Ciel caminaba de prisa hacia el hombre que galante le sonreía a unos pocos metros mientras la esperaba, y todo el ánimo que tenia se desvanecía a cada paso que daba, dando lugar a un fuerte estremecer en su ser, sintiendo su corazón acelerarse y sus mejillas arder un poco, ¿Por qué se sentía así? Se suponía que actuaría con frialdad para terminar su velada lo más pronto posible y así no volver a ver a ese hombre, pero ¿eso era realmente lo que quería?, era la duda que le invadía porque al mirarlo tan enamorado se dio cuenta que hacer lo que planeaba no sería sencillo, solo por la simple razón de que ese hombre a quien apenas conocía lo había cautivado como nadie antes lo había hecho, su rápido andar disminuyó su velocidad, y los nervios se apoderaban de él, apenas notaba que estarían juntos en esa fría noche.
-Nuestra primera cita...- Exclamaba emocionado el joven con una hermosa sonrisa poniéndose de pie se acercaba a la pequeña dama que nerviosa delante de él.
-Creo que si.- Murmuró Ciel y sus mejillas se tornaron más cálidas al sentir como ese galante caballero le saludaba con un beso en su delicada mano, un leve contacto que dificultaba más su accionar de esa noche, rápidamente deshizo el saludo y con una sonrisa nerviosa desviaba la mirada.
-Vamos a comer algo, muero de hambre- Advertía Sebastian deduciendo la timidez de su acompañante que en lugar de molestarle solo lo enamoraba más, los dos caminaban en silencio hasta una carpa donde servían comida, no la acostumbrada por el joven refinado, pero el aroma era delicioso así que decidieron comer allí, en una pequeña mesa cenaban, junto con otras parejas y amigos, todas las chicas que conocían al joven vestido de mujer lo miraban con algo de envidia, pues Sebastian era sin duda el hombre más atractivo del lugar, Ciel disimulaba el acecho de las miradas envidiosas y comía sin decir más.
-No estés nerviosa, si te anima te diré que estoy también nervioso.- Aclaraba sinceramente el joven empresario al notar la esquiva mirada de la dama junto a él, además el ambiente allí era algo tenso también notó la envidia de las demás, pero no era su culpa por fijarse en la mujercita más hermosa que había allí.
-¿Tu? ¿Nervioso?- Murmuró la supuesta jovencita mirándolo con duda porque para nada se notaban sus nervios, pero era cierto que Sebastian estaba nervioso solo que sabía disimularlo mejor que su acompañante.
-Es la primera vez que me siento así con una chica.- Confesaba en medio de un suspiro y una pequeña sonrisa tomando cariñosamente la mano de Ciel, que desviaba la mirada.
-Realmente eres especial...- Terminaba de decir el joven y su mirada parecía brillar ante la dama que sonrojada no acertaba que decir o hacer, sus palabras eran sinceras y le llenaban de pesar porque él no era lo que aparentaba, pero como podría decirle que él no era en realidad una chica.
-¿Qué sucede?- Fue la pregunta del joven al notar la incomodidad de Ciel, y su mirada destellaba algo de tristeza.
-Nada.- Respondió con una sonrisa tratando de disimular su anterior desanimo, ambos terminaron de comer y sin duda esa noche eran los dos el centro de todos porque cuando caminaban por el lugar los demás los miraban, Ciel cansado de tanto acoso se llevó a Sebastian hasta un lugar un poco apartado, sentándose en unas rocas miraban el firmamento que estaba lleno del brillo de las estrellas dando brillo natural a la hermosa noche.
-¿Cuántos años tienes?- Preguntó Sebastian para romper el silencio que los invadía además tenía curiosidad de saber más sobre su hermosa dama.
-Voy a cumplir 16 el próximo mes.- Fue la respuesta de Ciel con una pequeña sonrisa al notar un poco la sorpresa del otro al escuchar su corta edad.
-Creo que tendremos que esperar un poco para formalizar- Aclaraba Sebastian sin dejarse derrotar por la pequeña diferencia de edades, con una coqueta sonrisa miraba a la joven que dejó de sonreír al escuchar esa propuesta.
-No digas idioteces...- Le reprochó con fingida molestia.
-Ah... ¿quieres que formalicemos antes?- Le insinuaba con mirada traviesa el joven sin dejar de sonreírle divertido, el otro lo miraba con mala cara.
-No me refería a eso.- Murmuró molesto Ciel pretendiendo ignorarlo, pero cuanto le agradaba que lo molestara, y él tampoco se quedaría atrás en molestarlo.
-Y tú, ¿cuántos años tienes?- Pregunto con curiosidad dedicándole una mirada desafiante.
- algo... como 22 años...- Respondía el joven con algo de incomodidad, rascándose la cabeza.
-No tienes que apenarte por tu edad- Decía Ciel con un gesto muy dulce y una fingida sonrisa.
-Que tierna eres...- Murmuró dudoso Sebastian porque algo le decía que esa jovencita parecía burlársele.
-Deberías llenarte de culpa por coquetear con una niña de 15 años- Le dijo la supuesta joven con una sonrisa divertida apuntándolo con el dedo a manera de acusación, Sebastian no pudo evitar sentirse algo culpable porque en si era un delito el estar ahí con una niña, pero eso no le importaba, esa "niña" era su adoración reciente, así que no le importaba si era un delito el estar junto a ella, además no hacían algo impropio.
-La edad es lo de menos.- aclaró el joven tomando su mano la besaba sin dejar de verla, Ciel extrañamente se deja llevar por sus encantos sin reprocharle se dejaría halagar.
-De todas formas yo te esperaré hasta que seas mayor.- Dijo Sebastian entrelazando su mano a la de la dama que sonrojada, entraba en razón, no era correcto darle esperanzas a alguien con quien no podía estar, su semblante cambió a uno molesto.
-Tú no sabes lo que dices- Le dijo al darse cuenta que estaba haciendo, soltando su mano se levantaba.
-¿Siempre te enojas con facilidad?- Cuestionaba Sebastian sujetando su mano para detenerla, Ciel luchaba consigo mismo, el seguir con una bella velada inolvidable o matar toda esperanza de ese joven que le gustaba también.
-No... No sé...- decía en un murmullo Ciel tratando de dar una solución a lo confuso de su mente ahora.
-No te culpo, con ese padre tuyo no me sorprende que vivas a la defensiva.- Hablaba el empresario tratando de ser comprensivo con ella, quien suspiró y se calmó un poco, pensando en su horrible padre y la vida dura que él le daba, por una noche merecía ser feliz, aunque sea una noche compartirla con alguien de su agrado, no con hombres desagradables, ebrios y asquerosos, estaba decidido esa noche seria especial.
-¿Caminamos?- Propuso la jovencita dejando a un lado su malhumor, Sebastian emocionado aceptó la hermosa propuesta, la pareja caminaba hacia un río cercano, un lugar al que Ciel le gustaba ir, pero cuando era de día, nunca había estado allí con un hombre siendo una chica, pero tenía la certeza que él no lo lastimaría por eso lo llevaba a ese lugar, caminaban en silencio tomados de la mano bajo la luz de la luna, cuando de repente la joven tropezó y parecía caer.
-Lo siento...- Se disculpaba Ciel al sentir como su acompañante lo había agarrado de la cintura para que no cayera, ambos avergonzados se separaron de inmediato.
-¿Te duele el estómago?- Le preguntó preocupado Sebastian al notar un gesto leve de dolor de su damisela al tocarse el vientre.
-No...- Le dijo disimulando su dolor pero al notar la mirada enojada de Sebastian por mentirle decidió contarle la verdad.
-Mi padre me dio un golpe hace un rato... pero no es nada, ya estoy acostumbrada.- Decía Ciel con resignación en medio de un suspiro, esa aclaración llenaba de rabia al joven que le escuchaba, no podía creer que hubieran hombres así, capaz de golpear a un indefenso ser.
-¿Él es tu padre? Porque la verdad no se parecen en nada.- Murmuró con molestia el joven.
-Es quien me ha criado, así que supongo debo serlo.- Respondía la dama sin animo alguno, el hablar de su padre le molestaba también.
-Eso creo... pero no debería tratarte como una mercancía.- Aclaraba Sebastian conteniendo su enojo, porque no era culpa de ella el vivir con esa clase de padre, suspirando decidía cambiar de tema.
-Si yo tuviera una hija, la cuidaría como un tesoro, así como a mi esposa.- Le decía en tono halagador a la joven mientras tomaba su mano y ponía más énfasis en la palabra "esposa".
-Por cierto, yo podría tener una hija así de hermosa como tú, si decidimos unir nuestras vidas... algún día.- Terminaba de aclarar con una pequeña sonrisa, esas palabras solo llenaban más de pesar y culpa a Ciel.
-Puedes dejar de pensar en el futuro, eso es una idiotez...- Le habló en voz alta desahogando sus negativos sentimientos, Sebastian algo sorprendido solo le sonrió, entendía muy bien ese sentir.
-Lo siento... y no te culpo de pensar así, yo también lo creía hasta que te conocí.- Aclaró sin resentimientos el joven a pesar de ese regaño, Ciel calmándose tomaba aire y se acercaba al rio para jugar con el agua con sus dedos.
-Puedo preguntarte algo... no es por ofenderte solo es curiosidad...- Decía Sebastian imitando lo que hacía su acompañante, los dos agachados al pie del río.
-¿Los hombres les pagan por solo su compañía o por otros asuntos también?- Cuestionó con duda y nervioso el joven, esperando tal vez que su dama se enojara de nuevo con él.
-Generalmente por compañía, pero si alguien ofrece más de lo debido, tiene ciertos privilegios.- Respondió Ciel con tranquilidad después de todo no era una mala pregunta.
-Eso no es correcto...- Murmuró con aire pensativo Sebastian.
-Y...- Musitó el empresario con curiosidad mirándola fijamente.
-¿Te preguntas si yo he estado con un hombre de esa sucia manera?- Le preguntó con mala cara la jovencita de vivaz mirada azulina, Sebastian con la miraba le daba a entender que esa era su pregunta.
-Pues no... pero mi mayor temor es que llegue un hombre que pague lo suficiente por eso...- Respondió la joven pero se notaba el temor en su voz que parecía temblar.
-Eso no sucederá... no lo permitiré.- Le hablaba Sebastian con certeza mientras tomaba su mano con fuerza para tranquilizarla.
-¿Qué vas a comprarme a mi padre o qué?- Murmuró algo burlón Ciel sin dejar de verlo.
-Lo estaba pensando- Dijo el joven y su rostro se le acercaba más al de la dama sonrojada.
-Podría robarte... también es buena opción...- Murmuró estando cerca de sus labios con intención de robar un beso.
-Como si yo fuera fácil de robar...- Insinuó con coquetería Ciel sintiendo como sus alientos rozaban, cuando ambos tropezaron torpemente y cayeron sentados a la orilla del rio, mojándose un poco.
-Eres un idiota...- Murmuraba con una sonrisa la joven mientras Sebastian no dejaba de reírse, el silencio de nuevo los inundó, a la orilla del rio sentían sus corazones acelerados, sus labios parecían desesperados por rozar los del otro, sin notarlo estaban de nuevo cerca a punto de besarse, era una atracción que no podían explicar, rozaron sus labios sutilmente cuando alguien se acercaba y se levantaron de inmediato.
-Ciel... que bueno que te encontré- Exclamaba alegre Alois mirando a la pareja que con disimulo se limpiaban sus ropas.
-¿Qué quieres?- Murmuró Ciel con mala cara.
-Te venía a decir que ya es tarde...- Dijo el rubio sintiendo la mirada casi asesina de Sebastian, mientras halaba a su amigo a quien había interrumpido la romántica escena, en si toda la noche los había espiado.
-¿Estaban por besarse?- Le dijo en un murmullo Alois a su amigo al oído para que Sebastian no escuchara.
-Cállate...- Dijo Ciel con molestia en voz muy baja y se notaba su bochorno.
-No es correcto Ciel...- Le regañó su amigo con seriedad.
-Lo sé... pero tú dijiste que sea una velada especial.- Se justificaba la supuesta joven mirando de reojo a su Sebastian.
-Si pero... él no se merece esto, debes dejarlo ir sin ilusionarlo más...- Decía con tristeza y sinceridad el rubio, Ciel sabía que tenía razón, si lo besaba eso solo los uniría más y él no se iba a ir tan fácil.
-Es cierto, me despediré de él.- Fueron las palabras de la joven alejándose de Alois, se acercaba al joven empresario que le sonreía.
-Sebastian... creo que todos se van... fue una hermosa noche.- Dijo Ciel sin acertar a mirarle a los ojos, eso confundió al joven.
-Gracias por todo.- Agradecía la joven con una dulce sonrisa, disimulando muy bien como le dolía separarse del hombre que provocaba tan dulces y cálidos sentimientos en su ser, pero era lo mejor para no lastimarlo con una verdad que no podría ocultar para siempre, con esa dulce sonrisa se daba vuelta mientras veía alejarse a Alois, se disponía a seguirlo.
-Me vas a dejar solo así...- Dijo Sebastian tomando su mano deteniéndola.
-¿Qué más quieres?- Con frustración le cuestionó la joven, haciendo más difícil esa despedida.
-Nada...- Murmuró el joven con tristeza soltándola, no quería aprovecharse pero pensar en perderla, le angustiaba.
-Tú no mereces estar con una mujer como yo...- Le gritó Ciel con la mirada llena de frustración, enojo al notar esa mirada tan triste y dolida.
-Eres perfecta, eres mía Ciel, sé que es pronto para decir esto pero estoy enamorado de ti.- Confesaba ansioso Sebastian aunque se sentía un poco tonto, pero era la verdad, esas palabras solo hicieron llenar más de frustración al jovencito de mirada azulina, se dio cuenta de que él no se rendiría tan fácil, no tuvo más opción que ser cruel.
-No soy tuya... ahora si quieres descontar el valor tu reloj... hazme tuya aquí de una vez, así saldamos la cuenta, es lo que siempre hago.- Le dijo Ciel apegándose a él de forma provocativa, esto lastimó a Sebastian quien sorprendido notaba el cambio de esa hermosa chica tímida su semblante era diferente.
-Lo siento... ¿Esta eres tú en realidad?- Murmuraba decepcionado Sebastian, ese gesto se parecía tanto al de su padre, esa frialdad en su mirada, sin sospechar que Ciel estaba actuando.
-Si... de tal padre, tal hija... Esta soy yo en realidad- Hablaba la joven apartándose de él, como le dolía actuar de esa manera, así no era en realidad pero no tuvo más opción, el joven citadino la miró con coraje y la atrajo con fuerza a su cuerpo.
-Entonces quitémonos las máscaras...- Fueron las palabras de Sebastian antes de besarla con ansiedad y a la fuerza, mientras Ciel luchaba por soltarse y unas lágrimas rodaban por sus mejillas sonrojadas.
Muchas gracias por seguir este fic... me alegra mucho su aceptación... ás descansada he escrito este capitulo
Espero sea de su agrado... y en algunas partes me llené de tristeza y extraña melancolía ,
Agradeceré sus comentarios
besos :*
