sirius y Remus son gays y están juntos.


Epílogo, parte I

··El novio··

―¡Queridos, qué alegría veros! ―exclamó la señora Parkinson con su habitual tono afectado―. ¿Queréis tomar un refrigerio?

―Es un placer verla, señora Parkinson. Lamentamos llegar tan pronto, pero… ―Harry sonrió. Llevaba literalmente horas dando vueltas en la cama, pensando en aquel día―. Y no, muchas gracias, yo estoy bien así ―respondió. Si tomaba algo, estaba seguro de que lo vomitaría.

―Señor Parkinson ―saludó Sirius―. Señora Parkinson. ―La mujer sonrió con vanidad cuando el hombre le dio un beso en el dorso de la mano. Harry puso los ojos en blanco. Su padrino no podía resistirse a ser todo un galán―. Es un placer volver a verlos.

―El placer es nuestro, señor Black ―ronroneó Camilla Parkinson.

―¿Esta mujer sabe que Sirius es gay? ―preguntó Remus a Harry por lo bajinis.

Este se encogió de hombros ligeramente, reprimiendo una sonrisa.

―Sí, pero mi mujer es especialista en ignorar lo que no le conviene ―respondió Harald Parkinson, que se había acercado a ellos―. ¿Una copa? ―ofreció a Remus.

El señor Parkinson era todo lo contrario a su esposa: mientras que ella era extravagante y le gustaba un poco demasiado alabarse a sí misma y a su familia, él era más calmado, resignado al comportamiento de su mujer. Aun así, el hombre seguía poseyendo sentido del humor.

―Es un poco temprano, pero ¿por qué no? ―respondió Remus.

―¡Harry, querido! ¿Quieres ver cómo ha quedado el jardín? ¡Las gardenias combinan a la perfección con las rosas rojas! ¡Ya verás, son un primor! ―Su futura suegra lo cogió por el brazo y tiró de él hacia el jardín.

Harry ahogó un suspiro hastiado.

―Por supuesto, señora Parkinson. Seguro que las flores se han puesto mucho más hermosas que ayer, cuando vine a verlas ―respondió con sorna.

El tono irónico, por supuesto, fue completamente ignorado por la mujer, que procedió a recitar las muchas cualidades de su hija. A Harry a veces le gustaría marcarse un farol y decirle a su suegra que Sirius lo había desheredado, simplemente para ver cómo reaccionaba. Desgraciadamente, Remus se lo había desaconsejado; seguro que el señor Parkinson no quería quedarse viudo tan joven.

«Eso es porque no le han preguntado».

··Los Nott··

Theo miraba a su suegro con poco convencimiento. Se dirigió al dormitorio, donde Luna terminaba de encantar sus zapatos para que cambiaran de color; en aquel momento, eran de un amarillo brillante.

―Luna, ¿estás segura de dejar a tu padre con los niños? ¿No será un poco… demasiado para él? ―preguntó, preocupado.

Luna soltó una risita mientras se colocaba bien uno de los ramillos de flores que adornaban su melena rubia.

―Tranquilo, papá está encantado con ellos.

―No es tu padre quien me preocupa ―señaló él.

Desde que habían sido padres, cuatro años atrás, Xenophilius Lovegood había pasado mucho tiempo en su casa, enamorado de sus nietos. Solo había un pequeñito problema: no sabía distinguirlos. Y los niños lo sabían, por lo que se aprovechaban de su abuelo, confundiéndolo cuando hacían alguna travesura. Theo no sabía a quién se parecían sus hijos, pero a los dos años ya habían aprendido que si ponían cara de pena, el señor Lovegood se apiadaría de ellos y les abriría la despensa. La última vez que eso había pasado, Lysander había estado media noche vomitando chocolate.

Luna se acercó a su esposo y le puso las manos en las mejillas. Sonrió.

―No te preocupes, ya verás cómo va todo bien. Además, la boda apenas durará unas horas. Por la noche estaremos de vuelta.

Theo torció el gesto, pero no dijo nada. Aunque no quisiera admitirlo, él era el padre protector y receloso, mientras que Luna era más de dejar que los niños hicieran lo que quisieran. «De los errores se aprende», solía decir. También bromeaba con que a Theo le gustaba sufrir, a lo que él respondía que la muerte prematura no era ninguna broma.

Al final se resignó. Ellos tenían que asistir a la boda de Harry y Pansy de todas formas, así que más le valía disfrutarlo y dejar de pensar en sus hijos, al menos durante un rato.

Cuando volvió al salón, se encontró a uno de sus hijos pintando una pared con ceras de colores; el otro tenía en las manos un jarrón que había traído Luna de uno de sus viajes a Norteamérica.

―Lorcan, deja ese jarrón ―regañó su abuelo.

Theo carraspeó.

―Ese es Lysander, señor Lovegood ―señaló―. El que está pintando las paredes cuando sabe que no debe hacerlo es Lorcan. ―Su hijo dejó entonces las ceras y corrió a refugiarse detrás de las piernas de su abuelo.

―¡Qué hipogrifo más bonito! ―elogió Luna, acercándose a su familia.

Theo negó con la cabeza, resignado. Miró a su suegro.

―Si necesita algo, llame a los elfos.

―Tranquilo, Theodore ―respondió el hombre con una sonrisa beatífica. Cogió en brazos a Lorcan―. Nos las apañaremos, ¿a que sí, niños?

―Venga, vámonos ―dijo Luna―. Está bien visto socialmente llegar tarde solo si eres la novia.

··Los Malfoy··

Draco estaba sentado en el borde de la cama con cara de aburrido. Soltó el cuarto suspiro de la mañana.

―¡No me presiones! ―exclamó Hermione.

―¡Pero si no he dicho nada! ―se defendió él.

Hermione entrecerró los ojos.

―¿¡Y qué ha sido ese suspiro!?

Draco se levantó y se acercó a ella. Su esposa se giró hacia el espejo, mirándose con tristeza. Él la abrazó por detrás y posó las manos en su enorme tripa. Hermione estaba embarazada de siete meses y medio y, por si fuera poco, esperaban mellizos.

―Estás preciosa ―aseguró Draco, sonriendo.

―Lo que estoy es inmensamente gorda ―replicó ella, poniéndose bien los tirantes del vestido verde que había elegido para la ocasión―. Tendría que haber amenazado a Harry con despedirlo si no esperaba a que nacieran estos dos para celebrar la boda.

―Desde que te ascendieron, el poder te ha corrompido, ¿eh? ―respondió Draco entre risas. Hermione era la jefa del Departamento de Seguridad Mágica.

Hermione se giró y le dio un beso.

―A ti también puedo despedirte, así que no te pases de listo. ―Pasó una mano por la solapa de la chaqueta azul marino que Draco llevaba ―. Ahora en serio, ¿por qué estás tan guapo hoy?

Draco se miró al espejo con una ceja enarcada y una sonrisa ladeada.

―Y tú que decías que este pelo no me quedaba bien ―dijo.

Un par de meses atrás, Draco había decidido que quería cambiar su aspecto, así que había optado por dejarse el pelo más largo, que ahora sujetaba con una cinta negra.

Hermione torció el gesto.

―He dicho muchas veces y mantengo que te pareces demasiado a tu padre.

Draco la miró de reojo.

―¿De dónde crees que he heredado mi atractivo?

Hermione soltó una carcajada.

―No lo repitas cerca de tu madre si no quieres empezar una tercera guerra mágica.

··La novia··

―¡¿Cómo puede estarme grande, si me lo probé ayer!? ¿¡CÓMO!? ―chillaba Pansy, histérica, mirándose al espejo.

La elfina doméstica que estaba ayudándola a vestirse se encogió de puro miedo; el resto de las espectadoras estallaron en carcajadas.

―Oh, vamos, Pansy, eres bruja: utiliza un hechizo reductor y ya está ―dijo Daphne.

―Lo que daría yo porque algo me viniera grande… ―suspiró Hermione, quitándose los zapatos; soltó un suspiro de alivio cuando pudo volver a mover los pies hinchados.

―¡No es eso! ―exclamó la «radiante» novia―. ¡Estoy harta de todo, del maldito vestido, de la ceremonia, del banquete y de mi madre!

―Según tengo entendido, Harry también está un poco harto de tu madre… ―respondió Daphne.

―No me extraña ―suspiró Pansy. Miró a su compañera de casa con los ojos entrecerrados―. En serio, tienes que contarme cómo consigues enterarte siempre de todo. ―Miró a su hermana, Astoria―. ¿Cómo lo hace?

Astoria rio mientras se encogía de hombros.

―Yo también me lo pregunto, pero no quiere contarme su secreto.

En aquel momento llamaron a la puerta. Pansy enarcó una ceja.

―¿Quién es? ―preguntó.

―Yo ―respondió la voz de Harry.

―No puedes ver a la novia antes de la boda, da mala suerte ―intervino Hermione con una sonrisa divertida.

―Eso son supersticiones muggles. Además ―La puerta se abrió―, tengo los ojos cerrados, ¿veis?

Efectivamente, Harry se cubría los ojos con una mano. Dio un par de pasos hacia el interior de la habitación y cerró la puerta.

Pansy se cruzó de brazos.

―¿Qué pasa?

―Venía a intentarlo de nuevo ―dijo su futuro esposo―: ¿no podemos hacer que Hermione nos case y fugarnos luego, ahora que estamos a tiempo? ―sugirió.

Pansy hizo un mohín con los labios, pero en sus ojos se veía que el enfado era fingido. Se acercó a Harry y le dio un beso en los labios antes de abrir la puerta y tirar de él para que se marchara.

―¡Más te vale estar en tu sitio a la hora acordada, o sabrás quién soy yo, Harry James Potter! ―amenazó.

··Los profesores··

A medida que se acercaba la hora de la ceremonia, más y más gente acudía al enorme jardín de los Parkinson. Habían instalado una zona cubierta con un toldo para aquellos que huían del sol y varias zonas de bebidas y tentempiés. En un rincón, a resguardo del sol de mayo, había un grupo de lo más variopinto: los antiguos profesores de Hogwarts de los novios.

Albus Dumbledore miraba complacido a su alrededor, Lockhart sonreía y se pavoneaba delante de todo aquel que pasara cerca, McGonagall lo evaluaba todo con aire resignado, Sprout parecía que hubiera preferido ir con su uniforme cómodo y manejable en vez de en vestido, y Snape parecía que hubiera preferido simplemente no ir.

Minerva miró a Albus de reojo. El hombre lucía una sonrisa beatífica en el rostro.

―Venga, dilo ―dijo la mujer.

Su colega la miró con expresión de sorpresa inocente.

―¿A qué te refieres, querida?

―Presume de que tú sabías que todo esto iba a pasar. ―Movió las manos, abarcando la escena que se presentaba delante de ellos―. Que todos esos alumnos iban a terminar juntos.

Albus sonrió.

―Minerva, querida, no te enfades. ¿Quieres una chocolatina? ―ofreció―. Aún me quedan de las que tuviste que pagarme cuando perdiste la apuesta…

El anciano estalló en carcajadas al ver la cara de ofendida de su compañera.

―Merlín, que alguien me lance un Avada y termine con esto… ―gruñó Snape.

··Weasley&Zabini··

Blaise se acercó a Ginny con un par de copas de champagne en las manos. Le ofreció una a su novia.

―¿No es un poco temprano para empezar a beber? ―inquirió la pelirroja, enarcando una ceja.

―No estamos bebiendo, estamos brindando ―respondió él. Levantó su copa―. Por nosotros, que tenemos que aguantar tanta horterada. ―Ginny chocó su copa con la de él―. Y porque nuestra boda sea mucho mejor. ―Le guiñó un ojo.

Ginny sonrió con complicidad y se miró el anillo de compromiso que llevaba en el dedo.

―Pero sin prisa, ¿eh? Ya ha habido demasiadas bodas en los últimos años.

Era cierto: en los últimos tres años, Theo y Luna y Hermione y Draco se habían casado y Ginny y Blaise y Harry y Pansy se habían prometido. Ahora, los Nott tenían gemelos, los Malfoy los tendrían dentro de poco y Harry y Pansy se casaban en menos de una hora.

El tiempo pasaba demasiado rápido para gusto de Ginny, pero suponía que a ellos también les llegaría el turno pronto. Aunque Blaise bromeaba con que lo único que quería era ver el dorsal «Zabini» en el uniforme de Ginny, ella sabía que en realidad le hacía ilusión que se casaran.

Tal vez en un año…

―Venga, vamos a pillar buen sitio ―dijo Blaise; le ofreció su brazo, que Ginny aceptó―. No quiero perder la oportunidad de burlarme de Potter cuando se eche a llorar de emoción.

Ginny le dio un codazo.

―Si tú no lloras en nuestra boda por lo guapa que estoy, no me caso contigo ―amenazó.

Él sonrió con picardía.

―Estoy acostumbrado, preciosa. Te veo todos los días y todos los días estás buenísima y preciosa.

Ella le devolvió la sonrisa.

―No has cambiado nada.

―Confiésalo: por eso te enamoraste de mí.


Bueeeeeno, podría decirse que este capítulo es lo que pasa justo antes de la boda. Y sí, se casan Harry y Pansy jeje. Podría haber hecho que se casaran Hermione y Draco, pero quería dar un poco de protagonismo a otra pareja, que ya he explotado bastante el dramione.

Nos vemos dentro de poco :D ¡Muchas gracias por el apoyo, love ya!

¿Reviews?

MrsDarfoy


Edito para recomendaros dos historias:

Y consumir tu cordura de MeriAnne Black

Cárcel de Ópalo de LadyChocolateLover

Son dos dramiones muy bien pensados y que os engancharán desde el principio ;)